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Harry Potter Black Lupin — capítulo 31

Harry estaba sentado sobre el escritorio, mirando por la ventana a la nada; estaba en la habitación del piso superior de la casa de los Tonks, tamborileando los dedos, desesperado. De repente, solo vio a Nina salir corriendo de la casa. Sin pensarlo dos veces, bajo como rayo las escaleras y despareció en la chimenea, dejando tras de sí, un montón de cenizas suspendidas en el aire.

--¡Remus!—gritaba alguien, haciendo que su voz resonara por todo el vestíbulo del ministerio de magia; varios curiosos giraron la cabeza para ver quién era la que gritaba— ¡Remus!

--Constance—resopló Remus deteniéndose—hola—la saludo sin mucho ánimo.

--Hola, hola—dijo Constance arrastrando las palabras, se pasó una mano por su melena rubia, tratando de acomodársela un poco—necesito hablar contigo.

--¿Es muy urgente?—Remus miro el reloj que sus padres le habían regalado en su cumpleaños número diecisiete—es que tengo un poco de prisa…--pero dejo la frase al aire al ver la cara que ponía la chica.

--Quiero saber qué pasa con Sirius—exigió respirando rápidamente—y quiero saberlo ahora—recalcó las palabras con fuerza.

Remus conocía poco a Constance, pero sabía que estaba a punto de perder los estribos. Suspiro hondo, tratando de no molestarse por aquella actitud, maldiciendo el carácter de esa mujer porque ahora, por su culpa, los mirones se habían multiplicado y no se iban. Ahora la miraba de arriba abajo, tratando de averiguar qué era lo que a Sirius le había llamado la atención de ella; la verdad era que a él no se le hacía la gran cosa. Tal vez era bonita pero su mirada fría y llena de superioridad le impedían tenerla en un buen concepto.

Salió de sus cavilaciones al irritarse con el ruido que hacía Constance con sus tacones.

--No creo que sea correcto que yo te lo diga—dijo Remus finalmente, ella rodo los ojos—es un asunto delicado y si él no te lo ha dicho yo no…

¡Remus tienes que ayudarme!

¡No encuentro a Nina por ningún lado, ella y Harry se fueron de la casa!

¡Debes volver ahora!

¡AHORA!

El patronus de Sirius desapareció tan rápido como había llegado. Magos y brujas se quedaron callados, tal vez recordando cada una de las palabras del desesperado padre. Remus solo se detuvo a mirar a Constance por dos segundos antes de echarse a correr a las chimeneas; ya iba imaginándose un millón de cosas, porque el miedo reflejado en la voz de Sirius lo había contagiado.

--¡Basta!—chilló Andrómeda agitando su varita; al instante, Sirius quedo paralizado de pies a cabeza. No pudo evitarlo y le lanzó una mirada encolerizada a su prima—lo siento pero es la única manera de mantenerte quieto—le explicó tranquilamente—y si te estás mueve y mueve no me dejas concentrarme.

--Dromeda tiene razón, Sirius—convino Ted acomodándolo en el sillón—debemos mantenernos con la cabeza fría, ya verás que los niños están bien y solo es una travesura más.

--¿A dónde irías tú si fueras Harry o Nina?—preguntó Dromeda pensativamente.

--¿Yo?—Ted se secaba la frente con un pañuelo que había hecho aparecer con su varita—hum… sinceramente nunca fui un niño tan travieso y mucho menos imaginativo, así que no tengo ni la más remota idea.

--Podrían haber ido al callejón Diagón—dijo Dromeda, aunque no parecía muy convencida—Harry dijo el otro día que quería…

Pero se vio interrumpida por el escándalo que se produjo en la chimenea. Ted y Andrómeda trataron de acercarse para ver de quien se trataba, algo que fue imposible ya que salía tanto humo y tan denso, que solo vislumbraron siluetas.

--¡Con un diablo!—dijo alguien.

--¡Fred, no maldigas!

--¿Molly?—Dromeda trataba de disipar el humo con su mano— ¿Son ustedes?

--¿Quiénes exactamente?—terció otra voz, sin duda, George.

--¿Qué sucede?—preguntó Ted entre toses.

Pronto pudieron ver que Molly iba con los gemelos y Ginny.

--¡Hola!—exclamaron los gemelos al mismo tiempo con idénticas sonrisas picaras.

--¡En cuanto llegue su padre…!—amenazó Molly apretando los puños con fuerza; ambos niños bajaron la mirada al suelo, claramente apenados—siento tanto venir sin avisar—se disculpó mirando a los Tonks que restaron importancia con un ademán de mano—pero es que Harry ha ido a la casa y…

--¿Qué?—saltó Sirius deshaciéndose del hechizo de Andrómeda y corrió hasta donde Molly para sujetarla por los hombros— ¿Harry y Nina están en tu casa?—suspiro aliviado y sonrió de lado—comenzaba a preocuparme de verdad…

--No, Sirius—Molly se mordió el labio inferior y entonces Ginny la abrazo por la cintura—Harry iba solo y ahora se ha ido a no sé dónde con Ron.

Sirius se quedó más blanco que la cera; Nina jamás de los jamases se andaba sola, siempre con Harry, hombro a hombro. Eran más cercanos que la uña y su mugre, más unidos que la "Guayaba y la Tostada"

Porque, hasta donde sabía, a Nina le daba miedo andar por la calle sola.

¿Entonces que la había motivado a irse sin Harry?

A menos que ella hubiera escuchado algo…

--¿Cómo que se fue con Ron?—dijo Andrómeda con cara de no entender nada—no puede ser, de seguro que Nina también iba y no la viste Molly.

--Creo—terció Molly mirando severamente a los gemelos—que es momento de que digan lo que saben.

--Mamá—se quejaron Fred y George—no podemos.

--¡Ahora!

--Harry le dijo a Ron…--Fred dudo un par de segundos, se quedó a media frase, con los ojos de todos sobre él—le dijo… le dijo…

--¿Qué cosa?—saltó Sirius sorprendiéndose a sí mismo por su comportamiento.

--Le dijo…--pareciera que Fred y George mantenían una conversación no verbal, únicamente se valían de sus penetrantes miradas.

--Hay que encontrarlos—habló Dromeda con dulzura, para darles confianza—debemos hallarlos antes de que se hagan daño o les pase algo malo.

--Fueron a buscar a Nina—declararon al mismo tiempo, aunque pareciera que no les hacía mucha gracia delatarlos—Harry dijo que la vio salir llorando…

--¿Cómo? ¿No se fueron juntos?—interrumpió Remus entrando por la puerta principal.

--¡Remus!—exclamó Sirius yendo hacia él.

--¿Qué rayos pasa?

--¡James!—dijeron todos al unísono.

--En tu mensaje dijiste que Harry y Nina se habían ido juntos—dijo Remus con el ceño fruncido.

--¡Eso creí!—se defendió Sirius.

--Dinos que paso—pidió James respirando profundamente.

--Estaba platicando con…--Sirius pronunció "Tressa" sin articular sonido alguno—y cuando se fue, llamé a los niños para comer, los busque por toda la casa pero ninguno de los dos estaba; creí que estaban juntos, ellos nunca se separan.

--Hay que…

--Y a todo esto—todos se giraron para ver a Constance recargada en el marco de la puerta, nadie se había dado cuenta que estaba ahí, James no pudo hacer otra cosa más que bufar.

--Escuchó tu mensaje—murmuró Remus a Sirius antes de que él pudiera reprocharle algo—se me pego, no pude evitarlo.

--¿Por qué se fue Nina?—preguntó Constance adentrándose a la casa.

--Hum… buen punto—observó Dromeda, se giró para encarar a Sirius— ¿Es que le dijiste algo de…?—pero al verse rodeada de tanta gente, se quedó callada de golpe.

--Claro que no—dijo Sirius sintiendo que un escalofrío le trepaba por los pies, recorriéndole todo el cuerpo, paralizándolo de horror nada más pensar la posibilidad de que Nina hubiera escuchado su conversación con Tressa—no, por supuesto que no—reiteró más para sí mismo, que para los demás.

--No me explicó que se haya ido así porque así, ella no es así—razonó Remus tratando de apartar las ideas que nublaban sus pensamientos—y sin Harry…

--Eso no importa ahora—James solo tenía ojos para Sirius y Remus—hay que encontrarlos y entre más rápido, mejor.

--Separémonos—propuso Ted dando una palmada al aire—Dromeda y yo iremos con Sirius por Nina.

--Y James y yo por Harry y Ron—dijo Remus.

--Iré con ustedes—afirmó Molly deshaciéndose delicadamente del abrazo de Ginny—ella es su responsabilidad—dijo a los gemelos poniendo a la pequeña en medio de ellos—es lo menos que pueden hacer luego de ese comportamiento.

--De acuerdo—aceptaron sin rechistar.

--Los alcanzaré luego de dejarlos en la Madriguera.

Y entonces, Molly se metió a la chimenea con sus tres hijos, siendo tragados por las llamas verdes.

--Bien, si tenemos noticias, enviaremos un patronus—dijo Sirius metiendo su varita dentro del bolsillo interior de su chaqueta; les lanzó una mirada muy significativa a sus dos amigos, ellos asintieron y añadió—buena suerte.

Sin más, salió de la casa seguido de Ted y Andrómeda, quien le dio un apretón amable a James en el hombro.

--¡Voy contigo!—gritó Constance yendo tras ellos.

Ya no podían evitarlo, James y Remus negaron con la cabeza, rodando los ojos.

--¿Estás seguro de lo que hacemos, Harry?—preguntó Ron algo dubitativo.

--Claro—contestó él sonriendo a medias—sé que Nina habrá venido aquí, porque es lo que yo habría hecho—pensó con una mano en la boca.

--Sigo sin entender porque Nina se fue sin ti—declaró Ron; ambos caminaban calle arriba, de lo que parecía ser un vecindario muggle, muy tranquilo—a ella le da miedo andar sola.

--No sé qué pasa—confesó Harry jadeando un poco—últimamente pasan cosas muy raras, mira que hasta estamos viviendo en casa de mi tía Dromeda.

--¿Sospechas algo?

--Es algo de mi padrino—Harry giró la cabeza hacia la derecha y luego hacia la izquierda, para poder cruzar la calle—pero creo que no es algo bueno… ¡Mira, ya llegamos!—exclamó contento.

--¿Y qué? ¿Tocamos?—inquirió Ron mirando la casa que se alzaba delante de ellos.

--¡Pues claro!

Harry sonrió y cogió la manija, tocando la puerta; esperando poder encontrar a Nina.

Nina estaba sentada de piernas cruzadas en el pasto, con la cabeza agachada. Era pequeña, pero no estúpida y sabía que su papá no la quería y su madre… claro, ella no debía quererla ni un poquito porque de lo contrario no la habría dejado tirada en la puerta de la casa del tío James. En la escuela, su profesora había dicho alguna vez que los hijos son regalos de Dios, pedacitos del cielo, el fruto del amor de sus padres, pero ahora sabía que solo era un a*ccidente,*algo que nadie había deseado ni mucho menos querido. Ahora entendía el comportamiento de su papá cada que preguntaba por su mamá, claro, de seguro ni se acordaba de con quién se había metido.

Miro la cajita que Tressa le había regalado, era mágica, esa caja realmente hacía magia. Pero ahora no quería usarla, no tenía ganas…

Y entonces… las lágrimas llegaron a sus ojos grises: cada dos por tres se limpiaba, no quería llorar, no debía, pero es que se sentía tan poquita cosa, no quería pensar en todo lo que Sirius representaba en su vida, era su ídolo, su modelo a seguir, su papi…

--¿Por qué lloras?—preguntó una pequeña niña sentándose junto a ella—no llores—le dijo sonriéndole anchamente.

--¡Hey!—dijo una mujer que traía una gran bolsa— ¿Qué haces, corazón?—le preguntó a la niñita.

--Es que está llorando—explicó encogiéndose de hombros—pero ya le dije que no lo haga, las mujeres no lloran.

Ese pequeño comentario hizo que Nina soltara una pequeña risa cantarina.

--¿Estás solita?—quiso saber la que era la mamá de la niña, Nina asintió—bueno, pues será mejor que no te quedes aquí, es un lugar un poco peligroso, vamos, te llevo a tu casa.

--¡Un helado!—brincoteo la pequeña— ¡Te invitamos un helado, Nina!

Nina no se había dado cuenta de con quienes estaba hasta que Frankie la llamó por su nombre.

--¿Por qué Nina estaría aquí?—preguntó Andrómeda mirando el local con repulsión— ¡Sirius!

--Se hizo amiga del dueño—explicó como si fuera lo más lógico del mundo— ¿Qué tiene?

--Una niña de siete años no se hace amiga del dueño de un "billar"—terció Andrómeda mirándolo con reprobación—ay Sirius ¿Qué voy a hacer contigo?

--¡Sirius Black!—dijo entonces un hombre casi tan grande como Hagrid, pero claramente se veían las diferencias: el tipo era calvo, con un arete en la oreja derecha, pantalones negros de cuero al igual que su chamarra. Constance se acercó a Sirius instintivamente mientras que Dromeda y Ted aferraban sus varitas por encima de su ropa— ¡Qué gusto verte por acá!—dijo sonriendo de oreja a oreja, mostrando así, que le faltaban varios dientes.

--Gracias, igual Rockie—dijo Sirius estrechando su mano.

--¿Dónde dejaste a esa preciosura que tienes por hija?—preguntó el tal Rockie con las manos en la cintura.

--Mira… precisamente estamos buscándola—explicó Sirius rascándose la cabeza—pensé que tal vez habría venido por aquí.

--No, pues desde la última vez que vinieron, no la he visto, lo siento.

--Si la ves, avísame lo antes posible por favor—pidió Sirius algo turbado por no encontrarla ahí—puedes mandarme un patro…

--Llame a este número—intervino Ted oportunamente, le tendió un pedazo de papel a Rockie—se lo agradeceremos.

--No hay de qué—Rockie miraba a Ted y Andrómeda con la ceja alzada, no les había dado tiempo de ponerse ropa de muggle—les diré a los chicos que me digan si la ven por ahí.

--Vale, gracias.

--¿Y ahora, a dónde?—preguntó Constance.

--No sé, no sé…

Los espero en mi casa, no tarden.

--¿Ese no era…?

--Claro que era—dijo Remus sonriéndole a su amigo que no dejaba de mirar el lugar donde el patronus se había esfumado—vamos, Molly, hay que ir a casa de Tressa.

--¿No íbamos a…?

--Creo que ya sabemos a dónde fue Nina.

--Querida, yo creo que deberíamos ir a tu casa—decía Anne con amabilidad a Nina que no soltaba su cajita; las tres estaban sentadas en una cafetería muggle del centro de Londres—deben estar preocupados por ti.

--Pero… no quiero—dijo Nina moviendo a penas los labios.

--¡Puedes ir a nuestra casa!—ofreció Frankie traviesamente—porque eres mi amiga—Nina le sonrió—porque eres la única amiga que tengo…--y la carita de Frankie se ensombreció un poco.

--Bueno, bueno—terció Anne pasándole la mano por la mejilla—podrán verse para charlar otro día, es hora de ir a tu casa Nina.

--Pero…

--No conozco mucho a tu padre—Anne no pudo evitar rodar un poco los ojos—pero sé que estará muy preocupado por ti, así que andando.

Frankie le sonrió a Nina para darle ánimos.

Pero Nina no quería ver a Sirius. No quería estar con él.

No quería.

--Están aquí—dijo Tressa en cuanto abrió la puerta de su casa, se topó con James, Remus y Molly que entraron rápidamente—venían buscando a Nina—claramente se veía que estaba más que preocupada—fui en la mañana a ver a Sirius y la niña estaba ahí…

--Ya, no sabemos porque se fue—dijo James en voz baja—Sirius se fue con Dromeda y Ted a buscarla.

--Me parece que lo más sensato es volver a la casa por si Nina regresa—opinó Molly.

--Sí, sí, claro—Tressa los guió hasta la cocina, donde Ron y Harry devoraban una charola de piernas de pollo— ¿Todo bien?

--¡Cocinas delicioso!—le aludió Ron chupándose los dedos, pero se quedó de piedra en cuanto vio a su madre.

--Tú y yo, ajustaremos cuentas, jovencito—le dijo Molly con las orejas coloradas.

--Pero mamá…

--Vamos a casa, Harry—dijo James algo serio.

--No me voy hasta que no encuentre a Nina—replicó poniéndose de pie—Tressa dijo que iría con nosotros a buscarla.

--Nina ya está en la casa—mintió James.

--¿En serio?

--James, yo creo que…

--Remus—lo cortó él—Sirius acaba de avisarnos, vayamos a la casa.

--¿Puedo ir con ustedes?—preguntó Tressa tímidamente—me gustaría verla.

--Andando.

--¿Al callejón Diagon?—dijo Ted cuando caminaban por un parque.

--Tom ya me habría avisado—negaba con la cabeza Sirius—le dije que si la veía, me lo dijera.

--Mmm…--Dromeda cerraba los ojos cada dos por tres para concentrarse—ya fuimos a todos lados y no está, Merlín santo, que este bien.

--¿Con los Longbottom?—aventuró Constance haciendo muecas pues le dolían los pies.

--Tampoco—Sirius comenzaba a desesperarse—también me habrían avisado, se lo dije a Frank e incluso me hizo favor de ir al ministerio a buscarla.

--¿Dónde puede estar?

Vuelve a la casa.

Fue lo único que dijo el ciervo de James antes de desparecer.

--¡Volvió!—exclamó Sirius girando ya sobre sí mismo.

--Gracias—decía James no muy convencido a Anne Kyteler que parecía algo confundida—en serio, gracias por traerla.

--No hay de qué—contestó ella aferrando el hombro de Frankie con fuerza—era lo menos que podía hacer.

Harry miraba de brazos cruzados a Frankie que lanzaba sonrisas a Nina y miradas ceñudas a Harry; Tressa estaba sentada en el sillón abrazando a Nina que tenía la vista perdida mientras que Remus estaba del otro lado, cogiendo su mano.

--Esto… ¿Quieren beber algo?—preguntó James sintiéndose estúpido.

--No, gracias, ya nos vamos—Anne se acercó a Nina para plantarle un beso en la mejilla—cuídate, nos veremos pronto.

--Sí, hasta luego—respondió Nina con voz apenas audible—nos vemos en el colegio, Frankie.

--¡Nos vemos, Nina!—chilló Frankie agitando con fuerza y su mano.

Las Kyteler salieron de la casa de los Tonks no sin antes decir adiós con la mano.

--Lo más prudente será volver a la casa—dijo entonces James—yo creo que ya molestamos demasiado a Dromeda y Ted.

--Cuando Sirius…

--¡Nina!—gritó Sirius aliviado.

Corrió hasta ella, listo para abrazarla, pero…

--¡No!—Nina se apartó de él, escondiéndose detrás de Remus— ¡No quiero estar contigo!

--¿Qué?—Sirius se quedó con los brazos abiertos y los ojos se le llenaron de lágrimas—pero sí… pero si te he estado buscando y…

--¡Ya no te quiero!—gritó Nina a todo pulmón.

Tressa, Remus y James miraban todo con los ojos bien abiertos, sin entender la actitud de Nina.

--¿Estás de broma, no?—rió Sirius—vamos, ya lo entendí.

--¡No, no!—la mirada de Nina estaba llena de rencor y Sirius se hizo chiquito, recordando que como lo veía su hija, alguna vez lo miro así su madre—ya no quiero estar contigo, ya no te quiero ¡No te quiero!

--¿Nina?—la llamó James tratando de calmarla—creo que estas algo confundida y…

--¡Ya sé que me dejaron en la puerta!—estalló Nina jalándose el cabello, rompiendo en llanto; el mundo de Sirius se derrumbó, dejándolo indefenso.

--¿Qué?—saltó Harry y entonces recordó una canasta y una risita— ¡Los calzones de Merlín!

--Nina, no…

--¡Ya sé que no me quieres!

--Cariño, espera…

Remus no sabía que decirle, ni a Nina ni mucho menos a Sirius que estaba hincado frente a su hija, con las lágrimas saliéndose involuntariamente. Miro a James pero estaba en las mismas que él, busco ayuda en Tressa pero ella solo negó con la cabeza.

--¡Claro que te quiero!—chilló Sirius a la desesperada, tratando de abrazarla— ¡Eres mi hija, por supuesto que…!

--¡Suéltame!—la pequeña forcejeaba para que su padre no la abrazara pero no tenía mucho éxito— ¡Ya no quiero verte, vete!

--¡No!—gritaron todos cuando Nina le dio un pequeño puñetazo en la cara a Sirius que perdió el equilibrio y se fue para atrás, perplejo.

--¡Nina!—la reprendió Andrómeda que venía de la cocina— ¡No puedes pegarle, es tu padre!

--¡Pues ya no quiero que sea mi papá!

A cada palabra, Sirius se sentía más contra el duro y frío suelo.

--No hables así—susurro Remus negando con la cabeza—tú no sabes…

--Y tú tampoco—dijo una mujer saliendo de la chimenea, todos se giraron para verla.

--¿Qué diablos haces aquí?—preguntó James de mala gana.

--Vengo por mi hija—contestó Ivanka sonriendo altaneramente—hola mi amor—saludó a Nina.

La pequeña abrió los ojos de par en par y entonces… escondió la cara en los brazos de Remus.


Solo diré…

"Pobecita"

U___U