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Harry Potter Black Lupin — capítulo 36

—Tengo algo que decir—iba diciendo Sirius con nerviosismo, moviendo rápidamente las manos, como un acto reflejo—no sé cómo empezar—rió nervioso—solo paso y ya, ni cuenta me di—se lamentó bajando la mirada—yo que siempre he dicho que no, yo que me llenó la boca diciendo que esas son boberías—negó con la cabeza—y ahora, heme aquí; con los nervios hechos trizas y sin saber que hacer—hizo una larga pausa, respiro hondamente antes de animarse a alzar la cabeza para mantener la frente en alto—porque sinceramente no sé qué pensar, no sé cómo sentirme al respecto; no sé cómo deberíaactuar—se pasó las manos por la cara, desesperado—este no soy yo, yo no soy así. Yo soy… yo soy…—miro a todos lados, como a la espera de algo o alguien le dijera lo que debía decir al respecto— ¡¿¡Quién soy yo!?!

— ¿Tressa?—dijo Remus extrañadísimo, mirando hacía el recibidor— ¿Eres tú?

—Esto…—Tressa salió de detrás de la puerta con el pelo enmarañado y con una bota en la mano, Remus jamás la había visto tan sonrojada—yo… no debería estar aquí.

—Son las seis de la mañana—iba diciendo Remus consultando su reloj de pulsera— ¿Qué…?—pero sus ojos se abrieron de par en par cuando cayó en la cuenta— ¡Oh!—exclamó incómodamente—yo…

—Lo siento, Remus, lo siento mucho—dijo ella.

Y antes de que pudiera completar media palabra, salió corriendo.

— ¡Sirius!—gritó el licántropo hecho una furia mirando el techo— ¡SIRIUS!

—Papá ¿Te digo algo y no te enojas?—preguntó Harry tímidamente mientras James le sacaba el uniforme para que se lo pusiera.

—No sé, depende—dijo sin girarse, yendo de un lado a otro.

—Pues… tú dices que ser un traidor es lo peor que una persona puede ser ¿no?—dijo dubitativo, sin atreverse a mirarlo a los ojos.

—Sí—contesto distraídamente pero al ver la actitud de Harry se acercó a él— ¿De qué va todo esto? ¿Pasó algo que debería saber?

—Hum…—Harry se tapó la cabeza con las cobijas—no sé, creo que sí pero no quiero que te enojes conmigo.

— ¿Qué paso?—preguntó James un poco serio, tratando de sacarlo de debajo de las cobijas—lo mejor sería si estamos cara a cara.

—No quiero ser un traidor—decía Harry—pero es que…

— ¿Qué hiciste, Harry?—dijo James preocupado.

— ¡Soy amigo de Frankie!—gimió él saliendo por fin de las cobijas, su cara estaba contorsionada en una mueca de confusión y miedo.

— ¿Qué?—saltó James poniéndose de pie de un brinco— ¿Qué Frankie?

— ¿Cuántas Frankie conoces?—dijo Harry incrédulo, su padre frunció el ceño—pues de Frankie Kyteler, pero papá, antes de que te enojes debo decir que casi me obligo.

— ¿Cómo?

James se volvió a sentar en la orilla de la cama de Harry, aún sin saber que pensar.

—Es que…—el pequeño Harry suspiro, algo que le sorprendió a James—ya sé porque Frankie le hace de niñita retorcida, papá.

— ¿Ah sí?—James se inclinó hacia adelante, instintivamente— ¿Qué puede ser tan poderoso como para que esa niña y su mamá odien al mundo?

—Bueno, Frankie me contó que…

— ¿Se puede?—era Sirius que llamaba a la puerta aun cuando ya estaba abierta, de lo que era una enorme habitación.

— ¿Qué quieres?—preguntó Constance sin mirarlo a los ojos—estoy ocupada, por si no te das cuenta, yo si trabajo.

—Quiero hablar contigo—dijo sin esperar a que ella le invitara a sentarse—necesito hablar contigo—aclaró seriamente.

—Dudo que tengamos tema de conversación—sentenció Constance dejando de lado su trabajo para verlo a los ojos, con profunda antipatía—todo ha quedado muy claro, así que por favor vete.

—No—Sirius se pasó la lengua por los labios, pensando que era lo que debía decir a continuación—tienes que saber que yo…

—Eres lo que eres—lo cortó Constance con la voz quebrada—eres un hombre que no sabe comprometerse, no sabes lo que significa pertenecer a otro. No sientes esa necesidad de tener a alguien con quien puedas ser tú mismo, porque simplemente no te gusta necesitar a alguien más que no seas tú, Sirius y eso… quizá tú puedas vivir así pero yo no, lo siento.

Era raro ver como la máscara fría y cínica de Constance, estuviera cayéndosele ahora mismo; porque a cada palabra, los ojos se le llenaban de lágrimas. Sirius sintió que el piso que tenía debajo de los pies se evaporaba y caía en la curda realidad que se había negado a aceptar desde que tenía memoria. Porque ella tenía razón: porque esa posibilidad de necesitar a alguien la había alejado de su vida nada más ser consiente de cómo eran las cosas con su familia, recordar la de veces que se aguantó el llanto al sentir el desprecio de su madre o la intolerancia de su padre hacia él se había hecho de una buena armadura que le impedía sentirse triste o *solo.*Porque de esa forma podía decir que era él quién elegía alejarse de todos ellos, así era más fácil sobrellevar el dolor que sentía y mantenerse firme en todo lo que hacía y decía, sin dudar un segundo.

Ahora estaba ahí, frente a Constance, frente al mundo, negándose a aceptar lo que su corazón sentía; lo que su interior le pedía a gritos, aporreando cada centímetro de su cuerpo, exigiendo la compañía de aquella chica.

Pero esa armadura llevaba años protegiéndolo. Si había algo fácil, no era aquello.

—Lo siento, Constance—atinó a decir poniéndose de pie, caminando hacia la puerta—lo siento tanto.

—No más que yo.

—Eres perfecta para mí—dijo Sirius antes de salir de su oficina.

—Pero ella es perfecta para ti y tú hija—completó Constance componiendo una sonrisa altanera, igual que siempre.

James no se lo podía creer. Iba caminando por el ministerio como zombie. Porque ni en un millón de años hubiera podido imaginarse que todavía existieran ese tipo de cosas; era como salir del agua tras haber estado mucho tiempo debajo, sin poder respirar. Salir a una realidad alterna donde comprendía lo que hasta hacía unas horas no tenía explicación lógica, al menos no para sus ojos.  Ahora se sentía demasiado culpable, entendía a Harry y lo que lo había empujado a aceptar ser amigo de esa niña, no podía culparlo, él hubiera hecho lo mismo, y aunque su hijo lo negara, sabía que la niña no le había puesto una pistola en la cabeza para que aceptara ser su amigo. Harry lo había hecho porque tenía la bondad y el buen corazón que siempre caracterizó a Lily. Menos mal.

—… ¡YA LO SÉ, YA LO SÉ!

Sacudió la cabeza, tratando de concentrarse en los gritos que oía.

— ¡PUES NO PARECE, CADA DÍA HACES COSAS PEORES…!

Giro a la derecha, luego a la izquierda, dio unos cuantos pasos antes de volver a girar a la izquierda; todos en el cuartel miraban hacia un punto exacto, a donde él se dirigía.

— ¡LO HAGO LO MEJOR QUE PUEDO!

—Hola, chicos—saludó James a un grupito de magos que charlaban lanzando miradas hacia la esquina del cuartel— ¿Cómo va todo?

—Ah, James—dijo uno, que tenía el pelo rubio, miro a los otros que parecían incomodos—eres tú, sí, sí todo bien.

— ¡YA BASTA, TIENES QUE DECIR LA VERDAD!

— ¿Quién rayos está gritando?—preguntó James harto de tanto escándalo.

— ¡James!—legó corriendo a su lado Frank, jadeando— ¡James!

—Hola, Frank—le palmeó la espalda amigablemente— ¿Qué te pasa?

—Tienes que venir—logró decir el hombre—Remus y Sirius están a punto de irse a los golpes, no sé qué les pasa.

— ¿Qué?—James ya corría hacia el cubículo de Sirius, seguido de Frank; nada más entrar para ver que Sirius estaba rojo hasta las orejas, miraba furioso al licántropo que no se inmutaba y le devolvía esa mirada asesina— ¿Qué rayos pasa aquí?—exigió saber poniéndose en medio de los dos, pues estaba seguro que una palabra más para empezar a pelearse a golpes.

— ¡Anda, dile a James tu última gracia!—saltó Remus haciendo rechinar los dientes— ¡Cuéntale lo que has hecho anoche!

— ¿De qué diablos está hablando?—preguntó James girándose a Sirius que no apartaba los ojos de Remus— ¡Sirius!

—Nada, no ha pasado nada—musitó él tratando de no gritar y de calmarse un poco.

— ¿Qué no ha pasado nada?—chilló Remus soltando una amarga carcajada, James enarcó una ceja—pasa que esta mañana me levanté y vi salir a Tressa de la casa.

— ¿Y qué?—preguntó James confundido, Sirius bajó la mirada al suelo, esperando el rugido de su amigo.

— ¡Eran las seis de la mañana!—estalló Remus— ¡Ya sabes lo que significa!

—Oh por Merlín—James se tapó la boca con las manos— ¡Sirius! ¿Cómo pudiste?

—Ni que fuera la gran cosa—murmuró él fastidiado—ella es adulto y yo también, los dos quisimos, nadie nos obligó a nada, así que esto no les importa a ninguno de los dos.

—No es por eso—dijo James mirando a Remus en busca de ayuda, pero él se cruzó de brazos, enfadado—es por lo de… bueno, Sirius por lo de Constance ¿Qué con ella?

—Se ha terminado—contestó Sirius—así que no tienen por qué preocuparse porque tampoco tendré nada que ver ya con Tressa.

— ¿Qué?—ahora Frank se unió al grito de James y Remus.

—Ya no quiero estar con ninguna mujer, listo—dijo Sirius manteniéndose firme—seremos Nina y yo.

— ¡Después de todo lo que le has hecho a Tressa! ¡La has engañado con Constance y ahora esto!—dijo Remus indignado— ¿Y te atreves a dejarla?—apretó con fuerza los puños—no me lo puedo creer de ti, Sirius, realmente me has decepcionado.

Remus no espero a que Sirius se defendiera y salió del cubículo empujándolo con el hombro al pasar a su lado.

—Bien, si has tomado esa decisión será por algo—dijo James gravemente—pero no hay vuelta atrás, Sirius, piénsalo bien—miro a Frank—andando.

— ¿Tressa?—dijo entonces Frank.

Pero ella ya corría hacia la puerta del cuartel.

—Mierda—dijo James palideciendo— ¡No ha escuchado!

You're going to lose that girl

You're going to lose that girl.

If you don't take her out tonight,

She's going to change her mind,

And I will take her out tonight,

And I will treat her kind…

—Que mierda de canción—comentó Sirius rodando los ojos—no sé porque poner esa música en un festival.

—Relájate, Canuto—le dijo James sonriéndole mientras movía la cabeza al ritmo de la canción—diviértete.

—Sí, supongo.

Sirius se rascó la cabeza, pensativamente. Hacia dos semanas que había dejado de ver a Tressa y Constance, dos semanas de estar solo; porque ahora estaban en el colegio de Harry y Nina disfrutando del festival anual del día de los padres. Pero ni siquiera se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor, estaba demasiado ocupado pensando en su decisión como para prestarle atención a Ivanka y su loco fin de semana con Nina que pasó sin nada relevante.

Nina se había negado a cooperar y según lo que Ivanka le dijo a Sirius, la niña se limitó a comer y dormir porque no había querido salir a pasear ni mucho menos jugar con ella. No era algo que le gustara, después de todo, aceptaba a regañadientes que aunque Ivanka la abandonara, ahora veía sinceridad en su trato para con la niña. Y si a Nina le hacía feliz tener a su madre cerca, él no se lo iba a impedir. Solo esperaba que desistiera de la idea de llevarse, porque entonces no iba a tener consideraciones con ella.

Era extraño, porque se sentía vacío.

Y solo cabía una posibilidad.

La extrañaba. Y mucho.

— ¡Atención, atención por favor!—decía la directora a través de un micrófono; todos los padres dejaron de hablar dejando tras de sí un silencio solo roto por una que otra risita—Bien, ahora tomen asiento en sus respectivos lugares.

— ¿Dónde…?

— ¡Aquí, papi, aquí!—decía Nina moviendo la mano para hacerse notar.

Estaba en una de las primeras filas, justo en medio de donde estaba el escenario. Traía puesto un disfraz de mariposa que Remus le había hecho para su acto.

—Bueno, nos vemos ahora—dijo Sirius palmeando la espalda de James al pasar por su lado.

—Vale—el chico giro en todas direcciones en busca de Harry pero el mar de adultos le impedía localizarlo— ¿Dónde estás, Harry?

— ¡HOLA!—gritó alguien jalándole el suéter.

—Hola—saludó James tapándose la oreja pues el grito lo había sobresaltado, no se había fijado bien en que la Catarina que tenía a su lado era Frankie—oh, hola—dijo más animado, sonriéndole incluso.

—Hola, papá de Harry—dijo Frankie con una enorme sonrisa—Harry y yo somos amigos.

—Sí ya sabía—James sabía la historia de las Kyteler y no podía evitar sentirse mal, así que ahora miraba con otros ojos a Frankie—hum… que lindo vestuario.

—Mi mami lo hizo—informó la niña encogiéndose de hombros—a ella no le gustan las manualidades pero cuando se trata del día de los padres ella lo hace mejor que cualquier hombre.

—Claro, claro—dijo James contrariado, junto a ellos estaba uno de los muchos puestos que ponían en ese tipo de festivales donde vendían malteadas— ¿Quieres?—le preguntó estirando la mano para que se la cogiera.

— ¡Sí!—chilló Frankie contenta, sin aceptar la mano que James le ofrecía.

—No sé cómo agradecértelo, Remus—decía Anne algo nerviosa—aunque sé que también vienes por Harry y Nina.

—No tienes nada que agradecer, Annie—replicó el chico amablemente—lo hago porque me gusta, además ¿Qué clase de padrino y tío sería si Nina y Harry no ven por aquí?

—Aunque ya tienen suficiente con Sirius—siseó Anne fulminando con la mirada a Sirius que estaba unos metros más adelante.

— ¿Cómo está?—preguntó Remus cambiando radicalmente la expresión de su rostro.

— ¿Tú cómo crees?—repuso ella alzándose de puntitas para buscar a Frankie, luego se fijó en el rostro cabizbajo de su amigo—lo siento—pero su tono de voz no se suavizó—esto no es realmente  tu culpa pero si hubieras hablado entonces Tressa estaría mejor.

—Ya, me siento sumamente mal—el licántropo negó con la cabeza—y lo peor es que no sé qué hacer para reparar el daño.

—El que debe hacer algo es Sirius, no tú—Anne comenzaba a ponerse nerviosa al no dar con su hija—así que no te sigas culpando porque las desgracias del mundo no son siempre tu culpa.

—Eso espero comprenderlo algún día.

— ¿Qué…? ¡Frankie!

Cuando Remus se dio cuenta, Anne ya había salido corriendo en dirección opuesta a la que iban, se dio cuenta del porqué del chillido enfurecido de su amiga. Y es que James venía cargando a Frankie, los dos divertidos, riendo.

— ¿Qué pasa?—preguntó Remus lanzándose hacia ellos.

— ¡Wow!—exclamó Sirius con una enorme sonrisa cuando Harry entró en su campo visual— ¡Eh, aquí, Harry, aquí!

—Danny, llámame Danny—dijo Harry acomodándose el cuello de su chaqueta, el mismo gesto coqueto que Sirius solíahacer.

—Te ves tan genial, ahijado—comentó Sirius revolviéndole más el pelo mientras Harry sonreía de oreja a oreja—me siento tan orgulloso.

—Padrino, yo soy el protagonista—decía Harry quitándose las gafas de sol que su padre le había prestado para completar su atuendo— ¡Se supone que el protagonista es guapo y coqueto!—chilló emocionado.

—Sí, bueno, eso ya lo eres sin fingir nada—dijo Sirius contento, guiñándole un ojo— ¿Dónde está James?

—No sé, lo estoy buscando—Harry frunció la boca—si lo ves dile que mi espectáculo es el primero.

—Ea—Sirius lo codeó— ¿Y quién es Sandy?

—Esa castaña—Harry señaló con la cabeza hacia atrás de él, muy disimuladamente.

Era una niña de la edad de Harry, con el pelo castaño y amarrado en una coleta alta; tenía tenis y falda hasta debajo de las rodillas, una blusa sencilla y un pañuelo atado a su cuello.

—Es bonita—comentó Sirius inocentemente.

—Me gusta—confesó Harry poniéndose rojo.

—Ah ¿En serio?—preguntó su padrino sintiendo que reventaba del orgullo— ¡Con razón aceptaste hacer esto!—le acusó divertido, Harry bajó la mirada al suelo— ¡Pues pídele que sea tu novia!

—No, ella es…—Harry la miro de lejos—es muy mandona, creo que le caigo mal.

—Hum… algo se podrá hacer al respecto—opinó él pensativamente— ¿Cómo se llama?

—Hermione Granger.

— ¡Niños, niños, a sus lugares!—chillaba la voz del micrófono— ¡Estamos por iniciar!

—Y de todas formas ¿Por qué se enoja?—quiso saber James con el ceño fruncido cuando estaba ocupando su lugar junto a Remus—no estaba haciendo nada malo.

—Déjalo así, Cornamenta—le dijo Remus poniendo los brazos en jarras—jamás lo entenderías.

—Sé lo que oculta—dijo James con un deje de misterio, su amigo so sorprendió muchísimo y se removió en su lugar—oh sí, Remus, lo sé y… aunque no creas, hasta me siento mal por ellas.

—Sí lo sabes, entonces jamás digas que lo sabes.

Y antes de que James pudiera hacer algo, Remus pidió silencio pues el festival comenzaba.

We go together, like rama, lama, lama, kadingy, kading-a-dong

remember forever, as shoowop, shoowally, wally, yippity, boom-de-boom

chang-chang, changadee-chang-chibop, that's the way it should be, wahoo,yeah

…

Era increíble como Harry se desenvolvía tan bien en el escenario; porque aunque ese niño fuera un diablo, no quería decir que no le diera pena hacer ciertas cosas. Porque bailaba lo mejor que podía aun cuando había heredado los dos pies izquierdos de James, pero hacía un gran esfuerzo por mover la boca a la par de la canción. Todos los pequeños se habían puesto de pie, dispuestos a bailar: Frankie y Nina se movían y reían como locas, cogidas de la mano.

Y entonces Sirius lo supo. Harry hacía ese enorme esfuerzo porque le gustaba Hermione, solo por estar junto a ella. Solo por eso.

— ¿Sirius?

— ¡Voy a por ella!—chilló Sirius contento, pasando como flecha junto a Remus y James que no entendían su actitud— ¡Con Tressa!

—Eh, eh ¿Dónde está Tressa Moore?—preguntaba Sirius como loco, nada más poner un pie en el ministerio, la gente que se pasaba por ahí se le quedaba mirando asombrado— ¿Alguien sabe dónde está?

— ¿Quién?—quiso saber un mago ancianito que se detuvo a su lado.

— ¡Tressa Moore!—gritó Sirius a la desesperada.

—Ah, no la conozco—dijo el mago y se metió a una chimenea.

—Gracias—ironizó corriendo hacia el cuartel de los aurores.

—Pierdes el tiempo.

— ¡Frank, hola!—saludó aliviado— ¿Dónde está Tressa?

—Se ha ido—contestó el chico.

— ¿Qué? ¿A dónde? ¿A su casa?

—No, Sirius, lo siento; ha ido esta mañana a despedirse de Alice.

— ¿Qué?—gritó Sirius horrorizado.

— ¡Estaba por coger el traslador, ve a alcanzarla!

No hizo falta que se lo dijera dos veces, porque ya corría desesperadamente, para llegar al lugar donde se programaban los trasladores…

— ¡Tressa, Tressa…!—entonces la vio, allí estaba ella, con un abrigo que le cubría hasta el cuello, los ojos hinchados y enrojecidos, con un dedo sobre una copa de vidrio polvorienta—Tressa—apenas si movió los labios.

—Eres todo, menos lo que creí—musitó la chica con una profunda tristeza que hizo que a Sirius se le partiera el corazón y se le cayera la cara de vergüenza, porque prefería mil veces ver odio en sus ojos en lugar de decepción.

—Espera, hay que hablar, aclarar las cosas—notaba como su voz tenía una nota de súplica. Pero un resplandor comenzó salir de la copa, iluminando también a Tressa— ¡No te vayas, espera!

Parpadear una vez para que al siguiente momento, Tressa se hubiera esfumado.


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P.D. You're going lose that girl, The Beatles w

P.D. We go together, Grase :)