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Harry Potter Black Lupin — capítulo 44

—¿Estás bien?—preguntaba Remus preocupado a la pobre Tressa que temblaba ligeramente; ella asintió secamente, sin apartar la vista del camino—. No sabía que llegabas hoy, lo juro. De haber sido así nosotros…

—Descuida—lo cortó ella fríamente—no tienen porque hacer nada por mí, ni siquiera somos amigos.

Remus se le quedo mirando. Había cambiado, definitivamente eso era algo que se notaba a leguas; no solo por su nuevo corte de pelo o que hubiera dejado de lado sus inseparables botas sino que su expresión ya no tenía ese deje de inocencia, sus ojos se mostraban precavidos y su habitual sonrisa amable había sido relevada por una mueca de disgusto. El licántropo supo que si alguien había salido perdiendo, esa era ella, Tressa. Y un sentimiento de culpa se extendió por todo su cuerpo, provocándole espasmos de dolor.

—Yo…—sabía que tenía que decir algo, pero las palabras no venían en su ayuda y su cerebro se había quedado en blanco—, yo…

—¡Tressa!—gritó un hombre que venía dando la vuelta al final del pasillo.

—¡Oh, qué bueno ya llegaste!—exclamó ella abrazándolo con fuerza cuando lo tuvo cerca—. Ha sido horrible—le dijo al oído, reprimiendo un sollozo.

—Lo siento tanto—se disculpó él acariciándole el cabello—, venía con bastante tiempo pero un idiota explotó los inodoros por los que se accede y había una gran fila en la entrada de visitantes… discúlpame.

—Hum—carraspeó Remus para recordarle a Tressa que seguía allí—si ya noi necesitas nada más…

—Lupin ¿No?—soltó el chico de repente, mirándolo con recelo.

—Así es, un gusto—dijo y le ofreció su mano, que tuvo que cerrar en el aire porque él no se la estrecho—bueno, te veo luego Tressa.

—No te creas que esto va a pasar por alto—dijo el chico—. Vamos a tener que seguir viéndonos. Díselo a Black.

—Tom, no hagas esto—le pidió Tressa jalándolo por el brazo—. Solo quiero ir a casa, no soporto un minuto más aquí.

—Ya lo sabes—le amenazó Tom con el dedo.

—¿Tom?—repitió Remus una vez que Tressa y el tal Tom desaparecieron.

—¡Quiero una explicación!—chilló Andrómeda— ¡Ahora!

James y Sirius estaban en el cubículo del primero, hundiéndose cada vez más en sus asientos. En ese momento, Molly estaba apostada en la puerta para evitar que huyeran y Dromeda los apuntaba con su varita. Las dos con idénticas caras de psicópatas.

—Pues… pues… ¡Soy inocente!—exclamó James meciéndose—. ¡Juro que alguien me tendió una trampa para que… yo con ella!

—¡Anne!—gritaron Molly y Dromeda.

—¡Ya sé como se llama!

—¡Un bebé! ¡Merlín santo, un bebé!—dijo Molly sujetándose en pecho—. ¿Cómo es eso posible?

—Molly, no se si sepas que cuando un hombre y una mujer…

—¡Sirius!—rugió Dromeda conteniéndose para darle un golpe bien merecido en la cabeza—. ¡Juraste que ibas a dejar a Tressa en paz!

—Ya, pero vamos a tener un hijo, no puedo hacerme como que no sé—decía Sirius podidamente tranquilo, al parecer había dejado de lado el miedo cuando James abrió la boca—. ¿Qué clase de padre sería?

—¿Y ya pensaste que va a decir madame Wiglaf de todo esto?—le preguntó Molly con las manos en la cintura, Sirius abrió los ojos de golpe—. ¡Pueden quitarte a Nina! ¿Ya lo habías pensado?

—Eso mismo digo yo—sentenció James contundentemente.

—¡Cierra el pico!—le ordenó Dromeda—. ¿Has pensado en Harry? ¿En cuánto va a confundirlo todo esto? ¡Ustedes dos son un par de brutos! ¡Brutos!

—¡Pero yo si tengo justificación!—defendió James tratando de no amedrentarse con semejantes miradas de esas dos mujeres—. ¡Alguien me hechizo! ¡Sirius hace lo que hace porque es un descarado! ¡Yo soy bueno!

—¿Entonces yo que soy? ¿Malo?—saltó Sirius claramente ofendido—. ¡Yo no tengo la culpa de haber caído en las manos de una mala mujer!

—¡Eres un… un…!—pero al parecer, Dromeda no tenía en su vocabulario un sustantivo lo bastante adecuado para describir a su primo—. ¡Los dos, los dos van a casarse! ¿Me han oído?

—¿Qué?—gritaron siendo sus caras un arco iris.

—Estoy de acuerdo contigo, Dromeda—afirmó Molly tranquilizándose un poco—quizá con el matrimonio estos dos sienten cabeza y se hagan responsables.

—¡Yo no quiero!—gritó James poniendose de pie de un brinco—. ¡No voy a casarme con ella!

—¡Anne!

—¡Ya sé su nombre!

—Me da igual lo quieran o lo que piensen—terció Dromeda—así que más les vale hacer lo propio. Porque si no ya verán lo que les pasa.

—Pero…

—¡Maduren!—gritaron las dos saliendo del cubículo dando un fuerte golpazo.

—¿Qué vamos a hacer?—preguntó Sirius.

—Las quiero muchísimo—iba diciendo James acariciándose la barbilla—son la voz de mi conciencia y hasta cierto punto tienen razón. Pero no voy a casarme con ella.

—Anne.

—¡Ya sé su nombre, demonios!—exclamó enfadado, respiro hondo y añadió—, lo siento amigo, es solo que esto me tiene a tope. Aún así, no tengo porque desquitarme contigo.

—No hay problema—dijo sonriéndole de lado—, ellas creen que todo es muy fácil, seguro Tressa me hechiza en cuanto me vea. No sé porque me odia tanto.

James se giró para mirarlo con los ojos entrecerrados, era increíble, imposible, inverosímil… No pudo ponerse a gritarle una y mil maldiciones, porque la verdad era (realmente) que Sirius no tenía ni idea de porque Tressa estaba tan enojada con él. A veces la inocencia de su amigo podía confundirse con estupidez. Pero esta vez no tuvo corazón para reñirlo.

—Deberías hablar con ella—le aconsejó James amigablemente—seguramente si te comportas… digo, si la convences puedas arreglar las cosas.

—Hum, no sé—dijo pensativamente—no quiero rogarle, yo no le ruego a nadie… más que a Nina.

—A veces vale la pena, aunque yo no diría que es rogar, si no más bien, insistir.

—Cuando quieres, te sacas tus buenas filosofías, Cornamenta—le alabó Sirius con una palmada en la espalda, él solo sonrió—pero aún así no lo sé, no sé.

—Piénsalo.

Se quedaron en silencio un rato, los dos con zumbidos en la cabeza que rebotaban sin parar contra sus cavilaciones.

—¿Qué crees que nos quieran hacer esas dos cuando vean que no pensamos casarnos?

—No puede ser nada ilegal ¿No?—James soltó una risa burlona que más bien sonó como una risa de nervios.

—Pero…

—¿Qué hace una lechuza aquí?—preguntó James yendo hacia la ventana para abrirla y dejar pasar al ave— . ¿San Mugo?

—¿San Mugo?—repitió Sirius viendo el sello—. ¿Fuiste a hacerte algo? ¿O qué?

—No, claro que no—respondió ceñudo sacando dos sobres pequeños—. ¿Sirius Black?

—¿Yo? ¡Yo no he hecho nada!

—Ten—le dijo dándoselo, abriendo el que decía su nombre.

Al abrirlo, se topo con una estilizada caligrafía de color violeta.

Estimado señor Potter:

De antemano reciba una felicitación por parte del personal que aquí trabaja con el motivo de su próxima paternidad. Se le informa que la señora Anne Kyteler se ha registrado debidamente y que su cita esta programada para el día de mañana a las 11:00 horas en el consultorio 5B (primera planta)

Esperando que estén disfrutando al máximo la aventura de convertirse en padres,

Jade Johnson, sanadora.

James terminó de leer sintiendo un vacío profundo en el estómago, la boca seca y nauseas.

—¿Qué coño?—chilló Sirius aterrado—. ¿Cómo se atreve a hacerme esto? ¡Esa mujer!

—¿A qué hora tienes tu cita?—inquirió James intentando distraerse del sentimiento de culpa que lo embargaba.

—A las once—contestó guardando la carta en su bolsillo—, pero no pienso ir, creo que a esa hora tenía una cita y…

—Estas operado del cerebro—le reclamó—. ¿Cómo crees que no vas a ir? ¡Tienes que ir! Es tu hijo, tonto.

—¡Cornamenta!—exclamó con tono chillón—. ¡Odio los hospitales! Con ese maldito olor a desinfectante que m tapa la nariz y me pica la garganta, sangre aquí y allá, tripas salidas de los cuerpos…—hizo una arcada, poniéndose verde—. ¡No puedo!

—Tienes que hacerlo, lo siento.

—¡No, por favor, haré lo que sea!

—Lo siento.

—¡NO!

—¿Por qué papá esta tan nervioso?—quiso saber Nina mirando a su padre algo preocupada—. ¿Tío Remus?

—Tranquila, cariño, todo va bien—respondió amablemente—, él solo… esta asustado.

—¿Asustado?

Remus, Harry y Nina estaban tirados en la alfombra del salón, haciendo los deberes del colegio. Harry cortaba tiras de papel para luego pegarlas "artísticamente" en su libreta de artes plásticas. Mientras que Remus sacaba punta a un montón de crayones para que Nina las usara en un dibujo.

James leía con bastante interés un libro titulado "Un mundo sin fin" que había sacado de la biblioteca pública muggle. Remus sabía perfectamente que se hundía en el libro para no tener que pensar mucho en Anne y el bebé. Sirius no paraba de caminar alrededor de todos con un vaso de whiskey de fuego que se había servido tres horas atrás y que no podía acabarse, con el ceño muy fruncido. Signo de que estaba meditando.

—Le teme  a los hospitales—explicó sencillamente.

—Eso no puede ser—dijo Harry con burla—, nadie puede temerle a los hospitales, no te pasa nada malo allí. A lo que debes temerle es al armario—dijo con voz espeluznante—, ahí hay monstruos. El otro día vi la cola de un basilisco.

Remus reprimió una sonrisa y compuso una falsa mueca de terror,

—¡No es cierto!—espetó Nina espantada.

—¡Lo he visto con mis dos ojos! ¡Llámame mentiroso y te lo probaré!—le retó el pequeño.

—Basta, niños—regañó James despegando los ojos del libro—, compórtense con el tío Lunático.

—Pensé que mi padrino no tenía miedo a nada—informó Harry volviendo a su tarea.

—Siempre evita los hospitales si puede—seguía diciendo Remus viendo con burla a Sirius que bufaba—creo que no ha ido a uno en más de diez años.

—¿Cómo hizo entonces cuando nací yo?—preguntó Nina curiosamente—. ¿No fue a verme?

Los tres adultos se quedaron mirando. ¿Por qué Nina hacía esa pregunta cuando sabía ya como había llegado a sus vidas?

—¿Nina?—le llamó Sirius con cuidado, ella sonrió—. ¿Te encuentras bien, princesa?

—Claro—contestó risueña—. Entonces ¿Cómo hiciste?

—Solo fui un ratito—dijo Sirius aun precavidamente.

—Tienes que hacer un esfuerzo esta vez, papi—Nina parecía feliz ante el recuerdo de su abandono—, cuando nazca mi hermanito tienes que ir, ¿Verdad que irás?

—Sí… supongo.

—Papá, ya lo pensé—intervino Harry para alivio de los chicos.

—¿El qué?—dijo James preocupado porque la última vez que su hijo había dicho eso, lo había sorprendido.

—Quiero que tengas una bebé—informó como si nada—, si tienes un hijo yo no lo voy a querer.

—Que malo eres, Harry—le acusó Nina.

—¿Por qué?—preguntaron los chicos al mismo tiempo, interesados.

—Porque yo debo ser el único niño—contestó como si fuera lo más obvio—, también quiero que tu tengas una hija, padrino.

—Pero…—Nina se interrumpió y se quedó pensando.

—Harry, nosotros no podemos…

—Y que cuando tengas hijos, tío Remus, que también sean niñas.

—Oh Harry—James lo abrazó y le dio un beso en el alborotado cabello, aunque él quisiera zafarse.

Sirius y Remus se dieron cuenta. Se dieron cuenta que lo que decía Harry no era el capricho de un niño mimado ni mucho menos, que lo que decía debía ser porque tenía miedo que los nuevos bebés lo desplazaran. Y eso solo podía ser porque últimamente no le habían hecho mucho caso, con todo lo de Ivanka, Anne y Tressa…

Así demostraba Harry cuán buen niño era al no quejarse.

—Somos unos cabrones—murmuró Remus a Sirius que asintió.

—Papi, Frankie nos ha invitado a dormir a mí y a Ginny el sábado—dijo Nina—. ¿Puedo ir?

—De acuerdo.

—¡Genial! ¡Le diré a tía Alice que sí Naomie quiere ir!—gritó la niña contenta yendo escaleras arriba para enviar una lechuza.

—Solo espero que no sean como Nina—declaró Harry siguiendo a su hermana con la mirada.

Remus, Sirius y James se echaron a reír ante tal comentario, prometiéndose una cosa: pasar más tiempo con Harry.

—¡Muévete, Sirius!—ordenó James golpeándolo con la almohada—. ¡Ya tendríamos que haber salido! ¡Vamos a llegar tarde!

—¡No quiero ir!

—¡Remus! ¡Ayúdame!

—¿Quieres dejar de comportarte como un niño?—pidió Remus parado en la puerta, estaba peinando a Nina que comía una manzana—. ¡Párate ya!

—¡No voy a ir!

—No sabía que mi padrino podía hacer berrinches—comentó Harry—, no es justo, cuando nosotros lo hacemos nos castigan.

—¡Sirius, por última vez, levántate!

A cada palabra, James le daba un golpe más fuerte en la cabeza.

—Aunque no quieras vas a ir—amenazó Remus—, te lo juro, Canuto, si tengo que hechizarte…

—¿Qué vas a hacer? ¿Una maldición imperius?

—¡No me retes!

—¡Vamos a llegar tarde al colegio!—chilló Nina lanzándose a la cama de su padre una vez que estuvo bien peinada—. ¡Papá!

—Qué bueno—dijo Harry—, porque odio matemáticas.

—Vayan sin mí, ya he enviado una lechuza al ministerio diciendo que me siento malito.

—¡O te levantas o te juro que llamo a Andrómeda!

Antes de que Remus terminara la frase, Sirius ya estaba duchándose sin dejar de murmurar maldiciones y vanas amenazas.

—¡Cállate, Kreacher!—exclamó James riendo.

—¡Vete al carajo!

—Le tiene más miedo a Andrómeda que al hospital—comentó Remus sonriendo.

—Sirius, compórtate—dijo James apretando los dientes con fuerza—, y camina ¿Quieres? ¡No puedes quedarte aquí plantado todo el día!

Y es que Sirius estaba en una chimenea, con la mano derecha llena de polvos flú. Llevaba así más de media hora., llamando la atención de los curiosos.

—¡James, por favor, no me obligues!

—Hazlo o nos vamos juntos, tu eliges.

—Pero… ¡Por favor, por favor, por favor!

James lo empujó y gritó:

—¡San Mugo!

—¡NO!

—Buenos días—saludó un chico en cuanto abrieron los ojos—, bienvenidos.

—Gracias—repuso James sacudiéndose la capa—, ¿Ves lo que te pasa por gritar?—le dijo en voz baja a Sirius que sacaba tizna por la boca.

—¿En qué podemos ayudarlos?—preguntó el chico.

—Venimos a una cita con nuestras…—James se quedó en blanco—, con nuestras… nuestras…

—Vamos a tener un bebé—completó Sirius recargándose en la pared pues empezaba a perder el color a cada inhalación.

—¿Perdón?—el chico los miro sorprendido.

—Por separado—explicó James—, ellas tienen citas y… y venimos a acompañarlas.

—¡Ah!—soltó el chico sonriendo—, claro, claro, por aquí.

James tuvo que coger a Sirius por los hombros para que no se desplomara mientras seguían al chico por estrechos y largos pasillos que tenían un sin fin de puertas.

—… espero que no sea así…

Oían voces femeninas.

—Aquí es—indicó el chico—que les vaya bien.

—Hola—saludó James a Anne y Tressa que ya estaban ahí, ambas con una mueca en cuanto lo vieron—. Saluda—susurró a Sirius que se recargo en la pared y cayó al suelo, ocultando su cara sudorosa y pálida entre sus piernas—. No se siente bien—explicó tomando asiento junto a Tressa que volteó la cabeza—. Oigan, podríamos hacer esto por las buenas o por las malas, como quieran—dijo molesto.

—¿Crees que estás en posición de dar ordenes?—preguntó Anne siseante.

—No fue una orden, fue una sugerencia—defendió James, luego miro el semblante de Sirius y se agachó para hablarle al oído—. Vamos, Sirius, no me dejes solo con estas fieras. Haz un esfuerzo.

—Y a todo esto ¿Cómo fue que llegaron aquí?—quiso saber Tressa—. ¿Están espiándonos?

—No tienes tanta suerte—contestó Sirius reprimiendo una arcada.

—Eso es mejor que nada—susurró James para sí mismo.

—No quieres alterarme—apuntó Tressa subiéndose las gafas—, no se te olvide que puedo irme y no volver.

—No me amenaces—farfulló Sirius tratando de sonar duro—, sé que no te irás, así que deja ya eso por la paz.

—Sirius, cállate—espetó Anne irritada, llevándose una mano a la boca.

—¡Ella empieza con sus cosas!—reclamó él yéndose de lado por lo mareado que estaba, recargándose en las piernas de James.

—¡Esto no es un juego!—explotó Tressa sujetándose la panza—. ¡Si ibas a estar así mejor no hubieras venido! ¡Nadie te necesita!

—Te aprovechas porque me siento malito—arguyó él masajeándose la cabeza—, si estuviera bien ya estarías queriéndome besar.

James no pudo evitar sonreír, bueno, cuando Sirius quería ser odioso con alguien que no eras tú, era gracioso.

—Lo idiota nunca se te va a quitar—le acusó Anne negando con la cabeza—, por favor contrólate ahora ¿Sí? No me siento nada bien.

—¿Qué te ocurre?—preguntó James automáticamente.

—Nada—respondió al instante, luego sin querer hizo una mueca—. ¡Demonios!

—¡Vamos! Quizá pueda ayudarte—ofreció él acercándose sigilosamente—, cuando Harry iba a nacer, Lily…

Pero se calló de golpe, Anne se le quedó mirando fijamente, como queriéndole leer el pensamiento. Tressa se dio cuenta de la tensión, quisó decir algo, pero nada se le ocurría. Vio como Sirius le daba golpecitos a James en la mano, pero él no reaccionaba.

—¡Hola, papás!—chilló un hombre de blanco, asomando la cabeza por la puerta de la izquierda—. ¿Los señores Black?—preguntó leyendo un pergamino que flotaba delante suyo.

—¿Señores Black?—repitió Tressa lentamente.

—¿Es usted la señora Black?—quiso saber el sanador.

—¿Qué? ¡Claro que…!

—Somos nosotros—se apresuró a decir Sirius poniéndose de pie con dificultad, cogió a Tressa por los brazos, ella quiso zafarse pero al ver la cara que ponía el sanador, sonrió forzadamente y caminó dentro del consultorio—, ahora los veo—dijo Sirius a Anne y James, curvándose por el dolor de estomago.

—¿Te sientes muy mal?—preguntó James tímidamente.

—¿Realmente te importa?—contestó ella.

—Por supuesto—dijo sonriendo un poco—. Debe ser incomodo, me lo imaginó.

—Más de lo que parece—murmuró.

Ambos se quedaron viendo el pequeño pero abultado vientre de la chica.

—¿Cómo estamos?—preguntó el sanador a Sirius y Tressa cuando cerraron la puerta—. ¿Qué les pasa? ¡Tienen caras como si les hubiera echado un maleficio mocomurcielago!—exclamó sonriendo.

—Todo bien—alegó Sirius con escalofríos.

—¡Deben estar tan contentos!—decía el sanador sin dejar de sonreír, revisando unos papeles—. ¡Un bebé siempre es una bendición! ¡La culminación del amor!

—¿Puede revisarme y ya?—dijo Tressa tragando con dificultad, impidiendo por todos los medios que sus ojos se posaran en Sirius.

—Claro, claro, siempre se tiene prisa por volver a la habitación ¿Verdad?

—Merlín—masculló Tressa poniéndose roja.

—Hacía mucho que no te veía así—observó Sirius olvidando un segundo sus malestares, sonriendo incluso.

—¡Amo mi trabajo!—soltó el sanador extendiendo los brazos, como queriéndolos abrazar.

—Señores Potter—anunció la que debía ser Jade Jonson saliendo de la puerta de la derecha.

—No, no estamos casados—aclaró Anne parándose con dificultad, James le ofreció su mano, pero ella hizo como que no lo vio—, soy Kyteler.

—Potter—insistió la sanadora amablemente—. Si van a tener un bebé ¿Cómo si no iba a llamarse? Aquí usted es la señora Potter.

—Pero…

—Siéntese por favor—dijo Jade cerrando la puerta tras de ellos—. Dígame ¿Es el primer embarazo?

—Sí—contestó Tressa agachando la cabeza.

—No tiene porque apenarse—le dijo el sanador, apuntándolo todo en el pergamino donde en la parte superior izquierda se leía "Tressa Black"—. Aquí dice que tiene usted alrededor de cuatro meses.

—Más o menos, la verdad es que fueron tantas veces que… ¡Auch!—se quejó Sirius cuando Tressa le dio un buen pellizco en el muslo.

—Lo siento—dijo Tressa al sanador—, es un… poco imprudente.

—Créame cuando le digo que he visto y oído cosas peores—el sanador seguía escribiendo sin parar—. Pase a la siguiente habitación y póngase la bata que ahí encontrara.

Tressa asintió, no muy convencida.

—Voy contigo—ofreció Sirius con la cara verde por el olor a desinfectante de hospital.

—Ni lo pienses—advirtió Anne cuando vio que James se disponía a seguirla—, aquí me esperas.

—Siempre es mejor que él le ayude—intervino Jade—, no pasa nada si quieren tardarse un poco.

Y les guiño el ojo con complicidad. James estuvo a punto de desmayarse.

—Pero ¿Qué rayos les pasa a ese hombre?—preguntó Tressa cuando ya estaba en la habitación quitándose el suéter.

—Esta loco—dijo Sirius sentándose en la silla que ahí había.

—Que hable en voz alta no quiere decir que lo haga contigo—espetó de mala gana—. Y voltéate, no quiero que me veas.

—Como si no te hubiera visto así ya—protestó James sin detenerse a pensar lo que había dicho.

—El mayor tropiezo de mi existencia—declaró Anne apretando los puños.

—¡Ni siquiera me acuerdo!—chillo dándose la vuelta—. ¡No fue culpa mía! ¡Deberías superarlo ya!

—¿Qué lo supere yo?—explotó Tresa arrojándole a Sirius su blusa—. ¡Eres tú el que no deja de acecharme!

—No te acecho, todo ha sido casualidad—decía él tratando de no pensar en que se hallaba en un hospital—. Es el destino, querida.

—¡Eres un bruto!

—¡No hablaba en serio al respecto de que podían tardarse!—dijo el sanador.

—¡Ya vamos!—contestó Anne abrochándose rápidamente la bata—. Sirve en algo y ayúdame.

—¿Puedo volverme?

—Sí, ya.

Anne estaba de espaldas, pidiéndole ayuda para que abrochara los botones más altos, donde ella ya no alcanzaba. James hizo lo posible por no tocarle la piel… un botón, dos, tres, cuatro… sin querer notó que tenía un lunar en el hombro con una curiosa forma. Un corazón.

—¡Hey!

—¡Ha sido sin querer!—defendió Sirius apartando sus manos.

—Vuélveme a tocar y te golpeo—anunció Tressa recogiendo su ropa.

—No lo hice a propósito.

—No te creo—dijo Anne mirándolo con los ojos entrecerrados.

—¿Listos?—preguntó Jade cuando salieron—. Uff, debo prometerme no volver a decir a mis pacientes que pueden tardarse, siempre me toman la palabra—James y Anne se snrojaron sin querer—, bien mamá, recuéstate aquí.

—Voy a revisar al bebé—le explicaba el sanador a Tressa y Sirius sacando de un estante un extraño artefacto—como solo tienes cuatro meses, tendremos que verlo usando esto—y les mostró lo que parecía ser un tubo metálico que de un extremo era grueso y del otro bastante delgado.

—¿Cómo va a usar eso?—alcanzó a preguntar Sirius al borde del colpaso.

—Lo introduciré por su vagina—explicó Jade haciéndole señas a Anne para que se acomodara con las piernas abiertas.

—¿Qué?—gritó Sirius echándose hacia atrás, con toda la intención de huir.

—No es nada del otro mundo—dijo el sanador sonriéndole a Tressa para darle confianza—, ni siquiera vas a sentirlo.

—Pero… ¡Ah!—chilló cuando vio la mueca de dolor de Tressa—. ¡Le dolió, le dolió! ¡Usted dijo que no le dolería! ¡Todos los sanadores mienten!

—Tranquilícese, señor Potter—pidió Jade moviendo el instrumento para ubicar el feto—, todo esto es sumamente normal, hemos adoptado este método de los muggles que resulta bastante efectivo. Sigo en su vagina y… ¿Qué? ¿No le gusta que diga vagina?

—No—respondió Sirius con una mano en la boca.

—Vagina, vagina, vagina—decía Jade sonriendo, al parecer se lo estaba pasando de maravilla— ¡Vagina!

—No esta funcionando—dijo Tressa viendo como Sirius se hacía de toda su fuerza para no vomitar.

—Creía que sería lo mejor—dijo Jade cogiendo su varita, murmuró un hechizo al acto, sobre la pared se materializó la imagen de lo que era el bebé de James y Anne—, bien, aquí esta… déjenme acercarlo más…

—No se ve nada—dijo James inclinándose sobre Anne para ver mejor—todo esta negro…

—Eso es el liquido amniótico que protege al bebé—explicó el sanador—sí… hum, aquí esta su cabecita y esto… ¿Lo ven?

—Sí.

—No.

—Bueno, casi siempre las mamás son las que le ven más forma—terció Jade mirando con comprensión a James que tenía arrugas en la frente por el esfuerzo de hallarle forma de bebé—todo va bien pero…

—¿Pero qué?—gritaron Tressa y Sirius al mismo tiempo, alarmados.

—¡Su corazón!—exclamó Jade quedándose quieta para oír mejor—. ¡Parece que son dos!

—¿Cómo?—saltó Tressa.

—¿Dos corazones?—inquirió Sirius tomando la mano de Tressa sin pensar.

—¡Dos bebés!—anunció Jade radiante, sacando el instrumento de Anne con restos de sangre.

Al ver la sangre, James y Sirius se desmayaron.

—¡Demonios! ¡Demonios! ¡¡Demonios!!—decía James caminando de un lado a otro—. ¡Cómo…? ¡Merlín!

—¡Son gemelos, James, son gemelos!—chillaba Sirius saliendo del consultorio solo—. ¡Tressa se esta cambiando! ¡Son gemelos! ¿Me has oído?

—¿Tú también?—saltó James.

—¿Cómo que si yo también?—preguntó Sirius con el ceño fruncido—. ¿Quién más?

—¿Quién será?—ironizó rodando los ojos.

—¡Me jodes!—exclamó atónito—. ¡Estas quedándote conmigo! ¡No lo puedo creer!

—Ya sé, yo no sé que…

—¡Remus va a tener gemelos también!—soltó riendo.

—¿Qué? ¡Claro que no!—James le golpeo la cabeza—. ¡Habló de mí! Yo voy a tener gemelos con ella.

—Anne.

—¡Ya sé como se llama!

—¡Qué loco!—exclamó él alegre—. ¡Mírame, hasta se me ha pasado el malestar de estar aquí!

—¿Sirius Black?—interrumpió un chico.

Al girarse, se dieron cuenta que eran tres hombres que se parecían bastante, así que bien podrían pasar por hermanos. Tenían un aire que les recordaba a alguien, pero no sabían a quien.

—¿Si?—dijo él.

—Que fácil ha sido, chicos—dijo que iba en medio.

—¿Perdón?

—¿Tú no eres…?—dijo James haciendo memoria—. ¡Joder! ¡Tu eres le hermano de Tressa! ¡Al que vimos en el Cairo!—exclamó señalando al de la derecha—. ¡Turner!

—Mierda—murmuró Sirius al ver que los hermanos de Tressa sacaban sus varitas.


¡Jajajajajajajajajajajajajaja!

¡Jajajajajajajajajajajajajaja!

No pude evitar reírme mientras lo escribía, siempre me ha parecido que el embarazo ha de ser una etapa horrible pero graciosa xD Así que... Sirius tendrá que verselas con los hermanos de Tressa ¡HA HA! (con el modito de Nelson de los Simpsons xD) A ver que le hacen jijijiji lo que sea pero que con su cara no se metan jijijijijijiji

¡Gemelos, gemelos! ¿Se lo pueden creer? ¡UNA BOMBA! ¡TODOS A CUBRIRSE!

Jojojojojo

Besos con sabor a merodeador asustado xD

P.D. Comenten mucho :)

P.D. ¡Que alguien me regale ortiga seca en Pottermore! xD