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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 26
Cuando desperté esa mañana, una sensación realmente extraña inundaba mi cuerpo. Era algo difícil de describir, ya que no me sentía particularmente molesta o agradada. Era una sensación peculiar, como si te hubieses tomado un somnífero y un refresco cargado de cafeína al mismo tiempo. Me sentía diferente, y jamás me había sentido de este modo antes. Tenía más fuerza de lo habitual, y además, mis movimientos me parecían demasiado rápidos. Mi mente trabajaba en una frecuencia diferente, y me costaba acostumbrarme, por lo que los primeros minutos no pude evitar sentirme conmocionada y confusa. Pero también me sentía embotada, como si todo a mí alrededor pasase con más lentitud.
No pude levantarme de forma estable hasta que hubo pasado un rato. Me acerque al espejo tambaleándome al principio con una sensación de embriagadora preocupación inundando mi pecho, que subía y bajaba rápidamente a los compas de mi respiración acelerada. Note un fuerte dolor en la planta de los pies, y entonces recordé que ayer me había recorrido media ciudad con tacones. Además, tenía los dedos llenos de heridas rojas, y me escocían bastante al andar, sin embargo, no eran nada comparadas con el dolor y la confusión que sentía en ese instante. No sabía porque temía encontrarme algo extraño, pero estaba muy nerviosa. Emití un gritito ahogado cuando observe mi rostro en el reflejo. Tenía la cara pálida como la tiza calcárea, y además, unas ojeras moradas que me daban la apariencia de una adolescente inexperta en maquillarse que se ha pintado la sombra de ojo con demasiada insistencia. Parecía un oso panda. Pero eso no era lo único que me llamaba la atención. En la parte superior de mi cara, justo en la zona de la sien derecha, había un pequeño bulto de color rojo y purpura, que no tenía muy buen aspecto. Acerque mi mano hacía mi frente para tocarlo, pero cuando puse mis dedos en su superficie me dolió tanto que tuve que retirarlos rápidamente al tiempo que mi cara se descomponía en un gesto de irritación. Estaba hinchado y empeoraba mi aspecto considerablemente.
Intente recordar con todas mis fuerzas lo que me había pasado, pero no fui capaz de que ningún recuerdo acudiera a mi cabeza. Una agria sensación de angustia me invadió por dentro, incapaz de soportar de nuevo no saber lo que había sido de mí. Odiaba no saber si había quedado en ridículo, o si alguien había hecho algo conmigo. Lo último que recordaba con claridad era el haber entrado en la antecámara de los antiguos y después… después absolutamente nada. Mire el reloj, y comprobé que ya habían pasado muchas horas de eso. Eran aproximadamente las ocho de la mañana del día siguiente. Había dormido más de doce horas, y estaba convencida de que eso se había debido a la conmoción del golpe.
Camine de nuevo hasta la cama cuando el mareo se hizo más fuerte, temiendo que pudiera caerme y darme otro golpe. Me deje caer en el borde del colchón y me tape la cara con las manos, comenzando a respirar con dificultad. Toda esta incógnita me estaba matando. Aunque no tarde mucho en tener otras cosas en que pensar. Alguien llamo a la puerta minutos después, pero estaba tan distraída que ni siquiera lo escuche. Permanecía absorta en mis pensamientos, intentando hallar una explicación a aquella situación caótica. Tampoco fui consciente de que alguien caminaba hacía mi sigilosamente. Entonces, sentí una mano en el hombro, que hizo que me sobresaltara y soltara un quejido amortiguado.
-¿Qué?-murmure levantando la cabeza, y topándome de frente el rostro de Alec.
Ambos retrocedimos para evitar la poca distancia que nos separaba, y él me observo con los ojos entornados. Yo me levante para no parecer tan débil.
-Solo venía a ver si no habías muerto- añadió, mirándome la frente,- Al final el golpe no fue para tanto. ¿Te duele?
Puse cara de irritación cuando nombro mi herida. La note en mi frente, espantosa y horrible, palpitando dolorosamente. Clave mis ojos en los de Alec, y me pareció notar una pizca de preocupación en ellos, sin embargo, cuando me fije más, comprendí que lo único que mostraban era arrogancia e indiferencia. El no dijo nada, y siguió mirándome.
-Sí, me duele mucho. Gracias por tu interés- conteste.
-Lo suponía, tu organismo aun es demasiado débil. Pero no creo que el dolor dure demasiado. La ingesta de sangre humana cada vez te hace más fuerte, y no tardara mucho en hacerte más indiferente a este insignificante dolor. No sé cómo puedes soportar ser tan endeble.- dijo con tono despectivo.
-Ya tardabas demasiado en llamarme inútil- dije, sonriéndole falsamente,- Me había empezado a preocupar que te volvieras bueno y decente.
-No creo que debas preocuparte por eso. No voy a cambiar. Soy así por naturaleza- respondió con suficiencia.
-Sí, enhorabuena. Era un ser vil y cruel que no tiene modales. ¡Como se te ocurre entrar en la habitación sin avisar!- grite ahogadamente.
-Llame, pero estabas embobada pensando en alguna estupidez- respondió.
-¿Y si hubiera estado desnuda? O haciendo algo privado…- cuestione, frunciendo el entrecejo.
-No me habría importado, y a ti tampoco debería importarte. Ya te he visto desnuda. Y en cuanto a lo de algo privado… bueno, la verdad que respetar tu intimidad no es una de mis prioridades, además, ya te dije que solo vine para ver si ya estabas recuperada y así poder continuar con las pruebas. Cada vez queda menos, hibrida, y cuanto antes terminemos, mucho mejor para todos.- dijo con voz solemne. La verdad es que nunca sabía si debía tomar en serio lo que Alec me decía.
-Bueno…- murmure,- Creo que me encuentro bastante bien, así que, sí. Continuemos con las pruebas. Espera que me vista y nos pondremos en marchar. Tengo ganas de saber lo que me espera hoy.
-De acuerdo. Te espero fuera. Pero date prisa, sino sales en 10 minutos me marchare, hibrida tardona- mascullo.
Puse los ojos en blanco mientras él se acercaba a la puerta, pero antes de que lograra salir, decidí hacerle una pregunta más.
-Alec…- dije- ¿Qué es lo que me paso?, ¿Cómo me hice esto?
Él me observo pensativo unos instantes, como si se debatiera por contarme lo que había pasado o mantenerme en vilo más tiempo. Finalmente, decidió hablar.
-Perdiste el control en cuanto entraste en la sala. Comenzaste a correr de un lado a otro gimiendo y empezaste a beber la sangre de todos sin medida, ocasionando un gran revuelo. Nunca he visto a nadie beber sangre de una forma tan descontrolada, pensé que te sentaría mal. Es más, supongo que ahora te sientes extraña. Y déjame decirte, que seguro que se debe a eso. Tuve que parar incluso de beber la sangre de tu amigo Jack porque estabas montando un gran alboroto. Por cierto, su sangre era horrible… ese chico fumaba y sabía a tabaco, aunque supongo que eso tu ya lo habrás apreciado de un modo u otro.- Dijo con tono sugerente. Intente intervenir ante tal acusación, pero él me silencio y continuo hablando,- Ni siquiera Félix fue capaz de pararte, así que tuve que intervenir yo. Use mi don sobre ti y entonces caíste al suelo, haciéndote tu misma ese moratón. Después te recogí y te traje aquí. Seguías inconsciente por el golpe incluso cuando te retire mi niebla. Aun tenías pulso, así que deje en la cama, te desnude y me acosté contigo…
Yo le mire horrorizada, y con las lagrimas a punto de salir de mis ojos. Mi boca permanecía abierta de par en par, y parecía que jamás sariá capaz de cerrarla.
-Pero…- quise reprochar, desconsolada y airada. Me levante y camine hacía él para poder pegarle, pero me esquivo.
-¡Era broma!- respondió riendo,-Te deje en la cama y me fui. Tenía cosas mejores que hacer. Yo nunca violaría a ninguna chica. Solo lo hago con ellas cuando quieren, ya que nunca he tenido la necesidad de obligarlas. ¡Ah! Y no se te ocurra echarme en cara lo del hotel- añadió, al ver mi cara,- Tu me lo suplicaste, borracha, pero aun así me lo pediste. Te dije que no me hacía cargo de lo que pasara. Además, fue divertido.
-No lo recuerdo, pero estoy convencida de que no fue exactamente divertido- interrumpí, pero él lo ignoro.
-En cualquier caso… hablar de esto no es nada producente. Así que date brío, que te espero en el pasillo- mascullo apremiante.
Yo solo asentí, y Alec salió por la puerta sin decir nada más, cerrándola tras de sí. Me levante de la cama con paso cansino, y camine en dirección al armario. De verdad esperada que Alec no me estuviera mintiendo acerca de que Heidi me había cambiado de ropa, ya que si que era cierto que ahora me veían embutida en un pijama oscuro y algo ceñido, fabricado en sedosa seda negra. Aunque, al fin y al cabo… ¿Qué importaba? No habría visto nada extraño o que no hubiera apreciado antes. Intente quitarme esas ideas de la cabeza, ya que lo único que provocaban eran escalofríos y espasmos de inquietud por todo mi cuerpo.
Ese día sí que dedique un poco más de tiempo a escoger la ropa que llevaría. Desde que Heidi me había ayudado a estar guapa y atractiva me sentía mucho más estresada con el tema de mi físico, y echaba de menos el poder que te da un buen aspecto, que te ayuda a conseguir todo lo que deseas sin apenas esfuerzo. Cogí el conjunto de ropa interior negro, siendo perfectamente consciente de que era el que más le gustaba a Alec. Sonreí pícaramente mientras me lo ponía, imaginando la cara impaciente de Alec al otro lado de la puerta. Seguidamente me vestí con unos pantalones negros ajustados, y unas botas altas en cuero oscuro. No eran tan elegantes como los tacones, pero me quedaban bastante bien y eran mil veces más cómodas. Tarde un poco más en encontrar algo adecuado para la parte de arriba, aunque al final me decante por una camiseta básica de tirantes blanca y una rebeca oscura y semitransparente que dejaba ver algunas partes de la tela de abajo. Vi el collar plateado del emblema de los Cullen en la mesilla de noche. Seguro que Heidi lo había colocado allí. Sentí un retortijón cuando no sentí nada. Absolutamente nada. ¿Es que ya no sentía nada hacía ellos?, ¿Los sentimientos habían cambiado tanto? Lo sentía tan vacio como si fueses una piedra corriente. Nada. Y tampoco me sentía culpable por ello. Tan solo me molestaba el superficial hecho de no tener nada bonito para adornar mi cuello. Una vez vestida, me metí en el baño para peinarme rápidamente y comprobar que mi olor era satisfactorio. Intente buscar una forma de disimular mis ojeras y mi herida, pero ni siquiera el agua fue capaz de aliviarlas un poco. Al final, me di por venida. Una vez hecho esto, camine decidida hasta la salida.
-Cada vez eres más rápida- dijo Alec, al tiempo que yo salía por a puerta,- Solo has tardado nueve minutos y cuarenta y tres segundos. Debe de haber sido el golpe, que te ha quitado el defecto de la impuntualidad.
Le sonreí. Nada me haría ponerme de mal humor.
-Bueno…- dije, mordiéndome el labio,- ¿Y qué toca hoy?, ¿Va a venir alguien para ayudarnos?
-No, estaremos solos. Tú de momento, limítate a seguirme. Cierra la boca e intenta no hacer ruido. Hoy pondremos la guinda al pastel. Te voy a enseñar a compórtate como yo- dijo orgulloso.
-De acuerdo…- respondí tenuemente, y algo intimidada. ¿A dónde me iba a llevar que requería tanto silencio?
Sin embargo, le obedecí. Comenzamos a caminar por los pasillos, recorriendo mil corredores que parecían completamente iguales y que nunca acababan. Deje de contar el tiempo que habíamos pasado caminando cuando llevábamos diez minutos de camino. No creo que el castillo fuese tan grande, y dudo mucho que tardásemos tanto en recorrerlo a este paso. Estaba convencida de que Alec estaba dando varias vueltas para que no pudiera regresar exactamente donde me quería llevar si estaba yo sola. Por desgracia para él, minusvaloraba mis habilidades, y era capaz de seguir el olor tanto como un vampiro corriente. Unos minutos después llegamos a nuestro destino. Alec abrió una puerta igual a las demás, sin nada demasiado especial. Incluso se parecía a la de mi habitación. Me hizo un gesto para que me apresurara a entrar, y yo corrí para meterme dentro, con el corazón latiéndome con fuerza.
Lo que vi me dejo en una especie de trance, y ni mi cuerpo ni mi mente supieron cómo reaccionar. Tarde unos segundos en darme cuenta de porque me sentía así. Me percate de que no era una habitación corriente. Para nada. El olor dulce sumamente concentrado de Alec me daba la certeza de que el pasaba mucho tiempo allí, y llegué a la conclusión de que se trataba de su dormitorio. Y la sobriedad y la elegancia con la que estaban decoradas disperso todas mis dudas. Me fije en la enorme cama cubierta de sabanas oscuras que ocupaba gran parte de la estancia. Al principio intente buscarle una utilidad, ya que Alec no duerme, pero después pensé en Abrielle y en otras hermosas mujeres, y en que podrían hacer con él allí... Y dejé de pensar en eso porque me ponía enferma.
-¿Por qué me has traído aquí?- pregunte, confusa. Alec estaba parado al lado de la puerta, con la mirada perdida. Al escucharme, me miro y dio un par de pasos hacía mi.
-Supongo que tu hibrido cerebro ya habrá supuesto que esta es mi habitación,- yo asentí para que continuara,- Pues bien, te he traído aquí para poder enseñarte la última de las pruebas. Ya sabes ser fuerte, seductora, y hasta no tienes remordimientos. Solo te queda aprender a controlarte, tanto de forma física como mental. Hoy te enseñare a ser fría y calculadora, y a no perder los nervios. Ocultar tus sentimientos para no parecer débil te será realmente útil. No tenía previsto mostrarte el camino del control en lo que se refiere a la sangre, pero eres demasiado agresiva en ese aspecto, así que creo que comenzaremos por aquí. Siéntate en la cama mientras lo preparo todo.
-De acuerdo- murmure, y me deje caer en el borde de la cama. Alec asintió satisfecho y salió por la puerta, diciéndome con un gesto que regresaría en poco tiempo.
Y yo me que de allí sola.
Era una habitación más grande que la mía, y con los muebles similares. Desde luego Alec no era un chico ostentoso en lo que se refiere a la decoración. Lo único que me llamo la atención fue la gran cantidad de libros que había colocados en las estanterías. Incluso desde allí era capaz de visualizar la gran variedad de temas e idiomas que tenían. Había libros en inglés, castellano, italiano, francés y incluso alemán. Supuse que él era capaz de hablar todos esos idiomas. La cama hizo un crujido en cuanto me cambie de posición para estar más cómoda. Me quede petrificada, al tiempo que un sinfín de pensamientos pasaban por mi cabeza. Comencé a dar pequeños botes para ver si volvía a sonar, y así fue. El colchón y el somier comenzaron a gemir agudamente. Estaban muy desgastados. De nuevo vino a mi mente la imagen de Alec y otra chica de rostro invisible y cuerpo precioso en aquella cama, retozando y soltando grititos de placer. Puse cara de disgusto y me quede inmóvil, intentando ignorar aquella extraña sensación que era incapaz de clasificar. Entonces, entró Alec con una bolsita negra en la mano.
La mire desesperada en cuanto reconocí el aroma, y me llevé una mano a la garganta horrorizada, tanto que los malos pensamientos se disiparon de mi mente como si hubieran sido polvo a merced del viento. Retrocedí hasta caer el otro lado de la cama, y me arrastre hasta la pared, apoyándome en ella desesperadamente.
-Llévate eso…- murmure, mientras él extraía la delicada botella de cristal de la bolsa,- Me duele…
-De eso nada…- dijo él, riendo entra dientes,- Ya te dije que te ayudaría a superar esa ansiedad que te entra con la sangre. Vamos, acércate despacio, prometo no hacer nada raro. Ven, siéntate conmigo- finalizo sentándose en la cama y haciéndome señas para que me sentara a su lado.
Lo valore unos segundos, respirando entrecortadamente. Seguidamente decidí confiar en él, y me acerque lentamente hasta mi sitio en la cama. Procure respirar lo menos posible, pero era muy difícil. La garganta ya me ardía como fuego. Me quede quieta en cuanto estuve sentada a su lado, esperando que iba a pasar ahora.
-Muy bien…- murmuro acariciándome el pelo como si fuera una mascota,- A ver, esto no es fácil, pero tú tienes fuerza de voluntad, y solo te queda técnica y practica. Como la practica si aprende con el tiempo, de momento te enseñare técnica, que será bastante efectiva.
Yo no respondí, y me limite a mirar la botella llena de sangre color borgoña. Suave y caliente. Me mordí la lengua para aguantar el dolor. Pero todo empeoro cuando él la abrió. Tomo un vasito pequeño, y lo lleno de sangre, después se lo llevo a la boca y se lo trago todo, gota a gota. Su cara se torno en una mueca de placer mientras cerraba los ojos para tragar. Después, bajo la cabeza y me miro seriamente, como si para él esto ya no tuviese ninguna dificultad. Volvió a llenar el vasito, pero esta vez, me lo tendió a mí. No fui ni de lejos tan paciente como él. Me lo lleve a la boca y me lo trague rápidamente, casi sin saborearlo. Cerré los ojos cuando el líquido alivio mi garganta, y solté un gran suspiro de placer. Alec me arrebato el vaso aun cuando estaba con los ojos cerrados disfrutando de aquello.
-No seas tan impulsiva. Tú te dominas a tu misma, no la sangre. Ahora quiero que te la bebas muy despacio. Piensa en algo repugnante para aliviar el estrés y distraerte. Recuerda que el dolor es algo efímero y soportable, que acabara si haces bien las cosas.
-Vale- respondí con voz ahogada.
-Tomate este despacio. Quiero que al menos tardes 10 segundos- me ordeno, dándome otra ración de sangre.
Intente obedecerle, y me lleve el vaso lentamente hacía la boca. El olor me ponía mala, pero intente hacerle caso. Piensa en algo repugnante, había dicho, así que lo probé. Busque algo que me fiera arcadas, y extrañamente lo primero que me vino a la cabeza fue Jacob, y su olor a animal húmedo y mugriento, aunque pronto esa imagen fue remplazada por la de Alec y la chica sin rostro, dándose el lote en la cama frenéticamente. Sentí ganas de vomitar, y aparte el vasito unos centímetros de mí, mirándolo con repugnancia. Note un retortijón cuando lo volví a acercar a mi boca, y el final tarde casi triente segundos en poder tragármelo sin escupirlo por sentir repugnancia. La sangre estaba rica, pero los pensamientos haciendo que me pareciera algo inverosímil que me traía malos recuerdos. Le devolví el vaso a Alec algo cabreada, y él lo cogió satisfecho.
-Muy bien- me felicito,- No sé en lo que habrás pensado, pero desde luego ha sido efectivo. Te debe de dar verdadero asco.
-Ni te lo imaginas…- comente, mirándole.
Nos quedamos en silencio, y pude apreciar como Alec metía el dedo en el vaso y rebañaba con él los restos de sangre. Lo subió a la altura de su cabeza y ambos lo observamos absortos. Después clavo sus ojos en mi me inclino su mano hasta mi cara, ofreciéndome aquellas míseras gotas de su propia extremidad. Yo lo observe absorta, como hipnotizada. Intente resistirme pensando otra vez en Alec y la chica sin rostro, pero no pude hacer creer a mi cabeza que era real. Era él quien me estaba ofreciendo la sangre, y si Alec me la daba entonces era porque no estaba acostándose con otra chica en ese momento. No fui capaz de engañar a mi mente y abrí mi boca para lamer su dedo lentamente. En ese momento no era consciente de lo que estaba pasando, pero sin duda, era la mejor sangre que había probado en toda mi vida.
-Valla- murmuro él cuando le solté el dedo,- Si lo llego a saber me lo habría puesto en otro sitio.
Yo baje la mirada avergonzada, sabiendo a que parte de su anatomía se refería.
-Perdón…- fue lo único que se me ocurrió decir. Sin embargo, lo único que Alec hizo fue reír e ignorar lo que había dicho.
-Venga, seguiremos intentándolo un rato más hasta que se acabe la botella. Es mejor que lo repitamos varias veces antes de pasar a la otra parte de la prueba.- dijo, completamente seguro.
-Tienes razón- respondí.
Y tome el vasito de sangre que me ofrecía, visualizando otra vez en mi mente a la asquerosa chica sin rostro con Alec, y esperando, desesperadamente, que la próxima parte de la prueba fuera más fácil. Y mucho, mucho menos desagradable y dolorosa para mí. Mucho menos.
¡Hola!
¡No, no he muerto! =) Aunque casi. Llevo como tres semanas con exámenes todos los días, e incluso dos. El viernes logre graduarme, (con un examen el mismo día, por supuesto) y como la semana que viene solo tengo dos, pues pensé que ya era hora de actualizar, ya que el anterior capítulo tenía 14 comentarios, (gracias por ellos, por cierto). Espero que os haya gustado; en teoría iba a ser un capítulo único donde unía la prueba de la sangre y la prueba de la de la frialdad, pero solo esta me ocupo 6 páginas de Word con letras 10, y supuse que se haría pesado, así que lo partí en dos. Prometo subir el próximo en poco tiempo. Gracias por los comentarios, cuantos más sean, más rápido publicare. Él próximo capítulo será dedicado a la persona que deje el comentario más largo, que además recibirá una sorpresita, y como en el anterior no lo avise, pues lo dedico a todas las chicas que comentaron, pero sobre todo a kitten31, Annie15 y VampiirithaCriis, por dejar otro semanas después pidiéndome que actualizara. Gracias por leer.
Comentad. =)