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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 38

Ya habían pasado dos días desde que había descubierto que estaba embarazada. No había salido de la habitación para nada, y fue algo que a nadie le extraño. Todos pensaban que me estaba reponiendo del desmayo que tuve, y que necesitaba descansar para poder asistir al ingreso en la guardia de los nuevos miembros que Santiago había mencionado. Era genial no tener que dar explicaciones; eso solo lo habría complicado aun más. Y todo ya era demasiado difícil como para añadir más obstáculos. Santiago siguió trayéndome comida y sangre un par de veces por día, aunque no volvió a entregarme nada de Alec, al menos que me diera cuenta. Tampoco volvió a mencionarlo, y fue algo que agradecí. Sentirme culpable por Alec no me ayudaría a olvidarlo. Me pregunte mentalmente si le habría dicho él lo que yo le había contado en su primera visita, mi reacción ante su regalo. Pero no tuve el valor de preguntárselo en voz alta, así que lo deje pasar. Tampoco es que hiciera muchas cosas cuando estaba sola en mi habitación, principalmente era algo como: Comer, dormir y pensar. No tenía ánimos para nada más.

El dolor había remitido. No estaba bien del todo, ni de lejos, pero cada vez resultaba más soportable. Solo aumentaba el malestar cuando hacía algún esfuerzo físico, por pequeño que fuera. Supongo que también estaba arraigado por mi estrés y ansiedad mental. Sabía que no era bueno para el bebe, y era por eso que intentaba calmarme. Aunque con todas estas circunstancias, resultaba casi imposible. El sangrado solo se había repetido una vez. También en la ducha. Quizás solo pasaba cuando mi temperatura cambiaba repentinamente por el agua. Así que evite los cambios bruscos.

Después del día de paz, había intentado hacerme a la idea de que iba a tener un bebe. Sabía que seguir construyendo castillos en el aire para ignorar la realidad era inútil. Era cierto que olvidarse de las preocupaciones era agradable, pero sino intentaba buscar una solución ahora, al final sería demasiado tarde para reaccionar. Todo esto era muy duro para mí. Comprender que ser madre iba a ser una realidad era algo que me costaba mucho esfuerzo asimilar. Yo nunca había valorado esa idea, principalmente porque nunca había sabido que yo era capaz de concebir un hijo. Y no solo estaba el hecho de ser madre, también ignoraba la identidad del padre, y como guinda final, estaba encerrada en un castillo con asesinos lunáticos y peligrosos. Y aunque lo principal era la salud del bebe, no podía evitar abrumarme con todas las dificultades. ¿De verdad habría una solución, o todo este razonamiento era una conducta inútil? Quizás solo estuviera dando golpes de ciego. Con solo pensar que esto podría ser cierto, se me quitaban todas las ganas de seguir pensando; era por ello que intentaba ignorar esta posibilidad; si perdía la esperanza, lo perdería todo. Y mi bebe también.

¿Pero qué otra opción nos quedaba? Por mucho que pensara, sabía que no podría ocultar mi estado durante mucho tiempo. Tendría que dar explicaciones de porque estaba tan débil, o de porque siempre estaba mareada. Y eso por no hablar de la enorme tripa que me saldría en cuanto el embarazo estuviera un poco más avanzado. Bastaría que Aro me tocara la mano una sola vez para que todo se derrumbase. Un solo contacto para que perdiera todo. Un roce para que fuera consciente de que mi lealtad había acabado y de que además, estaba encinta. No quería ni pensar que haría con mi hijo. Pero estaba segura de que no sería indiferente. Quizás Aro hiciese dolorosos experimentos con él, cegado por su curiosidad insana, o tal vez intentase educarlo para que fuera como ellos. Convertirlo es una máquina de matar. Eso si tenía la suerte de que no lo mataban por creerlo peligroso, como casi habían hecho conmigo. Y si encima Jacob llegaba a ser el padre… el bebe tendría un futuro aun más negro. Estaba claro que permanecer en Volterra no era una opción viable. Tenía que salir de allí.

El problema era, ¿Cómo? Había guardias en todas las puertas, todos estaban pendientes de mí y la vigilancia era extrema. Y si con un poco de suerte, lograba llegar hasta fuera de la ciudad, no tardarían mucho en cogerme. No podía correr demasiado con el dolor. Tampoco tenía un lugar a donde ir; aunque estaba claro que cualquier sitio sería mejor que esto. Podría ir con mi familia; quizás aun me esperaban. Pero eso les podría en peligro. ¿Con Jacob? No querría ni verme después de todo. ¿Otro clan? No, nadie me aceptaría si conmigo traía una condena de los Vulturis. Eso les condenaría a ellos instantáneamente. No tenía salida. Estaba perdida.

En ese momento note un golpecito en la tripa. Me sobresalte y solté un jadeo, pero rápidamente pose la mano sobre mi vientre, intentando calmarlo. No era la primera vez que me pasaba. Cada vez que me estresaba demasiado, me desesperaba, o sentía algún miedo, el bebe también lo sufría. Y se ponía mal. Y yo no quería que le pasase eso. Daria mi vida por salvarlo, y saber que yo misma le hería era algo insoportable. Pero yo sabía muy bien que le tranquilizaba.

Abrí el cajón de la mesita de noche, y extraje la caja de bombones de su interior. La abrí con delicadeza, sonriendo y observe con cautela el ultimo pedacito de chocolate que había en su interior. No me lo había comido porque me daba pena, pero había llegado el momento de terminarla. Tome el bomboncito de corazón con la mano, y cuando mis dedos tocaron su dulce superficie, pude comprobar que estaba un poco derretido por el calor. La piel de mis dedos se mancho un poco de cacao, pero fui capaz de llevármelo a la boca sin marchar nada más. Lo mastique lentamente, disfrutándolo, y después relamí mis dedos hasta que quedaron impolutos. Sí, todo estaba mucho mejor.

En ese mismo momento escuche un fuerte ruido. Me amedrente, e instintivamente me puse de pie. Había sido como si algo enorme hubiera caído, algo como de madera. Olfatee el aire un par de veces. Nada. Volví a escuchar otro ruido, aunque esta vez mucho más cerca, y con un ligero tono metálico. Quizás alguien había tirado alguna de los candelabros fogosos que estaban en las paredes. Pero… ¿Quién? Todo esto era muy extraño. Mire al reloj; eran casi las doce de la noche. Esto me sorprendió, ya que desde la noticia, había ignorado su paso por completo. Podríamos haber estado a las doce de la mañana, y yo ni saberlo. Camine hasta la puerta cautelosamente, y volví a escuchar otro ruido, esta vez un poco más seco. Como el choque de dos piedras. Podría no ser nada, pero preferí no arriesgarme. Fuera lo que fuera lo que estaba pasando, se acercaba a mí. Quedarse sería una estupidez, además, no podía defenderme sola. Necesitaba aliarme con alguien cuanto antes si era necesario. ¿Dónde estaba Santiago cuando lo necesitaba?

Corrí hasta el armario, desvistiéndome por el camino. Tire mi pijama al suelo, y rápidamente me puse la primera ropa que encontré. Eran unos pantalones negros elásticos, unas botas altas de tela fuerte, y arriba, una camiseta básica y una sudadera oscura para protegerme del frio. Me alise el pelo con los dedos, sabiendo que daba igual lo que hiciera; seguiría teniendo un aspecto horrible. Mientras me vestía, los ruidos habían aumentado, y ya casi ni se distinguían entre sí. Parecía una orquesta siniestra de destrucción. Tenía que darme prisa. En cuanto terminé, agarre el pomo de la puerta y la abrí lentamente, para ver que no había nadie. Y efectivamente, el pasillo estaba vacio. Salí de mi cuarto, con precaución. Los ruidos eran más fuertes, y también podía escuchar algunas voces distorsionadas. ¿Qué estaba pasando?

Me sentía impotente, y mire para todos lados. En ese momento volví a notar como el bebe me daba una patada. Quizás había notado lo nerviosa que estaba, pero no había tiempo para calmarle, así que acaricie una vez el bultito, mordiéndome el labio, y después comencé a correr por al camino que yo creía más seguro. Comprobé cual era la razón de todos esos estridentes ruidos: en el suelo había un montón de piedras rotas desprendidas de las paredes, la mayoría de los candelabros estaban abollados tirados entre los escombros, y había algunas llamas tintineando por los rincones. ¿Fuego? La sola idea me asusto. Me fije en las llamas, y me di cuenta de que había algo ardiendo dentro. Tenía forme humana, aunque tenía demasiado pelo, o eso cría… El fuego había hecho sus estragos. Parecía un cadáver achicharrado, aunque algunas de sus extremidades le faltaban, la cabeza incluida. Y su morfología no era normal. Tragué saliva asustada, y seguí caminando. Esto era como una pesadilla. Algo grave estaba pasando si el castillo había sucumbido a este caos. Intentaba huir de los ruidos, pero comenzaban a ser tan apabullantes que me di cuenta de que venían de todos los lados. Daríaigual la dirección que tomara; lo que había asaltado el castillo me atraparía. No fui capaz de quedarme quieta; esperar a la muerte sin hacer nada no era mi estilo. Lucharía hasta al final, aunque solo fuera por el bebe. No se merecía morir así. Así que continúe caminando, aunque esta vez con un paso más lento.

La sangre retumbaba en mis oídos, y las piernas me flaqueaban tanto que ya no estaba segura de si realmente caminaba, o todo era parte de mi imaginación. Nunca había estado tan desesperada en mi vida. Habría dado lo que fuera por no estar allí. Las lágrimas caían por mis mejillas sin que yo pudiera hacer nada, y el dolor comenzaba a aumentar. Y no podía permitirme desfallecer ahora. Entonces, de pronto, note como alguien me golpeaba en la espalda. No le había visto llegar entre tanto desconcierto. El dolor me recorrió toda la columna, y después viajo por cada nervio hasta que caí al suelo, sin poder respirar durante unos instantes. Puse las manos para no darme con la cabeza, pero mis fuerzas no aguantarían mucho más. Me gire para ver que me había golpeado, y lo que vi me horrorizo. Era un enorme lobo, erguido en sus piernas traseras. Su espeso pelaje era de un color rubio fuerte, casi blanco. Su rostro era tan humano, que me recordó a las burdas películas de licántropos que echaban a veces en la televisión. Parecía tan humano que no pude evitar reprimir un escalofrió. Tenía los ojos azules como el mar, y su cuerpo temblaba violentamente. Entonces lo comprendí todo.

Cada una de las piezas del puzle encajaba a la perfección. El extraño cadáver que ardía, el caos sin remedio que se había formado, las ansias de venganza, todo. Los hijos de la luna cuyo campamento había sido aniquilado nos iban a hacer pagar muy caro lo que habíamos hecho. Le observe con horror, como si conlos ojos pudiera hacerle entender que yo no había hecho nada conscientemente. Pero ni se inmuto; para él no era más que una horrible vampira que había matado a su familia y amigos. Todos estos pensamientos encajaron en apenas unas milésimas de segundo, justo antes de que el lobo me empujara con la pata y después presionara mi cuerpo contra el suelo con esta misma. No grite, pero no pude evitar dejar escapar un quejido de agotamiento. Sabía que todo había acabado, y luchar no me traería otra cosa que sufrimiento. Abrace mi tripa una vez más, suplicándole mentalmente perdón el bebe por no haber podido hacer otra cosa. Pero entonces, el peso del hijo de la luna sobre mi desapareció.

Mire en esa dirección exaltada, y alcance a ver como el animal salía despedido hasta la pared, con el cuello roto, inerte como el de un títere. Choco contra las rocas, y cayó a los escombros, con la mirada pérdida en el sueño eterno. No pude reaccionar; me quede mirando a su cuerpo con la boca abierta. Y entonces note una mano frío sobre mi hombro. Mire hacía allí con sobresalto. Y mi organismo se relajo en cuanto pude ver quien estaba allí. No pude evitar sentirme aliviada al observar sus ojos color borgoña, y su pelo ligeramente despeinado cayéndole sobre estos. Tenía la cara con una pequeña mancha negra, como de ceniza, y supuse que había estado luchando con los hijos de la luna. Alec me observo, esperando a que reaccionara, y al ver que no contestaba, preguntó.

-¿Estás bien?- su aliento lleno mi nariz, e hizo que me estremeciera. Era delicioso, y hacía días que no lo cataba. Por un momento olvide donde estábamos, y aprecie la delicadeza de su voz como si fuera el mejor canto del mundo.

-Sí…- susurre, mirándole a los ojos. Tome la mano que me ofrecía para levantarme, y subí hasta ponerme de pie como pude,- Creo que sí.

-Fui a buscarte.- añadió él, con tono desesperado,- Corrí a tu habitación para avisarte, pero no estabas. No sabes lo que… por un momento pensé que tu…

-Ahora no.- suplique. No era ni el momento ni el lugar de discutir lo que sentíamos entre nosotros. Aunque fuera por un rato, debíamos cooperar. Por el bebe,- No es el momento. ¿Qué está pasando?

-De acuerdo.- respondió él, algo decepcionado, pero me obedeció. Era algo chocante verle en estas circunstancias después de la discusión que tuvimos.- Los hijos de la luna del clan Radii Lunae han entrado al castillo. Al parecer cuando los atacamos no estaban todos en el campamento. Quieren vengarse. La mayoría de la guardia está en la sala de los tronos, para proteger a los antiguos, pero llegué allí no te vi, así que fui a tu habitación. Tampoco estabas, y cuando vi tantos hijos de la luna cerca de tu puerta, pensé que era demasiado tarde. Pero capte tu olor, así que me deshice de ellos y corrí hasta aquí. Por poco no llegó…

Mis conclusiones habían sido acertadas. Aunque el asunto estaba peor de lo que había pensado. Si esto realmente era una amenaza para los Vulturis, es que se trataba de algo serio. Esto era una batalla campal, y yo no me podía permitir estar aquí. Tampoco quería estar con Alec, aun le odiaba por todo lo que me había hecho, pero sabía que no tenía otra posibilidad. Tendría que tragarme el orgullo y pedirle ayuda si quería sobrevivir. Si ambos queríamos.

-Tenemos que salir de aquí…- fue mi única respuesta,- Esperemos a que pase y luego volveremos.

-No podemos, tenemos que quedarnos a luchar.- respondió él, algo confundido,- Todo esto es un caos, debemos ayudar. Ya lo hiciste una vez, se que… ahora no eres como antes, sé que no te gusta matar, pero no podemos abandonarlos. Nos necesitan.

-Alec…- susurre, vacilante,- Por favor.

Me miro a los ojos, y yo intente parecer lo más suplicante posible. Sabía que era injusto y rastrero pedirle que me escoltara, y más sabiendo que no podría negarse. Estaba demasiado desesperado porque le perdonara. Pero lo necesitaba, por mucho que su lealtad perteneciera a sus amos. Quizás mi bebe fuese su hijo… además, me lo debía después de todo lo que me había hecho. Él me miro sin saber qué hacer, respirando entrecortadamente. Solo le pedía que nos apartáramos de la pelea, tampoco le estaba obligando a abandonar a su guardia.

-Vale.- dijo al fin, y tuve que reprimir mi felicidad,- Pero solo si me prometes que cuando todo esto pase, me escucharas. Solo si juras que podremos hablar.

-Te lo juro.- respondí con seguridad. Era un precio bajo por su ayuda. Además, hablar no significaba perdonar.

-De acuerdo.- contesto. Parecía tan poco convencido que pensé que se echaría para atrás,- Esperemos fuera de la ciudad hasta que pase. Y reza porque no acabe mal.

Asentí, y me di cuenta de que si quería persuadirlo del todo, tenía que ser más amable. No podía permitirle que se rajase. Así que subí mi mano y acaricie su mejilla unos instantes. Era algo que me irritaba y me gustaba a la vez. Él se quedo quieto, y cerró los ojos, como para disfrutar. Me sentía un poco mal por jugar así con él, por doblegarle a hacer lo que yo quería. Por mucho que me obligase a mi misma a disfrutar del poder que tenía, era incapaz. Jamás me regocijaría de esto. No como él, que había vivido cada momento de su farsa. Su mano subió hasta la mía, y la acaricio. Después la coloco justo encima, y la apretó para que mi mano hiciera más presión sobre su piel. Yo me quede embobada mirando la escena: su rostro estaba tan sereno y lleno de paz que quise abrazarlo. Pero me contuve. Yo le odiaba. Él me había hecho cosas horribles y sabía que en el fondo no quería perdonarlo. No soportatia sufrir más, y ya había quedado en que le olvidaría. Permanecimos así por un tiempo que no supe determinar. No se me hizo pesado, pero si incomodo. Con cada segundo que mi piel tocaba la suya, más ganas tenía de olvidarlo todo y volver a vivir en aquella feliz mentira. Cerré los ojos yo también, olvidando el peligro que se cernía sobre nosotros. Su rostro estaba suave, frío e impenetrable. Odiaba que siempre consiguiera lo que quería por esa cara de angelito que tenía. Pero estaba tan cansada ya de todo, tan asustada y deprimida, que no pude resistirme a esos minutos de paz. En cuanto esto pasara, Alec volvería a ser historia. Sí, tenía que ser así.

-Valla, valla, valla…Tu castillo arde y tú te dedicas a hacer manitas con la fulana de tu novia. ¿No te da vergüenza, Alec?- abrí los ojos repentinamente. Esa voz la conocía.

Alec reacciono solo unos segundos antes que yo. Habíamos estado tan sumidos en nuestra unión que habíamos olvidado por completo nuestro alrededor, y nuestros sentidos, que habían estado volcados en sentir cosas el uno por el otro, no se habían percatado de su presencia. Solté un quejido de sorpresa, y rápidamente baje la mano. Alec apretó la mandíbula, furioso no solo por su ataque, sino también por haberse entrometido entre nosotros.

-Brian.- dijo, mirándole desafiante.

El hijo de la luna que había estado a punto de matarnos en Grecia estaba ante nosotros. No estaba en fase, como el resto de hijos de la luna que estaban en el castillo. Luego recordé que él tenía más fuerza y capacidad de decisión porque aguanto los rayos del astro de sangre. Nuestras ojos se encontraron unos instantes, y pude ver tanto rencor acumulado, que no pude seguir sosteniendo la mirada. Todos aquí sabíamos que quería.

-Bien Alec, recuerdas mi nombre.- dijo él, con sarcasmo,- Ahora estamos en posiciones opuestas. Somos nosotros los que asaltamos tu casa, y además tenemos superioridad. Debisteis adivinar que en cuanto la luna llena refulgiera en el cielo, aprovecharíamos para vengarnos. ¿Cómo te sientes?, ¿No es agradable verdad? Quizás con un poco de tu propia medicina consigas entender que mereces ser castigado.

-No vais a conseguir nada.- sentencio él, y en ese momento dio un paso hacia delante para cubrirme. Yo me quede quieta. ¿Se interponía entre él y yo?, ¿Me protegía?, ¿Por qué? Yo no le importaba en absoluto,- Puede que suframos algunas bajas, pero estamos en nuestro territorio, somos más fuertes y mejores que vosotros. Moriréis.

-La arrogancia siempre ha sido la cualidad que menos me gusta de los vampiros.- dijo Brian, ignorando a Alec,- Se creen tan superiores, tan grandes, tan poderosos. Y no se dan cuenta de que son simples cadáveres que tienen que alimentarse de almas para sobrevivir. Algún día desapareceréis, porque la naturaleza es sabia y siempre hace desvanecerse las cosas inútiles.

-Vosotros sois unos simples chuchos.- dijo Alec. Estaba a punto de saltar de la rabia.

-¡Gran argumento!- murmuro Brian, con una sonrisa cínica en el rostro,- Pero bueno, yo no estoy aquí para discutir quien es mejor. Estoy aquí porque prometí una cosa, y yo siempre cumplo lo que prometo. Vengo para vengarme, y esta vez no me ganaras.

-Entonces deja de hablar y mátame.- respondió Alec, y un escalofrió recorrió mi espalda.

-¡Uh! Para al carro vampiro. ¿Quién dijo que mi venganza será tu muerte? Prometí que pagarías por lo que hiciste, pero… matarte seria hacerte un favor.- gruñó Brian. Estaba aterrorizada. ¿Qué planeaba hacer con Alec? Una patadita en la tripa,- Te libraría de esta vida tan miserable que tienes. Además, no puedo matarte.

-¿Y por qué no?- preguntó Alec. Parecía no tener miedo.

-¿Recuerdas al bebe que tu rubia amiga estuvo a punto de matar?- preguntó él, y yo me sentí culpable a más no poder,- Sé que la engañaste. Sé que no fuiste capaz de matarlo. Cuando os marchasteis, la encontré. Ahora está sana y salva con otra familia. Eva no puede pagar su deuda porque es muy pequeña, pero yo lo hare por ella. Y yo no puedo matar a nadie que haya salvado la vida de un hijo de la luna. Es imposible para nosotros. Pero tranquilo, se de algo que te hará mucho más daño.

Abrí los ojos como platos. ¡Alec no había matado al bebe!, ¿Por qué? Esto no era normal. ¿Y por qué no me lo habría dicho? Hubiera estado bien saberlo. Intente buscar su mirada, pero lo único que alcanzaba a ver era su fornida espalda. Necesitaba hablar de eso, pero esta vez era yo la que me equivocaba de momento y de lugar.

-¿Y qué se supone que vas a hacer entonces? No paras de marear el asunto.- dijo Alec, totalmente serio.

-Como sabía que no podría matarte, estuve pensando en otras formas de herirte de la misma manera que me heriste tú a mí. Y llegué a la conclusión de que a veces la pérdida de lo que más queremos resulta aun más dolorosa que la simple idea de morir y desaparecer para siempre. Al principio pensé en tu hermana. ¿La aprecias mucho, no? Pero luego recordé a tu amiguita.- su voz era fría como el hielo. Sus ojos se clavaron en los míos, y sentía un dolor fuerte en el estomago. Se refería a mí. Alec dio otro paso hacia él, y se interpuso aun más entre nosotros,- Y bueno, pues vi la forma en la que la hacías arrumacos. No sé lo que hay entre vosotros, pero estoy seguro de que su perdida, te causara un destrozo enorme. O al menos, provocara que no vuelvas a revolcarte con ella.

¿Quería matarme? No podía ser… Mi cuerpo se paralizo. Todo lo que había hecho por proteger el bebe se estaba esfumando como si nunca hubiera existido. Tendría que pagar por haber sido tan horrible. Solté un quejido, temblando. Y una lágrima resbalo por mi mejilla.

-No voy a permitir que la toques. Si le pones una mano encima, te juro que…- dijo Alec, con la voz interrumpida por la ira. Su caja torácica retumbo, convirtiéndose en un gorgoteo molesto. Nunca le había visto así. Jamás le había visto perder los nervios.

-¡Uh! Así que hacerte. Soy un genio haciendo planes, ¿Sí o no?- Brian parecía estar disfrutando como nunca de aquello. Asomo la cabeza para poder verme, y me mostró una sonrisa ausente y maliciosa.,- Prepárate para sentir lo que yo sentí, Alec.

Y después todo resulto vertiginoso. Brian corrió hacía mi muy rápido, mucho más que la otra vez. Era cierto que la luna llena los daba poder. Yo no hubiera podido hacer nada con mi débil velocidad, pero Alec si que logró reaccionar a tiempo. Agarro a Brian por los hombros, y este intento soltarse moviéndose violentamente. Pero Alec no tenía intención de dejarlo ir. Escuche un crujido; el vampiro había logrado romperle un hueso el hijo de la luna, quizás la clavícula. Pero Brian no se iba a dejar eso así. Casi instantáneamente, del mismo modo que una palomita explota con el calor, sus brazos se convirtieron en los de un lobo. Iguales a los del hijo de la luna rubio que antes me había atacado. Salvo que estos eran de un color más oscuro, como pardo. Sus refulgentes garras presionaron el hombro de Alec, y atravesaron su vestimenta sin problemas. Y justo cuando llegaron a la piel, y arañaron, hundiéndose profundamente, escuche un ruido sordo de parte de Alec. Le mire con impotencia. Ver cómo le hacían daño era repulsivo, y quería que parase cuanto antes. Después de todo lo que me había hecho, seguía siendo imposible para mí desearle el mal. El forcejeo continuo, con ambos combatientes murmurando improperios y soltando quejidos de dolor. Era insoportable.

-Renesmee…- murmuro Alec, presa del dolor,- Vete.

Yo le mire petrificada. ¿Me decía que me fuera?, ¿Y dejarle aquí solo con Brian a punto de descuartizarlo? Estaba mal de la cabeza.

-¡Corre!- insistió, gimiendo de esfuerzo.

-No.- dije, moviéndome nerviosa,- No puedo irme sin ti. Él te…

-Qué te vayas… ¡Ahora!- repitió, apretando los dientes.

No pude reaccionar instantáneamente. Lo que me decía me tenía demasiado desconcertada. Alec estaba ahí, en frente de mí, luchando y aguantando un dolor excesivo solo para que un lobo no me matara. Solo para protegerme, después de que le había dicho que se fuera y me olvidara. No sabía a qué se debía este comportamiento. Quizás él pensase que era una forma de pedirme perdón por todas las mentiras, un modo de que volviéramos a ser amigos. Sabía que tenía que decidir pronto, porque él no podría aguantar mucho más sin que Brian lograra liberarse. No sabía qué hacer. A quien quería engañar. Claro que lo seguía queriendo. Unos días no habían sido suficientes para que mi corazón borrara la profunda mella que él había dejado grabado en él. También le odiaba después de todo, a pesar de que me estuviese ayudando. Pero abandonarle así sería tan… horrible, tan rastrero, tan frió… tan como él. Entonces mi bebe volvió a dar una patadita. Me llevé la mano hasta el abdomen, y cerré los ojos unos segundos. Alec era, aunque no debería, importante para mí. Pero el bebe era mi prioridad ahora.

Nuestros ojos se cruzaron unos instantes antes de que yo comenzara a correr para desaparecer por los corredores. Refulgían con cansancio, con agotamiento y dolor. Podría haber muerto allí mismo y el brillo que hubiera desprendido sus pupilas hubiera sido el mismo. No podía perdonarle, pero si agradecérsele lo que estaba haciendo por mí. Quizás fuese la última persona que viera en el mundo aparte de Brian antes de morir. Y no iba a reprocharle nada. Intente concentrar todo el agradecimiento que sentía por él,añadiendo el del bebe, que ahora estaba más relajado. Desee con todas mis fueras que lograra sobrevivir. No me sentía mal por abandonarle, al menos no excesivamente. No quería cargar con la culpa de su muerte. Y para que engañarme, tampoco quería perder la posibilidad de volverle a ver una última vez en plenas facultades. Vestido con un traje de diseño italiano y con la mirada de suprema arrogancia que lo caracterizaba.

Doble la esquina, y volví a intentar huir de los ruidos. Esta vez fui más cautelosa. Sabía que si cometía un fallo realmente sería mi final, porque no podía esperar ayuda del exterior. Busque una salida durante casi un cuarto de hora, pero lo único que veía eran rastrojos y estragos de la lucha. Las ventanas estaban todas tapiadas, así que no era una posibilidad. Fue entonces, cuando observe una puertecita al fondo del pasillo, con algunas llamas al rededor. La recordé al instante; era esa pequeña portezuela tan escurridiza que me había permitido escapar la última vez. Era mi oportunidad para huir del peligro hasta que ese cesase. Observe el fuego, sabiendo que tendría que esquivarlo, y entonces la idea llego a mi cabeza como una iluminación.

Mi padre había dicho una vez que la única forma de escapar de los Vulturis era muriendo. Y eso era exactamente lo que iba a hacer. Corrí rápidamente hasta las llamas, y las observa apática, llena de adrenalina e intentando no saltar de alegría ante mi plan. Si ellos pensaba que había muerto en la pelea, nos dejarían a mi bebe y a mí en paz. Demetri no podía rastrearme porque le resultaba borrosa, así que no podrían encontrarme por esa vía. Y mi familia, si ellos pensaban que había muerto, y hasta se lo creían, entonces los Vulturis también. Valore todas las posibilidades. Un accidente. Totalmente razonable. Era perfecto.

Ya sabía lo que tenía que hacer. Tome un hierro del suelo, uno de los candelabros partidos, y lo observe humeante ante mí. Cerré los ojos, y me mordí el labio para aguantar el dolor. La parte afilada corto rápidamente mi fina piel. El dolor me recorrió todo el cuerpo, aunque por suerte la adrenalina disminuyo su intensidad. Sino no habría podido contener un grito. La sangre resbalo por mi brazo, y cayó gota a gota al suelo. Apreté la herida y sacudí el brazo para que aumentara la velocidad de desangrado, y la esparcí por todos lados, hasta que pensé que era suficiente. Después me quite la sudadera, y la partí en dos. Con uno de los pedazos me hice un torniquete para la herida, y arroje el otro a las ascuas del fuego, para que ardiera, pero quedaran restos visible. Entonces llegó el golpe final. Llevé la mano a mi cuello, y agradecí notar que una silueta dura reposaba sobre él. Arranque el colgante Vulturi con un tirón, y después lo arroje al lado del jersey. Sí, había ardido. Mi cuerpo había sido incinerado por el fuego, disminuido en pequeños cachitos. Era creíble, ¿Verdad?

Asentí. Todo esto era una locura, y lo sabía. Pero no era capaz de pensar con claridad. Si me pillaban, era probable que me mataran, pero si lograba escapar era mucho lo que podía ganar. Y era todo o nada. Tenía que jugar si quería ganar. Abrí la puerta con la mano, justo cuando escuche a unos hijos de la luna acercándose a es aparte del pasillo. Cerré y me apoye en la madera, para poder respirar aire limpio unos segundos. Las estrellas brillaban en el cielo, y Volterra estaba sumido en el silencio total, ajeno a lo que sucedia dentro de sus muros.

Tenía que darme prisa, no podía permitir que el efecto de la adrenalina se pasara. Si eso ocurría, mi ritmo disminuiría, y me resultaría más difícil escapar. Así que empecé a trotar por las callejuelas, buscando la salida de aquel lugar. Tan hermoso y horrible a la vez. Unos minutos después pude llegar a la salida. Mire unos segundos atrás, y pude ver una nube de humo en lo alto, echando aire gris por las almenas de la fortaleza. Lo dejaba todo atrás. Cerré los ojos y respire hondo, para poder seguir corriendo. Y entonces me acorde de Alec, y mis ojos no fueron capaces de reprimir las lágrimas que se desbordaron por mi rostro como si fueran gotas de fuego, cortadas por el aire que me acariciaba la cara mientras escapaba de allí.

¡Hola chicas!

¡Aquí está el capítulo! Este cap. fue raro, porque improvise sobre la marcha, y quedo algo… raro y contradictoria. Supongo que sentimientos de una embarazada, ¿No? ¡Hay tensión! ¿Lograra Renesmee escapar? Y lo más importante, ¿Alec seguirá vivo? Espero que os guste, ya veréis lo que pasa… jujujujuLa pista del siguiente cap.: Ummm… Solo digo que habrá dolor por ambas partes, aunque no dire de que tipo. Puede que todo se eche a perder… Prox. Cap. Pov. Alec! ¬¬ Y otro favorcito; ya publiqué el capítulo de "El diario de Rebeca" renovado, y me gustaría que pasarais, es bien cortito además: Y ya si me decís que os parece, mucho mejor. Según vosotros todas menos una queréis que sea hijo de Alec, así que ya veremos… Muajajajaja! Próximo capítulo pronto, eso sí, si dejáis comentarios, **porque cada vez que no comentáis…**mi hermana concina magdalenas… y creedme, eso es MUY malo. Y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬ ¡Y comentad!

Comentad. =)!