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Estoy casada con Draco Malfoy — capítulo 3

Hermione se despertó a causa de los rayos del sol que inundaban la habitación, eran casi las 8:00 de la mañana, no recordaba haberse despertado a esa hora, siempre se levantaba temprano. Se ducho y se puso su ropa para estar en casa. Bajo a desayunar algo y cuando llego a la cocina se sorprendió mucho al ver a Draco preparando el desayuno y lo más raro era que pareciese que también estaba preparando algo para ella.

-Espero que no te moleste que me haya adelantado y que te haga el desayuno- le dijo Draco.

-No importa- agrego Hermione. Arrastro una de las sillas de la mesa hacía atrás para sentarse. Lo observaba sacando tazas y platos de la alacena. Tostaba pan y del refrigerador saco la mantequilla. Draco se le acerco y sirvió un poco de café en una taza y la coloco en frente de Hermione.

-Gracias- fue lo único que pudo decir en ese momento.

Al cabo de unos cuantos minutos, Draco tenía en la mesa algunas frutas en el centro, dos platos de huevo frito con tocino, la mantequilla y pan tostado.

-No, es mucho pero sabe bien- Draco simulo algo como si fuera una sonrisa pero se desvaneció al sentarse en la mesa.

Hermione y Draco, nuevamente desayunaron en silencio. Hermione se levanto para recoger los platos pero algo se lo impidió.

-Déjalo, yo lo hare- le propuso Draco y Hermione asintió y dejo el comedor.

Hermione se sentó en la sala y vio El Profeta tendido en uno de los sillones, como lo agarro y empezó a leerlo pero se aburrió, no tenía nada interesante, pocas veces El Profeta traía algo interesante que leer. Draco irrumpió en la habitación.

-¿Y qué vamos a hacer hoy?- le pregunto Draco mientras se sentaba en otro de los sillones, que por cierto, eran muy finos y de color rosa pálido.

-¿A qué te refieres?- le dijo sin despegar la vista del periódico mágico.

-Ayer, cuando cenamos te dije que no quería que estuvieses encerrada en la biblioteca- Hermione alzo la mirada para verlo -Pensé que tal vez podríamos hacer algo, como no tengo que trabajar…-

-Sí- dijo Hermione algo insegura.

-Es un lindo día- comento Draco -Salgamos al jardín- le recomendó y Hermione asintió con la cabeza.

Salieron de la casa hacia su jardín, era la primera vez que, bueno, hacía algo diferente con Draco. Era un día soleado y despejado.

-Ven siéntate aquí conmigo- le indicó. Era el mismo lugar donde Hermione se había sentado el día anterior, alrededor de un campo de rosas. Hermione se sentó en la hierba un poco alejada de él.

Draco observaba su jardín, el cual no había visto bien, desde el día que llegaron ni mucho menos cuando compro la casa. El silencio reinaba otra vez, Hermione pensaba y pensaba ¿Qué podría decirle a Draco?

-No te quedes callada, di algo- exclamo Draco mirándola.

-Es que… no sé qué decir- balbuceó Hermione.

-Tal vez podríamos hablar de nuestra relación- le sugirió. Hermione suspiro, después de un mes de estar casados se alegro un poco al oír a Draco hablar de ese tema, siempre ha querido charlar sobre eso pero nunca se había atrevido.

-Bueno y ¿de qué quieres hablar?- le dijo Hermione.

-Bueno, ambos sabemos que esta relación no está funcionando y que si sigue así, no llegaremos a ningún lado y ninguno de los dos disfrutara de esta vida-

-¿Y que quieres hacer tú por nuestra relación?- le pregunto la chica.

-Bueno, podríamos empezar a convivir más y después dormir en la misma cama- aquella idea asustaba un poco a Hermione.

-¿En la misma cama?- murmuro pero Draco la escucho.

-Sí, además ya estamos casados y creo que eso arreglaría las cosas entre nosotros- le dijo amablemente el muchacho.

-¿Draco, soy una molestia para ti?- le pregunto Hermione en un tono triste.