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Historias de una mente perturbada. — capítulo 2
Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean la puerta.
-¿Será posible?
Piensa la solitaria mujer. Esperanzada, camina hacia la entrada. Deseosa de encontrar en el umbral, alguien con quien conversar.
La puerta se abre de golpe, obedeciendo a la emoción de su alma, que cansada de estar sola, anhela que la soledad salga y que entre la compañía. Esperando del otro lado se encuentra a nadie.
Regresó cabizbaja a tomar asiento, a encontrarse de nuevo con sus recuerdos y sufrimiento; mas lo que no se esperaba, sucedió al cabo de algunos minutos. Aquel suave golpeteo, se dejó escuchar de nuevo.
Sintió renacer la esperanza, y esta vez corrió hasta la puerta, y ¡cual no sería su sorpresa! al encontrarse que afuera la esperaba nadie.
-¡Pues vaya que eres rápido! -Exclamó, y determinada a ser más rápida la próxima vez, regresó emocionada a su asiento-
En tres oportunidades más, el juego se repitió. Justo cuando se entregaba a sus recuerdos, escuchaba el sonido acompasado, de un golpeteo en algún lado. A toda velocidad, salía hasta el umbral, pero en cada oportunidad regresaba lentamente y decepcionada.
Empezaba a creer que estaba loca, pero de pronto, lo comprendió. Al escuchar llamar de nuevo, simplemente los ojos cerró y por fin descubrió al responsable de aquel suave: Toc, toc.
-"No necesitas a 'nadie' más que a ti misma, para sentirte acompañada".
Su corazón susurró.
...
Disclaimer: El primer párrafo pertenece a la historia:
Sola y su alma Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean la puerta. T.B Aldrich, en J.L Borges, S. Ocampo, A. Bioy Casares, Antología de la literatura fantástica