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Historia 7235 — capítulo 10
Capítulo X
Un día extraño
Pequeñas notitas de la autora: Ante todo quiero agradecer a todas las personas que se han molestado en leer este fic, pues gracias a su apoyo es que tengo motivo para continuar escribiéndolo. Sé que muchos de ustedes están esperando que publique más capítulos de Sentimientos, pero en estos momentos no puedo complacerlos por dos cosas: la primera es que la amiga con la que estaba haciendo el fic no se ha reportado y segundo que este fic es un proyecto que tenía mucho antes y quiero finalizarlo, después me podré ocupar de los otros fics. Muchas gracias, Leslie. ^_^.
La semana paso volando y ya era domingo. Ese día se iba a celebrar el primer partido de Quidditch, Gryffindor vs. Ravenclaw, así que los jugadores de cada equipo se levantaron temprano con un gran nudo en la garganta mientras que los demás alumnos hacían del desayuno un gran festín.
Cuando el reloj apunto al once, todos los alumnos y los participantes de los equipos se fueron al estadio de Quidditch para disfrutar y disputar el primer partido de la temporada. El clima no podía ser peor, pensaban los jugadores mientras iban a prepararse para el juego, pues en el cielo las nubes amenazaban una lluvia torrencial.
Unos minutos antes de empezar el juego, Harry reunió a su equipo para decirles unas últimas palabras de aliento. Cuando todos estuvieron reunidos, éste dijo así:
-
Bien chicos, sé que es la primera vez que juegan un partido de Quidditch, pero confió en que ustedes lo harán muy bien, así que al campo y a ganar este juego por Gryffindor.
-
Sí, capitán – dijo Asuka mientras sacaba un pañuelo de su túnica de Quidditch y se limpiaba los ojos.
Asuka, Nakuru, Yui, Colin, Dennis, Ron y Harry se dirigieron a la puerta de salida del vestuario, esperando el momento en que les fuera permitido salir.
Mientras tanto, a las afueras del Campo de Quidditch, los alumnos gritaban el nombre de la casa que querían que ganarán. Tanto los Gryffindor como los Ravenclaw decoraron sus tribunas con todo el ingenio que se merecía un partido como aquel. En ese momento, una voz retumbo en el lugar y era nada menos que…
- ¡Buenos días, chicos y chicas! ¡Aunque mi época en Hogwarts ya paso, su comentarista Lee Jordan vuelve! – Una salva de aplausos retumbo en el lugar. - ¡Hoy se jugara el primer partido de Quidditch del año, así que pido un fuerte aplauso a los jueces que tendrán la difícil labor de analizar cada juego y al director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, Ludo Bagman! – Otra ola de aplausos se dejo escuchar por el estadio. - ¡Y sin más, ahora presentamos a los protagonistas del juego de hoy! ¡Por Ravenclaw vienen las hermanas Li, las hermanas Yamazaki, Schmatz y la guapísima capitana, Cho Chang! – Toda la tribuna de esta casa aplaudieron y gritaron como locos como apoyo a sus jugadores. - ¡Y por Gryffindor están las hermanas Yamazaki, los hermanos Creevey, Weasley y el más joven y mejor jugador de Quidditch en Hogwarts, Harry Potter! – Todos los Gryffindor vociferaron como locos cuando su equipo salio del vestuario preparados para actuar.
La señora Hooch se acercó al centro del campo y los jugadores de los dos equipos la siguieron. Cuando todos estuvieron reunidos a su alrededor, dijo lo siguiente:
-
Quiero un juego limpio, ¿entendido? – Las catorce personas que se encontraban en el lugar asintieron con la cabeza. – Capitanes, dense la mano. – Harry y Cho se saludaron, ésta le dirigió una sonrisa al muchacho, la cual fue correspondida. - ¡A Jugar!
-
¡Y ahora señores (y señoritas) empieza el partido! – dijo está vez Lee. - ¡Gryffindor tiene la quaffle y está en manos de Asuka Yamazaki, una de las cuantas ahijadas de la bella Ayaname Li, quien imparte clases de Duelo!
-
¡Jordan!, deja a Aya en paz – le regañó la profesora McGonagall.
-
Jeje, lo siento, profesora. ¡Asuka se la pasa a su hermana Yui, quien empieza a dirigirse a los postes de Ravenclaw a gran velocidad. La golpeadora de Ravenclaw, Sakura Yamazaki, lanza la bludger, pero Colin Creevey la detiene mientras que una de las cazadoras Yamazaki anota un tanto espectacular, así que 10 a 0 a favor de Gryffindor!
Harry tenía la vista fija en el campo esperando ver la snitch con Cho Chang pegada a sus pies mientras Nakuru Yamazaki anotaba otro tanto quedando el marcador 20 a 0 a favor de Gryffindor.
- ¡Misato Li, una de las tres cazadotas de Ravenclaw, tiene la quaffle y se acerca muy rápidamente a los postes de Gryffindor, que son custodiados por el guardameta Ron Weasley. Li llega y lanza la quaffle, pero Weasley la detiene. Éste lanza la pelota, pero otra cazadora de Ravenclaw, Rei Li, la coge y la anota un tanto increíble, así que el marcador queda 20 a 10 a favor de Gryffindor!
El partido siguió así, pero nada que aparecería la snitch. El marcador estaba 60 a 10 a favor de Gryffindor cuando un destello dorado se movió rápidamente. En una ola de alegría, Harry fue en su búsqueda con Cho pisándole los talones. Éste bajo en picado y cogió la snitch mientras la euforia se apoderaba del estadio. En ese momento, el equipo bajo contento y se fueron corriendo a abrazar a su buscador.
Unos minutos después, tanto el equipo de Gryffindor como el de Ravenclaw se fueron a sus respectivos vestuarios para poder cambiarse.
-
¡Ganamos el primer partido! ¡Ganamos el partido! – cantaba Asuka mientras saltaba de la alegría.
-
Sí – dijo Ron contento también.
-
Pero todavía quedan muchos partidos que disputar y cuando juguemos con Slytherin nos va a costar ganar – dijo Harry.
-
No se preocupe, capitán – le contestó Asuka – ya le daremos sus pataditas. – La niña sonrió ante una mirada recriminatoria de Harry mientras que Ron se reía como loco.
Cuando ya estuvieron limpios y vestidos, fueron a la Sala Común de Gryffindor, en donde todos los demás los esperaban con un gran banquete y unas ganas de divertirse en grande. La fiesta duro hasta bien entrada la madrugada, pues Hermione ordenó a todos con tono recriminatorio que ya era hora de dormir, pues mañana tenían clases.
Cuando todos se fueron a sus respectivas habitaciones, la Sala Común quedo tan deshabitada que se pudo ver muy claramente todo el sucio que había dentro de ella. Hermione, sorprendida, pensó con tristeza que iba a gastar un buen tiempo limpiando el desastre, pero Harry y Elisa se ofrecieron a hacer su labor, así que ésta y Ron, agradeciéndoles de todo corazón, se fueron a dormir.
Harry y Elisa estuvieron recogiendo el desastre que había en la Sala Común y cuando al fin terminaron eran las cinco de la mañana. Los dos, bastante cansados, se sentaron en un gran sillón escarlata aterciopelado que había en el centro del lugar. En las afueras del castillo empezaba a caer una lluvia ligera que mojaba los ventanales de la Torre de Gryffindor.
-
Al fin terminamos – dijo Elisa suspirando. - ¡Qué desordenaba estaba la sala!
-
Sí, estaba muy desordenada. Por lo menos la arreglamos antes de que la profesora McGonagall se le ocurra venir a ver como están los alumnos de su casa. – agregó Harry mientras reía.
-
Harry… - dijo Elisa algo apenada.
-
Dime, Elisa.
-
Yo te quiero decir algo muy importante y serio para los dos, pero antes tengo que hacerte una pregunta.
-
Pregúntame lo que quieras.
-
¿Tú sigues amando a Ginny?
-
¿Por qué me preguntas eso?
-
Sólo contéstame, por favor.
-
Bueno…no es fácil olvidar a alguien que has amado tanto por un largo tiempo…todavía no he podido sacármela de la cabeza y del corazón.
-
¿Y tú quieres olvidarte de ella o aún la quieres seguir amando?
-
Bueno…tendría que hacerlo, ¿no?...ella no debe significar nada para mí, debo de olvidarla.
-
¿Y quieres que alguien te ayude a olvidarla?
-
¿Tú quieres ayudarme a olvidarla? – preguntó Harry sorprendido.
-
Bueno, sí me lo permites – le contestó Elisa mientras que arrodillaba sus piernas hasta donde estaba su pecho. – Yo podría ayudarte a olvidarla, si así lo deseas. – Harry la miro sorprendido.
-
Me estás sugiriendo…
-
Sí, que seamos novios, yo no temo a que me hagas daño y sé que en estos momentos no sientes amor más que un amigo por mí. Lo único que quiero es que seas feliz y luego tú decidirás si te quedas conmigo o regresas con Ginny. Ella también va armar su corazón con otra persona y luego tendrá que decidir, sólo deseo darte la misma oportunidad que va a tener. ¿Quieres eso? – dijo mientras acariciaba la mejilla de Harry.
-
Si es así, pues acepto tu proposición, pero realmente quiero que me hagas olvidarla, aunque no quiero hacerte daño cuando sea mi momento de elegir y llegue a decidir por Ginny.
-
No te preocupes, estaré preparada para eso – le dijo Elisa sonriendo. – Lo único que me preocupa es mi madre, que pensará.
-
En eso podremos pensar después. – Harry se acerco lentamente a los labios de Elisa y la besó con ternura. Ésta le correspondió y cuando dejaron de besarse, la muchacha lo abrazó. – Muchas gracias.
-
No tienes nada que agradecerme.
Lo que no sabían estos dos mientras hablaban es que una persona los espiaba detrás del cuadro de la Dama Rosa. Se trataba de Ginny Weasley, quien miraba sorprendida a la nueva pareja. No podía creer lo rápido que Harry la olvidaba, internamente admiraba la forma en que aquel ser abandonaba a personas de las que ya se había deshecho, pues aún el corazón de ésta latía con un amor infernal que la consumía cada día. Como quería también olvidarlo, pero no lo lograba hacer.
Llorando, salio corriendo ante la mirada sorprendida de la Dama Rosa. Corrió y corrió hasta que sus piernas no le dieron más fuerzas. Había llegado hasta el límite del lago, que crecía cada vez más por el agua que le proporcionaba la lluvia. Se dejó caer sobre el suelo mojado, ensuciándose el cabello y la ropa que tenía puesta. Sus lágrimas se integraban con la llovizna, la cual empapaba su cuerpo inerte.
Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no se dio cuenta de que alguien se le había acercado, tapándola con un paraguas para que no se mojará más. Se trataba de Erica Rockwood, quien al ver a Ginny le sonrió y la ayudo a levantarse.
-
Ven, Ginny. Vamos adentro.
-
No quiero volver a la Sala Común – dijo Ginny mientras ponía resistencia.
-
No vamos a la Sala Común – le contestó Erica. – Es a otro lugar, acompáñame. – La chica le sonrió y Ginny se dejó llevar hasta el pasillo de las escaleras. – Tenemos que ir para el último piso.
-
¿Pero como, si está cerrado?
-
Yo sé, ven. – Ginny, algo dudosa, siguió a Erica hasta el lugar. La escalera que conducía al último piso había desaparecido y ésta empezó a preguntarse como iban a subir si no había por donde. Como si fuera la respuesta a su pregunta, su acompañante sacó su varita y apuntando al lugar en que se supone que debían estar las escalinatas, pronunció claro y fuerte: - ¡Verdimillius! - Ante los ojos atónitos de la señorita Weasley apareció un puente de color verde entre las escaleras de la penúltima planta y la última. – Vamos, sube rápido que esto se desaparece.
-
Sí.
Ginny y Erica subieron lo más rápido que pudieron y cuando ambas llegaron al último piso, las escalinatas invisibles desaparecieron del lugar. La segunda llevo a la Gryffindor hasta una de las habitaciones y luego que hubieron entrado las dos, cerró la puerta. Del ropero que tenía en su habitación sacó una toalla y un uniforme limpio de la casa.
-
Pienso que te servirá, no veo mucha diferencia de tamaño entre nosotras.
-
Gracias y no te preocupes, con una varita se puede arreglar el ancho o largo de la ropa, mi mamá me enseñó como hacerlo.
-
Que bueno – dijo sonriéndole. – Será mejor que te bañes, yo te preparare un té para que no te enfermes de gripe.
-
Muchas gracias.
-
No hay nada que agradecer.
Erica salió de la habitación y dejo a Ginny sola. Ésta se dirigió al baño, que estaba en la esquina derecha de la habitación, y se dio una buena ducha de agua fría. Si aquella agua pudiera borrarle de su cuerpo cada rastro que Harry dejo en él sería más fácil olvidarlo, pero sabía que aquello era imposible.
- Limpiare de mi cabeza y de mi cuerpo todos tus recuerdos, Harry, juro que te olvidaré – dijo mientras tomaba un poco de shampoo y se lavaba la cabeza. – Esto es para que mi mente te olvide. – Luego tomo el jabón y lo miro con detenimiento antes de lavarse el cuerpo con éste – Y esto es para que no quede ningún rastro tuyo sobre mí. – Cuando termino con su labor se enjuago para eliminar aquellas impurezas de su ser. – Como desearía olvidarte – dijo empezando a sollozar otra vez, pero retuvo sus lágrimas. – Ya, Ginny, él no vale la pena.
Salió de la ducha y se secó el cabello y el cuerpo con la toalla que le había prestado Erica. Luego se vistió y cuando estuvo lista salió del lugar.
-
Toma – dijo Erica mientras le alcanzaba una taza de té.
-
Gracias. – Ginny tomo la taza y, luego de sentarse, empezó a absorber poco a poco el té. – Eres muy buena conmigo.
-
No tienes nada que agradecerme, lo hago con gusto, además, no quiero que llores más por Potter, él no se merece tus lágrimas.
-
Sí, lo sé, pero ¿cómo olvidar a una persona a la que has amado durante cinco largos años? Él me concedió el permiso de amarlo y yo igual, o al menos eso creí que hacía. – Erica se sonrojó un poco ante lo que había dicho Ginny, pero así le contestó:
-
Pues, encuentra otra persona a quien ofrecerle tu cariño. Eres una muchacha muy bonita y se que cualquier chico de Hogwarts estaría encantado de compartir aunque sea una amistad contigo.
-
Jejejeje, estás exagerando, no soy tan bonita.
-
No exageró, claro que sí lo eres.
-
Bueno, sí tu lo dices – le contestó Ginny mientras se sonrojaba intensamente. – Pero si ese fuera “remedio” contra lo que siento, ¿cuál sería esa otra persona?
-
Mmm…Defoe por ejemplo. No me vas a negar que es un chico muy galante y simpático. Además, yo reconozco las miradas y sé que él no te mira con ojos de una amiga…
-
¡Erica! ¿Cómo puedes pensar eso?...Daniel es tan serio, yo no quiero hacerle lo mismo que Harry hizo conmigo.
-
Por eso, Ginny, ese es el hombre que te conviene.
-
¡Erica! – exclamó Ginny sorprendida.
-
¡Ah, vamos, por favor! Sabes que sí, sabes que sí. – Erica sonrió mientras que miraba su reloj, ya eran las ocho de la mañana, hora de ir al Gran Comedor. – Tenemos que ir a desayunar. Vamos.
-
Sí.
Erica y Ginny bajaron al Gran Comedor. Cuando estaban dirigiéndose a la mesa de Gryffindor, Pansy Parkinson las detuvo en seco con una mirada de despreció a las dos.
-
Miren quienes están aquí, la pobretona y la chica inocente – dijo con tono de despreció.
-
Quitate, Parkinson. Tenemos cosas más importantes que hacer que estar escuchándote – le contestó Ginny, también con despreció.
-
La pobretona dice que me quite. – Un grupo de amigas de Pansy la acompañaban, riéndose de cada cosa que decía.
-
Tienes un problema en quitarte del medio, Parkinson – dijo Draco Malfoy, llegando súbitamente.
-
Pero Draco… - dijo Pansy riendo. – No se puede tener a gente tan sucia en el colegio.
-
Mejor cuida tu lengua, que muy sucia la tienes, y si no se quitan tú y tus amiguitas prepárense para un castigo ejemplar – le cortó Draco, bastante molesto. – ¡No entendiste, Parkinson!
-
Sí, señor prefecto perfecto. Vamonos chicas, parece que Draco se fue por el camino de la rectitud después de que termine con él.
-
¡Cinco puntos menos a Slytherin y voy a hablar muy seriamente con la profesora McGonagall para tu castigo!
-
Pero, Draco…
-
¡Vete de aquí! – exclamo Draco ya furioso. Pansy y sus amiguitas se fueron del lugar, mirando sorprendidas a Malfoy y sus repentinos cambios. – ¿No les paso nada? – dijo está vez dirigiéndose a Erica y a Ginny, quines también estaban anonadadas.
-
Sí, estamos bien – le contestó Ginny.
-
Que bueno. – En ese momento Hermione se acercó corriendo, haciendo que Draco se sonrojara intensamente. Ésta se le acercó a Ginny preocupada mientras le preguntaba:
-
¿Cómo estás? Vi que Parkinson las estaba fastidiando.
-
Sí, pero Draco la regañó – le contestó Ginny.
-
¿Qué Malfoy la regañó?
-
Sí y le quito cinco puntos a Slytherin, además de ponerle un castigo – dijo está vez Erica.
-
Muchas gracias, Malfoy – dijo Hermione sonriéndole. Draco volteo la cabeza mientras se sonrojaba más. Ginny y Erica se estaban riendo como locas ante aquella escena.
-
No tiene nada que agradecerme, señorita Granger. – Hermione se quedó sorprendida ante la formalidad de Draco, era la primera vez desde que lo conocía que la trataba tan bien. – Me tengo que ir, fue un placer hablar con ustedes.
Hermione, sorprendida, Ginny y Erica, riéndose, se fueron a sentar en la mesa de Gryffindor. Cuando las dos últimas estaban por sentarse cerca de la primera, Harry apareció en escena. Éstas se fueron volando a otras sillas muy distantes a la que ocupaba Potter.
-
¿Por qué, Dios? Siempre tengo que encontrármelo cuando logró sacarlo de mi cabeza.
-
Y ya vi con quien estaba, con la hija de la profesora Ayaname Li.
-
Si ella hubiera sido educada por la profesora Li no creo que fuera así
-
¿Tú crees? Hay un dicho de reza así: de tal palo tal astilla.
-
Pero la profesora Li es buena, si fuera verdad lo que dices las demás hijas también serían así. – En ese momento, Daniel Defoe pasaba por la mesa de Gryffindor y al ver a las chicas se detuvo para saludarlas.
-
Hola chicas, ¿cómo les trata la vida? – preguntó.
-
Bien – contestó Erica, dándole en el tobillo a Ginny mientras contestaba.
-
Sí, muy bien – dijo Ginny mientras sentía un fuerte dolor en el tobillo gracias al pequeño golpe que le propino Erica.
-
Pues para un día tan hermoso, – dijo mientras hacía aparecer dos rosas – una rosa para dos bellas señoritas. – Le dio una rosa blanca a Erica y una rosa roja a Ginny. – Me tengo que ir, pues tengo cosas urgentes que hacer. Hasta luego chicas – dijo mientras se iba del lugar.
-
Hasta luego – dijeron ambas al unísono.
-
¿Con que rosas rojas? – preguntó Erica sonriéndole con picardía.
-
¡Erica!