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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 39

Si hubiera tenido corazón, este hubiera latido desbocado mientras caminaba hacia la sala de los tronos. Ya eran más de las tres de la madrugada, y por fin habíamos logrado acabar con los hijos de la luna que habían atacado la ciudad. La mayoría de ellos había muerto en la batalla, aunque nosotros también habíamos tenido bajas: de momento, las últimas noticias es que habían muerto al menos 5 guardias. Sus ansias de sangre habían sido un buen incentivo, pero les superábamos en número. Otros habían huido, reconociendo que no tenían ninguna oportunidad de vivir si se quedaban a pelear. Y Brian no había sido una excepción.

Había logrado retenerle el tiempo suficiente como para que Renesmee se alejara de él, a pesar de que el dolor era insoportable. Habíamos seguido luchando por un rato, pero entonces él recibió una especie de mensaje telepático de algún amigo suyo en problemas y corrió a ayudarle. Deseé que estuviera muerto, pero en el fondo sabía que Brian era muy listo, y que habría escapado antes de que lo mataran. Y si era así, volvería a intentar vengarse. Eso era seguro. Sus garras se habían adherido a mi piel, traspasándola como si fuera simple tela, y habían penetrado muy profundo. Ahora tenía unas marcas en los hombros con la forma de sus uñas, de un color pálido grisáceo, que tardarían varias semanas en cicatrizar. Aparte de eso y que mis ropas estuvieran para tirar, no había sufrido más daños que valiera la pena contar. Había salido peor parado en otras peleas, así que me repondría.

Mientras caminaba no podía evitar que una sensación de añoranza e ira me inundara. Habían destrozado el castillo, que había sido mi hogar desde hacía varios siglos. La mayoría de las paredes estaban desconchadas y rotas, y los suelos permanecían cubiertos de escombros, candelabros rotos, cadáveres y brasas de fuegos ya casi extinguidos. Además el olor era insoportable: la carne de lobo quemada era muy desagradable. Sabía que Aro lo arreglaría sin problemas, pero aun así resultaba irritante que los hijos de la luna se hubieran salido con la suya, al menos en parte, y era doloroso y difícil de admitir.

Aunque en ese momento mi máxima prioridad era llegar a la sala de los tronos y ver si Renesmee estaba allí. Ver si estaba a salvo, o al menos lo suficientemente bien como para poder moverse por sí sola. Me daba igual todo lo que había pasado entre nosotros los días anteriores. Yo ya había estado demasiado mal, sufriendo por saber que ella creía algo que era falso. Saber que ella había escuchado toda la sarta de estupideces que le dije a mi hermana me mataba lentamente. La entendía, y comprendía que no me creyese. ¿Quién lo haría después de todo lo que le había hecho? Me merecía todo lo que estaba pasando, pero ella tampoco lo estaba llevando bien, y eso era inaguantable. Yo podía tolerar todo el desconsuelo si ella estaba feliz, pero que Renesmee lo pasara mal por algo que yo había hecho no era tolerable. Cuando Santiago me dijo lo de la caja de bombones, me sentí algo estático. Pensé que se enfadaría si lo descubría, pero solo sintió indiferencia, y pensé que yo ya no le importaba. Pero después, cuando me acaricio la cara me sentí reconfortado. Esas manos eran las de la antigua, la que a mí me gustaba. Dulces, tiernas, suaves y cálidas. O cuando me miro a los ojos antes de marcharse, y pude ver tantos sentimientos en ellos que llegué a la conclusión de que aun sentía cosas por mí. Aunque no conociera que era exactamente, pero al menos no había indiferencia total.

Entonces llegué a mi destino. Abrí la puerta y recorrí con la mirada cada recoveco de la habitación, siendo muy meticuloso. Divise a Jane, que estaba cerca de Aro, revoloteando nerviosa. Nuestras miradas se cruzaron, y note como ella suspiraba aliviada. Ahora ambos sabíamos que los dos estábamos bien, y podíamos dejar de preocuparnos. Jane también era muy importante para mí, y claro que deseaba que no le pasara nada, pero Renesmee necesitaba más mi ayuda. Me sentía avergonzado por no haber pensando en mi gemela antes, por no haberme preocupado de su bienestar en la pelea. Pero estaba sana y salva, así que no debía darle más vueltas. Asentí con la cabeza, y Jane me devolvió el gesto. Entonces, continúe con mi búsqueda, una y otra vez, revisando la multitud. Pero ella no estaba.

Me inquiete totalmente, deseando con todas mis fuerzas que mi vista hubiera fallado, y que al estar defectuosa, no había podido encontrar a Renesmee sana y salva en la sala. Volví a evaluar todo el territorio de la cúpula, pero nada. Y lo volví a repetir varias veces más, hasta que mi cerebro pudo asimilar que ella no estaba allí. Tragué saliva. Podía haber un millón de razones para que ella no hubiera acudido aquí con el resto, ¿Verdad? Yo sabía que ella era lista, y que habría corrido a esconderse en cuanto yo le había ordenado huir. Quizás aun siguiera escondida, ignorando que la lucha había acabado. O tal vez ya estuviera en su habitación, descansado, sin saber que nos habían ordenado reunirnos. O tal vez estaba viniendo hacia aquí, o… haciendo cualquier cosa que no implicara dolor y sufrimiento. Ella debía estar bien. Yo necesitaba que ella estuviera bien. Me pasé la mano por la frente, y retire un jirón de tela roto de mi manga. ¡Por qué la había dejado sola, si sabía que era tan sensible como una maldita pluma! En ese momento, cuando la desesperación estaba inundando mi cuerpo, y la histeria amenazaba con hacerme perder el control, note una mano en mi hombro. Sentí esperanzas, pero estas se esfumaron tan pronto como habían venido cuando vi a mi hermana.

-¿Estás bien?- pregunto esta, algo preocupada,- Te veo muy mala cara.

-Renesmee no está.- respondí simplemente. No esperaba que ella entendiera mi preocupación, pero me dio igual. No era tiempo de avergonzarse.

-¿La hibrida?- murmuro Jane, y paso la mirada por la habitación. Se cercioró de que lo que yo decía era verdad, y entonces asintió,- Tienes razón. Es muy raro… aunque hace mucho que no la veo. ¿Crees que le habrá pasado algo?

-No lo sé…- gemí, intentando disimular mi temor,- Pero tenemos que encontrarla, tenemos que ver si está bien, yo…- y entonces comprendí que debía añadir algo más si quería la ayuda de mi gemela,- No quiero que Aro se enfade por no haberla protegido.

Jane me miro con el ceño fruncido. Sabía que a estas alturas, ya habría calado que estaba mintiendo. Me conocía demasiado bien, y sabía que la verdadera razón por la cual quería buscar a Renesmee no era por miedo a Aro. Pero ignoro mi pobre excusa, suspiro fuertemente, y abrió la puerta con la mano.

-Vallamos a buscarla entonces.- murmuro, haciéndome un gesto con la cabeza para que la siguiera,- No queremos que Aro se enfade.

Yo asentí, agradecido, y salí tras de ella.

Primero fuimos a su habitación. Esta había sido casi demolida en alguna lucha, y la mayoría de los muebles estaban astillados y rotos. Vi en el suelo la cajita dorada de los bombones, completamente vacía, y también algunas botellas de sangre animal. Se estaba reformando, y eso me hacía sentirme bien. La mayoría de sus pertenencias y prendas de ropa estaban tiradas por el suelo, incluida la ropa interior. No logre distinguir ninguno de sus conjuntos de lencería, a pesar de que Renesmee se había encargado de mostrármelos uno a uno cuando nos acostábamos. La divertía que yo eligiera el que más me gustaba, y yo también lo pasaba bien. Supuse que se habría desecho de ellos cuando se empezó a rehabilitar, y eso me hizo sentir un nudo en la garganta. Realmente sentía repulsión por mí. Tome unas de sus camisetas y aspire su aroma lo más fuerte que pude, para mantener vivido su olor en mi mente. Jane evaluó esta acción algo absorta, pero no altero su silencio.

Después fuimos hacia mi habitación. Quizás estaría allí, esperándome para darme las gracias por ayudarla, o quizás solo porque pensaba que era el sitio más seguro. Pero tampoco la encontramos, aunque al menos pude comprobar que mi habitación no había sufrido daños por estar en una zona aislada del castillo. Mi hermana me seguía sin decir nada, alerta y meditabunda. ¿Habría descubierto ya la verdadera razón de mi preocupación? Eso no importaba ahora. Seguidamente caminamos hacía la habitación de Heidi, que sabía que era la mejor amiga de Renesmee en todo el castillo, o al menos, la persona femenina en la que más confiaba. Pero su cuarto estaba vacío, por lo que supuse que estaría ayudando a los guardias heridos. Ella era muy buena en ese sentido. Sin embargo, no fui capaz de captar el aroma de Renesmee en su cuarto, por lo que llegué a la conclusión de que ella sabía lo mismo que yo acerca del paradero de Renesmee.

Lo último que se me ocurrió fue que estuviera con Santiago. Eran muy amigos, y quizás hubiera recurrido a él. Era una de las últimas oportunidades que me quedaban, porque no había visto ni rastro de ella en toda nuestra inspección. Tal vez tuviera suerte, y por fin lograra dar con su paradero. No creía que pudiera soportar mucho más esa angustia que me comía entero, que con esa culpabilidad que me inundaba al corazón, parecía mortal.

Santiago, por el contrario, sí que estaba en su cuarto. Este había sufrido un montón de destrozos, quizás por haber estado demasiado expuesto a la pelea. Él permanecía arrodillado en el suelo, intentando salvar algunas de sus pertenencias que no habían sido del todo dañadas en medio de todo ese desorden. Tenía mala cara, y parecía a punto de explotar. No paraba de soltar suspiros de agobio, que movían su flequillo, tapándole intermitentemente los ojos. Cuando nos vio entrar, nos evaluó a los dos con la mirada, y pude captar como su mirada se detenía especialmente en mi hermana, evasiva. Eso no me llamo la atención; sabía que Jane era guapa. Y no tenía muchas ganas ahora de hacer el papel de hermano sobreprotector.

-¿Has visto a la hibrida?- pregunto mi hermana, al ver que yo no era capaz de hablar.

Santiago se levanto, deposito un libro destrozado en lo que quedaba de su mesilla, y frunció el ceño. Después se acerco a nosotros para poder hablar normalmente.

-¿Renesmee?- musito, algo preocupado,- No, pensé que estaría en su habitación. Hace bastante que no la veo… ¿Está bien, le ha pasado algo?

-No lo sabemos.- respondió mi hermana con la voz seca. Quizás no entendía porque todos nos preocupábamos de ella con tanto ímpetu, y eso la irritaba. Santiago y yo cruzamos las miradas, y él pareció captar lo que estaba pasando al instante,- Nadie sabe dónde está. La estamos buscando, pero de momento parece haberse esfumado. Pensábamos que tú sabrías algo… siempre estas pegado a ella.

-Pues os equivocáis.- respondió él, algo aturdido por el tono abrasador que mi hermana había usado, aunque visiblemente preocupado,- Supuse que no le habría pasado nada. ¿Cuándo fue la última vez que la visteis?

-En medio de la lucha.- explique, cortando a mi hermana,- Creía que ella no sabría lo que estaba pasando, y como sabía que no podría protegerse sola, fui para ver si aun podía salvarla, para que Aro no se disgustase. Pero un hijo de la luna la ataco, y yo lo distraje para que ella se pudiera marchar. Después corrió, y no sé nada más de ella. Hemos recorrido casi el castillo entero, y no damos con su paradero.

-¿La dejaste sola?- me pregunto Santiago, horrorizado,- ¿La dejaste sola, sabiendo que no está bien de salud? Quiero decir, la última vez que la vi casi se desmaya al ponerse de pie, no está en forma de poder defenderse sola. ¿Por qué no fuiste detrás de ella para protegerla? Había más de un hijo de la luna en el castillo, ¿Sabes? Corría mucho peligro, y la dejaste sola y desorientada. ¿En serio querías ayudarla?

-¡Cállate!- grite. Sus palabras me hacían daño, porque me convertían en responsable de lo que la hubiera pasado,- No tenias ni idea, ese hijo de la luna quería matarla a toda costa, era muy fuerte. ¡Si no hubiera sido porque se marcho a ayudar a otro lobo, sabe Dios si estaría yo vivo ahora mismo!

-¡Pensé que ya estabas tú para evitar que la dañasen!- gruño. Quizás se basaba en lo preocupado que había estado con ella estos últimos días,- Siempre estas alardeando de lo bien que luchas, ¿Por qué no pudiste usar tus técnicas de combate por una vez para evitar que le pasara nada malo? O en su lugar, haberte tragado tu orgullo y haber ido a esconderla.

-Aun no sabemos si le ha pasado algo malo.- reprocho mi hermana con voz monótona, pero nadie le hizo caso.

-¡Al menos yo me preocupe por ella!- chille,- Se supone que eres su amigo, y te quedaste luchando, ignorándola. No puedes echármelo en cara, porque tu no ni siquiera te molestaste en ir a ver si estaba muerta o no.

-Eres un inútil.- fue su única respuesta, frustrada y intranquila. Aunque basto para que perdiera los nervios del todo.

-Pues ya verás lo que te va ha hacer el inútil…- murmure, caminando hacia él con intención de hacerle callar.

Mis manos estaban a punto de rodear su cuello, cuando mi hermana se interpuso entre nosotros y nos separo, usando sus manos. Me empujo hacia atrás, y nos miro con superioridad. Negó con la cabeza para sí misma, e hizo un gesto de disgusto. No podía volver a pasar por encima de ella, así que me quede quieto.

-Ambos queréis encontrarla.- indico mi hermana petulante,- Así que dejar de discutir, y vallamos a buscar a esa hibrida que solo causa problemas. ¡Ahora!

Tragué saliva, y asentí. Santiago también mostro su aprobación, y entonces salimos de nuevo a los pasillos. Fuimos al jardín de entrenamiento, y a otros lugares que a ella podrían resultarle familiares. Me negaba a admitir que ella estuviera mal por no haber podido matar a Brian a tiempo. Simplemente no podía aceptarlo. Pasamos por la recepción, donde ella siempre le reprochaba a la nueva recepcionista que sus encargos de ropa y otros caprichos no llegaban a tiempo. También pasamos por la biblioteca. No es que ella hubiera pasado mucho tiempo leyendo, pero esos libros habían sido testigos una vez de nuestra peculiar relación. Ella no pudo aguantar a llegar a la habitación, y logro sustituir la cama por una de los escritorios. Después revisamos también una de las terrazas, pero ella seguía sin aparecer. Fue entonces cuando pensé que buscar por la dirección por donde ella había huido antes. Sabía que era algo obvio, pero nunca había pensando en que quizás ella nunca hubiera logrado alejarse demasiado del lugar donde Brian nos ataco. Quizás no hubiera logrado aguantar demasiado… así que fuimos hacia allí. Al principio no distinguí nada.

Entonces, cuando ya casi me había dado por vencido, mi nariz logró captar su olor. La primera vez que lo había sentido, había perdido totalmente el control, y había estado a punto de cometer una locura. Después había logrado controlarme, y tan solo había podido catarlo una vez. Que sin duda, fue la mejor experiencia de mi vida. Ese aroma era familiarmente delicioso. Era la sangre de Renesmee.

No espere para explicarles nada a Santiago o a Jane, y comencé a seguir el rastro a toda la velocidad que pude. Ambos se miraron a los ojos, y después me siguieron algo confusos. Tardarían más en poder comprender de quién era ese aroma, ya que no lo conocían como yo. Mientras corría, me negaba a mi mismo la única explicación de por qué había tal cantidad de sangre de Renesmee por los pasillos. Era algo aislado e incompresible. No iba a ser cierto. No podía ser así. Y por fin, llegamos al foco del olor.

Era el pasillo que daba a la salida oculta, pero la lucha había producido un derrumbamiento, y la puerta ahora estaba taponada por una columna. Aparte de eso, no había nada fuera de lugar en aquel escenario: las paredes rotas, los candelabros rajados, y las ascuas encendidas. Todo era normal, salvo el fuerte olor de Renesmee, que obviamente, no estaba allí. Me acerque, y revolotee por todo el terreno, buscando el lugar de donde venía, pero estaba tan nervioso, que no fui capaz de dar con el sitio exacto por el sentido del olfato. Solo me di cuenta de lo que pasaba cuando vi un pedazo de la sudadera de Renesmee en el suelo, al lado de las brasas.

Rápidamente camine hacia allí y me agache, y observe el escenario. Había un enorme charco de sangre, que sin duda pertenecía a Renesmee. Su sudadera, hecha jirones y quemada por algunos lados se consumía en el fuego lentamente, al igual que mi vida. Entonces divise un brillo entre los escombros, y alargue la mano para ver que era. El collar de Renesmee, también cubierto de sangre reposo en mi mano ausente, como sin vida. Lo observe, mientras la realidad se encajaba en mi cabeza a trompicones, rompiendo fácilmente mis barreras, que intentaban negarlo a toda costa. Apreté el colgante, manchando mis manos de su tibia sangre fresca, y le di un puñetazo al suelo, intentando desviar mi rabia e impotencia. No tenía nada más. Mi cabeza estaba en un estado de shock, y no dejaba que ningún pensamiento circulara por mi mente. Estaba como ido, asimilando lo que había pasado. Porque no lo podía negar más. Ella ya no estaba, el fuego se la había llevado.

Entonces escuche un quejido de dolor por parte de Santiago, que ya habría comprendido que Renesmee había muerto. Cerré los ojos, intentando contener el dolor que esa verdad me causaba. Nunca me acostumbraría a esto. Ella se había ido porque no la supe proteger. Jane no hizo nada por su parte, salvo quedarse quieta y mirar a la nada. Entonces comenzaron a pasar los minutos, pero no era consciente de ellos. Todo estaba congelado.

-Alec…- murmuro mi hermana, posando su mano mi hombro para darme apoyo.

Yo tarde en contestar.

-Jane, el vampiro francés tenía razón…- respondí con un hilo de voz, sin dejar de mirar el charco de sangre de Renesmee,- Voy a estar solo para siempre.

Ahora sí que estaba todo acabado.

La sangre me latía con fuerza en los oídos, pero esto no evito que pudiera captar las campanadas que emitía alguna iglesia cercana. Según la cantidad de sus tintineos eran las cuatro de la madrugada. ¿Ya había pasado tanto tiempo? ¡Pero si apenas me había movido! Suspire con fuerza. Esta noticia no debería haberme sorprendido. Mi paso había sido realmente lento desde que había salido de Volterra.

El dolor y el cansancio habían hecho su aparición realmente pronto. El malestar de la tripa que siempre me daba cuando hacía algún exceso físico, los mareos y la desorientación, y encima sumado al escozor de la herida del brazo habían provocado que me retrasara. Quizás haberme cortado con un metal forjado no había sido una buena idea. ¿Estaría oxidado? Si era así más me valía rezar porque no se infectara. Además estaba toda sudada. No es que hiciera un calor abrasador, pero aun así tenía un sofoco enorme. Los ojos se me iban cerrando mientras avanzaba torpemente sobre la llanura italiana sin que yo pudiera hacer nada. Todas mis energías se habían agotado en la lucha, o en los momentos que había esprintado para salir de la ciudad. Fuere como fuere, no podía aguantar mucho más. Sabía que era arriesgado parar tan cerca de Volterra, pero no llegaría mucho más lejos sino me tomaba unos minutos. O unas horas.

Camine por un rato más, alerta para poder dar con algún lugar que me sirviera de cobijo para relajarme. Un cuarto de hora después, divise un pueblo pequeñito y empedrado. Apenas iluminado por unos farolillos tintineantes. Estaba al lado de un bosquecillo mediterráneo, con arboles pequeños. Quizás si me escondía por alguno de los callejones, nadie se percataría de mi presencia y podría pasar inadvertida. De todos medos era mejor que dormir totalmente a la intemperie. Asentí para mí misma, y me adentre en sus amurallados territorios.

Recorrí las calles lentamente, buscando algún rincón adecuado. Por suerte no me cruce con nadie. A saber cómo habrían reaccionado al ver a una niña ensangrentada, sucia y de aspecto enfermizo recorriendo pausadamente las calles de su pueblo. Aunque sí que hubo algo que me sobresalto. Un gato de color ceniza me alarmo en una ocasión cuando salió disparado desde un arbusto. El animal me miro con sus ojos felinos, brillantes y amarillos en la oscuridad. Eran cautelosos, fríos y distantes. Amenazantes tal vez. Después se perdió en la negrura de la noche. En ese momento no pude evitar pensar en Alec. Cuando le había visto por primera vez, me había dado la impresión de que sus ojos desprendían la misma aura que los de ese gato callejero. Al principio, no había podido comprender el porqué de ese odio tan manifiesto hacia la vida. Pero luego Heidi había dicho algo que quizás lo justificase: "Alec no lo ha pasado nada bien, al menos en el pasado. Y su comportamiento es comprensible hasta cierto punto". Me pregunte que era aquello que lo había marcado tanto. Debió de ser algo muy fuerte y traumático para que le afectara así. Uno no se convierte en un monstruo insensible de la noche a la mañana. Me hubiera gustado saberlo; era posible que fuera un dato importante de conocer si quería juzgarlo justamente. Aunque todos los vampiros solían tener pasados algo turbios.

¿Viviría Alec aun?, ¿O habría sufrido la ira de Brian? Este había dicho que no podía matarle, por esa tal Eva. Pero hacerle daño a Alec si que estaba permitido, o tal vez otro hijo de la luna hubiera acabado con su vida por él. Intente negarme a mi misma la realidad de esa posibilidad. Pensar en eso solo hacía que me sintiera culpable. Y no precisaba de más sentimientos negativos por ahora. Y si realmente había sobrevivido, ¿Cómo reaccionaría ante mi "muerte"? Puede que le sorprendiese, o se sintiese decepcionado por haber luchado inútilmente contra Brian. O quizás suspirase aliviado y se marcharía a acostarse con alguna otra chica. Contento por haberse deshecho de un problema. Ninguna de las dos ideas me gustaba, así que seguí caminando y aleje esos pensamientos de mi cabeza.

Escuche algunos ruidos un poco más adelante, justo cuando la calle se agrandaba y se convertía en una pequeña plazoleta de piedra. Eran voces de chicos jóvenes, que hablaban de forma turbia. Pude oler el alcohol desde aquí, por lo que supuse que estaban más que ebrios. Mire a mi alrededor, intentando buscar otra alternativa a ese camino, pero no resulto. Lo único que había a mi alrededor eran casa de dos pisos. Y ahora no estaba en condiciones de escalar, así que solo tenía dos opciones: o pasaba por esa plaza pequeña donde estaban los borrachos, o retrocedía y buscaba otro camino, aun sabiendo que quizás desfallecería antes de estar en un lugar seguro. La primera opción era la que tenía más posibilidades de salir bien. Puede que estuvieran tan ebrios que pasara inadvertida. Y si no les hacía nada, probablemente me ignorarían. Suspire hondo y camine hasta entrar en el recinto de la forma más sigilosa posible.

Mi presunción había sido correcta. En uno de los rincones de la placita había un grupo de no más de cinco chicos. Tenían vasos llenos de líquido marrón en las manos, y un par de ellos sostenía un cigarrillo en el aire. Hablaban de cosas personales, cosas que una chica nunca debería saber. Baje la mirada al suelo, y continúe andando sin levantar la mirada. Todo pareció ir bien, pero cuanto llegué justo a la mitad del territorio, una voz me sobresalto.

-¿Dónde vas a estas horas tan sola?- pregunto uno de ellos. El corazón me dio una sacudida, pero le ignore. Su voz era siniestra y desagradable. Como la de un pervertido.

Seguí caminando, rogando que comprendieran que no quería nada con ellos. Pero no se dieron por vencidos.

-¡Eh! Rubita, sabemos que nos has oído. ¿Por qué no vienes un ratito con nosotros? Te lo pasaras muy bien- dijo otro. Me mordí la lengua. Eran unos malditos cerdos. Pero esta vez decidí contestarles.

-No, gracias. Tengo prisa.- murmure, sin parar de andar.

-¡No seas tan arisca! Mírate, estas hecha una pena. ¿Por qué no vienes aquí? Nosotros te pondremos a tono.- dijo uno de ellos, y todos rieron.

-Podéis poner a tono a vuestra madre.- respondí, parándome y mirándole mal. Su comportamiento era repugnante.

-Pequeña zorra…- mascullo uno. Y parecía ser el que más había bebido,- ¿No te han enseñado que hablar así a un hombre está mal? Te pedimos amablemente que vengas aquí, pero como por las buenas no quieres, que sea por las malas.

En ese momento todos ellos comenzaron a andar hacía mi. Yo no reaccione hasta unos segundos después. ¡Otro problema! Gire rápidamente y comencé a correr, ignorando el dolor como podía. Eran humanos, y en una circunstancia normal no me habrían atrapado, pero ahora mismo no disfrutada de mis plenas facultades. Y encima me superaban ampliamente en número. Zigzagueé por las calles, escuchando sus pasos detrás de mí. No estaban muy lejos, y parecían enfadados de verdad. Me estaban poniendo de prostituto para arriba al menos. Me siguieron hasta que el pueblo se acabo, y al ver que no tenían intención de parar, me adentre en el bosquecito. Puede que allí sí que tuviera una oportunidad para librarme de ellos.

Serpenteé por los arboles, ya sin aliento. Las piernas me temblaban, y las lágrimas recorrían mi rostro. ¡Porque todo era tan jodidamente malo! No salía de una y me metía en otra. Seguían persiguiéndome, aunque esta vez no estaban tan cerca. Por fin había logrado dejarles un poco atrás. Entonces, note un pinchazo en la tripa. El bebe no había podido soportarlo más. Me detuve en seco, y gemí de dolor agarrándome el abdomen con desesperación. No podía dar ni un paso más. Ni siquiera alcanzaba a ver más allá de mis narices con todo el mareo que enturbiaba mis sentidos. Mire hacia abajo, y vi otra vez el hilo de sangre. Esta vez no me había pillado en la ducha, y había manchado toda mi ropa. ¿Qué me pasaría si seguía perdiendo sangre? Ya había desechado mucha con la herida del brazo, y el cuerpo no es capaz de soportar una perdida demasiado grande. No sin consecuencias al menos. Pero estaba demasiado débil como para continuar. Así que me apoye en un árbol, y después caía cuelo lentamente. Apoye mi cabeza en el tronco, para descansar. Al menos mis últimos instantes de consciencia serian placidos. Si esto era mi destino, entonces estaba bien. ¿Para qué luchar contra lo inevitable? Mi vida era como una comedia o una telenovela donde todo lo que puede ocurrir, ocurre. Si le contara a alguien todo lo que me pasaba, se reiría en mi cama. Maldito melodrama. Mi existencia seguía con exactitud la ley de Murphy: Si algo puede salir mal, saldrá mal. Claro que sí.

Los ruidos llegaban hasta mí de forma amortiguada, por lo que no podía captar nada de mí alrededor. Mis parpados comenzaron a caer, pero justo antes de que se cerraran del todo, pude ver como dos sombras negras se acercaban a mí. Y no, no eran los chicos.

¡Hola chicas!

¡Aquí está el capítulo! Me costó bastante escribirlo, y no quedo muy allá. Pero es que quería subir la parte de Renesmee, que ya llevaba escrito mucho tiempo, así que me di prisa. ¿Os gustan como van las cosas? Ahora Nessie está a punto de saber quiénes con las sombras y Alec cree que está muerta… Uh Uh Uh. La pista del siguiente cap.: Bueno, digamos que no solo hay zorras en los bosques, y que Alec estará muy decepcionado… Y otro favorcito; ya publiqué el capítulo de **"El diario de Rebeca"**renovado, y me gustaría que pasarais, es bien cortito además: Y ya si me decís que os parece, mucho mejor. Mi Twitteres ese, por si alguien quiere seguirme, yo también le seguiré a él/ella, me aburro mucho y ahora me envicie a esta red social àhttp://twitter.com/#!/Paula_Av2Próximo capítulo pronto, eso sí, si dejáis comentarios, **porque cada vez que no comentáis…**mi hermana concina magdalenas… y creedme, eso es MUY malo. Y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬ ¡Y comentad!

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