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Historia 7235 — capítulo 12

Capítulo XII

El Baile de Halloween

Los días del mes de octubre pasaron volando en un abrir y cerrar de ojos para todos los que se encontraban en el castillo del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, sólo faltaba un día para terminarlo, el cual era más esperado por los alumnos del lugar.

Aquella mañana de jueves todos los alumnos se despertaron temprano y fueron lo más rápido posible al Gran Comedor, pues Dumbledore tenía una gran noticia que muchos estaban esperando con ansias. Cuando el desayuno termino, el director de Hogwarts se levanto haciendo que el lugar quedase en silencio.

  • Buenos días alumnos y alumnas – dijo. – Como muchos saben mañana se celebra la fiesta del día de las brujas y para conmemorar tan grandioso evento sus profesores y yo hemos decidido hacer un Baile de Halloween en el que asistan todos los alumnos a partir del cuarto curso. Para los estudiantes de niveles inferiores se les hará una cena con programaciones especiales. Ahora todos diríjanse a sus respectivas clases y que tengan una buena jornada.

Todos se levantaron para dirigirse a sus respectivas clases con la alegría de que al día siguiente iba a ver una gran celebración por Halloween. Harry, Ron y Hermione se dirigieron hasta un grupo que se conglomeraba alrededor del profesor Lupin.

  • Si todos están listos, vamonos – dijo con voz alegre.

Todos los alumnos de las cuatro casas del segundo y sexto curso lo acompañaron hasta el aula de Defensas Contra las Artes Oscuras. Ese día se iba a hacer el primer examen de aquella materia, así que todos estaban expectantes ante lo que el profesor iba a preguntar. Cuando llegaron al lugar y se acomodaron en sus respectivos asientos, Lupin se adelanto hasta un taburete y dijo con voz fuerte para que lo escuchasen bien:

  • Buenos días alumnos y alumnas – dijo.

  • Buenos días, profesor Lupin – contestaron todos los presentes.

  • Como muy bien saben, hoy es su primer examen correspondiente a mi materia y después de mucho pensarlo – dijo sacando un bol de su túnica con unos pergaminos doblados adentro – decidí que cada quien iba a sortear un hechizo y depende de cual les toque tienen que decirme su función y hacer una práctica con ello, ¿entendido?

  • Sí, profesor Lupin – respondieron todos los alumnos presentes.

  • Bien, acérquense, tomen un pergamino y salen del salón hasta que se les llame.

Todos los alumnos tomaron un pergamino y luego salieron del lugar revisando lo que le había tocado. Cuando Harry agarró el suyo, salió al pasillo mientras abría aquella hoja para fijarse que hechizo le había salido. Pronto lo acompaño Hermione y Ron, al igual que muchos otros, quienes se quedaron en un silencio sepulcral.

  • Pueden hacer lo que quieran mientras tanto, pero los que estén próximos a presentar el examen quédense cerca, por favor. A la hora del almuerzo haremos una pausa y luego, cuando se termine continuaremos con la prueba – dijo el profesor Lupin. – Abbott, Hannah. – la joven Hufflepuff paso temblando de miedo y cuando termino de entrar el maestro cerro la puerta detrás de ella.

  • ¿Qué tan difícil puede ser este examen? – pregunto un niño de segundo curso temblando de miedo.

La noche ya bañaba con su manto oscuro el cielo sobre el castillo y aunque muchos de los alumnos ya se habían ido a cenar y disfrutar de la libertad, aún algunos, como Harry, se encontraban sentados esperando su turno para hacer el examen de Defensa Contra las Artes Oscuras.

  • Menos mal que no hay luna llena, tuvieran que dejarnos el examen para mañana – dijo Ron cayéndose de sueño sobre sus piernas.

  • No te duermas Ron, que ya falta poco – dijo Harry en tono recriminatorio.

  • Hola, chicos, les traje algo de cenar – dijo Hermione, quien se acercó a ellos con paso rápido.

  • Gracias, Hermi – dijo Ron abrazándola mientras que ella le servía la cena.

  • Come todo, para que tengas energías para el examen – dijo sonriendo.

  • Sí – le contesto con una sonrisa y empezando a comer.

  • Toma Harry – dijo Hermione pasándole su comida.

  • No gracias, Hermi, no tengo hambre – le respondió Harry.

  • ¿Estás seguro?

  • Sí, tranquila – dijo sonriéndole.

  • Patil, Padma – dijo Lupin. La joven Ravenclaw entro mientras que Pansy Parkinson salía con una cara de satisfacción ante su buena calificación.

  • Hola – dijo Parvati acercándose a los tres.

  • Tranquila amiga, es fácil, el profesor Lupin te ayuda si no sabes algo – dijo Hermione sonriendo.

  • Gracias, pero de sólo pensar que me toca ahora me entran los nervios – dijo temblando.

  • Tranquila, te irá bien – dijo Harry sonriéndole y sin querer Parvati se sonrojo un poco.

  • Muchas gracias por su apoyo – En ese momento salió Padma sonriente y Parvatil se levanto temblando.

  • Tranquila, hermana, el profesor te ayuda – la alentó Padma mientras que Parvatil asentía con la cabeza.

  • Patil, Parvati – la llamo el profesor Lupin. La joven entró temblando al salón.

Harry volvió a abrir el pergamino que le había tocado tratando de recordar todo lo posible sobre el hechizo mientras que Hermione le servía jugo de calabaza a un hambriento Ron. Una lluvia torrencial empezó a caer a las afueras de Hogwarts mientras que Parvatil salía temblando, pero sonriendo.

  • Potter, Harry – lo llamó Lupin.

  • Buena suerte, Harry – le dijo Hermione mientras que Ron le sonreía.

Harry se levantó y entró al aula en donde lo esperaba Lupin. Cuando entró y cerró la puerta detrás de sí, admiró el lugar con detenimiento. El salón estaba desocupado de pupitres y no había nada más que dos sillones, uno delante de la ventana, en donde estaba el profesor, y otro vacío, donde seguramente tenía que estar él. Al lado del maestro había un baúl alto de madera oscura y una mesita en donde estaba un pergamino, una pluma y una botellita de tinta. La habitación estaba tenuemente iluminada con un par de candelabros colgados en la pared de velas blancas.

  • Siéntate, Harry – le dijo un sonriente Lupin. Harry se adelanto y se sentó en el sillón que estaba libre. – Dame el pergamino que te toco, por favor – El Gryffindor se lo paso. El profesor lo abrió y lo miro contento. – Bien, con que Focus Aura. Háblame de ese hechizo.

  • Focus Aura se usa generalmente para defenderse de ataques de magia oscura, aunque también es un buen hechizo para el ataque.

  • Y si lo conjuras, ¿qué forma tomaría?

  • Generalmente toma forma de barrera cuando está protegiendo, pero cuando se usa para atacar puede, como un Expecto Patronum, tomar cualquier forma, regularmente en un ave fénix.

  • Muy bien, ahora – dijo levantándose – yo haré un hechizo cualquiera y tu utilizarás contra mí el hechizo que te toco. - Harry se levanto también y se puso al frente del profesor, a una distancia prudencial. - ¿Listo?

  • Sí – contestó.

  • ¡Obscuritas Campus! – conjuro. De repente todo el lugar quedo oscuro ante los ojos de Harry, quien sentía como unas fuerzas oscuras le robaban energía vital.

  • ¡Focus Aura! – dijo. Delante de él empezó a salir un escudo de fuego, al igual que unas llamaradas que retiraron la oscuridad del lugar, pero, de repente, sintió como si aquello en vez de protegerlo le hiciera daño. Cuando el examen acabo, cayó al suelo temblando de miedo.

  • Calma, Harry – dijo avanzando hacía él y al agacharse sin querer se rasgo la muñeca con un objeto filoso que había tirado en el suelo descuidadamente. El Gryffindor vio aquella herida y sin saber porque empezó a sentir como su corazón latía aceleradamente mientras que su respiración se hacía más rápida. - ¿Pasa algo? – preguntó, pero de repente miro con asombro al chico que se acercaba lentamente a su cuello. - ¿Qué haces?

  • Nada, sólo quiero su líquido vital – le contestó riendo malignamente mientras sus dientes ya casi rozaban el cuello del profesor.

  • ¿No me digas que eres...? – De repente sintió como en su cuello se clavaban dos largos y filosos colmillos, quienes tenían sed de sangre. – Esto me va a doler mucho, pero no voy a permitir que caigas en la oscuridad.

  • ¿Qué va a hacer? – preguntó Harry viendo como Lupin ponía su varita sobre el pecho de éste.

  • ¡Dormiré! – conjuro. Harry cayo sobre el suelo inconsciente, botando un hilillo de sangre por la boca.

A los pocos minutos una enfermera fue en busca de Harry y lo llevó a la enfermería mientras que otra curaba al profesor Lupin para poder continuar con el examen. Todos estaban consternados ante aquella escena, pero la Señora Pomfrey los sacó a dejando dormir al Gryffindor en paz.

Harry se despertó temprano aquella mañana por todos los ruidos de felicidad que había en Hogwarts por el Baile de Halloween de aquella noche. Como no podía ver nada, se puso las gafas y vio que se encontraba en la enfermería y que la profesora Li lo miraba con una amplia sonrisa.

  • Buenos días, Harry – dijo.

  • Buenos días para ti también, Aya – le respondió Harry. - ¿Qué hago en la enfermería?

  • Pues, ayer intentaste morder a Remus – le contestó con un dejo de tristeza.

  • ¿Y cómo está? – preguntó preocupado.

  • Bien, gracias a Dios, pero no lo vuelvas a hacer. Si tienes hambre me buscas a mí o a él – le respondió señalando con la cabeza a un Draco Malfoy profundamente dormido, más pálido de lo normal y con dos visibles incisiones en el cuello. – Te tiene mucha paciencia – continuó riendo.

  • La verdad es que sí – dijo acariciándola la mejilla del dormido Slytherin.

  • ¿Tienes hambre? Te hice algo de desayuno.

  • Sí, gracias.

Ayaname le sirvió de comer y Harry desayuno con gusto, degustando de los ricos manjares preparados por su madrina. Cuando el sol ya iluminaba por completo el lugar, Ron y Hermione aparecieron en la enfermería mientras que la profesora Li le servía de desayunar a Draco.

  • Hola, Harry – dijeron Ron y Hermione al unísono.

  • Buenos días a los dos – dijo sonriente.

  • ¿Cómo estás? – le pregunto Hermione.

  • Bien, Hermi. ¿Y ustedes?

  • También nos encontramos bien, Ron saco muy buena nota en el examen de Defensa Contra las Artes Oscuras.

  • Me alegro.

  • Te traemos tus notas de los exámenes del mes – dijo Ron, pasándole algunos pergaminos. Harry los revisó, se trataban de las correcciones de Herbología, Encantamientos y Defensa Contra las Artes Oscuras, en las cuales había obtenido muy buenas calificaciones. – Hermi y tú fueron los de las más altas calificaciones.

  • Me alegro – dijo está vez Ayaname, quien ayudaba a Draco a tomar un poco de su desayuno, quien estaba tan mal que no atinaba ni a agarrar la cuchara para comerse las hojuelas de maíz.

  • ¿Malfoy está bien? – preguntó Hermione con preocupación.

  • Sí, sólo un poco cansando como vez – le contestó Ayaname.

  • ¿Te van a dejar ir al Baile de Halloween? – le preguntó Ron a Harry.

  • Sí, creo, si es que a la Señora Pomfrey no se le ocurre la idea de no dejarme ir.

  • Vas a ver que sí, además, no es justo que seas el único alumno que se pierda del baile – dijo Hermione.

  • Tienes razón – dijo Ayaname. – Bueno, dejemos a Harry descansar, yo después intentaré convencer a la Señora Pomfrey.

  • Sí. Bueno, nos vemos en la noche – dijo Ron.

  • Cuídate mucho, amiguito – dijo Hermione, quien se fue junto a Ron no sin antes darle un beso a Harry en la mejilla. Cuando la profesora Li se disponía a ir, Harry la detuvo y le dijo así:

  • ¿Sabes dónde está Voldemort? – le preguntó con voz baja para que Draco no lo escuchase.

  • Ahora no está en Hogwarts, pero va a venir pronto, así que tranquilo – le contestó enredándole un poco el cabello. – Cuídate y no salgas de aquí hasta que la Señora Pomfrey te diga.

  • Sí, nos vemos en la noche.

Ayaname se fue dejando a Harry y a Draco solos en la enfermería. Un silencio incomodo hizo presencia en el lugar, pues ninguno de los dos se atrevía a dirigirle la palabra al otro. Después de algunos minutos el Gryffindor dijo lo siguiente:

  • ¿Te encuentras bien?

  • ¿Sí me encuentro bien? Casi me desangras – le contestó el Slytherin con sarcasmo.

  • Lo siento – dijo Harry con voz triste.

  • Bueno, no fue para tanto, tranquilo. Al menos ambos estamos vivos. – Harry no le respondió, escondiendo su cara entre sus piernas, que estaban cerca de su pecho. Draco se acercó lentamente a él y se sentó en la cama, dándole un caluroso y reconfortante abrazo al Gryffindor. – En serio. Comprendo porque lo haces y no tengo que disculparte por nada.

  • Igualmente lo siento – le contestó correspondiéndole a su abrazo.

  • Sí te dejan salir de aquí para la fiesta, ¿irías?

  • No lo sé, pienso que sí, aunque sea unos minutos para ver la decoración. ¿Y tú piensas ir?

  • Creo que no, entre encontrarme con Parkinson y ver a la mujer que amo con otro hombre que la ama más que yo y que la merece, prefiero quedarme arreglando mis cosas.

  • No sabía que amabas a alguien. ¿Se puede saber de quién se trata?

  • Te reirás de mí.

  • No, nunca hago eso, si quieres pregúntale a Ron cuando estaba buscando como decirle a Hermione que estaba enamorado de ella.

  • Pues, estoy enamorado de esa misma que acabas de nombrar.

  • ¿De Hermi? – le preguntó Harry anonadado. El Slytherin respondió con un asentimiento silencioso con su cabeza. – ¿La misma que hace unos años le decías “la sangre sucia de los dientes largos? ¿La novia de mi mejor amigo? ¿Mi amiguita del alma?

  • De la misma – le respondió Draco con resignación.

  • ¿Y no piensas decirle? – Draco casi no se desmayaba ante la pregunta de Harry, quien le sonreía ampliamente. – Tienes que decirle, mejor son los sentimientos afuera que adentro.

  • Sí, pero ¿cómo? Ahí está la cuestión.

  • Díselo a la cara – le contestó como si fuese lo más normal.

  • Estás loco.

  • Entonces escríbele una carta y le dices todo lo que sientes por ella. Incluso – dijo agarrando su bolso que estaba en el suelo – aquí tengo lo necesario para que se la escribas – continuó mientras le pasaba un pergamino, una pluma y una botellita de tinta. Draco resignado empezó a escribir y a los pocos minutos Harry le dio la carta a Hedwig para que se la llevase a Hermione. – Bien, ahora sólo falta que te responda.

La noche más esperada por los alumnos y alumnas de Hogwarts ya había llegado y todos se estaban dando los últimos retoques para el Baile de Halloween para lucir lo más espectaculares posibles, ya que Dumbledore había permitido usar ropa muggle. Por suerte de Harry, la Señora Pomfrey le dio de alta y éste se pudo ir a aprontar a la Sala Común de Gryffindor.

Cuando llegó noto con sorpresa que sobre su cama había una caja alargada y dentro de éste se encontraba un traje de etiqueta de corte ingles, de cuello largo, todo negro menos la camisa de botones, la cual era blanca. Harry sorprendido busco quien se lo había mandado, pero no había tarjeta ni algún nombre en la caja. En ese momento se abrió la puerta y apareció Hermione ya vestida con un elegante vestido negro que se componía de una falda y un corsé que, atado con unas cintas por detrás, dejaba ver al descubierto su espalda. Su cabello estaba ondulado, produciendo casi rizos perfectos que combinaban los reflejos miel que había realizado sobre el mismo.

  • Estás muy bonita, Hermi – le dijo Harry sonriendo.

  • Gracias, amiguito. – le contestó con una sonrisa. - ¿Aún no te has vestido?, vamos, rápido a bañarse – dijo pasándole las toallas y la ropa que se iba a poner. Éste se fue a bañar y a los pocos minutos salió vestido, pero sin mucho esfuerzo en arreglarse. - ¡Harry! – le regaño Hermione.

  • Sabes que no soy bueno para esto de acomodarme – le contestó.

  • Ven, voy a arreglarte – dijo frunciendo el ceño.

Harry se acercó a Hermione como un niño a su madre y está le acomodo. Empezó arreglando su pantalón, al igual que su camisa, que puso los botones en su sitió y luego le anudo la corbata negra que venía con el traje. Después le arreglo la chaqueta larga del traje, abotonándola hasta la cintura, para quitarle un poco de formalidad al mismo. Agarró algo de gomina y un peine y empezó a peinar a su amigo, haciendo milagros con su cabello, pues se lo dejó con un aire juvenil y rebelde, que le lucía encantador.

  • Listo, te ves precioso – dijo Hermione sonriendo mientras que guardaba todas las cosas.

  • ¿No crees...que me veo algo alocado? – preguntó viéndose con una mirada anonadada al espejo.

  • Siempre estás todo serio y que un día seas el chico rebelde va a despertar más el interés por mis compañeras hacía ti – le respondió sonriendo picaramente.

Harry suspiro antes de salir a la Sala Común, en donde se confirmo lo que había dicho Hermione. Mientras que ésta se acercaba a su novio, las chicas que se encontraban en el lugar vieron al joven Gryffindor como si fuese el plato principal de la cena de Halloween. Un poco nervioso, fue a juntarse con sus amigos, pero en ese momento chocó con las dos personas que menos se pensaba encontrar, Ginny y Elisa.

Ginny estaba vestida con un vestido largo y un poco ajustado de color rojo llamativo, haciendo combinación con su cabello, que estaba liso y bien arreglado. Por su parte Elisa traía puesto un traje de color negro que comenzaba con un top que se unía a la falda, la cual estaba abierta por la mitad dejando al descubierto una de sus piernas. Todo el conjunto estaba acompañado por unos detallados encajes de color verde oscuro, dispuestos por el ropaje con maestría. Su cabello estaba finamente acomodado en rizos que hacían que se viera el encanto de su cabello castaño claro con algunos reflejos dorados.

Harry se quedo anonadado al ver a las dos, al igual que estás al verlo a él, pero en ese momento apareció Colin Creevey y se llevo a Ginny del lugar, dejando a Elisa con el Gryffindor. En ese momento, la profesora McGonagall entró a la Sala Común e hizo que todos hicieran una fila entre las parejas y los que se encontraban por circunstancias de la vida solos que se pusiesen en otra.

  • ¿Vamos? – le preguntó Elisa a Harry.

  • Sí, vamos – Harry le tomo la mano a Elisa y ambos se pusieron en la fila para esperar salir junto a los demás. Cuando llegaron al Gran Comedor estaba abarrotado de los alumnos de otras casas. En ese momento se adelanto la profesora Li, quien traía un vestido largo de color negro que dejaba al descubierto su espalda mientras que su cabello estaba finamente arreglado. Todos los chicos de Hogwarts se quedaron anonadados al verla y otros incluso se atrevieron a silbarle ante la mirada de reproche de los demás profesores.

  • Buenas noches, alumnos y alumnas. – dijo.

  • Buenas noches – respondieron todos los presentes.

  • En cuestión de minutos entraran al Gran Comedor que fue dispuesto especialmente para la festividad. Cuando entren van a ver mesas, así que lo primero que harán es sentarse de acuerdo al orden de llegada. Igual los profesores les señalaran en donde deben estar, ¿entendido?

  • Sí, profesora Li – respondieron de vuelta todos.

  • Bien, que tengan una feliz fiesta.

En ese momento se abrieron las puertas del Gran Comedor y las parejas empezaron a pasar en orden como les había indicado la profesora Li. Cuando a Harry y a Elisa les toco entrar, éste admiro el lugar con detenimiento.

El Gran Comedor estaba libre de las mesas típicas que siempre se encontraban y ahora había dispersas miles de muebles para dos personas con todo lo necesario en comida y bebida. En donde debería estar la mesa de los profesores, había una plataforma con algunos implementos de música y una pista de baile al frente, adornado con guirnaldas, calabazas y algunas hadas que le daban una iluminación encantada al lugar. En el techo flotaban candelabros de velas anaranjadas y negras, combinando con las estrellas que iluminaban el firmamento del lugar. Harry y Elisa llegaron a su mesa y éste gentil y caballerosamente le ofreció una silla a su compañera y luego él se sentó al lado de ella. A los pocos minutos todos estaban listos y tras un chasquido las puertas del recinto se cerraron, dándole comienzo a la fiesta.

  • Haber, – dijo Elisa mientras que todos empezaban a servirse la cena, al igual que ella - ¿qué quieres de comer?

  • Nada, no tengo hambre – le contestó. Elisa lo miro con recriminación y le sirvió algo de comida. – Pero, Eli... – dijo en tono de ruego.

  • Eli nada, abre la boca – dijo en tono autoritario mientras que agarraba algo de puré de papas. A Harry no le quedo de otra que dejar que le diera de comer, aunque no tenía nada de hambre. – Eso, así me gusta – agregó dándole un pequeño y tierno beso en los labios, el cual fue correspondido por el Gryffindor.

A los pocos minutos empezaron los eventos, llamando la atención y la algarabía de todos los alumnos presentes, pues estos eran muy llamativos y buenos. Después, cuando todos grupos que habían venido a ofrecer su espectáculo de Halloween a los estudiantes de Hogwarts terminaron, la música empezó a tocar de manos de las Brujas de Macbeth.

  • Vamos a bailar, ¿sí? – le dijo Elisa a Harry en tono de suplica.

  • Sí – Elisa y Harry salieron a la pista de baile, al igual que muchos otros, y empezaron a bailar.

Pero no todo era felicidad, pues, en alguna parte de Hogwarts, específicamente en las afueras, cerca del largo, se encontraban dos personas alrededor de unas cuantas botellas de hidromiel, cerveza (y no precisamente de mantequilla) y algunas más.

  • Esta fiesta no está hecha para nosotros – dijo Ginny Weasley sirviéndose más whisky, terminando con la botella. Su voz indicaba que no era la primera copa que se tomaba, al igual que sus ojos, que estaban perdidos en el firmamento.

  • Tienes mucha razón, amiga – dijo está vez Draco Malfoy, acabándose su botella de cerveza y en las mismas condiciones que Ginny.

  • Somos los únicos que no tenemos pareja por no tener amor, maldito sentimiento que nos hiere por dentro.

  • Tienes mucha razón, los únicos idiotas. – En ese momento apareció en el lugar Daniel Defoe, que se sentó al lado de Draco, viendo a ambos con malos ojos.

  • Lo que les hace el amor – dijo.

  • Únete al club, Daniel, aunque sea para tomarte un par de botellitas – dijo Ginny riendo.

  • ¿Y cuál es el club que ustedes forman? – preguntó destapando una botella de cerveza y empezándola a tomar con gusto.

  • El club de los borrachos, unidos en las buenas y en las borracheras – le contestó Draco. – Podrías unirte y seremos como los tres mosqueteros.

  • No es mala idea – dijo riendo ante el nombre del club fundado con Ginny y Draco por mal de amor. – Parece que éste es el único remedio para los corazones rotos.

  • Sí, tienes razón – contestó Ginny mientras que dentro de Hogwarts se escuchaban fuertes aplausos. - ¿Qué tal está la fiesta allá adentro?

  • Pues, bien, si tienes pareja. Hay bebidas y comida, pero ustedes les ganan – contestó Defoe. – Las Brujas de Macbeth están asiendo lo suyo para ponerle ritmo a la fiesta. ¿Quieres bailar una pieza conmigo?

  • Me encantaría – respondió la Gryffindor sonriéndole.

  • ¿Y me van a dejar aquí solo? – preguntó Draco.

  • Ya venimos, es sólo una pieza – le contestó Ginny.

  • Que se diviertan – dijo mientras se servía otra botella de cerveza.

Defoe y Ginny entraron al comedor y a muchos chicos se les desviaron los ojos por la joven Weasley, pues parecía que la borrachera le daba un encanto natural muy atrayente. También Harry lo notó y no pudo evitar molestarse un poco mientras que empezaba a bailar, al igual que la parejita que había llegado. Cuando la pieza terminó, todos aplaudieron mientras que el Gryffindor se acercaba a la pareja.

  • Defoe, ¿puedo hablar un momento con tu pareja? – le preguntó Harry.

  • Claro, si me dejas bailar una pieza con tu espectacular pareja.

  • Claro, ya vengo Eli.

La chica asintió y se puso a bailar con Defoe mientras que Harry se llevaba con brusquedad a Ginny hasta el Bosque Prohibido, adentrándose en él. Ésta lo siguió sin chistar mientras reía sin parar. Cuando llegaron a un lugar apartado, el Gryffindor la arrinconó hasta un árbol.

  • Estás celoso, amor mío – dijo Ginny riendo mientras rodeaba el cuello de Harry con sus brazos.

  • ¿Quién te dijo que estaba celoso? – le preguntó mirándola molesto mientras se alejaba de ella con brusquedad.

  • Tus ojitos y la manera en que te portas – le contestó sin dejar de reír.

  • ¿Se puede saber por qué haces esto?

  • ¿Qué estoy haciendo de malo?

  • Te vistes así...y...encima tomas hasta emborracharte – dijo algo nervioso, pues Ginny se acercó otra vez a su cuello y por tanto muy cerca de sus labios.

  • Pues, me vestí así para verme provocativa ante tus ojos, para ver si te volvías a enamorar de mí y dejabas de engañarme con Elisa. – Ésta se acercó a sus labios y le dio un sensual y provocativo beso, el cual fue correspondido por Harry. De repente éste, dejándose llevar por el momento, empezó a besar su cuello, pero otra vez aquel latido misterioso de su corazón...necesitaba morderla...quería su sangre.

  • ¡No! – gritó, alejándola de él bruscamente mientras respiraba con agitación.

  • ¿Qué pasa? - preguntó la chica con preocupación.

  • No te vuelvas a acercar a mí, ¡más nunca!

Harry se fue corriendo del lugar, dejando a una destrozada Ginny sola. La chica empezó a llorar amargas lágrimas, agachándose contra el árbol que tenía a su espalda. No se dio cuenta cuando alguien llego, viéndola atentamente. La chica levantó la mirada y se quedo de piedra al ver de quien se trataba.

  • Tú no, por favor – dijo sollozando de vuelta mientras negaba con la cabeza. Al frente de ella se encontraba lo que había sido objeto de sus pesadillas durante varios años, Lord Voldemort.

  • Milenios sin verte, Ginny Weasley. Mírate, ya eres toda una mujer – dijo riendo malignamente.

  • ¿Qué haces aquí? – preguntó temblando de miedo, pues Voldemort se había agachado cerca de ella para acariciar la mejilla de Ginny con sus filosas uñas.

  • Recuperar lo que me pertenece – le contestó sin dejar de reír.

Mientras tanto, en el Gran Comedor ya estaba por terminar la fiesta. Harry continuó bailando con Elisa hasta que Dumbledore dio por finalizada la festividad y todos contentos y felices se fueron a dormir.

Elisa le había pedido a Harry si podían subir al último piso, para buscar algo en su habitación y éste acepto, así que ambos subieron lo más rápido posible al lugar.

  • Que bonita estuvo la fiesta, ¿no? – dijo la chica quitándose sus zapatos de tacón alto.

  • Sí, tienes razón – le contestó Harry sonriendo. - ¿Tienes muchas cosas que buscar?

  • Realmente no, pero, y si no te importa, me gustaría quedarme durmiendo aquí que bajar a la Sala Común.

  • Esta bien, entonces yo me voy a mi habitación. Buenas noches.

  • Buenas noches, Harry, que duermas bien.

Harry salió de la habitación de Elisa y se dirigió a la suya, en donde se sentó en la cama y empezó a desvestirse, reflexionando sobre lo que había sucedido cuando estaba cerca de Ginny. No podía verla más o la iba a morder, su sangre le atraía demasiado y por el bien de los dos tenía que estar muy lejos de ella.

Tomo sus cosas y se fue a bañar y a los pocos minutos salió de nuevo a su habitación, dónde se secó y vistió con su ropa de dormir. Apagó las velas con un movimiento de sus manos y se metió a la cama, viendo por la ventana que había cerca de ésta.

Cuando se estaba empezando a dormir, alguien se acercó a él y empezó a besar sus labios con una pasión desmesurada mientras que acariciaba su pecho. Harry se dejó llevar por el beso, pero de repente se levantó temiéndose lo peor.

  • ¿Ginny?

  • No, es otra mujer – contestó aquella persona volviendo a besar sus labios con la misma intensidad. Harry le volvió a corresponder e hizo que aquel ser se recostará sobre su cama, en donde empezó a besar su cuello dejándose llevar por el momento.