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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 21
El sonido de las puertas al cerrarse no me sobresalto en absoluto. En ese momento nada me importaba. Sentía mi cuerpo temblar por un frío inexistente mientras caminaba por los pasillos. Tenía el pelo totalmente despeinado, y los labios entreabiertos, con el dulce sabor de la sangre aun en ellos. Pase mi lengua por mi boca lentamente, temerosa. Me sobresalte ante el delicioso sabor, y comencé a temblar con más violencia.
-Toma- dijo Alec, tendiéndome la chaqueta que él llevaba,- Y deja de temblar ya.
No le respondí, pero tampoco dude ni un segundo. Tome su prenda y me la puse alrededor de los hombros, sin fuerza para meter los brazos por las mangas. Estaba muy fría, y además olía a él. Olía muy bien, perfectamente bien. Puede que no fuera correcto tratar con él amablemente después de todo, pero poco me importaba ya lo que hiciese o pasase. Nadie me iba a juzgar. Además, sería apropiado hacerlo llevadero. Alec tenía que acompañarme a la habitación por órdenes de Aro y no quería problemas.
El resto del camino pasó en silencio. Alec se deslizaba a mi lado con elegancia y distinción. Me miro de reojo unas cuantas veces, pero yo hice caso omiso. Sabía que solo miraba mi horrible aspecto. Cuando por fin llegamos, me abrió la puerta con una mano y me indico que pasara. Yo suspire, y me quite su abrigo. Se lo tendí, mirándole fijamente a los ojos. El me devolvió la mirada.
-Quédatela- dijo, asintiendo para sí,- Puedes devolvérmela más tarde.
Yo le mire fijamente unos instantes.
-No es necesario- respondí, lanzándole la chaqueta. El la cogió al vuelo y yo proseguí,- Ni la quiero ni la necesito, pero… gracias de todos modos.
-De nada…- e hizo una pequeña pausa. Parecía decepcionado- ¿Estas bien?
Yo le mire sorprendida durante unos segundos, mientras él esperaba expectante. No acababa de comprender si lo que me acababa de preguntar era una muestra de preocupación real o era ironía. Al final, opte por decir la verdad.
-No, Alec, evidentemente no estoy bien. Pero aun así, gracias de nuevo.
-No hay de que…- respondió distraído.
Entonces, estiro su mano hacía mi. Yo me quede paralizada, preguntándome cuáles eran sus intenciones. Sin embargo, no me moví ni un milímetro. Que pasara lo que tenía que pasar, de todos modos, era inútil resistirse. Note su dedo deslizándose lentamente por mi mejilla, muy cerca de mis labios. Fue un movimiento lento y suave, que hizo que sintiera un escalofrió recorriendo mi cuerpo. No comprendí lo que estaba pasando hasta que separo su mano de mi cara y observó el dedo con el que me había acariciado.
-Tenías una mancha- añadió, mostrándome su dedo cubierto por un borrón de color rojizo oxidado. No me quedo duda de lo que era: un resto de sangre.
-Gracias-murmure, sintiéndome repentinamente avergonzada.
-No hay de que… de nuevo- mascullo, mirándome a los ojos.
Me quede pensativa unos instantes. Su comportamiento era extraño, pero no tenía ganas de quedarme a averiguar el porqué.
-Adiós- dije simplemente, cerrando la puerta y sin darle oportunidad de contestar.
Espere al lado de la puerta unos segundos, lo suficiente para escuchar a Alec alejarse con pasos con parsimonia. Después suspire más tranquila. Que incomoda había sido esa situación.
Mire para todos los lados, y como se si tratase de un autorreflejo camine hasta la cama. Tenía que descansar, o al menos sentirme un poco más segura. Estaba mareada, temía desfallecerme de pronto y hacerme daño. No quería desmayarme. Me tumbe suavemente, sin quitarme los zapatos siquiera. Agarré la sabana con más fuerza y la apreté contra mí. Sentí el tacto suave y cálido de la tela contra mi piel, y no pude evitar sentir una especia de nostalgia sin sentido que solo te da cuando tienes ganas de llorar sin razón. Pero las lágrimas no salieron, más por mi propia insistencia de no llorar por los Vulturis que por las ganas, que me hacían quemarme por dentro.
Me sentía humillada, devastada y sucia. Como si no mereciese vivir ahora que mi salud estaba dependiendo de la vida de una persona humana: una persona como Lucy, mi amiga del instituto, como Claire, la impronta de la manada, o incluso como la mitad de mí. Era horrible. En ese momento me sentía como un monstruo. Mi familia había luchado por esta causa durante toda su vida, y yo, en un momento de debilidad les había hecho caer. Sentía vergüenza, y me odiaba. La sangre resbalando por mi garganta era un recuerdo delicioso, y me maldecía a mi misma porque fuera así. No quería vivir una vida de ese modo, sintiéndome como una basura. No quería sentirme como ellos.
En ese momento, logre ver un folio blanco en la mesa, con un bolígrafo en lado. Era el mismo set de escritura que había usado para escribir a Jacob la vez anterior. Era el set que me había metido en este problema, y tal vez sería el que me sacaría, o al menos, el que me ayudaría a sobrellevarlo. Instantáneamente me levante y agarre la hoja y el bolígrafo. Regrese a la cama y me puse en una posición cómoda. Ya sabía lo que tenía que hacer, y aunque fuese algo estúpido, la desesperación me hizo seguir adelante.
Comencé.
"Me parece un tanto estúpido escribirme una carta a mí misma, pero viendo las circunstancias no creo que eso deba preocuparme demasiado. Mi vida ha cambiado mucho durante estas semanas, y no precisamente para mejor, así que a la vista de que no tengo nadie con quien desahogarme, está me parece la mejor opción. He perdido a Jacob y toda la sana y romántica relación que tenía que él, para siempre, sin embargo, no puedo evitar sentirme aliviada: ahora mis sentimientos no están confundidos, y he comprendido que lo de pasarme toda la vida con Jacob era un error. Ahora tengo claro que no lo amo, y eso es importante. Muy importante. Por fin tengo claro que es lo que siente mi corazón.
Por otra parte; echo de menos a mí familia. A mamá, papá, los abuelitos, Alice, Jasper, Rosalie y Emmet. A todos ellos. Me pregunto cómo estarán en este mismo instante. Me gustaría saber que es lo que piensan, y deseo de todo corazón que no intenten nada extraño para ayudarme, ni lo necesito ni lo preciso. Solo les traería problemas, y yo ya he causado más que suficientes. Seguro que están disgustados conmigo por haberme comportado como una niñata estúpida; primero la depresión por Jake, luego el viaje a Francia, y luego el dejarme capturar y engatusar de ese modo por el clan italiano. Ya no estarán orgullosos de mí. Se preocuparan, y eso no me gusta para nada. Estoy segura de que Abrielle y Nicolás lograran contarles todo de la mejor forma posible. Espero que les este yendo bien: mi comportamiento fue injusto, sobre todo con mis padres. Daria todo lo que fuera por estar ahora con ellos y abrazarles, o quizás, de poder despedirme de ellos igual que había hecho con Jacob. La última despedida. Aunque si de algo estoy segura, es de que los quiero mucho. A todos ellos. No quiero olvidarnos después de todo lo que me han aportado.
La idea de tener que permanecer en este lugar por los siglos de los siglos me aterroriza. Todos aquí son oscuros como la noche, y lo único que quieren es hacerme daño. Son frio y calculadores, y viles como nadie que haya conocido. Los únicos a los que puedo soportar son a Santiago y a Heidi. De los tres líderes no voy ni a hablar, y el resto de resulta indiferente. Todos menos Alec… ¿Qué decir de él? Es tan neutro y está tan vacio… Es como hablar con un tempano de hielo que de pronto te puede golpear en la cabeza hasta la muerte. Un atrayente y sexi tempano de hielo . No creo que me sirva de demasiado apoyo. Además, él está en su propio mundo; ya consiguió hacerme daño y acostarse conmigo. No me necesita para nada más. Demostró su hombría y que ya era todo un ente adulto que siempre consigue lo que quiere, aunque por fuera tengo el aspecto de un colegial inocente y adorable . Y es que es tan hipócrita, tan estúpido, tan arrogante, tan guapo , tan frio, tan mordaz y tan desafortunadamente inteligente que me resulta insoportable. Y eso que no hablo de su hermana, porque es una amargada. Me pregunto que les habrá pasado para que se comporten de ese modo. Ojala pudiera evitarlo de alguna manera. Todo aquí sería más fácil.
*Tengo que resistir. Tengo que seguir conservando mi personalidad y mis valores. Tengo que ignorar la maldad que me llama y me tienta. La sangre me está controlando, noto como algo oscuro fluye por mis venas. Este tipo de alimentación influye más de lo que pensaba; me estoy volviendo perversa, me estoy trasformando en ellos. En los Vulturis. Y tengo miedo. Mucho miedo. Yo soy pacifica, soy buena, me gustan las cosas amables y llenas de luz… no quiero cambiar. Pero no puedo evitarlo, y quizás todo sea ineludible.*Nada puede hacerme daño excepto yo misma; el mal que me agobia lo llevo conmigo y jamás sufro realmente sino por mi culpa. Ojalá pudiera evadirme de todo. Quiero ser buena chica y conservar mis buenos pensamientos y sentimientos para siempre.
No es que este culpando a la sangre humana de todo. Por supuesto que me está afectando, a pesar de la poca que he ingerido. Hago responsables a la compañía funesta de los Vulturis. Acabare como ellos, no sé como lo sé, pero estoy convencida.
Esta carta quedara como recuerdo imborrable en el tiempo, y sea el único testigo probable de mi antiguo yo. Sera el único rastro que quedara de lo que antes era. Aunque es probable que dentro de poco todo esto que he escrito, no me importe. Hasta entonces… intentare ser como soy y conservar mi propia naturaleza. La naturaleza blanca y pura de la bondad.
Adiós, antigua Renesmee."
Cuando termine solté un sonoro suspiro. Me deprimía la idea de saber que todos mis buenos pensamientos se resumían en ese pequeño trozo de papel, y de que jamás llegarían a ser algo más. Doble el folio por la mitad y lo deje en la mesita de noche, justo al lado de la lamparita. Seguidamente me senté en la cama y apoye mi espalda contra el cabecero. Y después: nada. Silencio. Neutralidad y aburrimiento. ¿Era eso lo que me esperaba? Siglo tras siglo de tedio y monotonía… solo la idea me horrorizaba entera. Mire a la nada, intentando buscar algún sentido a mi presencia que valiera la pena, pero no funciono.
Me levante, comenzando a sentirme presa del pánico y de la histeria, y camine hasta el espejo que había colgado en una de las paredes. Era grande, con el marco de color plateado. Y entonces, contemple mi reflejo. Aparentemente nadie podría haber encontrado diferencia en mi rostro, pero yo conocía mi cuerpo mucho más que los otros, y me horrorice ante lo que aprecie. Mis ojos, no podían tornarse rojos o dorados, eran de color chocolate, y así había sido desde mi nacimiento. Pero pude distinguir un tono más turbio, una nube de tenue oscuridad que los cubría y les daba un aspecto de lo más sombrío. Y las ojeras moradas de los vampiros… ahora cubrían la parte inferior de mis ojos y hacían que pareciese que necesitaba varios días de sueño. Mis labios, acostumbrados a estar rosados, se habían tornado un poco más rojos. Y mi piel parecía resplandecer más blanca y pálida, casi con una textura de tiza. Pequeños detalles que no me habrían delatado a los ojos de nadie, pero que resultaban más que perceptibles a los míos.
Una oleada de estrés y amargura me invadió. Me mire desesperada al espejo, y entonces le propine un golpe, lo que provoco que todos los pequeños fragmentos de cristal salpicaran el suelo haciendo un estridente ruido. No lo aguantaba más. Tenía que escapar de aquí. Y entonces, salí por la puerta dando un portazo.
Corrí por los pasillos como una sin mirar por donde pisaban mis pies. Sentía mi corazón latir demasiado deprisa, y la presión en mis oídos de la sangre circulando. Las lágrimas se habían quedado petrificadas en mis ojos, y parecía que no cederían nunca. Intentaba escapar de esta cárcel inquebrantable, sabiendo que nunca sería libre de nuevo. Buscando la libertad con cada paso que daba. Pasos inútiles, todos ellos. Ansiando la liberación como nunca antes la había requerido. Entonces, sin previo aviso, vislumbre una sombra. Me detuve, adivinando enseguida quien era. El peso era tan grande y tan doloroso, que no dude en poner en práctica una desesperada idea que pasaba por mi mente en ese mismo momento. Me acerque a él y respire hondo.
-Alec…- murmure, rindiéndome a mi dolor y sintiendo como la cordura me abandonaba,- No quiero sentir… no quiero sufrir más. Necesito que me ayudes a ser como tú, enséñame… quiero ser como tú. No quiero sentir nada.
Él me miro fijamente durante unos segundos. Su rostro permaneció sereno, sin una pizca de sentimientos en él. Entrecerró los ojos y posó su mano en mi mejilla. Estaba suave, y fría. Pero no me importo. En ese momento le dejaría hacer lo que quisiera conmigo.
-El dolor es para la humanidad- contestó,- un tirano más terrible que la misma muerte. Nadie puede comprender lo que se siente si no lo ha sufrido él mismo,- yo cerré los ojos, pero sus dedos no dejaron de acariciar mi cara,- Te voy a ayudar, Renesmee.
Y le mire a los ojos. Sosteniéndole la mirada y contemplando sus ojos de color escarlata. Contemplando unos ojos de dolor infinito, y me di cuenta de que estaba hablando terriblemente en serio.
¡Hola!
Subiré el próximo capítulo pronto... ¡Ya está escrito! Son demasiado largos, así que si a alguien le molesta, hacérmelo saber. También quería recomendaros un fic: "SuckerLand" y el de ¡Howarts Change! : El último guardián. Las adoro, deberíais pasaros. Gracias por los comentarios, la verdad que me animaron. Yo pensaba que no le gustaba mucho a la gente. Agradeceros, porque ya sois 80 favoritos. (¡Que ilusión!
Me gustaría que me dierais la opinión acerca de que os parece que Nessie se quiera parecer a Alec para no sufrir.
Gracias por leer y... Comentad. =)