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Harry Potter Black Lupin — capítulo 27

--Un campamento hermoso—sentenció Remus dejándose caer en el sillón.

--Ya ni me lo recuerdes—dijo James cabizbajo, pensando en la carita triste de Nina--¿Es que no se da cuenta?

--Parece que no—Remus se acomodo una almohada debajo de la cabeza—y comienza a preocuparme.

--Lo sé—coincidió James alborotándose el cabello—porque ahora Nina lo resiente.

--¿Qué hacer?—pregunto Remus a la nada.

--¡Tressa!—exclamó James de repente.

--¿Qué con Tressa?—quiso saber Remus que tenía los ojos tapados con sus manos.

--¡Hola!—saludó Tressa radiante.

--¡Tressa!—grito Remus en cuanto la vio; se puso de pie de un brinco, sobresaltado.

--Hola—repitió Tressa sonriendo, con las cejas un poco arqueadas.

Ahí estaba Tressa Moore, con sus gafas cuadradas y gigantes, con sus botas toscas y negras, su típica capa color purpura le caía en desorden llegándole por la rodilla y un gorro negro escondía su alborotado cabello negro como la noche. Era su look diario y extraño. Miraba a ambos hombres sonriendo, pero con los ojos entrecerrados, como queriendo descubrir algo.

James ya estaba s su lado, rápido como un rayo, con una mano en la boca, temblando ligeramente la tomo por los hombros y la empujo hasta la cocina, se volvió hacia la ventana solo para ver como Constance y Sirius se succionaban. Idiota.

--¿Qué…?—pero Remus le puso una mano en la boca a Tressa antes de que formulara su pregunta; una vez dentro, James se encargo de cerrar la puerta con un movimiento de su varita--¿Qué pasa?—pregunto Tressa sacando su varita, mirando con desconfianza a su alrededor, como buscando la razón de aquel comportamiento--¿Todo está bien?—inquirió firmemente.

--Yo… digo, nosotros… digo, Sirius…--balbuceaba Remus nerviosamente, confundiendo más a Tressa quien dio un brinco en su lugar al oír el nombre de Sirius.

--¿Esta bien… Sirius?—inquirió sonrojándose al pronunciar el nombre.

--No…

--¿NO?—grito ella asustada.

--¡Sí!—chillaron los dos chicos colocándose frente a la puerta cuando se dieron cuenta de que Tressa trataba de salir corriendo en ayuda de Sirius.

--¿Eh?

--Sirius esta bien—dijo James mordiéndose las uñas, girando la cabeza cada dos segundos, como un tic.

--¿Los niños?—dijo Tressa un tanto aliviada--¿Nina, Harry?

--Sí… todos bien—contesto James carraspeando sin saber muy bien porque, Tressa lo miro con el ceño fruncido, claramente seguía preocupada—tranquila—dijo tratando de sonreír—es solo que vamos llegando del campamento y los niños se fueron a dormir, no queremos despertarlos—termino con una risita nerviosa.

--¿Seguro?—insistió Tressa entornándolo con los ojos entrecerrados.

--Sí, claro—se apresuro a decir Remus sonriendo—no te ofendas, pero… ¿Qué haces aquí?—sin duda alguna, trataba de desviar el tema hasta que Constance se fuera.

--Ah… si—Tressa hizo un ademan con la mano, de un momento a otro su semblante cambio por completo; ahora volvía a parecer tímida, la seguridad instantánea que se asomó en sus ojos ahora la había abandonado, aparentemente—pues… solo quería darle esto a Nina—movió rápidamente su varita haciendo aparecer una pequeña caja de madera, con grabados a relieve, tenía distintas formas que se movían lentamente; se la tendió a Remus que la cogió con delicadeza—es… un regalo—explico mirando sus botas, sin moverse un solo milímetro—cuando lo vi, me acorde de ella y pues…--y de nuevo, se sonrojo.

--Esta preciosa—comentó James sin parpadear—sé que le encantara—afirmo contento por ese detalle.

--Yo tengo una igual—dijo Tressa aun sin levantar la vista del suelo—son… especiales.

--¿Especiales? ¿Cómo especiales?—preguntaron James y Remus al unísono.

--Pues son…

Pero Tressa se quedo a media frase porque alguien empujo la puerta para poder entrar, haciendo que Remus y James terminaran casi encima de ella, aplastándola solo un poco.

--¡Tengo hambre! ¿Qué hay de…?—Sirius se callo de golpe al ver la escena que tenía ante sí.

Tressa se puso más roja que un tomate y rápidamente desvío su mirada de los ojos grises de Sirius, se aparto de entre los dos chicos para posarse cerca de la puerta trasera.

Sirius compuso una sonrisa… pero sintió algo extraño; no le gusto mucho el hecho de que James estuviera tan cerca de la cara de Teresa ni que Remus la mirara de esaforma.

--¡Hola!—saludó contento, sacudiéndose aquellos pensamientos donde quería reclamarle a James su proximidad y a Remus su mirada.

--Hola—respondió Tressa sin mirarlo directamente a los ojos.

--¿Eh?—Remus miro a James, ninguno de los dos entendía la nueva actitud de Sirius, fueran cual fueran sus negras intenciones.

--Tengo hambre ¿Quieres comer algo?—le pregunto acercándose a ella para tomar su mano, jalarla hacia sí y plantarle un beso sonoro en la mejilla que al roce con sus labios se sonrojo.

El aroma que emanaba de Tressa era embriagador, no era sintético, no era perfume, parecía que salía de ella misma, un olor que Sirius jamás había olido y que jamás olvidaría. De hecho… aquel olor le recordaba algo, algo, algo… pero ¿Qué? Solo se le ocurría algo pero eso no podía ser. Imposible.

--¿Qué?—dijeron Remus y James tallándose los ojos para corroborar que estaban viendo bien porque eso era tan irreal como cuatro pingüinos militares.

--Yo…

--O podemos ir a cenar algo—dijo Sirius que todavía no le soltaba la mano a Tressa que parecía a punto del vaguido.

--S-sí…--farfullo Tressa tragando en seco—esta bien—dijo más segura.

Era como si las expresiones de desconcierto total de James y Remus les pasaran por alto, era como si de hecho no estuvieran allí. La verdad… a esas alturas, sobraban un poco.

--¡Genial!—exclamó Sirius con una palmada al aire, Tressa sonrió un poco—iré por la moto…

--¿Moto?—dijo Tressa abriendo mucho los ojos, detrás de sus gafas.

--Sí, un cacharro muggle, el mejor invento si quieres mi opinión y es mía—reitero Sirius abriendo la puerta trasera—anda, que te espero afuera…

--¿No irán?—pregunto Tressa a James y Remus--¿Y Harry y Nina?

--Eh…

--… nosotros no…

--… hay que cuidar a los niños…

--… están durmiendo…

Sirius ya se había ido y James y Remus tenían muchos dilemas internos. Punto numero uno, estaba que Sirius era un idiota; punto numero dos, Tressa no se merecía lo que estaba haciendo Sirius (llegaba muy chucho de haber estado con Constance y cambiaba de chica, no eran relevos) punto numero tres, Sirius era un idiota; punto numero cuatro, Sirius era un idiota y punto numero cinco y más importante, ¡SIRIUS ERA UN IDIOTA! ¿Después de eso, se necesitaban más razones?

Estaban seguros que no.

--No, vayan—dijo Remus finalmente, rascándose la cabeza, preguntándose porque rayos su boca había dicho eso cuando en realidad quería decir que no.

--Pero…

--No va a comerte—aseguro James guiñándole un ojo, aunque solo era de dientes para fuera. Con Sirius nunca se sabía. Él tampoco entendía su postura, no debían dejar que Tressa se fuera con Sirius ¡No debían!

Tressa se puso blanca.

--¡Tressa!—grito Sirius desde afuera, interrumpiendo las cavilaciones de James y Remus; hacía rugir el motor de la motocicleta.

--Sí, bueno… yo…--Tressa apretó con fuerza su varita antes de caminar hacia la puerta—nos vemos mañana—y sonrió de una forma muy especial.

--¿Hicimos lo correcto?—pregunto James a Remus una vez que Tressa salió de la casa.

--No lo sé—admitió Remus sacando una barra de chocolate—solo espero que el remordimiento nos deje dormir.

--¡Demonios!—exclamó James a sabiendas de que si Sirius le hacía (más) daño a Tressa su subconsciente no iba a dejarlos en paz.

¡Maldito Sirius!

--Ten, ponte esto—le dijo Sirius a Tressa pasándole un casco, ella lo miro extrañada—es para protegerte, para que vayas más segura.

---Ah… vale, sí—dijo poniéndoselo y así escondiendo su sonrojo.

--Ahora… sujétate fuerte—le dijo haciéndole señas para que tomara su cintura.

--¿Qué?—saltó ella echándose para atrás.

Sirius soltó una carcajada perruna antes de hablar.

--Sí, si no quieres morir, entonces sujétame fuerte—dijo sonriendo ampliamente al ver la cara que ponía la chica.

Tressa se monto a la moto… dudosa, con miedo. Sirius sintió como los vellos de su nuca se erizaban cuando Tressa deslizo sus dedos delicadamente para estrecharlos cerca de su ombligo, tratando de no apretarlo muy fuerte por temor a hacerla daño. No sabía porque le sucedía eso… jamás lo había sentido, quizá era…

--Ya—murmuró Tressa más para sí que para Sirius.

--Bien… entonces… ¡vámonos!

El rugido del motor y… ¡boom! La moto salió disparada. Era emocionante sentir el viento azotándoles la cara, no era como volar… era distinto, era más… peligroso; la adrenalina iba cada más en aumento, subiendo como espuma. Provocando que el aire de sus pulmones no fuera suficiente que se vieran en la necesidad de jadear…

El cabello largo y ondulado de Sirius le tenía libre la cara… haciéndole recordar aquellos tiempos donde solo era un adolescente sin responsabilidades, solo disfrutando de los placeres de la vida. Y sí a eso la agregaba el hecho de que, detrás de él iba Tressa… cada vez más relajada, animándose a soltarse de él y estirar los brazos… quitándose las gafas y el gorro… dejando salir una Tressa que no conocía hasta ahora.

--¡Más rápido!—pidió ella con una risotada alegre.

--¿Segura?—pregunto Sirius algo sorprendido pues jamás se habría imaginado que ella fuera así.

--¡Dale!—exclamo abrazándolo inconscientemente.

--Como digas—dijo él sonriendo estúpidamente ante el abrazo.

--¿Qué buscas, exactamente?—quiso saber Tressa media hora después de dar vueltas y vueltas por el centro de Londres, disfrutando la velocidad y la compañía;poco a poco, podía hablarle a Sirius sin tartamudear aunque el sonrojo nada más no se iba.

--Un buen restaurante—contesto él un poco extrañado, se suponía que tendría que llevarla a un lugar lujoso y costoso, igual que a Constance.

--¡Hot dogs!—chillo Tressa de repente, señalando hacia el frente.

--¿Dónde, donde, donde?—grito Sirius frenando en seco.

Merlín sabía que adoraba esa "comida" muggle. Aunque ni Remus ni James le veían mucho chiste a un pan con una salchicha en medio, así que tenía años (literalmente hablando) que no probaba uno y si mencionamos que era comida chatarra para Nina…

--¡Ahí!

--¿En serio que quieres comer eso?—pregunto Sirius bajándose de la moto, tendiéndole una mano a Tressa para ayudarla a bajarse también, algo que jamás hacía pero fue como un acto reflejo.

--¡Claro!—saltó ella dando brinquitos, emocionada, sonriente.

Algo que también hizo sonreír a Sirius.

Y algo que hizo que Tressa se sonrojara.

--¡Oh vamos!—la apremió Sirius tomándola por la cintura, ella se puso más roja aún—dime porque te pones así ¡No estoy haciéndote nada!—*aun,*pensó malévolamente.

--No, es que…--Tressa se metió un mechón de pelo detrás de la oreja, apretó los puños con fuerza y miro a Sirius directo a los ojos.

Click.

Esta vez fue Sirius quien no pudo sostenerle la mirada y la desvío hacía el carrito de hot dogs.

--Yo…--no sabía porque balbuceaba.

Algo en los ojos de Tressa… ¿Qué cosa exactamente?

La puta madre que no lo sabía.

--Comamos—propuso ella tímidamente.

--Bien—dijo aún sin saber que pensar o que decir.

Ambos caminaron hacia el carrito de hot dogs que estaba atascado de gente que gritaba sus pedidos al atareado hombre que ya no sabía ni donde metía las manos. Sirius no se había dado cuenta que Tressa caminaba de forma muy peculiar; los primeros pasos eran desequilibrados, daba trompicones y después, caminaba recta, cruzando las piernas. Algo que lo hizo sonreír.

--¿Qué?—dijo ella rompiendo el silencio entre ambos, apretó con fuerza la mandíbula, al parecer trataba de no sonrojarse porque Sirius la penetraba con la mirada.

--Nada—contestó encogiéndose de hombros, bajo la mirada hacia el suelo, aún sonriendo.

Tressa también sonrió… esas sonrisas.

Sonrisas que dicen más que mil palabras.

--¿Cuántos van a querer?—dijo el señor algo atareado.

--Que sean tres—pidió Sirius sacando su dinero muggle.

--¿Tres?—repitió el hombre.

--Sí, yo quiero tres ¿Cuántos quieres, tú?—inquirió Sirius a Tressa.

--Hum… dos, por favor—dijo acariciándose las manos, nerviosa.

--¿Y…?—Sirius dejo al aire la frase, esperando que ella comenzara el tema de conversación, ahora no sabía muy bien que decirle. Era todo extraño y nuevo, se sentía un poco cohibido la verdad; Tressa poso sus ojos en unos niños que corrían detrás de un perro--¿Te gustan?—pregunto finalmente.

--¿Los niños o los perros?

--Los dos, supongo—dijo Sirius pasándose una mano por el cabello.

--Pues… sí, me encantan—respondió sonriendo, se animó a verlo a la cara, Sirius alzó las cejas para invitarla a que continuara hablando—tenía un perro grandote, negro y lanudo…

Sirius casi se va de espaldas al oír aquella descripción. Sabía que era imposible que ella supiera algo…

--¿Te encuentras bien?—dijo Tressa mordiéndose el labio inferior, interrumpiéndose a sí misma.

--Sí, yo…--Sirius tosió un poco para ver si se relajaba— ¿Me decías?—dijo acomodándose el cuello de la chaqueta.

--Ah… sí, bueno, me gustan los perros—siguió ella con el ceño fruncido, pero la sonrisa de Sirius la sonrojo (de nuevo) — y los niños…

--Los odias—a completo Sirius riendo, acordándose de Nina y sus recientes diabluras.

--¿Qué? ¡No! ¡Claro que no!—exclamó Tressa agitando las manos—me encantan, me gustaría tener un par—dijo soñadoramente.

--Créeme—la corto Sirius poniendo una mano en su hombro—cuando los tengas, querrás devolverlos.

--Que malo eres—dijo ella riendo cantarinamente—Nina es una niña preciosa…

--Se parece a su padre…

--Eh…--Tressa miro hacia los hot dogs y sonrió aliviada al ver que la habían salvado, y no precisamente la campana.

--¿Así que eres la hija menor?—pregunto Sirius con los ojos bien abiertos. Estaban sentados en una de las banquitas del parque al que habían ido después de comer los deliciosos hot dogs; Tressa acababa de contarle que tenía tres hermanos mayores; Turner, Thomas y Toby. Algo que lo hizo estremecerse… otra cosa que no supo porque paso.

--Así es—confirmó Tressa quitándose las gafas para tallarse los ojos—me cuidan mucho desde que mis padres murieron.

--¿Puedo saber…?—empezó Sirius mordiéndose los dedos.

--Mortifagos—dijo simplemente, suspirando.

--Lo siento mucho—dijo Sirius sinceramente.

--No, tú no tienes la culpa—murmuró Tressa estirándose—tenía casi catorce.

--¿Cuántos años…?

¡Boom!

--¡Sirius!

Sirius ni si quiera sabía que había sucedido exactamente, solo veía luces de colores y pajaritos… la cabeza le dolía. Estaba tendido en el suelo, sobándose la cabeza… tratando de acomodar sus ideas pero solo sintió el empeine de alguien golpeando sus costillas y los gritos que le llegaban amortiguados de Tressa…

--¡Paren, por favor!—gemía Tressa, mirando impotente como esos tres tipos no paraban de pegar al pobre Sirius que brincaba en el frío pasto--¡Ya basta!

--¡Danos el dinero!—espeto uno de los ladrones dejando de golpear a Sirius.

--¡Las llaves de la moto!—indico otro, señalando la perfecta Harley que estaba a solo unos tres metros de ellos.

--¿Qué?—chillo Sirius poniéndose de pie de un brinco, se puso delante de Tressa que se aferró a su brazo, como gato; los tres tipos los rodearon—no van a hacernos nada—afirmó Sirius limpiándose sangre que corría por su cuello.

--¿Ah no?—se burló el más grandote, sacando un pequeño cuchillo de su chaqueta.

--No—reafirmo Sirius poniendo los ojos en blanco; acerco con cuidado su mano hacia su chaqueta… él no era ningún cobarde, y bien podía partirle toda la cara al tipo ese sin necesidad de pensar en la varita siquiera, pero eran tres contra uno y además estaba Tressa, así que… a grandes males, grandes remedios—dejen que ella se vaya y…

Pero de nuevo, los golpes llegaron antes de que pudiera terminar de hablar. Tressa no espero más y rápidamente abalanzo para ayudar al pobre Sirius…

Bueno… al parecer eso de crecer junto con hombres da frutos porque Tressa pudo noquear al más grandote, sin necesidad de la varita, solo puños, fuerza y maña.

--¡Alto!—grito uno de ellos, corriendo a ver a su compinche; le quito una pistola y con ella los amenazo; Sirius estaba tambaleándose mientras que Tressa se ponía delante de él—vamos a dejarlos ir.

--¿Eh?—repitió Tressa arqueando las cejas.

--Bueno… en realidad, solo a ti—dijo el tipo mirando a Tressa como si quisiera comérsela, algo que la asqueo—y todo lo que puedas cargar—añadió burlonamente, mirando la moto y a Sirius.

--¡No voy a irme sin él!—exclamó Tressa horrorizada.

Sirius, adolorido y todo, no pudo dejar de sorprenderse por la forma en la que estaba actuando Tressa; no lo sujetaba con fuerza, pero si con firmeza, muy segura de si misma, temblaba… pero no de miedo, sino de ira y sus ojos llameaban.

--Solo todo lo que puedas cargar—dijo el hombre sonriendo malévolamente.

--Pero…

--Vete—murmuró Sirius sujetándose las costillas, tratando de coger la varita antes de que el hombre disparara el arma, sabía que ese cacharro muggle era muy peligroso.

--¡No voy a irme sin ti!—soltó Tressa moviendo apenas los labios.

--Ya lo he dicho—dijo el tipo apuntando con la pistola a Sirius, directamente al pecho, algo que hizo que Tressa se acercara más a él—todo lo que puedas cargar.

--Bien—dijo Tressa mirando hacia todos lados—bien.

Entonces…

--¿Qué…?

Los tres tipos se echaron a reír a carcajadas cuando Tressa (con resoplidos) sujeto a Sirius de la cadera y se lo echo (con mucha dificultad) al hombro, ante la mirada atónita y algo divertida de Sirius que se despidió de los hombres.

--¡Espera!—le grito uno de ellos, limpiándose las lágrimas provocadas por la risa--¡Te dejaremos llevar la moto!

--¡Eres Hulk!—exclamó Sirius contento cuando ya estaban a salvo, en el Caldero Chorreante, bebiendo cerveza de mantequilla--¡Me aguantaste!

--Sí, bueno… no te muevas—pidió ella sonrojada, tratando de curarlo, moviendo ágilmente la varita—podría lastimarte—dijo bajando la mirada a su torcida y sangrante nariz.

--Pregúntame algo—dijo Sirius pasados unos segundos de un silencio muy inusual, un silencio como muy tranquilo.

--¿Qué?

--No eso—repuso sonriendo, apartando su mano y envolviéndola en sus manos. Tressa desvío la mirada hacia la botella semivacía—pregúntame lo que quieras, lo que sea te contestaré con la verdad.

--Yo…--la chica alzó los ojos, conectándolos con los de Sirius—Hum… ¿Te gusta leer?—inquirió algo dudosa.

--¿Qué si me gusta leer?—repitió Sirius sorprendido, Tressa asintió—te digo que me preguntes algo, algo que a nadie le he dicho y ¿Eso es lo que me preguntas?

--Sí—murmuró— ¿Es malo?

--No, claro que no—se apresuró a decir, acariciando su mano distraídamente, mirándola como con otros ojos; dándose cuenta de que su mirada tenía un brillo especial, a través de esas gigantescas gafas pudo darse cuenta que los ojos de Tressa eran color miel, un color hermoso—solo que…--meneo la cabeza para poder pensar en algo más que los ojos de esa chica—sí, me gusta—admitió sonriendo—pero no le digas a Remus que me atestara de libros.

--Sí—rió ella, relajándose.

--Y bueno, podríamos decir que me gusta la poesía…

Era extraño como algo había cambiado; algo en la forma de que Sirius viera a Tressa, algo que lo hacía sentirse feliz, como si un montón de murciélagos le revolotearan en el estómago, algo que jamás había sentido. Era sonreír cada que Tressa lo miraba, era reír con cada cosa que decía, era como ir en la moto, sintiendo la adrenalina a tope.

Era genial.

Ninguno de los dos supo a qué hora fue que salieron del Caldero Chorreante, ni tampoco como fue que de repente, estaban viendo el amanecer. Ni mucho menos como fue que Tressa terminó dormida en brazos de un Sirius muy satisfecho y menos aún, que sintiera unas ganas tremendas de besarla.


Ahí lo tienen J

No me maten, que poco a poco voy sacando adelante los capis de todas y cada una de mis historias, no desesperen que hay Annick para rato ;D

Los quiero, nos vemos en los comentarios.

Besos con sabor a Merodeador n___n

P.D. Pueden despotricar contra Sirius todo lo que quieran w

P.D. 2 Tal vez fue un poco corta esta "cita" pero… porque hay un pero, ya sabrán el que exactamente.