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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 9

No sabía porque le había dicho que sí a Alec. Desconocía la razón por la cual había aceptado su propuesta de ir a dar un paseo después de lo mal que se había portado conmigo y de los sentimientos encontrados que tenia acerca del chico con cara de ángel y con el corazón de piedra. Quizás se debiera a que estaba demasiado enfadada con Jacob por lo de la carta y esto era algo así como una venganza de la que solo era consciente yo. ¡Como se atrevía a mandarme una carta semejante semanas después de romperme el corazón! Se pensaba que con una estúpida postal acabaría por regresar a su lado como una niña buena y obediente. ¡Pues estaba muy equivocado! Las cosas habían cambiado, y yo también. Ya no surtía el mismo efecto en mí.

Siempre había imaginado el momento en el que Jacob me pediría perdón, sobre todo en los primeros días, pero jamás pensé que reaccionaria así. No me había sentido aliviada, sino agitada. Sentía repulsión hacía esa carta, quería quemarla y no volver a saber nunca de él. No era normal, teniendo en cuenta que yo había sufrido por Jacob de una forma horrible, es más; si estaba allí era por su culpa, por la depresión que me había causado su egoísta ausencia. Le había echado de menos con tanta intensidad que me revolvían las entrañas, pero lo único que quería ahora era hacerle pasar por lo mismo a él. No sentía esa necesidad tan imperiosa de volver a su lado y estar con él para siempre. Ya me tomaría mi tiempo de reflexión para ver lo que le respondía. Si quería pedirme disculpas, tendría que hacerlo en persona, como se debe hacer. Y si le disculpaba, ya era caso aparte.

Las palabras de Heidi retumbaban en mi menté: "Sí le conoces, Alec puede resultar una compañía muy interesante". Y no lo ponía en duda, desde luego que Alec era poseedor de una personalidad única y abrumadora. Le miraba de refilón mientras caminaba a mí lado por las calles de aquel pintoresco pueblecito, Volterra. Andaba como si el mundo se fuese a acoplarse a él, con tanta seguridad en sí mismo que llegaba a superar los límites de la arrogancia. Sus pasos eran tan rítmicos que parecían hacer música, y siempre tenía esa expresión en la cara que provocaba cosas extrañas totalmente contradictorias. Era cierto que era guapo, pero eso no implicaba que tuviera que confiar en él de forma fulminante. Esa sonrisa de suficiencia era tan irritante como atractiva. Y más de una vez me llegué a preguntar que hacía caminando sola por la calle con un chico que había intentando violarme y matarme horas antes. Pero no encontraba repuesta, y me obligaba a mí misma a pensar en que estaba haciendo lo correcto. ¿Acaso no me estaba vengando en cierto modo de Jacob?

¡Todo había sido tan sumamente fácil! La niña Cullen había caído y ni siquiera había tenido que hacer nada. Ella misma había venido y había aceptado mi propuesta, como si se le hubiera olvidado como la trate hace unos días. Y eso sin hablar de Abrielle, que se había quitado del medio para toda la noche, (o hasta que se le pasara el enfado) y me daba camino libre para salir con ella sin tener que poner excusa. ¿Se podía tener más suerte?

Llevábamos más de una hora caminando, y ya era totalmente de noche. La luna brillaba tímida entre las rendijas de las casa de Volterra, dejándose ver solo de vez en cuando.

El paseo pareció relajarla bastante, y lo agradecí. Cuanto menos nerviosa estuviera cuando legara el momento de seducirla, mejor. No quería problemas con ella, solo necesitaba que se rindiera a mis pies. Y eso era fácil, ¿no? Aunque jamás había tenido ese miedo al rechazo. Nunca. Siempre había confiado en mí, y en mis habilidades como seductor. ¿Por qué me daba tanto miedo su negación? Solo era una hibrida, una débil y sencilla hibrida.

No me dio tiempo a intentar resolver esa pregunta, porque la niña Cullen se detuvo en medio de la calle, sorprendiéndome.

-¿Por qué te detienes?- pregunte.

-Quiero entrar ahí- repondio señalando a mi derecha.

Mire para donde me indicaba, e hice una mueca de asombro. Encajado en la panta baja de un edificio de dos plantas había una puerta pequeña de madera oscura y antigua. Una luz muy tenue salía de las ventanas de toda la casa. Justo arriba había un cartel que indicaba que el establecimiento era una pensión con bar y restaurante. No parecía un lugar agradable para pasar el rato, más bien era un antro de mala muerte que probablemente estaría lleno de gentuza desocupada.

-¿Por qué quieres entrar ahí? Es un lugar deplorable y mugriento- le reproche.

-Quiero beber- afirmo, y al ver mi cara de incredulidad continúo,- Quiero entrar en ese sitio y beber hasta sea incapaz de recordar nada de lo que me hace daño. No sería la primera vez que ingiero alcohol, no me pasara nada.

Su aptitud me sorprendió mucho… ¿Y si no era tan buena como había pensado?

-Espera, Espera- dije, deteniéndola cuando se acercaba a la puerta tomándola del brazo,- ¿Qué te hace pensar que van a permitir a dos jóvenes como nosotros entrar ahí y beber alcohol? Es más, no se para que quiero yo beber nada, a mí no me hace efecto.

-Alec…- murmuro ella con tono seductor, lo que hizo que me sobresaltara momentáneamente. Se acerco a mí y apoyo una de sus manos en mi pecho. Sus ojos se clavaron en los míos con intensidad, y el olor grácil y delicioso de su sangre me lleno por dentro. No entendía que le había hecho actuar de ese modo,- No tienes que beber sino quieres. Recuerda que estamos aquí para que me compenses, y estoy segura de que podrás hacer algo para que los amables camareros de este sitio me sirvan algo. Por favor.

La mire por unos segundos, su voz sensual, sus ojos suplicantes y su delicada mano presionando mi torso… ¿Cómo podía resistirme a ello?

-Está bien, pero esto sido decisión tuya, no me hago responsable de lo que pase después, ¿Entendido?- dije, y ella solo rió.

-Vale, como tú quieras. No tienes que hacer nada que no quieras- murmuro tranquila.

Nos quedamos unos segundos en silencio. Contemple su rostro cubierto de luz plateada de luna.

-Es una extraña forma de compensación, no pensé que tu hicieras ese tipo de cosas- dije molesto.

-Tú no me conoces Alec. No sabes cómo soy, y por eso no debes juzgarme, y mucho menos encasillarme- respondió ella distraída.

-No me importa lo que quieras hacer para que te compensé, eso no es asunto mío. Solo me limito a atender órdenes, como siempre- conteste con impaciencia.

-No creo que vaya a tardar demasiado, así que pronto podrás regresar con la chica que siempre se enfada contigo porque eres un maleducado y un grosero con ella. No te pongas nervioso.- dijo, y la última frase la expuso con un tono un tanto extraño.

-¿Te refieres a Abrielle?- pregunte al tiempo que ella se acercaba a la puerta y yo la seguía.

-Sí, a la chica esa. Supongo.

Y entramos en aquel lugar.

En unas calles no muy lejos de aquel hospicio de mala muerte…

-¡Odio a esa chica! No podía estarse quieta, no… ¡Tenía que salir de allí y hacernos venir hasta esta ciudad de vampiros peligrosos solo porque le apetecía dar un paseo! Como si no tuviéramos bastante ya con hijos de la luna y sus ahora frecuentes ataques…

-Vale, baja la voz- dijo Nicolás haciendo un gesto para que fuera más cautelosa. Ella, al escucharlo, sacudió la mano que tenían unida y se soltó, mirando hacia otro lado con ademan ofendido,- No podemos llamar la atención, además, no creo que Renesmee haya venido por propia voluntad.

Siguieron caminando sin decir nada más, cada uno con sus problemas en la cabeza. Nicolás o había dejado de darle vueltas a un asunto desde hacía días, y cada vez tenía más ganas de gritar sus preocupaciones y de poder liberar su alma. Por otro lado, Valentina se sentía tremendamente culpable, pero no sabía qué hacer para dejar de sentirse así, ya que desconocía la razón de porque sentía esa culpabilidad.

-No tengo nada de ganas de verles… los Vulturis son tan sanguinarios. Solo nos traerá problemas… sino la hubieras dejado sola, no estaríamos aquí- mascullo Valentina con tono acusador.

Nicolás se detuvo de pronto y aspiro con fuerza.

-¡Y ya se quedo tranquila!- chillo, sobresaltando a Valentina,- ¡Ya me echo la culpa ya puedes estar en paz!, ¿No es eso?

-Solo digo la verdad, Nicolás. Todo esto de ir a buscar a la niña fue idea tuya. Tú y tu estúpida amabilidad. ¡Siempre nos causa problemas!- respondió ella iracunda.

-¡Oh! Claro…- respondió el aludido,- Es mucho mejor ser una amargada hedonista que no mira más allá de sus narices.

-¡Qué!- chillo ella,-¿Qué no pienso en nada más que en mí? Estas muy equivocado… ¿Acaso no recuerdas quien abandono su aquelarre para venir contigo?- le espeto.

-¿Vas a recordármelo siempre?- mascullo, dolido,- Yo también e renunciado a muchas cosas por ti, y jamás te la echaría en cara, Valentina. No se les reprocha ningún sacrificio a las personas que amamos.

Ambos se quedaron en silencio. Él sentía un agujero en el estomago, y se debatía mentalmente en sí debería continuar hablando o darle la razón como siempre había hecho. El la quería, desde el primer momento había sentido una conexión, quizás causada por todas las cosas que tenían en común, si hacías ápice de sus personalidades opuestas. Pero quizás había llegado el momento de decir lo que realmente pensaba.

-Valentina- dijo con tono duro y los ojos brillantes,- Llevo pensando esto mucho tiempo y… creo que es mejor que lo dejemos. Nunca me has demostrado que me querías, dudo siquiera que me hallas llegado a decir alguna sola vez.- su tono de voz era amargo como el veneno,- Lo único que he recibido ha sido una aptitud egoísta y fría hacía mí, aunque yo te daba todo lo que merecías y más. Estaremos mejor separados… ya estoy cansado de aguantar en silencio lo que siento.

Valentina no contesto, lo miro sin poder decir nada, con la expresión congelada en el rostro. Jamás pensó que Nicolás llegara a decirla algo parecido. Sus palabras le dolían como nunca antes le habían dolido. Notaba un nudo en la garganta, y dejo de respirar.

Ella amaba a Nicolás, pero no tenía fuerzas para gritarlo. No lo sabía con certeza, quizás fuese su personalidad, pero jamás había sido capaz de decir esas cosas en alto. Ella prefería demostrarlo, aunque quizás no lo estuviese haciendo bien con él. ¿De verdad su comportamiento dejaba tanto que desear?

No tenía fuerzas para hablar más, una sensación de dolor, soledad y angustia la invadía y notaba su cuerpo ajeno a toda energía existente. Quizás fueron las ganas de que esto no fuera más doloroso para Nicolás, o que creía que ya no había nada por lo que combatir, pero decidió que no iba a suplicar, que no iba a luchar más. Aceptaría su decisión, era el único que podía hacer por él a estas alturas. Pero tenía que reconocer que llevaba razón. Quizás ya hubiera encontrado el motivo de porque se sentía tan culpable.

-¿Eso es lo que realmente quieres?- dijo von un hilo de voz.

-Sí, Valentina, es lo que quiero- respondió el con la voz extrañamente fría.

Los dos agacharon la cabeza, y continuaron caminando hacía el castillo de los Vulturis.

¡Hola! Espero que os halla gustado el capítulo... ¡La cosa se pone interesante!

Bueno, muchas gracias por los comentarios. La verdad es que estoy muy contenta, me gusta saber lo que pensais y como os sentis. El Lunes ma marcho, así que intentare subir el proximo capítulo mañana, aunque eso depende de vosotros. Tambien me gustaria saber vuestra concreta opinión acerca de la ruptura de Vale y Nicolás... ¿a sido buena idea?

Por cierto, querria hacer una nueva historia... ¿Alguna idea?

Muchas gracias a todos lo que han añadido esta historia a favoritos. ¡Os quiero!

Muchos besos y dejar comentarios.

Paulasmog.