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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 25

Cuando Heidi me dijo que era lo que había planeado exactamente apenas me sobresalte, y eso hizo que me sintiera mal conmigo misma. ¿Cómo no podía reaccionar ante una cosa semejante? Debía de haberlo supuesto, basándome en el propósito por el cual ella usaba sus armas de seducción: cazar humanos. El plan de Alec era convertir el perigeo de mi autoestima en su apogeo. Quería transformarme en un pedazo de carne cuya única función era prepárales la comida. Dude al principio de que ese plan fuera a funcionar, puede que su lección anterior sí que me hubiera vuelto más fuerte, pero coquetear con algunos chicos no me ayudaría mucho. O eso creía. En ese momento me sentía tan bien conmigo misma, y estaba tan sumamente cargada de libido que accedí, e incluso me emocione. Podría resultar divertido, además… ya empezaba a tener hambre. Y tenía que seguir acostumbrándome a su carnívora dieta.

Cuando habíamos terminado de arreglarme, ella me había conducido por los pasillos hasta llegar a la puerta escondida que solo usaban los Vulturis. Como no, había estado a punto de caer por los tacones cuando baje el par de inocentes escalones hasta la calle. Que gran ridículo. Estaba realmente sorprendida. No acababa de comprender como era que me permitían salir a la calle, si se suponía que estaba en peligro de fuga. Luego pensé en el calzado que llevaba, y en que los vampiros que me acompañaban me atraparían antes de que pudiera dar un paso en falso. No tenía escapatoria, y eso provocaba su seguridad. Tampoco es que tuviese intenciones de escaparme: yo siempre cumplía mis promesas, y si yo había jurado permanecer con ellos a cambio de la vida y la libertad de Jacob, así serie. En el fondo, habían sido bastante generosos.

No comencé a sentirme nerviosa hasta que llegamos a una placita. Estaba rodeada de casas, todas ellas empedradas. Había algunos arboles, cuyas hojas se movían con parsimonia, y una fuente rezumante de agua en el centro del lugar. Una estatua divina presidia la plaza justo encima del chorrito de agua de la fontana. El cielo estaba nublado, dando un aspecto general grisáceo a todo el ambiente. El aire corría ligero, moviendo lentamente alguno de mis cabellos que habían quedado sueltos. Aun me sentía guapa, pero toda esa gente me había intimidado. La explanada estaba llena de personas. La mayoría de ellos parecían turistas despistados. Había un grupo de ancianos en una esquina, con una humana rubia haciéndoles de guía y mostrándoles algo acerca de la arquitectura de los edificios. Ellos, parecían realmente interesados en lo que decía. Hablaban en holandés, y apenas lograba captar nada de lo que decían, aunque eso tampoco me preocupo demasiado. Desperdigados por allí, había al menos una docena de parejas, tomadas de la mano y haciéndose fotos. Reían, se abrazaban e incluso besaban. Por último, me fije en otro grupo, que estaba apoyado en la pared y hablaba en un tono bastante alto. Eran adolescentes de no más de 17 años, todos ellos chicos. No serian más de veinte. Llevaban un uniforme de color azul oscuro, por lo que supuse que eran de algún instituto privado con acceso especifico solo para chicos. Me sentí indignada al principio, a causa de aquella muestra de machismo, pero luego me tranquilice. Eso no era cosa mía. Por el acento y el idioma que usaban al hablar supuse que eran británicos. Eso me alegro un poco, ya que así lograría entenderles perfectamente.

-Hoy hemos tenido suerte…- murmuro Heidi emocionada, preparándose a mi lado,- Hay mucha gente, y además, parece que tenemos un grupo especialmente bueno para ti.

-¿Qué?, ¿Qué quieres decir?- pregunte preocupada, cruzando los brazos.

-¡Oh vamos! No me digas que no te has dado cuenta. Esos jóvenes, los que tienen acento inglés. Son ideales para ti. Son un instituto, así que con que consigas que la mayoría acceda, estará bien. No es la primero vez que veo un grupo similar. Los tutores les dejan aquí para que den una vuelta, así que son libres de ir donde quieran siempre y cuando no salgan de la ciudad. Es tu oportunidad. Consigue que confíen en ti, que mueran por ti. Y te seguirán como si fueran tus perritos falderos. ¡Animo, tú puedes!

Yo puse mala cara, y trague saliva sonoramente.

-Pero… ¿Qué se supone que les tengo que decir?

-Eso es fácil- me contesto Heidi,- Tienes que decirles que trabajas para una compañía turística, y que promocionas una visita a un castillo antiguo de forma totalmente gratuita. Habla con ellos, juega y hazles reír, y antes de lo que te imagines, les tendrás comiendo de tu mano.

-Entiendo…- murmure nerviosa,- ¿Y tu mientras que harás?

-Intentar convencer al resto de gente. A veces no hay que usar la seducción, carnalmente hablando, quiero decir. Hay que saber manejar a la gente de forma muy diversa. Con esas parejas, debo ser amable, segura, hacer que confíen en mí. Y con el grupo de ancianos, bueno, con que se lo diga a la guía bastara. ¿Lo has entendido?- pregunto.

-Sí, creo que si- respondió, respirando fuerte.

-Bien, Renesmee. Tienes un rato para hacerlo. Ahora seduce, mi cielo. Buena suerte.- me presiono el brazo en señal de apoyo- Un momento…

Yo la espere, paciente y expectante. Metió la mano en su bolsillo y saco una pequeña cosa plateada. Yo la mira temerosa, hasta que me percate de que lo que se trataba.

-Ya se me olvidaba el toque final…- añadió Heidi sonriendo al tiempo que aproximaba el pintalabios color carmesí a mis labios. Lo deslizo por el contorno de mi boca lentamente, al tiempo que si sonrisa se ensanchaba. Cuando termino, se inclino hacía atrás y me observo,- Perfecta. Y ahora sí, hasta luego Renesmee.

No me dio tiempo a responder cuando ya había comenzado a caminar hermosamente hacía el grupo de personas mayores. Yo la mire embobada, sintiendo una sensación extraña en los labios causada por el carmín.

Llego al lado de la guía, y comenzó a conversar con ella. Tardo unos segundos en hacerla reír. Ambas parecían estar disfrutando de la charla. Estaba claro que Heidi tenía un don nato para hacer esto. Yo sin embargo, me sentía insegura. No sabía ni cómo actuar ni cómo proceder. En mi vida había tenido la necesidad de seducir a nadie. Jacob había sido el único chico para mí desde que había nacido. ¿Qué se supone que se hacía primero? Me quede pensando durante unos segundos, notando el corazón a punto de salir de mi pecho. Después suspire, sin saber aun que hacer y comencé a caminar hasta el grupo de chicos con uniforme.

Todos me observaron mientras caminaba hacía ellos. Yo intente no hacer el ridículo con los tacones, y aunque me costó bastante concentración, logre llegar hasta ellos sin tropezar. Algunos siguieron mirándome, otros comenzaron a cuchichear y a darse codazos en las costillas entre ellosmientras me acercaba, mientras que otros se limitaban a reír. Bien, Renesmee. Prepárate. Pensé, comenzando a ser presa del pánico.

-Hola chicos- dije, intentando imitar la forma de hablar de Heidi, aunque lo único que conseguí fue ruborizarme a mí misma,- ¿Qué tal?

-Ahora que estas tu aquí, de maravilla- respondió uno con el pelo rubio,- ¿Cómo te llamas, preciosa?

-Renesmee- respondí, intentando controlar mis nervios y mostrándole la mejor de mis sonrisas.- ¿De que instituto sois?

-Del Bright College, en Londres. Estamos aquí por una excursión- respondió otro de pelo castaño y tez morena,- ¿Y tú? ¿Qué haces aquí?, ¿Has venido con tu novio?

Todos me contemplaron expectantes.

-No- respondí, y cada uno de ellos me dedico una sonrisa encantadora,- No tengo novio en realidad. Soy demasiado inquieta, supongo… que me gusta mucho ser libre, y controlar, sobre todo controlar- y sonreí aun más profundamente,- Por cierto… Siempre me han gustado los hombres con uniforme- finalice con voz melosa, sin acabar de creerme lo que acababa de decir.

-Y a mí las mujeres atractivas- respondió el rubio, dedicándome una sonrisa. No sé porque, pero parecía ser el que tenía la voz cantante en el grupo.

-Bueno… ¿Y a qué se debe tu agradable compañía?- pregunto otro pelirrojo. Su mirada me dio miedo… parecía un pervertido.

-Pues veréis… he venido a ofreceros algo, ¿estáis dispuestos a escucharme?- pregunte, nerviosa por la respuesta.

-Claro. No podríamos rechazarle nada a una chica tan guapa como tu- dijo el muchacho rubio, acercándose a mi ligeramente. El resto de alumno asintieron, corroborando lo que él había dicho.

-Veréis… trabajo para una empresa turística. Estamos promocionando una excursión gratuita a uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad; el castillo de Volterra. Me estaba preguntando… si os apetecería acompañarme en la visita- comente.

-Bueno, la verdad que es una oferta tentadora, pero aun no me has acabado de convencer- dijo el rubio, y todos su amigotes rieron,- Estoy seguro que podrías ser mucho más convincente.- sonrió, se cerco a mí y me agarro de la cintura, pegándome a él. Este sonrió, mirándome con la libido en sus ojos.

Yo le devolví la mirada confusa al principio, aunque después, casi instantáneamente sentí como si supiera que era lo que tenía que hacer, como si un manual invisible cautivara mi cabeza. Le sonreí, segura de mi misma, y conteste.

-Y dime…- susurre, acariciándole la mejilla,- ¿Cómo te llamas?

-Jack- respondió,- Me llamo Jack Ferrel.

-Bien Jack…- murmure seductoramente,- Creo que vales la pena, así que intentare convencerte de una forma más… cautivadora.- sonreí,- ¿Por qué no vienes conmigo a un lugar más apartado y te cuento todo lo que haremos en la visita? Estoy segura de que con ese método lograre convencerte.

Él se me quedo mirando incrédulo un instante, como si no se creyese aun que todo le hubiera resultado tan sencillo. Y fue en ese momento cuando me di cuenta de que me estaba comportando como una autentica zorra. Pero me daba igual. Sí tenía la capacidad de ser vanidosa, era porque tenía cualidades de las que presumir, y como Heidi había dicho, debía aprovecharlas.

-Me parece una gran idea- contesto finalmente con una sonrisa radiante dibujada en el rostro,- Vamos, iré donde tú me digas.

Entonces, al tiempo que le dedicaba una sonrisa adorable, le agarre del brazo y comencé guiarle en dirección a uno de los callejones más cercanos. No sabía que iba a hacer, y parecía que no era consciente de mi actuación, pero aun así, el corazón me latía tan fuerte que parecía a punto de salirse de mi pecho. Jack me seguía sin rechistar, obedeciendo mi voluntad sin poner ninguna pega. No me detuve hasta que no estuvimos lo suficientemente alejados de la muchedumbre, entonces, de forma violenta, empotre a Jack contra la pared, al tiempo que el soltaba un jadeo de sorpresa. En ese momento parecía que alguien se hubiera adueñado de mi alma inocente. Y extrañamente, me estaba sintiendo mejor que nunca.

-¿Esto te va convenciendo más?- le pregunte con voz sensual, pegando mi cuerpo al de él lentamente.

-No sabes cuánto… aunque aun, tengo mis dudas- contesto, mirándome desafiante.

Yo solo me limite a soltar una carcajada al tiempo que le miraba a los ojos profundamente. Sí Jack quería jugar y desafiarme, yo aceptaría el reto. Sí, porque esto era lo que Heidi quería que hiciera. Ella deseaba que usase mi cuerpo para conseguir las cosas, y era justo lo que me disponía a hacer. Además, Alec había montado todo esto para que yo pudiera aprender a seducir, así que él también debería de estar de acuerdo en que me "relacionara" de esa manera con el chico inglés, ¿Verdad? Era obvio que eso no le iba a molestar, al fin y al cabo él era libre y podía estar con cualquier chica que él deseara. Es más, era probable que en ese momento, y aprovechando mi ausencia, estuviera acostándose con alguna vampira cuerpo casi divino y seguramente mucho más hermosa de lo que yo podría imaginar en mi vida…

Esos fueron mis últimos pensamientos antes de que yo me abalanzara sobre Jack y comenzara a besarle, intentando olvidar todo con tan solo el desenfrenado roce de nuestros labios. Su cuerpo, que tardo unos segundos en reaccionar, se pego al mío hasta que en medio de nosotros no pude caber una partícula de aire, y después desvió sus manos y acaricio mi cuerpo por donde a él le vino en gana. Nuncaen mi vida me habían metido mano de una forma tan descarada. Pero me deje hacer. Mi obligación era tenerle contento. Estuvimos así por unos 5 minutos, hasta que su excitación se hizo bastante… visible para mí. Estaba tratando de ser como Heidi, pero de ahí a ser una prostituta hay un paso. No tenía intención de llegar tan lejos en medio de un callejón, y mucho menos con alguien como él. Aun tenía dignidad.

-De momento, creo que es suficiente…- murmure, separándome de él y besando su cuello lentamente,- Ahora te toca a ti complacerme a mí. Déjame hacer la excursión con tus compañeros y te prometo que después hare lo que quieras contigo…

El me miro con la cara desencajada durante unos segundos, como si se hubiera quedado a medias. Después, sonrió arrogante, y asintió al tiempo que sonreía.

-Claro, Reméseme. Tú ya sabes que yo a ti te doy lo que tú quieras…- añadió al tiempo que se inclinaba hacia mí y me daba un beso,- Venga, hagamos esa excursión ya. Tengo ganas de que termines lo que has empezado.

Mi única respuesta fue una sonrisa, y después, salimos del callejón tomados de la mano. Cuando nos unimos a sus compañeros todos comenzaron a reír entre dientes y a comentar entre cuchicheos lo que creían que había pasado en aquel callejón, y que a juzgar por el innoble aspecto de Jack, parecía realmente obvio. No me importo lo que dijeran; la vergüenza es de cristal, y una vez que se rompe, ya no hay que temer que el vidrio se resquebraje de nuevo. Segundos después, y con la sensación de haber cumplido mi trabajo, me separe de el grupo de alumnos y camine hasta Heidi, que me felicito orgullosa por mi captura. Después, me ordeno que los guiara hasta el castillo, y yo la obedecí sin dudar y sin sentir ningún tipo de arrepentimiento. Yo iba en el frente, seguida por Jack y sus compañeros y secundada por Heidi y su grupo de visitantes. Jack iba hablando con sus compañeros por lo bajo, exagerando vulgarmente todo lo que había pasado minutos atrás. Tuve que reprimir alguna risa cuando decía algo realmente disparatado. De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban, y no podía reprimir una sonrisa alentadora. Que pronto acabaría todo para ti, Jack. No sabías lo cerca que estabas de la muerte y lo ajeno que eras a ello.

Cuando llegamos al castillo, fue Heidi la que paso a ir delante. Comenzó a explicar un montón de cosas históricas como si hubiera nacido para ello. Su grupo la prestaba mucha atención, pero la clase de adolescentes estaba demasiado ocupada admirando cada perfecta curva de su esbelto cuerpo. Sentí una repentina sensación de celos ante tanta atención, pero cuando visualice a Jack mirándome el trasero descaradamente, deje ese horrible sentimiento a un lado. En ese mismo momento, alguien se puso rápidamente a mi lado, tanto que pegue un brinco de sorpresa por haberme sacado de mi ensimismamiento de una forma tan brusca. Alec caminaba junto a mí, mirándome de forma provocadora. Tardo unos segundos en hablar.

-Veo que te fue bien… Ya te dije que esta se te daría mucho mejor que lo de ayer. Además, Heidi es una gran maestra- dijo, sin poder evitar un toque cómico en su voz.

-Sí, tienes razón- respondí distraída.

-Ese chico no para de violarte con la mirada- añadió, casi riendo,- ¿Qué le has hecho?

Yo le mire molesta. Me acababa de llamar fulana en toda mi cara.

-Nada que te importe- respondí cortante,- ¿O acaso te pregunto yo acerca de tu vida sexual?

Él soltó una carcajada.

-Tu puedes preguntare, pero no te contestaría- indicó Alec.

-¿Por qué?- espete.

-Eres demasiado inocente aun- respondió,- Solo corrompería tu tierna mente. Créeme, aun quieres conservar tu candidez.

-Qué asco…- murmure en voz baja mientras él reía.

Continuamos caminando unos minutos, con la explicación de Heidi retumbando en mis oídos. Yo ya había dado mi conversación con Alec por zanjada, pero él quiso añadir algo más.

-Hoy estas realmente atractiva…- comento, miradme de arriba abajo y haciendo que yo me sonrojara ligeramente,- ¿Quieres acostarte conmigo?

-No- respondí seriamente, mirándole molesta,- No quiero.

Alec se limito a encogerse de hombros y a sonreír desdeñosamente. Caminamos unos segundos en silencio, y entonces logre visualizar la puerta de doble hoja que separaba el pasillo con la enorme antecámara de los antiguos. Me mordí el labio al tiempo que me giraba para ver a Jack y a sus compañeros caminar despreocupados.

-Ya es demasiado tarde para ellos, hibrida- dijo Alec, mirando profundamente.

Me quede callada unos segundos, y cuando quise responder, vi que su rostro estaba a pocos centímetros del mío. Deposito un beso suave en mi mejilla, y después se incorporo para poder andar de forma distinguida. Yo no supe cómo reaccionar, así que me limite a responder.

-Lo sé. ¿Pero sabes algo, Alec? Me da igual.- dije, y él me miro aturdido.

Segundos después la puerta de madera se abrió, y el final de toda aquella gente se precipito violentamente sobre mí al tiempo que su dulce sangre, resbalaba por mi garganta.

¡Hola!

Bueno, sé que he tardado lo mío en traer el nuevo capítulo, pero pff… me han pasado un montón de cosas: fue mi cumpleaños número 16 (^^), mi ordenador se rompió y perdí el capítulo, así que lo tuve que escribir de nuevo, la falta de imaginación y de tiempo, mi equipo de futbol, que ha subido a primera división, (Wiiii) y además que llevo una semana entera enferma, y no he podido concentrarme. Pero a pesar de todo, creo que quedo un capítulo bastante bonito, (y largo) al que dedique mucho esmero y mucho tiempo. Espero que os haya gustado, y prometo subir el próximo en poco tiempo. Gracias por los comentarios, cuantos más sean, más rápido publicare.

Comentad. =)