Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Harry Potter Black Lupin · de

Harry Potter Black Lupin — capítulo 38

—Tendríamos que haber previsto esto—decía Remus con voz preocupada, Sirius y James asintieron confirmando sus palabras—creo que esto supondrá un problema y uno muy grande.

— ¿Qué hacemos entonces?—preguntó James cruzándose de brazos—no podemos no hacer nada, digo, independientemente de todo, nosotros somos los que tomamos las decisiones.

James se les quedo mirando, como a la espera de que alguno de los dos dijera algo que apoyara o desmintiera sus palabras. Los tres estaban sentados a puerta cerrada en el salón de la mansión; Harry había ido a la Madriguera y Nina con los Longbottom, ahora no podían tenerlos juntos en la misma habitación por más tiempo del debido. Harry no le perdonaba a Nina el hecho de que anduviera divulgando a los cuatro vientos que le gustaba una tal Hermione Granger y ella no podía soportar que él no le hubiera dicho nada. Aunque sabían perfectamente que lo que más le podía a Nina era el temor de perder a Harry.

—No voy a permitir que esos dos se alejen por tonterías—afirmó Remus con mucha convicción.

— ¿Qué propones, Lunático?—inquirió Sirius cambiando de postura— ¿Hablaras con Nina? Eso no funciona, créeme, la última vez me saco a patadas de su habitación. Esa niña necesita un correctivo—aseguro con un tono de reprobación nada usual en él, algo que hizo que sus amigos sonrieran disimuladamente.

—Y hablar con Harry tampoco funciona—tercio James—a veces creo que esos niños tienen el control sobre nosotros aun cuando debería ser al revés.

—Estoy pensando que podríamos complacerlos a ambos—dijo Remus pensativamente, haciendo un ademán extraño con la mano, como para alentarlos a pensar con él—Nina alega que es su cumpleaños y se hace lo que ella diga y Harry dijo que si no podía invitar a Hermione entonces él no estaría presente en la fiesta ¿verdad?

—Hubo gritos y una que otra mala palabra—recordó Sirius—pero sí, en resumen eso fue o al menos eso entendí ¿Tú que dices, Cornamenta?

—Podría funcionar—dijo él, con una enorme expresión de a quién se le acaba de ocurrir una idea genial—habría que llegarle al precio a Nina porque Harry no va a dar su brazo a torcer es tan necio como mi Lily.

— ¿Al precio?—repitieron los otros dos, sonriendo triunfante porque habían comprendido lo que James quería decir.

—Es todo o nada—sentenció Nina alzando la cara, muy dignamente.

—Pero…

— ¡He dicho!—exclamó la pequeña imitando a su padre.

—Bien, tu ganas—dijo Sirius resoplando—solo diré que no será en este preciso momento.

—Ya lo sé—dijo ella cruzándose de brazos—quiero que sea en el verano y quiero que Frankie y Ginny vengan, sino, no hay trato.

— ¡De acuerdo!—soltó algo enfadado.

—Genial entonces, Harry puede traer a su amiga.

Y dicho esto, Nina salió de su habitación brincoteando y riendo triunfante mientras que Sirius no sabía si había estado bien aquello o no. La verdad que no se había detenido mucho a sopesar las consecuencias de lo que acababa de hacer.

—Merlín, Molly—iba diciendo Alice ayudándola a preparar los bocadillos de la fiesta de cumpleaños número ocho de Nina; Frank, Remus y James estaban en el jardín, peleándose con el inflable de castillo que por más que trataban no quedaba como debía, Dromeda le daba instrucciones a Ted y Arthur para colocar los adornos con gracia mientras que Anne y Sirius acomodaban las sillas y las mesas—yo creo que deberíamos hacer algo para ayudar a Sirius—dijo Alice lanzando una mirada hacia atrás donde Naomie reposaba en la periquera cuidada por Ginny, Nina y Frankie que no paraban de hacerle mimos aunque estuviera durmida.

—Se ha metido en esto él solo—dictaminó Molly moviendo la varita, al acto, un cuchillo dio una sacudida y una docena de hogazas de pan comenzaron a cortarse solas, al ver la cara que ponía Alice suavizo un poco su expresión—sería una lección para que en el futuro sepa apreciar lo que tiene enfrente.

—Ya sé, ya sé—concedió sentándose con cuidado, después de todo solo habían pasado días desde que Naomie naciera—pero no puedo dejar de sentir lastima por él, si lo vieras cuando cree que nadie se da cuenta, hasta tú te compadecerías.

—No puedo, además, en eso apoyo de Tressa; ella no se merecía pasar por todo lo que este tonto le hizo, así que mi apoyo es con ella. Lo siento pero es lo correcto.

— ¿Lo correcto no sería juntarlos?—le retó Alice alzando una ceja, Molly abrió la boca, como para rebatir pero no dijo nada—sabemos que Sirius la quiere y que ella lo adora, sería como nuestra buena acción del año, hacerlos volver.

Molly pareció contemplar aquella remota posibilidad, pero luego frunció el ceño y dijo:

—Si Sirius la quiere entonces ira a buscarla sin que nadie le ayude, así podremos decir que aprendió algo de todo esto. Esta vez no moveré un solo dedo.

—Oh Molly—murmuró Alice negando con la cabeza, reanudando su tarea de hacer los bocadillos porque los invitados comenzarían a llegar en cualquier momento.

— ¿Qué te pasa, Harry?—preguntó Ron tirándose a la cama de su amigo con pereza; estaban en su habitación junto con Neville que traía consigo una revista muggle y Harry no paraba de caminar en círculos—me estas mareando, para por favor.

—Estoy nervioso—confesó también sentándose en la cama.

—Eso nos queda bastante claro—dijo Ron rodando los ojos—podrías decirnos que es lo que te pasa.

—Es que… bueno, invite a Hermione y no sé si vendrá.

— ¿La niña muggle?—intervino Neville dejando de lado la revista, prestando interés a la conversación.

—No digas así—le regañó Harry con el ceño fruncido—la niña muggle—arremedó—se oye muy despectivo, señorito sangre limpia—y soltó una carcajada que fue coreada por Ron.

—No me refería a eso—para desahogarse, Neville le dio un golpe en plena cara con una almohada a Harry que no paro de reírse—es la verdad ¿no?—miro a Ron en busca de apoyo— ¿Cómo le digo entonces?

—Tiene nombre—dijo Harry poniéndose serio—pero ya.

—Nina la odia—sentenció Ron gravemente, era como si el pequeño considerara demasiado peligroso el que a Nina no le agradara alguien y que ese alguien estuviera a su alcance—ya saben cómo se pone, ella más bien parece tu carcelera en vez de tu hermana, Harry. Es igual que Ginny, por eso son amigas.

— ¿Y Naomie también será así?—preguntó Neville asustado.

—Sí la tía Alice sigue dejándola con ellas…—Harry se encogió de hombros, dejando la frase al aire, aterrando al pobre Neville que comenzó a temblar ligeramente—todavía estamos a tiempo de impedirlo.

—Me estaba acordando…—decía Ron con la vista perdida—oí algo que dijo Ginny, pero es que no sé si era cierto o me lo imaginaba…

— ¡A Ginny le gusta Harry!—chillaron los gemelos abriendo la puerta con estrepito, los dos con idénticas caras picaras y sonrisas burlonas.

A Harry le color se le fue del rostro, sintió que las piernas le temblaban y que se pondría a vomitar en cualquier momento, asustado por la reacción de Ron. Neville abrió la boca, sorprendidísimo.

—Ah entonces si era verdad—musitó Ron distraídamente, Harry no creía lo que oía y veía, Fred y George comenzaron a sacar un montón de juguetes del baúl, buscando algo que los distrajera hasta que la fiesta comenzara—bueno, Ginny está loca.

Y comenzó a ayudar a sus hermanos a armar el rompecabezas que acababan de encontrar.

— ¿Qué fue eso?—le susurró Neville a Harry en la oreja—creí que se pondría a gritar y patalear, que mínimo querría golpearte, entonces ellos—señaló a los gemelos—se reiríany les echarían porras y yo tendría que separarlos y quizá me tocaría un golpe y…

—No sé, pero… ¡Qué genial!—exclamó aliviado.

— ¿Annie?—la llamaba Sirius tímidamente— ¿Annie?

— ¿Qué quieres, Sirius?—contestó ella ácidamente, puso los ojos en lo que él estaba haciendo y bufo— ¿Cómo se te ocurre poner una mesa de adultos con silla de niños?

—Ya no me trates así que sientofeito—dijo él remediando su error, Anne frunció el ceño—realmente siento feo y parece que tú gozas haciéndome sufrir, eres mala.

— ¿Por qué todos los hombres son tan sentidos?—soltó ella masajeándose el cuello, tomándose un descanso de su tarea, sin proponerlo miro a James que en ese momento tenía las manos en la cintura y reía de algo que había dicho Remus.

— ¿Por qué todas las mujeres van al baño juntas?—respondió Sirius burlonamente—ya, lo siento, no te enfades—se apresuró a decir al ver la cara que ponía—te ves bonita cuando no parece que estas oliendo mierda todo el tiempo.

— ¿Disculpa?

—Sí, haces ese gesto tan horrible—dijo Sirius imitando a Anne que arqueo las cejas—te ves fea así, me recuerdas a Narcissa.

— ¿En serio?—preguntó ella tratando de mirarse la cara en el vidrio de la puerta de la casa—no me había dado cuenta—pensó en voz alta.

—Eso sería porque llevas demasiado tiempo enojada.

Anne se giró para mirar a Sirius solo toparse con una sonrisa demasiado sincera como para no creérsela, era como si él hubiera hecho aquel comentario un millón de veces, siempre con la intención de que cambiara ese gesto por una sonrisa.

—No recuerdo como era estar feliz—dijo en un susurro apenas audible, acomodándose el cabello solo por tener algo que hacer—ya no siento nada más que enfado.

— ¿Quieres que lo hablemos?—Sirius cogió con delicadeza su mano (cambiando repentinamente de papel, sintiéndose como Remus) guiándola hacia el extremo opuesta del jardín, para tener más privacidad.

—Sirius, por más que trato ya no puedo—confesó mordiéndose el labio inferior, maldiciendo a su boca por estar diciendo cosas que llevaba demasiado tiempo callándose—solo cuando estoy con Frankie siento algo más que enfado, pero al mismo tiempo… no puedo mirarle sin pensar en lo que paso.

—Lo sé, me lo imagino—dijo Sirius suspirando profundamente, dándole palmaditas en la mano.

—Todo me lo recuerda—apretó la mandíbula con fuerza, para impedir que unas rebeldes lágrimas cayeran de sus castaños ojos—cerrar los ojos para verle, estar en silencio para oírle. Es un infierno.

—No sé qué decirte—Sirius se dio cuenta que James los miraba desde lejos, con mucha insistencia como si quisiera oír lo que estaban diciendo—no sé qué podría decirte que te hiciera sentir mejor.

—No hay nada que puedas decirme—Anne se abanicó los ojos con las manos, apretó con fuerza la mano de Sirius y trato de sonreír—Frankie siempre me dibuja con la cara triste, dice que jamás me ha visto sonreír.

—Ahí tienes—saltó Sirius dando una palmada al aire, contento—tienes una buena razón para sonreír.

Parecía que Anne tenía una lucha interna, porque sonreía de manera espontánea, pero sus brazos y piernas estaban rígidos; se movía como robot, el brazo derecho se movía pero la pierna izquierda se echaba para atrás. Sirius la miraba extrañado, entonces, se dio cuenta de lo que trataba de hacer y soltó una carcajada perruna. Tardó varios minutos, pero Anne lo logró y le dio un abrazo.

—Vaya que tenemos problemas—le dijo Sirius al oído, sonriendo.

Ella solo asintió escondiendo su cabeza en su pecho.

—Pero ¿Qué rayos…?—James ya no hacía caso de lo que decía Frank porque ahora miraba como Sirius y Anne se abrazaban.

— ¡James!

—Oigan—James hacía un ademán que usaban en uidditch para pedir tiempo fuera—pidos, pidos.

— ¿Ahora qué?—preguntó Remus con la cara colorada por el esfuerzo de armar el inflable que ya se estaba inflando con ayuda de una máquina.

—Desde el otro día de la dichosa parrillada—miro acusadoramente a Remus que se hizo el loco mirando a otro lugar—se me había olvidado una cosita.

— ¿Sí?

— ¡Sirius!—gritó haciéndole señas a su amigo para que se acercara a él— ¡Sirius, carajo!—pudieron ver como Anne rodaba los ojos mientras que el aludido caminaba lentamente hacia ellos— ¿Por qué no vienes cuando te hablo, Canuto?—le recriminó cuando lo tuvo cerca.

—Perdóname, mamá—respondió con las manos en los bolsillos, James le miro enfadado— ¿Qué quieres?

— ¿De cuándo acá te hablas con ella?—con la cabeza señaló a Anne; Sirius, Frank y Remus se miraron, algo apurados— ¡Creía que habías dicho que la odiabas y que ella a ti! ¿Qué paso con eso? ¡El fingidor aquí era Remus!

— ¿Fingidor?—repetía Remus extrañado— ¿Yo? ¿Por qué?

— ¡Estabas de mi lado, Sirius!—le reclamó poniéndose rojo, detrás de las gafas pudieron ver que los ojos le centelleaban de desconcierto—eres de lo peor, solo ves una cara bonita y me dejas a un lado. Que feo que seas así, eso no es de caballeros, mira que tienes problemas cuando cambias a tus camaradas por una mujer—y bufo, indignado.

— ¿Una cara bonita?—dijo Sirius con sorna, Frank y Remus reían por lo bajo a la par que James se ponía pálido— ¿Crees que Anne tiene una cara bonita? ¿Te gusta, Cornamenta? ¡Que pillín!—le dio un codazo en las costillas—y no me habías dicho nada, eres un mondrigo, James. Y luego te quejas, que si Sirius esto que si Sirius lo otro, si soy más bueno que el pan.

— ¿Qué?—chillo James parpadeando rápidamente— ¿Qué yo…? ¿Qué a mí…? ¡Estás loco! ¿Cómo crees que a mí… que mí me iba a gustar ella?—negó rápidamente con la cabeza— ¡Además, no cambies de tema! ¡Estábamos hablando de cómo me cambias por ella!

—Lo siento, Cornamenta—se disculpó Sirius—pero es que Anne me ayudo en un momento de necesidad y me cae bien a pesar de que pareciera que todo el tiempo está enojada—James murmuró algo parecido a *"¿en serio? No lo había notado"—*y aunque ella te odia… a mí me parece una buena persona.

— ¡Genial!—ironizó James elevando las manos al cielo, dramáticamente—hazte amigo suyo si quieres, ahora solo falta que Remus nos diga que le gusta Anne—lo miro, a la espera de que lo desmintiera pero él se sonrojo ligeramente—Basta, Lunático—rió nerviosamente—no juegues conmigo, di que no te gusta.

—Bien, creo que iré a decirle a Nina que…

— ¡Mierda, Lunático!—gritó James llamando la atención de Dromeda que le miro ceñuda—lo siento—le dijo sonriendo— ¿Me jodes, cierto?—añadió penetrándolo con la mirada—No te gusta Anne ¿verdad?—susurro para que solo ellos lo escucharan— ¡Remus que te estoy hablando!

— ¿Tendría algo de malo si me gustara?—preguntó él tratando de sonar razonable.

—Esto está poniéndose bueno—codeo Sirius a Frank que asintió sonriendo—te apuesto que James se tira al drama.

—Vale, acepto, veinte galeones.

— ¿Te gusta, entonces?—le apremió— ¿Te gusta, Remus?

—Hum… quizá, un poco—concedió finalmente.

La cara de James se contorsionó en una mueca de indignación, incredulidad, sorpresa y montón de emociones más que Sirius no supo decir que era. En ese momento su amigo hacia ese gesto extraño que hacía con la boca y las cejas, una rara combinación que solo le había visto hacer cuando estaban en el colegio; hacía muchos años de eso pero podía recordarlo como si hubiera pasado ayer. Porque James ponía esa cara cada que veía a Lily hablando con chico…

Sirius abrió mucho los ojos. ¿Podría ser que James estuviera… de Remus? ¿Por Anne? ¿Por qué? De repente sintió que le cabeza la pesaba mil kilos y que se alejaba del jardín para llegar a los terrenos de Hogwarts, como si ese lugar le ayudara a despejar todas sus dudas y aclarar sus ideas.

—Listo, me largo—dijo James caminando hacia la casa a grandes zancadas.

—Bah, se le bajara el berrinche—aseguró Remus tranquilamente.

— ¿Eso era cierto o solo lo molestabas?—quiso saber Frank dándole a Sirius los galeones de su apuesta.

—Un poco de ambos—dijo como si nada—no me vean así, es imposible que Anne no llame la atención de un hombre, es una mujer muy guapa.

—Ya, pero pareciera que trae encima un letrero que dice "¡Peligro, no pasar!"—opinó Frank algo divertido.

—Será mejor que nos cambiemos, la gente estará por llegar—los apresuró Sirius.

Pero a Remus tampoco le había pasado desapercibido el gesto de James. Quizá…

—Hola, corazón—saludó Ivanka von Ziegesar en cuanto puso un pie en la mansión.

—Hola—contestó Nina sonriendo con un poco más de soltura, incluso correspondió el abrazo que ella le dio.

— ¡Feliz cumpleaños!—le dijo animadamente, tendiéndole una enorme caja de regalo—espero que te guste, me ha costado mucho conseguirlo y yo…—se fijó mejor en la vestimenta de la niña y arrugo un poco el ceño—cariño ¿Por qué no te pones la ropa que te he comprado?

—Porque a ella le gusta vestir así—siseó Dromeda que venía del jardín; claramente no le agradaba la presencia de esa mujer porque podía decirse que le deseaba lo peor con la mirada— ¿Algún problema?—preguntó con brusquedad, tomando por los hombros a Nina que tenía la vista en el suelo, a penada de su ropa—nada de eso, Nina—le dijo su tía girándola para obligarla a que la mirara—nunca dejes que nadie se meta con tu personalidad, tú eres lo que eres y si a los demás no les parece—Ivanka no aflojaba su enorme sonrisa, algo que molestaba aún más a Dromeda—pues que pena.

—No era eso lo que quería decir—dijo Ivanka respirando hondamente, sin duda para calmarse y no armar un alboroto porque ella sería la que saldría perdiendo—solo digo que me gustaría que usaras lo que te regalo, corazón.

—Como sea—musitó Dromeda fastidiada.

— ¿Por qué no vamos al jardín?—propuso Ivanka cogiendo la mano de Nina.

—Sí, vamos—dijo Nina sacudiendo la cabeza, tan fuerte que las gafas se le bajaron a la punta de la nariz—te veo allá, tía Dromeda.

—Claro—Dromeda se quedó mirando a Ivanka hasta que se perdió de vista entre los invitados que ya disfrutaban de la fiesta—esta mujer—murmuraba para sí misma, enfadada— ¿Cómo se le ocurre decirle esas cosas a la niña? No cabe duda que hay personas tontas, estúpidas y luego esta ella.

De nuevo llamaron a la puerta. La mujer seguía murmurando en contra de Ivanka cuando fue a abrir.

—Buenas tardes—saludó una niña de pelo castaño y muy enmarañado, su voz tenía un deje de autoridad y en las manos traía una pequeña bolsa de regalo—soy Hermione Granger.

—Buenas tardes—dijo Dromeda sonriéndole amablemente—Vienes a la fiesta ¿cierto?

—En realidad no conozco a la festejada—explicó hablando con rapidez—me ha invitado Harry.

— ¿Harry?

— ¡Hermione!—chillo Harry al pie de las escaleras, con una ancha sonrisa: se alboroto el cabello, se acomodó la camisa y bajo corriendo como una flecha—hola—dijo tímidamente—que bueno que has podido venir, pasa por favor, pasa.

—Sí, gracias—la pequeña Hermione caminaba hombro con hombro con Harry hacia al jardín ante la mirada incrédula de Andrómeda que se sentía fuera de lugar—mis padres han venido a visitar a unos amigos que viven cerca de aquí.

— ¿En serio?—preguntó él con interés—pues me alegro, así pudiste venir.

—Es una casa realmente grande—comentó tratando de abarcar cada rincón de la casa con sus ojos—parece muy antigua y tiene ese aire que se respira en las bibliotecas.

—Es solo porque la hemos limpiado para la fiesta—Hermione alzó una ceja y él se encogió de hombros—no siempre luce así, mi papá y mis tíos son un poco descuidados, yo soy el que trata de mantener la casa en orden, pero no puedo solo—mintió dándose aires de importancia.

— ¿Has hecho ya los deberes?—quiso saber.

—Esto…—Harry se sonrojo, miro a todos lados en busca de algo que le ayudara a no responder la pregunta, justo abrió la puerta— ¡Eh, Neville!—gritó en cuanto lo vio.

— ¿Qué pasa?—dijo comiendo una rana de chocolate—estaba buscando a Ron porque habíamos acordado jugar al ajedrez magi…—se quedó a media frase al notar que su amigo no estaba solo—ah—se sonrojó hasta las orejas—digo, que Ron y yo íbamos a jugar… hum… sí, esto ¿Cómo se llama? ¡Lo olvide!

—Sí, sí—lo cortó Harry nervioso de que Neville metiera la pata—quiero presentarte aHermione ella es mi… mi…

—Soy su amiga—completó ofreciéndole la mano a Neville que se la estrecho sonriendo— ¿Vas en el colegio? Es que no te reconozco, tu cara no me es familiar.

—No, yo estudio en casa—al ver la cara de Hermione, Neville se apresuró a decir—quiero decir, no soy un fenómeno o algo así pero es que yo…

—Creo que ella entiende el punto—intervino Harry dándole palmadas en la espalda, para que dejara de decir incoherencias—será mejor que vayamos a comer algo ¿Qué dices, Hermione?

— ¿Qué dulce tan curioso comes?—soltó ella con el ceño fruncido, con los ojos clavados en las manos de Neville—jamás había visto un chocolate en forma de rana, me pareció que hasta se movió…

— ¿Qué? ¡Claro que no!—exclamó Harry apuradísimo—solo es chocolate ¿Quieres? Vamos por un poco…

—Juro que se movió.

Harry le hizo señas a Neville para que se deshiciera de la rana de chocolate cuando ya caminaba hacia la mesa de golosinas con una Hermione desconcertada y segura de lo que había visto.

— ¿Has visto a Ginny?—preguntó Frankie, sobresaltando al niño que brincó asustado—no tienes por qué temerme—afirmó ella inocentemente—todos me temen, tú eres de mis amigos.

—Por supuesto, somos amigos—dijo Neville no muy seguro— ¿Qué decías?

—Estoy buscando a Ginny, ha salido corriendo porque vio a Harry con la niña del colegio.

—Podría estar dentro de la casa, ve a buscarla ¿vale?

— ¡Vale!—chilló contenta y se fue corriendo.

Neville arrojó al bote de basura su rana a medio comer, que dio una última sacudida para quedarse quieta. No era que le enfadara, pero eso de convivir con muggles era un tanto difícil para él si eso implicaba mantener a raya los dulces.

Era bien sabido que en las fiestas infantiles, jamás faltaba el adulto ocioso que comenzara a poner el desorden. Ya fuera una u otra cosa, siempre terminaba habiendo en las mesas whiskey o alguna otra bebida más fuerte que el jugo y las sodas. Remus estaba seguro que el responsable era Sirius ¿Quién más sí no? Era su perruno amigo el que se escabullía al salón a la hora de los juegos más que para huir de ser voluntario y cuando se daba cuenta había que quitarle un vaso a los gemelos que contenía algo sospechoso. Eso sucedía en los cumpleaños de Harry y Nina.

Y esta vez no era la excepción. Porque justo estaba el show de los payasos, donde todos los niños se habían puesto de pie para participar en el pequeño concurso de baile. Y ni Sirius ni James estaban dentro de su campo de visión.

— ¿Han visto a Sirius?—preguntó Remus a Alice y Frank que traía en brazos a la diminuta Naomie que a duras penas podía abrir los ojos.

—No, desde hace se me perdió—contestó Alice— ¿Por qué? ¿Crees que esté haciendo algo malo?—indagó entrecerrando los ojos.

—Ahora vuelvo.

Él estaba dispuesto a impedir que su amigo hiciera la misma estupidez de cada año. Pasó junto a Dromeda y Ted que hablaban sobre su hija, Tonks, alcanzó a oír algo como que la chica pasaría el verano en York con la familia paterna. Esa chica era todavía un misterio para él, jamás la había visto porque por alguna extraña razón, nunca coincidían. Algo que le llamaba curiosamente la atención.

Se dirigió al bar, pero no había nadie cerca. Contó las botellas, hacían falta dos; abrió la puerta del salón, no había nadie. La cocina estaba desierta al igual que el estudio, subió las escaleras porque le pareció haber oído pasos, la habitación de los niños estaba vacía. Aun así oía gemidos, asomó la cabeza incluso en la suya misma pero pudo identificar que el ruido venía de la habitación de Sirius. Abrió la puerta con cuidado para toparse con un enorme perro negro y lanudo echado perezosamente en el suelo.

— ¡Sirius!—exclamó metiéndose y cerrando rápidamente— ¿Qué te pasa? No puedes andar por ahí así, imagínate que alguien te ve… no es como si alguien supiera que eres animago pero es el cumpleaños de tu hija, Ivanka estaba allá abajo tratando de robar la atención de la niña y tú… ¿Qué te pasa?—preguntó cuándo se dio cuenta que él se tapaba los ojos con las patas delanteras— ¿Estas bien?—sacudió la cabeza y gimió—oh vamos, conviértete y charlemos, no voy a estar intentando adivinar lo que quieres decir porque… ¡Merlín santo!—chillo cuando se fijó mejor en la cara del perro— ¿Estas llorando?—inquirió incrédulo, el perro se escondió debajo de la cama— ¡Sí, estas llorando! No puedo creerlo, estas llorando, la única vez que lo hiciste fue cuando…—no pudo decirlo porque se le hizo un nudo en la garganta, así que carraspeo— ¿Por qué? ¿Ha pasado algo malo?—Sirius se negó a salir de donde estaba así que utilizó la pata para acercarle un pedazo de papel— ¿Una carta? ¿De quién?

Aliso la arrugada carta y leyó en voz alta.

Querida Nina:

¡Feliz cumpleaños, hermosa! Espero que la estés pasando al máximo, que te estés divirtiendo mucho y que estés muy contenta. Ojala pudiera estar cerca y darte un abrazo de oso, de cualquier forma, te lo envió adjunto con la carta y tu regalo junto con muchos besos. Espero que la cajita que te di te esté sirviendo de alguna u otra manera.

Siento mucho no haberme despedido de ti y de Harry pero… es complicado. Algún día lo entenderás, supongo.

Recuerda que puedes contar conmigo para lo que sea que necesites. Tu lechuza sabrá donde encontrarme. Salúdame mucho a Harry por favor.

Te quiere,

Tressa Moore.

Cuando Remus terminó de leer, Sirius soltó un aullido muy agudo.

—Yo… me imaginé que Tressa no se iba a quedar atrás—dijo rascándose la cabeza, sentándose en el suelo y recargándose en la cama—la verdad no me sorprende que se pusiera en contacto con Nina pero no tenías ningún derecho a abrir el paquete, era privado—Canuto aulló de nuevo—esta es la única forma en la que muestras cómo te sientes realmente ¿Verdad?—saco la cabeza y se le quedó mirando, tristemente—ya, también lo había pensado. Por lo visto ella no quiere que la encuentres, por eso no puso donde esta—espero a ver si Sirius se animaba a convertirse pero no daba señas de querer hacerlo—sí la quieres deberías buscarla—nuevamente negó con la cabeza y señaló la carta—ya sé que pareceque ella no quiere saber de ti y con mucha razón pero creía que sabías que cuando una mujer dice noes sí. Ósea que Tressa no quiere que las busques pero en realidad se muere porque lo hagas, así le demostrarías lo que sientes por ella, no sé, las mujeres son tan raras—se sentía tan extraño hablando de esa manera, Sirius era normalmente el que siempre se estaba quejando al respecto—supongo que no tienes nada que perder, como dicen por ahí: si regresa es porque es tuyo y si no, es porque nunca la fue. Piénsalo, Canuto; valdría la pena la búsqueda ¿no?—el perro no se movía ni un ápice y sus ojos eran como un profundo pozo, lleno hasta el tope de emociones encontradas—Alice sabe dónde está y tú eres el manipulador número uno de este mundo si te lo propones bien puedes sonsacarle la información.

—Está en Liverpool—dijo entonces Sirius que se había convertido sin que Remus se diera cuenta; con un ágil movimiento con la mano, se limpió los restos de lágrimas de la cara y sorbió la nariz.

— ¿En Liverpool? ¿Cómo lo sabes?

—Alice me lo dijo el día que nació Naomie—se encogió de hombros—creo que estaba muy drogada por tanto medicamento.

— ¿Y por qué no has ido a por ella?—le reprochó poniéndose de pie de un brinco—tendrías que haber salido corriendo en cuanto lo supiste.

—No sé, Lunático, no sé—musitó Sirius con la cabeza agachada—si no quiere estar conmigo no voy a obligarla, además que yo no le ruego a nadie ¡He dicho!

— ¿Quién te entiende?—gritó Remus a la desesperada— ¡Primero estas por los rincones lamentándote y haciéndonos infelices a todos los que te vemos! ¡Y luego te echas para atrás!

—Tengo dignidad, Remus.

—Ah, eres un niño.

—Pues este niño se va a la fiesta de niños—informó Sirius caminando a la puerta.

Remus hizo un ademán para que se fuera y lo dejara solo. Merlín santo ¿Cómo era posible que Sirius fuera tan idiota? Se había hecho esa pregunta tantas veces que ya ni recordaba cuantas. Lo único de lo que estaba seguro era que su amigo cada vez se superaba, una y otra vez, como un perro que perseguía su cola sin parar. Con razón esa era su forma animaga.

— ¡Ahhhh!

Oyó que gritaba en el pasillo, salió corriendo con la varita en alto, listo para atacar. Pero lo que vio lo dejo sin palabras, con la mandíbula hasta el suelo, con los ojos tan abiertos que pensó que jamás volvería lograr a juntarlos de nuevo. Se volvió para ver a Sirius y darse cuenta que estaba igual de anonadado y alucinado que él.

— ¿Dónde rayos se han metido esos tres?—preguntaba Molly cuando el show de los payasos había concluido.

—Remus entró a la casa a buscarlos—dijo Alice—pero la verdad que ya se tardó.

—No hay de qué preocuparse—terció Dromeda que cargaba a Naomie—seguramente están preparando una sorpresa para Nina.

—Eso es lo que me preocupa—Molly tenía las manos en la cintura, con gesto de reprobación—solo Merlín sabe lo que esos tres son capaces de hacer, con tanto aire que tienen en el cabeza una ya no sabe que pensar.

—Qué mala eres—le acusó Alice divertida—siempre piensas mal de los pobres.

—Tengo motivos.

—En eso tiene razón—concedió Dromeda sonriendo—pero ya verás que solo están haciendo tonterías inofensivas. Lo que me preocupa en realidad es el hecho de que Nina no soporta a la amiga de Harry.

Justo en ese momento vieron como Nina empujaba a Harry al pasar por su lado, lo tiraba al suelo y Hermione y Neville lo ayudaban a ponerse de pie.

— ¿Por qué esta tan enfadada?—preguntó Hermione ceñuda.

—Ella está un poco loca—explicó Harry sonriendo, pero en cuanto vio que tenía la atención de Nina rodo los ojos—como sea, quiero presentarte a mi amigo Ron, creo que a él no te lo he presentado.

—No, escucha, Harry debo irme—se disculpó mostrándole su reloj de pulsera—mis padres vendrán por mí en cinco minutos.

—Oh está bien entonces—dijo un poco cabizbajo—te acompañó a la puerta.

—Hasta otra, Hermione—se despidió Neville con la mano.

—Nos vemos.

—Cálmate, Ginny, respira hondo—le aconsejaba Nina tratando de que su amiga desviara los ojos de Harry y Hermione que caminaban a la puerta—ese bobo me las pagara en cuanto estemos a solas.

—No, Nina, no—musitó Ginny tratando de componer una sonrisa—Harry no tiene la culpa.

—Por supuesto que la tiene—declaró asintiendo con fuerza—es un bobo y punto final.

— ¿Ya vamos a comer pastel?—preguntó Frankie sobándose el estómago—tengo hambre.

—Oh vamos, no estés más triste—le pidió Nina a Ginny apretándole la mano con cariño—Frankie tiene razón, comamos pastel y mucho chocolate. La tía Alice dice que el chocolate es el mejor consolador de una chica.

—De acuerdo, vamos—dijo sonriendo más tranquila.

—Es hora de cortar el pastel—decía Ivanka impacientemente a Molly—las cosas deben hacerse a al tiempo, no antes, no después.

—Eso ya lo sabemos—musitó la pelirroja apretando los dientes.

—Entonces ¿Qué pasa? Podríamos hacerlo ya, estamos todos y los niños comienzan a ponerse pesados…

— ¿Solo los niños?—tercio Alice sonriéndole burlonamente.

—Iré por los chicos—anunció Dromeda—no tardo mucho.

— ¿Quieren explicarme qué diablos pasa aquí?—exigió saber Remus apretando los puños.

— ¡No es lo que parece!—defendió Anne roja hasta las orejas.

— ¿Qué no se supone que se odian?—gritó Remus temblando ligeramente.

—Si no es lo que parece—razonaba Sirius con una mano en la barbilla—entonces ¿qué cosa es? Porque lo que parece es que ustedes…

— ¡¿¡QUÉ!?!—gritó Dromeda desde el final del pasillo.

James asió más el cojín sobre sus partes nobles, porque no tenía puesta ni una sola prenda de ropa mientras que Anne apretaba más la sabana sobre su cuerpo desnudo. Los dos aterrados y desconcertados.


P.D. Juro que responderé cada uno de los comentarios que dejen y han dejado pero por ahora se me hace imposible, un beso enorme. Gracias*:)*

Y como es costumbre los dejaré un tantp picados prometiendo volver lo antes posible si hay muchos comentarios xD