← Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? · de
Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 4
Una mano en mi hombro hizo que me despertara sobresaltada. Pegué un bote en el asiento y mire a mí alrededor con nerviosismo. Entonces caí en que la persona que me había tocado el brazo era la azafata que antes me había ofrecido una bebida. Estaba plantada en frente de mí, con una sonrisa radiante y aspecto servicial.
-Lamento haberla despertado, pero vamos a aterrizar y tiene que ponerse el cinturón de seguridad. Hace viento y eso podría provocar algunas turbulencias en el avión- me dijo con voz firme.
Yo la mire intentando despertarme del todo, aun estaba demasiado embotada por el sueño.
-Claro… enseguida me lo pongo- respondí, y ella se marcho.
Hice lo que me pedía y me abroche el cinturón. Me froté los ojos con las manos mientras veía como la azafata seguía dando indicaciones en varios idiomas a las demás personas a bordo. Entonces, el avión comenzó a descender. Emitió un fuerte chirrido cuando las ruedas tocaron el suelo por primera vez, y justo después el avión fue perdiendo velocidad hasta detenerse por completo. Pasaron unos minutos hasta que nos dieron orden de abandonar el aparato y descendí por las escaleras hasta llegar a la pista de aterrizaje. El cielo estaba oscuro en Francia, probablemente sería más de media noche, teniendo en cuanto la gran franja de diferencia horaria entre Europa y América.
No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar. Sabía que buscaba unos vampiros con ojos dorados, pero de momento no lograba visualizarlos. Además, me sentía un poco nerviosa ante lo desconocido. ¿Qué clase de gente sería?, ¿Cuántos vampiros formaban el clan? Ni mi madre ni mi madre me habían dado esa información antes de despegar, bien es verdad, que quizás no me la dieron porque ni siquiera me moleste en pedírsela.
Cogí mi equipaje en cuanto pude y comencé a vagar por el aeropuerto intentando encontrar a mis anfitriones. Estuve deambulando por ahí casi media hora, y cuando comprobé que no estaban en ninguna parte, me detuve en frente de la puerta del aeropuerto a esperar. ¿Es que no pensaban venir? Eso era lo último que me faltaba después de todo lo que me había pasado en estos últimos días. Con Jacob, sobre todo con Jacob, porque él siempre estaba en mi cabeza y por mucho que luchara contra él, me resultaba imposible olvidarlo. Jacob… con su pelo negro azabache, su preciosa piel tostada, caliente como el sol, sus ojos negros y brillantes como relucientes perlas marinas… ¡No Renesmee! No pienses en él. Se suponía que este viaje es para no recordar más a Jacob.
Los minutos pasaban y pasaban, y no podía distinguir a ningún vampiro en la superficie del aeropuerto. Solo veía una multitud de gente caminando de un lado a otro, reuniéndose con sus seres queridos. ¿Por qué tardaban tanto? Se suponía que ellos sabían que iba a venir ahora. Mi padre me había dicho que había arreglado todo con el líder del clan para organizar mi llegada. Pero llevaba un motón de rato en el aeropuerto y no había rastro de ellos. ¿Qué se supone que debía hacer?
Entonces, en ese mismo momento noté mi móvil vibrando en mi bolsillo. Rápidamente alargué la mano y lo cogí, pulsando el botón para contestar sin ni siquiera mirar quien era, debido a la ansiedad que me estaba embargando en ese momento.
-¿Sí?- dije con voz ahogada.
-Renesmee, cariño- dijo mi abuela al otro lado del teléfono con la voz aliviada. Al escuchar la voz de Esme, sentí como todo mi cuerpo se relajaba.
-Abuela…- susurre,- No hay nadie conmigo, no han venido a por mí.
-Lo sé, cielo. Por eso te llamo… Emmanuel, el líder del clan, ha llamado a Carlisle. Dice que tienen problemas muy graves con los hijos de la luna. Hay una especie de plaga y tienen que eliminarlos para que su territorio sea seguro. Nos han comunicado que en cuanto puedan enviaran a uno de los miembros ha buscarte lo hará, pero que hasta entonces es mejor que esperes donde estas. No creo que tarden mucho, quizás no puedas ir a su casa, pero cuidaran bien de ti. Estate tranquila…
Tarde unos segundos antes de poder contestar.
-¿Qué se supone que debo esperar? Estoy sola, lejos de casa y tengo sueño. ¿Esperas que me limite a pasar la noche en un aeropuerto muerta del asco? Ni siquiera quiero estar aquí…- esta vez el silencio se prologó por parte de Esme.
-Lo siento mi vida… no sé qué decir, ojala pudiera estar contigo. Como te he dicho no creo que tarden mucho. Espera un poco, y si ves que siguen sin llegar llámame y te prometo que iré yo misma allí para buscarte, ¿vale?- respondió ella son su habitual tono dulce.
-Vale abuela… estaré bien. No te preocupes. ¿Sabes quién vendrá a buscarme? Ya sabes, para saber que esperar- le pregunte.
-No lo sé- contesto ella vacilante,- Aun no están seguros, peor no te preocupes, todos son igual de amables.
-Está bien… sin problema. Eso… abuela…- dije con aire interrogativo.
-¿Sí, mi amor?- respondió.
-¿Cómo están papá y mamá?- sus nombres se clavaron en mi garganta como dagas ardiendo. Tenía la necesidad de saber cómo se encontraban y no había podido contener la pregunta.
-¡Oh! Bueno…- susurro ella también sorprendida,- Están bien, e echan de menos y desean que lo pases bien.
-De acuerdo… - dije, sintiéndome fuera de ligar,- Adiós.
-Adiós cielo- respondió antes de colgar. Yo me quede ahí plantada como una idiota, bajando el teléfono lentamente y guardándolo con desgana. ¡Odiaba mi mala suerte!
Me senté en uno de los asientos más cercanos, rodeada de los últimos rezagados que aun estaban allí. Esta sería una noche muy larga.
Tardaron un par de horas en venir, y estaba tan adormilada, mirando fijamente a mi reloj que estaba a punto de marcar las cuatro de la mañana, que no me di cuenta cuando se detuvieron en frente de mí. Mis sentidos estaban tan sumamente agarrotados y la sensación de agotamiento era tal, que no subí la mirada hasta que escuche un carraspeo.
-¿Qué…?- dije confusa, mirando hacía donde venía el ruido.
En frente de mía había dos vampiros. Ambos de ojos dorados y piel nívea. Uno de un chico, joven y de pelo oscuro. Vestía bastante informal, y sopesaba a su alrededor con la mirada. Su acompañante, sin embargo, era una chica, de aproximadamente su misma edad, 18, diría yo. Tenía el cabello de color paja, entre anaranjado y amarillo, y en su cara estaba reflejada una expresión de súbita soberbia. Tenía el labio fruncido, y miraba a todos lados como si lo que la rodeaba fuera desagradable.
-Lamentamos haber tardado…- dijo el chico, al mismo tiempo que me tendía la mano con amabilidad,- Soy Nicolás. Y ella - añadió señalando a su compañera,- es Vale.
-Su novia- añadió ella mordaz, fulminándome con la mirada y dándome a entender que mi presencia no le agradaba en absoluto. Ni siquiera me había dado la oportunidad de contestar.
-Renesmee Cullen. Y no hace falta que te disculpes- añadí mirando de reojo a la chica. Ya puestos, seguiría si juego,- No ha sido culpa tuya.
-¿Te encuentras bien? Tu familia nos comento algunas de tus necesidades- pregunto él cortes.
-Sí, tienes un aspecto horrendo…- añadió Vale. Nicolás resoplo, y yo la dedique una mirada neutra.
-Me encuentro perfectamente, solo necesito dormir un poco para encontrarme mejor. Gracias- añadí tajante.
Nicolás pareció comprender a la perfección mi tono de respuesta. A pesar de que fueran novios, (o al menos eso era lo que ella decía), parecía como si estuvieran peleados, y como su relación y sentimientos pendieran de un hilo. Compadecí a Nicolás.
-En ese caso será mejor que nos vallamos de aquí. Como tu familia te habrá dicho… - añadió Nicolás tomando a Vale de la mano con delicadeza, al mismo tiempo que ella le dirigía una mirada asqueada,- tenemos problemas con los hijos de la luna. No podemos regresar aun con Emmanuel y el resto a nuestra casa de residencia, al menos no aun. Es por seguridad. Sin embargo, no te tienes que preocupar, tenemos todo planeado. Pasaremos el tiempo que haga falta en una Hostal alejado y seguro. Es encantador, te gustara.
-Sí- dijo Vale, sin tener aun un tono amable,- Esta cerca de aquí, en Trouville. Creo que te sorprenderá, los americanos solo están acostumbrados a la contaminación y a lugares horrendos, lleno de rascacielos enormes y carteles luminosos, por lo que estoy convencida de que un pedacito de Francia te parecerá hermoso.
-Valentina…- la interrumpió Nicolás cortante.
-No importa- me apresure a decir,- Pero quizás debas conocer las cosas antes de juzgarlas, Valentina. En América no solo hay contaminación, hay lugares precioso, igual que aquí. No todo lo que hay son rascacielos, hay grandes monumentos y además bosques de todo tipo, ríos y lagos. Y en cuanto a los carteles luminosos… creo que confundes Estados Unidos estero con algunas zonas, como las Vegas. No te pido que ames mi tierra como la amo yo, porque eso no será posible. Solo te pido que la respetes tal y como yo hago con la tuya.
Ella me miro durante unos segundos, y Nicolás hizo lo mismo. Parecía satisfecho de lo que le había dicho.
-Como quieras- fue su única respuesta.
Nadie dijo nada mientras cogíamos el coche, negro como la noche y pequeño de Nicolás, y conducimos hasta Trouville. No tardamos más de media hora, aunque a mí se me hizo eterno. Nicolás y Valentina cuchicheaban por lo bajo, sobre mí. Yo no la agradaba para nada a Vale, pero su comportamiento era irreal e inmaduro. Nicolás parecía más amable, e incluso avergonzado del comportamiento aberrante e infantil de su novia. Tenía tanta paciencia… yo en su lugar la habría mandado lejos hacía ya tiempo.
Cuando llegamos, yo estaba a punto de caer dormida en el asiento del coche. Trouville era un pueblo pequeño de casas de piedra y ambiente bucólico. Nicolás me acompaño hasta la habitación, pidiéndole la llave a la recepcionista, mientras que Valentina esperaba en el coche con ademan malhumorado. Él se comporto muy amablemente, prometiéndome que regresarían mañana, pero que tenían que ir a ver como estaba el asunto de los hijos de la luna. Me dijo que mandarían comida y todo lo que necesitara, pero que no saliera de allí, ya que no querían que sufriera ningún daño.
Cuando se marcho, me deje caer en la cama como un títere. La habitación era modesta, simple y delicada. Tenía un baño conectado a la habitación, y un mobiliario muy básico. Pero todo eso no importo, cerré los ojos y acabe dormida, soñando con lo mismo que había soñado durante semanas. Mi Jacob.
La noche estaba cayendo ya en la campiña francesa, pero eso no hizo que nos detuviéramos, al contrario, apretamos el paso aprovechando que ya nadie nos podía ver apenas. Heidi, yo y unos cuantos guardias más habíamos recorrido cientos de kilómetros desde Italia hasta Francia para conseguir sangre exótica para el resto de los Vulturis. Nos gustaba poder degustar cosas nuevas de vez en cuando, y recorríamos Europa. Yo solía acompañar a Heidi en ese tipo de excursiones, permanecer en el castillo podía ser bastante aburrido y monótono, y además, podía aprovechar esas salidas para otra cosa que no era saciar mi sed… la sangre no era lo único exótico que tenían las delicadas chicas francesas, o las refinadas chicas inglesas, o las fogosas chicas españolas. Era por eso mismo por lo que Abrielle se había quedado en el castillo, tras mucha insistencia mía, pero que con mi encanto, había surgido efecto. Sí ella hubiera venido, todo esto hubiera sido demasiado aburrido.
Sin decir una palabra, me escabullí del grupo para comenzar con mi diversión, adentrándome en un pequeño pueblo de casas de piedras, que no sabía cuantas sorpresas podría darme.¡Hola! Aquí está el capítulo editado que os dije, he cambiado el final, y en cierta manera creo que ha quedado mejor que el anterior, ¿Qué pensáis?
También adelantaros que en el próximo capítulo, (que ya está escrito, y solo tengo que copiar y pegar), será cuando Renesmee y Alec se conozcan. Es un capítulo emocionante, y creo que os gustara. Lo subiré cuando tenga algún comentario, y cuando sepa si os gusta la historia o no.
Muchos besos y Comentad.
Paulasmog.