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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 33
Cuando llegamos al campamento el crepúsculo estaba acechando en el cielo griego. Habíamos descubierto el aroma de los hijos de la luna unos cuantos kilómetros antes de llegar, lo que nos había permitido idear una estrategia para atacar. Nos habíamos situado alrededor del campamento, estratégicamente divididos, para que no pudieran escapar por ningún lado. Dispersos milimétricamente por todo el perímetro. Algunos entraríamos a atacar, siempre acompañados por una pareja que nos cubriera las espaldas, y cuando ellos intentaran escapar, se toparían con más guardias alrededor. No podía fallar, era algo rápido y limpio.
El campamento estaba bastante desarrollado. Había una pequeña cerca de madera y piedras bordeándolo, y los pinos que rodeaban el fuerte le proporcionaban un camuflaje perfecto. Nadie que pasara por allí se percataría de que tenían un gran cuartel trascendentalmente colocado. Un tímido fuego llameaba en aquel lugar, y a juzgar por el olor que desprendía a carne asada, debía de ser un horno. Un humo negro salía despedido hasta el cielo, perdiéndose en la noche y emborronando la luna, que en estos momentos no era más que un diminuto cuarto creciente, a punto de alcanzar la luna nueva. Lo que provocaría que los hijos de la luna estuvieran más débiles, causado por la ausencia total de luna de este estado celeste. Situados alrededor de la fogata, había al menos medio centenar de cabañas. Eran bastante pequeñas, la mayoría de un único piso y fabricadas en madera oscura. Apenas se escuchaba un ruido, y tarde unos segundos en suponer cual era la razón de tal silencio: ellos no querían llamar la atención, y usaban su comunicación telepática para no tener que levantar la voz y así no atraer gente indeseada. Eran más listos de lo que pensaba. Su olor resultaba insoportable, y hubo ocasiones en las que tuve que dejar de respirar para no tener que catarlo. Creo que Aro los subestimo; allí había más de 50 hijos de la luna como poco. Esto complicaría aún más las cosas. Quizás mi amo no había contado con que algunos hijos de la luna puedan detener su envejecimiento si han sido capaces de sobrevivir a la luz de la luna de sangre que cubre el cielo cada pocos años. Es un proceso un tanto extraño, aunque fascinante. Si no se vuelven locos, conservan su juventud para siempre, aunque la mayoría de ellos no tienen valor para arriesgarse a sucumbir a la locura que la luz de la luna les puede provocar, por lo que simplemente se encierran y esperan que pase.
En ese mismo momento note una mano suave y cálida agarrando la mía. Apreté la mano en torno a sus dedos sin necesitar de mirar para saber quién era. Solté un suspiro y clave mis ojos en los suyos, esperando que hablara. Ahora ella parecía demasiado susceptible, encogida entre aquella ropa escura. Por primera vez desde hacía bastante tiempo, pude apreciar el miedo en sus ojos.
-Serás mi pareja en la lucha, ¿Verdad Alec?-pregunto Renesmee, mirándome con una ancha sonrisa que intentaba disimular el pavor que esta situación le causaba.
Sacudí la cabeza intentando despejar mi mente antes de contestar. De todos modos ¿Dónde estaría en mejores manos que a mi lado? Así podría protegerla personalmente. Nadie más aparte de mi se preocuparía tanto de ella, y era obvio que Renesmee no era capaz de defenderse sola ante un hijo de la luna. Asentí, convenciéndome de que ayudarla era mucho mejor que ignorarla.
-Claro Renesmee. No te separes de mi.- conteste, y ella asintió, sin desengancharme la mano. Soltó un gran suspiro y cerró los ojos unos instantes, para concentrarse.
Mire a mi alrededor, y pude ver a mi hermana. Estaba situada al lado de Santiago, con la expresión seria y los puños apretados. No parecía contenta, ni emocionada por poder hacer algo que complaciera a nuestro amo. Ella siempre solía ser mi pareja en las luchas, pero al parecer ya había buscado un sustituto para mí. Una sensación de celos y de alivio me llenó al mismo tiempo, produciendo que mí cerebro se colapsara momentáneamente. Sin embargo, era más grande el alivio de saber que no estaba sola, que el dolor que me causaba que me hubiera sustituido. Decidí dejarla estar, teniendo la certeza de que más tarde, todo se arreglaría. No podía estar todo el tiempo sin dirigirme la palabra, ¿No? Suspire, y entonces un gesto de Félix me sobresalto. Asentí para mí mismo, y tire de Renesmee, mientras nos internábamos en el campamento como oscuras y silenciosas sombras.
Los alrededores estaban vacios, así que no tuvimos dificultades mientras penetrábamos por las primeras callejuelas, intentando hacer lo menos ruido posible. Los hijos de la luna no tardarían demasiado en darse cuenta de que no estaban solos, y el factor sorpresa se echaría a perder, por lo que deberíamos darnos prisa. Aceleré el paso, intentando que no resultara agotador o incomodo para mi acompañante. Todo aquel silencio resultaba siniestro, tan solo es escuchaban nuestras débiles pisadas contra la tierra desecha del bosque. La ansiedad de Renesmee se hacía notar cada vez más, pues su mano cada vez presionaba con más fuerza la mía, y su cuerpo, diminuto en comparación con esta situación,se aproximaba más al mío con cada segundo que pasaba. Me hubiera gustado poder pararme y decirle que no permitiría que la pasar nada mientras la abrazaba, pero estábamos ya demasiado retrasados, y esas palabras deberían esperar.
Fue en ese momento de distracción cuando escuche a Renesmee gritar y soltar mi mano bruscamente. Cayó al suelo, confusa y desorientada. Me gire con rapidez, buscando lo que la había herido, cuando vi una sombra caer desde el tejado de una de las cabañas. Aterrizo al lado de la que había empujado a Renesmee, haciéndola caer al suelo, y se quedaron quietas. Llevaban puestas dos capas rojas, largas, pero con la capucha bajada. Se trataba de dos hijos de la luna, adultos y corpulentos. Su aspecto era muy diferente al de los metamorfos; estos tenían la piel totalmente pálida, casi como los albinos, o como ellos solían decir, de la tonalidad de la luna llena. El color de su pelo podía ser de cualquier color, pero siempre vivo y brillante. Estos dos ejemplares tenían el pelo rubio y pelirrojo, y una poblada barba con tono vibrante les enmarcaba el rostro. La marca de luna color plata rezumaba en su cuello, y resplandecía con un tono especial en aquella oscura noche. Tenían los labios levantados, y enseñaban los dientes como si de un perro salvaje se trataran. Mis músculos se tensaron, y les devolví el gruñido. No les tenía miedo, por mucho que pudieran hacer, no eran rivales para mi fuerza.
Renesmee me había retrasado demasiado, y la pelea ya habría empezado sin que nos hubiera dado a tiempo a llegar al centro del campamento. Maldije la situación por lo bajo, y le tendí la mano a Renesmee para que se incorporara después del choque. Cuando estuvo en pie, hice que se colocara detrás de mí, aunque ella soltó un quejido de fastidio. Sin embargo, no me importo. No era hora de discutir sobre quien debía encargarse de nuestros enemigos. Sin pensarlo, me abalance sobre ellos. Al primero le pille de sorpresa, por lo que no fue difícil partirle el cuello de un golpe seco en la nuca. Su cuerpo cayó al suelo, inerte, después de soltar un quejido que se fue apagando poco a poco. Su acompañante observo la escena con ira, y soltó un bufido. No me dio tiempo a girarme cuando ya me hubo agarrado por la espalda. Me tenía inmovilizado entre sus brazos, y no podía moverme. En ese momento sentí mucha rabia por no poder usar mi don contra ellos. Me resistí una vez más, retorciéndome e intentando inútilmente con mis manos que su cuerpo dejara de presionarme, pero sus músculos se tensaban alrededor de mí, y me impedían escapar. Cerré los ojos, intentando buscar la fuerza necesaria para liberarme, y la tranquilidad para poder relajarme ante la situación y concentrarme en luchar correctamente, pero de pronto, sus brazos dejaron de apretarme, y entonces, el hijo de la luna cayó al suelo, con una mirada de sorpresa y dolor plasmada en su canida cara. Mire hacia atrás, confundido por lo que había pasado, y me encontré con Renesmee. Estaba al lado del cuerpo inerte del hijo de la luna, respirando entrecortadamente, y mirándome con una mezcla de horror y satisfacción en sus ojos. Ella había sido la que lo había matado. Yo asentí agradecido, sin poder creerme que ella hubiera conseguido hallar la fuerza necesaria para ayudarme, y después fue ella la que me agarro de la mano y me obligo a correr más a dentro de campamento.
Encontramos a otro par de hijos de la luna un poco más adelante, aunque esta vez se trataba de dos hembras de pelo castaño. Una de ellas ataco a Renesmee pensando que era el blanco más fácil, y la otra me empujo a mí, haciéndome caer para atrás. Ver que Renesmee corría peligro, y que apenas era capaz de manejarse con su atacante me dio la fuerza necesaria para decapitar pronto a mi enemiga y correr en su ayuda. Ya la había golpeado varias veces antes de que yo la hubiera podido ayudar, y no quería que la hiciera más daño. Agarre por los brazos a la hija de la luna que tenía a Renesmee agarrada, y la tire hacia la pared. Después, cuando volvió hacía nosotros, solo tuve que sujetarla para que Renesmee terminara de encargarse de ella. Sabía que Renesmee deseaba sentirse útil, y no me importaba tener que ayudarla. Si eso le hacía feliz, lo haría sin dudar.
No nos topamos con nuevos peligros hasta que llegamos al centro del campamento. Salimos del callejón, y nos encontramos casi directamente con la fogata, que en ese momento ardía desaforadamente y casi parecía emitir una niebla plateada, iluminando toda la zona con un anaranjado brillo. Todo estaba hecho un caos: los hijos de la luna corrían, huyendo de los guardias que aprovechaban para matarlos con cualquier descuido. Los que lograban escapar de sus garras y perderse entre las callejuelas sonreían aliviados, sin saber que fuera de recinto les esperaban más vampiros. Algunos intentaban luchar, pero ninguno parecía ser un problema demasiado grande como para no encargarse de ello con rapidez. En ese momento vi a Demetri lanzando a un hijo de la luna adulto contra la fogata, y después consumirse entre el fuego. El campamento, que antes había estado sumido en un silencio sepulcral, ahora estaba inundado de gritos de pánico, y de golpes secos de vidas que se marchaba para siempre. Algunas de las cabañas estaban ardiendo, en un débil intento por parte de los pobladores de asustarnos con lo único que nos podía matar: el fuego. Pero lo único que hacían, era arruinar lo que era suyo. Aunque eso no importaba; todos ellos iban a morir.
En ese momento la mano de Renesmee me tiro. Yo me gire, pensando que tenía algo que decirme, sin embargo lo único que pude ver fue que Renesmee estaba pálida como una tiza, y que sus labios se curvaban en una mueca de disgusto. La aparte un poco del camino, acercándola a una casa para que nadie la pudiera hacer daño y estuviera más resguardada de todo aquel jaleo, y la tome la barbilla con los dedos. Ella cerró los ojos, y soltó un gemido de molesta.
-¿Qué te ocurre?- la pregunte, preocupado. Ella trago saliva fuertemente, y entreabrió los ojos. Se apoyo en la pared, y agarre su cintura con las manos, para evitar que se cayera.
-Alec…- murmuro ella,- Estoy mareada… la chica que me ataco me dio muy fuerte en la cabeza, y ahora me duele. Y el humo, me marea mucho. Necesito sentarme, por favor.
Yo la mire sin saber qué hacer. Estábamos en medio de una lucha, y se suponía que debíamos terminarla lo antes posible, no pararnos a descansar. Ningún vampiros necesitaría reposar para recobrar el aliento, y era eso lo que nos hacía buenos en la lucha. Renesmee no quería admitir que esto la sobrepasaba, porque se negaba a aceptar que ella era diferente a nosotros. Tenía parte humana, ¡Por supuesto que no podía soportar las mismas cosas! En ese momento meneo la cabeza, y sus piernas temblaron, tanto que tuve que sujetarla para que no se callera. Estaba devastada, y mareada, y yo solo tenía dos opciones: obligarla a seguir luchando hasta el final, sabiendo que podía resultar gravemente herida, o llevarla a algún sitio a que se sosegara y protegerla mientras se relajaba, con las consecuencias de que la guardia tendría un miembro menos en su bando. En ese momento todos mis instintos básicos comenzaron a luchar contra mis nuevos sentimientos: dos grandes y fuertes corrientes en mi cabeza estaban enzarzadas en una pelea sobre lo que debía hacer. O defraudar a mi amo, y dejar a Renesmee a su suerte. La mire de nuevo: ahora temblaba entera, y cerraba los puños para intentar contener la sensación de malestar. Decididamente, ya sabía lo que tenía que hacer, por mucho que una parte de mi se negara rotundamente.
-Ven, Renesmee.- dije, comenzando a tirar de ella en la misma dirección que habíamos seguido para llegar hasta allí desde el exterior, solamente que en sentido contrario,- Iremos a un lugar apartado para se te pase. No puedes ni andar.
Ella asintió como pudo, y se apoyo con las manos en mis hombros, para no tropezar. Lentamente, nos fuimos alejando de la multitud, que parecía ajena a nuestra presencia. No me detuve hasta que los gritos y el fuego dejaron de oírse. Hubo un momento en el que la tuve que tomar en brazos para acelerar el paso y que nadie nos siguiera. Llegamos a una explanada de tierra, que parecía formar un jardín para las 4 casas que la bordeaban. Desde allí los sonidos llegaban amortiguados, y la tenue luz de la luna proyectaba hermosas formas sobre la ventana. Deposite a Renesmee en un tronco caído que había pegado a una casa, y que probablemente haría la tarea de banco. Me apoye en la pared y me pase la mano por el pelo, confuso por lo que acababa de pasar. Observe a Renesmee por el rabillo del ojo, y vi que había recobrado ligeramente el color. Si se recuperaba pronto, quizás podríamos regresar a la lucha, y la sensación de traición hacia mis órdenes acabaría.
-¿Estás ya mejor?- musite, sentándome junto a ella.
-Sí- dijo ella en un susurro, y después clavo sus ojos en los míos al tiempo que sonreía,- No sé lo que me ha pasado. Ha sido como si todo me diera vueltas, pero ya estoy mucho mejor. Solo necesitaba descansar un momento. Gracias por acompañarme, Alec. Sé que no es fácil para ti no luchar. Te lo agradezco de verdad.- y entonces tomo una de mis manos y la acaricio lentamente.
-No iba a permitir que te pasara nada…- respondí, como si la respuesta me resultara mecánica. Luego fui consciente de lo que había dicho, y quise remediarlo,- Aro se enfadaría si regresaras herida, cuando nos pidió que te cuidáramos.
Ella se encogió de hombros, y se mordió el labio, como si tuviera ganas de decir algo y no se atreviera. Yo me quede en silencio, esperando paciente a que ella estuviera preparada para contarme lo que se estaba callando.
-Alec…- susurro tímida, y ese tono de voz me hizo regresar al pasado, cuando ella detestaba mi forma de vida y nos pasábamos discutiendo todo el día,- No se lo digas a nadie, pero, hoy he pasado mucho miedo. Pensaba que esto sería menos duro, pero no estoy a la altura. Pensé que iba a morir, y que a ti no te importaría dejarme sola con mi mareo repentino, pero me ayudaste. Y… no se qué hacer para compensártelo.
-No tienes que preocuparte, yo…- comencé a responder, pero entonces mis palabras se vieron interrumpidas por un golpe seco.
Ambos miramos envarados en la dirección de que la provenía el ruido, y yo me levante instantáneamente al ver la amenazada. Un joven de piel pálida y pelo negro brillante, nos observaba desde la otra esquina de la explanada. Tendría un par de años menos que yo, pero aun así su espalda estaba desarrollada, y era ancho de hombros. Tenía puesta una sudadera roja, y la marca de la luna brillaba en su cuello como nunca antes había visto. Lo fulmine con la mirada, y me puse delante de Renesmee, con intención de protegerla.
-Valla, dos vampiros haciendo manitas. No es algo que se ve todos los días.- musito, casi riendo. Lo que me molesto.
-Valla, un hijo de la luna que conserva su sentido del humor mientras su clan está siendo masacrado.- Respondí, y el abrió los ojos como platos, mirándome con odio,- Nunca antes lo había visto.
-Sé quién eres.- dijo con suficiencia,- Todos aquí hemos oído hablar sobre ti, gemelo brujo. Y quiero que sepas Alec, que siento una extrema repugnancia por ti.
-Lo que tú digas no me importa. Ni siquiera me molesta el desprecio que tienes hacia mí, porque probablemente sea mucho menor del asco que tú me provocas. ¿Qué será lo siguiente?, ¿Qué me tires una esponja y esperes que me duela?- solté una risita,- Pero ya que tu sabes quién soy, lo justo sería que yo también conociera tu identidad.
-Me llamo Brian.- respondió, apretando los dientes.- Soy un hijo de la luna que sobrevivió a los rayos del astro de sangre. Tu aquelarre acaba de masacrar a mi familia, y yo no he podido hacer anda para evitarlo. Por eso ahora te matare a ti y a tu amiguita.
-¿En serio?- dije, y mire ligeramente hacia atrás. Renesmee se agarraba las manos, y me miraba con confianza, como si supiera que yo podría salvarla. No iba a permitir que ese estúpido can la tocara, y mucho menos que la hiciera daño. Apreté los puños y di unos pasos hacia él- Pues adelante.
Entonces, ambos saltamos al mismo tiempo en dirección al otro. Cuando nos tocamos un ruido sordo se escucho, y entonces tuve tiempo suficiente como para poder agarrarle del cuello. Caímos al suelo, y yo le apreté cada vez más, deseando acabar lo más pronto posible con esto. En otros tiempos, hubiera disfrutada de cada segundo de agonía de aquella criatura, pero ahora que la vida de Renesmee corría peligro, solo quería que estuviera a salvo cuanto antes. Pero una de sus manos logro hacer fuerza sobre la mia, y consiguió que dejara de apretar su cuello. Inclino su cabeza hacía delante e hizo amago de morderme en el cuello, pero conseguí contenerle sujetándole por los hombros. Me empujo, intentando que retrocediera y cayera hacia atrás, pero solo consiguió que encontrara la fuerza necesaria para poder empujarle a él. Salió despedido hasta unos de los edificios, y entonces pude apreciar como su cuerpo soltaba un sonido desagradable y correoso. Se había roto algún hueso. Espere a que se levantara, sabiendo que no podía más. Pero no se acerco a mí: se mantuvo de pie, y me miro asqueado, con un hilero de sangre resbalándole por el labio. Escupió al suelo y me miro con la mirada llena de ira.
-Algún día pagaras por todo esto, Alec.- dijo, señalándome con el dado,- Algún día me vengare de ti. Recuerda lo que te digo.
Y entonces echó a correr lo más rápido que pudo hacía la salida. Se había rendido, y cuando vi la velocidad que podía alcanzar, pensé que quizás tuviera esperanzas de atravesar la barrera de guardias que rodeaba su hogar. Yo me quede alerta unos instante, hasta que me cercione de que no era una trampa y de que había huido realmente. Entonces me gire, y viRenesmee de pie, con el color rosado que normalmente solía tener tiñéndola las mejillas y con una sonrisa en sus delicados labios. Suspiro aliviada, y sonrió, entonces camino hacía mi y se detuvo cuando solo nos separaban unos centímetros.
-Muy bien Alec. Estoy orgullosa de ti.- entonces estiro la mano y me acaricio el pelo como si fuera un perro al que hay que premiar. Eso fue humillante, y me quede inmóvil sin saber que hacer.- Eres un gran hombre.
Y antes de que pudiera responder dirigió sus labios a los míos y comenzó a besarme con fiereza, con sus manos recorriendo toda mi espalda con frenesí. Ahora que el peligro había pasado, la vil y fría Renesmee había regresado. Me rendí a sus caricias, sabiendo que no había nada más en ese momento que me complaciera de igual manera, y le devolví el beso imaginando que para ella significaba lo mismo que para mí, haciéndome ilusiones vanas.
De repente escuchamos un ruido, que hizo que ella se separara de mí y mirara a nuestro alrededor extrañada. Algo como un leve jadeo entremezclado con un murmullo. Renesmee siguió inspeccionando el terreno al mismo tiempo que yo, con la mirada alerta y las fosas nasales dilatadas para poder captar mejor la esencia del ambiente. El ruido se volvió a repetir, y esta vez no nos cabio duda de que provenía de una de las rudimentarias casas que estaban a nuestro lado. Instantáneamente, Renesmee me tomo de la mano y me guio con decisión hasta la entrada de aquella choza. Se coloco en frente de la puerta y dio un empujón con sus dos brazos. Entonces, me arrastro hasta dentro.
El interior de la cabaña estaba pobremente amueblado, y todo tenía el aspecto de estar viejo y desgastado. Los muebles eran de madera, y casi todo estaba tapado con sabanas de colores dispares. El olor estaba muy concentrado, tanto que resultaba incomodo, y además el polvo se podía ver a través de los rayos de una bombilla que parpadeaba encendida en el centro de la habitación. Aparentemente, y con el aroma que había parecía que no había nadie en la habitación. Justo en el momento en el que me disponía a agarrar a Renesmee para salir de allí, el ruido se escucho de nuevo. Esta vez me resulto más familiar, y comprendí de lo que se trataba. Era un sollozo, lento y lastimero. Era un bebe llorando. Me quede petrificado. ¿Qué hacía un niño tan pequeño allí, solo? No me dio tiempo a seguir pensando, porque Renesmee ya se había acercado al lugar de donde provenía el ruido. Era una especie de silueta de madera, tapada por una manta polvorienta de color hueso. Ella estiro la mano, y de un tirón seco quito la sabana de encima. Se asomo y entonces sonrió.
-Mira lo que hemos encontrado, Alec.- dijo, mirando con maldad la cuna.
Yo me acerque, mirándola con desconfianza. No me había equivocado. Había un bebe allí, cubierto por una manta blanca y con los ojos entreabiertos, rojos de haber llorado. No tendría más de 6 meses, y la señal en su cuello no me dejo duda: era un hijo de la luna. El pelo incipiente de color rubio y la forma de la cara me dio a entender que era en realidad una niña. Renesmee acerco sus manos hasta ella con delicadeza, y después la saco de la cuna. Una vez que la hubo acomodado en sus brazos, acaricio con uno de sus dedos la pálida mejilla del bebe.
-No deberían haberla dejado aquí…- murmuro Renesmee, con los ojos resplandecientes,- Los bebes cuando están solos pueden sufrir muchos accidentes. Desde luego es una aptitud reprochable por parte de sus padres.
-Sus padres deben de estar muertos.- repuse, mirándola de soslayo.
Sus manos, que en otro momento me habían parecido las más afables, ahora se tornaban oscuros y peligrosas, capaces de acabar con la vida de aquel infante con solo un movimiento, que estaba seguro, ella no dudaría en hacer.
-Supongo que tienes razón. Pero de todos modos, no deberían haberlo ocultado aquí. Sabían que lo encontraríamos. Esos hijos de la luna son unos inútiles.- dijo, a punto de estallar de risa. ¿Qué la pasaba?
-Sí.- respondí, secamente. Aunque no le importo.
Volvió a recorrer la rolliza cara del bebe, que tenía los ojos puestos en Renesmee, como si supiera que algo no iba bien. Se había quedado quieto, y ahora estaba en silencio, observando cada uno de sus movimientos de forma milimétrica. Renesmee sonrió, y se inclino para depositar un beso en la frente de la niña. Después se separo, y se quedo meditabunda unos segundos.
-¿Qué vamos a hacer contigo…?- se pregunto a sí misma, mordiéndose el labio.
Yo entrecerré los ojos. Las órdenes de Aro habían sido claras: eliminar a todos los hijos de la luna. Sin embargo, este solo era un bebe, al que se le podía educar y amaestrar para que no causara problemas. No había derecho a que lo maltrataran así, al fin y al cabo, cuál era el castigo por el que iba a ser castigado, ¿Nacer? En otros tiempos estas ideas no se harían pasado por mi cabeza ni por asomos: habría acabado con su vida sin contemplaciones, pero las cosas ahora eran muy diferentes. Prefería que el bebe muriera solo, de hambre, a que ella se manchara las manos con la sangre de un niño tan pequeño. Apreté los puños. Sabía que la piedad no tendría cabida en la nueva y distorsionada mente de Renesmee, pero tampoco quería que su alma cargara con la culpa de la muerte de algo tan puro. Entonces se me ocurrió algo.
-Renesmee, no lo toques. No le hagas daño.- dije, y ella me miro anonadada,- Tengo una idea mejor que matarlo.
Ella me fulmino con la mirada, y negó con la cabeza para mostrarme su desencanto, pero siguió hablando.
-¿Qué quieres decir, Alec?- pregunto con tono enfadado.
-Podemos llevarlo al castillo. Aro siempre estuvo interesado en su capacidad de bloqueo de dones. Y este es un ejemplar perfecto: joven, dócil y manejable. Con ese hijo de la luna podrá investigar todo lo que le dé en gana. - dije, intentando sonar convincente.
-No creo que a Cayo eso le haga mucha gracia, y tampoco creo que los Vulturis quieran una mascota. Además, tú mismo dijiste que Aro ya no estaba interesado en esa investigación, que había desistido. Llevarlo allí sería una estupidez, y no quiero que todos pienses que soy estúpida.- dijo ella, casi gritando.
En ese momento la niña se sobresalto, se revolvió en los brazos de Renesmee y soltó un quejido. Ella la movió violentamente, para que se callara, y después de solar un sollozo de dolor, el bebe volvió a mantenerse en silencio. Esto ya era el colmo. Había sobrepasado el límite; una cosa era no sentir, pero ella se había convertido en un monstruo. Y no iba a permitir que esto siguiera así, porque al final la perjudicaría. Y la apreciaba demasiado para que ella sufriera por algo que yo la había provocado.
-Mira Alec, no es porque estas tan empeñado en salvar a este bebe, y tampoco quiero que me lo expliques.- replico, mirándome con desprecio,- Pero esta es mi primera misión y no estoy dispuesta a fracasar porque te haya dado un ataque de compasión. Aro dijo que los matáramos a todos los hijos de la luna, y así será. Así que puedes hacer dos cosas; o lo haces tú o lo hago yo.
Me quede en silencio, valorando las cosas. Y entonces conteste.
-De acuerdo, tienes razón. No sé en qué estaría pensando.- conteste, y ella sonrió satisfecha,- Yo lo hare. Tú no sabrías asesinarlo sin que esto se convirtiera en una carnicería. Adelántate, no quiero que pierdas el control con su sangre.
-Tienes razón. ¡Tú tienes más experiencia! Te espero fuera, pero no tardes mucho.- respondió, y deposito un rápido beso en mi mejilla al tiempo que ponía a la niña en mis brazos sin apenas cuidado.- Y no te maches.
Entonces salió de la caseta, cerrando la puerta, confiando en que yo sería capaz de acabar con el trabajo. Cuando escuche que se volvía a sentar en el tronco, mire al bebe que tenía entre los brazos. Ahora estaba con los ojos cerrados, respirando con miedo, como si hubiera entendido todo lo que habíamos dicho. Esperando su final. Entrecerré los ojos, y me di cuenta de que no era capaz de levantar el brazo y acabar con su vida. Lo había hecho miles de veces, sin importar si eran hombre, mujeres o niños, y ahora me sentía impotente ante esta situación. Ya tenía demasiadas almas cargadas a mis espaldas, y una nueva sensación me decía que ya era suficiente, que no lo hiciera. Creo que mi conciencia estaba haciendo aparición en mi interior, y era una sensación de lo más extraña. Ese bebe podría haber sido mi hija su aun hubiera sido humano. ¿Cómo podía tener las agallas de hacerle eso? Volví a dirigir la vista hacía el bebe, y vi que estaba dormido. Entonces no lo dude más, deposite se cuerpecito en la cuna y volví a taparlo. No iba a hacer nada por él, si moría, lo haría por sí solo. No lo iba a asesinar.
Entonces salí de la cabaña. Sonreí, y le dije a Renesmee que ya estaba todo listo, y que debíamos reunirnos con todos, porque seguro que ya habían terminado de luchar. Recorrimos las calles, encontrando varios cadáveres en el camino, aunque Renesmee no se inmuto. Ahora cuando la mirada, ya no me atraía lo mismo que antes. ¿Cómo podía estar feliz sabiendo lo que acababa de pasar? Era como si la atracción magnética se hubiera esfumado, y la necesidad de cuidarla, ahora se hubiera convertido en una obligación. En una pesada obligación. Apenas me inmute cuando me prometió que me haría lo que yo quisiera cuando regresáramos. Había aspectos de ella que me resultaban repulsivos. Tenía que remediarlo, y en cuanto llegara a casa idearía un plan para acabar con esto. La lucha ya había acabado, y todos nos esperaban. Heidi estaba curando el brazo a algunos que habían resultado heridos con mordeduras, pero el resto estaba bien. No había habido ninguna baja. Era hora de regresar a casa.
Entonces, Renesmee me agarro la mano y comenzamos a caminar de vuelta a Volterra, juntos. Sabía que para ella el estar agarrados no era más que un juego, y que para mí, era algo más serio, y en varias ocasiones tuve la tentación de soltarla. Estaba harto de ese comportamiento. Justo cuando estábamos saliendo del campamento, me gire, e intente buscar la casa del bebe en mitad de la noche. No pude evitar soltar una sonrisa torcida, siendo consciente de que había salvado en cierta manera la vida de alguien. Y con ello, el alma de Renesmee. Sin embargo, no sabía todo lo que se avecinaba, y tampoco que ese bebe, tendría un futuro muy diferente al que yo esperaba.
¡Hola chicas!
Bueno, he de reconocer que este capítulo me ha resultado bastante difícil de escribir, y que además ha quedado muy largo. ¡Demasiado largo! (Más de 8 hojas de Word). =) Pero aquí está por fin. Lo hubiera subido antes, pero estos días he estado todos en el médico, sino es por una cosa es por otra, y al final todo se ha retrasado. Pero ahora os vais a jartar a leer. Jijijijiji ¿Qué creéis que pasara con el bebe? Porque os aseguro que cuando lo sepáis os sorprenderá. Tengo que reconocer que en principio, tal y como yo lo tenía planeado, Renesmee iba a matar a la niña, (que aunque no lo ponga en el capítulo, se llama Eva), pero me pareció muy cruel. El fic ya supera las 13.100 lecturas y ya tiene 112 favoritos. ¡Wiiiii! Gracias a todos, tanto los que comentáis, leéis con cuenta o sin ella o simplemente por disfrutar con mi trabajo. ^.^ La pista del siguiente cap. pues la verdad, os diré una sola cosa: los recuerdos del pasado dulce y bueno de Renesmee saldrán a la luz... ¡Uh, Uh! Ya es hora de que pasen a ser más que follamigos. Y dejar comentarios como en los anteriores. Que ne animan a escribir, y además los respondo TODOS. Cuanto más comentarios, más rápido el capítulo. Y el más largo, ¡Tiene premio!
Comentad. =)!