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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 23

Me sentía confusa y desorientaba mientras me apresuraba para poder seguir el ritmo de Alec, que no parecía tener intención de aminorar el paso. No sabía que tenía planeado, y miedo me daba averiguarlo, sin embargo, tenía la idea de seguir adelante totalmente clara en mi cabeza. Puede que la mayoría de las personas lo consideraran una estupidez y una temeridad atroces, pero no yo. Odiaba esta vida, y ya que iba a ser eterna, prefería hacerla soportable. Me tomaba muy en serio esto, y temía confiar en Alec de esa manera, aunque él también parecía bastante metido en el proyecto. Toda esta situación se estaba normalizando demasiado para mí, y yo ya empezaba a dudar de la veracidad de mi juicio.

Caminamos en silencio, uno al lado del otro durante unos diez minutos aproximadamente, surcando los pasillos oscuros y fríos que parecían interminables. Alec se movía con total comodidad, como si conociese ese terreno como la palma de su mano. Me pregunte cuanto tiempo exacto llevaría habitando en Volterra.

-Vamos, date prisa- me apremio sin ni siquiera mirarme a la cara.

Yo resople.

-No puedo ir más rápido- dije, suplicante,- Disminuye el paso.

Pero él me ignoro, mantuvo el ritmo de sus zancadas, lo que provocó que tuviera necesidad de correr para seguirle. Alec se rio entre dientes e hizo caso omiso de mi. Entonces, llegamos a nuestro destino.

Lo reconocí al instante porque yo ya había estado en ese lugar con anterioridad. Era el jardincito interior lleno de columnas donde había permanecido antes de ir a dar el fatídico paseo con Alec. Donde había contemplado a uno de los más grandes y fornidos guardias sucumbir a una pelea con Alec y humillarse ante él. Ahora estaba lleno de rosales florecidos de color marfil y de color borgoña. El sol entraba tímidamente por el techo descubierto, y la fuente que ocupaba el centro de la placita expulsaba agua lenta y pacíficamente. Me fije en algo que no tuve la oportunidad de apreciar la vez anterior; la pared de color crema estaba llena de golpes y rajitas pequeñas. Más de un vampiro se había chocado contra la fachada en las peleas. Me estremecí solo de pensarlo. Pero no estábamos solos.

Félix, el mismo que había mutilado del brazo de la chica de la que yo había alimentado estaba allí, al lado de la fontana con los brazos cruzados y una expresión de fastidio en el rostro. Creo que él no deseaba estar allí. Otro vampiro estaba a su lado, aunque este tarde más en recordar el nombre. Demetri, creo, se lo había oído decir a Aro algún día. Era un poco más pequeño que Félix, pero sin duda era fuerte y rápido. Era bastante guapo, y parecía muy elegante. Él no parecía tan disgustado, pues tenía una socarrona sonrisa surcándole los labios. Cuando me vieron, ambos me miraron extrañados, y comprendí que ellos desconocían que iba a venir.

-Por fin has llegado- dijo Félix, mirando molesto a Alec,- Llevamos esperando casi media hora.

-No es culpa mía- respondió el aludido con una sonrisa de satisfacción en el rostro,- La hibrida quería darse una ducha y arreglarse. No es culpa mía que haya tardado tanto. Yo también he tenido que esperarla en su cuarto, aunque he de reconocer que ha sido entretenido…- Demetri y Félix se miraron entre sí sorprendidos por lo que él acababa de sugerir que habíamos hecho. Yo me limite a soltar un suspiro. Ahora no valía la pena desmentirle,- Pero ya estamos aquí, que es lo que importa.

-Todo eso me parece genial- añadió Demetri,- Ahora la cuestión es… ¿Por qué nos has traído al jardín de entrenamiento?

Alec rió entre dientes. Después me observo con aquella mirada arrogante que tanto odiaba, y volvió la vista de nuevo hacía los dos guardias Vulturis.

-Hoy, vamos a hacerle un favor a nuestra hibrida,- apenas me irritaba ya que hablara de mi como si fuera una mascota,- Vamos a enseñarle a luchar.

Me paralice confusa y le mire, aunque él seguía contemplando a Demetri y a Félix y nuestras miradas no se pudieron a encontrar. Yo también los mire; daba la impresión de que no sabían si reír o llorar.

-¿Quieres que le enseñemos a pelear?- pregunto Félix a punto de reír, aunque se contuvo,- Pero si es medio humana, y además es débil. No haría daño a una mosca, es totalmente inofensiva. Además, yo no pego a niñas.

Ese comentario sí que me hizo un poco de daño. Yo no era tan débil, ¿verdad? Está vez, cuando Alec habló, lo hizo con un tono totalmente autoritario, serio y convencido.

-Félix, Félix, Félix…- dijo con tono de desaprobación,- ¿Qué pensaría Aro si te negaras a obedecer una de mis órdenes que además va a favorecer a su nueva adquisición?

-¿Por qué iba a querer Renesmee que le diéramos una paliza?- intervino Demetri, confundido.

-Eso déjaselo decidir a ella misma…- comentó Alec,- ¿A que tu quieres, hibrida?

Yo solo asentí con la cabeza al tiempo que los guardias me miraban sorprendidos.

-Está bien…- finalizo Félix,- Pero no me hago responsable de lo que pueda pasar. Si sufre algún daño yo no quiero problemas, ¿Entendido?

-Dalo por hecho- contesto Alec.

-De acuerdo…- dijo Demetri- Empecemos, pues.

Alec asintió y les hizo un gesto con la cabeza que no supe descifrar. Demetri y Félix se alejaron y caminaron hasta situarse al otro lado del jardín. Una vez allí, comenzaron a discutir algunas técnicas de combate. Alec se aproximo a mí y se coloco demasiado cerca, con la cabeza ligeramente inclinada en mi dirección. Yo me sonroje ligeramente, cohibida.

-Prepárate, hibrida- dijo, mirándome fijamente,- Tienes que estar muy atenta para poder aprender esta lección.

-¿La lección?, Tu lo único que quieres es que ellos me den una paliza- me queje, y el rió.

-A pesar de que eso es algo muy tentador- comentó,- No. Mi propósito no es ver como Félix y Demetri te matan a golpes. Quiero que veas que no eres tan débil como pareces. Quiero que descubras que eres más fuerte de lo que tú misma te piensas, que confíes en ti misma y que además le demuestres a los demás que no se pueden meter contigo. Si eres dura por fuerza también será de corazón rudo y valiente. Como decía , revolucionario indio contra la dominación británica: La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable. Y tú eres fuerte en ese sentido, eres constante. No te rindes. Sabes luchar. Así que pelea por lo que quieres.

-¿Y según tu que es lo que quiero?- pregunte, inclinando la cabeza.

-Respeto. Quieres respeto y fuerza- respondió con tono resuelto- Gánatelos.

Yo me quede callada, observándole. Había tanta razón en sus palabras y me resultaban tan convincentes… Tenía que reconocer que Alec tenía mucha labia al hablar. Quizás tuviera razón… si la gente me respetaba más, quizás algún día podría llegar a respetarme a mi misma tal y como iba a ser de ahora en adelante. Fuere como fuere, no perdía nada por intentarlo. ¿Qué era lo peor que me podía pasar?, ¿Un par de huesos rotos?, ¿Arañazos, heridas y magulladuras? No eran nada a lo que no me hubiera enfrentado antes, y mucho menos algo a lo que tuviera miedo. Respire hondo y conteste.

-De acuerdo…- accedí, pero entonces recordé algo,- ¡Ah! Alec… una cosa más antes de empezar- dije, mirándole a los ojos.

-¿Qué?- preguntó.

-No vuelvas a insinuar delante de nadie que nos hemos acostado. No quiero tener una mala reputación. La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente, de Victor Hugo- dije, sonriendo,- Permite que siga siendo cándida.

No respondió, me miro sonriente y mordiéndose el labio. Después negó con la cabeza para sí y se aparto, dejándome a mí en medio del jardín con los dos fuertes guardias. Sentí miedo. Sus cuerpos musculosos y rápidos, y su fuerza de inmortal podrían crujirme los huesos de un solo y veloz golpe, o arrancarme la cabeza, o un brazo, como a la pobre humana a de la que yo me había alimentado… Negué con la cabeza, sintiéndome nerviosa y notando como mi cara palidecía por segundos. Mire a Alec, que estaba apoyado en una pared frotándose las manos, como si fuese el César Romano a punto de presenciar un combate entre gladiadores y fueras salvaje. Por si no quedaba claro, yo era el gladiador.

-Yo empezare- dijo Demetri, adelantándose unos pasos,- Veamos como de rápida eres.

No me dio tiempo a reaccionar, en unas decimas de segundo tenía al vampiro encima de mí. Me golpeo fuerte, y yo caí contra el suelo, haciéndome daño en toda la espalda. Solté un jadeo, y me levante corriendo, a causa del autorreflejo. Observe a Alec, que miraba impasible la escena. No parecía tener intención de animarme. Félix me miraba con los ojos muy abiertos y a punto de reír. En ese momento comencé a enfadarme. Eran unos abusones desagradecidos, y yo se lo iba a decir… pero no me dio tiempo. Noté un golpe en el costado, y volví a caer al suelo, un puño paso a mi lado, aunque este sí que fui capaz de esquivarle. Mire a Demetri, que parecía satisfecho. Yo sin embargo, me estaba agobiando. Esto no estaba valiendo de nada. Seguidamente, la cosa fue a peor. Félix se acerco a mí y me asesto un golpe seco, que hizo que saliera despedida hasta el otro lado del jardín.

Aterrice al lado de Alec, que se aparto para no resultar herido con mi lanzamiento, y me miro por encima del hombro. ¡Estaba devastada! Me dolía todo, tenía la muñeca hinchaba, o cero posibilidades de ganar a esos dos ciclopes vampirismos. Las palabras de ánimo de Alec se desvanecían en mi interior, y sentía ganas de llorar. Pero me contuve a mí misma, repitiéndome las palabras de Alec una y otra vez, dándome alivio inútil *"La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable, La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable…";*no les daría la satisfacción a ninguno de ellos. Nunca. Entonces note la presencia de Alec a mi lado. Se había agachado, y había colocado una de sus frías manos en mi hombro. Me estremecí y le mire, con los ojos nublados por las lágrimas a punto de salir de ellos.

-No te rindas…- dijo, con un tono de voz extraño, casi irreal,- No llores, hibrida. Eres fuerte, y sé que eres capaz de ganarles. Solo necesitas motivación. Yo lo sé.

-Pero… pero…- balbucee,- No puedo, ellos son fuertes, y me duele…

-El dolor es, él mismo, una medicina, te ayuda a mejorar, pero tienes que intentarlo muchas más veces. El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional, es tu decisión, aunque creo que no eres lo suficientemente lista como para saber escoger bien. Confía en ti misma, y entonces los demás comenzaran a confiar en ti, si es que pueden fiarse de una hibrida con parte humana. O es que acaso…- dijo, y se puso de pié, comenzando a hablarme desde arriba, como si quisiera darme la impresión de que era superior,- ¿Quieres darme la razón? Parece que quieres ponerme en bandeja y demostrar por mi que soy mucho mejor que tu, asquerosa hibrida. Parece que gritas pidiendo que te diga que efectivamente, eres inferior a nosotros, los vampiros. Creo que me equivoque contigo en lo que dije antes, eres débil y estúpida, y jamás serias capaz de ganar a nadie en un combate. Eres realmente patética. Aro debió haberte matado, a ti y a tu estúpido perro con el que fornicaste el otro día para librar a nuestro clan de una basura como tú. No eres más que una ramera a la que ni siquiera pagan por sus servicios. Y creo que es porque eres realmente pésima en la cama. Me da asco cada vez que recuerdo cuando me acosté contigo, siente nauseas de mi mismo por haberte tocado o por haberte deseado de esa forma aunque solo fuera por un rato. Nadie te quiere, niña. Tus padres ni siquiera están luchando por ti, siguen con su vida, no te echan de menos, solo eres una carga que trae disgustos. Y además eres la persona menos suspicaz que he conocido, dejaste a Abrielle y Nicolás marcharse, y que lo adivino, ¿No insistieron en ayudarte? Inútil, más que inútil. Tú y todos los de tu clase deberían estar muertos, porque sois abominaciones. Debimos acabar el trabajo hace años cuando fuimos al claro. Debimos arrancarte la cabeza, desagradable y anormal hibrida. Y por si fuera poco, no pudiste hacer nada por ayudar a Valentina cuando le arranque la cabeza delante de ti y de su estúpido novio… ¿Quieres saber lo que hicimos con el cuerpo? Lo desmembramos y se lo dimos de comer a unos perros, y después lo vomitaron. Y quemamos los desechos, asco de raza inferior…

No lo soporte más. Cada palabra se había clavado en mi corazón como una daga ardiendo. Un remolino de sensaciones de invadió, y note la sangre humana subir por mi esófago y darme fuerzas. Por primera vez en mi vida sentí ganas de matar. Un ansia asesina abrumadora que lleno mi cuerpo por completo, recorriendo cada musculo y cada articulación. Sin pensarlo, me abalance hacía Alec soltando un gruñido estridente. Y le agarre el cuello. El sonreía, y yo cada vez le estrangulaba con más fuerza. Él hacia ademanes pobres para defenderse, pero aun así no parecía estarle dañando. Le apalee fuertemente con los brazos en el pecho, con las lágrimas asomando por mis ojos y desbordándose finalmente por mis mejillas. La arañe, el empuje y la pegue, cerrando los ojos y descargándome mi rabia contra él. Me hice daño en nos nudillos y en las muñecas, pero me dio igual. Lo único que quería esa destruirle, una y otra vez, aunque eso conllevara también mi muerte.

No se cuanto tiempo estuve golpeándole brutalmente, cada vez haciéndole más sensible a mis ataques, pero llego un momento, en que ya estaba exhausta, en el que sentí unas manos agarrándome fuertemente de las muñecas. Me detuvieron en seco, y entonces abrí con dificultad los ojos. Era Alec, que me miraba con total serenidad, jadeaba ligeramente, y por sus ojos, comprendí que si que le había hecho algo de daño. Apoyó su frente en la mía y me inmovilizo. Yo temblaba violentamente, al tiempo que la adrenalina se disipaba en mi organismo. Sentí un frio repentino, y note la piel congelada allí donde Alec me tocaba. Entonces se separo de mí y hablo con voz ronca.

En hora buena, hibrida. Has aprendido la primera lección. Ahora siempre encontraras una motivación para pelear, y por tanto, una victoria. Piensa en lo que te he dicho en cualquier enfrentamiento, y veras de lo que eres capaz.

Yo levante la cabeza y mire con los ojos muy abiertos. El me correspondió la mirada y me acaricio el pelo con una mano. Inclino una cabeza y me arrimo hacía él. Volvía a odiarlo, a él y a su estúpida insensibilidad, pero había algo de lo que estaba segura; su plan había funcionado.

¡Hola!

Mañana comienzo el instituto, así que no tendré tiempo para actualizar tan seguido. Subiré un capitulo cuando vea que hay varios comentarios, (si son largos, mejor). Deciros que os paséis por una nueva historia; trata sobre pequeños relatos de amor basados en las más diversas situaciones. Incluso podéis darme vosotros el argumento para que yo escriba la escena. Os agradecería mucho que os leyerais al menos un capitulo, que le dierais una oportunidad al capítulo que subiré esta noche.

Comentad. =)

Esta es la dirección del fic: