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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 40

Los arboles se cernían a mi alrededor mientras corría, envolviendo mi camino por ambos lados, y obligándome a avanzar en una línea recta que no parecía acabarse nunca. El bosque estaba oscuro, y todo se advertía blanco y negro, gracias a la oscuridad de la noche y a la luz de luna perlada que iluminaba el lugar. Las voces de los jóvenes ebrios aun me perseguían, calumniándome y humillándome, burlándose brutalmente de mí. Las lágrimas recorrían mi rostro, totalmente frías, y el dolor era tan generalizado, que no podía distinguir una sola parte de mi organismo que no agonizara. Hasta el bebe sufría, y yo notaba todo ese dolor. ¿Se acabaría alguna vez?, Todo este mal y sufrimiento, cargado de preocupaciones, ¿Terminaría? Porque si no era así, prefería morir aquí mismo, dejar que mis perseguidores hicieran lo que quisieran conmigo, y que todo por fin concluyera. No me quedaba otra cosa que no fuera rendirme, así que… ¿Para qué seguir? Entonces me detuve, me deje caer al suelo, y me agarre las piernas para protegerme, formando como un escudo rodeando con mi cuerpo. Esto era el final, pero saber que llegaba a su fin me causaba más alivio que miedo. No podía soportar esto ni un minuto más. Temblé, escuchando como sus voces y pasos se acercaban más a mí, y justo cuando estaban a punto de caerme encima… desperté.

Me levante sobresaltada, con la mirada borrosa a causa de los ojos llenos de lágrimas. Tome aire como si llevara sin respirar un montón de tiempo, y apreté las manos contra la superficie que tenía debajo de mi, para poder contener el nerviosismo y el miedo que sentía. Mis dedos acariciaron algo suave, liso y como cálido, lo que hizo darme cuenta de que algo no era normal. Ese no era el tacto áspero y rugoso de la tierra del bosquecillo, y mucho menos el tacto bucólico de la hierba. Solté un jadeo de sorpresa en cuanto mis ojos reconocieron donde estaba.

Yo ya había estado en esa habitación antes, y no haciendo cosas discretas e inocentes precisamente. Sentí un escalofrió, y después fue el calor lo que inundo mi cuerpo. Recordar lo que había pasado entre estas cuatro paredes era como poco, vergonzoso. Aquel olor dulce, como de rosas, la enorme sabana de tonalidades oscuras que cubría la inmensa cama chirriante, aquel orden impoluto. Todo. Y cuando vi la enorme estantería repleta de multitud de libros bilingües, no me quedo ninguna duda. Esa era la habitación de Alec.

Una sensación de angustia y desvelo me inundo casi al instante, espabilándome completamente de mi embotamiento por el sueño. ¡¿Qué estaba haciendo allí?! Se suponía que yo debía estar lejos, o muerta quizás. ¡Pero no aquí! Esto no era posible. Era demasiado malo como para que estuviera pasando. Mi plan, la última jugada que me quedaba para salvarme había fallado. Ahora mi bebe y yo estábamos destinados a un futuro incierto, probablemente malo. ¿Cómo habían descubierto que escape? Con mi trampa, era poco probable que hubieran decidido salir en mi busca. No se habrían molestado en buscarme, deje pruebas suficientes, y el tiempo tuvo que borrar mi rastro. ¡Me desangre en la puerta! ¿Es que no habían visto eso? Fuere como fuere, ahora todo se complicaría más. Si antes esto era malo, ahora sería mi peor pesadilla. Los Vulturis no soportaban la traición.

En eso, la tripa me dio otro pinchazo. Él sabía que había algo mal, aunque yo quisiera mantenerlo apartado. Suspire, intentando calmarle, y acaricie mi tripa lentamente. Si ahora mi hijo o hija reaccionaba así a todo lo que pasaba, ¿Cómo respondería cuando el embarazo fuese más avanzado? Me rasque la frente, sabiendo que no tenía respuesta para eso, y después volví a posar la mano sobre mi abdomen. Fue entonces cuando me di cuenta de que no llevaba la misma ropa que cuando escape. Alguien me había puesto un pijama verde oscuro, extremadamente fino, y de seda pura. Encima de este, me habían colocado una camisa, quizás para compensar la finura de tela que tenía la prenda de ropa. Esta era de color negro, y estaba abierta a modo de chaqueta. Tome un pedacito de la tela, y me la acerqué a la nariz para poder olerla. El aroma era inconfundible, y no tarde mucho es adivinar que la chaqueta pertenecía a Alec. Aunque estuviera limpia y lavada, su delicioso perfuma había quedado impregnado en la dichosa tela. Me encogí sobre mí misma, algo confusa. Tener algo suyo alrededor me reconfortaba, y quizás significase que había sobrevivido a la pelea con Brian. Lo que me entusiasmo y me deprimió por partes iguales. Por una parte me alegraba de que estuviera vivo; lo quería demasiado como para no desear eso, pero me asustaba la idea de tener que enfrentarme a él ahora. No podía explicarle que había abusado de él solo para escapar. ¿Qué pensaría de mí? Esta vez seria él el que no querría verme nunca más. Pasara lo que pasara, iba a quedar como una zorra traidora.

Tome las dos solapas de la camiseta y me tape con ellas, metiendo la cabeza en el cuello. Entonces note como la tela de la manga me tiraba. Y recordé la herida que me había propinado yo misma en el brazo para lograr escapar. Rápidamente levante el brazo de la camisa, y observe la incisión. Ahora estaba cubierta por una venda blanquecina, con sangre en algunos lados. La raja era bastante grande, más de lo que recordaba, y recorría con precisión toda la superficie del antebrazo. La acaricie con un dedo por encima de la gasa, y enseguida me inundo una sensación de escozor. El maldito hierro no iba a poner fácil su cura. Y encima tenía sed, porque la garganta me quemaba. Sangre, entonces a mi menteacudió el recuerdo de cuando en medio de la persecución, había comenzado a sangrar de nuevo como en la bañera. Rápidamente me llevé la mano al muslo, y después quite la sabana para poder ver mejor. Estaba limpia, totalmente impecable. ¿Quién me habría limpiado eso? Si fue Alec… sería horriblemente pusilánime. Y si fue otro… realmente también. Me mordí la lengua, poniendo mala cara, y entonces la puerta de la habitación se abrió.

Nunca olvidare esa cara; cada rasgo de su rostro, cada curva de sus facciones, y cada expresión de su perfil quedaría grabado en mi memoria para siempre. Si pensé que había visto a Alec totalmente devastado cuando le dije que me olvidara, estaba muy equivocada. Su cara no tenía comparación. Apretaba los dientes, y tenía los ojos perdidos en la inmensidad, como si mirase a través de todo y no viese nada. Bajó la mirada y su rostro no cambio ni un milímetro cuando me vio despierta. Se me quedo mirando sin decir nada, mientras un doloroso silencio embargaba la habitación. Mi cara debía de ser un cromo también. Frunció el labio, y cerró la puerta tras de él. Después volvió a observarme fijamente por unos segundos y por el semblante de su cara comprendí que sabía lo que había pasado, seguro que ya habría supuesto que fingí mi muerte para escapar. Entonces, camino con paso lento hasta llegar a la cama. Se sentó, con la espalda rígida y recta, y miro a la pared durante varios minutos. ¿No iba a hablar? Porque yo sí que no sabía que decirle. Tenerle tan cerca me mataba.

-¿Te sientes mejor?- murmuro él, con voz suave y neutra. No me miro a los ojos.

-Ah… yo…- tartamudee. Después de todo lo que había pasado, no esperaba que le importase mi estado de salud. Aunque seguro que esto solo sería la calma que precede a la tormenta,- Sí, estoy mejor. Me duele el brazo, pero es algo normal, y los mareos se me están pasando, aunque… aun remiten de vez en cuando…

-Me alegro de que mejores.- respondió él con sinceridad. Después siguió mirando a la pared, absorto en su propia realidad.

Yo me le quede mirando con confusión y tristeza. Junte mis manos y las frote con fuerza, intentando sentirme menos incomoda. No soportaba que me tratara así. ¡Quería que me gritara, que reaccionara! Que me dijera que era una perra estúpida y egoísta, o que me gruñera que tenía otra nueva amante, cualquier cosa con tal de que no se quedara callado. Ese silencio era peor que cualquier cosa que pudiera decir. Porque si hablaba, significaba que seguía vivo, y eso implicaba que aun le importaba, aunque fuera un poquito. No que se quedara mirando a la nada como un pelele. Ese no era Alec. Además, verle tan devastado, tan hundido, me hacía sentir una bola que me oprimía el pecho. Los minutos pasaban y él seguía sin reaccionar. Tendría que intervenir yo.

-¿No vas a decir nada?- dije con voz ahogada, intentando buscar sus ojos con los míos.

Él se giro lentamente, y me repaso de arriba abajo, con el rostro inalterable. Después inclino la cabeza, y entreabrió los labios para hablar, aunque sus palabras tardaron unos segundos en salir.

-En realidad… solo quiero saber una cosa…- me replicó con un hilo de voz al tiempo que yo asentía,- ¿De verdad era tan insoportable la idea de permanecer en el mismo sitio que yo?, ¿De verdad era tan horrible verme cada día, que pensaste que sería mejor malherirte y huir a una muerte casi segura?, ¿De verdad preferías eso, tu vida es tan miserable? Sé que no me he portado bien, pero no creía que llegarías al punto de odiarme así.

-Alec, no.- respondí, e hice amago de acariciarle el hombro, pero concluí que no era una buena idea,- No te odio ni nada de eso. Solo estoy molesta y decepcionada contigo, pero jamás podría despreciarte de ese modo.

-¿Entonces por qué te marchaste?- pregunto,- Estas enferma y débil, sabias que era una misión suicida. Aunque pudieras escapar, no llegaras muy lejos estando viva. Perdiste mucha sangre aquí, y tenias una fiebre muy alta. ¿Qué fue lo que te empujo a hacer eso? Porque te aseguro que nunca fue mi intención incomodarte tanto.

-Puede que no me creas.- repetí,- Pero juro que no tienes nada que ver con que quisiera marcharme. Ojala pudiera explicarte la verdadera razón, pero… ahora me resulta imposible.

No podía contarle que estaba embarazada. Sí él se enteraba, podía reaccionar mal y acabar con todas mis esperanzas de salir de aquí algún día. Tal vez no me creyese igual que yo no le había creído cuando me confesó sus sentimientos, pero no podía hacer más. Le mire a los ojos, intentando comprender que sentía, pero estos estaban tan tenues como cuando había entrado.

-¿Qué puede haber tan grave, Renesmee?- preguntó. No, claro que no le había convencido,- Si dices la verdad y no es por mí, entonces debe de tratarse de algo horrible.

-Te prometo que te lo contare cuando llegue el momento.- suplique, aunque no estaba muy segura de que pudiera cumplir mi promesa,- Te prometo que cuando este lista, te diré todo lo que está pasando. Hasta entonces te pido por favor que respetes mi silencio. Lo necesito, Alec.

-Me resulta insoportable saber qué te pasa algo y no poder hacer nada. Todo esto es porque te hice daño y no confías en mi, ¿Verdad? No temas herir mis sentimientos, prefiero saber la verdad.- murmuro, bajando la mirada. Y aunque era en parte cierto, no quería hundirle más.

-Es cierto que me hiciste mucho daño Alec, y aun no sé si te podre perdonar algún día.- El asintió, algo pesaroso,- Pero de momento eres el único que sabe que tengo un secreto. Créeme, nadie más es conocedor de la situación, así que de momento tu eres la persona en la que más confió, si así se le puede llamar a esto. No te apures.

-Así que la única persona… - indico él para sí mismo, algo pensativo,- ¿Ni siquiera Santiago lo sabe?

-No… él no tiene ni idea. Nunca le hable de eso.- dije,- Por cierto, ¿Cómo esta?, ¿Qué tal le fue en la pelea?

-Bien, él está bien. Su habitación quedo inservible, pero no le paso nada. ¡Debiste ver su cara cuando le dijimos que estabas viva! Nunca antes había visto a un vampiro en ese estado. Se quedo quiero primero, y luego comenzó a reír a correr por ahí.- dijo, y no pudo evitar soltar una risa. Parecía estar de mejor humor. La verdad es que estar con él también me estaba animando a mí. Me sentía plena.

-Imagino…- conteste, y me uní a su carcajada. Yo también conjeturaba a mi amigo corriendo y riéndose como un loco por ahí.

Él siguió riendo al verme reír, y yo hice lo mismo. Cuando nos quisimos dar cuenta de que ambos estábamos carcajeándonos ya era tarde para parar. Reír por no llorar. Nos quedamos mirándonos profundamente a los ojos, como si intentáramos explicarle al otro que no había sido su intención reaccionar así. Entonces me encogí, y le sonreí levemente, para darle a entender que no pasaba nada. Él hizo lo mismo, lo que me alivio, y cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos demasiado cerca.

Sus brazos me rodearon como si fueran los pilares protectores más fuertes del mundo. Sus manos presionaron mi espalda, y me apretaron contra él. Apoye mi cara en su hombro, entrelazando nuestros rostros, y yo le apreté el cuello con las manos, para que no se alejara. Una de sus manos se metió por debajo de su camisa, y se poso en la tela del fino pijama de seda, para estar más cerca de mí. Me quede en esa postura totalmente quieta, respirando entrecortadamente e ignorando el dolor de estomago. ¿Qué importaba si estaba bien o mal? Ambos lo necesitábamos, cada uno por una razón diferente quizás, pero eso daba igual. Si era lo único que nos reconfortaba, entonces debíamos ofrecernos consuelo. Su aliento rozaba con lentitud la piel de mi cuello, acompasado por sus lentas respiraciones. ¿Por qué todo tenía que ser así? Cuando estaba con él me sentía completamente a salvo, me sentía completa y feliz. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? Ansiaba estar a su lado, pero el destino no paraba de ponernos trabas. Si el supiera lo que sentía por él cuándo me abrazaba, si lograra comprenderlo, quizás podría darse cuenta del daño que me hizo y que me hace con su comportamiento.

Su mano comenzó a deslizarse repetidamente por mi espalda, de arriba abajo. Del mismo modo que usan las madres para calmar a los niños pequeños cuando lloran desconsolados. No pude evitar que una lágrima resbalara por mi mejilla, aunque no sabía si era de dicha o de tristeza. Él se dio cuenta, y me acurruco más fuerte contra él. Era extraño como el corazón es capaz de olvidar el odio o enfado más profundo cuando hay una situación delicada. La vida era tan injusta. Nuestra suerte podría haber decidido darnos un respiro, permitir que permaneciéramos juntos unos minutos más antes de sepáranos para siempre. Pero yo no me caracterizaba precisamente por tener una buena fortuna. En ese mismo momento la puerta se abrió súbitamente, obligándonos a soltarnos. Alec se puso erguido, y yo me quite las lagrimas de la cara lo más deprisa que pude, maldiciendo mentalmente a quien nos había interrumpido.

-¡Oh! Alec, estas aquí. Siento haber interrumpido.- indico aquella chica.

Nunca antes la había visto en toda mi vida, y estaba segura de ello porque aquella joven no tenía un físico difícil de olvidar. Tendría más o menos mi edad. Tenía el cabello castaño, ligeramente ondulado y largo hasta la cintura. Su rostro tenía unas facciones perfectamente bellas: ojos grandes de color carmesí, nariz pequeña y delicada y unos labios gruesos y carnosos que al natural parecían estar cubiertos del mejor de los carmines. Su cuerpo era como una escultura extremadamente sensual; alta y delgada, con caderas curvas y pechos grandes. Sus piernas eran interminables, y ella debía saberlo, porque dejaba que todos las vieran debajo del vestido que llevaba, que pobremente la cubría unos centímetros por debajo de la cintura. Y su escoteno era menos, ya se había encargado ella de que su corsé la colocara bien arriba sus atributos femeninos. Alec se quedo mirándola de arriba abajo, algo embobado. Solo le falto ponerse a babear delante de ella y después empotrarla contra la pared para violarla delante de mí. Noté como intento mirarla a los ojos, pero era un hombre, y la vista se le iba un poco más abajo. Eso me molesto mucho, porque sabía que no había manera posible de compararnos, así que me mordí la lengua y observe a la chica con el rostro duro como una piedra. Sí, por si no era obvio, le tenía envidia.

-Si...- respondió Alec, con la voz algo ronca a causa del impacto que le había causado su hermoso cuerpo,- No te preocupes, no interrumpes nada. Es que Renesmee despertó y yo quería saber cómo estaba.

-¡Oh! De acuerdo. Entonces no hay problema.- murmuro ella sin perder la sonrisa, totalmente consciente de lo que había provocado en Alec,- La próxima vez pediré permiso, es que como me dijiste que podía venir cuando quisiera a tu habitación si tenía alguna duda, pues pensé que estabas solo…

Era yo, ¿O aquí olía a zorreo que apestaba? Apreté la sabana con la mano para no perder los nervios, y Alec se dio cuenta, porque miro mi mano unas milésimas de segundo antes de volver a admirar su escultural silueta. Esa chica no se cortaba ni un pelo. Y encima Alec le seguía el juego como un idiota. ¡Él era mío, y ella no tenía derecho a interrumpir nuestro abrazo y nuestra conversación! Aunque según Alec no había interrumpido nada, y encima parecía agradecido de que ella estuviera aquí. Estaba convencida de que le gustaba, por completo. En realidad ella era el tipo de mujer que gusta a cualquier hombre, y lo peor de todo: el tipo de chica con la que Alec hace buena pareja. "Me dijiste que podía venir cuando quisiera a tu habitación", había dicho ella, lo que significaba que ya se conocían, y que encima habían entablado una buena… relación. Estaba clarísimo; blanco y en botella, entre ellos dos había algo.

-Suelo estar solo…- se apresuro a responder Alec,- Pero ella necesitaba descansar, y era una de las pocas habitaciones que quedaban decentes después de todo. Renesmee…- dijo él, y yo le mire,- Ella es Bianca. Ella y su hermano Mathew te encontraron cuando venían aquí para ingresar en la guardia. Son los nuevos miembros de los que creo que te hablo Santiago.

-Sí, ya me aviso de que vendrían. ¡Genial!- Dije, intentando parecer amable. Mire a Bianca firmemente, intentando intimidarla, pero ella me observo del mismo modo en el que un adulto mira un niño cuando sabe que es superior mentalmente. Sabía que no tenía derecho a enfadarme, porque entre Alec y yo no había nada, pero estaba celosa como nunca. No podía reprocharle sin quedar como una estúpida.

-Sí, es fantástico.- contesto ella forzadamente,- Te encontramos medio desangrada en el bosque, toda sucia. Al principio dudamos que fueras una vampira, porque realmente tienes muy mal aspecto. Te perseguían unos niñatos, así que tuvimos que encargarnos de ellos. Pensamos que eras miembro de los Vulturis porque mi hermano vio con su don que había una pelea, y supusimos que estabas herida por eso. Fíjate, acertamos. Y… ¿Cómo te encuentras?, ¿Estas ya mejor?

"Estúpida fulana rompe-planes, grosera y necia, como si te importara mucho mi estado de salud", pensé. Si alguna vez había renegado de Abrielle, era porque no había conocido a Bianca. Ella era mucho peor. Mi corazón sufría un cumulo de emociones drástico, y ver como Alec la prefería a ella antes que a mí en todos los sentidos me hacía mucho daño. Es como cuando tienes un juguete que no usas, y un día alguien lo coge, y de repente se convierte en tu pasatiempo favorito. Estaba viendo como esa idiota se trabajaba a Alec delante de mis propios ojos para llevárselo a la cama, y no hacía nada para evitarlo.

-¿Yo? Perfectamente.- respondí, cabreada. En ese momento lo que me apetecía era agarrarla de los pelos y tirarla a la fuente. Y ya de paso comentarle que debería retocar su vestuario para no parecer una prostituta de barrios bajos,- Gracias por preguntar, Bianca. Te agradezco mucho que me trajeras de vuelta.

-No tienes nada que agradecer, y me alegro de que estés bien.- respondió ella, y volvió a sonreírme.

En ese momento nuestras miradas se cruzaron. Fue de ese tipo de contacto visual que piensas, "Si las miradas matasen, tu ya estarías en el cementerio". Sus ojos borgoña taladraban los míos, pero yo no me iba a dar por vencida. Sabía que resultaba estúpido luchar por parecer más guapa, más sexi o más agresiva que ella. Eso era una batalla perdida. Pero no quería darle a entender que era débil. Alec podía ser el padre de mi hijo, y desde luego que no quería que estuviese con esa meretriz.

-¿Y qué es lo que necesitabas?- pregunto Alec, siendo consciente de nuestra tensión. Nos miraba a las dos algo confuso, como si no entendiese la situación,- Ya sabes, te dije que vinieras si precisabas ayuda, y has venido…

-Pues en realidad…- contesto Bianca mordiéndose el labio lentamente,- Nada especial, solo que me enseñases mi habitación, este castillo es enorme, y no tengo ni idea de donde están los lugares importantes. Encontré tu cuarto porque la agradable de tu hermana me lo indico. Además, me caes muy bien, y quería charlar un rato contigo. No sé, sino te importa…

Mire a Alec, deseando con todas mis fuerzas que dijera que no, pero él era un hombre, y se dejaba llevar por los instintos básicos. Prácticamente, traducido al idioma común, lo que Bianca había dicho era algo como: *"Pues en realidad, nada especial, solo quiero que me lleves a mi habitación, donde te desnudare y te daré sexo salvaje, y luego nos reiremos de la idiota de tu amiga, que se quedara aquí con cara de amargada, llorando. Encontré tu cuarto porque la maleducada y desagradable de tu hermana me lo dijo de malas maneras. Además, eres realmente guapo, y quiero que me muestres lo guapo que sigues siendo debajo de tu traje. No sé, soy una experta, y te hare lo que nunca te han hecho, se que lo deseas".*Sí, eso era una buena traducción, y Alec también la sabía.Yo baje la mirada, incapaz de ver la cara de Bianca cuando Alec accediera a su proposición. Pero entonces noté los ojos de Alec clavados en mí, y yo subí la cabeza para mirarle. Él se mordió el labio pensativo.

-No lo sé Bianca.- murmuro,- No estoy muy seguro de que sea bueno dejar sola a Renesmee. Aun esta algo confusa, y quizás necesite que alguien la cuide hasta que se le pase el mareo.

Yo le mire anonadada, sin creer lo que había dicho. ¿Una diosale proponía sexo seguro y él se quedaba aquí para cuidarme, aun sabiendo que no haríamos nada de nada? Era demasiado extraño. Bianca también se sorprendió ante esta respuesta, pero desde luego que no iba a rendirse.

-¡Oh! Valla…- dijo ella, pasándose la lengua por el labio,- Bueno, ella ha dicho que ya está mejor, quizás no le importe estar un ratito sola. ¿Te molesta, Renesmee?- pregunto, y me miro a mi.

Yo tarde unos segundos en contestar, principalmente porque no sabía que decir. Si le decía queque me molestaba, Bianca me odiaría y me habría buscado una enemiga más, y además Alec descubriría que me moría de celos, y tampoco quería que supiera eso. Y si le decía que no, tendría que aceptar que ellos dos iban a acostarse mientras yo me quedaba aquí. Sabía lo que tenía que hacer, aunque me molestara. Mi orgullo era demasiado grande.

-No, claro que no.- respondí con la voz más neutra que pude,- Muéstrale todo lo que quieras. Estoy bien, no me importa que me dejéis sola un rato.

Bianca sonrió satisfecha, diciéndome con los ojos que había tomado la mejor decisión. Alec por su parte, abrió los ojos como platos, algo suplicante, y me observo profundamente.

-¿Estás segura?- repitió Alec, queriéndome dar una segunda oportunidad. Sabía que me lo decía para que admitiera que le estaba celosa. Si se quedaba, quería que fuese porque yo se lo había pedido. Quería tener la certeza de que no renunciaba a un rato de placer por nada.

-Totalmente segura.- repetí, con la misma voz que la de un robot. No quería ceder, no quería que descubriera que era débil. Eso solo traería problemas, a mí y a mi bebe.- Pasarlo bien.

-De acuerdo.- añadió Alec, mirando a la nada confuso. Se puso en píe, y se acerco a Bianca. Una vez cerca de ella, se giro en mi dirección, y asintió.

-Bueno Renesmee, ya sabes. Si necesitas algo llámanos.- dijo Bianca, triunfal,- Adiós, y mejórate.

Mi única respuesta ante su mofa fue un asentimiento. Después ella sonrió aun más, y abrió la puerta, saliendo por ella unos segundos después. Alec frunció el caño, se mordió el labio y se giro para acompañarla, caminando con lentitud hasta la puerta. No me dio tiempo a contener las lágrimas antes de que Alec saliera de la habitación. Emití un jadeo de dolor, y una respiración profunda. Este se detuvo un momento, debatiéndose entre irse con Bianca o quedarse conmigo. Pero yo seguí sin decir nada, comiéndome el dolor por dentro. Después suspiro y siguió caminando para marcharse con ella. Cerró la puerta, y ambos se perdieron por los pasillos mientras las lágrimas seguían precipitándose por mis mejillas sin ningún consuelo. Definitivamente, no tenía remedio; era una completa estúpida.

¡Hola chicas!

¡Aquí está el capítulo! Sé que es horrible, me quedo muy aburrido y muy mal escrito, pero es que no sabía cómo hacerlo. Espero poder hacer mejor el siguiente. ¿Os gustan como van las cosas? Bianca es una estúpido, ¿Verdad? Y Alec se deja engañar, y Ness es una maldita orgullosa. ¡No se salva ninguno! Uh Uh Uh. La pista del siguiente cap.: Digamos que pasa "algo indefinido" entre Alec y Bianca, y además, Jane y Santiago… pasaran cosas… ¬¬ también indefinidas. Además quería avisaros de que a partir del 15 del próximo mes no podre subir casi capítulos, porque empiezo el instituto, y este año es muy duro. Intentare subir todos los posibles antes de empezar. Y otro favorcito; pasaros por "El diario de Rebeca"renovado, es bien cortito además: Y ya si me decís que os parece, mucho mejor.=) Mi Twitteres ese, por si alguien quiere seguirme, yo también le seguiré a él/ella, me aburro mucho y ahora me envicie a esta red social àhttp://twitter.com/#!/Paula_Av2 Próximo capítulo pronto, eso sí, si dejáis comentarios, **porque cada vez que no comentáis…**Emmm… un dromedario muere violado por un wombat australiano. Y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬ ¡Y comentad!

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