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Harry Potter Black Lupin — capítulo 41
—Tú estás… estás…—Sirius estaba como hipnotizado con lo que veía y al parecer el acompañante de Tressa había comprendido porque rápidamente se puso frente a ella que todavía tenía esa expresión de horror mezclada con temor—estás…—seguía alucinado—estás tan gorda, pues ¿Cuánto has comido de más?—dijo finalmente, arrugando la frente.
Al parecer el mundo había dejado de girar, el tiempo se había congelado y el aire se había vuelto sólido. El cerebro de James zumbaba, como si tuviera una molesta mosca que no le dejara procesar lo que ocurría, miraba de Tressa a Sirius, como intentando encontrarle conexión entre ellos dos, porque ella estaba más roja de lo que jamás la hubiera visto (eso ya era mucho decir) tenía la cara contorsionada en una mueca aterrada mientras que Sirius seguía embobado con el pequeño bulto en la barriga de ella. El amigo de Tressa por su parte, tenía los puños y la mandíbula apretada y bufaba sin parar, al parecer tenía dificultades para no lanzarse de nuevo a los golpes, era como si estuviera pegado al suelo por obra de algún hechizo.
— ¿Qué?—saltó entonces Harry, arqueando las cejas, miraba incrédulo a Sirius— ¿Cómo se te ocurre decir eso?—le espeto haciendo que él reaccionara y parpadeara varias veces; Nina tenía los labios tan fruncidos que los tenía blancos— ¡Hasta yo sé lo que pasa aquí!
—Harry… no—le imploró Tressa cubriéndose el torso con la bolsa que llevaba.
— ¡Tressa está embarazada!—gritó Harry contento.
Fue como si un enorme globo de helio se desinflara, justo en ese momento Sirius abrió los ojos como platos, se puso más blanco que Nick Casi Decapitado al punto de que James lo cogió por los brazos para que no se desmayara.
—Por dios, por dios…—no paraba de decir James tan nervioso que temblaba.
— ¡Vas a tener un hermanito!—le dijo Harry muy animado a Nina, sus palabras fueron recibidas como baldes de agua fría: Tressa soltó un gemido y Sirius aulló.
—Harry, ya no digas más—dijo James apurado—niños… esto…—balbuceaba mirando intercaladamente a Tressa y Sirius que no se movían ni un ápice—será mejor que volvamos al hotel, este no es asunto suyo, vámonos.
—Sí lo es—lo contradijo Nina que hablaba haciendo rechinar los dientes, sorprendiéndolos a todos por su actitud—es nuestro hermano ¿no?—le preguntó a Tressa, señalándose a sí misma y a Harry que parecía muy emocionado.
—Hay que irnos—interrumpió el hombre, dándole suaves empujones a Tressa en el brazo—hay que volver lo antes posible.
—Contesta—exigió Sirius con voz trémula, Tressa se quedó de piedra al oírlo—si no tienes nada que ocultar, entonces contesta a lo que te pregunto Nina.
—Yo…—la chica trago con dificultad, miro a Nina y trato de sonreírle—no tengo nada que decirte cariño.
— ¿Segura?—insistió la niña.
—Pero a mí si—dijo entonces Sirius.
Cogió su mano y desapareció con ella.
— ¿Qué…?—iba diciendo James, atónito.
— ¿A dónde se la ha llevado?—gritó el chico, rojo de la furia— ¡Tú tienes que saberlo!—dijo empujando a James.
— ¿Cómo voy yo a saberlo?—espetó James apartándolo con un manotazo, le miraba ceñudo— ¿Qué no ves que se han desaparecido? A menos que me hubiera cogido de ellos, sabría a donde fueron. Podrían estar en cualquier lugar.
— ¿Y mientras qué?—chilló fulminándolo con la mirada— ¿Nos quedamos aquí esperando a que Black se decida regresar?
—Ay no—terció Harry abanicándose con su mano—papá ¿Podemos ir a las pirámides? No venimos hasta acá para no ir a verlas.
—Tienes razón—concedió su padre consultando su reloj de pulsera, repentinamente la sorpresa de ver a Tressa y lo que conllevaba, se le había olvidado—sí pudiéramos aparecernos… podríamos alcanzar al guía de turistas…
— ¿Es qué vas a dejarlo así?—se escandalizó el chico, llamando la atención de la gente— ¡Se la ha llevado a quién sabe dónde para hacerle quién sabe qué!
—Tranquilízate ¿Quieres?—le dijo James rodando los ojos—al contrario de lo que crees, Sirius sería incapaz de hacerle daño, estarán bien y volverán cuando hayan hablado y aclarado sus problemas.
—Ah me olvidaba que eres su tapadera. Potter ¿no? Siempre has de estar de su lado e inventar un millón de excusas por él.
— ¿Tú quién te crees que eres para hablarme así?—James avanzó un paso hacia él.
—Tío mejor ya vámonos—dijo Nina tirando de su brazo—no hay que causar más problemas, si el tío Remus se entera…
— ¿Cómo iba a enterarse el tío Lunático?—preguntó Harry mirándola con recelo—él no tiene por qué enterarse, a menos de que "alguien"—e hizo unas enormes comillas en el aire—fuera corriendo a escribirle una lechuza ¿verdad?
—Será mejor que me comunique con el ministerio y diga lo que ha pasado—decía el chico cruzando la calle.
James, que lo alcanzó a oír, cogió a ambos niños que peleaban y lo siguió. Algo en su interior le decía que no era buena idea que el problema llegara a oídos del ministerio porque si bien eran más que conocidos y si Amanda Wiglaf se llegaba a enterar… Nina ya podía empezar a hacer las maletas.
— ¡Hey! ¡Espera!—le gritó, el chico se volvió—digo, no tienes por qué hacer una tormenta en un vaso de agua. Podemos localizarlos rápido y entonces… te aseguro que Tressa jamás te engañaría con Sirius—terminó muy apurado.
— ¿Engañarme?—repitió el chico extrañado, por un instante, James creyó que estaba a punto de echarse a reír— ¿De qué rayos hablas? ¡Tressa es mi hermana!
— ¿Tú hermana?
— ¿Quién más si no?—dijo el hermano de Tressa, sin dejar de caminar entre un mar de gente—casi no nos vemos porque ella se quedó en Londres, yo vivo aquí.
—Y esto nos lo dices…—James dejo la frase al aire, para que él continuara.
—Para que vayas y se lo digas a Black—dijo la última palabra como si escupiera veneno—hazle saber que Tressa no está sola, ya ha hecho mucho y no voy a permitirle que siga burlándose de ella ¿comprendes? Ni él ni nadie.
—Jamás fue mi intención—defendió James—traté de remediar mi error.
El hermano de Tressa le sostuvo la mirada por un momento, luego apretó los labios y siguió caminando sin decir una palabra más.
— ¿A dónde vamos?—inquirió Harry luego de diez minutos.
—Tratamos de que Sirius no esté en demasiados problemas—contestó distraídamente—eh…—buscaba la forma de llamar la atención del chico que viéndolo bien parecía de su misma edad—a todo esto, ¿Cómo te llamas?
—Turner—respondió de mala gana—y si no quieres que encuentre a mi hermana por mismedios, entonces será mejor que hagas algo para que Black la traiga de vuelta. No sé si sepas, pero en su estado no es conveniente que ella este apareciendo y desapareciendo.
—Vale, vale, no hay que alterarnos—dijo James en tono conciliador—veamos… puedo darte el nombre del hotel en el que estamos, iré con los niños para allá y se me ocurrirá algo. Cuando Tressa esté con nosotros te enviaré un patronus.
—Te daré máximo dos horas—le amenazó Turner con los ojos brillándole de furia—si no tengo noticias…
Y sin más, giro sobre sus talones y desapareció.
— ¿Mi papá está metido en un buen lío, cierto?—preguntó Nina subiéndose las gafas con su pequeño dedo índice.
—Solo un poquito—dijo James tratando de sonreír—todavía podemos ayudarle—Nina y Harry asintieron satisfechos—aunque no se lo merezca—añadió en voz baja—bueno, pues vayamos.
—Anne… que sorpresa—dijo Remus Lupin abriendo la puerta de la mansión Potter; hacía un rato había vuelto de su cita con Romina, estaba preparándose una taza de chocolate caliente cuando tocaron a la puerta. Después de varios meses sin saber nada, la última persona que hubiera imaginado encontrarse era Anne Kyteler y su cara nerviosa.
—Hola Remus—musitó ella con un hilo de voz, estaba más blanca que la cal y si podía decirse, muy delgada— ¿Puedo pasar?—preguntó tímidamente.
—Claro, claro—dijo haciéndose a un lado—esto… ¿Quieres beber algo?
—No gracias—seguía hablando en un susurro apenas audible—yo… siento venir así, sin más, pero tenía que hacerlo. Aunque no quiero, yo… ¿está?—preguntó suspirando hondamente, señalando el techo con la mirada, maldiciéndose mentalmente.
—Te refieres a James—Remus la guió hacia el salón, no contestó hasta que se hubieran sentado, frente a frente—creo que sería bueno que comenzaras a llamarlo por su nombre ¿no crees?
—No lo hagas más difícil—pidió ella juntando sus temblorosas manos.
—Lo siento, pero… no comprendo muy bien que es lo que estás haciendo aquí. Luego de lo que pasó, James te buscó, trato de hablar contigo, arreglar las cosas—Remus hizo una pausa para ver si ella decía algo, pero mantenía su careta fría— ¿Qué rayos fue lo que pasó ese día?
—No lo sé, Remus—respondió ácidamente—por más que intento, mi cabeza es un torbellino de imágenes borrosas, nada tiene lógica. He tratado de reconstruir ese día, al parecer algo está mal porque no puedo, hasta llegue a pensar que me habían hechizado. Al principio traté de ignorarlo, de seguir con mi vida, lejos de aquí pensando que tal vez si no pensaba mucho en eso me convencería a mí misma de que no había sucedido.
—No funcionó—sentenció Remus.
—Claro que no, hubiera funcionado, pero hubo consecuencias—Anne bajo la mirada al suelo, tenía las manos tan apretadas que estaban enrojecidas—no puedo con esto sola y aunque yo lo odie, tiene que saberlo.
— ¿Consecuencias?—farfulló el licántropo, abriendo los ojos como platos— ¿De qué hablas? ¿Qué…?
—Estoy embarazada—dijo como si fuera vomito verbal.
Remus se quedó sin palabras.
—… ¿Quieres calmarte ya?—le decía Sirius a Tressa que parecía leona enjaulada, jamás la había visto tan enojada, como siempre era tímida frente a él; ya no había ni rastro de la chica que había conocido y que había engañado, algo que le hacía sentirse tan extraño. Ya llevaban en aquel lugar alrededor de una hora y por más que trataba de entablar una conversación "civilizada" ella no daba su brazo a torcer—relájate y hablamos ¿vale?
— ¿Qué parte de "no quiero hablar contigo" no entiendes?—espetó ella, su pecho subía y bajaba rápidamente debido a su respiración— ¿En qué idioma te lo digo? Je ne veux pas vous parler, non voglio parlare con te, eu não quero falar com você, Ich will nicht mit dir reden…
— ¿Qué?—soltó Sirius con una ceja alzada— ¿Qué fue lo que dijiste? ¿No hablaste en inglés, verdad?
— ¡Merlín!—chilló alzando los brazos al cielo— ¡Dame paciencia, porque si me das fuerza lo mato!
—No serías capaz de matarme—sentenció yendo hacia ella, coquetamente—tú me quieres.
—Suficiente, me largo—dijo Tressa caminando.
— ¡Todavía que te largas quién sabe a dónde y me dejas, te pones tus moños!—gritó Sirius caminando detrás— ¡Mujeres!
—No es posible, mira quién habla; has de tener la conciencia muy limpia ¿no?—Tressa no se detenía y giraba la cabeza cada dos por tres para fulminarlo con la mirada, Sirius se sonrojó—después de todo lo que hiciste y tienes el descaro de insinuar que esto es mi culpa, eres el hombre más tonto que existe sobre la faz de la tierra. Déjame en paz.
—Ah… discúlpame por querer arreglar las cosas—dijo comenzando a enfadarse—con las mujeres todo siempre tiene que ser drama ¿no? De lo contrario no están satisfechas.
— ¿Eso piensas?—preguntó ácidamente.
— ¡Por supuesto!
—Genial—Tressa suspiro hondamente y sonrió amargamente—sí eso es lo que crees no entiendo el por qué me sigues, no sé qué haces aquí; lárgate, sigue tu camino, vive y deja vivir. Haz de cuenta que no me has vuelto a ver, que no sabes nada.
— ¿Cómo pretendes que haga eso, cariño?—dijo Sirius de mala gana, no sabía porque estaba tan enojado, quería arreglar las cosas, decirle que la quería, pero su boca parecía tener control sobre sí misma— ¿No se supone que vamos a tener un bebé?
Tressa se detuvo en seco y se sobresaltó al oír lo último.
—No sé de qué hablas.
—Vale, si no quieres estar conmigo no voy a obligarte—dijo Sirius altaneramente—pero recuerdo muy bien lo que sucedió, y tú también. Así que… tú decides, por las buenas o por las malas.
— ¿Qué debo entender con eso?—inquirió furiosa— ¿Estás amenazándome?
—No quiero llegar a ese punto, tú eliges ya te dije.
La chica parecía a punto de lanzársele y romperlo en dos, apretaba los dientes con tanta fuerza que a Sirius no le hubiera sorprendido que se le rompieran ahí mismo. La verdad de todo era que no sabía con exactitud qué diablos estaba haciendo, ni siquiera asimilaba aún que fuera a tener otro hijo… ¡Qué cosa!
—Bien—dijo Tressa finalmente con los ojos húmedos—sabía que esto sucedería, tarde o temprano—Sirius se sintió un tanto culpable, agachó la cabeza, mirando sus zapatos como si fueran la cosa más importante del mundo—tienes derecho, pero que te quedé bien claro que esto no quiere decir que tú y yo estamos bien. No volverás a hacerme daño.
—Volvamos a Londres ahora mismo, entonces—dijo Sirius rápidamente.
—Tengo vida propia—lo cortó con desdén—volveré en una semana, si te parece y si no, no me importa.
—Mira cómo te pones—le recriminó rodando los ojos— ¿No habíamos quedado en algo? ¿Quién te entiende?
—No quieres llegar al límite de mi paciencia—apuntó Tressa frunciendo los labios—agradece que voy a volver a Londres, sí bien todavía ni siquiera nace y ya te estas adueñado de mibebé.
Sirius sintió algo extraño en el pecho, algo que jamás había sentido, cuando ella mencionó la palabra bebé.¿Cómo era posible que siempre se convirtiera en padre en aquellas circunstancias?
—Nuestro, querida, nuestro—la corrigió.
—Debería irme lejos y no volver sino hasta que nazca, suponiendo que no decida otra cosa.
— ¿Ves? No puedo confiar en ti—le reprochó Sirius negando con la cabeza—anda, vámonos ya a Londres y te quedarás en la mansión, donde pueda vigilarte.
—Estas idiota—dijo Tressa riendo—estas muy equivocado si crees que voy a vivir contigo.
— ¿Segura?
—Demasiado.
—Entonces que empiece la guerra—dijo Sirius sonriendo maléficamente.
Tressa arqueó las cejas, no tuvo tiempo de decir nada más porque Sirius de nuevo se desapareció con ella.
—Yo… no sé qué decir—balbuceó Remus al borde del colapso—ni en un millón de años me hubiera imaginado que… fuera a suceder esto.
—Ni yo—dijo Anne mojándose los labios cada dos por tres—esto no estaba dentro de mis planes, sabes que es lo último que quería luego de lo que pasó con… con Adam.
—Debes hablarlo con James—le aconsejó—cuanto antes mejor, sea lo que sea que decidan… deben hacerlo juntos. Aunque si te soy sincero, sé cuál va a ser la posición de James. Lo conozco demasiado bien, él tampoco quería otro hijo…
— ¿Otro hijo?—dijo una voz a sus espaldas.
Se giraron bruscamente, ahí estaba parado James junto a Sirius.
— ¿De qué rayos…?
Pero Anne se delató, se llevó una mano instintivamente hacia su vientre. James palideció y se desmayó.
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