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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 37
Cuando abrí los ojos al día siguiente, fue como si estuviera flotando en una nube. A veces el cerebro se ve tan sobrecargado o agredido que no tiene otro remedio que estimular al cuerpo para que deje de sufrir, engañándolo y haciéndole creer que todo va bien, y entonces, las cosas comienzan a perder el sentido. Como si no estuvieras preparada para afrontar las circunstancias en las que estas, y tu sentido común supiera que necesitas unos instantes tranquilos antes de poder encarar lo que realmente está pasando. Es como si te encontraras en un remanso completo de paz, y todo pasara lento y aislado. Aunque esta paz, no dura para siempre. En algún momento tu mente te obliga a volver a la cruda realidad, sabiendo que tienes que reaccionar si quieres sobrevivir. Y tu corazón se ve inundado de nuevo por el dolor, sin que puedas hacer nada para evitarlo. A pesar de que sigues flotando en un mundanal de confusión.
Me levante lentamente, para apoyar la cabeza en el cabecero de la cama. Ya me sentía mucho mejor que ayer, al menos en lo que se refiere al dolor físico. Era cierto que me notaba cargada, y que aun me costaba ligeramente moverme, pero el malestar del vientre era casi inexistente, por lo que todo resultaba más que soportable. Me removí en las sabanas, intentando buscar una postura cómoda, pero lo único que note fue una especie de tela ligeramente áspera en la superficie de mis piernas. Mire por debajo de la manta, y comprobé que bajo mi cuerpo se extendía una toalla blanca, igual que la que había usado ayer para secarme. Recordé entonces que yo misma la había colocado allí anoche, temiendo volver a sangrar, como había pasado en la ducha. No quería que las sabanas se manchasen, y alguien se enterara de lo que estaba pasando. Sin embargo, la tela estaba totalmente limpia, y eso me alivio un poco; quizás eso del sangrado fuese algo aislado, e infrecuente. No me imaginó el peligro que correría si de pronto comenzara a perder sangre por esa zona estando rodeada de otros vampiros.
Después de ese recuerdo, mi mente logro ir reviviendo pausadamente lo que había pasado anoche. Cuando había llegado a la conclusión de que estaba embarazada, había estado a punto de desfallecer. Me maree aun más y tuve que sentarme un rato hasta que volví a calmarme. No paraba de temblar, tenía frio, y mi rostro se veía casi cristalino en el espejo de lo pálido que estaba. Después me limpie de arriba abajo, y me puse la ropa más cómoda que encontré: un pijama clarito y ancho, que me diera calor. Me tumbe en la cama, y permanecí mirando a la nada durante un tiempo que no supe determinar, intentando asimilar la noticia, y después, consumida por el cansancio, el desconcierto, el nerviosismo y la impotencia, no pude evitar entregarme al llanto como única fuente de alivio. Solloce en silencio hasta que el sueño me venció y me quede dormida aun con lágrimas en los ojos. Y no me desperté, a pesar de que mi sueño no fue nada apacible. El resto de la noche había sido acaecida por pesadillas horribles; soñaba que estaba caminando, y de repente comenzaba a sangrar como en la ducha, pero no paraba, y seguía perdiendo sangre hasta que moría, o soñaba que estaba durmiendo, y de repente despertaba dolorida con el estomago abierto, sangrante y con el bebe queriendo salir de mi brutalmente. Cosas horribles, que probablemente me habían hecho gemir en sueños, suplicando que pararan. Quizás esa fuera la razón por la que ahora me encontrara tan sedienta; la garganta estaba seca, y me pedía a gritos algo con lo que calmar su aridez.
Así que me levante como pude. Primero comprobé que tenía la suficiente estabilidad como para poder andar sin caerme, y cuando estuve segura de que era capaz de caminar, me dirigí al baño. Cuando llegué al espejo, tome un vaso que estaba en el lavabo y abrí el grifo, dejando correr el agua un rato para que estuviera fría. Después lo llene, y bebí todo el liquido cristalino de un solo golpe. Repetí de nuevo esta acción hasta que la tripa me dolió. Deje el baso en su sitio y me apoye con las manos en la superficie marmórea del lavamanos. Me mire de pasada en el espejo,pero no estuve mucho tiempo valorando mi aspecto; sabía que era enfermizo y apagado. Sabía que en algún momento yo debía enfrentarme a lo que estaba pasando, valorar las posibilidades, los pros y los contras y buscar una solución. Predecir cuál era mi futuro, y ver si aun tenía alguna posibilidad de sobrevivir. De queambossobreviviéramos. El castillo de los Vulturis no era precisamente un lugar ideal donde criar a un bebe. Ni siquiera sabía si le permitirían vivir. Pero aun estaba demasiado asustada, quizás en shock por la noticia. Yo no estaba preparada para esto, de eso estaba convencida, pero debía acarrear con las consecuencias de mi actos. En ese momento no estaba preparada para buscar una buena solución, así que decidí dar de lado esta cuestión; no quería concluir nada erróneo de lo que luego me arrepentiría.
Inconscientemente me llevé una mano a la parte baja del abdomen, donde estaba el bultito. Lo acaricie lentamente unos instantes, y vi que tenía un grosor considerable. ¿Cómo no me había dado cuenta? Tal vez porque no acostumbraba a tocarme la tripa, y como era casi imposible de ver a la vista si no sabías que estaba allí, no me fijé. Comprendí casi enseguida que el tamaño que tenía no era en absoluto el de una embarazada reciente. Así que comencé a contar.
En principio, todo habría indicado que el padre era Alec. Él había sido el único hombre con el que había mantenido relaciones, (al menos que me acordara), aunque la posibilidad de que me hubiera acostado con otro miembro de la guardia y este me hubiera embarazado era muy remota, también era posible. Pero como no lo recordaba con exactitud, ignore este hecho: debía centrarme en las realidades que sabía, no en suposiciones. En ese momento me sentía agradecida de que mi abuelo me hablara del peculiar embarazo de mi madre, por muy desagradable que hubiera resultado en su momento. Cuando le pregunte por eso, quería saber exactamente por lo que mi madre había pasado, para agradecérselo algún día. Carlisle había aclarado que el embarazo de Bella había tenido las mismas etapas y transiciones que las de uno humano, solo que habían ido ocurriendo de una forma mucho más rápida, acompasándome con mi crecimiento. Con este conocimiento, había elaborado una tabla de proporciones con las medidas de las tripas de las embarazadas humanas según iban pasando los meses, lo que le permitía saber no solo en qué etapa del embarazo se encontraba ya, sino también cuando había sido engendrado el niño. Fue así como logro calcular el día de mi nacimiento aproximadamente. Por suerte para mi, aun recordaba algunas de las medidas y eso podía ayudarme a calcular el día que había concebido al bebe. Era consciente de que un test de embarazo sería mucho más fácil, pero no podía llamar la atención.
Salí del baño para buscar algo con lo que medir el contorno de mi vientre. Busque a tientas por todos los cajones, histérica y emocionada. Tanto que olvide los dolores y las dificultades motoras. Después de unos minutos de indagación, logre dar con un pequeño set de costura. Recuerdo que Heidi lo uso un día para arreglarme un vestido que me quedaba algo grande de pecho. Lo abrí, esperando encontrar algo útil dentro, y por primera vez en mucho tiempo, la suerte me sonrió. Había un pequeño metro amarillo de costura, ideal para lo que quería hacer. Lo saque de la caja, medio histérica, con las manos temblorosas, me levante un poco la camiseta del pijama y comencé a enrollarlo alrededor de mi. Según mi tía Alice, cuando encargaba vestidos a medida, mi tripa solía medir como 65 centímetros, y mi cadera como un poco menos de 90. Cuando estuvo bien colocado, observe el resultado atónita. Hice cálculos mentalmente, y repetí la operación para saber con certeza que era el número correcto. El resultado me aterró de tal manera que repetí la operación, esperando que hubiera sido un error. Sume con los dedos, una y otra vez, respirando con dificultad. Pero no podía seguir negándolo. El número final no estaba errado. Esa era la respuesta correcta. Y no me gustaba para nada.
Los cálculos decían que mi tripa era igual que una embarazada de al menos 3 meses, porque el bulto solo me había hecho aumentar unos pocos centímetros de contorno, y la tripa solo se notaba a partir de ese tiempo, al menos. Era obvio que mi cuerpo era más resistente que el de mi madre cuando estaba encinta, porque tenía más resistencia vampírica al bebe, así que en teoría mi embarazo debía ser más lento. Sí era más lento, y haciendo más o menos un cálculo proporcional a la velocidad de gestación de mi madre y la de una humana, esto indicaba, que los tres meses de embarazo se habían desarrollado es mucho más tiempo que ella. Lo mínimo tres semanas, y como mucho un mes. En principio la conclusión de parecía superficialmente mala, pero todo cobraba sentido si sabía que había ingresado en la guardia justo en la mitad de las fechas de la aproximación: ósea, hacia 22 días exactamente. Y… ¿Qué había pasado el primer día que había pasado la noche aquí como miembro oficial de la guardia? El cuerpo se me revolvió de solo pensarlo: acostarme con Jacob. Sí, había tenido relaciones con él antes de que se fuera. Sin embargo, cinco días después, había sucumbido a los encantos de Alec, y había acabado en su cama. Y ni siquiera era la primera vez, porque a este encuentro lo habían seguido muchos otros. Esta resolución no cabía en mis conclusiones, pero estaba tan cerca del límite, que fue imposible no incluirla en mis posibilidades. Había tan poca diferencia que… era imposible saber quién era el padre.
Me dio un ataque de ansiedad, y comencé a temblar. Las lágrimas no acudían a mis ojos, tal vez porque estaban agotadas, o quizás porque sabía que no valdrían para nada. Me deje caer en la cama, hasta quedar sentada en el borde, y agarre mis manos con fuerza, para intentar calmarme. Me costaba mucho trabajo respirar, y era como si mi estomago fuses un agujero negro. Y es que sabía que esto dejaba a ambos en el mismo umbral de posibilidades: sí, Jacob encajaba mejor en mis fechas, pero Alec había tenido más encuentros conmigo, y por tanto, más posibilidades de inseminarme. Esto no era una ciencia cierta… era imposible de saber con certeza. Esta idea me aterró aun más; nunca antes había pesando en quien podía ser el padre, ni siquiera había dado por hecho que fuera de Alec, simplemente había ignorado esta situación. Puede que fuera porque si el bebe nacía, Alec no sería al padre de ningún modo, ya que no lo permitiría, y si era de Jacob, el jamás lo sabría, porque estaba recluida aquí, y era probable que después de cómo le habría tratado, no quisiera saber nada de mí. El bebe ya era huérfano de padre y ni siquiera había nacido. Pero esto cambiaba las cosas. Nunca había imaginado tener duda en esto. Como si lo del embarazo no fuera ya suficiente problemático.
Pero no me dio tiempo a pensar más, ya que en ese mismo momento, alguien llamo a mi puerta un par de veces. Me sobresalte, porque no había estado atenta y no me había dado cuenta de que alguien se acercaba. Estaba tan confundida que no pude evitar murmurar un aliciente para que el o la que esperaba pasara, como si hubiera sido un antirreflejo de educación. Me arrepentí enseguida, pero cuando el visitante asomo la cabeza por detrás de la puerta, me di cuenta de que quizás era la persona que más necesitaba ver en estos momentos.
-¿Puedo pasar?- pregunto Santiago con voz tenue, algo cohibido,- Si lo prefieres puedo volver en otro momento.
-¡No!- me apresure a contestar. Casi suplicante,- Adelante, por favor.
Él aludido sintió, entró dentro y cerró la puerta tras de sí. Tenía un paquete bajo el brazo, pero aun seguía tan desconcertada y tan entumecida que no pude adivinar de qué se trataba por el olor. Camino hasta quedar unos metros de mí, y pareció indeciso de que hacer a continuación, así que di unos golpecitos al colchón y el entendió mi mensaje a la primera: se sentó a mi lado en la cama.
-¿Cómo te encuentras?- preguntó. Sabía que mi estado deplorable era notorio por el mal estado en el que estaba mi cuerpo.
-Bueno, ya voy mejor.- dije, intentando parecer verdadera. E incluso sonreí. No iba a decirle nada del embarazo, eso seguro,- Recuperándome del desmayo que me dio. Solo espero que no se repita, aun me siento muy débil.
-Supongo que son buenas noticias. Me alegro que ya estés un poco mejor. Sabía que tanto cambio y tanto comportamiento extraño al final traerían consecuencias. Estabas tan extraña, que supuse que no tardarías mucho tiempo en que esto pasara. Maltratabas tu cuerpo con todo lo que hacías intentando seguir el ritmo de un vampiro completo. Llegué a temer por tu vida, y Heidi también. Intente advertirte, pero cada vez que me acercaba me proponías sexo o me ladrabas para que me marchara.- dijo, y no pudo evitar una carcajada cuando dijo lo último.
-Yo, en cuanto a eso…- musite, avergonzada. ¡Él era uno de mis mejores amigos aquí!, ¿Cómo le había podido tratar así? Tenía que disculparme,- Lo siento mucho. No era yo, de verdad. Estaba como ida, y me arrepiento mucho. Ojala pudiera cambiarlo, lamento todo lo dije. Nada era de verdad, lo retiro… estoy tan avergonzada, espero que algún día puedas perdonarme.
-¡Oh¡ No te preocupes, estas más que perdonada.- dijo, seguro de sí mismo, lo que me alivio,- ¿Ósea que lo del sexo ya no sigue en pie?- Yo me limite a mirarle boquiabierta, sin poder creer lo que decía. Hasta que el soltó otra risa,- ¡Era broma Renesmee!
-Pues no era nada gracioso…- respondí, conteniendo una sonrisa, aunque al final no pude evitar reír con él. Tenía que reconocer quebromear en estos momentos me había aliviado un poco. Las cosas con humor son más fáciles,- Me has asustado. ¿No te da vergüenza reírte así de una chica que está enferma y frágil?
-No mucho la verdad…- admitió él guiñándome un ojo. Después meditó pensativo algo unos segundos y me tendió el paquete misterioso que llevaba en las manos,- Casi se me olvida, te he traído algo que creo que te ayudara…
Le mire sorprendida, pero tome el paquete que me ofrecía. Le dedique una mirada de agradecimiento, y rompí el envoltorio de papel marrón. Sonreí al ver lo que era, algo anonadada; se trataba de una botellita de sangre, y pude adivinar que era animal, por el color. Eso era genial, porque quería empezar a purgarme lo antes posible, para que no quedara ni rastro de la sangre humana en mi organismo. Pero había otra cosa. Era una caja de bombones de color dorado, con unos lazos rojos envolviéndola. Tenía al menos una treintena de bombones dentro, todos ellos con forma de un jugoso corazón. Sin embargo, este presente no me agrado tanto como el otro, y es que no era la primera vez que había visto. Y la sonrisa se borro de mi casa.
Hacia unos días, casi una semana, cuando Alec y yo estábamos como en una medio relación amorosa-sexual, habíamos salido a dar un paseo. La cosa se había calentado allí mismo, y ambos comprendimos que queríamos algo más que besos y caricias, así que corrimos al castillo, porque yo no quería hacerlo fuera. Justo cuando volvíamos, pasamos por el escaparate de una tienda de dulces, y yo me detuve porque el chocolate siempre me había gustado mucho, y a veces lo había usado para hacer los juegos preliminares más divertidos y dulces con Jacob. Tarde unos segundos en entender que con Alec esto no valdría, ya que probablemente, el chocolate le sabría a barro o algo así. Pero él se dio cuenta de que me había quedado quieta antes de que pudiera ponerme en marcha de nuevo, así que se detuvo a mi lado y me pregunto si me gustaba. Yo le dije que sí, que me encantaba el chocolate con leche, y bromee con que este dulce era un sustituto del sexo. Él río, y dijo que entonces no me hacía ninguna falta. Y después nos fuimos al castillo, y acabamos en su habitación.
Sabía que todo esto era demasiada casualidad, y que era casi imposible que Santiago hubiera comprado por mero instinto la caja de bombones que Alec y yo vimos aquella vez. Lo que significaba, que era Alec el que me la había enviado utilizando a mi amigo como mensajero. Eso me enfado, no solo porque ya le había dicho a Alec que no quería nada más con él, y había tenido la impresión de que le había quedado claro. También me sentía traicionada por Santiago, porque parecía que había elegido un bando, y no era el mío. Aunque luego recordé que no tenía la culpa de nada, porque era probable que ignorara todo lo que estaba pasando, así que me relaje.
-Te agradezco mucho que te hayas molestado en traerme esto…- murmure, y por mi tono de voz, él intuyo que algo no iba bien,- Pero necesito que me contestes a algo con sinceridad.
-Claro, dime.- respondió seguro.
-¿Alec te pidió que me trajeras eso, verdad?, ¿Te usó de mensajero?- estaba convencida de que era así, pero quería que él me lo dijera, poder escucharlo de sus propios labios,- Dime la verdad.
Él suspiro, como si se sintiera decepcionado. Quizás tenía la esperanza de que yo no me diera cuenta, y se sintiera mal por no haber podido llevar el encargo de Alec de la forma correcta. En ese momento me sentía algo mal; le estábamos metiendo en esto y no tenía la culpa de nada.
-Sí, él me pidió que te lo diera…- dijo, e hizo un gesto para que me callara cuando iba a reprocharle,- Mira Renesmee, tú ya sabes que no me llevo nada bien con él. Le conozco desde hace siglos, y a pesar de eso yo te aprecio más a ti. Pero le vi tan… desesperado que no pude decirle que no. Me lo pidió por favor, ¡¿Tú sabes lo que significa eso viniendo de él?! Siempre me ha considerado escoria, ¿Entiendes? Tiene que estar fatal como para arrastrarse de tal modo.
-Es buen actor.- murmure, algo aturdida por sus palabras. ¿De verdad lo estaba pasando tan mal? No, eso era imposible.
-No creo que actuara, Renesmee.- insistió él, bastante seguro,- Estaba como deprimido, parecía que nada le importara. Estaba tan aturdido que creyó que no te darías de que era de su parte si yo te daba esa caja de bombones en su lugar. Se veía tan preocupado, él me dijo que no te lo dijera, pero la noche pasada estuvo rondando por los pasillos que dan a tu habitación, y dice que te escucho gritar y sollozar, como si te pasara algo. Me pidió que viera si estabas bien, porque sabía que no querías verle, y quería mantener su promesa de darte espacio. No sé lo que hay entre vosotros, pero sé que ahora tenéis problemas. Y te aseguro que nunca había visto a Alec así, y ni siquiera lo aguanto.
Yo no respondí instantáneamente. Me quede mirando el dorado envoltorio de los bombones, pasando mis dedos por su superficie un par de veces. Era posible que Santiago estuviera diciendo la verdad, al fin y al cabo era cierto que no se aguantaban. Pero me resultaba tan inaudito que no sabía que creer. Se me hacía tan dolorosa la idea de que Alec estuviera así por algo que yo le había ordenador, que tampoco quería ser tan brusca con él. Sabía lo que había hecho, pero al parecer, ya estaba pagando por ello.
-Dale las gracias de mi parte.- dije finalmente, lo que pareció sorprender bastante a Santiago,- Dile que agradezco el regalo, pero que de ahora en adelante preferiría que no volviera a pasar. Dile también que no se preocupe por mí, que estoy bien. Que los sollozos eran por pesadillas, pero que se me pasaran. Y que si preciso algo, hay muchas otras personas en las que puedo confiar para pedir ayuda aparte de él.
-De acuerdo…- contesto un poco anonadado,- Se lo diré. No sé lo que te habrá hecho, ni tampoco que ha pasado, y no quiero que me lo cuentes. Pero a juzgar por la magnitud del problema que creo que tenéis, te estás portando de una manera muy adulta. Espero que todo se solucione pronto.
-Ya somos dos...- respondí, quejumbrosa.
Permanecimosen silencio casi un minuto. La imagen de Alec, mirando a la nada, sumido en la oscuridad no abandono mi mente ni un instante en ese tiempo. Pero entonces note una mano en mi hombro, y logre salir del trance.
-Tengo que irme… llámame si me necesites. Cuando sea, vendré.- me prometió.
-Claro, muchas gracias por todo.- respondí realmente agradecida, y él se levanto.
-¡Ah! Por cierto, Aro me pidió que te avisara de que dentro de unos días vendrán unos nuevos miembros a la guardia. Quiere que te diga que intentes estar repuesta para entonces, y que te recuperes lo mejor posible.- añadió, ya abriendo la puerta.
-Claro, lo intentare. Dile que agradezco mucho sus buenos deseos.- dije, aunque nada era cierto. Ese viejo decrepito podía meterse sus buenas intenciones por donde quisiera.
Después el asintió, me sonrió y desapareció por la puerta. Yo me deje caer en la cama, extendiendo las manos, sin saber si ahora tenía un peso menos o una más sobre la espalda. Pero no quería pensar más por ese día. Desde que estaba aquí no había hecho otra cosa. Tenía derecho a tomarme un día tranquilo, por mi y por el bebe. Bastante estrés había vivido ya, y ni siquiera tenía la culpa de nada. Él sí que era una víctima inocente. O ella. ¿De qué serviría preocuparme ahora? El problema estaba ahí, y no había modo de zanjarlo. Ya pensaría en como disimular más adelante. Tendría tiempo más que de sobra para inquietarme. Y además tenía que dejar de llamar a mi bebe "problema". Aunque de momento no tenía otro nombre, no era justo para él. O para ella. ¿Me pregunto qué sería? Aunque no puedo imagíname su aspecto porque el padre podía ser un vampiro o un lobo, era obvio que si que tendría sexo femenino o masculino. Aunque… ¿Y eso que más daba ahora? Ya lo gestionaría cuando llegara el momento. Ninguno de los posibles padres iba a ayudarme, así que no podía esperar refuerzos. Ahora mismo lo único que tenía claro era que esto tenía que ser un secreto. Por mi bien, y por el del bebe.
Suspire, y subí para arriba. Me apoye en el cabecero, para poder comer estando en la cama, y bebí un poco de la botella de sangre. Tenía que reconocer que estaba asquerosa en comparación con la humana, pero me daba igual. Volvería a acostumbrarme. Después tome un bombón, y me lo metí en la boca. Estaba delicioso, y el chocolate con leche se deshizo en mi lengua, lentamente, dulce como la miel. Sonreí; nunca antes había disfrutado tanto de tomar azúcar. Supongo que el embarazo ya estaba haciendo mella en mi alimentación.
Me metí otro bombón en la boca, y entonces olvide todo lo que estaba pasando. Era algoque necesitaba, y que me merecía, supuse. Ya volvería a la dolorosa realidad al día siguiente. Esto era algo maravilloso, y sabía que el bebe también le gustaba. Aunque fuera solo por un día.
Pero lo que yo no sabía, era que pronto tendría que pagar un alto precio por aquel descanso.
¡Hola chicas!
¡Aquí está el capítulo! Creo que nunca escribir uno tan rápido, pero esta mañana estaba motivada y lo termine en menos de dos horas. Espero que os guste, la verdad es que lo que le pasa a Ness es… pues un buen marrón, la verdad. Porque como tengo un hijo de Alec, se lía, pero como sea de Jacob, se lía aun más… ¡WOW! La pista del siguiente cap.: Ummm… pues que habrá muchos problemas, solo os digo que los hijos de la luna son MUY vengativos. Mi Twitteres ese, por si alguien quiere seguirme, yo también le seguiré a él/ella, me aburro mucho y ahora me envicie a esta red social àhttp://twitter.com/#!/Paula_Av2 Y también preguntaros una cosa… ¿De quien queréis que sea el hijo? ¡Eh! ¿O de quien creéis que será? =) Vuestra opinión es muy importante para mí, así decirme que pasa por esas cabecitas vuestras. Y otro favorcito; ya publiqué el capítulo de "El diario de Rebeca" renovado, y me gustaría que pasarais, es bien cortito además: http://amoradosbandas-rebeca.blogspot.com/ Y ya si me decís que os parece, mucho mejor. Próximo capítulo pronto, eso sí, si dejáis comentarios, **porque cada vez que no comentáis…**una foca es asesinada por un canadiense sin piedad, y luego la madre de la foca se come al canadiense con patatas y pimienta, y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬ ¡Y comentad! Vosotras podéis salvar a Ness de tener un hijo con… chan chan chan!
Comentad. =)!