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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 30
Renesmee abrió la puerta con un golpe rápido, y de un suave tirón me invito a entrar dentro de su habitación. Después me soltó, cerró la puerta con pestillo y se giro hacía mi. Me sonrió, y deslizo uno de sus dedos por una de las ondas de su pelo. En ese momento me pareció malditamente adorable, y no pude evitar sentir algo de ternura en mi interior. Al fin y al cabo, ella aun era capaz de parecer realmente cándida. Había venido para hablar con ella pero… aunque esto no aclarara muchas dudas, no estaba dispuesto a parar. Caminó hacía mi y se quedó en frente, parada, con la cara inclinada y observándome con curiosa. Volvió a sonreír, y apoyo sus dos manos en mi pecho. Las deslizo de arriba abajo, siguiendo el contorno de las líneas de mis músculos. Yo observe su rostro, que en ese momento permanecía concentrado en su tarea, y no pude evitar subir una mano para acariciarlo. Su piel seguía siendo cálida y suave bajo mis dedos, aunque también era lo suficientemente resistente como para que mis caricias no la hirieran, y eso era algo que pocas veces había podido disfrutar en una mujer. Ella me miro a los ojos, quedándose inmóvil, y se puso de puntillas para poder darme otro beso en los labios, que fue seguido por una pasada de su lengua en toda su superficie.
-Alec, Alec, Alec…- murmuro ella entre beso y beso,- Dulce Alec. Que ganas tenía ya…
Yo la agarre de las caderas para que se pudiera pegar a mí, y mi cuerpo se vio invadido por una cálida sensación. Su aroma lleno mis fosas nasales, y por una vez, no me fije primero en lo deliciosa que me resultaba su sangre. Fui capaz de percibir su deliciosa aroma corporal; vainilla, manzanas y rosas. Una suave y perfecta degustación para mí. Incline mi cabeza hacía delante para poder meter mi cabeza en su pelo. El olor se intensifico y también la sensación de calidez. Aspire el aroma varias veces al tiempo que notaba sus manos acariciando muy levemente mi espalda. Deposite un pequeño beso en su cuello, y después, lo lamí ligeramente. No solo olía bien, sino que además, sabia de maravilla. No pude evitar seguir besándola en esa zona. Me sentía seguro, y por primera vez en siglos podía notar como la llama vital de mi vida volvía arder, como si mi razón lanzara pequeñas llamas de fuego a todo mi cuerpo y lo hiciera renacer. Solo pare cuando me di cuenta de que la presión de la succión había formado unos moratones en su piel, y entonces, me separe de ella.
-¿Esto no te trae recuerdos, Alec?- susurro ella, suspirando y mirándome a los ojos. Parecía satisfecha, y en sus ojos se podía ver una lujuria controlada.
-Sí…- susurre,- Tienes razón. Solo que esta vez, tú te dejas.
Ella rió.
-Esta vez te dejare hacer todo lo que quieras, al fin y al cabo… no es la primera vez que nos acostamos juntos, aunque yo no recuerde nada de la vez anterior, ¿Verdad?- susurro, desabrochando algunos de los botones de mi camisa con sus finos dedos.
-Claro, no es la primera vez. Aunque te aseguro que esta lo disfrutaras mucho más- respondí, aunque sabía que mentía. Sin embargo… ¿Qué importaba eso ya? Ella estaba dispuesta a yacer conmigo, y no sería quien se lo impediría. Me dedico una sonrisa fiera, y rápidamente termino de desabrochar mi camisa.
Con las manos echó la tela hacía atrás, y la chaqueta y la camisa cayeron al suelo al mismo tiempo. Se me quedo mirando unos instantes, hasta que reacciono. Se arrimo hacía mi y apoyo su cabeza en la parte superior de mi pecho, suspirando. Permaneció allí unos segundos, dándome pequeños besos por todos lados.
-Eres muy fuerte para ser tan joven…- murmuro, sin dejar de besarme, aunque yo no respondí. Sabía que ella no precisaba respuesta.
Sus labios sobre mi piel eran algo dulce, y dejaban una sensación extraña allí donde pasaban. Estaba atan absorto en mis pensamientos que no me dio tiempo a reaccionar cuando Renesmee me empujo hacía la cama. Aterrice en el colchón, y ella me miro desde arriba, con los ojos fieros y ciegos de excitación. Sonrió y se quito los zapatos, sin desviar la mirada de mi ni un solo segundo. Después, se deslizo por la cama, gateando hasta llegar a donde yo estaba, y ágilmente escalo hasta ponerse encima de mí. Me rodeo la pelvis con las piernas, y descendió para poder seguir besándome. Nunca me imagina que ella supiera complacer a un hombre con tanto talento. No sabía que tuviera tanta experiencia.
-Alec… demuéstrame lo que sabes hacer. Sé que eres salvaje y osado en la cama- susurro en mi oído, cuando estaba entretenida dando pequeños mordisquitos en mi cuello,- Por favor.
Solté un hondo suspiro, y dirigí mis manos a su espalda para poder deshacerme de su vestido. Todo me quemaba ya, y no podía aguantar demasiado conformándome solo con esto. La requería en ese momento, y quería hacerla mía. La necesitaba. La cremallera bajo con suavidad, y ella me facilito la tarea de bajarla inclinándose hacia y quedándose quieta. Cuando el vestido quedo suelto, fue ella misma la que se lo quito por la cabeza, aunque yo la ayude con las manos. Cuando la tela hubo dejado de cubrir completamente su cuerpo, su pelo rubio cayó en cascada por su espalda, lo que revolvió mi interior. Esa faceta salvaje me gustaba mucho. Mucho, mucho. Ella se mordió el labio y lanzo el vestido lejos, como si estorbara demasiado. Descendido de nuevo, y me dio un beso en los labios antes de comenzar a descender por todo mi torso. Se detuvo en el cinturón de mis pantalones, y lentamente lo fue desabrochando. Después quito el botón del pantalón, propino un beso en la zona baja del ombligo y con un suave movimiento se deshizo del pantalón y lo lanzó aun más lejos que su vestido.
Soltó una risa divertida y volvió a colocarse a mi altura. Nuestros cuerpos estaban tumbados con la misma postura; ella apoyaba toda su piel en la mía, como si ahora yo fuera el colchón. Coloque mis manos en sus caderas, y acaricie la piel de su espalda repetidas veces. Nunca me cansaría de apreciar su delicada tez. El contraste de su ropa interior oscura con su pálida piel le daba un aspecto aun más sensual. Ella permaneció tumbada sin moverse durante unos minutos. Parecía saber que me gustaba estar así, y me había concedido ese privilegio. Pero de nuevo el ansia me embargo y le pedí con fuertes besos que siguiera, que yo quería más. Ella lo comprendió al instante, y quedo de nuevo en la postura inicial; sentada en mi pelvis con las piernas dobladas. Yo la seguí sujetando cintura. Se acaricia el pelo, y después, para que no molestara lo retiro hacía atrás, dejando todo su torso libre. Acaricio mi pecho levemente con uno de sus dedos, definiendo con este todas las curvas y salientes que tenía. Después, se llevo las manos al broche de su lencería y lo soltó. Se deshizo de la prenda lentamente, y esta cayó al suelo. La mire unos segundos, maravillado. ¿Por qué no lo habría hecho con ella antes, el día que se emborracho?, ¿Por qué había esperado tanto a poder estar así con ella, si parecía una diosa? No tenía respuesta, y en ese momento, encontrar la respuesta no era la prioridad. Tomo una de mis manos con precaución, al ver que lo único que hacía era mirar. La poso con delicadeza encima de uno de sus pechos, y se quedo inmóvil, esperando a que hiciera algo. No eran demasiado grandes, pero tampoco eran pequeños. La única palabra que encontré para definirlos era "Perfectos". La acaricie durante unos minutos, y cuando cogí confianza utilice también la otra mano. Ella se dedico resoplar y a cerrar los ojos a causa del placer, mientras sus manos presionaban las mías contra su piel, suplicando que no me detuviera. Pensé que nunca me aburría de estar así, pero tanto Renesmee como yo coincidimos en que aun queríamos más.
Se deshizo de mi ropa interior antes de que pudiera darme cuenta. Era muy rápida. Observo mi evidente excitación con una sonrisilla en la cara antes de deshacerse de la suya propia. Después se quedo quieta, como si no estuviese muy segura de cómo proceder. Pero yo la tome de la mano, y la anime a que se acercara a mí. Con mi ayuda, logró situarse encima de mí. Tomo mi cara entre las manos y me dio un profundo beso. Su respiración estaba agitada, y su corazón latía mucho más rápido que de costumbre. Estaba desbocada. Yo le hice un gesto de asentimiento con la cabeza, dándole apoyo para que siquiera, y ella m obedeció. Lentamente fui entrando dentro de ella. Era muy cálida, y no pude reprimir un gemido. Ella tampoco se pudo contener, y cuando yo la llenaba por completo, ella se dejo caer encima de mí, respirando aun más entrecortadamente que antes. Me sentía en el cielo, y por primera vez en mi vida, no deseaba mi propio placer. También quería que ella disfrutara.
Comenzó a moverse lentamente, pero luego el movimiento fue aumentando de intensidad. Ella gemía, y yo la ayudaba con mis brazos para que no se cansara. No podía evitar tener los ojos cerrados del mismo placer que me inundaba en ese momento, y apretaba los dientes para intentar contener los gruñidos. Esto nunca antes me había pasado. No paso mucho tiempo antes de que Renesmee presionara mi pecho con fuera y entre jadeos, llegara al éxtasis. Se quedo quieta, aspirando con fuerza. Parecía estar intentando recuperarse lo antes posible para continuar y que yo también quedara complacido, pero yo sabía que ella estaba cansada, y que su parte humana le estaba pasando factura. Así que la agarre con delicadeza por el brazo y le quite de encima de mí, tumbándola a mi lado. Ella me miro sorprendida, pero sonrió satisfecha cuando me vio colocarme encima de ella. Me incline hacia delante y roce mi nariz con la suya. Ella murmuro algo entre dientes, pero sus inspiraciones no me dejaron entender que era. Espere unos minutos a que descansara, en los que yo me dedique a besarla por toda la parte superior de su cuerpo. Cuando vi que ya estaba preparada para la segundo ronda, le di un beso en la frente y volví a entrar en ella de nuevo. Esta vez su reacción fue mucho más controlada, pero aun así, era obvio que quería seguir un rato más con esto. Comencé a moverme esta vez rápido desde el principio, pues ya tenía confianza con ella y sabía que no la haría daño. Deseaba poderla escuchar de nuevo gimiendo, y ya de paso, que yo también pudiera terminar.
Pero entonces, ella me detuvo. Me miro a los ojos, y que su cuerpo se quedo congelado. Yo la observe atónito. ¿Qué la pasaba ahora? De improviso, una de sus manos se posó en mi mejilla, y condujo mi rostro hasta que este quedo muy cerca del suyo. Llevó su boca hasta mi oído, y sentí su cálido e irregular aliento en mi piel.
-Cuando nos vimos por primera vez en Francia, me dijiste que mi sangre cantaba para ti.- susurro, y yo la escuche atentamente,- Quiero que la pruebes Alec. Quiero que la saborees ahora.
Yo me quede inmóvil, sin saber que decir. Esto sí que me había pillado por sorpresa. Nunca me hubiera imaginado que ella misma me ofrecería voluntariamente su propia sangre. Eso la heriría, y ella era consciente de ello.
-Sí bebo tu sangre, te hare daño y te debilitare.- respondí, poco convencido.
-Una mordedura no me matara Alec. Y quiero que lo hagas.- suplico,- Ahora mismo eso me resultaría tan excitante…
Me eche hacia atrás y la mira a los ojos. No había duda en ellos, pero si pude apreciar su nerviosismo.
-¿Estás segura?- pregunte.
-Completamente- respondió ella con una radiante sonrisa en su rostro.
Asentí una vez y me incline hacia su cuello. El movimiento la hice soltar un gemido, ya que yo aun seguía dentro de ella. Respire hondo, sabiendo que una vez su sangre estuviera en mi garganta, la situación se descontrolaría. Pero debía contenerme, por ella. No quería matarla, ni hacerla más daño del necesario. Le propine un beso antes de abrir la boca y posar mis dientes en su piel. Ahora ella parecía tan débil y tranquila, sumisa en sus pensamientos, y un solo movimiento mío podía acabar con su vida. Sin embargo Renesmee no hacía nada para evitar ese estado de peligro; se limitaba a estar quieta, gimiendo lentamente cada vez que yo me movía, por muy pequeño que fuera el desplazamiento. No lo pensé más, y clave mis dientes en su cuello.
Ella soltó un grito ahogado, que se acabo prolongando en un quejido de satisfacción. Podía notar su sangre resbalando por mis dientes lentamente, dulce y cálida, como ella. Sus unas presionaban mi espalda bajo mi peso, y su respiración se había agitado aun más. Succione la sangre lentamente, procurando no perder el control en ningún momento. Su sangre era diferente a cualquiera que hubiera probado jamás. La de un humano cualquiera me alimentaba, me llenaba. Pero la suya hacía mucho más que eso: me revitalizaba y me llenaba de fuerza. No pude evitar soltar un suspiro de placer, deseando que ese exquisito elixir no se acabara jamás, pero entonces la voz de Renesmee interrumpió mis pensamientos.
-Sigue Alec…- susurro,- No te pares…
Comprendí que se refería a mis movimientos de cadera, y la complací. Volví a moverme, aunque mucho más lentamente, ya que mi boca seguía en su cuello, extrayéndole poco a poco su líquido interno y no quería herirla más con la brusquedad de mis movimientos. Mis suspiros se entremezclaban con sus gemidos entrecortados de placer y dolor, pero sabía que estaba disfrutando. Estaba seguro de ello. Cada vez me resultaba más difícil controlarme entre todo aquel frenesí, y tuve que obligarme a mí mismo a sepárame de ella para no matarla. La notaba débil entre mis brazos, y su corazón también latía con lentitud. Quería seguí bebiendo de ella hasta que estuviera seca, pero algo me obligo a echarme para atrás. Solo en ese momento me di cuenta de el grado de excitación en el que estaba. Arquee la espalda de placer en el momento en el que ella y yo nos fundimos completamente en uno, llegando al éxtasis del placer que ella me podía proporcionar. Su reacción fue menor que la de la vez anterior, pues estaba bastante débil. Me separe para evaluar los daños, y pude ver como estaba pálida. Tenía los ojos entrecerrados y la boca abierta, ansiosa de atrapar todo el aire que pudiera. Su cuerpo estaba húmedo por el sudor. La herida de su cuello aun rezumaba sangre, y comencé a preocuparme porque le hubiera extraído demasiada.
-¿Estás bien?- pregunte, acariciándole la frente y quitándole algunos mechones de pelo que le caían en los ojos.
-Sí…- respondió entre susurros,- Solo necesito descansar unos minutos. No te preocupes.
Asentí, y acerque mi boca hasta su herida, teniendo mucho cuidado de no hacerla más daño. Pase mi lengua por la superficie de media luna de la sangrante herida, y después le di un suave beso. Sabía que la saliva de vampiro tenía propiedades sanadoras y cicatrizadoras, pues se usaba para unir miembros separados en combate, y eso la ayudaría. Y funciono, la herida dejo de sangrar, y adquirió un color blanquecino. Me fije en que estaba situada al lado de la otra cicatriz que yo mismo le había hecho la noche en Francia. Esta ya estaba mucho mejor, y su color blanco casi se asemejaba al de su calcárea piel. Esperaba que con esta mordedura ocurriera algo semejante. No quería marcarla. Su mano se poso entonces sobre mi piel, y de nuevo una oleada de pensamientos acudieron a mi mente; ella me agradecía que le curara la herida, y además, me felicitaba por haberla satisfecho. Aun así, seguía inquieto por saber si me había pasado con Renesmee.
Salí de ella lentamente, al tiempo que ella se encogía en un débil espasmo. Me quite de encima, para dejarla respirar, y acerque la manta para poder taparla y que así entrara en calor. Había estado mucho tiempo bajo la presión y el frio de mi cuerpo, y eso la había enfriado. Ella la acepto de buen grado, y se tapo por encima del pecho. La sabana ahora parecía su vestido. Yo me tape hasta la cintura y me acerque a ella, intentando no tocarla para no impedir que entrara en calor. Espere unos minutos mientras ella, con los ojos cerrados, recuperaba fuerzas. Mire el reloj por simple aburrimiento, y me di cuenta de que llevábamos en la habitación más de una hora y media.
-Ya estoy bien- dijo ella, al tiempo que se sentaba en la cama, teniendo cuidado de taparse. Había recuperado un poco el color, pero aun así se la veía frágil y enfermiza.
-Quizás deberíasdescansar un rato. Aun estas un poco débil- sugerí, sin poder reprimir la preocupación,- Te extraje más sangre de la que debía.
-¡Qué va! Ya me siento perfectamente. Solo necesito darme una ducha, estoy muy sudada por el esfuerzo físico- explico, mirándose el cuerpo con la nariz arrugada.
-¿Estás segura?- pregunte cansinamente. Era muy cabezota.
-Sí, segurísima. Te diría que te vinieras conmigo a la ducha, pero por hoy creo que no puedo más,- estaba de acuerdo con ella en eso, pensé,- Quizás en otra ocasión.
La observe cuando se levanto, medio tambaleándose y totalmente desnuda, y se cubrió con una bata de seda morada. En ese momento sentí unas ganas irrefrenables de estar con ella, y de que nadie más la tocara. Para mí, en ese momento nadie tenía derecho a verla así, o a hacerla lo que yo la acababa de hacer, ni siquiera de pensar como yo pensaba. Necesitaba garantizar que sería mía cuando la necesitase.
-No quiero que te acuestes con nadie más aparte de mi.- dije, seriamente, como si mis pensamientos se hubieran convertido en palabras.
Ella me miro mientras se abrochaba la bata con las manos. Hizo un nudo con el cinturón y me miro fijamente a los ojos. Inclinó la cabeza y sonrió tiernamente.
-Eso depende de si sabes darme todo lo que necesito. Si me satisfaces, no tendré que buscarlo en nadie más, ¿entiendes?
Asentí.
-Te daré todo lo que quieras, ya lo sabes.- primero, convencido de mis dotes sexuales.
-Me parece bien- mascullo caminando hacía el baño. No me quedo muy clara la respuesta.
-Pero Renesmee…- dije, y ella se detuvo para mirarme,- Entonces no le devolverás los favores a Demetri, ¿Verdad?
Soltó una leve risita. Camino hasta la cama, se sentó a mi lado y me dio un beso, mientras me acariciaba pacíficamente el pelo. Suspiro suavemente y me beso de nuevo.
-Si tú no quieres que zanje mis deudas, no lo hare, Alec. Pero tu serás el que se lo diga a Demetri.- sentencio, poniéndose de nuevo de pie.
-Sin problemas- respondí aliviado.
Camino hacía el baño, se apoyo en el marco de la puerta y se mordió el labio.
-Ha sido un placer, Alec Vulturi. Pero ya es hora de que te vayas. Avísame cuando quieras repetir, y sino iré a buscarte yo misma.- y me guiñó un ojo,- ¿Vale?- añadio con tono dulce.
Iba a decir que estaba de acuerdo, pero no me dio tiempo a contestar antes de que cerrara la puerta.
¿Ya estaba?, ¿Se entregaba totalmente a mí y ahora me decía qué me fuera? Esa aptitud me recordó a las veces que yo me acostaba con otras vampiras en el pasado, y me percate de lo mucho que molestaba. Hacía semanas que no estaba con nadie; estaba demasiado ocupado como para pensar en eso, sin contar el reto personal que acababa de cumplir. Lo había intentando una noche, cuando una muchacha rubia me había seguido y había comenzado a coquetear conmigo. Pero lo único que me llamo la atención fue su sangre, y no me beneficie de ella de ninguna otra manera.
Escuche el ruido del agua sobre la superficie de la bañera, y entonces, comencé a recolectar mi ropa, que estaba esparcida por toda la habitación, para poder vestirme e irme como ella había dicho. Quizás ahora ella fuera incluso más malvada que yo,y no había nada que pudiera hacer aparte de conformarme. Pero de algo sí que estaba seguro: no había resuelto ninguna duda, y además, las preguntas habían aumentado considerablemente en mi cabeza. Debería averiguar pronto lo que sentía por ella, antes de que este sentimiento me destruyera a mí mismo.
¡Hola chicas!
Aquí está el capítulo, (A veces me pregunto si merece la pena escribir estas notas, porque luego no las lee ni Peter, pero bueno, yo con mi ilusión os sigo informando). =) Una pista del próximo capítulo: Jacob. Espero que os haya gustado. En verdad sé que ha sido todo la escena de sexo entre ellos, pero aun así llevaban tanto tiempo pareados con esto que me parecía bonito dedicarlo un capítulo. ¡Se lo merecían! Y lo intente hace lo más discreto posible. Gracias por leer, y si el capítulo llega a 15 comentario, (Record) Habrá un cap. instantáneo.
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