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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 31
Ya había pasado casi una semana desde que Renesmee había ingresado en la guardia de forma oficial. Se había acostumbrado a este tipo de vida de una forma exageradamente rápida. Parecía que llevara toda la vida en la guardia, sirviendo fervientemente a Aro, Cayo y Marco. Aunque para ella todo resultaba algo aburrido, ya que de momento las cosas estaban muy tranquilas, y al no tener misiones, ella misma había tenido que buscar actividades para divertirse.
Una parte de su tiempo le había ocupado ayudando a Heidi a traer humanos, ya que su cuerpo ahora parecía insaciable de sangre humana. No recordaba que hubiera ingerido tal cantidad de sangre en toda su vida. Pero la hacía sentir bien, y además provocaba que ya no fuera necesario para ella comer comida humana o dormir. Apenas precisaba unas horas de sueño al día o una ingesta de comida por semana. Y se lo pasaba bien viendo como los humanos caían a sus pies. Se sentía deseada, y eso era suficiente motivación para continuar. Aunque se tampoco se quería estancar en una simple cazadora; sabía que ella tenía capacidad para mucho más.
También se divertía visitando a Alec, que últimamente apenas salía de su habitación. Él no parecía demasiado animado, pero eso era algo tan común en él que Renesmee no se preocupo. Además, su estado de ánimo no era algo que a Renesmee le interesara, y a ella le agradaba mucho que él fuera frío; eso la excitaba y la divertía. Ya había yacido en su cama otras dos veces esta semana, y hubieran sido más si Alec hubiera estado de mejor humor. Renesmee lo notaba distante con ella, sin embargo eso no la importaba mucho. Si el dejaba de tener ganas de estar con ella, entonces se buscaría a otro. El único que perdía era él.
Pero lo que Renesmee no sabía es que las cosas pronto se complicarian, porque cuando tu eres malo, las cosas acaban por volver a ti. Porque el tiempo todo lo devuelve, y pone las cosas en su lugar. Y su tiempo, era infinito.
En una pequeña y campestre casa roja situada en el linde del bosque de Forks…
Jacob se paso la mano por el pelo en señal de agotamiento, ya que hacía casi una semana que apenas podía conciliar el sueño. Agacho la cabeza y la apoyo en sus manos, dejando caer todo su peso sobre estas. Estaba sentado en la barra de madera que cercaba el porche trasero de su casa, y el tiempo pasaba muy lento para él, tanto que ya le llegaba a resultar insoportable. Miro a su alrededor, todo el ambiente estaba gris, y casi parecía acompañar su estado de ánimo. Su cerebro aun era incapaz de asimilar los sucesos que habían acaecido hacía apenas unos días, y que desde luego, marcarían su vida para siempre.
Primero había dejado marchar a Nessie por una decisión equivocada, lo que la había causado un gran sufrimiento y además, aunque fuera indirectamente, que acabara en manos de los Vulturis. Después, ella había logrado escapar, y con su cansina impaciencia, había corrido a rescatarla sin saber que ella ya se encontraba segura y fuera de peligro, lo que había provocado que ella tuviera que regresar y renunciar a su vida por la de él. Y se sentía terriblemente culpable por todo ello, y estaba convencido de que daría su alma a cambio de que todo volviera a ser como antes. Pero eso no pasaría. Era consciente de las que las cosas entre él y Nessie habían cambiado. La última vez que se vieron en Volterra, Jacob la había notado distante, cansada por todo lo que la estaba pasando. Demasiado madura. Una niña que no ha llegado a vivir diez años nunca debería tener que enfrentarse a esas cosas. Sabía que su amor se había debilitado, y era consciente de que era por su culpa. Era por eso que no le reprochaba nada a Nessie. Si alguien se tenía que recriminar por eso era él mismo, que había sido el causante de todo. Si hubiera dicho un maldito "Si" desde el principio ahora ellos estarían felices y viviendo su apasionado amor en unos de los húmedos bosques canadienses.
Era esa angustia la que no le dejaba vivir. Además, el dolor, la vergüenza y el remordimiento de haber abandonado a su suerte a la pequeña niña que amaba le comían por dentro. Ahora se arrepentía de no haberse sacrificado por ella, sin embargo, ya era demasiado tarde. Renesmee ya había aceptado la propuesta de los vampiros italianos, y ya formaba parte de ello. No había vuelta atrás posible.
No tenía ni idea de cómo se lo habrían tomado la familia Cullen. Alice no podía ver nada sobre la situación de Renesmee, era un punto ciego para ella, ya que era una hibrida. Había supuesto que estaban informados, pues estarían muy atentos a noticias, y si escuchaban a algún miembro del clan italiano hablar de ella, podrían dar con su paradero. Pero su sospecha se vio confirmada cuando Edward llamo a su casa un par de días después de que Jacob llegara a casa desde Europa. Él le había comentado que dos vampiros llamados Abrielle y Nicolás les habían comunicado que la intención de Renesmee era regresar en Volterra para salvarle, por desgracia, Jacob tuvo que confirmarlo. Él entendía la impotencia que sentía la familia de Nessie, ya que si hacían algo, los Vulturis acabarían por asesinarla, o por hacerle la vida imposible, sin embargo se sentía apenados por no hacer nada, y dejar a su pequeña lejos, sola y a merced de unos vampiros perversos.
Fue en ese momento en el que Jacob se dio cuenta de que las cosas no podían continuar así. No iba a permitir ni un minuto más que el amor de su vida pagara por él sus pecados y errores. No dejaría a Nessie sola a merced de unos sanguinarios vampiros sin corazón. La sacaría de allí, y huirían juntos para siempre, así podría recuperar el amor que tenían y ser felices. Le daba igual tener que enfrentarse a ellos miles de veces si con ello lograba liberarla. No le importaba sufrir una vida de escapes y tener que ocultarse para siempre. No si Nessie estaba con él.
Se inclino hacia delante y sus pies tocaron el suelo con un ruido sordo. Tenía intención de salir en ese mismo momento, pues cuando menos tiempo perdiera, mejor. Pero entonces pudo visualizar algo entre los árboles, y cuando se percato de que era, suspiro pesadamente. Seth estaba allí, en fase. Su manada le necesitaba, y su viaje, tendría que ser aplazado unos días.
Mis tacones provocaban un rítmico ruido al tocar el frio suelo de piedra, y eso era algo que me agradaba. Era como una forma de avisar de que yo estaba allí, una manera de sentirme importante. Bueno, aunque ya lo era. Llevaba puesta una falda corta estrecha de color negro, a juego con los zapatos, y una blusa con volantes algo estrecha, sin mangas y con bastante escote. Era de color burdeos. El collar de mi nuevo clan descansaba suavemente sobre mi busto, y eso hacía que me sintiera orgullosa. Tenía el pelo recogido en un moño, aunque algunos de mis cabellos se escapaban, y otros simplemente caían hacía delante. Ese peinado me gustaba mucho.
Esa misma semana me había reunido con Aro para charlar sobre mi nueva estancia y mi cambio de opinión. Desconocía todo acerca del comportamiento de Alec conmigo y la ayuda que me había prestado, y me comento que después de saber todo esto ya no sería necesario hablar con él. Decía que le irritaba que Aro usara su don con él, así que si podía evitarlo, era mucho mejor. Estaba complacido por mi nueva aptitud, y eso me colmaba de orgullo. Era como si ahora todo girara en torno a él y a sus órdenes, y eso me gustaba. Era mi nueva vida, y estaba mucho más equilibrada y en orden que la anterior. Dijo que podía ser muy prometedora para la guardia, y comprendí que tenía planes para mí, aunque aun no deseara compartirlos conmigo. Y esperaría. También me había asegurado que no tenía por qué preocuparme por mi familia, que ya les había hecho saber mi nueva situación y que no volverían a molestarme. Y eso me agrado.
En ese mismo momento llegue al jardín de entrenamiento. No había nadie, y el único ruido que podía apreciar era el del agua salpicando en la superficie de mármol de la fuente. No tenía ganas de ir a mi habitación, y sabía que Alec estaba ocupado en algo que no me había querido decir. Llevaba raro toda la semana y me había pedido que no le molestara esa tarde. Creo que tenía problemas con Jane y necesitaba meditar acerca de estos. Decidí hacerle caso porque me había ayudado mucho, pero tenía muy claro que si el dejaba de complacerme, me buscaría a otro. Demetri aun insistía en que le devolviera el favor… a pesar de que Alec ya había hablando con él.
Me senté en un banco al lado de la fuente, y levante mi mano hasta uno de los rosales. Partí con la mano una rosa pálida, blanca como la nieve y la acerque a mi nariz para poder apreciar su aroma. Eso me relajo, y provoco que mis ojos se cerraran en una oleada de paz. Estaba tan distraída que no me di cuenta de que una de las espinas de la rosa traspasaba mi piel y me hacía una pequeña herida. Inmediatamente me alarme y solté la flor, que cayó al suelo. La pise con el tacón, como si eso fuera a hacer que la rosa pagara por haberme hecho daño. Uno de sus pétalos se había tenido de rojo a causa de mi sangre, y eso me enfureció. Me sentía frustrada… ¡Todos allí eran seres inmortales poderosos, y yo me tenía que conformar con ser una mezcla absurda! Les envidiaba a todos ellos por ser tan fuertes y por ser mejores que yo. Me llevé el dado a la boca para quitarme la sangre de la herida, y lo mantuve un rato así, esperando que dejara de sangrar. Algún día todo sería diferente, y entonces, una estúpida flor no podrá herirme.
De pronto un olor extraño llegó a mi nariz. Arrugue mis fosas nasales, y mire a mí alrededor intentando encontrar la fuerte de aquel repugnante aroma. Era una mezcla entre hierba podrida y animal mojado que me disgustaba. Pero tenía la extraña sensación de haberlo olido antes, en algún otro lugar…
Un ruido me sobresalto a mis espaldas. Me quede inmóvil al principio, pensando aun que podía ser. Entonces me di cuenta de que sabía perfectamente quien era. ¿Cómo no había podido reconocerlo antes? Había pasado la mayor parte de mi vida a su lado. Una sonrisa se dibujo en mi rostro incitada por el regodeo que me provocaba su presencia. Después de todo, esto no sería un día tan aburrido. Me levante, aun dándole la espalda y entonces, su voz me sobresalto.
-¡Nessie! Estas aquí- mascullo con voz nerviosa.
Yo sonreí para mis adentros y me gire lentamente. Incline la cabeza hacía un lazo, y levante una de mis cejas hacía arriba. No me había confundido; Jacob estaba allí, vestido únicamente con un pantalón azul oscuro gastado y a unos tres metros de mí. En su cara se podía ver dibujado el cansancio y la preocupación, su cuerpo temblaba, mostrándome lo inquieto que estaba en ese momento. Su boca se abrió de par en par cuando me vio. Me repaso de arriba abajo, como si no me reconociera o no encajara lo que estaba viendo. Y disfrutaba de saber que le parecía atractiva. Golpeé repetidamente el suelo con la punta de mi tacón, mostrando mi aburrimiento, y cuando comprendí que no pensaba parar de mirarme así, hable.
-¿Por qué no haces una foto?,- Inquirí con el ceño fruncido,- Durara más.
Él tardo unos segundos en contestar, aun con la confusión inundando sus facciones.
-Estas…- dijo, y se detuvo de nuevo, pensando en cómo continuar,- diferente.
-¿No te gusta?- pregunte, adoptando una postura mucho más provocativa y mirándole con ternura,- ¿No te gusta como soy ahora, Jake?
-Tú no eres así, Ness. Estas preciosa, pero estas completamente distinta.- susurro, incrédulo.
Le mire meditabunda. Su aptitud conservadora no me gustaba. ¿Acaso no era mucho más atractiva que antes? Ya debería haber sucumbido a mi nuevo yo. Le fulmine con la mirada ante su desencanto. No permitiría que un perro como él me minusvalorara lo más mínimo.
-La antigua Renesmee no era así, pero la nueva sí que lo es, y está orgullosa de ello. Las cosas ya no son como antes, y debes aceptarlo, porque no volverán a tornarse como las anteriores. Ahora soy tal como me ves.- dije, mirándole a los ojos y dando una vuelta completa para que pudiera contemplarme bien.
No sabía que pensaba hacer ahora, y él tampoco parecía seguro de cómo proceder. Apostaría lo que fuera a que pensaba que esto sería fácil, y a que mi aptitud resultaría justamente al contrario.
-Lo que tú digas…- respondió él, intentando hacer un gran esfuerzo para no ponerse nervioso.- Pero sabes que esto es un error.
-No es un error Jacob, ahora me doy cuenta de cómo es la realidad. Ahora estoy mucho mejor, y soy capaz de defenderme por mi misma. Adoro mi nueva mentalidad y mi nuevo aspecto físico. Él único errado aquí eres tú.- respondí molesta.
Jacob se me quedo mirando con la mandíbula desencajada. Negó con la cabeza para sí mismo, y murmuro una maldición por lo bajo. Se mantuvo en silencio unos instantes, con los labios temblorosos. Yo le dedique una sonrisa, y eso fue el colmo para él.
-¿Qué te pasa?- susurro él, mirándome con una pizca de desprecio. Yo sonreí y di un paso hacía él.
-¿Qué qué me pasa? Es sencillo. He descubierto los placeres de la vida y mis amplias posibilidades. Y lo más importante, he aprendido a no despilfarrar mi esfuerzo con nadie. Antes era una ignorante, pero me han abierto los ojos.- sentencie, orgullosa de mis palabras.
-¿Qué te han abierto los ojos, Ness?, ¿Quién, los vampiros que intentaron matarte cuando tan solo eras un bebe? Te han comido la cabeza. ¿Qué pasa con tu familia y conmigo?, ¿Es que ya nadie más te importa aparte de ti misma?- dijo, casi gritando.
Miro fijamente el collar de los Vulturis que estaba colgado en mi cuello, y trago saliva. Creo que ya había cogido de quien era mi lealtad ahora mismo. Me acaricie el pelo formando unos bucles con los rizos, y me mordí el labio. Sus insistencias ya me estaban cansando. No entendía como le había soportado en el pasado, o como había sufrido por un ser tan despreciable como él.
-Todo esto te lo has buscado tu solo, y lo sabes.- gruñí, con mi voz cargada de veneno,- Tú fuiste él que me mintió diciéndome que haría lo que fuera por mí y luego me dejó tirada. Tú fuiste el que me abandono a mi suerte, sin importarte que yo estuviera devastada. Tú me metiste en este lio con tus acciones, y tú fuiste él que me encerró aquí. ¡Me juraste amor eterno y permitiste que pagara por tus propios pecados! Así que ahora no tengas la cara de venir a pedirme que todo sea como antes. Yo ya no te amo, y tampoco quiero nada de lo que me ofreces, y mucho menos tus garantías de regresar a nuestra vida pasada. Las cosas han cambiando, y no me importas en absoluto. Así que déjame en paz y desaparece de mi vida. ¿O acaso no me has hecho ya bastante daño? Hay que saber cuándo retirarse.
Cerró los ojos para encajar el duro golpe, y su boca se curvo como si no supiera si esto era real o no. Me cruce de brazos y le fulmine con la mirada, para hacerle sentir más culpable. Ya era hora de que recibiera su castigo por todo el daño que me había causado, aunque dudaba mucho que alguna vez mi sed de venganza se viera saciada en respecto a Jacob.
-Mientes- sentencio.- Solo dices esto porque los Vulturis te han trastornado. Tú aun me quieres. Y ahora te voy a llevar a casa para que seas normal otra vez y puedas vivir de una forma sana con tu familia y conmigo.
-En tus sueños- dije, cruzándome de brazos.- No pienso ir, ya te he dicho que no me interesa tu oferta.
-Como digas-mascullo antes de comenzar a andar hacía mi.- No te estoy dando opción.
Se acerco hacía mi y agarró mi muñeca con violencia, lo que provocó que soltara un quejido de dolor. El calor de su piel me quemaba, y la brusquedad de sus movimientos me hería. Me sacudió, intentando hacer que me moviera hacía adelante, pero me mantuve firme. Me resistí, y tire para atrás, y esto le pillo desprevenido. No sabía que la sangre humana me proporcionaba más fuerza.
-¡Vamos, Nessie. Tenemos que irnos ya!- grito histérico, sin parar de tirar de mi brutalmente.
-Ya te he dicho que no voy a ningún lado. ¡Déjame en paz Jacob, y no hagas que pierda la paciencia! Me haces daño.-grite, intentando evadirme de su mano y poniéndome cada vez más alterada.
-No te voy a dejar aquí, así que esto será por las buenas y por las malas.- respondió, agarrándome con más fuerza y haciéndome dar un paso en la dirección que él quería. No tuve más remedio que ceder, ya que si no los huesos de mi muñeca acabarían por fracturarse, y eso resultaría peor.
-Yo creo que no…- dije, dando un golpe seco para desprender su mano de mi piel.
Para mi sorpresa, funciono. Di un paso hacia atrás para mantener las distancias y evitar que me volviera a atrapar. Sonreí triunfal al ver que le había ganado y que por fin podía irme, pero entonces le mire a los ojos. Estos estaban clavados en la entrada del jardín, absortos y resplandecientes de ira. Vi como apretaba los dientes, y entonces dirigí mis ojos en su misma dirección. Logre visualiza a Alec, que estaba inmóvil en el umbral de la puerta del patio interior, mirando la escena con molestia apaciguada e incredulidad. Me miro a los ojos e intente adoptar una mirada tierna, para hacerle entender que me habían hecho daño. Después, me apreté la muñeca dolorida, y clave una mirada enfadada en Jacob.
-¿Qué haces con ella?- siseo Alec, mirando a Jacob con la ira refulgiendo en sus ojos,- Déjala en paz ahora mimo. ¿No sabes que es de mala educación obligar a una dama a hacer cosas que no quiere?
Jacob le fulmino con la mirada y arrugo la nariz. Ahora esto sí que sería divertido, tenía a dos hombres peleando por ayudarme, cada uno a su peculiar manera.
-Esto no es asunto tuyo.- le respondió el perro, observándole con asco,- Ella me pertenece, y me la voy a llevar, No permitirá que la sigáis comiendo la cabeza. ¡Mirad en lo que la habéis convertido!
-Tu, para empezar no deberías estar aquí. Hicimos un trato, y no has complico tu parte. Debería matarte por haber quebrantado las normas, sucio perro. Además, Renesmee no es un objeto, es una mujer, y las mujeres no pertenecen a nadie, tan solos forman parte de un todo si ellas lo desean. Ella ahora atañe a este mundo, y tú no eres nadie para decidir por ella. Y creo que Renesmee está muy a gusto con su nuevo yo.- menciono Alec, convencido y mirando a Jacob son superioridad.
Sonreí, y me separe de Jacob. Corrí hacía Alec y me arrime a él, colocando mis manos en su pecho y apoyando mi cabeza en su hombro. Él me rodeo con sus fuertes brazos y una sensación de protección me embargo. E de decir que Jacob me hizo pasar un verdadero mal rato. Sentí las manos de Alec acariciar lentamente mi pelo, y entonces apoyo su barbilla en mi cabeza. Acerco su boca a mi oído y murmuro muy bajito que no me preocupara, que él no permitiría que me hiciera más daño. Y después, deposito un beso en mi frente.
-Es repulsivo- musito Jacob mirándonos con una expresión de sumo desprecio,- No sé en qué te has convertido, pero es asqueroso. ¿Cómo puedes comportarte así con él? No te das cuenta de que solo te está usando. Pensé que eras más lista, Nessie.
-Él me entiende, Jacob. Sabe cual son mis verdaderas necesidades y respeta mis ideas. Vale mucho más que tu, y además, es millones de veces más eficiente en la cama. No tiene desperdicio.- dije, mirándole con una sonrisa desdeñosa. Sabía que le había atacado en un punto débil.
Escuche una suave risa de Alec por lo que había dicho, pero no dijo nada. Jacob soltó un gruñido corto, y comenzó a respirar con dificultad. Su torso se inflaba y desinflaba de forma violenta, y yo sabía exactamente qué era lo que iba a pasar ahora: entraría en fase. Alec también pareció adivinarlo, porque me tomo de la cintura y con un leve empujoncito me puso detrás de él. Yo me apoye momentáneamente en su espalda, y apreté la tela de su chaqueta cuando Jacob hablo con voz áspera, casi entremezclada con bufidos lobunos.
-Eres horrible, y siento lastima por ti y por lo que te has convertido. Enhorabuena…- dijo, y supe que esta vez se refería a Alec,- Has corrompido a uno de los seres más puros del planeta por diversión. Ahora es como las demás: una simple zorra.
Sus palabras no me hicieron tanto daño como esperaba. Al fin y al cabo era verdad: ahora yo era una zorra, pero una zorra que conseguía lo que se proponía y que usaba todos sus recursos de una forma diferente. Cerré los ojos en el momento en el que un ruido sordo anunciaba que Jacob ya era un metamorfo, y entonces la voz de Alec se escucho clara entre todos los crujidos.
-Retrocede, Renesmee. Yo me ocupare de él.-dijo, rozando mi mano con seguridad.
-Vale, Alec. Gracias- susurre, depositando un beso sobre su espalda y separándome de él hacia atrás. Me quede a varios metros de distancia de ellos, casi en la puerta del jardín, y observe atentamente sus movimientos.
Jacob estaba situado cerca de Alec, en forma de un lobo fornido de color madera. Su hocico dejaba escapar ligeros jadeos, y su caja torácica parecía emitir una correosa agitación. De su boca salía vaho blando, caliente y desagradable. Entorne los ojos para poder ver mejor, y entonces Alec murmuro algo en voz baja.
-Cada uno de los movimientos de todos los individuos se realizan por tres únicas razones: por honor, por dinero o por amor. Márchate ahora y te perdonare la vida. Pero si te quedas no seré piadoso, y juro que te matare. Ya has perdido todo; ¿No crees que es el momento de dejar de fracasar?
La única respuesta de Jacob fue un gruñido ensordecedor. Instantáneamente se abalanzo sobre Alec, que lo esquivo con un ágil movimiento, dejando que el lobo chocara inútilmente contra el suelo, y soltara un quejido de dolor. Pero Jacob no se rindió, corrió hacia Alec, sin darle tiempo suficiente para reaccionar. El lobo hundió sus colmillos en el hombro del vampiro, muy superficialmente, y este soltó un gemido de malestar. Agarro a Jacob con su mano libre y entonces pude escuchar el sonido hosco de unos huesos romperse. Alec agarró con desprecio a Jacob y lo lazó lejos, intentando recobrarse de su mordedura. Este aterrizo en el suelo, débil a causa del dolor de sus articulaciones quebradas. Se levanto escuálidamente, bajo la mirada atenta y alerta de Alec, y entonces saltó como pudo hasta un poyete que había en la fachada que rodeada el jardín interior. Estuvo a punto de caer, pero finalmente fue capaz de saltar hasta el tejado y desaparecer trotando de allí, dejando el lugar en un absoluto silencio, solo interrumpido por el agua cayendo sobre la superficie de la fuente.
Camine hasta Alec, que estaba en medio del jardín, y resoplaba, palpándose el hombro. Me acerque inmediatamente, intentando averiguar cómo se encontraba. Por lo que veía, sus dientes habían atravesado la tela, y se habían hundido en la piel, dejando unos cortes de aproximadamente un centímetro de profundidad, con un enfermizo color blanco. Eso había sido por mi culpa, y definitivamente, no había sido tan divertido como esperaba. No quería que Alec resultara herido.
-¿Te duele?- pregunte, acariciándole lentamente el hombro. Alec negó con la cabeza, pero pude apreciar una mueca de disgusto en sus carnosos labios.
-No, está bien. Sanara sola en unas pocas horas. No tienes que preocuparte.-musito, haciendo unos estiramientos circulares con el hombro para demostrarme que no le dolía.
-De acuerdo- susurre, muriéndome el labio.- Gracias por haberme ayudado. Me hubiera gustado mucho poder hacerlo yo sola, pero era demasiado fuerte. Sino hubieras aparecido, seguro que me hubiera sacado de aquí, y yo no quiero irme de aquí.
-No hay de qué.- dijo, sonriendo tímidamente,- No me gustaría que ese chucho te llevara lejos de aquí. Me gusta que estés conmigo.
Sonreí, y suspire, apoyando unos instantes mi cabeza en su hombro herido. Cerré los ojos, y apreté los parpados, deseando que todo aquello acabara. Levante la cabeza, y le di un beso en la mejilla, diciéndole con la mirada que me marchaba ya. Comencé a caminar hacia la puerta, cuando su voz me sobresalto.
-Una cosa más… antes de que te vayas- dijo Alec, y yo gire la cara para mírale a los ojos,- Eso que decías de que yo era mejor en la cama, ¿Era cierto?
Sonreí, mirándole con picardía. El hizo lo mismo, y subió una ceja en señal de impaciencia.
-Sí, era cierto. Tú eres un dios del sexo.- respondí. Alec sonrió radiante, con suficiencia y yo volví a acercarme a él y me incline para darle un beso corto en los labios,- Y ahora me voy, quiero descansar. Cuídate.
-Adiós…- fue su única respuesta.
Y comencé a caminar hasta mi habitación, haciendo ruido con mis pesados tacones, sin mirar atrás. Aunque si lo hubiera hecho, me habría dado cuenta de que los ojos de Alec refulgían con una nueva luz, una luz que no demostraba otra cosa sino resolución. También me habría percatado de su sonrisa, que parecía aliviada. Como si la confusión de su mente hubiera desaparecido y las cosas, estuviesen miles de veces más claras para él.
¡Hola chicas!
¡Ah! Muchas gracias por los 20 comentarios. =) Dije que subiría con 15, pero estos días se complicaron mucho: tuve que visitar a un pariente que está en el hospital, visitar a mi abuela en su casa y comprarle naranjas a mi padre, (¬¬ en una frutaría MUY lejana). Así que siento la espera, pero para compensarla me he currado un cap. de 8 hojas de Word. ¡Os vais a cansar de leer! Para informaros, os diré que ya hay 103 favoritos, 11.903 lecturas, 257 comentarios y 30 capítulos, (Y los que quedan). Gracias a todos, esto me hace muy feliz. Y bueno, por la tardanza una pista del próximo capítulo: hijos de la luna. Gracias por leer, y si dejáis comentarios con tanto entusiasmo como en el otro; (Que en pocas semanas me voy de vacaciones y no podre subir), os dejo varios caps. ¡A ver si superáis los de cap. anterior! Porque esta tarde me pongo con el siguiente, y ya veréis la nueva faceta de Renesmee. Por cierto, me gustaría hablar con alguna de vosotras, así que si alguien quiere hablar conmigo, que me lo diga en algún comentario, me hace ilusión, y puedo daros adelantos. =)
Comentad. =)!