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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 28
El eco de los pasos es escuchaba menguadamente por los pasillos. Casi era imposible de adivinar cuantas personas formaban parte de aquella peculiar marcha. El ambiente permanecía sombrío, y el retumbar de un corazón acelerado acompasaba cada movimiento. Las respiraciones se mezclaban, frías y sobrias, y la única que destacaba era una un poco más viva, aunque lo único que evocaba era tranquilidad. El ruido rítmico de unos zapatos sobresalía sobre los otros, y todos aquellos sonidos juntos, parecían mezclarse formando una orquesta perfecta.
Renesmee lideraba aquel recorrido, y a sus espaldas estaban Demetri y Félix, que rodeaban sus flancos y parecían agradecidos incluso de estar allí. En los ojos de la hibrida se podía apreciar una visible seguridad que nunca antes había caracterizado su mirada. Llevaba puesto un vestido oscuro, ceñido y elegante. En realidad, era el más sexi y provocativo que había encontrado en su armario. Se sentía segura con él, y estaba convencida de que conseguiría todo lo que ella se propusiese. Absolutamente todo. También había decidido ignorar las heridas de sus pies y se había calzado unos tacones aun más altos que los de la otra vez anterior. Esta vez los llevo de una forma mucho más decisiva, intentando mover su cintura exageradamente al caminar. Cosa que la antigua Renesmee jamás hubiera hecho.
Le había llevado casi toda la noche decidirse a llevar a cabo la idea que tenía en mente. Se la había ocurrido de repente, y desde el principio le había parecido una genialidad. La guinda perfecta al pastel que era su nueva vida sin sentimientos. No es que dudara sobre llevarla a cabo o no, era simplemente que no tenía ni idea de cómo proceder. Tan solo tenía clara la primera parte de su técnica.
Después de que se marchara de la habitación de Alec, dejándolo medio catatónico, regreso a su habitación con paso decidido. No le importaba demasiado lo que le pasara a él a partir de ahora, a pesar de que se sentía agradecida por la ayuda que la había prestado. Alec le había enseñado a ser así: arrogante y orgullosa. Mientras regresaba, se encontró con Demetri en los pasillos, y se dio cuenta de que era una gran oportunidad para comenzar con su plan. Se arrimo a él sugerentemente y le pidió el favor que tenía en mente. Él pareció dispuesto a ayudar desde el principio, sin embargo, Renesmee se aseguro de que la obedeciera empotrándolo contra la pared y susurrándole sus deseos entre desenfrenados besos y promesas sexuales. Demetri no pudo resistirse, así que se marcho deseoso de cumplir con lo que ella le había pedido.
Cuando Renesmee llegó a su dormitorio, se metió en la ducha y se paso casi una hora buscando en sus armarios hasta que dio con el traje que ahora llevaba puesto. Cuando salió de la bañera, comenzó a vestirse, pero justo cuando iba a abrocharse el vestido alguien llamo a la puerta. Al abrir, Renesmee se dio cuenta de que ante ella se presentaba una gran oportunidad. Santiago estaba parado en el umbral, con una botellita de sangre animal en la mano. Aun tenía la esperanza de que ella regresara a su antigua dieta, sin embargo, lo único que obtuvo como respuesta fue que la hibrida le pidiera sensualmente que le subiera la cremallera del vestido. Estaba intentando que él también entrara en su plan, sin embargo, el vampiro se limito a ayudarla con el traje y se marcho con cara de decepción. Pero eso a Renesmee no le afecto; sabía que Demetri haría su trabajo perfectamente.
El resto del tiempo se limito a meditar; pensando en lo mucho que podría tener ahora con su nuevo comportamiento. No sentía remordimiento, y su conciencia había desaparecido del todo. Ahora la consecuencias de lo que hacía no tenían importancia, por lo que se podía dedicar a hacer todo lo que a ella le viniera en gana. Se sentía a gusto con su nueva situación, y en su cabeza no había cabida para nadie más que no fuera ella. Ni siquiera para su familia, o para Jacob. Aunque hubiera deseado ser tan fuerte como un vampiro completo; ser una hibrida la hacía sentirse inferior y débil, tal y como Alec se había encargado de hacerle sentir durante las últimas semanas. Pero eso no la preocupaba demasiado, ya sabía que podía abandonar s condición pronto y de manera fácil. Sobre las 8 de la mañana aproximadamente, habían llamado su puerta de nuevo. Renesmee había sonreído satisfecha, a sabiendas de que era Demetri. Pero no venía solo; se había encargado de cumplir con lo que ella había pedido. Ahora tenía una perfecta y eficiente guardia a sus servicios, que la escoltarían hasta el lugar que ella deseaba. Después de unos cuentos coqueteos, salió del cuarto y comenzó a caminar con ellos detrás.
Había llegado el momento. Ahora ella, conversaría con Aro sería oficialmente para unirse a su clan para siempre. A partir de eso, ella seria Renesmee Carlie Vulturi. Y nada ni nadie lo cambiaria jamás.
Alec permanecía apoyado en la pared, con expresión impaciente. No tenía ninguna gana de estar allí, pero su hermana le había obligado. ¿Y quién era él para contradecirla? Cuando ella había entrado en su habitación, toda alterada, y le había dicho entre parloteos que Aro los quería ver a todos, y que Demetri les había pedido que estuviéramos allí lo más pronto posible, Alec sintió por primera vez ganas de negarle algo a sus amos. No estaba de humor, pero tenía que ir. Aun no podía creerse lo que le había pasado con Renesmee, o más bien, con lo que quedaba de ella, decidió hacer de tripas corazón y sacársela de la mente el tiempo que estuvieran reunidos. Sí le veían nervioso, Aro probablemente le pediría la mano, y no quería que se enterara de lo que surcaba en su cabeza. Hacía bastante tiempo que no le mostraba lo que sentía por medio de su don, ya que Aro casi nuca precisaba usarlo con él. Sabía que Alec necesitaba su espacio, y también era consciente de que no era conveniente enfadarle, por lo que solía evitar el contacto de pensamientos. Pero Alec sabía muy bien que si le veía actuar de forma extraña, no le quedaría más remedio que compartir sus intimidades. Y eso no es lo que quería en ese momento.
-¿Qué crees que será lo que pasa?- susurro Jane, mirándole de refilón,- Todo esto es muy raro, y ni siquiera ellos parecen saber e que se trata.
La única respuesta de Alec fue un asentimiento. Esto resulto suficiente para que Jane se diera cuenta de que no estaba de humor, y para que lo dejara en paz. Aunque eso no evito que se enfadara por su trato hostil. Así que se apoyo en la pared, junto a él, de forma cansina, y miro la puerta con expresión aburrida. Alec la imito, y no volvieron a dirigir ni una palabra hasta que, minutos después, las puertas se abrieron lentamente.
Alec no pudo evitar abrir la boca de la sorpresa, y Jane soltó un bufido de enfado. Ambos observaban atentamente a las personas que acababan de entrar. Alec se sentía desorientado, incapaz de encajar lo que estaba viendo con el esquema que tenía de ella, y de cómo solía comportarse. Fue en ese mismo momento cuando se dio cuenta de que su plan había salido a la perfección, y eso le corto la respiración. Renesmee entró en la sala de los antiguos, arrebatadora, sexi y más hermosa de lo que jamás había visto. Alec aprecio la ropa que llevaba, simplemente diferente a lo que Renesmee había llevado siempre. Y para su sorpresa, no le agrado demasiado. Sentía como si ese corto vestido negro no tuviera cabida en un cuerpo tan infantil. Y tan dulce. Los tacones, que la última vez que los había llevado le había resultado graciosos, esta vez se tornaron crueles. Los llevaba con tanta seguridad, que habían dejado de atraerle. Pero no pudo evitar pensar igualmente en lo sexi que estaba. Su nuevo aspecto le disgustaba y le atraía al mismo tiempo. Estaba confuso.
La hibrida camino, seguida y procedida por Demetri, Félix y algún que otro miembro de la guardia, que la miraba descaradamente, hasta llegar a la parte inferior de las escaleras. Una vez allí, subió la mirada y clavo sus ojos en los de Aro, que la observaba fascinado. Después, subió la mano, tendiéndosela a él de forma provocativa, y giro la cabeza para darle a su aspecto un matiz aun más adorable. Aro, sorprendido pero agradecido, descendió los pocos peldaños que los separaban y junto su palma con la de ella. Lo que ocurrió en los siguientes segundos fue algo extraño; el rostro de Aro fue cambiando de ser duro como una roca a una sonrisa de suficiencia. Después, tapo con la mano que le quedaba libre la mano de Renesmee que ya tenía cogida, y soltó una risa de satisfacción. Ella, lo imito, y lo miro como si sus únicos deseos ahora fueran poder complacerle. Todos estaban absortos en la sala, y algunos no sabían cómo reaccionar. Marco, parecía decepcionado con ella, pero no dijo nada, sin embargo, Cayo, si que decidió intervenir.
-¿Qué ocurre?- espeto con voz precavida.
-Que tenemos una nueva integrante, hermano. Eso ocurre- respondió Aro sonriendo.
Después de eso soltó las manos de Renesmee, se giró, y chascó los dedos. Casi simultáneamente, un miembro de la guardia camino hasta colocarse a su lado. Todos sabían de su existencia, pero nadie recordaba su nombre, ya que se limitaba a hacer burdas labores mundanas como llevar y traer cosas a los líderes. Saco algo de su bolsillo y se lo tendió a Aro, que lo cogió y asintió para agradecerle. El guardia se retiro, y Aro caminó de nuevo hasta la hibrida. Alec supuso que ya lo tenía preparado cuando abrió la cajita y visualizo un collar de los Vulturis grabado en plata. Renesmee sonrió satisfecha, y agacho la cabeza para que Aro pudiera ponérselo. Este, se inclino hacía delante, y engancho las dos partes de la cadena, al tiempo que depositaba un suave beso en el pelo de Renesmee. Cuando se hubieron separado, Aro anuncio otra cosa en voz alta.
-Nos alegra tenerte aquí, pequeña Renesmee- murmuro,- El castigo por haber intentado huir que pensábamos imponerte será eliminado por completo. Solo me queda decirte una cosa.
Todos los miraron expectantes.
-Bienvenida a la guardia Vulturi.
La habitación se quedo en silencio, y fue entonces, cuando Alec se dio cuenta de que todo estaba perdido.
Al otro lado del océano, en Canadá…
Abrielle corría ágilmente por el bosque, intentando escapar a toda costa de su perseguidor. No sabía cuánto tiempo había durado la carrera, pero dudaba que fuera menos de media hora. Estaba dispuesta a seguir corriendo con tal de que no pudiera alcanzarla. Se deslizo por entre los árboles, aumentando su velocidad, pero una rama engancho el tirante de su camiseta y lo rajo, dejando un pequeño jirón de tela negra colgada en los arboles. Continuo con el mismo paso unos minutos más, hasta que su camino desemboco en un rio caudaloso y violento. El agua cristalina resbalaba por los cantos rodados, y parecía peligroso. Se detuvo, agitada, y miro a su alrededor, intentando buscar una salida lo más rápido posible. Pero fue demasiado tarde… su perseguidor, saltó hacía ella, y la rodeo con los brazos por atrás, soltando un murmullo triunfal.
-Te cogí… - murmuro en su oído, suavemente, y ella intendenta debatirse, resistiéndose y moviéndose para poder escapar, pero él la agarro con más fuerza aún y acabo por darse por vencida,- No te muevas tanto, Abrielle. Sabes que ya no puedes escapar de mí.
-¡Por qué tu lo digas!- grito, inclinándose hacia delante con toda la fuerza que pudo reunir, pero que no fue suficiente para librarse de su captor,- Suéltame…- suplico.
-No… dame lo que me corresponde. Lo quiero ya…- él la presiono más fuerte contra su cuerpo, y ambos quedaron totalmente pegados.
Abrielle se quedo inmóvil, vacilante. Pensando en cómo podía proceder. Sabía perfectamente que seguir luchando ahora sería algo sin sentido. Así que lo obedeció, se dio la vuelta ligeramente, hasta quedar cara con cara con él. Sus rostros quedaron separados por pocos centímetros, y podía notar sus manos amarrándose fuertemente a sus caderas.
-De acuerdo.- cedió al fin, y se dispuso a darle lo que le debía.
-Maravilloso- comento él captor, satisfecho.
Abrielle se inclino hacía delante, y poso sus labios en los de él con delicadeza. Comenzó a besarlo lentamente, acariciando su pelo al mismo ritmo que aumentaba la intensidad del beso. Ambos soltaron risas de alivio, y continuaron así por largo rato. Cuando Abrielle creyó tener su cuenta por saldada, se separo ligeramente, y apoyo la cabeza en su pecho, besando suavemente el cuello de su agresor. Permaneció otros segundos en esa postura, quieta y tranquila.
-Te quiero Nico…- murmuro, posando una mano en su pecho.
-Y yo a ti *mon chéri.*Pero aun así sabes que he ganado, y que tus mimitos no harán que te ceda mi victoria. ¡Soy más rápido que tu y de nuevo a quedado demostrado!- respondió burlón.
-¡Ya lo sé!- grito ella, simulando estar enfadada, y le dio un suave golpe en el hombro,- Eres demasiado méchantcomo paradarme nada. ¿A qué sí, mi vida?
-No soy tan malo. Si que puedo darte cosas… muchas cosas…- dijo Nicolás, mirándola alentadoramente.
-¿Cómo qué?- respondió Abrielle sensualmente, acariciándole el pecho de arriba abajo y tomándole de las manos.
-Ah…- murmuro Nicolás dubitativo,- Puedo darte besos, abrazos, y puedo decirte cosas muy bonitas; como: "Je t'aime trop et je ne pourrai jamais t'oublier"o"Le vrai amour n'a pas de fin, parce que n'a pas simplement de finale".
-¿Qué quieren decir?- pregunto Abrielle, mirándole de forma cándida, con ojos brillantes. Sabía algunas palabras en francés, pero no era capaz de traducir frases, aunque estaba convencida de haber entendido la palabra olvido y final, y eso hizo que se encogiera.
-¿Quieres que te lo diga? De acuerdo… lo primero que dije quiere decir que te amo demasiado y que jamás podre olvidarte…- los ojos de Abrielle se iluminaron,- Y la segunda, que el amor verdadero no tiene un final feliz porque simplemente no tiene final.
Ambos se miraron sonriendo, encandilados por sus ojos. Abrielle aun era incapaz de creer que un chico tan dulce y tan bueno como Nicolás estuvieses a su lado. Estaba como borracha de felicidad.
-Ti amo con tutta l"anima- mascullo Abrielle. Ella ni siquiera sabía italiano, ya que no había nacido allí, pero su mente aun era capaz de recordar perfectamente las cosas que Alec le decía al oído. Las mentiras, más bien. Sin embargo, cuando se las decía a Nicolás, estaban cargadas de sinceridad,-Voglio passare il resto della mia vitta con te.
-Eso no hace falta que lo traduzcas…- murmuro, Nicolás, acercándose a su oído,- Lo he entendido perfectamente. Pero, Abrielle…
-¿Qué?- pregunto ella dulcemente.
-Prefiero demostrarte lo mucho que te quiero de otra forma. No quiero usar las palabras…- Abrielle se separo de él alarmada, y le miro a los ojos. Comprendió enseguida que era lo que quería decir, y acabo riendo tranquila.
-Yo tampoco necesito palabras. Prefiero que me hagas el amor,- respondió, haciendo impulso para poder engancharse con sus piernas al rededor de la cintura de él. Nicolás la agarro con las manos para que no se callera y junto su nariz con la de Abrielle.
-D'accord…- fue lo último que Nicolás logro pronunciar antes de que apoyaran su peso en un árbol, y el cuerpo de Abrielle y Nicolás se uniera una vez más.
Aunque ambos estaban seguros de una cosa; no sería la última vez.
¡Hola chicas!
Bueno, ¡Estoy inspirada! Escribir tres capítulos en dos días, (sí, tengo otros dos largos caps. en el escritorio de mi ordenador Muajajaja). Creo que quedo algo aburrido, como el anterior, porque casi ni cuenta nada. Lo que más me gusto fue la escena pastelosa de Abri y Nico. ¡Tengo tantas ganas de subir los siguientes, donde por fin cuentan algo interesante! Una pista: Demetri se mete en medio de Alec y Ness… uuuuh! Muchas gracias por los 14 comentarios, (ahora los contesto). Esta vez los comentarios más largos han sido los de silvicullen, vampire y melinda style quey los agradezco por igual. ^.^ Y al resto, gracias también, me hacen muy feliz. Aunque también para el resto de maravillosas lectoras. Gracias por leer.
Comentad. =)
Y por cierto... ¡FELIZ VERANO!