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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 7

Me abracé más a mis rodillas en cuanto escuche el pomo de la puerta girarse. Segundos después, Heidi apareció por el umbral con una expresión medio preocupada en el rostro. Creo que era la única persona casi cuerda en aquel lugar.

A pesar de mi cansancio, no había podido dormir apenas en toda la noche, tan solo pequeñas siestas de no más de media hora. Las horribles pesadillas me despertaban sobresaltada, llorando y con la necesidad de salir y respirar aire. Me ahogaba. Soñaba con Jacob, diciéndome que ya no me quería una y otra vez, hasta que mi corazón no podía más y estallaba en miles de pedazos. También soñaba con mi madre, y mi padre, y el resto de mi familia. En lo injusta que había sido con ellos antes de marcharme… ¿Y si ya no les volvía a ver nunca más?, ¿Y si ya no les podía decir te quiero? Seguro que estarían muy disgustados, al igual que Valentina y Nicolás… bueno, quizás solo el primero. ¿Qué habrían pensado al regresar y no encontrarme?, ¿Sabrían mi actual paradero?

Y también soñaba con el chico que me había traído aquí, en Alec. El apuesto joven que estaba vacío por dentro. Aun retumbaban en mi cabeza las frases que me había dicho justo cuando pensé que me iba a matar: *"Tranquila, todo acabara pronto… tenía otros planes para ti… Pero no puedo contenerme, eres tan…"o la de"Tu olor…Tu olor es tan delicioso… tu sangre… canta para mí".*O la que más me había dolido, al menos ahora que me había parado a pensar bien lo que había dicho: "Eres diferente. No eres humana, ni eres vampira. Eres una repulsiva hibrida".

Yo nunca me había sentido demasiado orgullosa de lo que era. No pertenecía a ninguno de los mundos. No era humana, y tampoco era vampira. Estaba condenada e vagar en el limbo que había entre la mortalidad y la humanidad para el resto de mi vida, sin saber nunca a qué lugar pertenecía realmente. Demasiado fuerte como para ser una humana aceptable, y demasiado débil como para ser vampira. Una inútil hibrida. Un engendro de la naturaleza que todos despreciaban, y a los que todos sentían cierta repulsión. Algo incierto. Sin embargo, nadie me lo había dicho a la cara, nadie me había demostrado que realmente le daba asco, o era reacio a mi existencia. Nadie excepto Alec, el chico con cara de ángel y con el corazón frio como la piedra… si es que llegaba a tener corazón.

-Querida Renesmee- dijo Heidi, que ya se había colocado en frente e mí,- Te e traído comida y ropa nueva- añadió señalando la mesa donde estaba todo.

-Gracias- respondí, intentando parecer agradecida.

-Ven… déjame ver como tienes ya la herida, pequeña- dijo con voz pasiva, sentándose a mi lado. Heidi me había curado mis heridas la noche anterior, con tanta delicadez que por un momento dude que sus manos fueran las de una vampira.

Yo incline la cabeza para que pudiera verlo mejor.

-Ya va mejor… la herida esta casi cerrada, aunque me temo que te quedara una cicatriz para siempre. Pero no te preocupes, no te dolerá y el pelo la camuflara. Y en cuanto a las marcas rojas…- dijo, esta vez más insegura,- Desaparecerán pronto, aunque te recomiendo que hasta entonces lleves camisas de cuello alto. No sé qué en que pensaba Alec cuando te lo hizo… conocía su afición a beneficiarse de sus víctimas de ese modo, pero nunca pensé que sería tan brutal. Y lo que te hizo en la mano…- añadió, tomándome la muñeca, que había sido vendada la noche anterior,- ¿Aun te duele?

-No, apenas lo notó- dije, pero mentía. Los moratones me dolían, y hubiera apostado lo que fuera a que tenía algún tipo de esguince o luxación.

-Eso está bien, pequeña.

Yo me encogí de hombros, y ella me miro fijamente. Pude notar sus ojos, de un extraño color lila. Supuse que llevaba lentillas. ¿Todos los Vulturis eran tan raros?

-Heidi…- dije, y ella hizo un asentimiento de cabeza me alentó a continuar,- Antes has dicho… que conocías la afición de Alec de beneficiarse de sus víctimas de ese modo. ¿Con ese modo de refieres a…?

-Sí, pequeña Renesmee. Me refiero a que siempre escoge muchachas jóvenes y atractivas para poder aprovecharse de ellas antes de matarlas. Y eso no es algo que me guste, una cosa es que tengas que alimentarte, y otra es disfrutar del dolor que cusas al hacerlo. No siempre las obliga, a veces sucumben a sus encantos y cuando quieren escapar es demasiado tarde. Alec es letal, sinceramente tienes suerte de seguir con vida. ¿Alec intento hacerte eso a ti?

-Bueno…- conteste dudosa, recordando la situación y con las mejillas ligeramente rojas,- No exactamente. Creo que solo tenía intención de beber mi sangre. Me hizo esas marcas, y me toco un poco, pero no hizo más, ni pareció interesado en aprovecharse de mí. Y no le culpo.

-¿Por qué dices eso?- pregunto.

-No es nada… tengo un olor diferente al resto de la gente, soy semi-vampira, supongo que eso le hecho para atrás. La novedad de lo desconocido. Ese chico no tienes sentimientos. No le importa nada. Es un ser horrible- dije malhumorada.

-No te creas…- negó Heidi,- Sí le conoces, Alec puede resultar una compañía muy interesante. No juzgues a las personas antes de conocerlas mejor…

-Yo no quiero conocerlo mejor- la interrumpí, pero ella continuo como si nada.

-Alec no lo ha pasado nada bien, al menos en el pasado. Y su comportamiento es comprensible hasta cierto punto. Con esto no le estoy justificando- se apresuro a decir, al ver que tenía intención de reprochar,- Pero quizás deberías dejar de lado esa tensión que tienes con él. Sé que no te será fácil perdónale, o al menos sopórtale. Pero no te conviene llevarte mal con Alec, y te guste o no, permanecerás un tiempo aquí, y tendrás que convivir con su presencia.

-Lo sé, al perecer no tengo elección.

-Así es- respondió ella suspirando,- Aro ya se está encargando de ponerse en conecto con tu familia. En cuanto tengamos noticias, serás la primera en saberlo. Y ahora tengo que marcharme, tengo que volver a salir, al final tuve que dejar a todas las presas en Francia. Les salvaste la vida.

-Claro… suerte entonces- dije.

-Gracias, pequeña. Si necesitas cualquier cosa, avisa a el guardia más cercano a ti. Aro no quiere que te falte de nada- dijo, con una media sonrisa.

-Adiós…- respondí al mismo tiempo que ella cerraba la puerta de golpe.

Ahora estaba repentinamente ansiosa depoder recibir noticias de mis padres. ¿Cómo se lo tomarían?, ¿Vendrían a por mí? ¿Avisarían a Jacob…? No tenía ni idea de nada, pero como había dicho Heidi, aun tardarían un rato. Así que me acerque a lo que había traído y agarre la comida con vehemencia. Devore los alimentos como si no hubiera comido en meses, pero no quede saciada del todo. Aun necesitaba sangre, sin embargo estaba segura de que podría aguantar. Mire la ropa que me había dado aun con la comida en la boca: unas botas altas oscuras, unos pantalones negros y una camiseta de color marfil de manga larga y cuello alto, simple pero eficaz, tal y como Heidi había dicho. Tarde unos segundos en ver que no era lo único que Heidi me había dado. Un conjunto de ropa interior de color fresa con lacitos negros en algunas partes para adornar, estaba oculto debajo de la ropa. No era algo que yo soliera llevar, era para alguien más mayor, pero también quería deshacerme de todo lo que había llevado cuando Alec me toco.

Rápidamente, y sintiendo una aguda necesidad de cambiarme de la ropa que Alec había desgarrado, entre en la ducha y abrí el grifo con el agua templada. No tarde demasiado, apenas unos diez minutos. Cuando termine me embutí con la ropa nueva y comencé a cepillar mi pelo. Intente hacer algo para no tener un aspecto tan horrible: con las ojeras moradas, con las mejillas pálidas como la cera, y con los ojos, que brillaban como si estuvieran empapados de lágrimas. Acabe cogiéndome una coleta alta, con afán de despejar mi cara y darme un aspecto más agradable y descansado, aunque no creo que funcionara. Observe la mordedura delante del espejo durante unos segundos, retirando el cuello de la camisa momentáneamente. Su dentadura era perfecta, y estaba grabada con forma de media luna en la parte derecha de mi cuello. Alec me había dejado marcada para siempre, literalmente.

Entonces, llamaron a la puerta.

Me gire rápidamente, intentando adoptar una cierta compostura, y sin que necesidad de contestar, le puerta se abrió. Era un chico, y ya lo había visto antes cuando me había reunido con Aro, metido entre la multitud de soldados sin un aparente interés excepcional. Tenía los ojos rojos, y el cabello castaño oscuro. Una barba incipiente recubría su barbilla, y estaba pálido como el mármol. Era alto y de complexión regulada, armónico. Se expresión era serena, e incluso parecía jovial, aunque cuando veías sus ropas oscuras, te dabas cuenta de que era más serio de lo que su inocente cara aparentaba. Se me quedo mirando durante unos segundos, en los que ninguno de los dos nos movimos un milímetro. Sus ojos eran penetrantes.

-Hola, ¿Renesmee Cullen?- pregunto, con la voz temblorosa.

-Sí, soy yo…- dije, sin saber que podía esperar de ese chico,- ¿Qué quieres?

El hizo una breve pausa.

-Soy Santiago…- dijo, haciendo el ligero amago de darme la mano, pero que finalmente rechazo,- Aro me ha mandado aquí porque me a contado que necesitas sangre, aparte de la comida para poder satisfacer tu dieta.

-Oh…- masculle,- Sí, así es, pero puedo sobrevivir sin ella.

-Bueno…- continuo él,- Yo solo recibo ordenes. Y como Heidi va a tardar en traernos a los humanos, lo mejor será que salgamos a cazarlos por nuestra cuenta fuera de Volterra…

-¡No!- le interrumpí,- No quiero sangre humana. No matare a alguien para poder vivir.

-Cierto… Aro me dijo la anomalía alimentaria de tu familia, siento no haberlo recordado. ¿Sangre animal, no?- pregunto, pero no había nada de desprecio en su voz.

-Así es, sería más fácil para mí. Por favor.

-Sin problema- contesto sonriente,- Pero no hay bosques con animales cerca de aquí, tan solo hay llanuras de la toscana italiana. Aro no te permite alejarte tanto de la ciudad, así que tendré que traerla yo mismo…

-Lamento si te causa algún inconveniente- dijo irónica, pero él rio.

-¿Inconveniente? Ninguno…- y rio de nuevo,- Es más, me haces un gran favor.

-¿Por qué te hago un favor?- exigí saber.

-Traer sangre de animal me demorara más de lo que tenía planeado, así que me librare de asistir al entrenamiento de dentro de un rato. No creo que pudiera soportar otra paliza de Alec, últimamente está muy agresivo y no sabe cuando parar. Pobre Demetri, acabara sufriendo la ira del gemelo enfadado.

Vacile un momento, mientras asimilaba sus palabras. ¿De verdad era capaz Alec de hacerle daño a alguien tan grande como Santiago?

-Entonces… ¿de nada?- conteste, más animada.

-Sí, gracias- respondió, mientras caminaba hacia la puerta. Pero se detuvo un momento y se dio la vuelta para mirarme,- ¡Ah! Se me olvidaba, tengo una cosa para ti- añadió sacando un papel blanco del bolsillo, y tendiéndomelo,- Llego esta mañana, y Aro me pidió que te la diera. Adiós pequeña Renesmee.

Y salió por la puerta cerrándola tras de sí.

Yo me quede inmóvil, mirando confundida el papel blanco que había entre mis manos. Tenía una pequeña raja, por lo que se notaba que alguien ya la había abierto antes a pesar de que el remitente era yo. Aro probablemente, o cualquier cotilla de la guardia.

¿Una carta?, ¿Tan pronto? Eso podría significar que mis padres ya estaban enterados de la situación… o quizás fuera de Emmanuel y el clan francés… Pero cuando mire el dorso con más detenimiento, pude comprobar que no era ninguno de ellos. Era de persona de la que habría creído poder recibir una carta en esos momentos…

¡Hola! Espero que os halla gustado el capítulo... Pobre Nessie, ¿no?

Como siempre deciros que los caps ya estan listos, subí por petición de una amiga... ^^... y bueno, esta vez, subire cuando halla 7 comentarios. Me voy la semana que viene, así que en vuestras manos esta el que suba dos o tres caps antes de irme. Muchos gracias por leer.

Muchos besos y dejar comentarios.

Paulasmog.