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Harry Potter Black Lupin — capítulo 33
—Hola—saludó Amanda Wiglaf con una gran sonrisa a Nina Black, que iba entrando a su despacho, tímidamente— ¿Cómo estas, cariño?
—Bien—contestó mirando el lugar con mucho interés.
—Puedes llamarme Amanda—dijo la señora invitándola a sentarse junto a ella, en el gran sillón que estaba al centro de la habitación— ¿Quieres algo de beber?
—Coca cola—musitó Nina acomodándose las gafas,
— ¿Coca cola?—repitió con el ceño fruncido, girando la cabeza hacia el lugar donde tenías las bebidas—Me temo que solo tengo jugo de calabaza—la señora Wiglaf le sonrió a modo de disculpa tendiéndole una botella que le abrió—cuéntame, ¿cómo te ha ido los últimos días?
—Hum…—Nina se lo pensó dos veces antes de hablar—raro.
— ¿Cómo raro? ¿Raro bien o raro mal?
—De las dos—dijo dándole un largo trago a su bebida—Harry dice que el jugo de calabaza me hará como Cenicienta.
— ¿Harry?—Amanda miro su vuela pluma que comenzó a escribir rápidamente— ¿Harry Potter?
—Harry James Potter—recalcó Nina soltando una risita, mirando divertida la vuela pluma—casi nadie sabe que se llama James.
— ¿Qué me dices de Harry?—le preguntó acercándose solo un poco más a ella—se nota que le quieres mucho ¿verdad?—la pequeña rubia asintió contenta— ¿Qué me puedes decir de él? ¿Cómo es?
—Tiene el pelo revuelto—dijo Nina frunciendo el ceño, pensativamente—y usa gafas, como yo, pero las de él son redondas…
—Me refiero—madame Wiglaf la cortó con dulzura—a cómo te trata, como se porta contigo.
—Ah—musitó Nina y de nuevo bebió, antes de contestar—me trata bien, bueno, a veces me hace enojar, es que es muy bobo pero la tía Dromeda dice que los hombres son así, no importa que edad tengan—terminó con suficiencia.
— ¿La tía Dromeda?
—Sí, pero tú no puedes llamarla Dromeda—sentenció Nina con gravedad y le susurró al oído—solo los de la familia podemos decirle así.
—Oh, comprendo.
—Se llama Andrómeda Black—seguía diciendo Nina distraídamente—pero no sé porque ahora se llama Andrómeda Tonks, como mi tío Ted y Tonks.
— ¿Tonks?
—Es mi prima—aclaró Nina sonriendo nada más acordarse de la metamorfomaga—ella puede cambiar el color de su pelo, el otro día que mi papá le dijo Nymphadora se le puso el pelo rojo—y se echó a reír con una carcajada muy parecida a las de Sirius.
— ¿Qué es la tía Dromeda—pero se corrigió al ver la cara de la niña—quiero decir, la tía Andrómeda de tu papá?
—Son primos—declaró encogiéndose de hombros—tío James que ellos son los únicos buenos de mi familia.
— ¿Quiénes?—inquirió Amanda rápidamente, la vuela pluma era una mancha borrosa de lo rápido que escribía.
—Sí, eso—Nina rodo los ojos, jugando con sus manos—mi tía Dromeda y mi papi son los únicos buenos de su familia, ¡ah!—se dio un pequeño golpe en la frente— ¡Me olvide del tío Reg!
— ¿Reg?
—Él y mi papi eran hermanos, mi papi pensó que era malo pero después se dio cuenta que era bueno pero ya se murió—y compuso una mueca triste—mi papi lo extraña pero quiere mucho al tío James y a mi padrino.
—Cuéntame un poco de tu tío James.
—Mi tío James es papá de Harry—decía Nina rascándose la cabeza, haciendo que su cabello se viera aún más despeinado—y es el mejor amigo de mi papi; y es auror, es muy valiente y me hace reír mucho, lo quiero mucho.
—Ok…—musitó madame Wiglaf, alzó la vista para mirar a la niña— ¿Tienes hambre?
—Dice mi tío padrino que no debo aceptar cosas de extraños—dijo Nina—y usted es una extraña.
— ¿Tú tío padrino?
—Sí, es el otro amigo de mi papi y mi tío padrino, se llama Remus.
— ¿Remus Lupin?—se sobresaltó la mujer.
—Ajá…—Nina se sacó una varita de regaliz dela túnica y la destapo con los dientes—yo lo quiero mucho, él siempre me lee cuentos y me ayuda con mi tarea porque mi papi a veces no sabe muchas cosa de muggles. Le gusta mucho el chocolate y siempre me da a mí y a Harry pero al tío James y a mi papi no.
— ¿Cómo…?—farfullaba la mujer poniéndose de pie, caminando en círculos por toda la habitación— ¿Cómo es posible que él viva…? ¡Merlín!
— ¿Ya me puedo ir?—preguntó Nina—quiero ir a ver televisión.
—Espera—la mujer la tomó de la mano para que se sentara de nuevo— ¿Qué más te gustaría decirme de tú familia?
—Hum…—Nina se quedó pensando un par de minutos, en los que la vuela pluma se ponía al corriente—pues… los sábados vamos a visitar a veces a tía Dromeda y al tío Ted, pero a Harry y a mí nos gusta más ir cuando esta Tonks porque con ella jugamos.
—Ajá…
—Y también vamos a la Madriguera, porque la señora Weasley siempre esta regañando a mi papi y a mis tíos—madame Wiglaf apretó los dientes—sí, dice que son despistados pero yo juego con Ginny pero a ella le gusta Harry—dijo en voz bajita, riendo divertida—pero Harry no quiere andar con ella porque Ron es muy celoso, le tiene miedo a las araña—dijo Nina encogiéndose de hombros—y Fred y George siempre lo están molestando, pero a mí no.
— ¿Ah no?
—No—respondió inocentemente—a Ginny a mí nos tratan bien.
— ¿Hay alguien te caiga muy pero muy bien?—preguntó Madame Wiglaf con claras intenciones de saber que pensaba la niña acerca de su progenitora—me refiero, a que si hay alguna mujer que quieras mucho…
— ¡Ah sí!—chilló Nina emocionada, la mujer le sonrió para que continuara— ¡Mi tía Alice!
— ¿Alice Longbottom?—repitió Amanda entornándola con los ojos.
—Sí, ella—Nina sonreía con cariño nada más acordarse de ella—está embarazada, y va a ser niña—dijo un tanto ceñuda—se va a llamar Naomie.
— ¿Solo ella, Alice?—aclaró al ver la expresión de la niña—digo, ¿hay alguna otra mujer que quieras mucho?
—Tressa—dijo Nina como si fuera lo más obvio del mundo.
— ¿Tressa?
—Sí, es la novia de mi papi—apretó con fuerza la pequeña cajita de madera que traía consigo—ella es muy buena conmigo, me cae bien, quiero que ella y mi papi se casen.
— ¿Ah sí?—musitó Amanda girándose para ver el vuela pluma, Nina asintió enérgicamente— ¿Qué me dices de tu papi?
—Mmm… que lo quiero mucho—dijo arqueando las cejas—sí, aunque…
— ¿Aunque, qué?—le apremió madame Wiglaf.
—Es muy raro…
— ¿Qué tienes, cariño?—le preguntó Sirius agachándose para quedar a su altura y así poder tomar su mentón y alzar su cara que estaba surcada en lágrimas— ¿Qué te pasa?—dijo asustado.
—Nada—hipó limpiándose la nariz con la manga de la sudadera.
— ¡Pero si estas llorando!—exclamó cargándola— ¿Qué te ha pasado?
—Es que… yo… quería… un… disco… de los… Beatles—decía entre sollozos, ocultando su rostro en su hombro.
Entonces, Sirius se echó a reír.
— ¿Y por qué no me habías dicho?—le reprochó sonriéndole de oreja a oreja— ¡Ahora mismo vamos a comprarlo!
— ¿Y por qué dices que fue raro?—quiso saber Amanda Wiglaf que sabía perfectamente quienes eran los Beatles ya que su esposo era muggle.
—Es que…—Nina rió traviesamente.
—Buenas tardes—saludó un chico adolescente a Nina y Sirius en cuanto entraron a la tienda muggle— ¿En qué puedo ayudarlos?—dijo sonriéndole con simpatía a Nina que traía su camiseta de los Beatles.
—Estamos buscando un disco—explicaba Sirius mirando a su hija con orgullo—uno de los Beatles.
—No sé porque no me sorprende—musitó el chico amablemente—síganme, están por aquí…
— ¿Cuál es el que quieres, Nina?—le preguntó Sirius.
— Abbey Road—contestó rápidamente.
—Sí, aquí… ¿sí?—dijo el chico arqueando las cejas cuando un chico de unos catorce años cogía también el disco.
—Lo vi primero—gruñó el adolescente que tenía cara de malo.
—Disculpa, pero…
— ¡Es mío!—chilló tirando de él tan fuerte que jalo así sí, al dependiente.
—Llegamos primero, lo siento—terció Sirius sonriendo forzadamente al ver la cara de tristeza que ponía Nina—es nuestro.
— ¿Ah sí?—se mofó—lo será solo si me lo quitas, anciano.
La boca de Nina formó una pequeña o perfecta, miro a su padre, asustada pues sabía lo que venía a continuación…
—Mocoso impertinente—iba diciendo Sirius acomodándose el saco sin soltar a su hija de la mano— ¿Cómo se atreve a…?—se fijó en Nina, y se dio cuenta que ella iba casi corriendo para seguir su paso—lo siento—comenzó a caminar más despacio—¿Qué te pasa?
—Nada…
— ¿Estas contenta?—preguntó escondiendo una sonrisa.
*— ¡Sí!—chilló alzando la bolsita que traía dentro el disco de los Beatles,*Abbey Road.
— ¿Golpeo a un muchacho?—se impresionó Amanda Wiglaf.
—Hum… poquito—admitió Nina, luego sonrió—pero fue por una buena causa.
—Ya veo—la vuela pluma seguía escribiendo lo más rápido posible—entonces… ¿Qué más puedes decir de tu padre?
—Ah…
— ¿Qué haces aquí?—era Sirius que se asomaba a la alacena.
—Me escondo—contestó Nina sacando un poco la cabeza—me siento mal, me falta el aire.
—Hum—Sirius la miro con gravedad—si te sientes tan mal podríamos ir a San Mugo para que te revisen.
—No, solo quiero descansar.
— ¿Por qué no quieres ir a la escuela?—soltó de golpe.
—Me siento mal—dijo con testarudez—me duele la panza.
— ¿En serio?
—Sí, mira—y puso cara de dolor.
—Iré contigo—dijo tendiéndole una mano para que ella la cogiera y saliera de ahí—seré tu compañero.
—No—repuso tajantemente, cruzándose de brazos.
—Corre—Sirius le sonrió anchamente—se nos hace tarde.
—No- quiero- ir—recalcó la pequeña parando cómicamente la trompita— ¡No!—gritó cuando Sirius la saco de su escondite.
—Ósea que te obliga a hacer cosas que no quieres—dijo madame Wiglaf—interesante, muy interesante…
—Solo comer los vegetales—Nina miraba hacia la ventana—porque ese día…
—Señor—dijo la directora del colegio, mirando a Sirius de pies a cabeza, sonriendo forzadamente—discúlpeme, pero esta actividad es…
—Sí—la cortó Sirius cortésmente—pero no sé si sepa la situación.
—Así es pero…
—Entonces, verá que no puedo permitir que Nina haga esto sola—miro a la pequeña que daba de vueltas por el patio, con otra niñita—si me permite…
— ¡Un gran aplauso a Nina Black!—decía la profesora, con una gran sonrisa, la susodicha se acercó a esta ella, muerta de la vergüenza—y claro, a su papá…
Se oyó un suspiro colectivo, Sirius se pavoneo más a propósito, causando que las mamás rieran tontamente.
— ¡Ganamos!—exclamó Sirius cargando a Nina.
—De hecho no—dijo la profesora, la cara de Sirius se contorsionó en una mueca—pero eso no quita el gran esfuerzo que han hecho—y miró divertida en pastel que Nina y él habían preparado pues aquel día había sido el festival anual de cocina de la clase de Nina, paramadres e hijas—así que…—le entregó a la niña una medalla, dándole un gran abrazo—bien hecho.
—Te quiero, papito—le susurro Nina a Sirius una vez que salían del colegio, los dos llenos de harina de pies a cabeza.
—Yo más, yo más.
—Oh—murmuró Amanda Wiglaf, sorprendida por primera vez desde que comenzara aquella reunión—pues…
—Mi papi es el mejor del mundo—declaró Nina con los ojos brillándole a causa de unas lagrimillas de emoción—porque yo estaba enojada con él porque no me dijo que tenía mamá—la voz le tembló, pero no dejaba de sonreír—pero lo que hizo para encontentarme…
— ¿Qué fue lo que hizo?
— ¡Tú y yo vamos a hablar!—le gritó a Nina que se había girado para mirarlo— ¡Quieras o no!
Nina se le quedó mirando, desde los brazos de Remus que no sabía que sucedía.
— ¿Qué…? ¡Canuto!—era James que venía saliendo del salón y miraba la escena un poco extrañado— ¿Qué pasa aquí?
—Sirius, no creo que este sea el mejor momento—iba diciendo Remus indicándole con los ojos algo relacionado con Nina que había volteado su cabeza, para no mirar a su padre—verás, tuvo un día difícil y…
— ¿Qué es eso?
Pero Sirius no miro a James; con la mano derecha sujetaba un pequeño aparato del que sobresalía un…
— ¿Qué haces?—quiso saber Remus mirándole con los ojos como platos— ¿No pensarás…?
Entonces, Sirius presionó un botón del aparto y empezó a oírse música; mientras James y Remus intercambiaban una significativa mirada.
*—When the road gets dark—cantaba Sirius con un pequeño micrófono que temblaba porque sus manos lo hacían—*And you can no longer see, let my love throw a spark—*se acercó hasta Remus, pero Nina no se giraba para mirarla—*Have a little faith in me…
—Hum… iré a ver que Harry no…
— ¿Quién canta?—decía Harry bajando por las escaleras, ya traía puesta su pijama de escobas; sus pequeños ojos esmeraldas se abrieron tanto que a James le dio un poco de miedo— ¡Un concierto en nuestra casa!—exclamó asombrado— ¡Qué genial!
—And when the tears you cry, are all you can believe—la espalda de Nina subía y bajaba, y Sirius podia saber que estaba llorando—give these loving arms a try baby, have a little faith in me…
—Harry, vayamos a tu…
— ¿Bromeas?—susurró Harry dando brinquitos de felicidad— ¡Quiero verlo!
Remus trataba de animar a Nina para que se girara pero la pequeña se apretaba más contra su hombro.
—When your secret heart, cannot speak so easily, from a whisper start, to have a little faith in me—*Sirius cada vez temblaba más y más, no eran nervios pore star cantando, no, era algo peor: era miedo, miedo de que Nina nunca lo perdonara—*And when your back's against the Wall, just turn around and you will see, I will catch your fall, have a little faith in me…
Sirius estaba a punto de parar la muscia, cuando Nina comenzó a volverse, lentamente, temblando a causa del llanto, pero regalándole una mirada que no tenía precio…
— ¡Sí!—soltaron Remus, James y Harry al mismo tiempo, con caras de felicidad.
—I've been loving you for such a long time, expecting nothing in return, just for you to have a little faith in me, you know time, time is our friend, I will hold you up, I will hold you up, your love gives me strength enough…
Entonces, sin poder ya evitarlo, Nina se le echó a los brazos. Remus se hizo a un lado para que Sirius la cargara.
— ¡Ya lo perdono, ya lo perdono, ya lo perdono…!—canturreaba Harry feliz, bailoteando alrededor del abrazo que se daban Sirius y Nina— ¡YA LO PERDONO!
—Perdóname—le dijo Sirius al oído—pero no te quiero perder, te amo ¿entiendes?
—Yo también—dijo Nina apretándolo con más fuerza.
—Have a Little faith in me.
Todos miraban a Sirius que se quedó petrificado, como esperando que su boca se abriera a la par de la música.
— ¡Creí que eras tú el que estaba cantando!—se quejó Harry señalando el aparto de Sirius— ¡Eres un tramposo, padrino!
Sirius miro a Nina, en espera de que explotara pero… en su lugar, la pequeña comenzó a reírse, y su risa fue coreada por James, Remus, Harry y Sirius.
—Entonces…—dijo madame Wiglaf, Nina le miro— ¿Sí te diera a escoger? ¿Con quién te quedabas? ¿Con Sirius Black o con Ivanka von Ziegesar?
— ¿Qué?—Nina brincó en su asiento.
—Eso, querida ¿Con quién te quedarías? ¿Con tu padre o tu madre?
—Harry…—James le miro severamente.
—Mande—contestó en el mismo tono que su padre.
—No estoy jugando—le advirtió prestándole atención a un montón de pergaminos.
—Ni yo—se lamentó el pequeño posando su vista a sus pies—estoy aburrido.
—Lo sé, es la milésima vez que lo mencionas.
— ¿Puedo ir con el tío Remus?—preguntó esperanzado, listo para echarse a correr.
—No está aquí—declaró James sin alzar la vista—ha ido al tribunal.
— ¿Puedo ir con el tío Frank, entonces?
—Hoy no vino a trabajar; acompañó a Alice al hospital…
— ¿Ya va a nacer Naomie?—gritó Harry emocionado.
—No, es solo un chequeo—explicó James con simpleza—cuando tu mamá yo te esperábamos…
Pero se quedó callado a mitad de la frase, se quedó quieto, sin respirar si quiera; era como si al aire que estaba ahí, se hubiera congelado, perforándoles los oídos en ese silencio tan incómodo.
— ¿Cómo era?—preguntó Harry con la cabeza ladeada, mirando con insistencia la foto que su padre tenía en su escritorio, donde salían ellos dos con Lily.
—Tienes muchas fotos—gruñó James metiendo con brusquedad su pluma al tintero, salpicando los pergaminos—mierda…
— ¿Por qué nunca me hablas de ella?—quiso saber Harry hablando en un susurro.
—Harry, por sí no lo ves, estoy muy ocupado—respondió de mala gana, sacudió la varita y en un parpadeo los pergaminos quedaron limpios de nuevo—así que…
—No es justo—dijo cruzándose de brazos, su padre le miro sin entender—no es justo que tu pasarás más tiempo con ella y yo no.
James se le quedó mirando por varios minutos, ninguno de los dos artículos sonido alguno. Harry miraba en todas direcciones con tal de no sostenerle la mirada a James.
El adulto posó sus manos sobre el escritorio, con suavidad, cogió el portarretratos y se lo tendió a su hijo.
—Así como la ves—comenzó en cuanto Harry tuvo la fotografía en sus manos—ella no solo era hermosa por fuera, lo era también por dentro.
—Pero… ¿Cómo?
— ¿Qué cosa?
— ¿Cómo puedes saber que era hermosa por dentro?—quiso saber Harry con arruguitas en la frente, debido al esfuerzo que hacía por comprender las cosas.
—Bueno—James suspiro hondamente antes de seguir hablando—te das cuenta por sus sentimientos y sus acciones—Harry asintió para que siguiera—una persona que es bella por dentro no solo ve por ella misma, sino que, al contrario, siempre piensa en los demás, se preocupa por ellos, por su bienestar ¿me sigues?
—Entonces ¿Mamá era buena?
—Era la persona más maravillosa de este mundo—afirmó James sintiendo un gran vacío—y te amaba, mucho.
— ¿En serio?—dijo Harry ansioso.
—Claro—dijo James rodeando el escritorio para abrazarlo y darle un beso en el cabello alborotado—y seguro que donde quiera que esté, te cuida y ve todo lo que haces.
— ¿Qué?—de repente, Harry se puso muy nervioso.
—Sabe si te portas bien o mal—le picó James divertido.
La cara que puso Harry no tuvo precio.
— ¿Moore?—Tressa se arrepintió de haberse vuelto pues quien la llamaba era Constance Adams.
— ¿Qué pasa?—preguntó sin detenerse.
—Pasa, que estoy tratando de descifrar estos garabatos desde horas—dijo haciendo aparecer una carpeta—no tengo tiempo, si vas a escribir así.
—Esta letra no es mía—dijo Tressa echándole un rápido vistazo a las hojas—si me disculpas…
— ¿Qué se supone que debo hacer entonces?—espetó la rubia con arrogancia—tengo muchísimas cosas más que hacer, así que encuentra al responsable de esta caos y redáctalo nuevamente.
— ¿Perdón?—Tressa la miraba hacia abajo ya que era más alta.
—Hazlo rápido o…
—Tú no eres nadie para darme ordenes—dijo sintiendo un valor que no sabía de donde le salía pero que iba en aumento al ver la expresión de Constance—cuando aceptas los reportes para el ministro formas de conformidad, así que ese ya es muy tu problema.
— ¿Cómo te atreves…?—soltó Constance indignada.
— ¿Qué pasa aquí?—preguntó Anne Kyteler evitando que Constance se abalanzara sobre Tressa que estaba de brazos cruzados.
—Nada—respondió Tressa, luego sonrió— ¿Necesitabas algo, Anne?
— ¿Segura?—insistió al ver que Constance temblaba de la pura furia.
—Claro—afirmó la chica, la tomó por los codos y la obligo a caminar, lejos de Constance— ¿todo bien?—le preguntó al doblar la esquina.
—Hum… igual que siempre—contestó ella encogiéndose de hombros—no sé porque siempre preguntas lo mismo.
—Siempre esperando que me contestes otra cosa—confesó Tressa mordiéndose el labio inferior.
—Creí que después de tanto tiempo ya te habrías dado cuenta que no cambio de opinión—Anne se apartó el pelo bruscamente, Tressa rodo los ojos—así que… ¿vendrás a cenar esta noche? Frankie no para de hablar de…
— ¡Nina!
—Exacto ¿Cómo sabes?
—Hola—dijo Nina que venía caminando justo frente a ellas.
— ¿Qué haces aquí, mi amor?—preguntó Tressa acomodándole un mechón de cabello, cariñosamente.
—Mi papi mi trajo—contestó estirándose perezosamente—tenía que hablar con una señora… no recuerdo como se llama… hum creo que Amelia, no… ¡Amanda!—exclamó tronando sus deditos.
—Ah—musitó Tressa algo preocupada— ¿Y qué tal te ha ido?
—Esa señora es muy preguntona—dijo con el ceño fruncido—no me gusta eso.
—Ya veo—Tressa miro a Anne que compuso una mueca pues las dos sabían cuál era el trabajo de Amanda Wiglaf— ¿Dónde se ha quedado tu papi?
—Dijo que iría a… no me acuerdo—dijo a penado.
—Sí quieres, podemos buscarlo—propuso Anne sonriéndole—y si quieres le pides permiso para ir a cenar a mi casa, Frankie está loca por jugar contigo.
— ¡Nina!—gritó Harry corriendo hacia ella— ¡Tressa!—gritó en cuanto la vio.
—Hola, Harry, cariño—le saludó Tressa abrazándolo cuando estuvo a su alcance—Merlín, cuanto has crecido…
— ¿Verdad que sí?—dijo él contento.
—Claro que sí…
—Nina, Sirius está esperándonos en…—pero James se calló de golpe al ver que ahí estaba Anne, sonriendo que era lo más extraño de todo.
—Bueno, me voy—anunció Anne poniéndose seria de nuevo—nos vemos.
Se despidió con la mano y caminó hacia los ascensores.
—Qué mujer tan rara—comentó James alborotándose el cabello, distraídamente.
—No es rara—lo contradijo Tressa—ella es… bah.
— ¿Amargada?—aventuró ganándose una mirada un tanto severa de Tressa que al final sonrió—como sea ¿vienes a comer con nosotros?
—Es que yo…
— ¡Genial, andando!
—Qué bueno que hayas venido—le dijo Sirius a Tressa mientras caminaban detrás de James y los niños que reían a carcajadas—me has alegrado el día.
—Y yo me alegro de que Nina ya no esté enfadada contigo—dijo Tressa luchando contra todo para no balbucear y lograr decir la frase de un tirón.
—Sí, bueno eso es lo mejor—los ojos grises de Sirius se posaron en Nina que justo en ese momento le miro y le envió un beso—me tenía bastante mal.
—Me puedo imaginar, es una niña preciosa.
—Lo sé y no me imaginó si Ivanka se quedara con ella—el semblante de Sirius cambió radicalmente—creo que no lo soportaría.
—No cuentes las lechuzas antes de verlas llegar—le aconsejó Tressa cogiéndole la mano con cariño.
— ¡Tío Remus!—gritaron ambos niños en cuanto divisaron a un alto y desgarbado.
Habían llegado al restaurant donde Remus los esperaba en la mesa que estaba en la terraza y James ya estaba tomando asiento al igual que Harry y Nina.
—Hay algo que quiero hacer desde hace mucho tiempo…—Sirius se sacudió la cabeza, como los perros cuando quieren quitarse el agua.
— ¿Sí?
Sirius se paró en seco, obligando a Tressa a hacer lo mismo y entonces… la tomó por la cintura con un brazo, la jaló y la beso.
— ¡Se están besando, se están besando!—decía Nina en voz baja, sonriendo extasiada y colgada del cuello del pobre Harry que estaba poniéndose morado— ¡Se están besando!
—Esto…—empezó James sin expresión alguna en su rostro.
—No creí que pasara—admitió Remus viendo como Tressa enroscaba sus manos en el cabello de Sirius y como las manos de él recorrían su espalda.
—Yo… ¡Oh por Merlín!—exclamó James abriendo los ojos como platos, Remus se dio cuenta de lo que veía y entonces los dos hablaron al mismo tiempo— ¡Cerró los ojos!
Have a Little faith in me… Bon Jovi n___n
De tales padres... tales monstruos (epílogos n______n)
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Mi mamá! (para reír :D)
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Por fin (para llorar u___u)
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