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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 36

Cuando abrí los ojos, la luz artificial de la lámpara de la habitación me cegó momentáneamente, hiriendo mis sensibles pupilas, que habían estado sumidas en la oscuridad por un tiempo que desconocía. Era una sensación un tanto extraña, como si acabara de comenzar una nueva vida y estuviera totalmente desorientada, perdida en un mundo extraño. Quizás era lo mismo que sentían las personas cuando habían estado a punto de morir, lo que me desconcertó aun más. Esa fue la causa de que no me percatara del dolor físico que sentía hasta que pasaron unos segundos. Todo mi cuerpo estaba lastimado, como si una infinidad de moratones lo cubriera, o como si hubiera practicado algún deporte con mucha agresividad y cada musculo de mi cuerpo estuviera embotado y lleno de agujetas. Pero eso no era ni de lejos lo peor.

Lleve la mano lentamente hacia mi abdomen que estaba ligeramente hinchado. No era como cuando enfermaba de la tripa y el estomago se te llenaba de gases, que causaban dolor. Era como si una piedra estuviera encajada ahí, imperceptible a la vista. Quizás ni me habría percatado de ella si no me hubiera provocado estas desazones. Esta anomalía, que al tacto parecía dura y aislada, producía sensaciones contradictorias en mi; por una parte me saturaba el organismo, y hacía que me sintiera débil e hinchada, y por otra parte, incitaba en mí una sensación de hambre apabulladora. Era como si me pidiera a gritos la comida. Estaba revuelta. Aparte, sentía un leve mareo, que me incomodaba, y sentía la sangre palpitar en mi cabeza, como el dolor intermitente de una jaqueca. Intente levantarme, ayudándome con los brazos, pero fui incapaz. Deje escapar de mis labios un agudo y corto quejido de dolor, cerré los ojos para soportar el pinchazo que acababa de sentir en el vientre, y me lleve una mano a la espalda, que casi había crujido al soportar el esfuerzo de mi elevación.

-No debes levantarte… quizás te convendría no hacer esfuerzos de momento.- musitó una voz neutra a mi lado, que hizo que me envarara a pesar del dolor.

Me apoye en el cabecero y mire rápidamente en esa dirección, con los ojos brillantes y confusos. Sentí otra punzada cuando vi a Alec sentado a un sillón oscuro pegado a la pared, a unos metros de mí, y todos los recuerdos acerca de lo que había pasado antes de caer en la oscuridad me embargaron, aunque esta vez, el dolor inundo exclusivamente mi corazón. Tenía los brazos cruzados, y su cuerpo parecía estar realmente tenso debajo de su elegante traje. Me quede mirándole durante unos segundos, intentando entender lo que estaba pasando, pero él no permitió que tuviera contacto visual directo. Esquivaba mis miradas con ademán dolido, lo que me hizo sentir mal. Los recuerdos de la mofa que le había hecho a Alec inundaron mi mente, haciéndome sentir repentinamente arrepentida por lo que había ocurrido, y casi tuve ganas de levantarme a pesar del dolor y correr hacia él para abrazarle y pedirle disculpas. Pero casi instantemente, otros sentimientos contradictorias me invadieron con aun más fuerza.

Apreté la mandíbula al darme cuenta de lo que estaba pasando en realidad, al resonar todas las mentiras, engaños y juegos en los que él me había internado, humillándome. Me había tratado como una fulana, jugando con mis sentimientos a su antojo, y eso era algo por lo que debía pagar. Toda la rabia contenida provocó que mi cuerpo liberara adrenalina, y calmara bastante el dolor. Me sentía furiosa, y tenía ganas de matarlo de la forma más dolorosa posible. ¡Él no tenía derecho a jugar así conmigo! Y mucho menos a hacer que sintiera cosas por él, para luego dañarme. Era injusto. Todo esto formaba parte de algún malévolo plan suyo, y era posible que el dolor me lo hubiera causado él mismo. En ese momento no podía creer que yo hubiera podido llegar a sentir lástima o incluso amor y cariño por un ser tan rastrero como él. Me daba ganas de vomitar. Pero si de algo estaba segura era de que le obligaría a confesar, le haría cantar todo lo que me había hecho. No le pondría las cosas tan fáciles, debía explicarme todo. Todo. Para que se humillara. Era cierto que también me sentía herida y decepcionada por saber que él no sentía nada por mí. Y prefería mil veces la ira al dolor del corazón. Quizás debería aplazar lo de ser buena hasta que terminara esta conversación.

-Tienes razón. Gracias.- dije, intentando parecer serena, aunque me costó mucho. Tenía la necesidad de gritarle, pero debía permanecer calmada. Tenía que confesar.

-No hay de que…- contesto, y esta vez sí que me miro a los ojos,- ¿Cómo te encuentras?

Me mordí el labio, y después le dedique una tímida sonrisa.

-Bien, supongo. Me duele todo el cuerpo y no sé por qué, pero ya se me está pasando. La verdad es que estoy algo confusa, apenas recuerdo lo que paso. ¿Cómo llegue hasta mi habitación?- pregunte.

-Te traje yo. Venía hacia aquí, quería… hablar sobre lo que había pasado y… te encontré tirada en el suelo, inconsciente.- dijo, y pareció incluso preocupado. Era muy buen actor,- Apenas tenias pulso, pensé que estabas muerta. Pero entonces lograste murmurar algo entre dientes y comprendí que estabas bien. Así que te deje en tu cama y espere a que despertaras. Además tuviste algo de fiebre, creo. Pero la temperatura te bajo sola. No parabas de hablar en sueños, parecías… asustada.

Abrí los ojos preocupada. ¿Y si había dicho algo en sueños? Algo que le diera a entender que sabía todo sobre sus juegos. Frote mis manos temblorosas, sin importarme la razón por la cual había desfallecido. Al fin y al cabo, ¿Ya estaba bien, no? La causa no importaba. Probablemente había sido el disgusto o algo así, arraigado por el cansancio que había acumulado estas y ultimas semanas cuando me resistía a dormir. O el cambio de alimentación, o la no ingesta de comida humana. Podía haber sido cualquier cosa.

-¿Y que decía?- pregunte temblorosa.

-No pude entender nada, si te soy sincero,- dijo, y suspire aliviada,- Creo que repetías mucho la palabra oscuridad, o… decías juegos. La verdad es que nada tenía sentido. No sé qué te paso, pero si ya estas mejor, no hay de qué preocuparse.

-Estoy de acuerdo.- respondí entre dientes.

¡Cómo podía ser tan sumamente falso! A él le importaba bien poco si estuviera bien o mal. Pero tenía que aguantarme si quería humillarlo y hacerle hablar. Tomarle por sorpresa. Le sonreí aun más, y le mire con ojos adorables para compensar el tono de mi última frase. Él se encogió de hombros, y comprendí que aun estaba molesto por mi reacción ante su confesión. Tenía que ir despacio. En ese mismo momento observe como Alec se levantaba suavemente de su asintió. Caminó hacia mí, y cuando estuvo al lado de la cama, se sentó a la altura de mis pies. Me quede paralizada, sin tener la más mínima idea de cómo reaccionar su cercanía. Si había algo que él apreciaba aun más que la diversión de jugar con la gente, era ver que había ganado. Por un momento se me paso por la cabeza que quizás fuera hora de rendirse, y tal vez, solo tal vez; la pesadilla podría terminar. Pero no, quería hacerle sentir lo mismo que él me había hecho.

Acerco tímidamente una de sus manos hasta la mía, y lentamente entrelazo sus dedos con los míos. Y me puse rígida, pero supe reaccionar a tiempo, y le devolví el gesto de cariño, acariciando sus dedos con delicadeza. Me miro a los ojos, y fui incapaz de ver algo malo en ellos. Sus iris rojas eran tan trasparentes como un cristal. Un espejo con una nube negra de dolor a su alrededor. Un maldito espejo falso y encantador. Un espejo que mentía. Desee por un momento que el tiempo se parara, que yo pudiera olvidar todo lo que sabía y creer de nuevo en él, y en que podría seguir a su lado. Volver a tener fe en sus sentimientos. Pero eso era engañarme, y esos pensamientos se fueron tan pronto como habían venido. Tenía que ser fuerte, ya estaba harta de que siempre me tomaran el pelo.

Se inclino ligeramente hacia mí, y cuando me quise dar cuenta, ya tenía sus labios posados en los míos, moviéndose lentamente. Le devolví el beso, sin poder resistirme. Eran demasiado dulces y suaves. No podía hacer nada para que no me resultara placentero. Adoraba sus besos y sus labios, pero le odiaba a él. Deje que siguiera besándome, y tampoco puse objeción cuando sus manos acariciaron mi pelo, mi espalda y mi cintura. Adoraba sentir sus agiles dedos contorneando mi cuerpo. Tan duros y sensibles a la vez. ¿Cómo alguien que besa así puede tener intenciones tan malas?, ¿Cómo puede ser que no me quiera si sus besos son los más puros y agradables del mundo? En ese momento las lágrimas inundaron mis ojos, pero logre contenerlas a tiempo. No debía olvidar que para él todo esto no era más que una farsa. No sentía lo mismo que yo cuando nuestros labios jugaban entre ellos. No sentía nada. Nos separamos lentamente, pero él no se alejo mucho de mí. Apenas nos separaban unos 30 centímetros. Respire agitadamente, intentando recobrar el aliento, y él se limito a mirarme mientras me recobrara, sin necesidad de tomar una bocanada de aire.

-Leí la carta…- murmure, aun sin aliento,- Leí la carta que me dejaste porque me di cuenta de que algo te había herido de verdad, y en cuanto termine fui corriendo a arreglar las cosas contigo. Me había portado muy mal, pero tampoco sabía que hacer o cómo reaccionar. Estaba demasiado confusa por lo que me había pasado. No recordaba nada de nada, y tampoco podía creer haber cambiado tanto. Siento mucho haberme comportado así Alec. Estoy muy arrepentida por todo.

Le mire de reojo, y vi que su rostro reflejaba verdadera sorpresa. Abrió la boca para hablar, pero no emitió ningún sonido. Tuve que esperar unos instantes antes de que el contestara. Yo ya había dejado de resoplar.

-No puedo creer que te estés disculpando.- murmuro, aun absorto,- Pensé que la Renesmee nueva nunca se rebajaría a eso. Creí que… no lo harías. Tu nueva personalidad… como te enseñe a ser… no encaja, no entiendo… - parloteo perdido.

-La carta me hizo darme cuenta de lo que realmente soy.- respondí, mirándole con intensidad,- No sé porque la tenías tú pero, me has salvado. Por mucho que me enseñes, nunca sería capaz de ser así. Mi naturaleza es ser de otro modo, y no hay nada que pueda hacer. No sé porque lo hiciste, pero estoy en deuda contigo. Si tengo que vivir con el dolor, que así sea. Prefiero eso a seguir haciendo cosas deshonestas. Vuelvo a ser como antes , Alec, y estoy orgullosa de ello. No recuerdo que hice exactamente, pero no creo que sea nada bueno. Apenas logro recodar algunas fracciones de lo que pasó y… quisiera remediarlo.

-Comprendo… no esperaba que esa carta te pudiera ayudar tanto, pero me alegro de habértela dado. - dijo, y pareció algo más nervioso que antes.- ¿Qué es lo que recuerdas exactamente?

Medite unos segundos la respuesta, sabiendo que no debía pifiarla ahora. Todo iba muy bien de momento.

-Pues… recuerdo la comencé a beber sangre humana, y que tome tanta que me sentó mal. También algo de la misión, aunque resulta algo borrosa, tan solo me acuerdo de que te quedaste conmigo, y de que matamos a un bebe…- tragué saliva,- También que nos acostamos varias veces, y… que me porte como una fulana con todos, incluso con Jacob. Creo que vino y que… lo trate mal. Todo es demasiado confuso, y la mayoría de mis recuerdos están incompletos y resultan inciertos. ¿Hay algo más que deba saber aparte de lo nombrado? Que también sea importante, quiero decir.- pregunte, con la esperanza de que cayera y confesara todo.

-No, la verdad es que no. El resto fueron sucesos aislados que no tienen nada que ver. No te preocupes.- suspire, pero le sonreí encantadoramente.

-¿Estás seguro de que no hay nada que debas decirme?- repetí, esta vez poniendo más énfasis.

-No, ya te he dicho que no,- respondió, y negó con la cabeza,- Créeme, no ha pasado nada más que merezca la pena recordar.

-Genial.- respondí.

Estaba perdiendo la paciencia. ¡¿Por qué no hablaba?! Respire hondo para calmarme. Si no iba a confesar por las buenas, lo haría por las malas. No desistiría. Aunque esa aptitud me estaba revolviendo el estomago de nuevo; no podría soportar sus mentiras y embustes sin explotar por mucho tiempo más. Era insoportable e insultante.

-Alec, creo que ambos estamos de acuerdo en algo después de todo.- murmure, y él me miro fijamente,- Los dos teníamos intención de esclarecer las cosas desde el principio, aunque al final no pudo ser. Sé que quieres que esto se aclare, y yo ya dije que sentía haberme reído, pero me pillo desprevenida. Yo necesito solucionar esto, saber que es verdad y que no. No sé si disculparme o… dejarlo pasar. No alcanzo a comprender que fue lo que paso. Lo único que tengo claro es que… dijiste que me querías o que estabas enamorado, no sé si…

-Sí, lo dije. Eso fue lo que paso.- respondió él, sin vacilar y completamente seguro. Pensé que lo desmentiría,- Dije que estaba enamorado de ti, aunque no de la forma más adecuada. He de reconocer que pude haberlo dicho de otro modo más idónea.

-Ah…- murmure confusa,- Pero… ¿Era en serio?, ¿No es una broma o algo así?

-¿Crees que bromearía con algo así?- dijo, y sonrió cansinamente. "¡Claro que mentirías por algo así! No has hecho otra cosa desde que te conozco" Pensé, pero no lo dije en voz alta. Estaba furiosa por dentro.- No mentía, Renesmee. No planeaba decírtelo, pero se me escapo. Y es la pura realidad.

-Alec, no me lo creo.- respondí,- Mira… esta broma ha llegado demasiado lejos, y no quiero seguir con ella. Además, que sigas manteniéndola solo dificulta que resolvamos las cosas. Di la verdad ya, te juro que no me enfardare.

-La verdad es que te quiero.-sentencio. Por muchas veces que lo repitiera, no lograría creérmelo jamás. Ya se derrumbaría…- Yo nunca te diría algo tan serio si no fuera verdadero. Sabes lo mucho que me cuesta reconocer los sentimientos, y sabes también que quiero resolver esto. ¿Por qué iba a mentir?, ¿Qué ganaría siguiendo con lo tu llamas broma? He venido aquí a por una respuesta Renesmee, no a que dudes de lo que dije. Pensé que a estas alturas te lo habrías tomado en serio.

-Pues no, no lo creo. ¡No tiene sentido!, ¿Vale?- dije, cada vez más histérica,- Tu no me quieres, así que deja esto, por favor. No estoy para bromas. No hay nada que puedas decir que me haga cambiar de opinión.

-No me importa el tiempo que me llevé. Yo sé lo que siento, y te quiero. Y algún día lo creerás. Y aunque me cueste 100 años, hare que entiendas lo que siento.- dijo, y parecía desesperado.

En ese momento sentía nauseas. ¡No tenía ningún derecho a traficar así con sentimientos tan maravilloso como el amor! Odiaba como usaba ese tono, parecía tan real… tan vivo, era como si me lo estuviera jurando por su vida. Pero tenía que tener presente que eran mentiras, para que no me engañara más. Me costaba no renunciar a todo lo que decía, que era como agua fresca en un desierto. Tenía que recordarme constantemente que el agua cristalina y hermosa estaba cargada de veneno. Cómo me gustaría poder creerle… pero era incapaz.

-Alec, necesito que pares. No podemos perder más el tiempo con esto, ¿Entiendes?- suplique,- Me hace daño que me digas cosas así. Si dejaras de repetirlo, podríamos arreglar las cosas, podríamos volver a llevarnos bien. Pero si sigues con esta trola, jamás dejaremos de discutir.

-No voy a parar de decirlo porque es cierto. Renesmee…- dijo, y trato de cogerme de la mano, pero yo me sacudí,- Solo quiero que entiendas lo que siento por ti, comprendo que no me creas, porque yo nunca he sido la clase de personas que dicen esas cosas, pero tú me has hecho cambiar, y te quiero a ti, y también una respuesta.

-¡Basta ya!- grite a punto de estallar. Toda es mentira me ponía enferma,- Deja de decir cosas así, no te van nada. Esto ha llegado demasiado lejos.

-Aun no me has respondido a pesar de todo.- dijo con voz tenue,- Necesito saber que sientes por mí, ahora.

-No Alec, no voy a seguir tu broma. No voy a contestarte a esto. Quiero que acabe, no darte bola en el juego. ¡Quiero que pares ya!- grite agitada.

El se me quedo mirando firmemente, aun sentado a los pies de mi colchón. Tenía el atractivo rostro petrificado en unas facciones que reflejaban lo enervado que estaba. Parecía uno de esas estatuas de mármol que hay en los templos romanos, inalterables. Estaba adorable, y un mechón de pelo castaño le caía hacia delante. Nadie en su sano juicio le habría mirado a la cara y habría creído que mentía. Parecía un querubín del cielo. Clavo sus ojos en los míos con tanta intensidad que me dolió el corazón, y después suspiro.

-Te quiero.- fue lo único que dijo. Firme y claro. Y también fue lo único que necesite para estallar.

-¡Alec lo sé todo!- grite tan fuerte que me herí en la garganta. Las lágrimas empaparon mis ojos de la rabia contenida, y había pegado tal rebote del enfado que Alec se levanto de la cámara inmediatamente, mirándome con sorpresa. Respire de forma incontrolable, mirándole con odio.

-¿Sabes qué?- pregunto él alterado y confuso.

-Todo, lo sé todo. Lo que has hecho conmigo desde que llegué aquí. ¡Te escuche hablar con tu hermana!, ¿Como tienes la cara de venir aquí, decirme que me quieres y esperar que te crea? Eres un… ¡Eres un cabrón!- grite, cada vez más nerviosa. Había estallado a bomba.

-¿Qué?, ¿Cuándo?- pregunto él retrocediendo un paso atrás,- ¿La conversación que tuvimos antes de que te desmayaras? Yo, Renesmee…

-¡Tú nada!- chille de nuevo,- Iba a arreglar las cosas contigo, pensando que te había hecho daño, como una idiota. Me preocupe por ti, quería que no me odiaras, porque me importabas. Y escuche todo lo que decías sobre mi; lo de que estabas obsesionado conmigo porque era un esperpento extraño, lo de que odiabas acostarte solo conmigo, que Abrielle y todas eran mucho más hermosas que yo, que era imposible querer a una débil hibrida como yo porque era antinatural, que era estúpida, que me mentiste con lo que paso en el hostal, y que todo esto ha sido un juego. ¡Me has tratado como una puta, pero eso se acabo! Descubrí tus planes, y no voy a jugar más a esto. No seré nunca más una pieza de tus… paranoicos intentos de hacer tu vida menos miserable.

Él estaba como absorto, con la mandíbula desencajada. Intento acercarse a mí, pero gruñí y golpeé el aire, advirtiendo lo que pasaría si se acercaba. Estaba soltando todo, y me estaba quedando realmente a gusto.

-No es lo que crees…- suplico Alec, mirándome,- Lo único cierto era lo del hostal, pero lo hice porque no podía soportar que me hubieras ganado. Íbamos a hacerlo, pero entonces dijiste el nombre de Jacob, y no pude seguir. Te mentí porque en ese momento no sabía lo impórtate que eras para mí, pero te juro que el resto es mentira. Te quiero, y eres la más hermosa. Estar solo contigo es lo que más deseo en el mundo, y cuando te veía con otros… tenía ganas de morirme. ¡Le dije eso a mi hermana porque no podía contarle la verdad! Pero todo lo que siento por ti es cierto, Renesmee. Yo te amo…

Eso fue lo que hizo que me enfadara aun más, si es que era posible. Solté una tanda de improperios, gritando como una loca. Si no hubiera sido por el dolor de mi cuerpo me habría levantado y le habría ahorcado. No pare de chillar hasta que note que mi cuerpo flaqueaba de cansancio. No me había dado cuenta, pero llevaba soltando lágrimas desde que empecé a berrear. Alec había aguantado mis palabras callado, mirándome arrepentido y dolido a un par de metros de mi.

-Alec, tú no eres capaz de amar.- sentencie, segura de mis palabras,- No puedes sentir nada bueno, tu corazón está demasiado marchito. Es tarde para ti, y jamás podría creer que has llegado a sentir algo como el amor. Puede que si no hubiera escuchado la conversación, yo… habría podido creerte, aunque fuera por unos instantes. Pero no has hecho otra cosa desde que te conocí aparte de mentirme o engañarme, y por eso no puedo confiar en ti. Y jamás podre hacerlo. Deberíamos… olvidarnos el uno del otro. Hacer como que no existimos para el contrario, no creo que pueda volver a ser nada tuyo, ni siquiera tu amiga. Es probable que ahora mismo tu estés pensando que soy tonta por dar tantas explicaciones, pero… así me quedare tranquila tanto si es una broma o… no.

-¿Eso es lo que quieres?- pregunto, mirándome con los ojos vacios. Sentí un nudo en el estomago, pero no estaba arrepentida. Se lo merecía.

-Sí, es lo que quiero. Y ahora por favor, márchate. No quiero verte más. Espero que puedas ser feliz, o… al menos que vuelvas a tu vida de antes. Porque no creo que tú precisamente puedas vivir contento nunca. Al fin podrás volver a acostarte con todas las chicas que quieras sin miedo a que te descubra. Eres libre, y yo también. Hasta siempre.

-Adiós…- murmuro él, con apenas un susurro. Jamás le había escuchado hablar así.

Se dio la vuelta, y sin dignarse a mirarme otra vez salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente, como si no estuviera enfadado. Le escuche alejarse, lentamente, con pasos distantes y pacíficos. Ya estaba hecho… lo habíamos aclarado todo. Pero no me sentía bien para nada. Es más, estaba sumida de nuevo en esa espiral de dudas y confusión. ¿Es que nunca llegaría a ser feliz? Primero había perdido a mi familia, luego a Jacob, y ahora a Alec. Estaba claro que mi destino era estar sola o algo parecido.

No me cohibí, y llore todo lo necesario. El dolor fue regresando paulatinamente desde que Alec salió por la puerta, probablemente causado por mi cansancio y por el bajón de adrenalina después de la discusión. No mire el reloj, podrían haber pasado horas sin que me moviera de la cama. El tiempo ya daba igual. Quizás a esto se refirieron los vampiros antiguos cuando decían que el tiempo perdía el sentido. Me sentía vacía. Antes había tenido a Alec, aunque fuese en un juego. Ahora no me quedaba nada. Y tampoco tenía nada con lo que llenar mis días, así que… ¿Para qué darse prisa? Nadie me esperaba.

El dolor seguía intensificándose, aunque no llegó a alcanzar los niveles que había tenido antes, y mi temperatura se volvía a elevar. Tenía fiebre de nuevo. Mi piel irradiaba un calor abrasador, pero yo sentía un frio intenso. Decidí darme una ducha para bajar mi temperatura, así que camine hasta el baño sin coger la ropa, con calma. Moverme ya me costaba menos que antes, pero aun resultaba molesto. Me desnude lentamente, y por primera vez en semanas pude apreciar las heridas de guerra que tenía mi cuerpo. Vi otra mordedura de Alec al lado de la que me hizo en Francia. Sabía que era de él porque tenía exactamente la misma silueta de media luna que la otra, perfecta. También tenía algunos moratones en la parte interior de los muslos, y supuse que habían sido provocados por alguna frenética postura sexual que Alec y yo habríamos hecho. Preferí no pensar mucho en ello. Masajee mi cuello con las manos antes de meterme dentro de la bañera. Puse el agua lo más fría que podía soportar, y comencé a esparcírmela por el cuerpo.

Al principio resulto horrible, pero sabía que era por mi bien. Cuando me hube acostumbrado, comencé a recorrer mi cuerpo con una esponja llena de espuma. La pase por encima del bulto de mi tripa. Quizás fuera una hernia o algo así, o una inflamación por el estrés o los cambios de alimentación. O algún musculo montado por la caída. Ahora estaba más duro que antes, pero el agua helada apaciguo el dolor. Todo fue apacible y delicioso, hasta que un pinchazo hirió la parte delantera de mi cadera. Solté una exclamación de dolor, y mire abajo. Abrí los ojos como platos al ver en el agua una fina línea de sangre que bajaba desde mis genitales, recorriendo toda mi pierna y acababa en la superficie marmórea de la bañera. Retrocedí asustada, y salí de la bañera apresuradamente, sin ni siquiera cerrar el grifo. Estuve a punto de caer, pero logre agarrarme a un toallero de la pared. Agarre una toalla y me cubrí con ella, rezando porque todo esto fuera una pesadilla. Yo nunca había tenido la regla… ¿Era posible que fuera eso? El dolor, el mareo de la misión que yo pensaba que era por el humo, el bulto en la tripa… ¿Solo estaba con el periodo? Eso me acelero el corazón, porque era algo para lo que yo no estaba preparada. Mi abuelo me habría avisado si yo hubiera tenido la más mínima oportunidad de ovular del mismo modo que las humanas. Pero… ¿Qué otra cosa podía ser?

Entonces note otro pinchazo en la cadera, seguido por un golpe en mi tripa. Me quede blanca instantáneamente al dame cuenta de que el golpe venía de dentro. Me apoye en la pared para no caer, con la cara petrificada en una mueca de horror. Eso no era una hernia… ni tampoco era la regla. Nada de eso… Y de repente, todas las piezas del puzle encajaron.

¡Hola mis chicas!

¡Aquí estoy otra vez! Feliz y con ganas de escribir. Este capítulo lo escribí en un solo día, así que ya veis lo inspirada que estoy. Supongo que ya habréis llegado a la conclusión de que es lo que está pasando… aunque puede que el capítulo siguiente os sorpresa… ¡Mucho, mucho! Espero que os haya gustado, la verdad es que Alec y Renesmee nunca están tranquilos, siempre hay algo malo que pasa entre ambos. ¡Sera porque son unos pesados!, (O porque yo soy un poco sádica). Creo que este capítulo es más corto que los anteriores, pero bueno, no está mal. La pista del siguiente cap.: Psss… que puedo decir… pues que se sabrá lo que le pasa a Nessie y… JACOB Y ALEC. Na' ya no digo más. Mi Twitteres: http://twitter.com/#!/Paula_Av2 Por si alguien quiere seguirme, yo también le seguiré a él/ella, me aburro mucho y ahora me envicie a esta red social. Y otro favorcito; voy a recuperar un blog que tenía: , creo que cambiare, pero si lees y me decís que os parece me ayudaríais. Es que esta viejito y quiero cambiar cosas. =) ¡Gracias! Por favor, dejad comentarios diciéndome que os parece, ¿Sí? Porque cada vez que no comentáis, un mapachito pequeñito muere pisoteado por una jirafa loca y psicópata y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬

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