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Harry Potter Black Lupin — capítulo 43
To think that only yesterday I was cheerful, bright and gay Looking forward to well wouldn't do The role i was about to play
Alone again, Gilbert O'Sullivan
—Siéntese, Potter—le dijo Rufus Scrimegour en cuanto el chico entró en la que muy pronto se convertiría en su ex oficina.
James tomo asiento, revolviéndose en su lugar pues sabía lo que seguía a continuación y la verdad no estaba del todo seguro. Tenía tantas cosas en la cabeza que lo último que se le hubiera ocurrido era pensar en aceptar el cargo que Scrimegour le ofreció.
—Aún no me decido—declaró antes de que su interlocutor abriera la boca—no he tenido tiempo de meditarlo, ni siquiera se lo he dicho a Remus o Sirius.
—No sabía que tenía que pedir permiso—dijo él rodando los ojos, James apretó las manos con fuerza bajo el escritorio—esta misma semana tomo nuevo cargo, no puedo irme sin dejar las cosas claras por aquí.
—No lo decido—repitió como esperando que de esa forma, Scrimegour eligiera por él.
—Quiero una respuesta mañana a primera hora—le dijo fríamente—ya puede irse.
—Gracias—dijo sin saber que pensar, con el ceño fruncido.
—Felicidades por cierto—dijo Scrimegour cuando ya giraba el pomo de la puerta.
—¿Perdón?—James se giró despacio, con la cabeza ladeada.
—El ministerio es un hervidero de rumores—le explicó sin alzar la cara de un pergamino que garabateaba—ha llegado a oídos de todos que esta esperando un bebé con Anne Kyteler—el chico tuvo que hacerse de toda su fuerza para no desmayarse al oír aquello—ni en mil años se me hubiera ocurrido que esa mujer… y con usted precisamente—carraspeó y sacudió la cabeza de golpe—felicidades.
—Yo… yo…
El lado inconciente de James le obligo a salir de esa habitación antes de que se pusiera a chillar y gritar. Iba sujetándose de los muros para no caerse. Porque una cosa era ponerse de acuerdo con Anne y hacer una tregua y otra muy diferente que tuviera que lidiar con los cotilleos de medio mundo mágico. No estaba listo.
—¡Eh, James!—le gritó alguien que venía justo frente a él, se sentía tan mal que no alcanzó a distinguir quién era— ¡James!
Fue lo último que alcanzó a entender antes de que su cuerpo cediera y se desplomara.
—Aburrido, aburrido, aburrido…—iba diciendo Sirius con pereza al ir cambiando de pagina de lo que era un grueso montón de pergaminos— ¿Qué ya no hay nada de acción? Se suponía que el departamento de Aurores no paraba…
—¿Sirius?—llamaron a la puerta, una voz de mujer.
—No he pedido comida—dijo aburrido—vuelva más tarde.
—Soy yo, bruto—le dijo Anne abriendo la puerta y cerrándola rápidamente.
—¡Ah hola!—saludó contento, cambiando su postura por una más formal—por fin, alguien con quién hablar, me he pasado horas sin nada que hacer ¡Horas!—exclamó dramáticamente—Remus se pasa ya más tiempo enseñando a los nuevos aurores que en su cubículo. A Frank lo han encomendado en la misión más aburrida del mundo, Alice bajo a los tribunales y James se esfumó desde la mañana—terminó negando con la cabeza—que bueno que vengas a visitarme porque…
—¿Quieres dejar de pensar en ti mismo tres segundos?—soltó Anne dejándose caer en la silla.
—Uff pero que humor—se quejó él algo dolido—si vienes a insultarme no…
—No entiendes—dijo Anne con las manos en la cara, claramente no era su mejor.
—¿Te pasa algo?—atinó a preguntar Sirius algo extrañado— ¿Annie?
—Qué observador—terció ella volteando hacia la ventana por donde se podía ver el montón de gente que iba y venía por todo el cuartel.
—Remus también me dice así—dijo pensativamente—siempre he creído que va cargado de doble sentido, pero no soy muy bueno leyendo entre líneas…
—Sabía que debía ir a ver a Remus—dijo Anne poniéndose de pie—es imposible entablar una conversación con una persona que solo piensa en sí misma, pobre Tressa.
—¿Tressa?—saltó Sirius como impulsado por un resorte, con repentino interés— ¿Qué pasa con ella? ¿Está bien? ¡Oh por los calzones de Merlín!—gritó con una mueca de pánico— ¿Ya va tener al bebé?
—¿Qué?
—¡Pero si no he comprado nada!—dijo alterado, caminando en círculos con una mano en la cintura y otra en la cabeza— ¡La vieja ropa de Nina no va a quedarle!
—Sirius, cállate—dijo Anne tratando de no sonreír.
—¡Y en San Mugo no tienen tienda de ropa de bebés! ¿Qué voy a hacer? ¡Ni siquiera soporto estar en un hospital!
—¡Tranquilízate!—le ordenó Anne tomándolo por los brazos y obligándolo a sentarse—Tressa está bien, llega mañana, además no es posible que vaya a tener al bebé porque solo tiene cuatro meses de embarazo.
—¿Ah sí?—preguntó más calmado—eso no lo sabía, está bien entonces. ¿Qué hacías aquí? No me lo dijiste.
Y tan rápido como se había alterado, se relajo.
—¿Vas a decirme que en todo el día no has salido de aquí?—inquirió ella recelosa.
—¿No te dije que estaba más aburrido que una ostra? Me tienen como esclavo leyendo y leyendo. ¿Por qué? ¿Qué pasa allá afuera?—quiso saber sonriendo maliciosamente—cuéntame ¿A quién se esta comiendo el mundo? ¿Qué chisme bulle por los rincones?
—Que estoy embarazada—dijo ella enojada.
—¿Qué?—chilló abriendo los ojos como platos—¡Estás jodiendome!
—Ojala fuera así—decía de mala gana—pero todo el día he tenido que soportar que la gente me felicité por algo que no me causa ni tantita alegría. Y por supuesto, el hecho de que me relacionen con… él.
—James.
—¡Ya sé su nombre!—dijo furiosa, Sirius se encogió de hombros—el punto no es ese, sino que no sé cuanto tiempo vaya a soportarlo.
—Toda tu vida—le dijo Sirius con simpleza, ella le miro ofendida— ¿Qué quieres que te diga? Remus no para con su cantaleta de qué los hijos unen a los padres por siempre, no puedes escaparte, mira a Ivanka.
—Oh—Anne se dio cuenta que esta vez, Sirius lucía cabizbajo— ¿Qué ha dicho madame Wiglaf? ¿Ha puesto fecha para la sentencia?
—En un mes—contestó enfurruñado—aunque estoy seguro que esa mujer se habrá dado cuenta que soy más bueno que ella, que ella esta más loca que yo.
—Sí bueno, no te confíes tanto…
Antes de que Anne pudiera terminar la frase, se puso una mano en la boca y…
—¡NO!—gritó Sirius viéndolo todo a cámara lenta.
La mujer no había podido reprimirse y había vomitado escandalosamente dentro del cesto de basura que estaba junto a los pies de Sirius que se estaba poniendo verde.
—Lo siento—se disculpo cogiendo el pañuelo que él le ofreció alejándose lo más posible de ella.
—Ni te fijes—espetó con asco.
—Odio el embarazo.
Y Sirius notó algo más que enfado en la voz de ella. Algo más parecido a amargura.
—¡Me has tenido con el alma en un hilo!—le reclamó ella cuando llegó corriendo a su lado, dandole pequeños golpes— ¡Como te odio!—y lo abrazó con fuerza.
—Lo siento—se disculpó James sonriendo un poco—se nos ha cruzado algo, eso es todo, estoy bien, estoy bien.
—Eres el rey de los idiotas—le espetó sin soltarlo todavía— ¡Pudiste haber enviado un patronus!
—Dumbledore no quiso arriesgarse—le explico soltándola con ternura para besar sus labios—perdóname, Lily.
—No vuelvas a hacerlo—le dijo severamente conduciéndolo hacia la cocina, donde con un movimiento de varita, el caso se puso sobre el fogón y un afilado cuchillo comenzó a cortar una hogaza de pan—me tenías tan preocupada…
—Han sido una banda de principiantes—le relataba James mientras bebía una botella de cerveza de mantequilla—eran más de veinte. Nos tardamos más de una semana para que nos perdieran la pista.
—¿Cómo están los chicos?—preguntó Lily mordiéndose el labio inferior.
—Remus y Sirius bien, con arañazos y algunas contusiones—se arremango la túnica que aún no se quitaba para mostrarle una herida que ya se estaba cerrando—era imposible salir ileso.
—¿Quién te ha curado?—inquirió Lily revisándole la herida con sumo cuidado—al parecer todo va bien.
—No es nada del otro mundo, lo he hecho yo mismo—contestó sonriéndole para calmarla—Peter es el que salió peor parado.
—¿Se encuentra bien?—saltó, alarmada— ¿Qué le pasó?
—Se asusto cuando vio cuantos eran; casi cogen a Remus al tratar de ayudarle. No te preocupes, ha ido a casa de su madre, Dumbledore le dio permiso de ausentarse un par de días. Todo esto es mucho para el pobre Gus.
—Lo sé—dijo Lily con amabilidad—será mejor que no hablemos más del tema, por hoy—dijo intentando componer una sonrisa—come antes de que se enfríe.
—Vaya—dijo él acariciándose el estomago, no se había percatado de cuando hambre tenía—extrañé comer algo decente.
Lily le dio un beso antes de servirle un plato a rebosar de sopa de cebolla. Le acercó el pan recién cortado y se dispuso a verlo comer sin decir media palabra. Era un silencio tan cómodo y armonioso que iba demasiado bien con el pequeño y hogareño apartamento al que se habían tenido que mudar recientemente luego de que los mortifagos dieran con ellos. Todo estaba decorado con simpleza, pero mucha gracia. Lily se quedó pensando en los últimos meses, cuando todo había ido de mal en peor, las cosas que hacía la Orden para pararle los pies a Voldemort parecían no servir y James y ella cada vez se veían menos debido a las peligrosas misiones en que se veían envueltos…
—¿Qué…?
Antes de pestañear, Lily y James ya estaban de pie, enarbolando sus varitas.
—¡Qué susto!—exclamó Lily al ver que solo era una lechuza negra como la noche, que traía consigo un sobre con el sello de San Mugo.
—¿San Mugo?—leyó James quitandole el sobre al animal, guardando su varita, igual que su esposa— ¿Qué rayos será? ¡Merlín! ¡Lily!—se giró bruscamente hacia ella, con esa mirada acusadora que pocas veces le dirigía— ¡No me dijiste que habías ido! ¿Por qué no me dijiste? ¿Qué te pasó?
—Oh, es eso, nada, no me paso nada—dijo sentándose de nuevo, pero él seguía esperando una respuesta—vale, vale, tuve que ir porque me sentí mal, eso es todo.
—¿Cómo qu te sentiste mal?
—Creo que pesque una infección estomacal—contestó mirando el sobre que James iba abriendo—porque yo… ¿James? ¿James?—lo llamaba al ver que se había puesto más blanco que la cera al leer lo que decían sus resultados— ¡James! ¿Qué dice?
Se acercó hasta él, leyó por encima de sus hombros y lo que vio, también la dejo paralizada.
—Estas…—balbuceaba James—estas…
—Oh por dios…
—¡Vamos a tener un bebé, Lily!—gritó James loco de la emoción.
—¡Vamos a tener un bebé, Lily!—gritó James.
—Eh, tómalo con calma, James—le aconsejó alguien ofreciéndole un vaso con agua—bébetelo despacio ¿Vale?
Automáticamente hizo lo que le decían, sin reaccionar aún, sin querer darse cuenta que había estado recordando…
—¿Cómo estás?—preguntó alguien más, una voz dulce.
—Yo… bien, gracias—dijo carraspeando, luego se fijo mejor donde estaba y quién lo rodeaba— ¿Hagrid? ¡Vaya! ¿Qué haces aquí?
—Hola—saludó el guardabosques esbozando una sonrisa—me alegra ver que te sientas mejor, conseguí cogerte antes de que te desmayaras.
—Ah—dijo sonrojándose—eso, sí, es que no desayuné.
—Ya, claro—terció Alice que le guiñó un ojo—Hagrid vino corriendo a decirme que algo te sucedía.
—Gracias, ya me encuentro mejor—James sonrió— ¿Alguien me ha visto desfallecer?
—Nadie a la redonda—respondió Garrid—bueno, si ya estás bien, tengo que irme.
—De acuerdo, pero veámonos uno de estos días—propuso James tratando de no mirar a Alice a los ojos—seguro que Harry te caerá muy bien.
—¡Harry!—exclamó Garrid melancólicamente—la última vez que le vi, cabía en la palma de mi mano.
—Te enviaré una lechuza.
—Bien, nos vemos Alice, saluden a los chicos de mi parte.
Ambos asintieron y vieron como Garrid armaba un buen jaleo para subir el ascensor.
—No tienes ni que decirme—le dijo Alice—me imaginé que te afectaría, pero jamás creí que así. Tienes que comportarte.
—No puedo—dijo fastidiado—disculpa, pero… no lo entenderías, así de fácil. Nadie lo haría.
—Trato de hacerlo—le informó ella con firmeza—así que… trata de hacerlo por la salud mental Harry y ese bebé... no tiene la culpa de nada, aún no nace y ni su padre ni su madre le quieren ¿Puedes imaginarte lo cruel que será su vida?—James escondió su cara entre sus manos—piénsalo.
Alice estaba a punto de irse, cuando James la sujetó por el codo.
—Scrimegour quiere que sea el jefe de la oficina.
—¿Qué le has dicho?
—Que lo pensaría.
—Ni Sirius ni Remus se enojarán contigo, hazlo.
—¿Y tú?—preguntó alzando la mirada del suelo.
—¿Bromeas? Que mejor que mi jefe sea mi amigo—dijo sonriendo, contenta.
Le dio un abrazó fugaz y se fue.
El chico se quedo un rato más ahí, tratando de sacar fuerzas del lugar que fuera, algo que le ayudara a afrontar lo que se le venía. Alice tenía razón, Remus tenía razón… todos tenían razón. Hasta Harry tenía razón… ese niño, lo único tangible que le quedaba de Lily. Respiro hondamente y sintió como el aire que entraba en sus pulmones le quemaba. Hizo lo que debía y al respiurar de nuevo, ignoro el dolor. Entonces visualizó a Anne y de repente, la imagen de un bebé diminuto se grabo en sus retinas.
Cuando se dio cuenta, estaba sonriendo.
—¿Qué haces, Harry?—preguntó Nina sentándose a su lado.
—Nada, aquí—contestó con la mirada fija en hermione que saltaba la cuerda— ¿Y tú?
—Lo mismo.
—Hum…
—¡Oigan!—gritó Frankie corriendo hacia ellos con los brazos estirados como si fuera un avión— ¡Hola!—saludó contenta.
—Hola—dijeron ambos al mismo tiempo.
—Harry, mamá me ha dicho que tendremos un hermanito—dijo sonriente— ¡Un hermanito! ¡Jamás he tenido uno!
—No puedo creer que ahora de repente vayamos a tener hermanitos nuevos—comentó Nina dando una mordida al sandwich que Remus le había preparado—yo quiero que el bebé de mi papi sea niña.
—Yo también quiero una hermanita—sentenció Frankie.
—¿Por qué solo niñas?—quiso saber Harry cruzándose de brazos, imaginándose a un niñito al que pudiera enseñarle a jugar quidditch.
—Porque eres el mejor hermano—respondió Nina como si fuera lo más obvio—yo no quiero hermanos hombres, no señor.
—Bueno, no te culpo—dijo Harry sonriendo—soy muy bueno.
—Si es niña, le he dicho a mamá que se llame Elizabeth—dijo Frankie dando de brincos alrededor de ellos—y si es niño quiero que se llame Gary.
—No me gustan—dijo Harry arrugando la cara—si es niño que se llame Charlus y si es niña que se llame Dorea—y se echo a reír.
—¡No me gustan a mí!—chilló Frankie.
—Yo digo que si es niña, que se llame Helena—intervino Nina con aire pensativo—y si es niño, que se llame Sirius, como mi papi.
—Pero si ese nombre esta bien feo—dijo Harry reprimiendo una risa.
Nina le miro ceñuda y entonces, Harry salió corriendo hacia donde estaba Hermione.
La sensacional Rita Skeeter tiene todos los pormenores de la nueva noticia que se ha producido en el seno del ministerio…
Remus caminaba rápidamente hacia el departamento de Transportes Mágicos, donde había quedado de ir a recoger a un importante funcionario quién llegaba a Londres en un traslador. Cada dos pasos inclinaba la cabeza para saludar a quienes se encontraba.
—Remus—le llamó una bruja de piel aceitunada que le llevaba un par de años, le sonreía amablemente—he hablado con Barty Crouch.
—¿Ah sí?—preguntó no muy animado pues ese hombre no le caía bien desde que había mandado a Sirius a Azkaban sin juicio previo.
—Sí, me ha dicho que pronto habrá disponible una plaza para ti en la escuela de Aurores—le informó la bruja ensanchando su sonrisa a cada palabra.
—¿En serio?—soltó más que sorprendido—pero… pero… ¡Él dijo…!
—Ha habido un cambio—dijo la mujer guiñándole un ojo—no puedo decirte mucho, pero verás como te beneficiara.
—¡Gracias, Elffie!—exclamó el licántropo abrazándola.
—Cuando te lo proponga, hazte el difícil y si alguien pregunta, yo no te dije nada—dijo Elffie.
—Así lo haré, nos vemos.
Remus no cabía en sí de felicidad; primero, Romina Smiley y ahora eso… las cosas iban viento en popa…
… todo se había manejado con bastante discreción, por supuesto, pero no se puede tapar el sol con un dedo y mucho menos ocultar un embarazo, que en este caso son dos…
El chico arrugo el entrecejo, eso mismo… dos embarazos al mismo tiempo, James y Sirius tenían algo mal en la cabeza que les impedía pensar correctamente. Trato de hacer oídos sordos al radio que venía oyendo desde el cuartel.
—¡Déjenme pasar!—gritaba alguien— ¡Háganse a un lado!
—¿Qué rayos…?—Remus echó a correr hacia donde se oía el tumulto ya que provenía del lugar a donde iba— ¿Qué pasa aquí?—preguntó al ver a una veintena de personas.
—¡Remus, Remus, ayúdame!
—¡Tressa!—exclamó él metiéndose entre la gente que la apretaba.
—Dinos ¿Cuándo será la boda?—preguntaba una chica tratando de estar más cerca de la chica.
—¿Se van a casar?—soltó otra.
—¿Qué postura ha tomado él?—se oía que decían.
—¡Están lastimándola!—rugió Remus cuando llego hasta Tressa que hacía lo posible por proteger su panza— ¡Atrás!
—¿Por qué no ha venido él por ti? ¿Están peleados? ¿No va a hacerse cargo del bebé?
—¡Basta ya!—gritó el chico para hacerse oír.
—¿Qué piensa Ivanka von Ziegesar acerca de que su ex, Sirius Black vaya a ser padre nuevamente?—dijo Rita Skeeter desdeñosamente desde atrás de la habitación.
—Sácame de aquí, por favor—le pidió Tressa al borde del llanto.
—¡Ustedes, ustedes dos!—el gritó resonó hasta el último rincón del ministerio.
—¿Qué?—dijeron James y Sirius al unísono, asustados al identificar a la dueña de esa voz.
—¡Voy a matarlos!—rugió Andrómeda Black abriéndose camino hasta ellos.
—¿Corremos?—le dijo Sirius a James.
—¡Ahora!—soltó el de gafas yendo en la dirección opuesta.
—¡No tan rápido!—dijo Molly que estaba frente a ellos.
—¡Ayuda!—gritaron los dos, abrazándose.
¿Cruel? Lo sé xD soy mala por matar a Lily traerla en esos recuerdos T__T aún así, espero que les guste y ¿ya vieron? no tarde ni cinco días en volver w soy la mejor (era toda modesta yo xD) así que ¿Cómo ven? ¿Qué les gustaría que fueran los bebés? ¿Niños o niñas? ¿Qué nombres les gustan? Digan sus propuestas y ya veremos :P
¡Comenten mucho!
:)
Besos con sabor a merodeador embarazado n___n