Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? · de

Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 22

Abrí los ojos lentamente, pero no me levante. Aun notaba mis huesos agarrotados y estaba cansada. Tenía los ojos legañosos y mojados por las lágrimas, y me dolieron ligeramente al abrirlos. Además, la luz me cegaba, e hizo que tuviera que cerrar os ojos en varios ocasiones. Me incorpore lentamente en la cama, y me agarre la cabeza, peinando el pelo hacía atrás con los dedos. Recordé todo lo que había pasado en cuanto recupere mi conciencia mental. Había corrido hacía Alec y le había suplicado que me ayudara, y él para mi sorpresa había accedido. Lo de después estaba un poco más difuminado; las piernas me fallaron, sentí como me hundía y como el mareo me inundaba y entoncesAlec me arrastró hasta mi cuarto y me dejó en la cama antes de salir apresuradamente. Todo era demasiado confuso… y extraño.

Recordé la petición que la había sugerido a Alec el día anterior cuando estaba desesperada. No en arrepentía, seguía sintiendo el cumulo de sensaciones desagradables que había sufrido ayer, y quizás esta idea no fuese tan estúpida, quizás el dejar de ser tan sensible me ayudaría a sobrellevar esta situación. En ese mismo momento escuche unos golpes en la puerta, ordenados y suaves. Instintivamente me arregle el pelo y la cara, y me levante de la cama. Camine hasta la puerta y la abrí temerosa, sin preguntar quién era.

Alec apareció ante mí con semblante relajado. Tenía una mano apoyada en el marco de la puerta y su postura reflejaba una inminente tranquilidad. Me miro, subiendo la mirada lentamente desde el suelo, con gran parsimonia, como si no tuvieses nada de prisas. Al principio me sobresalte, y la mire atónita unos segundos. Apenas eran las diez de la mañana, y yo aun llevaba las ropas del día anterior, todas arrugadas y llenas de manchas de sangre.

-¿Qué haces aquí?- pregunte antes de que él pudiera hablar.

-Ayer me pediste que te ayudara a ser como yo, ¿No? Yo acepte, así que estoy aquí para cumplir mi promesa. Es sencillo- respondió poniéndose recto.

-Si…- susurre dudosa,- Pero… ¿Tan pronto?

El me observo con los ojos entrecerrados.

-Si te has echado para atrás, no es cosa mía. Soy complejo, y ser como yo requiere paciencia y preparamiento. Sino empezamos ahora, olvídate de nuestro acuerdo.- hizo una pausa,- Al fin y al cabo, ¿con cuantas oportunidades para ser como yo te vas a encontrar por el mundo?

-Está bien- dije,- Solo espera que me prepare.

-Tienes razón- añadió, mirándome con una ligera sonrisa,- Necesitas una ducha, y cambiarte de ropa. Ahora estas horrible.

Le mire, y pude ver en su mirada como intentaba retarme. No caí en su juego, le mire como si no pasara nada y respondí.

-Tardare poco tiempo. Espera aquí.

-¿Aquí?, ¿Fuera?- pregunto indignado,- De eso nada… yo espero dentro. No quiero que nadie me vea rondando tu habitación.

-De acuerdo- respondí, dándole lo que quería,- Pero no mires más de lo necesario, ni cotillees.

El solo una carcajada irónica, y negó con la cabeza.

-¿Crees que quiero verte desnuda? Aparte de que eso es algo que ya he hecho…- paro un momento para deleitarse con mi cara irritada,- Tengo a mi disposición a mujeres mucho más hermosas que tu y con cuerpos que harían palidecer a los de un ángel de Botticelli. No tengo el más mínimo interés es espiarte. Si lo deseara, ya lo habría hecho y tu aun lo ignorarías.

-Vale- respondí, molesta,- Me gusta tu forma sutil de llamarme fea- el hizo el amago de contestar, pero le interrumpí,- Pasa.

No dijo nada, atravesó la puerta y entró. Yo la cerré detrás de mí y me gire. Estaba en medio de la habitación, mirando a la pared del cristal roto, que ahora estaba totalmente desocupada. Me sentí avergonzada.

-Le diste un buen golpe- argullo, mirándome divertido,- Ayer estuve recogiendo cristales casi diez minutos.

-¿Recogiste algo que yo destruí?- pregunte, sorprendida.

-Sí…- dijo, dudoso, como si él tampoco se lo acabara de creer,- No quería que te cortases.

-Ah…

Eso sí que era extraño. Negué con la cabeza molesta y me acerque al armario. Cogí lo primero que vi: unos pantalones oscuros, zapatos negros cómodos y una sudadera de color morado. Tuve que abrir otro cajón para escoger la ropa interior, y esto fue mucho más embarazoso.

-No cojas el azul claro…- intervino Alec, mirándome,- La ropa interior de colores oscuros te sienta mejor. El que llevabas en el hotel el otro día, ese de color fresa con detalles negros, no te favorecía para nada. Coge mejor el negro.

Gruñí para mis adentros y agarre el conjunto azul, poniendo en mis manos. Después, cerré el cajón con fuerza ay me volví hacía él.

-Creo que soy lo suficientemente madura como para decidir que ropa interior quiero o debo ponerme.- respondí molesta.

-Claro… no quería ofenderte- y sonrió.

Yo suspire, agotada por su comportamiento. Era tan molestamente agradable. Camine hasta la puerta del baño, y sin mirar atrás, entre. Era verdad que necesitaba una ducha.

Alec no borró la sonrisa de su rostro hasta que Renesmee no cerró la puerta. Le gustaba cómo reaccionaba ella a su comportamiento. Era como un juguete que sabía exactamente como encajar los golpes, lo que resultaba sumamente divertido.

Permaneció solo en la habitación, inmóvil. Que se avergonzara de que le gente pensara que tenia trato con la hibrida no era la única razón por la que había precisado esperarla dentro, por mucho que él se negara a aceptarlo. Escucho el agua encenderse, y caer estrepitosamente en la superficie de mármol de la bañera. También escuchaba la respiración de la hibrida, y su corazón, latiendo desenfrenadamente. No pudo evitar imaginársela; ella, completamente desnuda, introduciéndose lentamente en la bañera, y con el agua caliente resbalando por su piel, lentamente, haciéndola brillar. Se encogió ante esa idea. Lo que le había dicho antes no era cierto: él nunca la había visto desnuda, y por una razón que él supuestamente desconocida tenía muchas ganas de poder verla de ese modo. Cuando habían estado a punto de acostarse, Alec nunca había llegado a quitarle la ropa interior. Y eso no le gustaba en absoluto.

Miró de nuevo a la pared y contempló ensimismado el agujero que había dejado la ausencia del gran espejo; era cierto que había recogido todos los pedacitos de cristal. Él tampoco sabía muy bien porque, simplemente algo le había obligado el día anterior cuando lo vio. No podía dejarlo ahí tirado. Aunque evidentemente tampoco se había preocupado demasiado en averiguar cuál era la causa de aquella repentina amabilidad.

Pero entonces, algo situado en la mesita de noche, junto a la lámpara, llamo su atención. Se acerco entrecerrando los ojos, y cuando estuvo al lado comprobó que se trataba de un papel doblado por la mitad. No se lo pensó dos veces. Sabía que quizás con ese folio podría hacer algo que la molestara, y no desaprovecharía la oportunidad. Miro a la puerta del baño para garantizarse de que ella aun no iba a salir, y el agua aun corriendo le dio la certeza de que tenía tiempo suficiente. Tomo el papel entre sus manos y lo desdoblo.

Comenzó a leer atentamente, una línea tras otra. Sintió cosas muy diversas con cada palabra que veía, e incluso la releyó varias veces. Cuando termino, se sentía confuso, pero tuvo que espabilarse rápido porque podía escuchar a Renesmee a punto de salir. Introdujo el papel en su bolsillo, y lo ocultó allí, a sabiendas de lo peligroso que ese insulto folio podría resultar. Y entonces, ella salió. Tenía el pelo empapado, recogido en una coleta alta. Ya estaba completamente vestida con la ropa que había escogido, y Alec no pudo evitar sonreír al recordar lo que había pasado antes en lo referente a su ropa interior. Tenía mucho mejor aspecto.

-Al fin…- dijo impaciente,- Llevo esperando demasiado tiempo.

-Solo han sido 15 minutos como mucho- protesto, mirándolo fijamente,- No seas impaciente.

-Créeme, hibrida. Yo nunca espero, la gente espera por mí. Esto que hago es un favor extraordinario hacía ti- masculle.

-¿Por mí?, ¿Y por qué lo haces? Ni siquiera nos llevamos bien- dijo, colocándose las manos en las caderas.

-No lo sé… simplemente me aburro. Necesito algo con lo que entretenerme- dijo Alec, un poco nervioso.

Renesmee lo miro con una profunda a inesperada seriedad. Se acerco a él, sin dejar de mírale a los ojos, y entonces añadió.

-Me trajiste a Volterra después de casi asesinarme, me pegaste y me violaste, y además mataste a Valentina- él entrecerró los ojos,- Tu no haces las cosas sino tienes un motivo. No te arriesgas, pero como veo que no quieres decírmelo, no insistiré. ¿Qué es lo que tienes planeado hacer para que sea como tú?- pregunto ella, ahora un poco más activa.

Alec ignoro todo lo que había dicho, y soltó una sonrisa que pareció irritar a Renesmee.

-Eso ya lo iras descubriendo-dijo.

Y salió por la puerta al tiempo que Renesmee corría tras de él para alcanzarlo.

¡Hola!

Subiré el próximo capítulo pronto... ¡Ya está escrito! Son demasiado largos, así que si a alguien le molesta, hacérmelo saber. También quería recomendaros un fic: "SuckerLand" Lo adoro, deberías pasaros. Estoy muy inspirada, aunque no sé si debo continuar. Ya veréis cuales son las pruebas que Alec le impone, ¿alguna tiene idea? Dejarlas en los comentarios.

¿Ideas para historias nuevas?, ¿Historias conjuntas?Gracias por leer y... Comentad. =)