← Harry Potter Black Lupin · de
Harry Potter Black Lupin — capítulo 39
I'm not in love This is not my heart I'm not gonna waste these words About a girl
About a girl, The academy is.
—Jamás creí que mis ojos fueran a ver lo que vieron—afirmó Sirius con gravedad, sentándose con gracia en el sillón—si alguien me lo hubiera dicho creería que estaba loco. Es que, por favor, James, no puedo creerlo.
—No ayudes, Sirius—dijo él vaciando de un trago un enorme vaso con un líquido espeso color rojo, al ver el fondo, hizo una mueca de asco; reprimió una arcada poniendo una mano en su boca.
—Esto es serio, lo digo de verdad—sentenció Remus cerrando de un portazo el salón—todos los invitados ya se han ido y Alice ha hecho el favor de llevarse a Harry y Nina, prometí que iríamos por ellos antes de las diez.
— ¿Dónde está Anne?—preguntó Sirius dando una gran mordida a una manzana, tan tranquilamente que provocó el ceño fruncido de Remus y que James rodara los ojos—ay pero que aguafiestas ¿Por qué se ponen así? Ni que hubiera pasado que cosa.
— ¡Cierra ya la boca, Sirius!—ordenó James al borde de la histeria, la vena de su cuello comenzó a palpitar fuertemente.
—Cálmate, angustias—dijo haciendo un gesto con las manos, como para mostrar que sus intenciones eran buenas—solo digo que entre más mal veamos lo que paso más malas serán sus consecuencias.
— ¿Qué dices?—bramó James que ya había perdido el poco control que tenía sobre sí mismo, se puso de pie y comenzó a caminar por toda la habitación como si estuviera loco y quisiera salir corriendo de ahí— ¿Más malas serán las consecuencias? ¡Lo que paso de por sí ya es malo! ¿Qué no te das cuenta, Sirius?
— ¿Quién te entiende?—soltó bufando—primero estas de jarioso y te metes con Anne y cuando Remus y yo los cachamos entonces sí tiras tu muñeca y te pones como Hulk.
— ¡No me he metido con ella!
—Ya, claro, debo entender que solo eran dos adultos desnudos en tu cama—ironizó Sirius con una risita—por supuesto que no era lo que parecía ¿No? Merlín y luego dicen que soy yo el que pone el desorden y no sé qué más cosas.
— ¡No fue apropósito!
Sirius no puedo contenerse y echo hacia atrás la cabeza para soltar la carcajada más estruendosa que hubiera tenido en diez años. James le miraba entre rabioso e incrédulo mientras que Remus mantenía la vista fija en sus manos.
— ¿Lo has hecho porque dije que tal vez ella me gustaba?—preguntó pausadamente Remus, sin ver a James.
— ¿Qué?—saltó indignado— ¡Claro que no! ¿Cómo puedes creer que…? ¡Remus, por favor!—exclamó acalorado—sabes que jamás me metería con alguien que yo sepa que te interesa. No puedo creer que pienses eso de mí.
—Cuéntanos que fue lo que pasó—pidió el licántropo.
—Pues es que…—el chico se rascó la cabeza, pensativamente—yo…—se sonrojó a tal punto que toda su cara estaba más roja de lo que había estado jamás—no recuerdo—susurró apenado.
De nuevo, Sirius rió, pero esta vez de forma menos escandalosa y fue más bien como una risa cargada de comprensión.
—Faltaban dos botellas de whiskey de fuego en el bar—recordaba Remus contando con los dedos— ¿Fuiste tú quién les echo la mano encima?
—Yo… yo solo fui a servirme un vaso, le traía otro a Sirius que me había pedido—trataba de conectar las ideas James, con el entrecejo muy fruncido por el esfuerzo—los payasos estaban llegando y Molly les decía dónde colocarse para su show. Entonces iba camino al jardín y me encontré…—carraspeó, sin duda trataba de no decir el nombre de ella—me la encontré sentada en el salón. Me le acerqué para decirle que todo estaba por comenzar y luego…
— ¿Qué?—le apremiaron ambos, ansiosos.
—Todo se vuelve borroso—completó James con expresión de dolor—imágenes se me vienen a la cabeza pero no tienen mucho sentido—se golpeó la cabeza a la desesperada— ¡Mierda, mierda, mierda! ¡No puede ser que pasara lo que paso!—gritó frustrado, restregándose la cara con las manos— ¡Dios no me va a dejar entrar al reino de los cielos, lo sé!
— ¿Quieres decir que no estabas ebrio?—preguntó Remus con repentino interés.
—Pues claro que no—contestó como si fuera lo más obvio—me bebí un vaso, no una botella entera. No sé qué pudo haberme pasado, juro por lo más sagrado que no tenía conciencia de lo que hacía.
—Tranquilo, Cornamenta—le decía Sirius sonriéndole amablemente—nos suele pasar, no te preocupes.
—Sirius, por lo que más quieras—dijo James tratando de no lanzársele a los golpes— ¡Deja de hablar! ¿No entiendes que no ayudas? ¿Tu cabeza no procesa que yo no soy igual que tú y que esto realmente es grave?
— ¿Por qué tendría que ser grave?—preguntó inocentemente—sí te gusta Anne puedes hacerla tu novia y luego tu esposa, aunque será difícil por Harry y así. Estarás bien.
—Imbécil—murmuró James negando con la cabeza.
—Algo debió pasar—dijo Remus sacándolos de su pequeña discusión, los dos le miraron al instante—me refiero a que parece que tomarás litros y litros de alcohol pero dices que solo fue un vaso…
—Y ni me lo terminé—corroboró James con ímpetu.
— ¿Entonces cómo fue que terminaste con Anne en la cama, desnudos y sin memoria de cómo llegaron hasta ese punto?—Remus caminó hacia la ventana—aquí hay gato encerrado. Lo investigaremos, James, no te preocupes—le dijo amigablemente—ya podremos demostrar que fue todo un mal entendido.
— ¿Me crees?—preguntó esperanzado—que no me… lo que sea que paso con ella porque me hubieras dicho que te gustaba—hizo una mueca de asco—te lo juro, Lunático, sabes que no te traicionaría.
—No hay problema—corroboró sonriendo—entonces vístete, iremos por los niños e iré a hablar con Anne.
— ¡Cálmate, Anne, tranquilízate!—le decía ella tratando de cogerle las manos para que dejara de moverse, sin mucho éxito.
— ¿Qué no ves lo grave de la situación?—escupió con ojos de demente, su cuerpo temblaba de pies a cabeza sin poder contenerse, el pelo lo tenía enmarañado y le cubría gran parte de la cara— ¡ME HE ACOSTADO CON JAMES POTTER!
— ¡Basta!—gritó arrojándola con fuerza hacia el sofá donde Anne aterrizó chocando su cabeza contra la pared, se le quedó mirando y se cruzó fuertemente de brazos y piernas, apretando la mandíbula tanto que parecía imposible—tienes que serenarte—le dijo sirviéndole una copa de vino de elfo—debes calmarte y pensar con la cabeza fría ¿Comprendes?
—De acuerdo—Anne cogió la copa y se la bebió de un sorbo, la dejo con cuidado en la mesita central, debió ver su reflejo en el florero que adornaba el salón porque entonces trato de peinarse el cabello con demasiada brusquedad—de acuerdo—repitió suspirando hondo—estoy tratando de contenerme y no ponerme a gritar.
—Vamos por buen camino—reiteró sonriéndole un poco—ahora, tenemos que analizar todo lo que paso ¿Vale?
—Ya te lo dije—la mujer se tapó la cara con las manos, frustrada—no me acuerdo de lo que pasó ni siquiera sé cómo llegue a ese punto. Lo último que recuerdo es que cuando desperté ese… ese…—pareció que Anne tenía doble personalidad y que su otra persona, una loca, desquiciada y demente, se volvía a apoderar de ella— ¡Ese animal, bruto, estúpido, imbécil, hijo de…!
— ¡Chissst!—le hizo callar con una mano en su boca, Anne se retorció tratando de zafarse—Frankie puede despertarse y oírte—le previno señalando al piso de arriba—eso sí que sería peligroso, así que ya, calla.
—Lo siento—dijo sin relajarse un ápice—bien, cuando me desperté ese animal estaba acostado junto a mí: estaba demasiado mareada y al parecer él también. Lo único que se me ocurrió hacer fue salir de ahí, cuando me di cuenta estaba… desnuda—se sonrojó—busqué mi ropa pero no estaba, cogí la sabana y con eso me tape. Aún no reaccionaba porque de haberlo hecho lo hubiera golpeado—dio un puñetazo a la almohada más cercana que tenía, haciendo que su acompañante se sobresaltara un poco—justo cuando iba saliendo de la habitación Sirius nos vio y gritó el muy estúpido, luego llegó Remus y para rematar—negó con la cabeza, cerrando los ojos—Andrómeda al final del pasillo—se tapó la boca con la almohada y comenzó a gritar mientras ella le daba palmaditas en la espalda.
—No me explico cómo fue que llegaste a ese punto—sentenció con el ceño fruncido, pensativamente—digo, no cualquiera pierde la conciencia así como así—se pasó un dedo por los labios— ¿No te diste cuenta si alguien te hechizo?
—Por supuesto que no—contestó Anne cabizbaja—además no se me ocurre quien va a estar hechizándonos para que… ¡Ay por todos los cielos!—exclamó frustrada—simplemente no me lo imagino y punto.
—Sigue pareciéndome raro—comentó distraídamente, pero al ver que Anne cogía la botella de vino de elfo y se la empinaba sin molestarse en servirse en un vaso añadió— ¿Qué vas a hacer? Me refiero a que sí…—dudo un momento, mordiéndose el labio inferior, temiéndose la reacción que tendría— ¿Hablarás con James?
— ¿Qué?—en ese preciso momento tenía la botella aun en la boca y por ende, escupió todo el vino, mirándola como si acabara de oír la estupidez más grande que alguien alguna vez hubiera dicho— ¿Cómo se te ocurre? ¡Estás loca! ¡Por Merlín, no, pero claro que no!
—Bien, bien ya entendí—la cortó rodando los ojos—aunque yo creo que deberías hablar con él. Digo, para poner las cartas sobre la mesa y que le dijeras que no te interesa nada con él. Que no fue más que un… error—completó con la mirada triste.
—Oh—musitó Anne suavizando su fiera expresión—lo siento, lo siento tanto. Yo sabía que si venía entonces…
—No te preocupes.
—Vamos, Tress, sé que estas mal—le dijo abrazándola por los hombros; Tressa reprimió un sollozo y tras quitarse las gafas, se enjuago las pocas lágrimas que había dejado que cayeran—no tenía por qué venir y achacarte mis estúpidos problemas.
—No seas boba—hipó tratando de sonreír, pero en su lugar, una mueca horrible apareció; como si alguien estuviera apretándole con gran fuerza—somos amigas, así que… para eso estoy.
—Yo sé que lo que voy a decir no tiene mucho sentido viniendo de mí—decía Anne moderando el tono frío de su voz por uno más bien amable y comprensivo—pero… él tampoco está bien y yo… ¡Diablos!—se maldijo en voz bajita— ¿Por qué decía esto? ¡Yo odio a los hombres! Y lo que pasó con ese bruto no hace más que afirmar lo que ya sé—Tressa lloró con más fuerza—ya, ya el punto es que… que yo… yo creo que sería bueno que escucharas lo que tiene que decirte.
— ¿Escuchar qué?—soltó Tressa cambiando de papel con Anne para ser ella la que gritaba, enojada— ¿Qué todo este tiempo estuvo viéndome la cara de idiota? ¿Qué me uso para su mejor beneficio?—chilló derramando un sinfín de lágrimas— ¡Se burló de mí!—terminó en un susurro apenas audible—se burló de lo que sentía por él.
— ¿Sentías?—preguntó Anne, sorprendida— ¿Lo has olvidado? ¿Tan pronto?
—Por más que quiero—explicaba Tressa mirando a su alrededor, como buscando algo que por más que quería, no encontraba—por más que lo intento, no puedo. Le ordeno a mi cabeza dejar de pensar en él, lo logro por un instante pero cuando me desconcentró él vuelve a ocupar mis pensamientos. Daría todo lo que tengo y lo que soy por ya no sentir más este dolor, desaparecer de la faz de la tierra no parece suficiente para olvidarme de él. Por más lejos que este, sé que no voy a poder deshacerme de lo que siento—la voz le tembló a tal punto que tardó un par de minutos en reponerse—sé que soy una tonta por seguir queriéndolo, él no se lo merece y yo tampoco merecía lo que me hizo, pero no puedo. Ni siquiera estando aquí con él…
Anne se puso de pie de un brinco. Rebuscó en la sala su bolso, lo cogió al igual que su chaqueta y la de Tressa. Ella le miro sin comprender.
—Me niego a estar así por culpa de esos dos estúpidos—sentenció poniéndose labial—así que en vez de estar lamentándonos y maldiciéndolos aquí, iremos a un bar a hacerlo—sonrió malévolamente.
—Pero…
—Él se hará cargo de Frankie—miro la puerta que estaba al final del pasillo, cerrada, por debajo podía verse que había luz encendida—me lo debe de todas formas.
—Es que…
— ¡Genial, andando!
Era extraño como los días pasaban con lentitud o rapidez. Dependiendo de la persona y de la situación en que se encontraba; para alguien que lo tenía todo y era feliz, los días simplemente no le alcanzaban para disfrutar al máximo, no había lugar demasiado grande para que cupiera por cómo se sentía por dentro. Eran pocas personas afortunadas, los Longbottom eran de ellos. La pequeña Naomie crecía tanto día con día, hacía tan felices a Alice y Frank y a pesar de sus temores, Neville se lo pasaba de lo lindo representando el papel de hermano mayor; a penas si tenía tiempo para ir a la mansión a jugar con el pobre y abandonado Harry. Nada empañaba la felicidad de la pequeña familia, ni siquiera las misiones del cuartel de aurores; simplemente era imposible no sentirse feliz tan solo de verles.
Por otro lado, Nina y Harry seguían mirándose con recelo. Ella no podía explicarse como era que cada vez Hermione pasaba más tiempo en la casa, deseaba que fuera Ginny la que estuviera con Harry, riéndose y haciendo los deberes que les dejaban en el colegio. Lo que más odiaba Nina era que Hermione le caía realmente bien, era una niña mandona y muy apegada a las reglas, siempre olía a libros (algo que le encantaba porque olía como el tío Remus) y le impresionaba la cantidad de información que era capaz de albergar. Si preguntaba algo, era Hermione quien le respondía con una enorme sonrisa, comprendía el por qué a Harry le gustabay se sentía como una traidora frente a Ginny. Así que tenía el dilema más grande de su corta vida.
Remus seguía sin tragarse lo que había pasado entre Anne y James. No estaba molesto, claro que no, la verdad era que la mujer le caía sumamente bien pero… de ahí a que le gustara y la viera con otros ojos era decir mucho. Así que seguía preguntándose qué era lo que en realidad había sucedido para que esos dos terminarán como lo habían hecho ya que creía conocerlos lo bastante como para afirmar que ninguno se había emborrachado ni mucho menos. Quería llegar al fondo del misterio pero no contaba con nadie: Sirius estaba demasiado ocupado haciéndose el loco con todo lo que encontraba a su paso con tal de no pensar mucho en Tressa. Estaba seguro que no le iba muy bien con su bobo plan porque en más de una ocasión lo había sorprendido mirando una foto de ella, con una expresión que jamás le había visto hasta ahora.
Y James… los días eran una agonía; pareciera que cada hora duraba como mínimo cuatro, que al mirar el reloj este se burlaba de él. Por más que se estrujaba el cerebro para poder recordar con exactitud lo que había sucedido, no podía, era imposible. Le parecía que había una fuerza invisible y muy poderosa que le obligaba a quedarse en blanco cuando se ponía a pensar en eso, así que siempre terminaba con un dolor de cabeza terrible y un tanto mareado. Hubiera querido hablar con Anne para aclarar las cosas, quizá entre dos era más fácil recordar, pero ella no había vuelto a la oficina al día siguiente de la fiesta de cumpleaños y Frankie tampoco había ido al colegio. Eso quería decir que ella no quería verlo y menos hablar de lo sucedido, no la culpaba pero ya no podía más con la duda. De hecho había recurrido a un pensadero pero ni extrayendo el recuerdo pudo encontrar algo más que espesa neblina y diálogos incoherentes.
Lo peor de todo, era que había faltado. Que había engañado a Lily, algo que juro que jamás haría. Era lo que más le pesaba, el sentimiento de culpa que no lo dejaba ni dormir; despertándose a media noche, gritando el nombre de Lily, suplicándole perdón, aunque el silencio de la noche era quién le contestaba.
— ¿Potter?—le llamó un compañero de los veteranos asomando la cabeza a su cubículo— ¿Potter?—repitió al ver que no le hacía caso— ¡Potter!—bramó con voz atronadora.
— ¿Sí?—contestó sacudiendo la cabeza, deshaciéndose de sus cavilaciones— ¿Qué pasa, Todd?—preguntó alborotándose el pelo, miro a su escritorio donde descansaban un montón de análisis que debía revisar.
—El jefe quiere verte—le informó seriamente—quiero que vayas de inmediato.
— ¿Qué pasó?—preguntó poniéndose de pie— ¿Ha salido algo mal con la detención de los magos que estaban implicados en los disturbios de Londres?
—No se trata de eso—le decía caminando hombro con hombro hacia la oficina de Scrimegour—de hecho va muy bien, mejor de lo que esperábamos. Realmente no sé qué asunto quiere hablar contigo—le palmeó el hombro y sonrió—nos veremos más tarde.
Sin esperar una respuesta se encaminó hacia las aulas donde se capacitaba a los aurores más jóvenes. James no podía dejar de rodar los ojos y suspirar cada dos por tres, imaginándose lo que le diría su jefe o recordando si había hecho algo que le hubiera molestado. No tardó en llegar y tocar a la puerta, para oír una voz grave diciendo "pase"
— ¿Me necesitaba?—preguntó entrando con paso decidido.
—Sí, siéntese—le pidió con un ademán de mano; a su derecha había una vuela pluma que escribía sobre un largo rollo de pergamino que James calculó que debía medir unos cinco metros—supongo que se preguntara porque le he pedido venir si hasta ahora no ha hecho nada… malo—James asintió secamente—pues bien, no sé si está enterado de que me han elegido como nuevo ministro de magia—dijo sin darle importancia.
— ¿En serio?—dijo con interés—la verdad que no, felicidades.
—Gracias—Rufus Scrimegour alzó la vista para mirarle; fue diferente, porque esta vez no había reproche, fastidio ni nada parecido, ahora le escrutaba con los ojos, como queriendo saber que era lo que pensaba—eso quiere decir que el cuartel se queda sin jefe—James le sostuvo la mirada, a la espera de que continuara—hay candidatos para suplir mi cargo, el antiguo ministro lo sugirió a usted mismo, al señor Black y al señor Lupin.
James no pudo dejar de sorprenderse y recorrió el lugar con la vista, como a la espera de que en cualquier momento se toparía con la presencia de sus dos amigos.
—Ah—musitó juntando las manos, para que él no se diera cuenta que le temblaban un poco.
—Por supuesto que hubo replicas—siguió Scrimegour siguiendo con su trabajo—unos dicen que hay personal más capacitado y con muchísima más experiencia. Otros alegan que son los jóvenes quienes deben estar al mano—gruñó por lo bajo, para mostrar su desacuerdo—incluso se manejaron nombres como el del matrimonio Longbottom—James sonrió complacido—pero al final solo usted y sus amigos lograron ser los candidatos aun cuando yo mismo me opuse.
— ¿Por qué?
Esa pregunta fue tan infantil y al mismo tiempo, necesaria. Aunque sabía perfectamente lo que él opinaba de ellos tres, así que aguardo en silencio que contestara.
—A pesar de los exhaustivos intentos para que la comunidad mágica este más informada acerca de los vampiros y los hombres lobo—empezaba cansadamente y James supo por dónde iba, apretó las manos con fuerza, tratando de no ponerse a gritar y chillar—han sido pocas las personas que han respondido favorablemente. Estas tribus, por así llamarlas a falta de un nombre más correcto,son marginadas y rehuidas, la gente les teme y no confía en ellos—prosiguió moviendo la varita para que otra vuela pluma saliera despedida hacia él desde la cajonera de la esquina y se pusiera a escribir junto a la otra— ¿Cómo entonces que el Jefe de la Oficina de Aurores sea un licántropo precisamente?
—Remus Lupin es la persona más capaz e informada que conozco en lo que las artes oscuras se refiere—masculló James rechinando los dientes—él es el mejor candidato.
—Sé lo que el señor Lupin es capaz de hacer—afirmó—pero también sé que la gente va a mostrarse inconforme con el nombramiento. Ya puedo ver el montón de cartas exigiendo su destitución aun cuando sé qué hará un excelente trabajo.
— ¿Por qué me dice todo esto?—repuso James con brusquedad.
—Todavía no termino; como le digo, el señor Lupin se descarta, entonces solo queda usted y el señor Black—Rufus hizo una mueca de desagrado—así que… la mejor opción es usted, Potter. De los males, el peor.
— ¿Qué?—saltó sorprendido— ¿Por qué ni siquiera contempla la posibilidad de que sea Sirius?—chillo verdaderamente enojado.
—Cálmese—dijo Scrimegour—ambos sabemos cómo es el señor Black y que para cuando acabe el primer mes con él a cargo del departamento, la mitad de mis aurores estarán muertos gracias a sus imprudencias.
—Bueno…—James pareció estar de acuerdo con lo que decía el hombre pero luego arrugo la nariz— ¡No quiera que acepte el cargo luego de oír cómo ha hablado de ellos! Son… como quiera que sean, pero yo sé que son buenas personas y no me importa lo que piense.
—Precisamente, piense lo que le he dicho—Scrimegour se puso de pie y camino hasta la puerta—sabe que tengo la razón; usted es un líder innato, tiene ideas frescas pero sin olvidar las prioridades. Usted es el mejor para este puesto, aunque Merlín sabe que no es mi persona favorita, así que tómese su tiempo para decidir. Le daré una semana.
Mantuvo la puerta abierta hasta que Jame salió, al pasar a su lado, le dirigió una mirada muy significativa, sin decir una sola palabra más.
—Padrino ¿Puedo preguntarte algo?—dijo Harry mientras caminaba por la calle tomado de la mano de Sirius.
—Suenas muy preocupado—sentenció Sirius sacando de su bolsillo interior un paquete de cigarrillos y un encendedor—no me mires así—le pidió al pequeño que arqueó las cejas—hace mucho que no lo hacía.
—Si ya no lo hacías ¿Por qué lo volviste a hacer?—quiso saber Harry tratando de hallarle la lógica—dice mi profesora que es malo para la salud.
—Sí bueno…—Sirius sonrió mientras sacaba humo de la boca—todo en esta vida es malo para la salud: si bebes es malo, si fumas es malo, si comes mucho es malo, hasta si tomas mucha agua es malo—negó con la cabeza—nada tiene sentido en esta vida.
— ¿El amor también es malo?—inquirió con sumo interés el pequeño.
—Es el peor de todos los males—sentenció el adulto con rotundidad, Harry le miraba tan interesado que a nadie le hubiera sorprendido que en ese momento sacara una libreta de su mochila y se pusiera a tomar apuntes—aunque ahora que lo pienso el problema son las mujeres, sino existieran todo sería perfecto.
—Padrino—razonó Harry rascándose la cabeza—padrino, si no existieran las mujeres entonces nos gustarían las hombres—casi se pone verde y Sirius escupió el humo, tosiendo escandalosamente— ¿Te gustan los hombres?—preguntó atónito, abriendo como platos sus ojazos verdes.
— ¡Harry!—gritó Sirius dándose palmaditas en el pecho, tiro el cigarrillo al suelo y lo piso— ¡Por Merlín!—exclamó abanicándose la cara que estaba roja, la gente que le oyó frunció el ceño pues nadie decía *"¡Por Merlín"!—*digo, ¡Por dios! ¿Cómo se te ocurre decir esas cosas? ¡Por supuesto que no me gustan los hombres!—una mujer que estaba sonriéndole coquetamente, puso una cara… y dio media vuelta. A Harry no le pasó desapercibido lo que ocurrió y se tapó la boca con las manos, riendo divertido— ¡Mira lo que ocasionas! No puedes andar por la calle insinuando que soy… homosexual—dijo en un susurro apenas audible—es algo inconcebible ¿Estamos de acuerdo?
—Vale, vale—dijo Harry encogiéndose de hombros—pero es que tú dijiste que si las mujeres no existieran entonces el amor sería bueno y si no existen las mujeres entonces solo existen los hombres y yo pensé que estabas bateando del lado equivocado, padrino.
—Bueno, de acuerdo—lo cortó Sirius apurado de que alguien más lo oyera y se dijeran rumores sobre su adorada orientación sexual—me expresé mal, quise decir que las mujeres son las que complican todo, siempre ha sido así. Nunca sabes si estás haciendo lo correcto porque son todo lo contrario a lo que dicen o hacen—para ser un hombre con la moral distraída, Sirius hablaba muy seguro—así que estar con una chica es un lío, pero un lío esencial—terminó con una cara triste.
—Si ya sabes donde esta Tressa deberías ir a buscarla—afirmó Harry cruzándose de brazos, era como si él fuera el adulto y Sirius el niño travieso a quién debe recordársele lo que tiene que hacer—hasta a mí me da tristeza verte triste, padrino.
—Yo…—Sirius nunca se sonrojaba, así que esta vez no puedo evitarlo como tampoco pudo evitar recordar la cara de Tressa, sintiendo una punzada en el pecho y que la temperatura aumentaba unos grados más— ¿No querías preguntarme algo?—se salió del tema con mucha facilidad.
— ¡Ah sí!—exclamó Harry chasqueando los dedos—quería saber cuántos años tenías cuando tuviste tu primera novia. El tío Remus dice que a los quince y mi papá dice que a los catorce; Fred y George dicen que tienen novia—frunció el ceño.
Sirius soltó una carcajada antes de decir:
—Bueno, realmente yo nunca fui de tener novias. Solo tenía amigas—explicaba haciendo ademanes con la mano libre—era más fácil pero a la hora de dejarlas algunas no entendían y se ponían en el plan de novias. Yo…—fue extraño, demasiado extraño porque justo en ese momento inhalo y olió (literalmente) el perfume tan peculiar que usaba Lily, se giró rápidamente para buscar la fuente, cuál fue su sorpresa al ver una melena roja agitarse al otro lado de la calle—yo…—trago en seco, entre asustado y confundido—creo que estas un poco pequeño para saber de esas cosas, así que supongo que cuando tengas la edad hablaremos con calma ¿Quieres?
—De acuerdo—aceptó sin rechistar.
Sirius lo supo, aquél había sido un mensaje subliminal de Lily. Era como si se lo hubiera tatuado en su cabeza y podía leerlo claramente: "no digastus estupideces delante de Harry"
—Hola, buenas…—pero Remus se quedó a media frase cuando se topó con unos hermosos ojos castaños—tardes—terminó componiendo una tímida sonrisa.
—Hola—saludó la chica también sonriendo— ¿Y tú eres…?
—Soy Remus—dijo ofreciéndole una mano que ella estrechó—soy…
— ¡Tío Remus!—chilló Nina saliendo de detrás de la chica.
Nina había ido a hacer la tarea a casa de una amiga muggle y como Sirius se había ido con Harry a buscar una pieza que le hacía falta a la moto entonces acordaron que él iría a recoger a la niña.
—Hey—le dijo abrazándola sin quitarle el ojo de encima a la chica que le miraba con ojos soñadores— ¿Cómo te ha ido?
—Bien, hemos terminado rápido—Nina se dio cuenta de lo que pasaba y sonrió—sí, ella es la tía de mi amiga Ashley y se llama…
—Romina Smiley—se presentó plantándole un beso en cada mejilla—un gusto conocerte ¿Por qué te puedo tutear, cierto?
—Claro, por supuesto—dijo Remus sonriendo como bobo—aunque me veas un poco anciano—y soltó una risita nerviosa, Nina se golpeó la frente con la mano, negando con la cabeza.
—Oh, tonterías—repuso Romina sentándose en el pequeño sofá que estaba apostado en el porche de la casa—no te ves más grande de treinta.
—Acertaste—Remus se sentó a su lado, sin dejar de sonreír a tal punto que las comisuras de los labios le temblaban.
—Yo tengo veinticinco—contaba Romina—odio eso de que las mujeres siempre esconden su edad, realmente me parece denigrante el que tengan que hacerse costosas cirugías para aparentar algo que no son.
—Es la primera vez que oigo que alguien lo diga; siempre me pregunté porque hacían eso. En mi opinión…
Entonces Nina supo que al tío Remus le había gustado la tía de Ashley y que si era igual a su padre, mínimo estarían ahí una hora más. Sin más, cogió su mochila y se metió de nuevo a la casa, en busca de su amiga.
—Esto…—Anne tenía la vista perdida, estaba pálida y estaba más quieta que una estatua, solo movía la boca—esto… esto…
—Mami ¿Cuándo vamos a volver a Londres?—preguntaba Frankie con mala cara—quiero volver al colegio—exigió ceñuda—quiero ir al colegio y quiero ver a Nina y a Ginny.
—Cariño, ve a tu habitación—le ordenó Anne estirando el brazo para señalar las escaleras, aun con expresión perdida—en un momento iré a hablar contigo, corre.
— ¡Quiero ir a Londres ya!—gritó Frankie subiendo las escaleras pisando con mucha fuerza.
Anne se dejó caer al suelo, con las manos en la cabeza, vencida. Sobre el lavabo del baño se encontraba un pequeño tubito blanco con una pequeña pantalla que tenía dos líneas color rojo intenso.
Solo el inicio de sus problemas.