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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 5

El día había sido bastante aburrido en la pequeña estancia de aquel hostal. No había salido de mi habitación desde que me había levantado, ya a altas horas de la mañana, movida por el cansancio de la noche anterior. Tenía todo el cuerpo dolorido por haber estado metida en un incomodo avión durante horas, y la cabeza me dolía ligeramente, causada por la aun ausencia de sueño. Nicolás y Vale me habían dejado algo de comer en la habitación, y ambos parecían haber desaparecido, ya que no vinieron a verme ni una sola vez. Era como si se hubieran olvidado de mí. Y no estaba demasiado segura de que su ausencia se debía a una nueva pelea entre ellos o a que estaban haciendo las paces. Una pequeña parte de mí deseo que él le diera su merecido a ella, que se había comportado horriblemente mal la noche anterior.

Estaba tremendamente aburrida, por lo que comí lentamente mirando distraída a la televisión y cuando termine, me metí en el cuarto de baño para darme una larga ducha. Esta me sentó mejor de lo que esperaba, el agua tibia hizo que mi cuerpo se asentara y se relajara. Cuando salí rebusque entre mi ropa algo que ponerme, y como tenía tiempo de sobra, me demore más de lo normal, aunque al final no escogí nada especial. Tan solo unos pantalones básicos y bastante cortos de color blanco, una camiseta de manga corta con tonos rosas pastel y unas "Converse" bajas a juego con la camiseta. Me acerque a la ventana para verificar si ya estaba anocheciendo, y me pregunte de nuevo donde se habrían metido mis dos supuestos cuidadores, al mismo tiempo que confirmaba mi sospecha. El cielo estaba teñido de un mágico color rosa anaranjado, y el sol estaba a punto de ocultarse tras el horizonte.

Tras soltar un suspiro de cansancio abrí lentamente el cristal y una ráfaga de aire frio entro a la estancia. En ese momento sentí unas enormes ganas de salir para explorar el lugar. De ver los paisajes y la gente, o de hacer algo más emocionante que ver la televisión y de darme una ducha prolongada. Entonces no me lo pensé más, agarre una sudadera blanca y salí de la habitación. Me puse la prenda mientras bajaba las escaleras del hostal, al mismo tiempo que me decía a mi misma que salir a dar un paseo no sería nada malo. Al fin y al cabo, ¿Qué podía pasar? Y lo más importante, ¿Qué probabilidades tenían Vale y Nicolás de enterarse de que había salido? Casi nulas: si no habían regresado en todo el día, era dudoso que lo hicieron por la noche.

Salí por la puerta del establecimiento bajo la turbia mirada de la recepcionista. En cuanto mis pies tocaron la empedrada acera sentí como me acobardaba y me conciencia hacía aparición, insistiéndome a mi misma que regresar a mi cuarto y esperara a que llegaran mis acompañantes. Me presionaban para que fuera sensata, pero yo ya estaba cansada de mi sensatez. Siempre siendo una niña buena, obedeciendo a todo el mundo y siendo lo que mis padres, mi familia o Jacob había querido. Siempre como ellos deseaban, pero eso ya se había terminado, y una oleada de furia acompaño ese pensamiento. Y sin pensar nada más, comencé a caminar hacia la derecha con paso ligero, sin más dudas en mi cabeza y con las energías renovadas de recorrer aquel maravilloso lugar. Había sido una niña buena demasiado tiempo ya era de cambiar las erróneas y viejas costumbres, ¿no?

Anduve por las calles durante poco más de media hora. Cada vez estaba más oscuro, y el viento se clavaba en mí como cuchillas de hielo. Hacía mucho frio, pero quería seguir caminando. No sabía a dónde iba, solo era consciente de que cada paso me alejaba más y más de mi lugar de partida y de que no tenía la menor idea de cómo regresar. Pero no me importo, en ese instante me sentí tan tranquila, que pensé que nada podía perturbar la paz de mi espíritu. Pero estaba completamente equivocada.

Me había alejado tanto que ya no había nadie por las calles. A mi alrededor las ventanas estaban cerradas, y no podía verse ni un alma. El silencio de los caminos solo era interrumpido por mis pisadas, que retumbaban y llenaban mis oídos de un eco horroroso. Me abrace a mí misma, ya que empezaba a sentir mis músculos agarrotados por la baja temperatura. Estaba asustada y me quede inmóvil. Mire para todos los lados, con una sensación extraña embargándome el pecho. Entonces note una ráfaga de viento muy fuerte a mis espaldas, me gire, pero no pude observar nada. Mi columna y mis extremidades estaban tensas, y mis pupilas se habían dilatado. El aroma que percibían mis fosas nasales era francamente reconocible y familiar. Y fue en ese momento cuando vi la oscura silueta, inmóvil como una estatua de mármol perfecto.

Era un vampiro. Su sombra, oscura y sombría me observaba desde la esquina con una expresión que no supe descifrar, sin embargo, fui capaz de atisbar una pequeña sonrisa en sus carnosos labios. Parecía llevar allí parado durante horas. Mi cuerpo se envaro cuando me fije en el color de sus pupilas: rojo. Escarlata como la muerte, de un granate vívido que me ponía los pelos de punta y que se podía ver refulgir, destacando en su estilizada figura. Entonces dio un paso al frente, y pude distinguir aun mejor su silueta. Era muy apuesto, y muy joven también, aunque el peso de los siglos vividos estaba marcado en sus delicadas y aniñadas facciones. No sería mucho más alto que yo, pero era fibroso, y parecía tener la fuerza suficiente como para tumbarme con poco esfuerzo. Me miraba fijamente, con el rostro ligeramente inclinado. Me pregunte qué era lo que estaba pensando en ese momento, y cuál era la razón por la que tardaba tanto en acercarse a mí y beber mi sangre, en matarme. Sin embargo no tuve que esperar mucho para eso.

Antes de que fuera capaz de reacción se abalanzo sobre mí con una rapidez inhumana y me empujo contra la pared, agarrando mi cuello con una de sus manos y haciendo que perdiera la respiración momentáneamente. Cerré los ojos cuando mi cabeza choco con la pared de piedra, y noté un dolor punzante por todo el cuerpo. Sentí las lágrimas amenazando con salir de mis ojos, pero apreté los dientes con fuerza y logre que no salieran de su sitio. Ya había sido demasiado estúpida como para salir del hostal sin permiso, y no le daría la satisfacción a aquel vampiro desconocido de saber todo el daño que me estaba haciendo. La presión de su manos en mi cuello descendió, y el oxigeno volvió a entrar y salir de mis pulmones de una forma más normalizada. Sin embargo, sabía que no había hecho más que empezar. No pude evitar preguntarme que hacía un vampiro allí, perdido entre los prados franceses.

Permaneció inmóvil durante unos segundos, en el que pude escuchar mi fuerte respiración junto a la suya, repleta de calma. Note una de sus manos dentro de mi camiseta, acariciando suavemente mi tripa y mi espalda, lo que hizo que pegara un bote de sobresalto. Su mano estaba congelada, pero sus dedos eran mucho más suaves y delicados que los de Jacob, lo que provoco que sintiera un hormigueo en el estomago. Sentí mi corazón a punto de salirse de mi pecho, bombeando sangre descontroladamente y como esta subía a mis mejillas para volverlas rojas. Él rió entre dientes. Yo cerré los ojos momentáneamente, incapaz de sostener su mirada, entonces, escuche su voz por primera vez.

-Tranquila, todo acabara pronto… tenía otros planes para ti…- y se paso la lengua por los labios,- Pero no puedo contenerme, eres tan…

Su voz no sonó como yo la había imaginado. Era delicada, fría pero agradable, como un dulce canto de sirenas. Procuraba sonar amenazante, pero había algo en ella, algo oculto que parecía atormentarle muy dolorosamente. Tragué saliva.

Su mano salió de debajo de mi camiseta y agarro mi mejilla, haciendo girar mi cara hacía otro lado con violencia, dejando toda la superficie de mi cuello a su alcance. Sentí su frio aliento cuando se aproximaba más y más, y entonces, sus labios congelados rozaron mi cuello, primero suavemente, luego, de forma más animada. Descendió y subió por él rozando con sus labios mi piel y haciendo que sintiera escalofríos. Era tan suave.

-Tu olor…- añadió con voz enfermiza, como si estuviera reprimiendo ungemido,- Tu olor es tan delicioso… tu sangre… canta para mí.

Estaba desesperada, ahora deliraba y se ponía a decir que mi sangre cantaba, ¿Podía ser más confuso?

Sabía que mi muerte estaba cerca, y quizás no podía hacer nada para evitarlo. Él era más fuerte y más rápido, estaba sediento y me tenía inmovilizaba. Estaba claro que físicamente no tenía ni la más mínima oportunidad contra él. Pero… ¿y psicológicamente? Tarde unas milésimas de segundo en razonar, y hallar una posible solución.

Sabiendo que no podría hablar, me dispuse a comunicarme de la única otra forma que yo sabía: mi don. Posé mi mano en su cara de forma torpe, y comencé a mandarle pensamientos: él porque deseaba vivir, suplicas de piedad, o simplemente como vivía yo todo lo que me estaba haciendo, el dolor y la angustia que me causaba. Aunque estaba tan nerviosa que lo único que logre emitir fueron imágenes confusas y borrosas, con mensajes sin sentido que solo lograrían confundirle. Él soltó un jadeo, pero apenas se movió. Era como su no le hubiera llamado la atención.

Después de una pequeña pausa de controlada sorpresa continuo con más garbo, como si ahora estuviese enfadado. Rasgo la tela de mi sudadera hasta que le hizo un agujero enorme, dejando brillar aun más mi piel. Me arrimo contra la pared al mismo tiempo que notaba como sus dedos se enrollaban alrededor de él collar con el escudo de mi familia que llevaba en el cuello.

-Cometería el mayor de los pecados si malgastara tu sangre de ese modo…- añadió para el mismo,- Tengo que saborearla, tengo que disfrutarla… eres diferente, jamás había sentido esto antes…

Sentí su lengua, fría como puro hielo deslizarse por toda mi garganta, y después comendo a descender dando pequeños mordisquitos y rozando toda mi piel con sus labios, succionando de vez en cuando, como si fuera un beso. Jacob ya me había besado de esa forma en más de una ocasión, y recordaba que tras esos arrebatos de pasión tenía que llevar camisetas de cuello alto durante una semana al menos. Me dejaban unas marcas rojas sospechosas en toda la superficie del cuello. Y probablemente esta vez sería igual.

Se detuvo. Sus dientes presionaron una parte de mi cuello y esta vez no pude reprimir el gemido de dolor. La ponzoña ardía a pesar de que apenas era un rasguño. Notaba mi collar tirante en la nuca, ya que aun no tenía retorcido entre sus manos. Probablemente me haría también una herida pronto, o se rompería.

Entonces, como si alguna fuerza lo hubiera repelido, salió lanzado hacía atrás. Retrocedió varios metros, y yo caí aturdida al suelo, resbalando con la pared como un guiñapo y con un mareo que me impedía estar en píe.

-Tú…- mascullo con la voz envenenada,- Tu eres…

Le mire entrecerrando los ojos, sin comprender nada de lo que estaba pasando.

-¿Qué…?- logre murmurar con voz ahogada, pero no me escucho.

-Eres diferente- insistió,- No eres humana, ni eres vampira. Eres una repulsiva hibrida.

Su voz se crispo, pero sus palabras apenas me hicieron daño en el lamentable estado en el que me encontraba.

-Tu eres la hibrida de los Cullen- sentencio finalmente.

Me pregunte el cómo había sabido de donde venía, pero en cuanto vi sus ojos lavados en mi collar, grabado con el emblema de mis familia, tuve la respuesta. ¿Acaso me conocía?

Subí la mirada. Le advertía de forma borrosa, pero llegue a distinguir su rostro enojado. Su cuerpo tenso y sus ojos de un refulgente color negro. Sediento. Se tapaba la boca con la mano, y me señalaba acusadoramente. Me llevé una mano al cuello, y toque el corte que me habían hecho sus dientes. Cuando mire la palma, pude comprobar que estaba llena de sangre. De mi sangre.

Pasaron unos segundos de incomodo silencio, en los que mi malestar creció. La cabeza me iba a explotar. Seguidamente, escuche sus pasos acercarse a mí. No tuve valor para mirarlo, no quería saber que tocaba ahora, solo deseaba que terminara ya. Hice el amago de suplicar, de decir lo que fuera antes de que todo esto llegara a su fin, pero no me salía apenas la voz.

-¿Quién eres?- susurre.

-Eso no importa ahora, hibrida. Yo hago las preguntas aquí- respondió de forma tensa,- Y ahora levántate- añadió agarrándome del brazo y tirando para arriba bruscamente, hiriéndome,- Voy a llevarte a ver a mis maestros.

-¿Tus maestros?, ¿Quiénes son tus maestros?- pregunte fuera de mí.

Notaba sus manos presionando mis muñecas y haciéndome daño. Parecía disgustado, y se escuchaba como un eco aterrador desde su pecho, causado con casi toda probabilidad por la sed. Tardo un rato en contestar, dudoso, mientras me arrastraba violentamente con él sin que pudiera hacer nada para impedirlo.

-Vas a ver a los Vulturis, Cullen. Por segunda vez en tu vida,- y sus labios se curvaron en una mueca de satisfacción. Entonces comprendí todo.

No pude emitir ningún sonido. Mi única respuesta fue una mirada horrorizada.

¡Hola! Espero que os este gustando, ¡Aquí esta por fin el encuentro! Espero que os halla sorprendido, creo que jamás hice algo así... Me pase con Alec haciendole de malo, pero... ¡Igualmente me gusta! ♥

Tengo los prósimos capítulos ya escritos, tengo hasta el 7, con el 8 ya empezado. ¡Me dio un ataque de inpiración! Así que ire subiendo a medida que vea comentarios. Esta vez quiero alguno más que en alterior cap. Subire capítulo en seguida, pero darme las opiniones acerca del nuevo Alec y sobre si debo continuar.

Muchas gracias a los que comentaron en el capítulo anterior, este cap. va por ellos. Y tambiém para mi Bloody Queen. ¡Te quiero!

Muchos besos y dejar comentarios.

Paulasmog.