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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 29

No pude evitar cerrar la puerta de mi habitación con fuerza, causada por la rabia y el dolor contenidos. Por primera vez en miexistencia me sentía perdido, confuso e indefenso. Toda mi vida se estaba desmoronando ante mis ojos, y yo no era capaz de hacer nada para evitarlo. Absolutamente nada. Haber sido el vampiro más poderoso de la tierra no me estaba ayudando en absoluto, y eso hacía que mi enfado creciera aun más. Me sentía como un completo inútil.

Golpeé la pared, intentando desviar toda mi rabia a través de golpes físicos, pero apenas me relajo. Lo único que provocó fue una grieta torcida en el muro y un poco del polvo blanco esparcido por el suelo. Me sentía tan impotente; incapaz de afrontar toda esta situación que yo mismo había provocado. Porque estaba convencido de que Renesmee estaba así por mi culpa. Yo le había trasformado en un monstruo, y la había arruinado la vida. Y no parecía haber nada que pudiera hacer para remediarlo. Es más, ni siquiera ella parecía precisar de un remedio. Me odiaba a mi mismo más por haber fallado en mi propio plan, que porque ella estuviera ahora así. ¡Cómo podía ser una niña tan estúpidamente crédula e influenciable!

Me senté en la cama, intentando controlar todo mi cuerpo para que no hiciera ninguna estupidez. Necesitaba relajarme, o no podría llegar a pensar con claridad. Tuvieron que pasar varios minutos para que mi mente se despejara lo suficiente como para comenzar a valorar esta peligrosa situación. Apreté mis manos fuertemente al recordar cuando había empezado esta pesadilla: El día en el que Abrielle, el chico francés y Renesmee se habían fugado de Volterra. No solo había sido la perdida de Abrielle, y con ella, parte de mi orgullo masculino. También estaba el tema de la muerte de la vampira pelirroja, esa que tanta pena había causado entre ellos. Valentina, creo recordar. Mi intención no había sido matarla, ya que ni la conocía ni su presencia me molestaba, pero se había interpuesto en mi camino, y había sufrido unas consecuencias que no eran las suyas. Fin de la historia. En ese momento pensé que Renesmee nunca se conformaría con esa explicación, pero luego recordé como pensaba ahora, y cuál era su modo de razonamiento, y comprendí que para ella, ahora mismo todo esto sería no más que un burdo chiste. Además, las palabras que el francés habían pronunciado habían surtido un débil efecto en mi; nunca antes me había hablado de esa manera. Era más molesta la falta de respeto que había tenido al osar hablarme así, que el mero significado de esas palabas. Ya me habían dicho muchas veces eso como para que me hiriera, y nunca haría caso a un vampiro resentido como él, atontado por la muerte de su chica. Al menos me había vengado de él: Nicolás me arrebató a Abrielle, y yo le despoje de Valentina. Ojo por ojo; todos en paz.

Aun recuerdo el gran agujero negro que me inundó cuando comprendí que Renesmee probablemente no volvería jamás. Sentí un gran vacío en mi interior, y no podía comprender cuál era la causa. Intente controlarlo, pero apenas disminuyo. Deseaba deshacerme de esa angustia que me volvía cada vez más débil, pero no era capaz, por lo que al final opte por ignorarla, lo que sí que me fue más útil. Cuando el metamorfo había acudido al castillo en busca de Renesmee, aun seguía sumido en mi mundo. Fue entonces cuando sentí una sensación ardiente embargar todo mi cuerpo, al comprender que él era Jacob, el perro que había impedido que pasara algo entre Renesmee y yo. Me moría de rabia. Sentía ganas de matarlo lentamente, ya que no llegaba a comprender porque ella lo había elegido antes que a mí, y yo no soportaba que me pisotearan. Pero sabía que Aro ya tenía planes para él, por lo que me deleite viéndole sufrir bajo las sesiones de tortura de Jane. Aunque eso no fue suficiente, yo deseaba que sufriera más y más, simplemente porque no podía soportar la idea de que él hubiera tenido a Renesmee muchas más veces de las que yo había podido disfrutar. Nadie me superaba, y menos un ser inferior como el perro. Le odiaba, y en cierto modo le envidiaba.

Después, y bajo mi sorpresa, Renesmee había regresado a por él. Me di cuenta del gran lazo que les unía, ya que ella se veía totalmente dispuesta a dar su vida por él, y sabía que Renesmee nunca haría algo así por mí, lo que me enfadaba aun más. Su ingreso en la guardia causo en mí un inesperado alivio, que pronto se vio eclipsado por la rabia que me produjo cuando se metieron los dos juntos en ese dormitorio. Sabía perfectamente lo que iban a hacer, y tuve que hacer un gran esfuerzo para no interrumpir y sacar a ese perro a patadas de mi ciudad. Pero aguante, sabiendo pronto él se marcharía y no nos molestaría más. Y entonces, podría hacer cualquier cosa con ella, todo lo que me viniera en gana, porque no habría nadie velando por su seguridad. Aunque el enfado continúo creciendo. Todo eso había doblegado mi orgullo, y la simple idea de ser inferior me estallaba en la cabeza a cada segundo de una forma insoportable.

Cuando Jacob se hubo marchado, Aro obligo a Renesmee a tomar sangre humana, y he de confesar que me sentí muy orgulloso por ello. Ahora ella ya está más cerca de mí y de mi mundo, y el metamorfo ya resultaba ser historia. No tome importancia a lo infeliz que parecía cuando ingirió por primera vez la vida de un mortal. Pensé que ese aturdimiento no podría durarle mucho, y que el placer de la sangre humana acabaría por compensarla. Pero no fue así. Se derrumbo, y sorprendentemente recurrió a mí. Vino corriendo, llorosa y deprimida, y se dejo caer en mis brazos, suplicándome entre lagrimas que la ayudara a ser como yo, un ser cruel e insensible. Y en ese momento no supe reaccionar; sentí unas irrefrenables ganas de ayudarlas, que yo intente justificar con superioridad y control sobre ella, aunque en el fondo sabía que esa no era la verdadera razón. Y acepte.

No tenía ni idea de cómo llevar a cabo lo que me pedía. ¿Qué forma había de borrar el dolor completamente de un cuerpo humano? Yo en realidad, era así. No sentía porque mi cuerpo había desarrollado esa autodefensa, pero había sido algonatural y automático. Era consciente de que no tenía manera de ayudar a Renesmee de esa manera, y que jamás lograría volverla fría, porque ella no era así por naturaleza. Sin embargo, comprendí que entretenerla y mantenerla ocupada podría hacer disminuir su nostalgia, así que medite y comencé a desarrollar una seria de actividades. Y ya de paso, podía aprovechar para seducirla, tenerla a mis pies y poder subir mi autoestima, rota por todos los acontecimientos recientes. Aunque evidentemente no conté con el efecto de la sangre humana, porque sino todo ahora sería diferente.

Cuando fui a recogerla para empezar, no pude evitar leer la carta. Me di cuenta de las inquietudes que tenía y de que quizás ella no fuese tan niña como imaginaba. Nunca me imagine que su inocente mente pudiera sentir cosas tan profundas. Pero sabía que esa carta podría traernos problemas a todos sí acababa en manos equivocadas, por lo que la escondí en mi bolsillo, y poco después en uno de los cajones de mi habitación. Así ella su dulzura estaría oculta, y todos conseguiríamos permanecer a salvo.

La primera prueba la había ideado para que se agotara físicamente, y en cierto modo había funcionado. Mis duras palabras la habían motivado, y parecía más tranquila, por lo que continúe con el plan, pensando que resultaría victorioso. Me di cuenta de que la cosa empeoro cuando la vi regresar con Heidi de la cazaría de humanos. Pensé que eso la haría desear que estas pruebas finalizaran y que finalmente cambiara de opinión, pero todo había pasado el revés. Ella estaba allí, imponente, bonita y fuerte. Sin sentir remordimiento alguno por enviar a esa personas a la muerte. Y además, no había puesto reparos en los métodos para lograrlo. Había besado a ese niñato, Jack, encandilándolo con su encanto, y le daba igual. Empecé a preocuparme, sabiendo que la antigua Renesmee jamás habría hecho algo así.

La siguiente prueba fue algo improvisada, ya que nadie esperaba ese descontrol por la sangre de su parte, y fue lo único que pensé que tendría utilidad de esas pruebas. Si que progreso bastante, aunque me sorprendió mucho la forma en la que la sangre la había afectado. No era capaz de especificar que era diferente en ella, pero su aura se había tornado oscura. He de reconocer que pase un buen rato con ella durante ese experimento, verla beber sangre como si fuera la más deliciosa de las delicatesen me resultaba erótico.

Y luego, vino la última prueba. Nunca pensé que mis palabras fueran a hacerla cambiar, es más, sihubiera sabido de su efectividad, probablemente no las habría usado. Especule que sería divertido hacerla de rabiar un poco, como siempre. Pensé que reaccionaria como siempre; lloriqueando y marchándose a su habitación, pero no fue así. Se levanto, enfadada, y fue en ese momento de debilidad cuando intente atraerla con mis encantos. Ya no podía más, y este juego había pasado de lo permitido. Ella tenía que ser mia cuanto antes, y esa era la oportunidad. Tenía que recobrar mi hombría después de todo. Así que la bese, y ella al principio sucumbió a mis labios, aunque luego se echó para atrás, rechazándome. Me dio las gracias por mis servicios y se marcho, dejándome completamente anonadado. Al principio no podía creer lo que había pasado, y espere sentado a que ella regresara y dijera que todo era una broma. Pero no ocurrió. Y entonces, esa misma mañana, temprano, Jane me había pedido que fuéramos al salón de los antiguos, y allí, había conocido a una nueva Renesmee.

Me sentía responsable por lo que le había pasado. Ahora era una furcia, fría y calculadora capaz de todo por conseguir lo que quería. Normalmente eso me hubiera gustado en una mujer, ¿Pero en ella?Lo único que evocaba en mi era lastima. Aunque luego la recordaba, arrebatadora, caminando por los pasillos con unos cuantos pares de fieles seguidores detrás, comiéndola con la mirada, y me daba cuenta de la urgencia que tenía por yacer con Renesmee.

Intentaba convencerme a mi mismo de que no debía importarme, porque solo era una hibrida. Intente hacerme entender que la única razón porque la que había hecho todo eso había sido para poder acostarme con ella y ganar mi batalla interior. Pero mi cerebro no estaba del todo claro con ese asunto. Intente aclararme varias veces, pero mi mente estaba del todo confusa.

Comprendí en ese momento que la única forma de atajar mis dudas era hablar con ella, preguntarle directamente que le había pasado y terminar con todo esto de una misma vez. Saber que no había perdido nada por ella. Me dispuse a salir a buscarla casi enseguida, pero entonces, alguien llamo a la puerta. Solté un suspiro de fastidio cuando me di cuenta de quién era, pero le permití pasar. ¿Qué querría ahora?

-Hola…- murmuro Jane, asomando la cabeza por el umbral de la puerta,- Tengo que hablar contigo, ahora.

-¿Es urgente? Tenía pensado salir ahora mismo. Tengo cosas que hacer- respondí, mirándola impaciente. Ella puso los ojos en blanco.

-Últimamente, siempre tienes cosas que hacer. ¿Te das cuenta de que hace semanas que no nos sentamos a charlar, o a pasar tiempo juntos? Estas muy distante- sentencio ella.

-¿Es urgente?- repetí, intentando que se diera prisa. Ella entorno los ojos, visiblemente molesta.

-No, en realidad solo quería pasar algo de tiempo contigo. Me aburro y me siento sola, y hay algunas cosas que me gustaría contarte sobre estas últimas semanas. Creo que te pasa algo, y no me lo quieres contar. Ya sabes que a mí me lo puedes decir, todo, soy tu hermana y…

-Estoy perfectamente- afirme, mirándola a los ojos. Pude ver un atisbo extraño en ellos.

-No me lo creo. Deberías sentarte aquí conmigo y contármelo. Ya. Por tu bien. Como dije, soy tu única familia, y las familias compartes los conflictos y los problemas- murmuro.

-Jane, él único problema que tengo ahora mismo eres tú. Estas muy pesada, ¿Lo sabías?- pregunte, ansioso porque se marchara, sin darme cuenta del daño que le hacían mis palabras.

-¿Acaso te he hecho algo malo como para que me hables así?- pregunto ella, ofendida. Cruzo los brazos y me miro desafiante.

-Sí, estorbarme. No paras de revolotear a mí alrededor. No es culpa mía que no tengas una vida.

-Nunca antes me habías hablado de esa manera. ¡Qué te pasa!- gruñó histérica.

-¡Nada!- grite, mirándola y respirando con fuerza del enfado que sentía.

No quería que me interrumpiera por más tiempo, porque no lo aguantaba más. Comencé a caminar hacia la puerta, pero ella se puso en medio, impidiéndome el paso. La ignore, y la empuje con mi hombroun lado. Ella se desplazo unos metros, y después se giro anonadada. Nunca antes la había puesto la mano encima, pero… ¿No le había hecho daño de verdad, no?

-Si sales por esa puerta ahora, olvídate de hablarme para el resto de tu vida- dijo ella altivamente, mirándome fijamente por la espalda.

Cerré los ojos, valorando la situación. No quería dejar las cosas así con Jane, pero las ganas de solucionar el asunto de la hibrida me pudieron. Suspire sonoramente, negando con la cabeza para mí mismo, y cerré la puerta detrás de mí, justo al tiempo de escuchar un sollozo proveniente de mi hermana y un "Gracias" de lastima al otro lado de la puerta. Ya lo solucionaría después, como siempre.

Corrí por los pasillos, desesperado por poder encontrarla. Podía sentir su aroma por todas partes, lo que me confundía y provocaba una ferviente inseguridad en mí. Fui primero a su habitación, pero no se encontraba allí. Luego me dirigí al jardín de entrenamiento, pero allí solo estaba Santiago y Afton, charlando sobre algo que no preste mucha atención. No tenía ni idea de su paradero, y sentía la ansiedad recorrer mis venas. Esto jamás me había pasado antes. Estaba como perdido. Había perdido la esperanza de poder encontrarla, por lo que me puse a vagar por ahí. No quería regresar a mi habitación y encontrarme a Jane todavía allí. Ahora no estaba de humor para enfrentarme a nada. Entonces, escuche dos voces cuchicheando en el siguiente pasillo, y las reconocí al instante, por lo que me detuve en la esquina y me asome, agudizando el oído para entender lo que decían.

-Estoy deseando ver lo que sabes hacer, princesa…- murmuro Demetri, metiendo la cabeza en su cuello, y a juzgar por la cara de placer de Renesmee, no se limito a darle simples besos.

Ella soltó una risita cantarina, y agarro el pelo de Demetri para arrimarlo más hacía ella, lo que provocó que él se animara, y deslizara una de sus manos por debajo de su falda. En ese momento sentí mis venas arder. ¿Cómo se atrevía a tratarla de ese modo? Renesmee era físicamente mía, y yo era el único con potestad de tocarla así. No había pasado semanas intentando seducirla para que ahora otro se la llevara a la cama con una estupidez que soltaba por la boca.

-¿Y tú crees que te lo mereces?- susurro ella, al tiempo que se inclinaba salvajemente para darle un beso en los labios. En ese momento tuve que reprimir un gruñido.

-Bueno…- respondió Demetri, dudoso,- Cumplí con lo que querías, hice lo que me pediste…

-Cierto- respondió Renesmee con voz sensual, y acaricio su pecho lentamente,- Tienes toda la razón, mereces una gran, gran recompensa…

-Y la recompensa eres tu…- dijo Demetri agitado, presionándola contra la pared y sin permitirle la escapatoria. Ambos sabían que yo estaba allí, por el olor, pero seguían haciendo lo que querían, como si yo no existiese. Estaba seguro de que para Demetri, eso añadía emoción al juego.

-¿Yo?, ¿Y que quieres que te haga, Dem?- pregunto Renesmee, acariciándose el pelo y mirándolo fijamente a los ojos. Podía palpar en el aire la excitación de Demetri. Maldito bastardo.

-Bueno…- valoró el aludido antes de meter las manos aun más adentro de su ropa lo que ya las tenía,- Quiero que me hagas lo que tú quieras.- se arrimo más a su oído y rió,- Pero me gusta que me toquen en cierta parte, y estoy seguro de que sabes cual es…

Y eso fue suficiente para mí. Estaba enfadado, porque yo era el que debería estar en el lugar de Demetri. ¡Llevaba semanas con ella, aguantando sus llantos, sus quejas y sus desilusiones! Yo había sido el que la había ayudado a ser como es, y me lo pagaba con un gracias, mientras que Demetri, le ayudaba una vez y ya la tenía suplicante de sexo.

-¿Qué estás haciendo, Demetri?- siseé saliendo de mi escondite, y viendo como en la cara de Renesmee se formaba una ancha sonrisa.

-Nada, tan solo aclaro unas cosas con Renesmee. Teníamos algo que solucionar, ya sabes, favores y cosas por el estilo, ¿Verdad, princesa?- la preguntó, sin soltarla. Renesmee observa la escena divertida. Se lo estaba pasando bien.

-Sí- respondió ella, sonriente. Todo eso me puso enfermo.

-Quiero que te largues ahora, Demetri- ordene, mirándole serio.

-¿A razón de que? No tengo nada que hacer lejos de aquí, y no hago nada malo- espetó, con cara de fastidio.

-A razón de que yo te lo ordeno. A razón de que a mí me da la gana y a razón de que como no te vayas te arrancare la cabeza antes de que puedas moverte un centímetro. ¿Esta claro?- dije, con tono autoritario.

Él me miro, frunciendo el caño, pero finalmente se separo de ella. Ahora que había dejado de tocarla me sentía un poco más tranquilo. Le dio un beso en los labios antes de comenzar a caminar en mi dirección. Durante ese trayecto Renesmee y Demetri se dedicaron unas sonrisas cómplices. Cuando llegó a mi altura, me miro de soslayo, y después poso sus ojos en ella. La evaluó y sonrió.

-Ya aclararemos nuestras cosas en otro momento- murmuro, dirigiéndose a ella.

-Claro que si, Dem- respondió, haciendo un gesto de despedida con la mano.

Después, Demetri se perdió por los pasillos.

No me moví hasta que los pasos de Demetri estuvieron lo suficientemente lejos como para no escucharlo. Me acerque a ella, que aún conservaba su sonrisa brillante en los labios, y le observe con ferocidad y enfado.

-No puedo creer lo que estabas haciendo…- dije resoplando.

-Solo le agradecía un favor- espeto ella, convencida, y dando un paso hacía mi,- ¿Qué hay de malo en eso?

-En que hay maneras menos vulgares de devolver favores- gruñí.

-¿Estas celoso?- pregunto, divertida,- ¿Eh, Alec?

-Nunca me imagine que tú pudieras caer tan bajo. Lo que has hecho no tiene sentido; es burdo, primitivo y asqueroso- maldije.

-¿Estas celoso?- pregunto de nuevo.

-Y encima te comportas como si nada importara. No puedo creer que ahora reacciones así ante las cosas, es…

-¿Estas celoso, Alec?- me cuestionó, aunque esta vez me agarro la barbilla con sus dedos y me obligo a mirarla a los ojos.

-No- respondí secamente, lo que provoco que ella soltara una risa.

En ese momento ella se abalanzo sobre mí, y poso sus labios en los míos con fiereza. Tarde poco en sentir su lengua en mi boca, suave, jugando divertida. Sus manos estaban viajando por toda mi espalda, y notaba que intentaban meterse desesperadamente debajo de mi camisa. No podía creer lo que estaba ocurriendo. Entonces, se separo de mí lentamente.

-Anda… ¿Por qué no dejas de gruñir y vienes conmigo a la habitación? También tengo muchos favores que devolverte a ti…- susurro.

Yo me puse rígido de la sorpresa, pero ella tardo menos en reaccionar. Rió picaronamente y pocos segundos después ya me agarraba del brazo y me guiaba por los pasillos. Era cierto lo que dicen; a veces las cosas que más deseamos, suceden cuando menos lo esperamos. Y decididamente, esta era una de esas cosas.

¡Hola chicas!

Bueno, no tenía pensado publicar, si os voy a ser sincera porque aquí ya son las 11 de la noche y digamos que no son horas muy buenas, pero vi algo que me hizo pensar que quizás debía subir capítulo. Veréis, me he fijado en las visitas: 10422 lecturas ¡YA! Y 226 comentarios. Estoy muy agradecida a todas y me alegro de haberos conocido tan distantemente, con un cachito de mi corazón que os entrego en cada capítulo. Sin embargo, hay algo que me preocupa: Hace un par de días mira los favoritos de la historia, y vi que tenía 96. Hoy, al revisarlo de nuevo he visto que tenía varios menos… No sé, ¿Estoy haciendo algo mal? Porque ya sé que las lecturas son lo más importante, hay muchas personas que leen, pero en fin, quisiera saber que hay algo negativo y que me ayudéis a corregirlo. =) Os lo agradecería mucho. Puede que sea que tardaba mucho en publicar, pero eso es algo zanjado. ¡Estoy de vacas! Este cap. va dedicado a silvicullen, por sus mega-comentarios, Gracias cielo, en serio. Y también a Pam, si tú, por ayudarme, escucharme y por corregir mis imperdonables faltas. Y al resto, gracias también, me hacen muy feliz. Aunque también para el resto de maravillosas lectoras. Gracias por leer.

Comentad. =)!