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Harry Potter Black Lupin — capítulo 40

A pesar de las claras intenciones de todos en festejar el cumpleaños número nueve de Harry, el niño se mostró reticente en ese aspecto. James no paraba de preguntarle si había algo que lo molestaba a tal grado de renunciar a una fiesta a lo grande, como cada año; Sirius no perdió ocasión de insinuarle lo genial que sería hacer una pijamada en la mansión, incluso Remus trató de persuadirlo pero al ver la cara que ponía Harry, desistió.

—Sabes que puedes decirnos lo que sea—le había dicho una vez Remus mientras lo ayudaba a hacer los deberes—si algo no está gustándote, nosotros…

—No pasa nada—repuso Harry sonriendo, pero con el ceño fruncido—lo único es que no me apetece una fiesta de cumpleaños.

— ¿Puedo saber por qué?

—No sé—Harry se encogió de hombros, cogió las tijeras y comenzó a cortar con cuidado la línea punteada de su libro de recortes—creo que empiezo a crecer.

Remus tuvo muchas dificultades para no echarse a reír. Se aclaró la garganta y trató de elegir las palabras correctas para no perder la confianza que Harry le daba.

—Crecer no significa que no puedas divertirte—le dijo sonriendo amablemente—mira al tío Sirius, es un anciano y sigue jugando contigo ¿No?

—Hum… igual que papá y tú—razonó el niño—pero en serio, no quiero fiesta. Solo regalos—se apresuró a decir al ver la cara que ponía Remus—y pastel, claro.

—Supongo querrás invitar a los Weasley.

—Supones bien.

—A los Tonks y a los Longbottom.

—Claro.

—Y obviamente también a tu amiga, Hermione—Harry se sonrojó, dejo de lado las tijeras y tomando el resistol, comenzó a pegar la figura geométrica en su libreta amarilla (que era la de matemáticas) Remus esperó pacientemente a que el niño dijera algo pero al ver que no, dijo—yo solo dije que era tu amiga, en ningún momento…

El hombre se vio interrumpido por un grito que venía del pasillo; ambos se miraron un segundo antes de salir corriendo hacia el lugar donde provenía el ruido. De inmediato supieron que era la habitación de Nina cuando otro gritó los sobresaltó.

— ¡SÍ!—gritaba Nina brincoteando.

— ¿Qué rayos pasa aquí?—preguntó Remus jadeando, guardando la varita en uno de sus bolsillos.

— ¡Me has asustado!—le reclamó Harry a Nina dejándose caer sobre su cama— ¿Es qué siempre has de gritar?

— ¡Harry, oh Harry!—dijo Nina lanzándose sobre él, tomó a Harry desprevenido y cayó sobre él con un gemido que soltó el pobre— ¡Harry, Merlín!

— ¡Nina, cuidado!—le reprendió Remus quitándola de encima de Harry que no podía hablar porque al parecer le había sacado el aire— ¿Estás bien?

— ¡Padrino, padrino!—chillaba Nina sin hacer caso a sus regaños— ¡A qué no adivinas que ha pasado! ¡No puedo creerlo!

—Mmm—tras asegurarse de que Harry estaba bien, Remus se giró para ver a Nina y notar la enorme cara de felicidad que tenía acompañada de una sonrisa demasiado ancha, de hecho le entró un poco de miedo porque Nina jamás se ponía así, solo cuando… tragó con dificultad—soy malo adivinando—dijo tratando de no perder la calma—dime que ha pasado ¿Qué te tiene tan feliz?

— ¡Ha sido papá!—contestó reanudando su brincoteo— ¡Al principio creí que estaba tomándome el pelo! ¡Pensé que no lo cumpliría!

— ¡Nos vamos de vacaciones!—anunció Sirius desde la puerta, con la misma cara de satisfacción y alegría que su hija.

— ¿QUÉ?—gritaron Remus y Harry al mismo tiempo, aunque el licántropo más bien enfadado al contrario de Harry a quién se le abrieron los ojos de par en par, componiendo una expresión de emoción.

—Nos vamos el viernes por la noche—informó Sirius cargando a Nina.

— ¿El viernes por la noche?—preguntó Remus atónito— ¿Estás loco? ¡Mañana es viernes!

— ¿Ah sí? No me di cuenta—Remus casi le suelta un golpe— ¿No es genial?—respondió Sirius rodeando con un brazo a Harry que ahora tampoco paraba de brincar y soltar tremendas carcajadas—James y yo lo hemos arreglado todo en el ministerio, así que lo único que hace falta es hacer las maletas.

Al oír aquello, Nina los sacó a empujones de su habitación para poder empacar a gusto, Harry corrió a su habitación y la cerró de un portazo.

— ¿Vacaciones?—le espetó Remus tratando de no elevar mucho su tono de voz— ¿En este momento? ¿Cómo se te ocurre? ¡Ni siquiera me avisaron!

— ¿Qué te pasa, Lunático?—dijo Sirius lacónicamente—estoy avisándote ahora, debes empezar a empacar o…

—Creo que hubiera sido mejor que tuvieras la delicadeza de consultarme antes de tomar una decisión como está, fue igual cuando nos fuimos de campamento—replicó con una mano sobre la manija de su puerta—tú y James se creen que no tengo cosas que hacer.

Quizá la cara que puso lo delató o tal vez Sirius lo conocía lo suficiente. Pero de inmediato supo que había abierto la boca de más, el sonrojó lo delató aún más si eso era posible.

—Mira nada más, ¿Cómo se llama?—quiso saber su amigo sonriendo pícaramente, con una ceja alzada y los brazos cruzados— ¿Cuándo y dónde la conociste, Remus? ¿Es del ministerio? ¿O es muggle? ¿Cuántos años tiene?

— ¡Ya basta!

—Pero que humor, supuse que teniendo una mujer en tu vida, tu humor mejoraría pero ya veo que no es así—Sirius negó con reprobación—solo quiero saber con qué clase de personas te relaciones, todavía que trato de cuidarte—terminó con dramatismo, Remus le miro ceñudo—vale, vale, has lo que quieras, pero no se te olvide que el traslador sale mañana a las ocho en punto.

—No iré, Sirius, lo siento—musitó Remus colándose a su habitación.

—Díselo tú a los niños entonces ¡Abandonador!

Entonces Sirius también se metió a su habitación, no sin poder contener una sonrisa. Sabía de antemano lo de Romina Smiley, Nina podía evitar ser un tanto cotilla de vez en vez.

Querida Anne:

La verdad es que la noticia me ha dejado con la boca abierta. Sinceramente no sé qué decirte, mucho menos me lo esperaba; sabes que cuentas conmigo para lo que quieras y necesites, sea cual sea tu decisión te apoyaré. Después de todo, eres adulta y sabes lo que haces.

Volveré a Liverpool en un par de semanas. Yo… tengo algo que decirte pero no ahora.

Con cariño,

Tressa.

Anne dejó la carta sobre la mesa, llevándose una mano a la boca y con la otra sacó una vieja fotografía que estaba demasiado arrugada. Lo miro por un rato, sin parpadear ya que las lágrimas que tenía amontonadas en los ojos se los mantenían lubricados. Ahogo un sollozo y se limpió rápidamente las lágrimas que no habían caído, como si estuviera enfadada consigo misma.

—Ya no estás y sigues causando el mismo efecto—le dijo con despreció a la foto que arrojó lejos de su vista.

— ¿Con quién hablas?—preguntó un chico sentándose a su lado, cogiéndole la mano.

—Conmigo misma—respondió sonriendo forzadamente, amablemente se soltó del agarre del chico que bufó.

—Eres la mujer más misteriosa que he conocido—afirmó recargándose perezosamente en el respaldo de la silla, miraba a Anne con sumo interés, como si tratara de memorizar cada detalle de su cara—estas preocupada—no era una pregunta—aunque en realidad, parece que tú siempre estas preocupada.

—Lo que pasa es que hay quienes tenemos problemas—terció ella tratando de no sonreír—no todos podemos ser como tú, Toby.

—Es tan fácil—contestó Toby desperezándose—si tu quisieras, podrías lograrlo, sé que te haría bien dejar de lado todo ese rencor que traes dentro.

—Agradezco que quieras ayudarme—dijo tocándose el abdomen distraídamente, cuando se dio cuenta de lo que hacía, aparto la mano con brusquedad; Toby siguió con la mirada los movimientos de ella—pero justo en este momento no eres la persona que necesito.

—Auch, eso dolió—se quejó haciendo un movimiento como si le hubiera propinado un golpe, luego sonrió— ¿Entonces qué esperas para ir con la persona que necesitas? Vamos, Annie, nadie puede bastarse solo, siempre se necesita ayuda. No dejes que tu orgullo y tus resentimientos te amarguen aún más, eres joven.

—Tú y ella son tan parecidos—comentó Anne mirando sobre el hombro de Toby, lo que parecía ser un portarretratos.

—No hay punto de comparación—zanjo Toby sonriendo maliciosamente—soy único e irrepetible, así que tú te lo pierdes.

—Trataré de no tirarme al llanto cuando te vea con alguna mujer—sentenció Anne algo divertida, era como si sus preocupaciones se amontonaran en un cajón cuando estaba con Toby—lo prometo.

—Deberías volver a Londres—le aconsejó poniéndose de pie y cogiendo del armario una capa—es allá donde está la solución de tu problema.

— ¿Cómo…?

— ¡Nos veremos pronto!

Y sin más, salió de la casa, dejando a Anne con el ceño fruncido. No pasaron ni cinco minutos cuando dio un golpe a la mesa, con decisión.

— ¡Frankie!—gritó caminando escaleras arriba— ¡Has las maletas, volvemos a Londres!

La verdad era que hacía tiempo sabía lo que tenía que hacer. Había tratado de encontrar otra solución, buscarle tres pies al gato pero cada vez le resulto más difícil, las excusas y pretextos cada vez eran más disparatados que los anteriores. Ya no podía seguir haciéndose de la vista gorda y aparentar que podía con eso ella sola.

Toby tenía razón.

—No me puedo creer que estemos aquí—dijo James emocionado—y pensar que Remus está perdiéndose de todo esto.

—Sí bueno, esa chica lo tiene atontado—opinó Sirius abanicándose la cara con el mapa que le habían dado en el ministerio—habrá que ver lo que son capaces de hacer las mujeres por retenernos.

—Sirius, no opines—espetó James con una mueca, su amigo frunció el ceño— ¿Quieres que te recuerde tus trapitos sucios?

— ¿Quieres entonces que yo diga los tuyos?—le retó con el mismo tono amenazador que el suyo.

—Maldito embustero—murmuró James al pasar por su lado.

— ¿Podemos ir a dejar las maletas?—preguntó Harry antes de que Sirius pudiera replicar—hace mucho calor—se quejó jalándose la playera.

—Vayamos a refrescarnos y empecemos con el tour—propuso James cargando la maleta de Harry que se había tirado en busca del frío suelo—camina, hijo.

—Nos vemos en el lobby en media hora ¡No se tarden!—les dijo Nina antes de meterse a la habitación doble que compartía con su padre.

—Tu trabajo debe ser tedioso—dijo Romina moviendo su copa de vino—no me imaginó estar encerrada en una oficina, frente a un aburrido escritorio.

—Sí bueno—Remus se sonrojó—ayudamos a las personas y eso es lo importante.

—Claro, claro—dijo sonriendo—no quise despreciar lo que haces, por supuesto que no. Solo digo que en lo que a mi refiere no podría vivir así, no señor, lo mío es estar al aire libre.

E hizo un curioso ademán, como si tratara de imitar el movimiento de las alas de las aves. Remus y Romina estaban en un restaurante del centro de Londres; esta era su tercera cita desde que se hubieran conocido. A cada palabra, Remus se sorprendía pues Romina era un alma libre en toda la extensión de la palabra: hacía todo lo que ella creía que era correcto, desde unirse a un sinfín de sociedades con fines altruistas hasta negarse a tener un trabajo que le exigiera hacer cosas con las que no estaba de acuerdo. Como cuando renunció al banco por negarse a hacer cumplir el embargo de una casa donde los habitantes eran una pareja de ancianitos. Y como ese, había muchos ejemplos. No creía en nada que no pudiera ver, oír o tocar, así que podía decirse que era reticente en todo lo que incluí magia. Ahora Remus estaba ahí sentado, mirándola con ojos soñadores evitando pensar en que le mentía al no decirle lo que en realidad era, así que inventó que trabajaba en una dependencia del gobierno, algo que era más o menos la verdad.

— ¿El postre?—les preguntó el mesero.

—Sí por favor—respondió Romina, luego se dirigió a Remus—bueno, ¿Qué más me dices? ¿A qué universidad fuiste? ¿Oxford?—y soltó una risita.

— ¿Oxford? Uff—dijo como si supiera mucho del tema—no, temo desilusionarte pero no—miro a todos lados, en busca de algo que lo ayudara a zafarse del problema—yo… en realidad… no estudié aquí—terminó diciendo al ver que al otro lado de la calle, ondeaban un puñado de  banderas—mis padres me enviaron a la universidad de… del sur de Holanda.

— ¿Holanda?—se sorprendió la chica alzando ambas cejas—vaya, debió ser genial estar en otro país, conociendo gente, ¿Cómo se llamaba?—preguntó con interés.

—Universidad del sur de Holanda—fue más bien una pregunta que una afirmación.

 Remus supo que no había convencido a Romina porque ella se le quedó mirando fijamente. Luego rió y le dio un golpecito en el brazo.

—Debió ser una excelente opción—dijo sin dejar de reír—si todos los chicos de la Universidad del sur de Holanda son tan lindos como tú, creo que debería decirle a mis amigas para que se muden allá  lo antes posible, todas están locas por comenzar a casarse—algo en su tono de voz le dijo que no estaba de acuerdo con eso.

—Claro, claro—dijo suspirando aliviado.

— ¿Harás algo extraño?—soltó de pronto tras un largo silencio en que dispusieron de sus postres.

— ¿De qué hablas?

—Ashley me ha dicho que Nina se comporta de forma extraña en el colegio—explicó Romina con la vista perdida, él comenzó a ponerse nervioso—que hace cosas… raras. Me contó de la vez que se enfadó con un niño, de pronto el bote de pintura del niño le cayó encima sin que alguien o algo lo hiciera. Fue extraño ¿No crees?

 —Supongo—dijo tomando un poco de agua para serenarse—son cosas de niños. Cuando era pequeño una vez salté tres metros…

— ¡Me tomas el pelo!—exclamó Romina divertida.

—No, estoy diciendo la verdad, eso pasó cuando tenía ocho años y yo…

Remus se dio cuenta que era malo estar cerca de Sirius. Porque se sorprendía a sí mismo de la facilidad con la que le estaba mintiendo a Romina, para ese momento ya se había inventado un relato entero de su ficticia infancia y parte de su adolescencia, con algunos tintes de cosas que sí habían sucedido. Romina de verdad le gustaba, pero sabía que no podía mentirle para siempre. Algún día tendría que decirle que era mago y… que era licántropo. No tenía las de ganar, algo que le hizo sentirse miserable y sintió la necesidad de salir corriendo de allí antes de que empezara a sentir algo por ella.

—Oh diablos—musitó Sirius por lo bajo cuando pasaban cerca de un grupito de chicas que por la pinta que tenían, eran turistas. De inmediato les sonrió coquetamente pero la mirada severa de Nina le paro su intento de ligar—ya, ya, lo siento—dijo de mala gana.

—Son vacaciones familiares—recalcó ella con el ceño fruncido, a pesar de sus claras intenciones de mostrarse severa, los shorts, la playera y el sombrerito que traía, le impedía mostrar su estado de ánimo porque se veía realmente tierna—solo nosotros cuatro—se apretó tanto las gafas contra la nariz que casi se hacía daño.

—Bueno, dejémonos de distracciones—interrumpió James en tono conciliador— ¡Harry!—gritó cuando vio por el rabillo del ojo que una mata de pelo oscuro y revuelto salía de su campo visual.

—Estaba leyendo—se excusó el pequeño al volver a su lado—creí que sería bueno saber en dónde nos hemos metido.

— ¿De qué hablas?—preguntó Sirius con curiosidad.

—Empecemos por los lugares muggles—propuso Nina consultando un pequeño libro que sacó de su mochila—el tío Remus dijo…

—El tío Remus, el tío Remus—bufó Sirius— ¿Lo ves por aquí?—Nina apretó con fuerza los labios—eso creí, lo siento. Esta vez nos divertiremos sin las tontas reglas de Lunático, andando. Y yo digo que la primera parada la hagamos en lo obvio.

— ¡Genial!—exclamó Harry con entusiasmo, James le palmeó el hombro a Sirius al pasar por su lado—vamos, enana, ¡Imagina todo lo que puedes aprender de la antigua civilización!—Harry se paró cerca de un enorme poster haciendo graciosas poses y muecas— ¡Todo lo que hacían los…—sin voz, pronunció la palabra *magos,*sin dejar de sonreír—… egipcios!—chilló señalando hacia al frente, donde tenían una excelente vista de las ruinas de las pirámides.

—De acuerdo—aceptó sin sonreír.

Pero Sirius sabía perfectamente que estaba muriéndose de ganas por echarse a correr detrás de Harry que imaginaba que era un *avión.*Nunca se había explicado por qué Nina se reprimía a la hora de relacionarse con niños de su edad; las únicas amigas que tenía eran Ginny y Frankie y en más de una ocasión la oyó quejarse de que su pequeña amiga pelirroja se tomaba demasiado en serio el tema de Harry y que no le parecía que practicara en secreto Quidditch por temor a que sus hermanos se burlaran. Muchas veces hablaba de cuanto le irritaba que Frankie no pudiera comportarse cuando estaba en la mesa, entre otras cosas.

— ¿Qué piensas, Canuto?—le preguntó James mientras enfilaban con el resto de turistas para abordar el autobús que los dejaría en la zona arqueológica; era el tour con el que el ministerio de magia de Gran Breataña tenía un acuerdo, así que la mitad de turistas debían ser magos.

—Nada—mintió echando una ojeada a Harry y Nina que iban unos asientos más adelante devorando unos enormes helados, se giró para ver que James tenía la ceja alzada—aunque no lo creas, hay veces que mi subconsciente logra colarse a mi consiente y me atormenta.

—Eso es cada que ya no puede con la pesada carga—contestó James sonriéndole, Sirius no lo desmintió, parecía que aquella era una de esa raras veces en que hablaban seriamente de los problemas que tenían—si crees que madame Wiglaf va a quitarte a Nina podrías estar tranquilo.

— ¿Cómo es que suenas tan seguro?

—Es fácil, de lo contrario ya habría ido por la niña, no lo ha hecho.

Sirius no quedó muy convencido de aquella explicación, así que James tomó aire y dijo:

—Wiglaf ha ido a pedir referencias tuyas al cuartel—James rodo los ojos en señal de total desacuerdo—supongo que solo quiere hacer su trabajo, aun así… como sea.  El otro día fui a ver a Thompson para pedirle que me resolviera un problema que habíamos tenido con uno de los novatos y oí a Wiglaf preguntándole por ti, por cómo te comportabas y ese tipo de cosas.

—Vieja bruja—masculló Sirius amargamente.

—Al igual que también habló con Scrimegour y otros más.

—Mierda, ahora si estoy jodido—sentenció tapándose la cara con las manos, pero al hacer tanto calor era imposible mantener las palmas de sus manos secas, así que no tuvo más remedio que bajar las manos—seguro ese viejo león le hablo pestes de mí, medio departamento me odia.

—Sí, porque medio departamento son mujeres—dijo James con burla.

—Esto es serio, James. Si esa mujer decide que Nina estaría mejor con Ivanka, cojo una de esas armas muggles y me doy un balazo.

—No te preocupes, hombre, solo tienes que…

— ¡Tressa!

— ¿QUÉ?

Sirius se puso de pie de un brinco aun cuando el autobús ya iba en marcha y traqueteaba bruscamente, sentía como algo en su pecho saltaba con violencia, tenía la respiración entrecortada y cada que respiraba sentía como si alguien invisible le clavara agujas en la garganta. James tenía la cara contorsionada en una mueca de incredulidad, giraba la cabeza a todas partes mientras que Harry y Nina tenían los ojos como platos, las cabezas muy pegadas al vidrio y señalaban en la misma dirección.

Entonces la vio.

¿Qué estaba haciendo ella allí?

A mitad de la calle que se había convertido en un centro comercial ambulante con tanta gente que parecían diminutas hormigas, no importaba, porque la estaba mirando en ese mismo instante. Estaba dándole la espalda, mirando con atención un cachivache, pero sabía perfectamente que era ella; aunque llevará el pelo sujeto en una alta coleta y se hubiera dejado de lado las enormes botas, era ella.

— ¡Pare!—exigió Sirius caminando hacia la puerta, el conductor le miro sin comprender— ¡Le digo que pare! ¡Deténgase!

— ¡Tressa, Tressa!—gritaban ambos niños golpeando el vidrio con fuerza.

— ¡La perdemos!—gritó Sirius al borde de la histeria, la gente los miraba con el ceño fruncido, otros reían indiscretamente pero al parecer nadie comprendía lo que quería decir— ¡Déjenos bajar!

Nina se puso también de pie, se puso junto al conductor y dijo una palabra extraña. Era obvio que no estaba hablando inglés. Pero entonces el hombre le sonrió amablemente y con una regordeta mano presionó uno botón que abrió la puerta y detuvo el autobús en seco.

— ¡Corre!—le dijo James a Sirius cogiendo la mochila que se había dejado en el asiento— ¡Te alcanzamos!

Sirius no espero dos veces a que James le repitiera la orden: al pasar junto a Nina le sonrió, le alborotó el cabello a Harry y bajó del autobús velozmente. Se detuvo un segundo para ubicarse, la había visto cruzando la calle, no tenía tiempo para esperar a que los autos se detuvieran así que corrió tratando de esquivarlos. Los autos pitaban, enfurecidos, diciendo un montón de palabras que él no comprendía, no permitiría que nada lo detuviera. No se había fijado cuanta distancia habían recorrido en el autobús desde que la vieron así que se sorprendió corriendo lo más rápido que las piernas le permitían, sin dar con la bendita calle.

Estaba comenzando a sentir como el pánico le trepaba por los pies cuando giró la esquina y entonces…

Por primera vez en su vida sintió como una enorme bestia se despertaba en su interior (no sabía que existía) el animal alzó la cabeza, olfateando el aire, en busca de algo que activara su instinto. La bestia no tardó en encontrar algo que desatara su furia porque justo frente a Sirius estaba Tressa Moore.

Esa chica.

La chica.

No estaba sola. Un hombre alto y de pelo negro le sonreía y la sujetaba amablemente por el cuello, con tanta familiaridad…

—Pero…—balbuceó apretando los puños con fuerza, una ira que hacía mucho tiempo no sentía se apodero de su cuerpo y lo obligaba a caminar hacia la pareja—no…

—Podríamos comprar ambos—le decía el hombre a Tressa, sin dejar de sonreír—a menos que seas lo suficientemente avara como para…

El hombre no terminó de hablar porque justo el puño de Sirius se estampó contra su cara ante la mirada atónita de Tressa que buscó entre la muchedumbre al responsable.

— ¡Sirius!—gritó entonces abriendo los ojos de par en par, se puso más colorada que un tomate y rápidamente se tapó el torso con una túnica— ¿Qué haces tú aquí?—giro a todos lados la cabeza, como a la espera de que algo o alguien le dieran una muy buena explicación.

Los transeúntes se quedaban mirando el espectáculo que daban aquellos dos extranjeros, cuchicheándose cosas al oído.

Sirius era explosivo sí, en muchas ocasiones imprudente, pero jamás se había ido a los golpes por dejarse llevar por los celos. Porque aunque jamás hubiera sentido celos (al menos nunca lo había admitido) sabía que eso exactamente era lo que le provocaba tanta ira y tantas ganas de partirle la cara al acompañantede Tressa. El hombre se puso de pie y se limpió el hilillo de sangre que salía de su labio con la manga de su playera.

— ¿Sirius? ¿Eres Sirius Black?—le preguntó con odio.

— ¡No por favor, ya basta!—pidió Tressa cogiendo el brazo del hombre—vámonos de aquí, no vale la pena.

— ¿Qué dices?—exclamó el hombre mirando con furia a Sirius que le sostenía la mirada y mantenía la guardia, preparado para recibir un golpe y esquivarlo— ¡Vale toda la pena del mundo!

Y como era de esperarse, se lanzó contra Sirius como un bólido, cogiéndolo de la cintura lo derribó al suelo donde rápidamente comenzó a golpearlo. La gente gritaba y pedía ayuda, pero nadie se acercaba para tratar de separarlos. Tressa estaba petrificada, no sabía qué hacer, estaba demasiado asustada como para poder moverse.

— ¡Están peleándose!—gimió Nina cuando alcanzaron a ver una multitud que se congregaba alrededor de algo que no podían ver desde ahí.

—Pero… ¡Justo fue ahí donde vimos a Tressa!—afirmó Harry entre asustado y emocionado por ver una pelea de verdad.

—Oh no—James cogió a los dos niños para cruzar la calle— ¡Sirius!

— ¡Ya suéltalo!—gritaba Tressa a Sirius— ¡Van a matarse, ya fue suficiente!

— ¡Sirius!—soltó entonces James cuando él y los niños se abrieron paso entre el montón de gente— ¿Qué crees que estás haciendo?

— ¡Tressa!—gritaron Harry y Nina, contentos—te dije que la había visto—continúo Nina muy satisfecha de sí misma, tanto que no prestaba atención a la pelea.

Sirius estaba tratando de zafarse de una llave que le había hecho el chico, a tal grado que tenía bastantes dificultades para no gritar de dolor y pedirle que parara.

—No, no es cierto, yo te dije que la había visto—la contradijo Harry.

— ¡Fui yo!

— ¡James! ¿Qué rayos…?—pero Tressa se dio un golpe en la frente— ¡Has algo, sepáralos! ¡Ahora! ¿Qué no ves que va a matar a mí…?

James esquivó los golpes que Sirius y el hombre se daban y pudo coger el brazo de su amigo y obligarlo a ponerse de pie: jadeaba, el ojo comenzaba a palpitarle y ponérsele morado, estaba despeinado pero por lo demás se veía ileso.

— ¿Qué crees que estás haciendo?—le preguntó James arrastrándolo lo suficientemente lejos de Tressa y el hombre, evitando así que volviera de nuevo a los golpes.

— ¡Él empezó!—se defendió mirando resentido como Tressa se agachaba para ayudar al chico, viendo si estaba herido— ¡Este idiota!

— ¿A quién le dices idiota?—explotó el chico zafándose del agarre de Tressa para reanudar la pela— ¡Idiota!

—Suficiente, vámonos de aquí—dijo Tressa evitando por todos los medios encontrarse con la mirada de Sirius, asió más la túnica que le envolvía el torso—lo siento, niños—le sonrió temblorosamente a Harry y Nina que le devolvieron la sonrisa—esto… hagan de cuenta que no me vieron.

—Pero te hemos visto—dijo Harry amablemente— ¿Por qué tendríamos que olvidarlo?

—Es difícil de explicar—musitó Tressa tristemente—ojala no fuera así, pero lo es. Siento muchísimo que tuvieran que ver esto, les prometo que no volverán a verme.

Sirius sintió claramente como perdía el color ante las últimas palabras de la chica.

— ¿Te hemos hecho algo malo?—preguntó Nina, cabizbaja.

—No linda, claro que no—la voz de Tressa tembló, abrazó a Nina y a Harry que la abrazaron con fuerza; James no sabía que decir, estaba seguro que debía (mínimo) pedirle perdón por haber sido cómplice de Sirius, pero sabía que dijera lo que dijera, no iba a ser suficiente—son los niños más maravillosos que he conocido.

— ¿Podemos ir a verte al ministerio?—quiso saber Harry separándose de ella, le miraba de forma suplicante—prometemos pedir permiso antes de ir contigo, ¿Sí? Por favor, nos portaremos bien.

—Me temo que no podrá ser—hipó limpiándose las lágrimas que corrían por su rostro, eran lágrimas de tristeza, sin embargo sonreía—no volveré al ministerio. Pero podrán escribirme las veces que quieran—se apresuró a decir al ver que Nina amenazaba con llorar—sus lechuzas sabrán donde encontrarme.

James miraba a Sirius. Esperaba que estuviera armándose de valor para decir lo que tenía que decir y hacer lo que debía hacer, incluso parecía que estaba lográndolo. Sabía de sobra que iba a necesitar un empujón porque de lo contrario, no lo haría y se arrepentiría por el resto de su vida. Porque cuando Sirius dejaba ir algo, era para jamás hacer el intento de recuperarlo, por más que quisiera, no lo haría. Así era él, su naturaleza.

—Esto…—James se aclaró sonoramente la garganta, haciendo que los ojos de los demás se posaran en él—bien, Tressa yo…—la mirada severa que ella le dedico lo acobardo un poco pero luego se acordó de Lily y encontró las palabras precisas para ese momento—sé que te hicimos daño, queriéndolo o no, así fue. No sabes cuánto lo siento, tanto que no puedo expresarlo con palabras—el compañero de Tressa hizo un gesto de dolor cuando bufo, en desacuerdo con lo que acababa de decir—aun así, no me cansaré de pedirte perdón, una y mil veces y no será suficiente. Así que empezaré ahora, perdón.

Los ojos de Harry y Nina pasaban de James a Tressa y viceversa, como si miraran un partido de golf. Harry posó los ojos en Nina para darse cuenta que ella pensaba lo mismo: ninguno de los dos tenía la más remota idea de porque James le pedía perdón a Tressa. Así que cruzaron los brazos y fruncieron el ceño.

—Bien—musitó Tressa alzando la vista para establecer contacto visual con James que le sonrió tímidamente—creo que no tengo nada que disculparte—la sonrisa de James se esfumó—no fuiste tú quién me mintió—Sirius alzó la cabeza, como si alguien hubiera dicho su nombre, pero se arrepintió de haberlo hecho—solo te quedaste callado.

James sintió como si un enorme piano de cola le cayera encima y lo enterrará cinco metros bajo tierra. Era el peso de la culpa y ni siquiera se acercaba.

—Te veremos pronto, espero—dijo Harry sonriendo resignadamente.

—Claro—dijo Tressa suavemente—cuídense mucho por favor, pórtense bien.

Dio un último abrazo a los niños. El chico le lanzó una mirada envenenada a Sirius antes de comenzar a caminar junto a Tressa.

Se sentía como en las bodas cuando preguntaban si alguien se oponía a la unión. Claro está que él se oponía rotundamente a que Tressa se fuera con el desconocido, la bestia que albergaba en su interior bramaba que la sujetara por el brazo y se la llevara lejos, a un lugar donde nada importaba, donde no le había mentido. No había suficiente tierra de por medio que los alejara, era una señal; habiendo estado en Liverpool todo ese tiempo y sin haberla ido a buscar, ahora la tenía enfrente, estando en un país lejano a su hogar. Tenía que ser el destino.

— ¡Espere!—gritó una mujer que atendía uno de los negocios, agitaba la mano llamando a Tressa— ¡No puede irse! ¡No ha pagado la túnica!

Sin embargo…

Quería moverse, Sirius le ordenaba a sus piernas que caminaran en la dirección en la que iba Tressa, pero ellas no le hacían caso, seguían plantadas en el mismo lugar, era como si estuvieran revelándose en su contra, negándose a hacer lo que él quería. Pero… si ir detrás de ella era lo que en verdad quería, entonces ¿Por qué no podía hacerlo? ¿Qué pasaba?

— ¿Bromeas?—le dijo una voz en su cabeza, con una risa burlona— ¿Qué rayos crees que estás haciendo? ¡Ir detrás de una mujer! ¡Por Merlín! ¡Inconcebible! No puedes hacerlo, nodebes.

— ¿Por qué?—preguntó desafiante otra voz, se oía ahogada, pero aun así, firme.

— ¿Todavía lo preguntas?—rió desdeñosamente— ¿Hace falta que te recuerde algunos detallitos que has querido omitir desde hace mucho tiempo?

— ¿De qué hablas?—por un momento, la voz firme flaqueó.

—No tienes por qué depender de una mujer o dime, ¿Ya te has olvidado lo que sucedió con Walburga?

— ¡Cierra el pico!

—Duele, ¿Cierto? Claro que te duele, porque recuerdas perfectamente lo que sufriste con el rechazo de tu mami—dijo con voz infantil—recuerdo todas aquellas noches en que llorabas en solitario, aun puedo oír tu voz gimiendo "¿Por qué no me quiere mi madre? ¿Por qué no puede aceptarme como soy?"

— ¡Eso no es cierto!—bramó la voz.

— ¿Quieres volver a eso?—le preguntó con saña—pero ¿Qué digo? ¡Has vuelto a eso! Has estado aguantándote las ganas de ir detrás de ella, solo probando algo que no eres. Es justo ahora cuando debes demostrar que no necesitas a ninguna mujer para ser feliz. ¡Deja que se vaya! ¡Si no quiere estar contigo, no le ruegues! ¡Mujeres hay de sobra mi perruno amigo!

— ¡Cállate, déjame pensar!

— ¿Qué?

Un niño que no era más grande que Nina, le arrebató el pedazo de tela a Tressa que se horrorizo, trató de cubrirse con su bolsa, pero fue demasiado tarde.

— ¡Por Merlín!—exclamó James con la boca abierta.

El gritó que soltó James, hizo que Sirius saliera de sus ensimismados pensamientos. Giro la cabeza bruscamente, como cuando era perro y se sacudía el agua, pretendía olvidarse de la pequeña batalla que se había librado en su interior. Tratar de disipar sus dudas y tomar una decisión. Se fijó en Nina que se tapó la boca con las manos a la par que Harry abría mucho los ojos.

Siguió la dirección de los ojos de los niños.

—Tú estás… estás…—Sirius estaba como hipnotizado con lo que veía y al parecer el acompañante de Tressa había comprendido porque rápidamente se puso frente a ella que todavía tenía esa expresión de horror mezclada con temor—estás…—seguía alucinado—estás tan gorda, pues ¿Cuánto has comido de más?—dijo finalmente, arrugando la frente.