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Harry Potter Black Lupin — capítulo 35
You and me have a disease,
you affect me, you infect me,
i'm afflicted, you're addicted,
you and me, you and me
Infected, Bad religion.
— ¿Qué no lo saben?—Constance ya se había colgado al cuello de Sirius que estaba petrificado—Sirius y yo somos novios.
Esa frase seguía resonando por su cabeza. Aunque realmente no entendía el significado, no del todo. Era pequeña, no idiota.
— ¿Qué hacemos aquí?—preguntó Nina jalando el brazo de Sirius para que él se fijara en ella—papá—le llamo pero él tenía la mirada fija hacia el frente—papá—Nina comenzaba a desesperarse— ¡SIRIUS!—gritó haciendo que su voz resonara por todo el lugar.
— ¿Qué, que pasa?—preguntó girándose rápidamente, poniéndose en guardia.
—No me haces caso—contestó Nina rodando los ojos— ¿Qué hacemos aquí?
—Esto…—Sirius dudo un par de minutos—vamos a la casa de… de ella—y señaló con la cabeza.
Ahí, donde decía Sirius se alzaba una enorme casa que por lo menos era más grande que la mansión Potter. Tenía un patio grandísimo, con muchas flores plantadas, algunas se movían y hacían ruiditos extraños mientras que otras se mantenían rígidas, casi altaneras recibiendo con elegancia los rayos de sol; varios árboles rodeaban la casa, unos muy jóvenes con pocas ramas y otros muy viejos con tantas ramas que bien se podía construir una casita. La estructura era curva, dando un aire de locura; estaba pintado de un rosa bebé, excepto por los marcos de las ventanas y las puertas, con las cortinas corridas se podía ver que dentro reinaba un ambiente de majestuosidad, casi parecía un santuario que a Nina de hecho la intimido un poco.
—Hola—saludó Ivanka con una gran sonrisa, dirigiéndose a Nina que de inmediato enmudeció y llevo sus manos detrás de su espalda, Sirius soltó una carcajada burlona—no sé porque tenías que venir tú—espetó la mujer irguiéndose.
Fue entonces cuando Sirius se dio cuenta del porque se había metido con ella. A pesar de esa careta de profunda antipatía, podía verse a una mujer sumamente hermosa, fuerte y decidida; el largo pelo plateado con pequeñas ondulaciones en lugares específicos, el vestido rojo carmesí se le pegaba al cuerpo como segunda piel, mostrando sus curvas nada propias de una mujer que hubiera estado embarazada en el pasado. Tenía esos enromes ojos azules que pareciera que veían todo, sin algo que se le escápese, las manos demasiado pequeñas y frágiles. Parada así como estaba, parecía más bien una diosa del olimpo. En resumen, Ivanka seguía luciendo casi igual al día que Sirius la conoció.
—Parece que tienes pacto con el diablo—comentó Sirius cantarinamente, sacudiendo la cabeza para deshacerse de aquellos pensamientos que fueron reemplazados por la sonrisa amable de Tressa—no has cambiado en lo absoluto—aclaró al ver que ella alzaba una ceja, a la espera de que continuara.
—Supongo que debo tomarlo como un halago—dijo Ivanka con desdén, luego se fijó en Nina que le miraba con el ceño fruncido— ¿Cómo estas, cariño?
La pequeña miro a Sirius, él inclinó la cabeza y ella asintió varias veces, sin abrir la boca un ápice.
—Creo que tendrás que trabajar en ello—dijo Sirius cargando a Nina que se recargo en su hombro, Ivanka suspiro hondamente—después de todo, la culpa sería tuya, no mía ni mucho menos de ella.
—No quiero tus retazos de filosofía—siseó ella tratando de contener su furia—podría decir que tú tampoco has cambiado—y sonrió anchamente, Sirius no dijo nada a la espera de que ella se explicara—sí, mira por un lado, vives en casa de tu amigo y tienes a dos estúpidas compitiendo entre ellas para ver quién te satisface mejor ¿no?—la cara del chico compuso una mueca—tomando de cada una lo que mejor te parece y cuando ya no te sirven las desechas.
Sirius le sostuvo la mirada un momento, luego sonrió de lado.
—Siempre me ha encantado como pronuncias la "r"—comentó encogiéndose de hombros.
Si algo le había dicho Remus aquella mañana, era que tenía que lograr controlarse. Repeler las agresiones, canalizar su ira de una forma que no estropeara lo que ya había sido lo suficientemente estropeado aquella tarde en la mansión. Esa era la única manera para que Nina siguiera a su lado.
Ivanka apretó los labios.
—Buenos días—saludó Amanda Wiglaf que se unía a ellos, todavía daba vueltas sobre sí misma, claro, podía aparecerse porque la casa de Ivanka estaba alejada de las demás, aunque sus vecinos eran más bien magos.
—Buenos días—dijeron Ivanka y Sirius, al unísono.
—Hola, querida—dijo Amanda sonriéndole amablemente a Nina que le devolvió la sonrisa con desgana—bien—le lanzó una mirada vacilante a la casa— ¿Empezamos ya?—preguntó a Ivanka que asintió con la cabeza.
Caminaron en silencio detrás de la anfitriona que abrió la puerta dejando pasar primero a madame Wiglaf que alzó una ceja nada más fijarse en el salón.
—Vamos—le dijo Ivanka de forma amigable pero precavida a Nina que se bajó de los brazos de Sirius y acepto la mano que ella le ofrecía.
—Suripanta—murmuró Sirius cerrando la puerta detrás de sí.
Sí Ivanka lo escuchó, no dijo nada.
Quizá ella también estaba jugando el mismo juego que Sirius. Al menos delante de Amanda Wiglaf.
— ¿Qué pasa?—preguntó Frank sentándose junto a James en la cafetería del ministerio— ¿James?
—Ah, hola, Frank—dijo James cansadamente, bajo la vista y la posó en su plato de estofado.
— ¿Qué te pasa?—preguntó su amigo dando un sorbo a su jugo de calabaza.
—Nada—pero la mirada que lanzó a la mesa de la esquina lo delató.
— ¿Por qué te sigue sorprendiendo?—James estaba atónito ante la incredulidad y tranquilidad con que Frank trataba el tema. Era claro que para él aquello estaba fuera de sus límites de conocimiento—Déjalo—soltó de repente Frank sonriendo de lado—sé más de lo que crees.
— ¿El qué exactamente?
—No lo aceptas—dijo Frank con simpleza, miro con disimulo hacia la esquina donde Remus y Tressa charlaban animadamente con Anne que incluso sonreía—estas reacio a hacerlo ¿y sabes por qué?
—No—admitió James frunciendo mucho el ceño.
—Porque te la recuerda—sentenció Frank, luego suavizó su tono y hasta parecía que tenía dificultades por elegir las palabras correctas—porque Anne es muy parecida a Lily.
A James casi le da un infarto, se quedó mirando a Frank como idiota. Luego, del desconcierto paso a la rabia.
—No hay punto de comparación—objetó haciendo rechinar los dientes.
—Cálmate—le susurró apretando con disimulo su brazo, todos en la cafetería hacían demasiado ruido, cada quién sumergido en su propia charla—solo digo lo que tú ves—James se tensó—la verdad, lo que todos vemos.
— ¿Todos?—repitió James con voz automática.
—Alice se dio cuenta de lo que sucedió aquella tarde en la alberca—contaba Frank como para disculparse—lo correcto sería decir que lo recordó porque ella estaba ahí cuando sucedió y me lo dijo—al ver que James no decía nada, él continuo—no voy a decirte que te entiendo porque no es verdad, pero creo que yo en tu lugar me hubiera hecho trizas—el chico trago con dificultad, rememorando la noche en que Lily había muerto—y te admiro, no sé cómo le haces. Si me preguntan, tú eres demasiado valiente.
—Claro que no—dijo James ácidamente—si fuera valiente habría muerto.
—No te castigues, eso no sería lo mejor…
—No lo sabes, Frank—lo cortó dolido, con los rojos enrojecidos—esa noche… él iba por mí, vi el rayo verde salir en mi dirección y yo… me acobarde y me lancé hacia un lado, esquivando la muerte y mi destino junto a Lily.
Frank no hablaba, escuchando todo con las pupilas dilatadas.
—Solo querías hacerte de tu varita—repuso el carraspeando para deshacer el nudo que se había formado en su garganta al ver a James así.
—No, huí porque soy un cobarde.
—Lo dijiste—lo contradijo negando con la cabeza—quiero decir que cuando estuviste inconsciente en San Mugo, delirabas y dijiste muchas cosas, yo estaba ahí, Remus también; los dos escuchamos como gimoteabas, gritando y chillando, tus brazos cortando el aire, tratando de coger la varita, eso es lo que hiciste, James, te lanzaste por la varita para tratar de defender a Lily y Harry.
Era como si la voz de James se hubiera evaporado en su garganta, impidiéndole defender su posición y seguir diciendo que era su culpa.
—Yo sé que Lily era una persona maravillosa—oía que decía Frank, pero era como si una pared invisible se alzara entre ellos, así que escuchaba su voz a la distancia—era única e irrepetible, nadie será como ella, creo que eso lo tenemos bien claro, todos—añadió muy convencido—pero también sé que habrá quién tenga sus ojos, su pelo, su nariz…
—No sigas—pidió James sorbiendo la nariz, sin dejar que una sola lágrima saliera de sus ojos.
—Una pizca de su carácter—y se fijó en Anne que justo en ese momento hacia una mueca muy parecida a la que hacia Lily cuando fingía enfadarse—no por eso tienes que huirle.
—Pero…
—Si fuera al revés—pidió Frank sonriéndole para darle ánimos— ¿Habrías querido que Lily se quedara sola?—James se tardó un buen rato en contestar, al final dio una seca cabezada que era muy bien interpretada como un no—ahí tienes, llevarte bien con Anne o por lo menos ser cordial con ella no quiere decir que vaya a ser tu futura esposa ¿o sí?
James se sobresaltó en su lugar, ligeramente asustado. Frank rió divertido.
—Yo… supongo que tienes razón—concedió James una vez que hubieran terminado de comer en silencio y se dirigieran a la barra a dejar sus charolas vacías—creo que puedo.
—Así se habla.
Entonces, James miro a Anne y cuando ella también le miro, él le sonrió un poco.
Pero las cosas no salieron como Frank habría predicho, porque entonces Anne se puso seria, y movió un poco los labios.
Él lo entendió a la perfección.
Tonto.
— ¡Mujeres!—se quejó James bufando y saliendo de la cafetería murmurando un montón de cosas que nadie que pasaba por su lado entendía.
— ¡HOLA!—gritó alguien detrás suyo, asustándolo. Tanto que derramo sobre su camisa el jugo que bebía, nada más girarse para toparse con sus ojos saltones de loca— ¡Hola!—saludó Frankie sentándose a su lado, sonriendo anchamente.
—Hola—saludó Harry claramente irritado, limpiándose con una servilleta.
—Te mojaste—dijo Frankie con una risita, señalando sus pantalones porque el jugo había llegado hasta allá
—Demonios—musitó Harry arqueando las cejas, lanzándole una mirada iracunda a la pequeña niña que se balanceaba de atrás hacia adelante.
— ¿Qué?—preguntó Frankie.
— ¿Qué haces aquí?—quiso saber Harry de mala gana, dejando de lado la tarea de secarse pues sabía que era imposible que la mancha saliera solo porque él la restregaba.
—Nada—contestó y sacó de su lonchera su refrigerio y lo colocó con cuidado cerca de Harry que ahora la miraba confundido— ¿Quieres?—le tendió un emparedado de crema de chocolate.
—No, gracias—Harry esperaba que sí no le hacía mucho caso, ella se fuera de ahí.
—Mamá dice que no es bueno comer mucho chocolate—iba diciendo ella atascándose la boca con el emparedado, fijando la vista en el patio que se extendía delante de ellos.
—Con el tío Remus comemos siempre—dijo Harry encogido de hombros.
—Sí, mamá dice que él siempre huele a chocolate—y rió.
Frankie tenía una risita demasiado graciosa como para pasarla por alto: era como si una ardillita chillona hablara.
Algo que hizo que Harry riera también.
—Él me cae bien—confesó Frankie dándole un gran sorbo a su leche, Harry se dio cuenta que era como si la voz de ella hubiera cambiado, ya no se parecía a la niñita retorcida que había conocido meses atrás, ahora en realidad parecía una niña adorable, se sorprendió pues le daban ganas de abrazarla, quizá se debía a que nadie rudo tomaba leche—pero no le digas.
— ¿Por qué?
—Porque no me gusta—respondió simplemente—es la primera vez que veo a mamá con un hombre.
— ¿Son novios?—casi grito Harry sorprendido por aquella revelación, estaba un tanto enfadado porque el tío no le hubiera dicho nada. Igual que Sirius con respecto a Tressa y Constance, él era un hombre, podía entender más de lo que creían o querían creer.
—No—dijo Frankie dándole un golpe en la frente, Harry se sobó adolorido—son amigos, mamá no tenía amigos desde que…—la voz le tembló y sus ojos se aguaron.
—Oh, está bien—la consoló Harry abrazándola, ella brincaba a su lado debido al sollozo, después de todo, entendía cómo debía sentirse—mi mamá también está en el cielo.
—No, yo no tengo papá—balbuceo Frankie cogiendo el pañuelo que Harry le ofrecía—mi papá está vivo.
— ¿Entonces?
—Él…
Harry se quedó anonadado a cada palabra que Frankie decía. Era pequeño pero demasiado inteligente como para adivinar que Frankie estaba media loca debido a lo que le había sucedido.
Como había dicho alguna vez su padrino, las mujeres tienen un mecanismo de defensa que ningún hombre pude siquiera entender del todo. Porque justo ahora estaba sintiéndose mal por haberla tratado así desde que se conocieran, cuando, (como decía el tío Remus) algunas personas buscan llamar la atención porque necesitan cariño.
—Vale, seré tu amigo—dijo finalmente Harry cuando Frankie (entre llantos) se lo pidió.
Sirius sabía que estaba jodido.
Eso lo sabía desde que había visto la casa de Ivanka desde unos diez metros de distancia; porque aquella casa era inmaculada, perfecta para criar a una niña sana e inteligente como lo era Nina. Porque el salón de ella no estaba patas para arriba cuando madame Wiglaf entró en él, porque el olor era de rosas no de alcohol. El salón de Ivanka no estaba atestado de botellas de whiskey vacío, ni de envoltorios vacíos de chocolate; no había manchas de pinturas en las paredes, los cuadros no estaban chuecos ni aventados en el armario más cercano. La cocina era un lugar esterilizado, armonioso, al contrario que en la mansión; corazones de manzanas esparcidas por toda la barra, la leche escurriendo y formando un gran charco en el suelo, el frigorífico a medio abrir, mostrando el montón de carne pasada, los botes de helado que no dejaban espacio para nada más. Su alacena no estaba llena de botellas de cerveza de mantequilla ni mucho menos un mueble destinado exclusivamente para albergar un montón de chucherías, desde regaliz hasta papas fritas.
El baño estaba tan limpió que casi se podía comer del piso. El baño en la mansión estaba sucio por donde le miraras, los azulejos tenían ese aire de abandonado, la taza casi siempre estaba chorreando algo que era mejor no saber, el espejo estaba salpicado de agua que se había secado formando muchas manchitas, los pelos eran visibles en la coladera y había ropa interior a la vista. Y para rematar, la habitación que estaba destinada para Nina no estaba llena de posters de hombres muggles con expresiones de locura ni haciendo gestos obscenos con la mano, la cama era adoselada, una clara invitación para dormir placenteramente mientras que la cama donde Nina siempre dormía tenía una cabecera con una guitarra con cuerdas reales. El armario estaba lleno de ropa adecuada para una niña de siete años, ninguna enorme camiseta ni pantalones raídos, una estantería de libros específicamente para niños y no una enciclopedia de los Beatles.
—Bien—dijo madame Wiglaf cuando cerraron la puerta de la habitación que se suponía sería de Nina—todo está en orden.
— ¿Cuándo dice eso, quiere decir que…?—Ivanka dejo la frase al aire para que la mujer la completara, lucía nerviosa pero extrañamente complacida.
—Quiero decir que ya he visto lo que tenía que ver—dijo ella alzando la cara, imponente—haré mis evaluaciones finales y entonces tendré una respuesta para ustedes.
—Es que…
—No me presioné, señora von Ziegesar—la cortó madame Wiglaf impacientemente, miro a Nina y suavizó la expresión— ¿Qué te parece? ¿Te gusta?
—Hum…
Nina mira a Sirius, como a la espera de que él conteste por ella.
—No tienes por qué esperar a que él diga algo—tercio madame Wiglaf inclinándose para estar a la altura de la pequeña, Sirius no pudo evitar rodar los ojos—te lo pregunto a ti, todo esto se está haciendo por ti.
—Sí, ya sé—soltó Nina algo molesta—pero yo no quiero, yo quiero ir a mi casa con mi papá, mis tíos y Harry.
Hubo un minuto de silencio en que Ivanka y Amanda cruzaron una fugaz mirada que Sirius no pudo interpretar pues era cosa de mujeres.
— ¿Has considerado la otra opción?—cuestionó Amanda amablemente—digo, vivir aquí, con tu madre.
—Yo…—Nina miro a su alrededor—solo quiero ir a casa.
—Bien—Amanda se irguió—el fin de semana la niña tiene que pasarlo con su madre.
— ¿Qué?—saltó Sirius con los ojos como platos.
Ivanka sonrió triunfante mientras que Nina bajo la mirada al suelo.
—Creo que la señora está en desventaja porque Nina no la conoce—explico caminando hacia la puerta—y será una oportunidad para que se conozcan mejor, debe ir a recogerla el viernes por la tarde y dejarla en su casa el domingo en la noche ¿entendido?
—Sí—dijo Ivanka alegremente—todo se hará correctamente, como usted diga.
—Hasta luego.
Entonces madame Wiglaf salió de la casa caminando un poco y girando sobre sí misma para desaparecerse.
—Nos vemos el viernes, entonces—dijo Ivanka plantándole besos a Nina en cada mejilla—te quiero.
—Sí, sí lo que sea—intervino Sirius poniendo la mano para que Ivanka no la abrazara, ella le miro furiosa y si no fuera porque Nina estaba presente le hubiera soltado un buen golpe.
Los dos estaban tan concentrados en desearse lo peor con la mirada que no se dieron cuenta que Nina se había echado a correr por el patio hasta llegar a la verja.
— ¡Tressa!—chilló haciendo que Sirius se volviera y formara una enorme y sincera sonrisa.
Ivanka lo supo.
Era tan obvio.
Y aun así, el plan perfecto.
—Esto…—iba diciendo Frank mirando a todos lados en busca de algo que les ayudara a salir del apuro—creo que será mejor sí…
— ¡Tú y tú!—chilló Molly roja hasta las orejas, señalaba a James y Remus que se empequeñecieron en sus lugares al sentir el dedo acusador de la pelirroja en su dirección.
—Quiero una explicación, ahora—ordenó Dromeda respirando rápidamente, fulminando a Sirius con la mirada.
—Al estudio—sentenció Alice mordazmente.
—Cariño, no debes alterarte—musitó Frank pero fue callado con la mirada que le dirigió su esposa—está bien, pero no grites mucho—de nuevo la cara de Alice le advirtió que no estaba para esos comentarios—tú ganas.
—Señoras, tengo que hacer mi trabajo—dijo madame Wiglaf confundida por la actitud de las tres mujeres furiosas—así que si me permiten…
—Será solo un momento—contestó Dromeda llevando una mano hacia su varita, un movimiento que fue casi imperceptible para todos, menos para los tres merodeadores asustados.
Sirius no paraba de lanzar miradas ansiosas al piso de arriba donde Tressa lo esperaba, ojala que ella no hubiera escuchado los chillidos de Constance.
—Pero…
—Bien.
Alice llego hasta a Sirius y de un empujón apartó a Constance que apretó sus brazos fuertemente alrededor del cuello del chico, como una serpiente que se enrosca en su presa. Pero para Alice y sus hormonas no había rival así que con una mirada ella se apartó. Dromeda cogió a James del brazo al igual que Molly con Remus y se metieron al estudio ante las miradas atónitas de Frank, Ted y Arthur, el ceño fruncido de Nina y Harry.
Cuando la puerta se hubo cerrado, Sirius movió la varita apuntando hacia la puerta.
—Bien, no eres tan tonto como pareces—soltó Alice apretando los puños con fuerza.
—Esperen, es que nosotros no…—trataba de hablar Remus con voz tranquilizadora.
— ¡Cierra la boca!—rugió Molly dando un golpe al escritorio que los sobresaltó a tal grado que se apiñaron unos contra otros.
—Sirius—habló Dromeda aspirando hondo, sin duda tranquilizándose—estoy tratando de encontrarle lógica a todo esto, pero por más que lo intento no lo consigo así que…—su paciencia llego al límite y entonces, sin previo aviso, gritó— ¿CÓMO RAYOS ES QUE TIENES EL CINISMO PARA ESTAR CON TRESSA CUANDO LLEGA OTRA Y DICE QUE ES TU NOVIA?
—Dromeda, es que no…
— ¡Me has estado viendo la cara todo este tiempo!—chilló Molly fuera de sí— ¡Me has tenido de tonta creyendo que estabas con Tressa de manera formal!
Disimuladamente, James y Remus se habían apartado de Sirius que rápidamente era acorralado por las mujeres.
— ¡Eres un desgraciado!—le espetó Alice cogiéndose la prominente barriga, Sirius ya no sabía ni dónde meterse— ¿CÓMO PUEDES HACERLE ESO A TRESSA DESPUES DE TODO LO QUE HA HECHO POR TI?
—Alice, si me dejaran…
— ¡Y ustedes!—saltó Molly girándose a tiempo para ver que Remus y James trataban de huir.
— ¿Cómo es que aceptaran ser su tapadera?—recrimino Alice, las aletas de su nariz temblaban debido a la furia.
—Nosotros…
— ¡Sobre todo tú, Remus!—era obvio que más que molesta, Molly estaba decepcionada—no puedo creerlo.
—Lo que importa aquí no eres tú—Dromeda miraba con dureza a Sirius que vagamente recordaba a Walburga regañándolo, se parecían tanto, algo que lo estremecía— ¿Te das cuenta de que no eres solo tú? Por si no recuerdas tienes una hija—James y Remus tenían la vista clavada en sus zapatos, sin atreverse a mirar a Sirius—esa niña necesita una mano femenina que ninguna de nosotras podemos darle y todas estas…—dudo un segundo—estupideces que estás haciendo no le ayudan en lo más mínimo ¿viste su cara? Claramente estas confundiéndola, así que te sugiero que pienses primero en su bienestar que en el tuyo o tus placeres. Eso es lo que hace un padre.
Golpe bajo, pensó James.
—Dromeda tiene razón—tercio Alice más calmada.
—No estás en posición de hacer estupideces—dijo Molly aun enfadada—esto podría hacer que Nina fuera a vivirse con su madre.
Y una a una fueron saliendo del estudio, dejando a Sirius demasiado pensativo.
—Yo… iré a atender a madame Wiglaf—murmuró Remus y también salió.
— ¿También lo crees?—preguntó Sirius a James que tenía intenciones de irse.
—No existe una guía para ser buenos padres—contestó James resoplando—sería demasiado fácil.
—Creía que estábamos haciéndolo bien…
—Y es cierto, el único problema es que ambos sabemos que extrañas tu antigua vida—Sirius alzó la vista—todos estos años has estado reprimiéndote, tratando de sobrellevarlo pero luego aparece ella y es por eso que tienes… lo que sea que tengas con Constance, porque ella representa lo que a ti te gustaba, antes.
—Es que…
—Entonces giras la cabeza y te encuentras con Tressa—James sonrió al ver la cara de su amigo nada más mencionarla—no es la belleza andante pero ella es…
—Ya lo sé—lo cortó él—solo que…
—No quieres aceptarlo—ambos se quedaron en silencio, solo roto por las risas de los niños en el jardín que les advertía que volvían a jugar—tomate tu tiempo y espero que no seas tan orgulloso para dejarla ir.
*—*Hola—saludó Tressa cargando a Nina que la abrazo gustosa.
— ¿Qué haces aquí?—preguntó ella contenta.
—Le dije que viniera por nosotros—dijo Sirius dándole un beso en los labios a Tressa, ambos sonriendo— ¿Es malo?
—No, claro que no—Nina había cambiado radicalmente de humor, ahora parecía que reventaba de felicidad y comenzaron a caminar calle abajo— ¿Podríamos ver películas?
— ¿Quieres?—preguntó Sirius cogiendo la mano de Tressa.
—Vamos—dijo sonriente.
—Me voy a la cama—sentenció James estirándose perezosamente—andando, hijo.
—Quiere ver el final—contestó Harry atiborrándose la boca con palomitas de maíz.
—Mañana hay escuela.
—Pero…
—Andando…—miro a Tressa tan amable como siempre—buenas noches, Tress.
—Buenas noches—contestó ella.
— ¡Papá!—se quejó Harry cuando James lo cogió por los pies y lo cargo boca abajo, como era su costumbre y ambos salieron del salón.
—Tengo que irme—soltó Tressa consultando el reloj de pared, pero entonces Sirius la jaló hacia sí y la besó—esto…
—Acompáñame a dejarla a su cuarto.
Ella asintió, Sirius cargo a Nina con cuidado. Subían por las escaleras que eran iluminadas a intervalos por la luz de las farolas del jardín y la entrada principal; al pasar por la habitación de Harry podían oír que estaba charlando con James, igual que todas las noches antes de dormir, Remus debía estar durmiendo ya porque no oían ruido. Nada más dejar a Nina sobre la cama y arroparla salieron al pasillo aún pisando cuidadosamente.
—Bueno…
Sirius miraba a Tressa de una manera que hasta entonces no lo había hecho. Ella sabía lo que seguía a continuación, estaba segura y el nerviosismo la delataba,
—Entonces…
No hizo falta decir nada más.
Remus estaba acostado en su cama, mirando al vacío. Pensando más bien, dejando que su mente divagara y lo llevara a los recuerdos más doloroso, porque después de todo el ignorarlos no le hacía sentir mejor, porque hacer como que no había pasado no servía de mucho, todavía dolía.
Que tonto había sido pensar que podía enamorarse, ser correspondido y vivir feliz para siempre. Estúpido. Porque eso no sucedía más que en los cuentos de hadas que solía leerle a Nina, porque Harry tenía razón al decir que esas eran puras tonterías. Un niño de ocho años que sabía más que él acerca del amor. Vaya, y pensaba que ya lo había visto todo.
—Tengo que irme, Remus—decía Hera con el llanto atorado en la garganta y la voz amenazando con quebrársele—me necesitan, mi familia; debo hacerlo.
—Pero…
—Ahora soy yo quién se hará cargo de esos niños—decía Hera rota por dentro—son míos ahora.
—Iré contigo.
—No—dijo con determinación—no, tu vida está hecha en Londres, no tendrías nada que hacer allá, lo siento, no puedo permitirme ser egoísta y pedirte que vengas conmigo, ellos te necesitan más que yo—Hera miro una foto de James, Harry, Nina y Sirius—si tu no estas ¿Quién les evitara vivir como cavernícolas?—y soltó una risita que disimuló su sollozo.
—No hagas esto.
—Tengo que hacerlo, han pasado de ser mis sobrinos a ser mis hijos…
Hera.
Se había ido hacía tiempo, pero su partida dolía como si hubiera sido ese mismo día. Porque ella había tenido que volver corriendo porque su hermana y su marido habían fallecido, dejando a dos pequeños huérfanos que ahora estaban a su cargo.
No podía reprochárselo, ella tenía que ir porque él lo haría por Nina y Harry. Porque así como ellos no lo tendrían fácil para hacer su vida en otro lugar, tampoco esos dos niños.
Y era esa la razón por la que ahora él estaba solo, sin nadie con quién compartir su cama.
—Déjalo ya, Remus—se dijo a sí mismo antes de meterse cerrar los ojos y quedarse profundamente dormido.
Sirius sabía que era demasiado bueno haciendo todo lo que se proponía, más si se trata de… *eso.*Porque los gritos ahogados y las expresiones no pueden fingirse, era demasiado bueno detectando las mentiras y justo ahora podía decir que no era el único que era bueno haciendo cosas. El especio a su alrededor era demasiado perfecto para ser verdad, ya no veía el tapiz azul de su habitación, ni el armario ni la mesa de noche; todo había perdido sentido, ahora solo existía él y Tressa. Ella, su contacto, sus caricias, sus besos…
Nada más cerrar los ojos y sentirse extasiado, un vaivén sincronizado, ellos dos eran como dos piezas que encajan en un todo, a la perfección.
Casi como una enfermedad que se extiende por el cuerpo de una persona, sin importar nada; solo se ajusta completamente.
Así era, él y ella.
Jamás se había sentido así, nunca. Ahora entendía lo que decía James, hacer el amor no es lo mismo que tener sexo.
Era estúpido y un poco patán decirlo pero estaba seguro ahora que tenía Tressa encima de su pecho desnudo, acariciando su cabello, dibujando cosas en su espalda.
Porque él…
—Te amo Sirius Black—murmuro dándole un beso en la frente.
Entonces…
Todos esos recuerdos borrosos que volvieron nítidos y concisos. Era ella ¡Tressa era la chica con la que se había costado esa noche! Cuando Constance lo dejo ebrio en el restaurante él había corrido a la casa de Tressa, sabía su dirección porque había hurgado en su expediente. Recordaba haberla encontrado en ropa de dormir, cruzaron un par de líneas y entonces se abalanzó sobre ella como un león feroz. Y después…
— ¿Qué has hecho de mí?—preguntó horrorizado.
¡¡¡WTF!!!
Vamos, díganlo, sé que se mueren por decirlo xD
Me he quedado muda con mi propio capítulo más si tomamos en cuenta que me llevo poco más de un par de horas armarlo, hubiera vuelto antes pero me he tenido leyendo como loca En llamas y Sinsajo :O
Como sea, espero que les guste, como ya dije, me siento muy satisfecha, así que agradecería que se pasarán a comentar y me dijeran que opinan al respecto, lo sé, pobre James sin Lily pero… ¿qué se le puede hacer? Solo tratar de sobrellevarlo y por fin (¡sí por fin!) sabemos porque Hera dejo a Remus ¿Algo bobo? Supongo que no, Remus tiene una vida en Londres que él sabe que extrañaría de irse a otro lado, así que por ese lado debe sentirse tranquilo consigo mismo :D
Y que, Sirius, como era más que obvio si saben leer entre líneas, se había metido (literalmente) a la cama de la pobre, pobre Tressa, ni tan pobre porque ahora se lo ha tirado por segunda ocasión >.< cof cof maldita cof cof
Jajajaja me ha encantado como Harry cambia de opinión de Frankie al verla beber leche xD o las comparaciones de la mansión con la casa de Ivanka, quizá crean que sea un muladar o un chiquero pero creo que alguien exagera porque creer que la ha cagado D:
Espero leerlos en los muchísimos comentarios :P
Un beso con sabor a Merodeador que está en proceso de recordar**J