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Historia 7235 — capítulo 13

Capítulo XIII

Consecuencias después de una fiesta

Harry despertó cuando ya el sol estaba en lo alto del cielo con un fuerte dolor de cabeza. Intento ver algo a través de la niebla que eran sus ojos sin las gafas para poder encontrar los lentes. Cuando los encontró se los puso inmediatamente y no pudo evitar sonrojarse un poco al ver en la circunstancia en que estaba.

Trato de cubrir un poco su cuerpo desnudo, sólo dejando al descubierto su fornido y moreno pecho, al igual que sus brazos, los cuales rodeaban sus piernas, apoyando su cabeza sobre éstas. Intento recordar lo que había pasado la noche anterior para que se encontrase en esas circunstancias, pero sólo veía sombras difusas y oscuras. En ese momento la puerta del baño de la habitación y por ella salió Elisa semi-vestida, pues traía un pantalón negro largo y la parte de arriba de un traje de baño, dejando al descubierto su abdomen, espalda y brazos.

  • Buenos días, Harry – dijo sentándose alrededor de sus piernas.

  • Hola, Eli – le contestó sonrojándose un poco ante su presencia tan cercana a su cuerpo, pero Elisa le quito esa pena dándole un seductor beso correspondido por él.

  • ¿Sabes qué? – preguntó la hija de Voldemort acariciando la mejilla de Harry.

  • Dime.

  • Pienso que deberíamos hacer nuestro noviazgo publico no lo crees, pero no tanto, claro.

  • Sí, lo que tu desees – le contestó el Gryffindor.

  • ¿Quieres desayunar?

  • Sólo un poquito, porque me siento algo mal.

  • Esta bien. Yo te voy a hacer algo de desayunar y mientras tanto puedes ir bañándote.

  • Sí, muchas gracias.

Elisa salió de la habitación dejando a Harry a solas, quien se levantó haciendo que la sábana que cubría sus piernas cayera al suelo dejando al descubierto su cuerpo por completo, pero no le importo mucho y agarró su toalla para meterse a bañar.

Cuando estuvo dentro del baño se fijo un momento en el espejo sorprendiéndose de varios cambios que parecía haber sufrido. Su cuerpo, en general, estaba mejor constituido y más fornido de lo que había estado hace unas semanas atrás. Sus dientes estaban más filosos y blancos mientras que sus ojos se encontraban más brillantes, aunque tildando un poco a rojo, parecidos a los de Voldemort.

Aún asombrado se metió a bañar y abrió el agua fría a todo lo que daba, pues se había convertido en su favorita, y empezó a mojar su cuerpo con ella. Después agarró el jabón y se lavó completamente y cuando se fue a quitar la espuma algo araño su muñeca. Sorprendido vio ambas manos, notando que todas sus uñas estaban más largas y filosas como cuchillas. Se llevó el brazo a su boca y empezó a succionar la sangre que salía de ella mientras que dejaba a aquel líquido trasparente lavar su figura.

Luego salió del baño y cubrió su cuerpo mojado con una toalla alrededor de su cintura y entró a la habitación para secarse y vestirse. Primero busco la ropa que se iba a poner y selecciono un jean negro y una camisa de botones del mismo color. Después agarró algunas toallas y se secó por completo para comenzar a vestirse. Cuando estaba terminando de colocarse el pantalón, la puerta de la habitación se abrió y por ella entro David, cubierto con una túnica negra hasta los pies. Éste se acercó a Harry y le dio un beso debajo del lóbulo de la oreja, en donde ésta se unía con el cuello, mientras que abrazaba el pecho desnudo del chico, haciéndole sentir de nuevo seguro.

  • Me voy unos días y cambias totalmente – dijo agarrandolo por las mejillas mientras que le sonreía dulcemente.

  • No cambie tanto – le contestó volviéndose a abrazar a él.

  • ¿Qué te tiene tan cariñosito?

  • No sé, sólo siento que necesito de la protección que me brindas. – David sonrió acariciándole el cabello a Harry, quien estaba como un niño en sus brazos.

  • ¿Ya desayunaste? – preguntó.

  • No, Elisa me iba a traer algo, pero aún no ha venido.

  • Es que Samantha preparo el desayuno. El gran jefe dijo que si querías podías ir a desayunar con él, además que tiene que hablar unas cosas contigo.

  • Esta bien.

Harry se puso la camisa con ayuda de David y luego salió a la habitación de al lado, en donde lo esperaba Voldemort con una bandeja de desayuno para él.

  • Buenos días, Harry. Pasa adelante – dijo con su típica voz fría, pero para él no era así. El Gryffindor se aproximo a él y se sentó a desayunar junto a Voldemort.

El sol ya se filtraba por los arbustos del Bosque Prohibido, iluminando el rostro de Ginny, quien no tuvo de otra que despertarse. Cuando abrió los ojos sintió un fuerte mareo y empezó a vomitar sin saber por qué. Trato de limpiarse con un pequeño pañuelo que tenía en el bolsillo del vestido que tenía puesto y luego salió del lugar sintiéndose tan débil como un bebe.

Camino como pudo hasta Hogwarts, que se encontraba prácticamente vacío después de la fiesta de ayer. De repente sintió como alguien la cargaba, pero no pudo mirarlo bien, gracias a que sus ojos no estaban funcionando correctamente y a los pocos minutos se desmayo en sus brazos.

Cuando volvió a abrir los ojos vio un cabello castaño oscuro y unos ojos color miel que la miraban sonriente. Ésta se levantó de un golpe, pero se paro justo cuando sintió unos labios desconocidos cerca de los de ella.

  • Buenos días, señorita Weasley – dijo aquel ser con una voz empalagosa y atractiva.

  • ¿Quién es usted? – preguntó con nerviosismo.

  • Si abre los ojos mejor, podrá verme y reconocerme – dijo. Ginny hizo lo que le había dicho y su mirada se topo con los ojos miel de David Langdon.

  • Usted – dijo temblando al sentir el contacto de la mano del joven sobre su mejilla.

  • Tengo que hablar unas cosas con usted, señorita Weasley.

  • ¿Y qué será?

  • Que no se acerque más a Harry o le va a ir muy mal y mire que le puedo hacer vivir hasta el peor de los infiernos.

  • Como verá que no le tengo miedo – dijo Ginny alzándole la mirada. – Yo me acercaré a Harry tantas veces quiera y usted no me lo va a impedir.

  • ¿Por qué quieres irte por el camino difícil?

  • No soy su esclava para entregarme a sus designios.

  • Pronto lo serás, querida Ginny – dijo riendo malignamente y tomando con fuerza su mentón y atrayéndola hacía él.

  • Suélteme, por favor – suplicó viéndose cerca de los labios de David.

  • Es sólo una muestra te lo que te haré si no obedeces. – David soltó a Ginny y está se acurruco en la cama en que estaba acostada temblando de miedo. – Te bañas y te vistes bien arregladita, tienes una cita con alguien. Te paso buscando en una hora.

David salió dejando a Ginny sola en aquella habitación. Ésta se levanto y fue a bañarse mientras que no paraba de llorar. Se vistió con un vestido corto, de tela negra fina y que se alargaba en una de las puntas hasta llegar a sus pies. También se maquillo del mismo color, menos en los labios, que se los pintó con un brillo. Se peino el cabello, dejándoselo suelto y se puso unos zapatos de tacón alto negros, que tenían cintas para amarrarse sobre las piernas.

A la hora estipulada, David la vino a recoger, quedándose un poco anonadado ante el arreglo de la joven y la llevo hasta el último piso, específicamente a la habitación de Voldemort. Allí el Lord la hizo entrar y ésta hizo lo que le indico, cerrando la puerta detrás de sí.

  • Cada vez que te veo estás más hermosa – dijo sonriéndole con un toque sensual mientras servía copas de vino para ambos.

  • ¿Qué quieres de mí, Voldemort? – preguntó sin muchos rodeos y con la mirada seria.

  • Pues, te lo dije ayer, vine a buscar lo que me pertenece y tú me perteneces.

  • ¿A sí? ¿Y quién dio ese dictamen? – preguntó la joven con sarcasmo y levantándose de un golpe hecha una furia.

  • Yo, querida, y si no me perteneces ahora me vas a pertenecer después – dijo riendo malignamente y levantándose también. Éste empezó a caminar hasta Ginny, quien retrocedió hasta quedar espalda contra la pared. Voldemort aprovechó para sujetarla fuertemente.

  • ¿Qué piensas hacerme?

  • Lo mismo que le hice a tu profesora Li cuando tenía quince años, como tú.

  • ¿Qué ganas con hacerme daño?

  • No pienso hacerte daño, más bien te cuidaré como si fueses la joya más valiosa del mundo, sólo tienes que firmar un pequeño trato conmigo.

  • ¿Cuál? – preguntó cerrando los ojos levemente al sentir la respiración cálida de Voldemort cerca de su cuello.

  • Pronto lo sabrás.

Voldemort mordió en cuello de Ginny con maestría mientras que acariciaba con sus filosas uñas la pierna desnuda de la chica. Luego empezó a conjurar algo incomprensible para la joven, que sentía como perdía sus energías paulatinamente. Tras unos minutos se desmayó en los brazos del Señor Oscuro, quien sonrió malignamente viendo su primer trabajo realizado.

El fin de semana dio paso rápido al lunes y después de haber visto todas sus clases correspondientes, tanto los Gryffindor como los Slytherin del segundo y sexto curso se fueron después de almorzar a las mazmorras, en donde Snape los esperaba para hacer el examen de Pociones.

  • Adelante, rápido que se pierde el tiempo – dijo molesto. Todos se apuraron a entrar y se acomodaron en las mesas, sacando todos los implementos necesarios. A los pocos minutos entro Snape, cerrando la puerta detrás de sí con fuerza y agarró unos pergaminos que había en su mesa. – Potter, ya sabe donde ponerse – dijo mientras que le daba su hoja, a Harry no le quedo de otra que sentarse cerca del escritorio del profesor. – Quiero esas pociones listas para antes de se termine el horario del examen y si veo que alguien está siendo ayudado por otro los saco a los dos del salón poniéndole cero en la prueba, ¿entendido?

  • Sí, profesor Snape – respondieron todos.

Snape indicó el comienzo del examen y todos empezaron a hacerlo con rapidez. Cuando el profesor se dirigió a su mesa se quedo viendo a Harry fijamente quien ya había empezado con la poción que se le había asignado.

  • Entonces, Potter. ¿Haciéndote el importante por Hogwarts?

  • No, profesor Snape. No veo porque me tengo que hacer el importante.

  • No te hagas el tonto. Claro, Potter siempre tiene que ser el mejor.

  • Eso parece, ¿no? – Snape lo miro con rabia, pero Harry no le correspondió a su mirada y siguió trabajando en su poción. Cuando paso la hora del examen, el profesor recogió todas las muestras de las pociones realizadas y todos los alumnos se empezaron a ir.

  • ¿Aún no te has ido, Potter? – preguntó Snape cuando no había nadie en la mazmorra.

  • Sólo me quede para decirle que se cuide las espaldas, no sabe quien lo puede estar vigilando – dijo riendo malignamente para luego salir del lugar, dejando a Snape anonadado ante lo que había dicho el joven.