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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 6

-Me estás haciendo daño…- susurre.

Pero él no se paro, siguió tirando de mi con su mano alrededor de mi muñeca, arrastrándome con fuerza y violencia, haciéndome daño. Notaba la muñeca hinchada, y la herida mi cuello me quemaba entera. Además, estaba a punto de desfallecerme por el mareo y la confusión que sentía, y ya había pasado un rato desde que había dejado de oponer resistencia a el forcejeo debido a las pocas energías que me quedaban.

-No me aprietes tan fuerte… me duele- insistí de nuevo, lo que pareció agotar su paciencia.

-No te haría daño si andarás más deprisa- contesto mirándome con ojos sombríos,- Y ahora corre, que tenemos que llegar ya, asquerosa hibrida.

-Pero… por favor, iré andando sola, a tu lado. No me sujetes, no me escapare, te lo prometo.

-¿Qué?- respondió él riendo,- ¿Te crees que me preocupa que te escapes? No podrías llegar muy lejos antes de que te cogiera y te arrancara la cabeza de cuajo. Y ahora cállate, no quiero escuchar tu voz ni una vez más, ¿Esta claro?

-Por favor, me duele mucho…- suplique.

-¡Cállate, y no agotes mi paciencia!- grito él, zarandeándome con desprecio.

No pude decir nada más, no tenía fuerzas, y sabia que dijera lo que dijera no cambiaria de opinión. Pero el dolor era casi insoportable, al igual que la presión que ejercía con sus fríos brazos. Llegaba al ver el borde de la zona presionada, de un enfermizo color rojo en algunos lados, y amoratado en otros. Entonces, sin darme cuenta, noté como mis ojos se llenaban de lagrimas, y estás resbalaban por mi mejilla. Él me miro de refilón, contemplando como lloraba, pero sin decir nada, sin apenas inmutarse. Y la presión de su mano seguía siendo la misma.

El llanto fue creciendo, hasta que no podía evitar soltar pequeños quejidos de dolor, tristeza y angustia, causados por el remolino de emociones estresantes que circulaban por mi cabeza. Quería parar, pero me resultaba imposible, cada vez veía la perspectiva de salir ilesa más imposible, y el dolor no ayudaba. Llego un momento en el que los quejidos se convirtieron en gemidos entrecortados, húmedos por las lagrimas cristalinas y saladas.

-Para de llorar- inquirió con voz airada, sin mirarme directamente.

Pero yo no respondí, tenía un nudo en la garganta y ninguna gana de discutir de nuevo con él. Su tono de voz solo me hizo ponerme peor, y acabe aumentando la intensidad de los quejidos.

-Para de llorar…- mascullo de nuevo, pero las lágrimas salieron más abundantemente que antes,- No llores más, haz lo que te ordeno.

Yo solo baje la mirada, con las lágrimas recorriéndome las mejillas cada vez con más intensidad. No podía para, todo era demasiado horrible.

-¡Tú me vas a hacer caso!, ¡Cállate asquerosa hibrida!- grito, y segundos después noté su manos en mi mejilla, dando un fuerte golpe, que hizo que me tambaleara de un lado a otro, confusa y dolorida.

Lo sorpresa fue tan grande que las lagrimas se me congelaron en el rostro, y lo único que pude hacer fue soltar un jadeo ahogado y mirarle boquiabierta. Le mire a los ojos, negros y furioso, que centelleaban como antorchas de fuego del infierno. Estaban impasibles ante mi dolor, y afirme que aquel chico no tenía corazón, ni sentimientos, ni nada bueno. Estaba vacío, y esa soledad le comía por dentro, y acabaría por matarle.

-Muy bien, y ahora que me has obedecido date prisa, ya estamos cerca, puedo oír las veces del resto de la guardia que nos acompañaran para ver a mis maestros- dijo, y su tono de parecía mostrar nada de arrepentimiento por lo que había hecho.

La puerta de doble hoja se abrió lentamente, y sin apenas hacer ruido. Conduje a la hibrida por el pasillo que desembocaba en la enorme cúpula donde mis maestros estaban ya esperando. Su olor era cada vez más insoportable, y a pesar de mí auto-control parecía a punto de saltarle al cuello en cualquier momento.

Cuando había percibido su olor por las calles deTrouville, había sentido algo que jamás había sentido. Era un olor delicioso, era el olor de la sangre. Pero una sangre especial: dulce como la miel, sensual como la canela y atrayente como el agua fresca en un día de verano. No lo había dudado, había corrido hacía la fuente del aroma y me había encontrado con ella, con la niña Cullen.

Demasiado guapa como para ser humana, y demasiado imperfecta como para ser vampira. Eso había causado una confusión en mí, que arraigada con mi sed, habían hecho que su condición pasar desapercibida. A pesar de todo aquella chica era hermosa, parecía mentira que hacía unos pocos años ella misma había sido la niña pequeña que acurrucada en el hombro de su madre había estado en el claro, cerca de la casa de los Cullen, llorando indefensa y esperando una cruenta pelea que jamás había llagado.

Desde luego que mis primeros planes para ella habían sido seducirla, besarla y llevarla a la cama, pero su olor había hecho que tuviera prisa, y que deseara beber su sangre más que nada. Aunque de forma pausada, para poder disfrutar de su sabor. Entonces cuando por fin estaba saboreando ese delicioso elixir había visto su collar, con el emblema de la familia de los ojos dorados, reluciente en su delicado cuello. Me había costado mucho esfuerzo, pero había logrado retroceder. Sí algo era más importante que su sangre sería la cara de Aro cuando viera que le entregaba a la niña hibrida de los Cullen. Otro nuevo galardón añadido a mi larga lista de logros en la guardia.

Y ahora ya estábamos allí, en la misma habitación de mis tres maestros. Ella temblaba, y parecía petrificada. Tenía frio. No había dicho nada desde que le había golpeado justo antes de llegar con el resto de la guardia, todavía en Francia. Todos habían parecido sorprendidos y anonadados, e incluso Heidi quiso ayudarla ofreciéndole agua, comida o incluso ropa nueva, pero la niña Cullen no abrió la boca. Durante el largo camino fue igual, permanecía en silencio, mirando a la nada y caminando deprisa para que no le apresuráramos. Ni siquierase quejo del cansancio en los tres días que duro el viaje, a pesar de que notaba lo exhausta que se encontraba. Pero yo también tenía mis propios problemas, como el ardor de garganta que su sola cercanía me causaba y que había tenido que soportar durante todo ese tiempo con expresión neutra.

La amarre con fuerza por la muñeca a medida que nos acercábamos a Aro, Cayo y Marco. El primero, miro emocionado a mi descubrimiento en cuanto nos detuvimos en frente de él. La niña Cullen tenía la mirada baja, y respiraba entrecortadamente, sin embargo, no lloraba.

-Alec, mis felicitaciones. Nos has traído una muy grata visita. Ha sido fantástico que la encontraras y la trajeras con nosotros- me dijo Aro con una sonrisa.

Yo asentí complacido y me retire para atrás para no molestar, justo al lado de Abrielle, que observaba expectante la situación cerca del resto de la guardia. En cuanto estuve a su lado, me rodeo con las manos y me dio un beso rápido en los labios, al mismo tiempo que se encaramaba en mi pecho y apoyaba su cabeza en el hombro. Después, miro con desconfianza a la niña Cullen. Noté que mi hermana me miraba con desaprobación.

-Pequeña Cullen…- dijo Aro con voz suave al mismo tiempo que se acercaba a la chica, que seguía temblando en medio de la sala,- Mírame, no voy a hacerte daño…- dijo de nuevo, y al ver que no hacía nada.

Alargo la mano y tomo la barbilla de la niña Cullen, subiéndola hacia arriba con delicadeza hasta que sus ojos quedaron a la misma altura. Los ojos de la chica eran de un suave ycálido color chocolate, que contrastaban con los borgoñas de mi maestro. Cuando sus miradas se cruzaron, ella sintió un escalofrió que hizo que todo su cuerpo se retorciera. Y mi ardor se hizo más intenso, justo en el mismo momento en el que inhale aire debido a la sorpresa de la mano de Abrielle metiéndose por debajo de chaqueta.

-Renesmee Carlie Cullen Swan, cuánto tiempo hace que no te veía, desde hace ya varios años. Estas hermosa, ya eres una mujercita preciosa. Me alegro tanto de verte, tu familia se ha demorado tanto en hacernos una visita, a pesar de las muchas invitaciones que les hemos mandado…- añadió Aro, sosteniéndole la mirada con los ojos. Se separo un paso atrás y la niña Cullen se abrazo a sí misma.

-Claro, Aro- respondió ella, hablando por primera vez en un tono pasivo,- Gracias por el alago.

El aludido sonrió compasivo, pero pareció percatarse de su lamentable estado, porque la aparto con la mano un mechón de pelo, dejando al descubierto la marca de mi sentadura y las pequeñas sellos rojos causados por mis besos y succiones en su piel. La niña Cullen pego un brinco, pero dejo que mi maestro la examinara. Sin embargo no fue la única reacción desmedida.

-¿Pero qué…?- gruño Abrielle, mirando primero las marcas rojas de su cuello perpleja, y después mirándome a mi iracunda,- ¿Cómo le hiciste eso?

Yo la mire de soslayo y la pegué más a mí.

-Bueno… la mordí, es normal que tenga esa marca. ¿Dónde querías que succionara la sangre sino?- dije, intentando evitar el tema de los chupetones rojos de la niña Cullen, pero fue en balde.

-No me refiero a eso, me refiero a las marcas rojas de su cuello, ¿La besaste, Alec?- pregunto enfadada.

-Claro que no…- respondí, acariciándola el rostro con delicadeza, calmándola,- Pero ella se resistió, tiene más fuerza que un humano corriente, y supongo que de la fuerza acabe haciéndola eso, Abrielle… ya sabes que te quiero.

-Alec…- murmuro ella dudosa.

-Abrielle- dije, mirándola picaronamente,- Llevo días sin ti, y no tengo ganas de discutir. ¿Por qué no te vas adelantando y te pones ese conjunto negro de lencería que me gusta tanto?- la susurre al oído, y ella se estremeció,- Quiero pasar un rato contigo.

-¿El conjunto negro con rebordes morados?, ¿Ese?- contesto tocándose el pelo delicadamente.

-Sí, ese. Yo voy enseguida.

Me dedico una sonrisa mientras salía por la puerta de forma distraída y sigilosa. Al menos así estaría entretenida haciendo algo, y no me tenía que preocupar de que pensara o sospechara acerca de lo que hacía. Sí se enterara de lo que les hacía a las otras… entonces sí que se hubiera enfadado. La voz de Aro interrumpió mis pensamientos.

-¡Estas herida, pequeña!- mascullo, mirándola con la cabeza inclinada,- ¡Alec!- exclamo, mirándome a mí,- Tendrías que haberme avisado. Necesita cuidados… ¿Al final le clavaste bien los dientes, eh? Y lo que no son los dientes… a juzgar por estas marcas…- dijo con tono gracioso, y todos los de la guarida rieron, a excepción de la niña Cullen y de mí.

-Lo lamento señor…- masculle, y la niña Cullen clavo sus ojos en mí, con una expresión que no supe descifrar,- Cuando me di cuenta de que era ella, era demasiado tarde.

-¡Oh Alec, tranquilo! Lo importante es que supiste rectificar a tiempo- añadió Aro.

-¿Qué me va a pasar ahora?, ¿Qué queréis?- pregunto ella con un tono muy bajito. Aro la miro con los ojos muy abiertos.

-¡Tranquila, mi pequeña! No te pasara nada. Desde tu nacimiento, hemos estados interesados en ti, y en tu maravillosa existencia. Nunca hemos tenido la oportunidad conocerte mejor, y ahora que la tenemos, vamos a aprovecharla. No vamos a hacerte daño, es más avisaremos a tufamilia enseguida, tomate esto… como unas vacaciones. Espero que nos perdones este altercado con Alec- añadió señalándome,- Te daremos todo lo que necesites.

-Pero yo quiero marcharme…- susurro ella entrecortadamente. Ingenua.

-Eso no va a ser posible…- contesto Aro, como si realmente lo lamentara,- Por el momento no podrás abandonar el castillo, mi pequeña Cullen.

Ella bajo la mirada, rendida ente su veredicto. La estancia se quedo en silencio unos segundos, antes de que Aro hablara de nuevo.

-Heidi- dijo,- Quiero que le lleves a una habitación, que la suministres comida y que le des todo lo que ella desee, sin importar lo que sea. Haz que se sienta como en su casa, y… cúrale las heridas. Alec la dio un buen bocado.

La niña Cullen me miro mientras pasaba a mí lado, cogida de la mano por Heidi, mientas se disponían a salir. Estaba devastada, y en ese momento deje de pensar en el ardor de mi garganta. Me fije en las heridas de su cuello, causadas por mi momentáneo instante de pasión, y sentí como un calor me embargaba. No estaba seguro de que el olor de su sangre fuera la única cosa que me atraía de ella… la verdad que me hubiera gustado llegar hasta el final, y despojarla de su ropa, y llegar al orgasmo al mismo tiempo que bebía su sangre… Cerré los ojos con fuerza, imaginándolo.

No tarde mucho en abandonar la sala, caminando rápidamente hasta mi habitación, intentando calmarme con los pensamientos de la niña Cullen. Una niña que ya no era tan niña. Al llegar, vi que Abrielle había hecho lo que le había pedido. Estaba vestida con el delicado y pequeño conjunto de lencería francesa de color negro y malva que a mí tanto me gustaba. Tenía los ojos perdidos en la lujuria, y apenas tardo en acercarse a mí y quitarme toda la ropa.

De momento no podría tener a la Cullen… pero algún día lograría que cayera a mis pies y acabara en mi cama suplicándome que la hiciera mía una vez, y otra más… pero de momento, debería conformarme con él cuerpo de Abrielle.

¡Hola! Espero que os halla gustado el capítulo... Pobre Nessie, ¿no?

Tenía que avisaros de que a partir del Lunes no podre públicar, ya que durante toda la semana estare a más de 800Km de casa esquiando en las montañas con mi clase. Así que tendre que posponer los capítulos para la vuelta. Quiero deciros que ya e escrito hasta el capítulo 8...(y eso que el 8 tiene 3 partes) y que estan preparados para subir, así que en cuanto dejeis vuestros ricos comentarios los subó. Tanto si es mañana como dentro de una hora. No quiero dejar un numero de comentarios para que dejeis obligatorios, pero es que me hace mucha ilusión que dejeis... venga, en este cap. 7? Uno mas que en el anterior? Muchas gracias.

Por cierto, ¡FELICIDADES! A todas las mujeres, porque hoy, día 8 de Marzo es el día de la mujer trabajadora. ¡Os quiero chicas!

Muchos besos y dejar comentarios.

Paulasmog.