Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 7235 · de

Historia 7235 — capítulo 11

Capítulo XI

David Langdon

Harry despertó temprano aquella mañana con un fuerte dolor de cabeza. Cuando abrió los ojos quedo cegado por la luz solar y, sin pensarlo dos veces cerró las cortinas del ventanal, sumergiendo la habitación en penumbras.

Decidió levantarse a pesar del dolor de cabeza y se dirigió a la habitación de Voldemort, intentándose colocar las gafas. Cuando abrió la puerta, entró como siempre lo hacía, sin darse cuenta de que alguien lo observaba.

  • Buenos días – dijo mientras se sentaba en un sillón cerca de Voldemort.

  • Buenos días, Harry. ¿Me podrías hacer el favor de abrir los ojos?

  • Claro, como tú no recibiste los rayos del sol directo... – Cuando pudo abrir los ojos casi no se cae del asiento al ver a un chico frente a él, el cuál atrajo su mirada de inmediato. El muchacho tenía el cabello castaño oscuro y los ojos de color miel brillantes, los cuales se escondían detrás de unas gafas de media luna. Su tez blanca como la nieve, parecía que al tacto fuera aterciopelada y suave. No sabía porque, pero sentía como si entre los dos hubiera un hilo comunicador invisible.

  • Los voy a dejar solos para que se conozcan – dijo Voldemort, quien le guiño el ojo a su visitante antes de salir de la habitación.

Harry y aquel ser se quedaron viendo fijamente y en silencio por unos minutos, hasta que el segundo se levanto, sentándose en la silla que había abandonado Voldemort, y, en consecuencia, cerca del Gryffindor, quien no pudo evitar sonrojarse levemente. Éste extendió su mano hasta el tembloroso chico y empezó a acariciar su mejilla lentamente mientras lo examinaba con la mirada.

  • ¿Quién es usted? – le preguntó Harry tímidamente.

  • Me llaman David Langdon y acaba de ingresar a Hogwarts de mano de Voldemort. Como somos muy amigos me concedió un puesto en Slytherin para estudiar el sexto curso.

  • Eso quiere decir que tiene dieciséis años de edad.

  • Correcto, ni más ni menos – le contestó con una dulce sonrisa.

  • Yo soy...

  • Harry Potter. Voldemort me ha hablando mucho de usted y me sugirió que podríamos ser excelentes amigos.

  • Me encantaría.

  • A mi también, pero tiempo al tiempo.

  • Bueno, yo...me tengo que ir, debo aprontarme para las clases del día de hoy.

  • ¿Se va tan rápido? – preguntó el Slytherin con mirada triste.

  • Sí, después hablaremos. – Harry tuvo que hacer un gran esfuerzo para separarse de la mirada del Slytherin y salir de la habitación.

Harry entró corriendo a su habitación con una mano en el corazón mientras respiraba agitadamente. ¿Quién era ese ser? ¿Qué tenía que ver con él?

Agarró sus cosas para bañarse y se metió en la ducha, abriendo la manija del agua fría a todo lo dar. Aquel líquido pasaba como agujas por su cuerpo, pero no le importaba, más bien disfrutaba la sensación mientras que su mente retrocedía hasta la habitación de Voldemort, en donde se encontraba aquel ser.

Salió de la ducha y se secó completamente para vestirse y cuando salió del baño casi se desmayaba al ver a aquel ser en su habitación como si nada.

  • Ya estás vestido – dijo sonriendo.

  • ¿Qué haces aquí? – le preguntó cambiando su expresión de asombro a molestia.

  • Quería conocer tu habitación, por eso estoy aquí – le contestó mientras se levantaba y se acercaba a él lentamente.

  • Hubieras llamado a la puerta, ¿es mucho trabajo? – De repente aquel ser arrincono a un impresionado Harry a la pared, sin permitirlo escapar. Éste acercó su rostro cerca del chico y el Gryffindor pudo sentir su respiración cálida sobre su cara.

  • Eres tan inocente – dijo acercándose a su cuello.

  • No lo soy – le respondió cerrando los ojos levemente.

  • Sí, eres un bebé, buscas protección, pero nadie te la ofrece, estás solo.

  • No estoy solo.

  • Quieres llorar, pero no puedes, ¿no es cierto?

  • No es cierto – Sin querer, un par de lágrimas cruzaron su rostro.

  • ¿Y por qué lloras entonces?

  • ¿Por qué me haces esto?

  • Lo sabrás a su debido tiempo, sólo te voy a decir que me necesitas tanto como yo a ti.

  • ¿Cómo sabes que te necesito? – David acercó el rostro de Harry hasta su hombro y lo abrazo con posesión, pero a la vez delicadamente.

  • Llora, te sentirás mejor después. – Harry, sin saber porque, lo abrazó llorando amargas lágrimas. Todo lo que había dicho era verdad, se sentía débil y solo. – Yo te voy a cuidar, nadie te va a hacer daño. Eres para mí un ángel, que llegó hasta mis manos para que lo cuidaran y protegieran. – El Gryffindor no dijo nada, pero reforzó su abrazo, temiendo perder a aquel ser que le ofrecía su ayuda y cariño.

El profesor Flitwich había llegado temprano esa mañana y la clase de Encantamientos comenzó para los Gryffindor y Ravenclaw. Cuando todos se sentaron y el maestro se terminó de acomodar dijo lo siguiente:

  • Buenos días, alumnos y alumnas. Hoy vamos a tener la visita de los Slytherin, quienes lamentablemente perdieron una clase la semana pasada y la van a recuperar con ustedes. – En ese momento un grupo de Slytherin entró al salón, encabezados por David y Draco, quienes fijaron sus miradas en un sorprendido Harry. – En la clase pasada habíamos hablado de lo que comprendería esté curso, que realicen magia mediante su poder mental, sin intervención de la varita. Es una de las partes de la magia más complicadas y sólo los magos que tengan una mente dispuesta y el poder suficiente harán levitar hasta un gran objeto. Hoy aprenderemos uno de los hechizos más importantes que ayudan a muchos magos principiantes con esta labor, ¿algunos de ustedes se lo sabe? – Draco, Hermione y Harry levantaron la mano al mismo tiempo, por lo que al maestro de Encantamientos le costo elegir. – Señor Potter.

  • El hechizo que se usa para estos casos es Relaxatio.

  • Muy bien, señor Potter, diez puntos para Gryffindor. ¿Y para qué se utiliza, señor Malfoy?

  • Relaxatio es muy bueno para aquellas personas que aún no manejan bien el arte de levitar cosas con el poder mental, ayuda a que la mente esté vacía de pensamientos y obras – dijo Draco.

  • Excelente, señor Malfoy, diez puntos para Slytherin. Bien, tendrán que ponerse en parejas para poder trabajar.

Harry se levanto como muchos otros y fue en busca de su nuevo amigo, quien también lo andaba buscando a él. Se sentaron en un pupitre para trabajar juntos como el profesor dijo, aplicándose el hechizo mutuamente y tratando de levitar una aguja que había en la mesa.

De repente, la aguja que Harry tenía en la mesa empezó a levitar sin mayor esfuerzo ante la mirada sorprendida de todos los presentes, incluso Hermione, quien sólo había podido elevar el objeto unos centímetros para que volviera a caer.

  • Eso, señor Potter, lo está haciendo muy bien – dijo Flitwich encantado por los resultados que veía mientras que la aguja de Harry ya estaba en el techo. En ese momento sonó la campana de finalizar clases y éste dejo de levitar el objeto, que al caer atravesó su mano de punta a punta, haciendo que un hilo de sangre corriera por ella. No sabía por qué, pero en vez de sentir dolor por la herida, sentía más bien placer por la misma.

  • Harry, ¿estás bien? – le pregunto Hermione muy preocupada mientras que David le quitaba la aguja de la mano.

  • Sí. Tranquila, Hermi, en sólo un piquetazo. Tenemos que ir a clase – dijo levantándose y cubriéndose la mano con la túnica. Todos los Gryffindor se fueron al salón de Historia del Arte, mientras que los Ravenclaw a Pociones y los Slytherin a Defensa Contra las Artes Oscuras.

Ya el manto oscuro de la noche se había extendido sobre el cielo, cubriendo a Hogwarts con la luz tenue y llamativa de la luna. Todos los Gryffindor pertenecientes al segundo y sexto curso se estaban retirando de la clase de Astronomía después de una amplia tarea dada por la profesora Siniestra. Cansados y caminando como zombis se dirigieron a su Sala Común para dormir después de tan largo día.

Harry esperó tranquilo a que todos se fuesen para salir lo más rápido posible al último piso, pues necesitaba ver a Voldemort o a David, pero cuando se disponía a fugarse sigilosamente, unas personas lo vieron y sorprendidos lo llamaron:

  • Harry – dijo Hermione acercándosele junto a Ron.

  • Hola, Hermi – le contesto mirándola con ojos alternados.

  • ¿A dónde ibas tan apurado? – le preguntó Ron.

  • ¿Yo? Pues, estaba pensando en dar un paseo por el Campo de Quidditch para ver si todo estaba bien – le contestó riendo nerviosamente.

  • Pues, lástima que no lo puedas dar. Conoces muy bien que Quién-tú-sabes anda por ahí suelto y seguro con sed de venganza, así que te vas directo con nosotros a la Sala Común – dijo Hermione con tono autoritario mientras que Ron le hacía coro asintiendo con la cabeza.

  • “Planes arruinados” – pensó Harry sonriendo lacónicamente. – Sí, claro. Tienen razón, señores prefectos.

Hermione y Ron sonrieron antes de salir los tres juntos rumbo a su Sala Común. Harry tenía muchas noches escapándose para no tener que dormir en la Torre de Gryffindor y poder quedarse en el último piso dónde se sentía más seguro, pero esa noche lo habían sorprendido in fraganti. Cuando llegaron, la Dama Rosa pidió la contraseña.

  • Aurum Anima – dijo Hermione. El cuadro los dejo pasar y cuando los tres terminaron de entran, ésta se cerro. – Bueno, les deseo a ambos buenas noches – continuó la Gryffindor, quien se fue no sin antes darle un beso en la mejilla a su amigo y uno en los labios a su novio.

  • Vamos, Harry – dijo Ron empujándolo con algo de esfuerzo hasta el dormitorio de los chicos del sexto curso.

  • ¿No me puedo quedar un momento en la Sala Común? – preguntó Harry en tono suplicante.

  • No, a dormir – dijo dándole un último empujón hasta su cama. Harry, resignado, se puso su pijama mientras que Ron hacía lo mismo. – Buenas noches – dijo acostándose y durmiéndose de inmediato.

Harry se sentó en su cama y dio un suspiro profundo y largo. No sabía por qué, pero se sentía vulnerable en ese lugar. Trato de dormirse un poco, pero no podía. Las palabras de David volvían a su mente. Acercó sus rodillas hasta su pecho y apoyo su rostro mirando triste a la cortina roja que tapaba su cama.

  • No estoy solo, sino Hermi ni Ron se hubieron ocupado de que fuese a dormir – se dijo para alentarse. Un poco más alegre, cerró los ojos para poder descansar, sumergiéndose en su mundo de pesadillas.

Cuando la campanada de las doce se hizo sentir por todo Hogwarts, una lluvia torrencial hizo presencia en las afueras del castillo, al mismo tiempo que una mano blanca, larga y delgada se aproximaba a la mejilla del dormido Gryffindor. Harry no pudo evitar despertarse al sentir aquella palma ruda, pero a la vez delicada acariciando su cara.

  • Despierta, Harry – dijo una voz fría mientras éste tomaba aquella mano entre la suya.

  • ¿Voldemort? – preguntó aún con los ojos cerrados mientras acariciaba aquella mano.

  • Sí, vine a buscarte – Harry abrió los ojos y miro directamente a aquella mirada fría, pero para él cálida, que dirigía Voldemort.

  • Gracias por venir, creo que me tienen vigilado. Seguro Dumbledore habrá puesto profesores en cada esquina para cuidarme de que no escapase a dónde estás.

  • No te equivocas en nada. Busca tus cosas y vamonos, ¿sí? – Harry asintió y recogió algunas cosas que tenía, poniéndolas en su bolso.

  • Vamonos, por favor – dijo.

  • Sí – Tomo la mano de Harry y desapareciendo del lugar para luego aparecer en el último piso. Ambos entraron a la habitación de Voldemort, en donde sólo se encontraba Nagini durmiendo. Ésta al sentirlos se despertó y salió del lugar.

  • ¿A dónde va? – preguntó Harry asombrado.

  • Fue a vigilar, no quiero que individuos como tu querido profesor de Pociones descubra que estoy aquí, todo lo que tengo pensado se me derrumbaría.

  • Tienes razón – contestó mientras que Voldemort se sentaba en su sillón favorito, al lado del crepitante fuego de la chimenea.

  • Ven, siéntate aquí – dijo haciéndole un espacio en el sillón.

Harry se acercó tímidamente hasta Voldemort y se sentó al lado de él. El fuego que había en la chimenea le ofrecía algo de calor a aquella fría y oscura habitación, en la cuál todas las velas se apagaron después de un rotundo y fuerte relámpago. El Señor Tenebroso se sirvió una copa de vino mientras que en la mente del Gryffindor una disputa no lo dejaba en paz.

  • Dime lo que tengas que decirme – dijo jugando con el líquido de su copa.

  • ¿Cómo sabes que tengo algo que decirte? – preguntó Harry asombrado.

  • Por si se te olvido, nosotros tenemos una conexión especial que me permite leer tus pensamientos, así dime que te pasa. – Harry suspiro, tenía que decirle.

  • David me dijo unas cosas que me dejaron intrigado y no sé si son tan ciertas como dice.

  • ¿Te sientes solo? – preguntó después de probar el líquido de su copa.

  • No, pero siento que sino estoy aquí con David o contigo me va a pasar algo, me siento inseguro y bueno...mi condición no me permite sentirme muy acompañado – le contesto con mirada triste.

  • ¿Te arrepientes de lo que paso?

  • No, me siento seguro y tranquilo a tu lado.

  • Entonces no estás solo, me tienes a mí.

  • Tienes razón, gracias – dijo apoyando su cabeza en el hombro de Voldemort.

  • Aún eres un niño pequeño que se esconde bajo la careta de la madurez. – Harry no dijo nada, pero se abrazó al cuerpo de Voldemort, escondiendo su cara en el pecho de éste.

  • Duerme, no me moveré de aquí mientras estés dormido – dijo haciendo aparecer una frazada negra mientras que Harry se dormía tranquilamente en su pecho. No estaba sólo, pues tenía el apoyo y cuidado de Voldemort y David.