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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 35
Nunca en mi vida me había sentido tan humillado, y la ira que recorría mi cuerpo era mayor que cualquiera que hubiera sentido con anterioridad. Al mismo tiempo sentía una grave sensación de impotencia, e intentaba asimilar lo que acababa de pasar unos minutos antes. Mi mente aun estaba como flotando en un limbo sin fin, incapaz de comprender que todo esto era realidad, y deseando con todas mis fuerzas el poder regresar atrás y cambiar lo que había hecho. Recorría los pasillos a gran velocidad, como si eso me permitiera escapar de esta situación. No sabía cuantos minutos llevaría así, pero tampoco me importaba. ¿Cómo había podido decirle eso a Renesmee? No había sido capaz de controlar mis nervios. ¡Esa maldita hibrida me había sacado de mis casillas! Y lo peor había sido su respuesta; nunca se habían reído de mí tan descaradamente. Podría haber intentado negarlo, decirle que era una broma, pero no fui capaz. Me tragué el bochorno que sentía e intente encajar la respuesta lo mejor que pude, sabiendo que era inevitable que llegara, tarde o temprano. El verla reírse de mí ante la idea que yo la amara me había hecho tanto daño que tuve que salir de allí corriendo para no cometer alguna estupidez o segur hablando sobre cosas que no me convenían.
Aunque sabia como era la nueva Renesmee, siempre tuve la esperanza de que se lo tomara bien, y lo aceptara. Pero no había sido así ni de lejos. Su respuesta había sido más dolorosa que un simple "No, no siento nada por ti", y me obligaba a admitir que yo era un inútil que había sucumbido al amor y al final había resultado herido. Pasó lo que siempre temí que ocurriera, y toda esa armadura de insensibilidad que había construido a lo largo de mi vida ahora caía devastada ante mis ojos, sin que yo pudiera hacer nada. Nadie sabe en realidad que es lo que tiene, hasta que enfrenta el miedo de perderlo para siempre. Y yo lo había perdido todo. Ahora tenía más claro que nunca que de la única persona de la que puedes depender sin esperar traición eres tú mismo, sin excepción.
Comprendí en ese momento que la carta que le había entregado no serviría para nada. Era probable que no la examinara, pero también era posible que la leyera, y se riera aun más de mil por mis meros y estúpidos intentos de reavivar sus buenos sentimientos. No tendría ningún efecto en ella. Había cambiado tanto que no había nada que la ayudara ahora mismo. Y mucho menos un pedazo de papel con cosas tiernas escritas en él. Y no lo seguiría intentado. ¿Para qué? Había creado un monstruo, y tendría que existir con ello, por muy duro que fuera vivir con el conocimiento de que había corrompido a la persona que amaba.
Aun recordaba a Renesmee la primera vez que la vi, bajo el cielo francés. Bueno, en realidad era la segunda vez, ya que yo la conocía de antes, cuando aún era una niña asustada en brazos de su madre, aquel día nevado, en un claro extenso y llano de América. Aunque no lo contaba: Renesmee no había sido nada en mi vida hasta nuestro segundo encuentro. Este estaba grabado en mi mente con total precisión: ella estaba asustada, suplicante de que no la hiriera. Y yo estaba dispuesto a matarla sin saber que pronto ella significaría muchísimo para mí. La dulce y tierna Renesmee, con su pelo rubio enmarcando aquella cara de mejillas rosadas y labios carnosos, y aquellos ojos castaños, tembloroso de miedo, que me gustaban tanto. Aquella mentalidad cándida y susceptible, que se hería con lo más mínimo. Luchadora y valiente. Delicada como una mariposa, y tozuda como un toro. Aquella Renesmee que se había hecho un hueco en mi corazón, pero que debía eliminar lo más pronto posible. Tenía que olvidarme de ella, antes de que esto me hiriera más. Porque el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Suspire con fuerza y seguí caminando.
Estaba convencido, de que si me encontraba a alguien en mi camino, no dudaría en asesinarlo con tal de desfogar mi mente. Apreté los dientes, procurando contener el gruñido que amenazaba con escapar de mi garganta, hasta que la rabia y el dolor se hicieron tan insoportables que no pude evitar golpear la pared con mi puño. Solté un quejido de dolor, y las piedras se rajaron allí donde yo había golpeado, soltando un quejumbroso ruido. Apoye mis dos manos en la pared, cerrando los puños y me incline hacia delante, comenzando a respirar con fuerza, procurando contener la ira de nuevo.
-¿Qué te ocurre?- escuche una voz tenue a mis espaldas. Me quede congelado, y la espalda se me envaro. No me gire para responder, y cuando quise contestar, las palabras no me salieron de la boca.
No sabía porque Jane se molestaba en preguntarme que me pasaba cuando estaba tan enfadada conmigo, pero no quería ponerme a discutir con ella ahora. No sería capaz de soportar a mi hermana echándome en cara lo mal hermano que era en estos momentos. Permanecí en silencio, respirando entrecortadamente, con la esperanza de que se marchara. Pero ella no se movió ni un centímetro.
-¿Qué te pasa?- insistió. Y escuche sus pasos al aproximarse un par de metros a mí. ¿Por qué tenía que ser tan obstinada?
-Nada…- respondí, aun sin poder mirarla y rezando para que se marchara,- Solo cosas sin importancia.
-Te conozco lo suficiente para saber que no te pondrías así por cosas sin importancia.- dijo ella, segura de sí misma.
Esa respuesta me dejo helado. No me la esperaba en absoluto. Me gire lentamente, un poco más calmado, y clave mis ojos en os suyos, suplicando una explicación por su parte. Estábamos separados por apenas un par de metros. Ella se encogió de hombros, pero no desvió la mirada.
-¿Acaso te interesa?- pregunte, confuso,- Pensé que estabas enfadada conmigo y que no querías que volviéramos a hablar.
-Sigo enfadada contigo.- se apresuro a añadir,- Pero sé que te pasa algo. Nunca antes te había visto con esta cara. No sé qué es lo que te acaba de suceder, pero ha debido de ser grave si te ha provocado esta reacción. No me gusta estar molesta contigo, y por mucho que esta irritada, eres mi hermano, y no puedo evitar preocuparme por ti. Y quizás… si me cuentas lo que te ocurre, podremos arreglar todo esto. Te has comportado así conmigo por algo que te ha pasado recientemente que es duro para ti, ¿Verdad?
-Sí…- respondí, y asentí levemente,- Así es.
-¿Quieres contármelo?- pregunto, y pude distinguir un eje de alivio y esperanza en su voz,- Quizás así te sientas mejor, y puede que te ayude a superarlo.
Valore la situación en unos pocos segundos. Esta era una gran oportunidad para arreglar las cosas con mi hermana, pero eso implicaría tener que hablarle acerca de mis sentimientos hacía Renesmee. Eso me provoco una inevitable sensación de pánico, pero entonces recordé que había un recurso que podía sacarme del problema. No tenía por qué contarle lo que había pasado exactamente, podía cambiar algunas cosas para evitar que se preocupara por mí. ¿No? Cómo mi repentina sensibilización. Y así de paso sortear que yo me avergonzara, y recibir una opinión fementida sobre el asunto. Sí, era una buena idea.
-Sí…- respondí, mirándola con seguridad. Y en sus labios se dibujo una sonrisa de satisfacción,- Me gustaría hablarlo contigo, Jane. ¿Vamos a mi habitación?
-Claro…- fue su única respuesta antes de que ambos comenzáramos a caminar hacía mi cuarto.
No nos dirigimos una palabra en todo el camino, sabiendo que todo esto debía solucionarse en la intimidad. Y ninguno de nosotros pensábamos, que esta conversación, causaría muchísimas más cosas de las que imaginábamos.
Apoye mi cabeza contra el cabecero de la cama, y solté un grave suspiro. Cerré los ojos, que estaban rojos y doloridos por el llanto, y levante la mano para retirar una lagrima que caía lentamente por mi mejilla, y hacía cosquillas en mi piel. Había estado llorando unos cuantos minutos hasta que logre comprender que eso no me ayudaría ahora mismo. Levante la carta de Alec, que yo misma había escrito tiempo atrás, con la intención de gravar en ella mis sentimientos más íntimos y personales, y la dejé caer sobre la colcha, como si el papel pesara una tonelada. Por más que leía la carta, no conseguía entender que me había pasado. Era como si hubiera despertado de un sueño devastador, y ahora no supiese como continuar mi vida. Todos esos días estaban ciegos en mi memoria, como un gran borrón en mis recuerdos. Lo único que recordaba era haber hecho un montón de barbaridades crueles y sádicas, que aparecían a mi mente en pequeñas y dañinas dosis. Como el haber flirteado con todos para conseguir lo que quería, vendiendo mi cuerpo como si fuera una prostituta, el haberme acostado con Alec sabiendo que él solo quería sexo, humillándole al darle lo que él quería, cuando vino Jacob y yo le eche de la forma más cruel que existía, o como cuando fuimos a aquella misión y… estuve a punto de matar a un bebe sin sentir nada por ello. Noté un retortijón en mi tripa al recordar que Alec si que había acabado con su joven vida, y todo por mi insistencia. Era un monstruo.
Y eso sin contar la cantidad de humanos de los que me había alimentado durante ese periodo de tiempo. No podía hallar una cifra exacta, pero estaba segura de que superaban la treintena. Treinta vidas cobradas inútilmente para mi propia y egoísta satisfacción, y yo sin sentir compasión o pena por ellos. ¿Cómo había llegado a este punto?, ¿Había alguna forma de compensar mis actos? Porque estaba claro que las vidas cobradas no tenían solución. Pero había algunas cosas que había hecho que habían provocado daño en la gente que apreciaba, y para ellas sí que había subterfugio. En ese mismo momento los nombres de Jacob y Alec vinieron a mi mente con la misma rapidez, tanto que mi cerebro se aturullo. ¿Desde cuándo me preocupaba por ellos en la misma medida? No sabía por cual decantarme, ya que ambos habían sufrido por mi causa. Así que trate de relajarme, y suspire hondo.
Estaba claro que lo de Jacob sería más complicado, teniendo en cuenta que ahora estaba lejos, y enfadado por lo que había pasado entre nosotros. Además, yo también estaba molesta por lo que me había dicho; *"Ahora es como las demás: una simple zorra."*Nuestra relación, o lo que quedaba de ella necesitaba tiempo para sanar, y yo se lo daría, para calmar las cosas. Asimismo, había parte de lo que le había dicho que era cierto. Ya no sentía nada por él, y tenía miedo de encararlo. Ahora que volvía a ser como antes, no sabría como encajar su agresiva reacción. Tenía que calmarse primero.
Y también estaba Alec. Me mordí al labio enseguida, sabiendo que para solucionar lo que había pasado con él no tenía excusa, por mucho que intentara negarlo. Ni estaba lejos de él ni necesitaba que se calmase. No hay peor ciego que él que no quiere ver, y yo intentaba ofuscarme por el miedo que sentía y lo cobarde que era. Pero tenía que hacerlo; ya había hecho demasiado daño.
La verdad es que no sabía cómo tomarme lo que había pasado, ni siquiera si era debía retractarme. ¿Debía pedir perdón por haberme reído de su broma? Pero... ¿Y si no era una broma?, ¿Y si decía en serio que me quería?, ¿Era posible? Todo me resultaba tan inaudito que casi parecía irreal. Porque si todo resultabas ser una burda burla, que era lo más probable, tendría que aceptarlo, y reírme junto a él, aunque eso me disgustara. ¿Pero y si no lo era?, ¿Y si había la más remota posibilidad de que fuera cierto lo que decía?, ¿Cómo iba a responderle? No podía decirle que no le quería, porque sería mentira. Pero tampoco sabía si yo le correspondía de verdad, o si este repentino aprecio era simple amistad. De pronto me sentí ridícula, ¿Me estaba engañando a mi misma al buscar protección? Quizás el saber que yo no le importaba en realidad fuese demasiado duro, y no quería aceptarlo. Pero, ¿Por qué era duro? Si se suponía que yo no lo quería. Y…¿Si yo de verdad sentía algo por él y todo resultaba ser una broma? Eso me haría más daño aun. La cabeza me iba a estallar. No estaba preparada para aceptar la verdad, fuese cual fuese, principalmente porque tampoco sabía lo que quería. No me había sentido tan confusa en mi vida.
Porque a decir verdad, el me había fastidiado desde que había llegado, y no se había disculpado aun. Eso no era justo, ¿Verdad? Aunque claro, esperar que él me pidiera disculpas era como pedir nieve en el desierto: prácticamente imposible. Él me había dicho que me quería, pero… ¿Acaso no había llegado a la conclusión de que Alec no podía sentir? Todo esto era contradictorio, pero a pesar de todo, sabía que había sido injusta al reírme, y que fuera verdad o mentira, debía disculparme por haberle herido sin importar mis sentimientos.
Bueno, fuere como fuere, tenía que hablar con Alec y solucionar las cosas. No podría vivir sin saber lo que había pasado realmente. Además, me sentía tremendamente culpable porque él se sintiera mal, sin importar cuál fuera la causa. No sabía desde cuando le apreciaba tanto, pero quizás estuviese provocado por alguna cosa que había sucedido en el tiempo que yo había sido mala, en algún periodo de tiempo que aun no lograba recordar. Cómo dicen todos, "El roce hace el cariño". Si es que era posible coger cariño a alguien que lo único que te ha hecho ha sido herirte y humillarte. Pero si yo sabía que Alec había sido tan malo conmigo, ¡Por qué me interesaba que no estuviera mal! ¿Por qué? Simplemente no tenía respuesta. Últimamente mi cabeza no dejaba de simular preguntas, y desgraciadamente, no hallaba resolución para ninguna de ellas. Debía ordenar mis prioridades, y ponerme en marcha cuando antes.
Me limpie la cara totalmente, y me coloque el pelo con las manos, para poder estar presentable. Entonces me levante, y salí de allí en dirección a la habitación de Alec, con la esperanza de que todo se arreglara pronto. Recorrí los pasillos a toda prisa, sin importar con quien me cruzara, desesperada. Tarde unos minutos en llegar a la habitación, y cuando estuve lo suficientemente próxima, pude distinguir en ella dos voces que siseaban muy bajito. Alec y una chica. Me acerque lo más que pude, teniendo mucho cuidado de dejar la distancia máxima de seguridad para que ellos no se percataran de mi presencia sino se fijaban mucho, y a juzgar por lo animada que era la conversación, no parecía probable que ocurriera. Todo esto me molesto bastante; no me gustaba que Alec estuviera encerrado en su cuarto con otra chica que no fueses yo. Me ponía furiosa. Entonces me di cuenta de que no era una chica cualquiera: parecía la vozde su hermana. Eso hizo que me relajara, pero el disgusto no desapareció. Con ella dentro no aclarar las cosas. Me cruce de brazos molesta y agudice el oído para poder escuchar la conversación, y entonces contuve la respiración. Y es que como dicen… A veces el remedio es peor que la enfermedad.
Jane daba vueltas por toda la habitación, algo nerviosa e impaciente, mientras yo la observaba sentado en la cama. Me había pedido que le contara lo que me pasaba, pero yo no sabía que decirle exactamente. Mi poder de improvisación había descendido considerablemente. Jane me había prometido que si me sinceraba con ella, todo se arreglaría, y volveríamos a tener una sana y agradable relación fraternal. Lo que había pasado con Renesmee, aun me distraía y no me permitía concentrarme. Aunque el dolor había disminuido, aun sentía un nudo en mi garganta. Tardaría bastante en poder acostumbrarme a esto.
-¿Tan complicado es lo que te ha pasado que no sabes cómo contármelo?- pregunto ella, frunciendo el ceño,- Venga, habla.
-Ya te dije que es algo difícil Jane, no seas impaciente.- respondí, soltando aire.- Te lo contare ahora, pero no me presiones. No me siento cómodo al hablar de eso, entiéndeme.
-Oh…- dijo ella, poniendo cara de aversión,- Sí es algo que tiene que ver con las… fulanas que metes en tu cama, no hace falta que me lo cuentes. Entonces yo también me sentiría incomoda.
Yo la dedique una sonrisa tenue, y negué con la cabeza. Al menos ya empezaba a bromear, y eso era una buena señal. Estaba animada con esto, y era probable que nuestra reconciliación pudiera ocurrir por fin.
-¡No! Claro que no.- me apresura a responder,- Yo nunca te contaría nada de eso. Eres mi hermana, sería demasiado extravagante.
-Y desagradable.- añadió, sonriendo con malicia.
-También.- respondí,- En realidad, si te soy sincero. Lo que me preocupa es exactamente lo contrario; la escasez de mujeres con las que… bueno, ya sabes a lo que me refiero. Hace casi un mes que no hago nada con ninguna chica. Nunca antes me había pasado algo así.
-No mientas.- dijo ella, mirándome meditabunda,- Todos sabemos que te acuestas con la hibrida. No llevas un mes de celibato, así que no te hagas la víctima.
-Si, exactamente. Ese es el problema, que me acuesto solo con la hibrida.- añadí, preocupado,- Solo con ella. No he tocado a otra mujer desde que ella llegó a Volterra.
-¿Solo con ella?- pregunto extrañada,- ¿Y cuando ibas de caza?, ¿No hiciste nada con ninguna humana? Sé que lo solías hacer antes, así que no lo niegues.
-Nada de nada.- respondí convencido,- Solo ella. La hibrida. Renesmee.
-Hablar de esto no me está resultando ameno, ¿Es necesario?, ¿O solo me hablas de esto para evitar contarme el verdadero problema y espantarme?- preguntó recelosa.
-Si quieres saber qué me pasa, es necesario.- espeté,- Aunque, si quieres que pare de hablar, solo tienes que decírmelo…
-No.- contesto rápidamente,- Sigamos hablando. Entonces, según lo que me dices, el problema es… ¿Qué ya no atraes a las mujeres y solo puedes acostarte con una simple hibrida?
-¿Qué?- pregunte ofendido,- Claro que atraigo a la mujeres. Eso no ha cambiado. Cualquiera estaría dispuesta a costarse conmigo, al igual que antes. Soy yo el que me niego, aunque suene estúpido. Lo que pasa es que… no quiero meter en mi cama a otra que no sea la hibrida, ¿Entiendes?
-¿Tan buena es?- pregunto, con una mezcla de curiosidad y repulsión,- Porque tampoco es nada del otro mundo. Incluso Abrielle era mucho más hermosa que ella, y eso que me cae mucho peor que la hibrida. Debe de ser realmente buena en… la cama si estas tan obsesionado con ella de este modo. Aunque puedes omitir lo que hace, no quiero detalles.
-No es eso.- indiqué,- Ósea, ella es buena en la cama, pero tampoco es algo tan extremo como para que yo cambie de forma tan radical. Lo que hace ella lo podría hacer cualquier otra chica sin problemas. Lo que pasa es que cuando lo hace ella es… mejor. Me da más placer saber que es ella la que está conmigo que cualquier otra, aunque no tenga sentido. Cualquier vampira seria más atractiva que ella.
-Entiendo… aunque yo tampoco logro encontrarle sentido lógico. ¿Acaso la… quieres?- pregunto frunciendo el caño, sorprendida por su propio conclusión.
Yo me quede petrificado, algo aturdido por la cantidad de sandeces que había dicho. Claro que Renesmee era especial en la cama, sin duda alguna. Y era obvio que todas las vampiras eran más perfectas que ella, pero no más hermosas. Ninguna podía igualar el atractivo natural y humano que la Renesmee tenía. Ni de lejos. Pero no podía admitirlo. No podía permitir que Jane pensara que de verdad la quería. Se suponía que iba a omitir los datos importantes, y este era el más trascendental. Así que solté una corta carcajada y la mira con superioridad.
-Claro que no. ¿Cómo iba yo a querer a una débil hibrida?- dije, intentando parecer arrogante,- Eso es estúpido, ni siquiera lo contemples. Yo no siento nada por ella. Pero disfruto manteniendo relaciones con ella. Es así de simple. Es por eso que estoy confuso, hermana. Ella me da igual, sin embargo, la quiero solo para mí. ¿Entiendes?
Ella asintió, como si no lo comprendiera del todo. Y era normal, ni siquiera yo mismo creía que lo había dicho tuviera sentido alguno.
-Puede que lo que te pase es que estés obsesionado con ella porque nunca antes habías estado con una semi-vampira. Y la novedad hizo que tu instinto aflorara y quisieras conseguirla a toda costa. Además, cuando llegó ella no parecía la clase de chica que se deja flirtear fácilmente, o que es abierta para esto. Siempre estaba pensando en su perro. ¿Te costó mucho seducirla?
-Bueno, un poco, pero fue un juego divertido.- dije, y sonreí con malicia,- ¿Recuerdas la noche que vinieron los franceses, que ni ella ni yo estábamos en el castillo?- ella asintió,-Pues no estábamos porque yo me ofrecí para escoltarla en un paseo. Pensé que me costaría algo más poder conseguir mi fin, pero no fue así. Ella me suplicó que entráramos en un bar, y yo la acompañe. Bebió más de la cuenta, y cuando quise que parara, ya estaba completamente ebria. Ni siquiera tuve que planearlo, surgió solo.
-¿Y qué paso después?- pregunto ella,- No regresaste hasta el día siguiente por la mañana.
-Cuando quise que volviéramos al castillo, sabiendo que a Aro no le gustaría que su nueva invitada estuviera en este estado, fue ella misma la que me suplico que nos quedáramos en una habitación que tenía el bar en la planta de arriba. Yo sabía lo que quería, y pensé que sería una gran oportunidad para que mi misión tuviera éxito. Así que subimos.
-Bueno… entonces tampoco te costo tanto. No entiendo por qué dices que fue complicado.- añadió mi hermana.
-Es que no hicimos nada, Jane.- respondí,- Nada de nada.
-¿Qué?, ¿Por qué?- pregunto ella exaltada.
No podía decirle que no hicimos nada porque ella pensaba que yo era Jacob, y me sentí humillado. Seria patético. Tenía que pensar que había sido parte de mi juego. Entonces, las ideas vinieron a mi menté rápidamente.
-Porque obviamente, eso no sería un verdadero triunfo. Quiero decir que ella se habría acostado conmigo, pero estaba borracha. Lo hacía por desidia, por estar bajo su estado de embriaguez. No se enteraría, y no significaría nada para ella. Yo quería que sucumbiera a mí, y se diera cuenta de que era inferior y que yo tenía la capacidad e hacer lo que me placiera con su voluntad. Además, era muy desagradable estar con alguien que apestaba a alcohol. Así que quise esperar para que mi victoria personal fuera mayor.
-Entiendo, muy propio de ti. Pero… ¿Qué paso cuando despertó?, ¿Le contaste lo que me estas contando a mi?
-No, yo ya tenía un plan.- respondí con suficiencia,- Cuando despertó la dije que habíamos pasado una gran noche, y como no se acordaba de nada gracias a la ingesta de alcohol, se lo creyó. Eso me ayudo a ganar la batalla psicológica, y pensé que sería más fácil a partir de ahí volver a meterla en mi cama.
-Ya… ¿Y entonces?
-Todo se complico. Ella se marcho con Abrielle y el francés, y perdí la esperanza de que pudiera cumplir mi plan alguna vez. Y después ya sabes lo que paso, vino el perro y luego vino ella, y todo acabo con su ingreso en la guardia, y tuve esperanzas de que mi plan pudiera llevarse a cabo de nuevo. Entonces, fue ella misma la que me puso en bandeja lo que debía hacer. Estaba tan deprimida que me pidió ayuda para que la quitara el dolor y la ayudara a ser como yo, y lo hice, pensando en que si la ayudaba, ella confiaría en mí y finalmente, perecería a mis encantos…
-Un momento… - interrumpió ella absorta,- ¿Fuiste tú el que hizo que se comportara así?, ¿Tú la hiciste cambiar de forma tan radical?
-Bueno, la sangre humana ayudo mucho a decir verdad, pero sí. Comencé a comerle la cabeza, pensando que no funcionaria y así mantenerla entremetida y tenerla cerca, con la esperanza de poder meterla en mi cama pronto. Pero al final su estúpida mente acabo cediendo a mi chantaje, y una vez que ella dejo de sentir, lo de llevarla a la cama fue algo muy fácil. Ella misma se me dejo de una forma muy banal. Ella me llevo a su cuarto y…
-Ya… esos detalles puedes omitirlos,- suplicó,- Vale, comprendo la historia. Pero sigo sin captar porque estas deprimido. Al final lograste su propósito. Ella está a tus pies.
-Ella ahora me idolatra, pero está demasiado fuera de sí.- masculle,- No podía controlarla, así que he intentado que vuelva a ser como antes, aunque sea un poco. Así todo esto volverá a ser divertido. Tenerla todo el rato a mi disposición en cansado, a mi me gusta luchar. Además, ahora es muy posesiva conmigo, creo que le gusto o algo así.
-Eso es asqueroso.- replico ella, y algo dentro de mí se movió dolorosamente,- Que esa hibrida este tan obsesionada contigo es repulsivo. No dejes que se te acerque demasiado. Eso solo te debilitara y hará que acabes haciendo lo que ella te pida. Desde que Heidi la enseño a potenciar su físico, no hace otra cosa que zorrear con cada hombre que ve para que hagan lo que quiere. Y todos acaban por suplir a sus caprichos, lo que es penoso. No dejes que esa fulana te ordene nada, no dejes que te sobrepase.
-No soy tan idiota como el resto de los guardias, Jane. Tengo más fuerza de voluntad. Todo lo que ha pasado entre nosotros ha sido porque yo he querido, pero esto puede acabar en cuanto yo quiera. Y seguirás siendo así hasta que me aburra o encuentre a otra mujer con la que me resulte más fácil jugar. Ella no tiene tanto poder sobre mí.
-No la subestimes.- replicó en un siseo nervioso,- El otro día vi a Félix y a Demetri hablando sobre ella, y diciendo que harían lo que fuera por mantenerla contenta. Y no solo ellos, hay muchos más en la guardia que la desean. Y no son los únicos que han caído. Incluso Santiago. Antes incluso de que ella entrara oficialmente, le vi rondando por su habitación.
Todo lo que decía me reconcomía por dentro. Los celos me quemaban. Lo de Demetri y Félix ya lo sabía, yo misma me había encargado de que no se acercaran. Pero… ¿Santiago? Si era al más parado de toda la guardia. ¿Qué hacía rondando él por su habitación? Y lo más importante… ¿Por qué Jane se sentía especialmente molesta por ello?
-¿Incluso Santiago?- pregunte, y ella se sobresalto,- ¿Es qué esperabas que él no cayera? Sabes algo que yo no, ¿Hermana?
-Claro que no. Solo que él no es como los demás, y lo sabes. Creo que es el más sensible de todo el castillo, ni siquiera ser porque le permiten quedarse. Seguro que estaría mucho mejor con los come-animales de los Cullen. No se deja guiar por los instintos primarios como tú o los otros y por eso esperaba que él sería más maduro y no se dejara engañar por los vastos embelecos de esa niña malcriada.- respondió rápidamente, algo avergonzada,- Pero Santiago no importa, lo único que nos concierne es que no te dejes arrastrar por los trucos de esa prostituta. Así que déjate de juegos estúpidos, y estate alerta.
-Cómo echaba de menos estas charlas de hermanos tan gratas y amenas. Tus amenazas y advertencias son entrañables.- añadí, y eso pareció gustarla. Y era realmente verdad. Había llegado a la misma conclusión que yo; debía alejarme de Renesmee.
-Lo sé…- respondió ella sonriendo,- Yo también te echaba de menos.
Ambos sonreímos, y entonces recordé que había algo que no le había dicho y que podría ser importante. Era algo que me comprometía, pero que jugando bien mis cartas, no llamaría demasiado la atención.
-Jane, hay algo que no te he dicho aun, pero es bastante importante.- dije, y ella me miro un poco preocupada,-Le dije que la quería.
Ella me miro con la boca abierta durante unos instantes. Entreabrió los labios para intentar hablar, pero no dijo nada. Finalmente, pudo emitir una sola palabra con un tenue hilo de voz.
-¿Qué?
-Ósea, no es verdad ni nada de eso. Solo se lo dije porque sabía que yo le resultaba interesante, y quería poder manejarla más. Y tenía la esperanza de que una parte de su antiguo yo regresara. Pensé que aceptaría tener una relación como la tenía con Abrielle, en todos los aspectos, incluido el de no guardarla fidelidad siempre. Pero no se lo creyó, se rió de mí y me echó de su habitación.
-¿Esa ramera se ha reído de ti?,- pregunto ella molesta,- ¿Y no hiciste nada?
-¿Qué iba a hacer? Está claro que un no logre conquistarla del todo. Aun me quedan algunos ases en la manga para lograr que se subleve ante mí. Sí que me molesto, pero al final el paso de la culpa hará que se sienta mal y venga ella misma a excusarse. Estoy seguro. Vi su cara; y parecía algo arrepentida. Le conviene venir a disculparse si aun quiere que yo y ella hagamos…
-Vale.- interrumpió ella,- Me parece bien. Todo esto me parece descabellado, pero lo has compartido conmigo, lo que demuestra que confías en mí, así que dejare que hagas lo que quieras. Pero en serio te advierto, ten cuidado. No quiero volverte a ver con esa cara por culpa de esa repulsiva hibrida.
-No te preocupes. Lo importante es que ya está todo arreglado. Te avisare si pierdo el control y necesito tu ayuda.
-Yo puedo encargarme de ella si te sigue molestando.- prometió Jane, muy convencida,- En serio, no es molestia.
-No…- respondí, arrepintiéndome por dentro de cada falsa palabra que había dicho,- Prefiero encargarme de las cosas personalmente.
En ese momento me di cuenta de que tenía que aclarar las cosas con Renesmee. Por mi bien y por el suyo, Cuanto antes mejor.
Las lágrimas resbalaban fervientemente por mi rostro como finas gotas de fuego, quemando mis mejillas, sin que yo las detuviera. Cerré los ojos unos instantes, intentando apaciguar el dolor que sentía y me apoye en la pared para no caerme. ¿Cómo había podido ser tan estúpida?, ¿Cómo había podido observar la posibilidad de que él me quisiera? Todo había sido un juego. Apreté las manos, intentando detener un quejido que amenazaba con salir de mis labios y delatar mi presencia. Me mordí el labio, y más lágrimas se precipitaron por la superficie de mi piel. Me había mentido, engañado y aplastado, y yo había confiado en él como una tonta. Le odiaba, le odiaba con todas mis fuerzas. ¡Cómo había podido creer las cosas que me dijo! Debía haberle mirado a la cara y reconocer que no había pasado nada. Era una inútil, y no quería volver a verle. No quería explicaciones, solo que se pudiera con ese corazón frio que tenía en el pecho. Ahora sí que me daba asco por haberme acostado con él. No podía soportar que alguien así me hubiera tocado, besado y abrazado. Era repugnante.
No podía permanecer más tiempo aquí. Así que me di la vuelta y comencé a caminar lentamente hasta mi habitación queriendo estar lo más lejos posible de él. Queriendo aplazar nuestro próximo encuentro, sabiendo que era algo inevitable. Un mareo me embargo cuando había doblado la esquina. La sien me palpitaba dolorosamente, y las cosas comenzaban a verse borrosas. Los sonidos me llegaban alterados y lejanos, y todo me daba vueltas. Me detuve, intentando volver a tomar el control de la situación. Pero mi mente cada vez se embotaba más y no había nada que pudiera hacer para que parara.
Y entonces, todo se volvió negro.
Leed la nota esta vez, por favor. ¡Es importante!
¡Hola chicas!
Aquítenéis el último capítulo de la temporada. Honestamente, no tenía mucha idea de cómo cerrar la primera tanda de capítulos, pero el desmayo de Renesmee me pareció interesante. Esto quiere decir, que hare un descanso antes de seguir publicando, (si es que una semana se considera descanso), porque me voy a la costa y allí no podre publicar. Puede que pueda escribir en el hotel si me dejan llevarme mi portátil, pero subir los caps. Será más complicado, aunque si hay internet en las habitaciones, todo seguirá normal., y si no tendréis que esperar a que vuelva. ¡Sorry chicas! Aunque si comentáis mucho, subiré un capítulo antes de irme como despedida, (Que coste que me voy en 3 días). =) Aunque con este súper-largo tenéis para rato. ¡10 páginas! Lo siento mucho si me he pasado. He estado pensando… (Sí, eso es malo, muy malo ^.^) y bueno, veo que la historia es muy larga ya. Y según mis planes podría llegar hasta los 50 capítulos. Por eso, la pregunta es… ¿Queréis que continúe, o aceptáis el desmayo de Renesmee como un final original y definitivo? Por favor, responded a estas preguntas. No os llevara tiempo, y me ayudara a aclarar las cosas. La pista del siguiente cap.: Renesmee y su desmayo serán explicados, y todo se volverá aun más confuso. Además… Alec seguirá sufriendo, como siempre. Mi Twitter es: http://twitter.com/#!/Paula_Av2 Por si alguien quiere seguirme, yo también le seguiré a él/ella. ¡Gracias! Por favor, dejad comentarios diciéndome que os parece, ¿Sí? Porque cada vez que no comentáis, un pingüino es asesinado por la violación de un oso polar, y no queremos eso… ¿A qué no? En serio, no os cuesta nada, y le sacareis una sonrisa a estar chica que por cierto, acaba de tener un primito segundo y está muy feliz.
Comentad. =)!