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Harry Potter Black Lupin — capítulo 46
Me duele hasta la vida,
saber que me olvidaste
pensar que ni desprecio
merezca yo de ti.
Y sin embargo sigues
Unida a mi existencia
Y si vivo cien años,
Cien años pienso en ti.
Cien años, Pedro Infante.
— ¡Sirius! ¿Qué carajos crees que haces?—gritó James cuando bajaba las escaleras.
Aún traía puesta el pijama, a pesar de que pasara del medio día. Iba despertándose gracias a que la noche anterior se habían desvelado porque Harry había querido organizar una noche de chicos. Los tres supieron perfectamente que lo hacía para tener algo que presumirle a Nina cuando fueran por ella a casa de los Longbottom en la tarde. Así que se sometieron a una larga pelea de almohadas (dónde Remus golpeó con más fuerza de la debida a Sirius "sin querer" provocando que sangrara de la nariz) una competencia por ver quién comía más varitas de regaliz donde Harry fue el vencedor con un total de cincuenta y seis. Luego tuvieron que esperar a que al niño se le pasara el dolor de estómago con el remedio que le dio James; terminaron contando historias de terror lo que ocasionó que tuvieran que dormir todos juntos en la sala porque Sirius no podía estarse en su cama sin sentir que alguien tiraba de sus pies.
Y ahora James veía atónito como Sirius pintaba el salón con un horrible color azul.
—Hola bello durmiente—saludó su amigo sonriendo, con las manos en la cintura, dejando de lado su tarea—. ¿Quieres desayunar? Espera un momento—cogió un trapo y se limpió las manos; James se sorprendió gratamente, Sirius cocinaba delicioso las pocas veces que lo hacía, tenías que ser afortunado de probar su comida—. ¡Remus, James quiere desayunar, prepara algo!
—Claro ya decía yo que era mucho pedir que tú me ofrecieras algo—murmuró James rascándose la cabeza.
—Déjalos que coman—dijo Sirius soltando una carcajada perruna.
— ¿Insinúas que tengo piojos?—soltó James ofendido, su amigo se encogió de hombros, riendo—. Mira quién habla, el perro pulgoso que va rascándose el trasero desde la entrada hasta el patio de atrás.
—Claro que no tengo pulgas—espetó Sirius con una mueca de superioridad—. Ya quisieras tener el pelaje tan suave y brillante del que yo, por supuesto, gozo. Soy un perro con mucho pedigree.
—Ah, cierto, se me olvidaba que el señor es sangre pura—repuso James con un tono de voz pomposo, bajo los últimos escalones que le quedaban para situarse junto a Sirius que apretó los labios—, disculpe usted. No volveré a importunarlo con mis comentarios.
—Ha hablado "don Arrogante"—se burló Sirius riendo al ver la cara que ponía James—. Quién no vende piñas ¿no es así?
—Lo siento, majestad—respondió James haciéndole una reverencia—. Se me ha olvidado que un simple plebeyo como yo no debe dirigirse a usted con el tono con que lo he hecho, sin duda ser sangre limpia le da la autoridad de comportarse como un reverendo idiota.
—Ah, también se ha olvidado, "don Arrogante" del pequeñísimo detalle de que usted también es sangre limpia y si a esas vamos, usted también goza del privilegio de hacer estupideces a diestra y siniestra.
—Mi situación es distinta, yo lo hago muy de vez en cuando. Siendo que usted lo hace con bastante regularidad, incluso podría decir que varias veces al día…
Sirius apretó los puños con fuerza, hizo rechinar los dientes mientras que James sonreía con tal petulancia que daban ganas de estrellarle la cabeza contra la mesa de cristal del salón.
—Sí, pero resulta que a mí me salen mucho mejor las estupideces—arguyó Sirius muy convencido, cambiando su postura de defender su buen comportamiento a defender las idioteces que hacía.
— ¿Ha escuchado alguna vez que las cosas a las carreras salen mal?—preguntó James arqueando las cejas—. Es mejor calidad que cantidad.
— ¡Sí pero todo lo que yo hago da risa!—chilló Sirius a la desesperada de ganarle la pelea a James que cada vez ensanchaba más su sonrisa—. ¡Mis estupideces siempre terminan bien! ¡Las tuyas no!
— ¿Quieres que te recuerde todas y cada una? ¿Por dónde empezar? ¿Por orden alfabético o por daños?
— ¿Ah sí? ¿Eso quieres?—dijo Sirius subiéndose al sofá—. ¡Venga! ¡Empecemos!
— ¡La bengala en la salamandra!
— ¡La bomba fétida en la sala de profesores!
— ¡El montón de chicas en el bar de Londres!
— ¡Cuando escondiste la varita de Scrimegour!
— ¡La vez del desastre en el baño de prefectos!
— ¡El pica, pica en el baño de hombres del ministerio!
— ¡El robo de la ropa interior de Hollie Carter!
— ¿Quién grita?—preguntó Harry saliendo de la cocina.
En ese momento, James se había trepada en la mesita del centro del salón, alcanzando la altura de Sirius; ambos inclinados el uno hacía el otro, mirándose fijamente. Sin prestar atención al niño. Entonces, los dos abrieron la boca al mismo tiempo y gritaron:
— ¡Lo de Anne!
— ¡Lo de Tressa!
—Ha sido la pelea más estúpida que han tenido en años—murmuró Remus que pasaba la página de un libro con aire despreocupado, desde el sillón más alejado, ni cuenta se habían dado de la presencia del licántropo. Sirius y James se miraron un segundo, luego bajaron de sus lugares, a penados—. No, en serio, me preguntaba cuanto tiempo tardarían en volver a las andadas, supuse que no podrían estar así más de siete años.
—Sí, bueno…—James se sonrojó, le dio un codazo a Sirius.
— ¿Quieres entrar en la pelea?—preguntó Sirius esbozando una enorme sonrisa.
—No gracias—contestó Remus cerrando su libro—. ¿Han terminado ya? ¿Pueden volver a ser adultos "responsables"?—dijo haciendo unas enormes comillas en el aire.
—Hay que preparar el desayuno—propuso James fulminándolo con la mirada, luego se fijó en Harry y sonrió—. ¿Qué se te antoja, campeón? El tío Remus puede hacer hot cakes o waffles…
—O James puede hacer panquecillos—interrumpió Remus con el ceño fruncido, desde hacía unos años creía que Sirius y James le cargaban la mano pasando a ser el cocinero oficial de la mansión—, quizá prefiera invitarnos al Caldero Chorreante, siempre hay algo bueno que picar ahí.
—Hagamos caso al tío Lunático—dijo Harry haciendo como que boxeaba con el aludido que fingía muecas de dolor al recibir los golpes del niño—, papá cocina horrible.
—Gracias, Harry—dijo James irónicamente.
— ¿Quieres que te mienta?
—No—contestó subiendo a cambiarse al ver que era el único en pijama—. No tardo, solo me ducho y…
— ¡Ah no!—rezongaron Sirius y Harry al mismo tiempo, para que adulto continuara—. Siempre que te bañas te tardas más que una señorita, solo cámbiate, me ruge el estómago de hambre.
—Pero…
— ¡Corre!
James rodó los ojos.
— ¿Crees que Tom tenga algo para nosotros?—decía Sirius cuando ya caminaban hacia el Caldero Chorreante, habían decidido aparecerse en un callejón cercano al lugar porque Harry odiaba la Red Flu. James iba quitándose lagañas de los ojos maldiciendo a sus amigos mientras que Harry iba brincoteando frente a ellos.
—Sí no, podremos ir al callejón Diagón a comer helado…
— ¿Helado? ¿De desayuno?—preguntó Remus a Sirius que se encogió de hombros—. ¿En serio, Canuto?
—Bueno, yo decía. Pensaba invitarte uno de triple chocolate—dijo mirándolo dolido.
— ¿Harry?—interrumpió James su discusión, el niño se había quedado atrás, recargado en la pared de un comercio donde había muchas personas saliendo y entrando—. ¿Qué haces, hijo?
—Soy un vago—dijo Harry con una voz fingida, los ojos entrecerrados y los brazos cruzados.
Los tres echaron la cabeza hacia atrás, riendo divertidos por las ocurrencias del pequeño.
—Disculpe—dijo un hombre tocando el hombro de James que dejo de reír para prestarle atención—, disculpe, ¿Es usted el padre de este maravilloso niño?—preguntó mirando a Harry con una gran sonrisa.
—Sí, ¿por qué?
—Oh, no me he presentado—dijo el hombre estrechando la mano de James que lo veía receloso—. Michael Jones, productor de comerciales.
—Ajá… James Potter—dijo todavía no muy convencido.
—Señor Potter—farfulló Michael Jones sonriendo sin parar, Harry ya estaba junto a Remus que también parecía desconfiar—. ¿Le han dicho alguna vez que su hijo podría ser protagonista de comerciales? Tiene un ángel que se siente a leguas de distancia, transmite mucho con solo verlo—volvió sus brillantes ojos cafés hacía Harry—. ¿Cómo te llamas, pequeñín?
— ¿Comerciales?—decía James confundido.
—Harry—contestó él en voz bajita, sin salir detrás de Remus.
— ¡Oh Harry! Serías perfecto para un comercial que estoy a punto de grabar—informó Michael asintiendo con la cabeza—, justo el tipo de niño que buscaba. De tu edad, ocho o nueve años, con una sonrisa inocente…
—Es que no lo conoce…
—Sirius, no me hagas perder la paciencia.
—Una mirada transparente, sí—terminó Michael alzando la vista hacía James—. ¿Qué me dice, señor Potter? ¿Podría interesarle si le hago una propuesta formal? Claro está que firmaría un contrato siendo usted el albacea del pago del niño, cuatrocientas libras. Es una fortuna.
— ¿Es mucho o poco?—murmuró Sirius a Remus.
—Hum… no lo sé, no estoy muy metido en el asunto de filmar comerciales—susurró para que Michael no lo oyera—. El pago es lo de menos.
—No, gracias—dijo James cogiendo la mano de Harry que se había puesto colorado—. Lo siento pero no nos gusta llamar la atención…
— ¡Eh!—gritó una mujer de mediana edad con una túnica color purpura, que resaltaba entre los transeúntes que le miraban atónitos pues no hacía tanto frío como para llevar una túnica y menos de un color tan llamativo—. ¡Son los Potter!—chilló señalándolos—. ¡Son ellos, el padre y el hijo que acabo con Quién- Ustedes- Saben!
Michael alzó una ceja.
—No es lo que parece…
De pronto, se vieron rodeados de un montón de brujas que gritaban y chillaban palabras ininteligibles que acallaron las protestas de los chicos, apretujándolos contra la pared, a la vista de Michael Jones quién parecía muy desconcertado por aquella muchedumbre tan rara, salida de la nada.
— ¡Piénselo!—gritó Michael estirando el brazo para darle a Harry una tarjetita—. ¡Llámeme si se decide!
— ¡Basta!—gritaba Remus tratando de hacer espacio para Harry que se engentaba con mucha facilidad—. ¡Por favor, el niño!
— ¡Merlín!—gritó Sirius de pronto, señalando con la mano hacia el Caldero Chorreante que estaba solo a dos locales a la izquierda—. ¡Gilderoy Lockhart!
— ¿Dónde?
Y tan rápido como habían aparecido, desaparecieron en busca del famoso Gilderoy Lockhart. Dejando a los cuatro chicos solos, con la mirada de los muggles curiosos sobre ellos.
—Nos han confundido con los Beatles—dijo Sirius sonriendo tímidamente.
—Entremos antes de que vuelvan—dijo James echándole a Harry aire con las manos—. ¿Te encuentras bien?
— ¡Podría hacer un comercial!—gritó Harry emocionado, alzando su puño al aire.
—Sí—confirmó James—. Eso no sucederá.
—Aburrido—dijo Sirius negando con la cabeza.
—Te dije que tendríamos que desayunar helado—masculló Sirius cuando se encaminaban hacia la heladería de Florean en el callejón Diagón porque Tom (tras disculparse mil veces) les informó que la cocinara se había enfermado—. ¡Genial yo quiero uno de caramelo!
—Yo de nueces—dijo Harry acariciándose la pancita, pasándose la lengua por los labios.
—Es la última vez que hacemos esto—sentenció James seriamente.
—Pero prometamos que no le diremos nada a Nina—pidió Sirius—. Si se entera nos matará porque creerá que lo hicimos porque no está ella. Y claro, será conmigo con quién se desquite.
—Prometido—dijeron, aunque Remus sin muchas ganas.
— ¡Miren!—exclamó Sirius deteniéndose en un escaparate, sonriendo de lado—. ¡Eh, son tan monos! A que sí.
—Vaya—se sorprendió Remus al ver lo que Sirius veía.
— ¡Papi!—saltó Harry pegando su cara al vidrio, James se acercó con curiosidad—. ¡Mira papi, ese me gusta! ¡Hay que comprarlo!
—Eh…—James se puso pálido, trato de disimular pero Remus se dio cuenta y le dio un codazo en las costillas—. Quiero decir, no traigo mucho oro…
—Podemos coger un poco de mi mesada—propuso Harry contento, rebuscando las monedas en el bolsillo de su pantalón—. Anda, papi, hay que comprarles el primer regalo a mis hermanitos antes de que Frankie me gane.
—De acuerdo—dijo James al fin, entrando a la tienda de artículos para bebés.
— ¡Me preguntaba cuando los vería por aquí!—soltó la bruja que atendía el lugar, tenía una sonrisa amable y unos enormes ojos que pretendían abarcarlo todo; la tienda era pequeña, apretujada hasta el último rincón de todo tipo de cosas que ocupaban los bebés: desde una cuna hechizada para que los bebés no se salieran zumbando debido a su magia, hasta un mameluco que crecía conforme lo hacía el bebé. James se sintió aturdido nada más poner un pie dentro—. ¿Buscando el primer obsequio para las felices madres?
— ¿Tendrá este modelo para gemelos?—preguntó Sirius de inmediato, con un extraño tono de voz.
— ¿Gemelos? ¡Merlín, que bendición!—exclamó la bruja, Sirius sonrió, Remus se quedó con la boca abierta—. Oh sí, claro que hay modelo para gemelos—agitó su varita y no tardaron en ver como una pequeña caja salía del almacén de detrás de la tienda—, aquí tiene.
Sirius abrió la caja con tanto cuidado, como si de una delicada flor se tratara. Algo en sus ojos, le indicó James que estaba… emocionado. Esa era la verdad, Sirius ya había aceptada su reciente paternidad con más rapidez de la que se hubieran imaginado y ahora estaba mirando la ropita de bebé como si no hubiera algo más interesante en el mundo que aquello. James se sintió tan culpable… culpable de que en su interior no se asomará ni rastro de emoción o felicidad al estar ahí, culpable por ser el padre de dos criaturitas que se merecían que las quisieran, culpable por ver a Harry como su único hijo, culpable por haber fallado a su promesa con Lily.
— ¡No es justo, yo quería esos!—decía Harry trayendo a James a la realidad; el niño miraba a Sirius con el ceño fruncido.
—Puedes comprar iguales—le dijo Remus sonriendo.
— ¡Eh, James!—le llamó Sirius poniéndose a su lado—. Son monos ¿no?
Hasta ese momento, James se dio cuenta que su amigo le mostraba un par de playeritas diminutas que tenían estampadas unos pequeños leoncitos caricaturescos con los colores representativos de Gryffindor, escarlata y oro.
—Sí, sí, claro—se apresuró a decir componiendo una rara sonrisa—. Pero ni siquiera sabes si serán niños o niñas o ambos, esto parece más de niñas.
—Tenías que arruinarlo, James—le reprendió Sirius con una mueca, guardando la ropita en la cajita.
—Además—terció Remus—. ¿Cómo sabes que serán de Gryffindor? ¿Qué tal que quedan en alguna otra casa?
—Yo me largaría—afirmó Harry muy serio.
— ¿Cómo dices eso?—Sirius negaba rotundamente, riendo—. ¡Claro que serán Gryffindor! Sino, los desheredo.
— ¿Qué tal que son de la casa de la que fue Tressa?—aventuró James recobrando su humor tras ver la cara de apuro de Sirius—. Por cierto, nunca supimos, ¿De qué casa fue ella?
—Hum, interesante pregunta—murmuró Sirius para sí, acariciándose la barbilla.
—Puedo mostrarles más cosas—ofreció la bruja.
—Sería tan amable—dijo Remus yendo ya tras ella.
Una hora más tarde ya salían de la tienda cargados de un montón de paquetes y bolsas de tamaños y formas irregulares. Sirius había tenido que ir corriendo a su cámara de Gringotts a sacar más oro pues el que llevaba no le alcanzaba para pagar así que James aprovecho para hacer lo mismo dejando a Remus y Harry en la tienda. Compraron de todo, desde ropa (mucha ropa, como para unos veinte bebés) hasta la típica periquera que traía incorporado un sencillo hechizo para evitar caídas. Sirius además compró un libro donde explicaba todo lo referente a los síntomas del embarazo y sus consecuencias lo que hizo que James se sonrojara al detectar la mirada severa de Remus. Harry no había aceptado que su padre pagara lo que él escogió y sonreía satisfecho cada que miraba la caja que cargaba.
—Vayamos por los helados, volvamos a la casa a dejar todo esto y nos vamos a casa de Alice por Nina, así sirve que nos invita a comer—dijo James caminando con dificultad—. Quizá ella pueda hacernos el favor de darle todo esto a… a las chicas.
— ¿No sería mejor que se los dieran ustedes?—inquirió Remus.
— ¿Para qué nos manden al carajo con todo y todo?—ironizó Sirius tratando de no tropezar pues iba leyendo el libro que acababa de comprar—. No gracias, me gusta mi cara como la tengo.
—Entonces yo voy con la tía Alice—dijo Harry—. Yo quiero darle esto a Anne.
—Que buen chico—comentó Remus con cariño.
— ¡Hola, tú!—gritó entonces Harry corriendo hacia Flurish y Blotts.
James siguió con la mirada hacia donde se dirigía su hijo, el alma se le fue a los pies cuando vio a Toby, el hermano de Tressa, con Anne y Frankie. Los tres mirando con bastante interés los libros que se exhibían.
— ¡Harry!—exclamó Frankie agitando la mano tan rápido que parecía imposible, dejando de mascar la oreja de su inseparable y mugroso oso de peluche—. ¡Hola!—saludó con una enorme sonrisa a los tres chicos, acomodándose el puntiagudo y enorme sombrero que traía puesto.
—Hola, Annie—dijo Harry poniéndose de puntitas para depositar un beso en la mejilla de la mujer que se inclinó de inmediato.
—Voy a ponerme celoso—informó Toby sonriendo de lado.
—No le hagas caso—dijo Anne al ver la cara que ponía Harry, le sonrió, o al menos eso intento—. Que sorpresa verlos aquí—miró a Sirius y Remus que sonrieron, sin embargo ignoro olímpicamente a James.
—Venimos a desayunar—dijo Remus.
—Son casi las tres.
—Sí, bueno alguien se despertó tarde—dijo Sirius lanzándole a James una mirada acusadora—. ¿No es así? Le afecta la edad, anoche nos desvelamos y ya no aguanta como antes. Tú me entiendes—y le guiño uno ojo a Anne que lo fulmino con la mirada.
—Veo que tienes un curioso sentido humor, Black—comentó Toby ácidamente.
—Mami—le llamó Frankie jalándola del suéter—. Mami, ¿por qué Bubu le dice Black a Sirius?—preguntó.
—Porque así se llama—contestó ella.
— ¿Bubu?—se mofó Sirius conteniendo la carcajada.
—Tú te oyes ridículo diciéndolo—contestó Toby hábilmente. Borrando cualquier indicio de burla en la expresión de Sirius que frunció los labios—. No puedes llamarme así, solo nos hemos visto un par de veces. ¿Qué dirá mi hermana de que nos tengamos estas confiancitas? No creo que le perezca.
—Por cierto—interrumpió Remus temeroso de que Sirius se prestara para montar una escenita como la del hospital—. ¿Cómo esta Tressa?
— ¿Te importa?
—Toby—Anne negó con la cabeza—. No enseñes el cobre tan rápido—él sonrió elocuentemente—. Remus es un buen chico.
—De acuerdo—Toby rodó los ojos—. Ella está bien, gracias por preguntar—dijo con voz automática.
James sintió como la vena de su sien palpitaba con fuerza al ver como Toby pasaba un brazo por la cintura ya ancha de Anne que no ponía resistencia.
— ¿Podemos ir a verla?—inquirió Harry dubitativamente.
—Hum—Toby fingía que lo meditaba—. ¿Cómo se llama usted, jovencito?—preguntó amablemente.
Menos mal, pensó James. Dispuesto a irse a las varitas si al estúpido de Toby se le ocurría hacerle alguna grosería a Harry.
—Harry, Harry Potter—dijo estrechando la mano de Toby.
—Un gusto, Harry Potter—el chico le alboroto el cabello—. Soy Tobías Moore, pero tú puedes llamarme Toby.
—Eres Bubu—rió Frankie.
—Dudó mucho que un chico como Harry quiera llamarme Bubu—dijo Toby cómicamente, Harry rió—. ¿No es así?
—Toby—dijo Harry simplemente, encantado de hacer un nuevo amigo; luego se giró hacía Anne y su vientre abultado—. ¡Casi lo olvido! ¡Te he comprado algo! Bueno, para los bebés.
— ¿Qué?—Anne abrió mucho los ojos, obviamente no se esperaba aquello.
—Ten—Harry le puso en la mano la caja—. Es su primer regalo, ¿verdad?—preguntó ansioso.
—Yo… esto…—Anne se sonrojó, no sabía qué hacer, las manos le temblaban.
— ¡Ábrelo, mami!—chilló Frankie.
—Cómo todavía no sabemos que son, he comprado de color amarillo—decía Harry apurado por no saber si Anne estaba enfadad con él—, el tío Remus me dijo, pero si no te gustan, puedo decirle a la señora que si me los puede cambiar…
—Gracias, cariño—le dijo Anne con voz temblorosa asomando los ojos dentro de la caja—. Son hermosos, no pudiste elegir mejor,
Harry respiro, aliviado.
—El primer regalo—masculló Toby dirigiéndole a Anne una extraña mirada.
—Mi papi ha vaciado la tienda también—dijo Harry sonriendo, James y Anne se miraron una fracción de segundo, sin saber cómo actuar—.Compramos todo igual, porque los gemelos siempre tienen que ir iguales ¿no?
— ¡Pues sí!—exclamó Frankie como si fuera lo más obvio del mundo, fue y se abrazó a la pierna de Toby que le dio palmaditas en la espalda.
—Podemos acompañarte a tu casa para dejarlo todo allí—propuso Remus al ver que nadie decía nada—. ¿Annie?
—Yo… no sé—carraspeó para aclararse la garganta y adoptar el mismo tono de voz de siempre, autoritario y firme—. Nosotros pensábamos ir a ver a Tressa pero…
— ¡Genial, yo quiero ir!—exclamó Harry contento.
—No, campeón—intervino James con una mano en su pequeño hombro—. No podemos ir a verla así como así, habría que preguntarle si no le molesta, además tenemos que ir por Nina.
—Vayamos por Nina y pasamos a ver a Tress—dijo Sirius con una enorme sonrisa.
— ¿Tress?—repitió Toby.
—Vaya, vaya—dijo alguien a sus espaldas, se giraron para ver el curvilíneo cuerpo de Ivanka entallado en un elegante vestido verde botella, Sirius fue presa del pánico al detectar como su cara pasaba por un arcoíris de colores mientras su exsonreía coquetamente—. Que sorpresa verlos aquí.
—Hola—dijeron James, Sirius y Remus sin mucho ánimo.
— ¿Dónde está Nina?—preguntó recorriéndolos a todos con sus penetrantes ojos azules que les recordaba los escaneos oculares que Nina les hacía a ellos—. Pero que modales los míos—se quejó dándose un ligera golpe en la frente, sonrió a Toby que le devolvió la sonrisa encantado—. No me he presentado, soy Ivanka Von Ziegesar—le ofreció su delicada y pequeña mano tan blanca como la nieve—, la madre de Nina.
—Un placer—dijo Toby estrechando con cuidado su mano—. Tobías Moore.
— ¿Eres pariente de Tressa Moore?—quiso saber Ivanka melosamente.
—Su hermano en realidad—contestó encogiéndose de hombros.
—Que pequeño es el mundo—comentó Ivanka con una risa fingida, luego se volvió hacía Sirius—. ¿Qué te pasa, querido? ¿Te comieron la lengua los ratones? Te he preguntado donde esta Nina, no me has contestado.
—Con Alice—respondió de mala gana—. ¿Qué quieres? Estábamos hablando por si no te diste cuenta, sigue caminando.
— ¿Lo ves?—le dijo Ivanka a Toby que se metió la manos a los bolsillos—. Ya no existen los caballeros, desgraciadamente una tiene que conformarse con los remedos de hombres que quedan porque todos los buenos están casados o con otros—Harry sacó la lengua detrás de Ivanka, haciendo como que vomitaba, lo que hizo reír a Frankie—. Creo que madame Wiglaf estará interesada en saber que dejas a la niña con tal de tener tiempo libre para...—se quedó mirando el montón de paquetes que Sirius cargaba y entonces su expresión cambió—. Espera un momento—Remus sintió como un balde de agua fría le caía encima, a sabiendas de lo que acontecería—. ¿Qué haces con todo eso?
—Es mío—se apresuró a decir James comprendiendo la mirada que el licántropo le lanzaba—. Vamos a tener un bebé—informó tragándose toda la vergüenza del mundo, señalándose a sí mismo y a Anne que parecía estupefacta.
—Oh—Ivanka no pudo dejar de sorprenderse—. Enhorabuena, señora Potter.
—Gracias—musitó Anne rechinando los dientes, al entender la mirada de súplica de Sirius.
—Por un momento creí que eso era tuyo, Sirius—dijo Ivanka riendo—. Habría sido magnifico…
—Creía que ibas a dejar todo eso a Tressa—intervino Toby para horror de los tres chicos.
— ¿Cómo?—preguntó Ivanka con un brillo malicioso en los ojos, conteniendo el júbilo—. ¿La querida Tressa también está embarazada?
—No…
—Y van a ser gemelos—contestó Toby contento—, la hermosa Nina tendrá hermanitos nuevos. No te molesta ¿o sí?
—Por supuesto que no—dijo Ivanka ya sin poder ocultar su sonrisa de triunfo a Sirius que apretaba los puños con fuerza, se acercó a Toby para abrazarlo, cuando se acercó a Sirius para hacer lo mismo, le susurró al oído—: ve haciendo las maletas de Nina.
— ¿Qué?—chilló Alice sobresaltándose en su asiento—. Lo siento—murmuró a Frank que arrullaba a Naomie que pareció despertarse con el gritó de su madre—. ¿Qué vamos a hacer ahora?—preguntó angustiada.
—No sé—contestó Sirius triste.
Acababan de llegar a casa de los Longbottom, ver a Alice para que Sirius se echara a su hombro a balbucear cosas que no entendió. Nina salió disparada a los brazos de su padre que ya la esperaban para luegovolver corriendo con el tío Frank y Neville que cargaba a Naomie mientras Harry iba detrás de ella. Una vez que los niños se hubieran apartado, Remus le explicó rápidamente la situación a Alice ante Sirius que parecía al borde del llanto. Habían huido del callejón Diagon arrastrando consigo a Toby mientras Anne le advertía que no dijera nada más. Algo que el chico no comprendió.
—Tenemos que pensar con la cabeza fría—propuso Alice apretando con cariño la mano de Sirius—. No podemos permitir que Ivanka se quede con Nina, si tan solo pudiéramos hablar con madame Wiglaf y explicarle…
— ¿Explicarle qué?—terció James bajando la voz—. ¿Qué va a tener bebés con una mujer que lo odia? Yo no creo que eso ayude mucho. Tampoco podemos mentir porque cualquiera que hable con Tressa sabrá que ellos no están juntos y sería peor.
— ¡Es que no podemos quedarnos de brazos cruzados, esperando a que Ivanka se lleve a la niña!—dijo Alice—. He estado hablando con Nina y me ha dicho que ella no quiere irse con su madre, ¿eso no podría suponer una ventaja?
—Se toma en cuenta—murmuró Remus—. Pero cuenta más la opinión que madame Wiglaf tenga de Sirius e Ivanka, lo que ella piense que es mejor para Nina.
— ¿Qué va a saber ella?—dijo Sirius enojado—. Ivanka es una arpía, todo el mundo lo sabe. Si no porque, en primer lugar, dejo a Nina en la puerta de la casa como si de un cubo de leche se tratara.
—Tal vez si hablaras con Tressa, Sirius…—iba diciendo James—, si la convencieras de decirle una mentirilla blanca a madame Wiglaf podríamos persuadirla de dejar aNina con nosotros.
—Dudo que quiera, me odia—masculló él agachando la mirada—. No ha respondido una sola de mis cartas.
— ¿Le has escrito?—se asombraron Alice, Remus y James.
—Todos los días—contestó Sirius afligido—. Y todos los días me he quedado en la ventana viendo entrar a mi lechuza sin una contestación. Me castiga con el látigo de su desprecio, vaya, nunca creía que una mujer pudiera despreciarme…
—No tiene remedio—susurró Alice a Remus y James que asintieron al ver que Sirius se había quedado ahogado en sus pensamientos—. Como sea, yo voy a hacer lo posible por hablar con Tressa.
—Bien—dijo Remus sonriendo—. Eh… ¿Alice?
— ¿Qué pasa?
— ¿Tendrás algo de comer?—dijeron Remus y James al tiempo, con idénticas caras de hambre.
—Oh, claro—respondió componiendo una expresión amable—. Ahora vamos a comprar una pizza.
— ¡Pizza!—gritaron Neville, Nina y Harry contentos.
Naomie soltó un gritó, ante la cara martirizada de Frank.
Sirius se había ofrecido para ir a comprar las pizzas, solo. La verdad que necesitaba salir de la abarrotada casa para tener un poco de espacio para poner en orden sus ideas y así poder tomar una decisión que le ayudara a salir del apuro. No se había dado cuenta cuando empezó a querer a los nuevos bebé, obviamente los quería ya tanto como a Nina, pero de una forma distinta. Porque Nina había llegado a su vida sin previo aviso, y durante años habían sido solo ellos dos, y ahora todo cambiaba con la llegada de Tressa y los gemelos.
La quería.
Lo había aceptado. Por fin. Lo sabía porque desde que despertaba hasta que se dormía pensaba en ella: en su sonrisa, en sus ojos azules, en sus mejillas sonrojadas cada que él le dirigía una mirada, en la forma en que se contraían sus labios cada que decía su nombre, en sus horrorosas botas, en su andar despreocupado y ligero…
Pero por mucho que la quisiera, no podía evitar maldecirla unas cuantas veces al día por ser tan necia. En todas y cada una de las cartas le había pedido que recapacitara, que volviera con él. Solo que en ninguna le había pedido *perdón,*porque no había nada de que disculparse, eso era obvio. Seguía sin comprender porque seguía tan enfadada si ya tenía meses que no cruzaba una palabra con Constance Adams que cada que lo veía en algún pasillo giraba la cabeza y lo ignoraba. Así que no había nada de lo que Tressa tuviera porque enfadarse.
Iba tan distraído caminando, "pensando", que tropezó con alguien sin querer.
— ¡Lo siento tanto!—decía la chica—. ¡Ha sido…!
Tressa se quedó de piedra al ver que era Sirius a quién había derribado, que la miraba desde el suelo. Divinas casualidades, pensó él contento.
—No te preocupes—dijo él poniéndose de pie, sobándose el codo con el que había aterrizado—. Supongo que me lo merecía, ¿no?
—Un poco—repuso Tressa retomando su camino, la dirección opuesta a la que iba Sirius por las pizzas.
— ¿A dónde vas?—preguntó Sirius yendo detrás de ella, mirando embobado la forma en que ella comía fresas con chocolate. Pero ella no se molestó en contestarle—. Bueno te acompañó, no es recomendable que andes sola.
—No gracias.
—Oh, vamos, por favor. No voy a morderte, a menos que eso me pidas—añadió coquetamente.
Tressa le envió una mirada envenenada desde atrás de sus gafas, apretó los labios y dijo:
—Estoy bien sin ti, puedes ir por donde viniste.
—Solo quiero estar contigo—dijo Sirius con una voz tan plagada de inocencia que Tressa se sonrojó—. ¿Es mucho pedir?
—No, pero el sentimiento no es reciproco—repuso tragando en seco, apartando los ojos de la cara de Sirius—. Estaba muy bien sola, disfrutando mi paseo así que por favor, vete.
—Por favor, Tress—dijo entonces cogiéndole la mano, entrelazando los dedos de ambos, lo que provocó que sintiera una descarga eléctrica por la columna vertebral, ella lo miró—. Por favor, piénsalo, no me digas que no, dime que lo pensarás. Te prometo que no volverá a suceder lo mismo, te necesito. Yo…—por primera vez en su vida sintió como toda la sangre de su cuerpo se aglomeraba en su cara—. Te quiero—susurró en voz muy bajita.
Era la primera vez que se lo decía a ella. La primera vez se lo decía a una mujer que no fuera Nina. Tressa debió darse cuenta que algo nuevo pasaba porque los labios le temblaron y los ojos se le llenaron de lágrimas. Sin darse cuenta se había acercado tanto a Sirius que ambos estaban solo separados por la barriga de ella.
Sirius la sujetó con delicadeza por el cuello, con la otra mano tomó su cintura, poco a poco, despacio, la fue acercando para besarla. Ella puso la mano sobre la que él tenía en su cello, las lágrimas ya corrían por sus mejillas mientras que Sirius no despegaba la mirada de sus labios, esos labios que había extrañado tanto…
La nariz se le impregno del cálido aliento de Tressa que olía a chocolate, algo que lo hizo estremecerse. Cuando junto sus labios, se sintió en el paraíso, no hacía falta nada más para ser feliz. Así debía sentirse estar en la gloria; aquel solo beso le provocaba mucho más de lo que ningún beso.Se separaron un segundo para mirarse a los ojos, entonces Sirius sonrió y la besó con más intensidad. Jugueteando despacio con su lengua, para luego profundizar el beso, besarla con unas ganas tremendas. Con más ansias que las de un mendigo a quién se le pone enfrente un delicioso manjar. Con ambas manos, Sirius acunaba su rostro a la par que ella se acercaba más a su cálido cuerpo, poniéndose de puntitas para alcanzarlo.
— ¡Tressa!—gritó entonces una voz.
Al separarse, fue como si alguien hubiera rotó el hermoso escenario que habían construido juntos. Sirius maldijo para sus adentros.
— ¡Thomas!—dijo ella acomodándose el cabello, justo en el momento en que su hermanosalía de una tienda.
— ¡Merlín, me has dado un buen susto!—le reclamó Thomas acercándose a ella, lucía preocupado—. Como te has tardado tanto pensamos que algo te había… ah, Black—su tono de voz cambió inmediatamente—. ¿Qué haces aquí? ¿Qué estaban haciendo?—preguntó al ver las expresiones de ambos.
—Nada, nada—contestó Tressa apurada—. Nos hemos encontrado por casualidad pero él ya se iba, ¿verdad?
—Iré a tu casa a dejarte unas cosas—informó Sirius irguiéndose, mirando desafiante a Thomas que abrazó a Tressa—. ¿Qué día te conviene más?
—El lunes por la tarde—repuso ella—. Pero no vivo donde antes, además que si vienes a verme será solo si viene con Nina o Harry, no vengas tú solo.
—Pero…—rezongó Sirius y estuvo a punto de decir: ¿Y el beso que acabamos de darnos qué?
—Ya la oíste—dijo Thomas llevándose a Tressa—. Pídele la dirección a Anne.
Y sin más se fueron.
Pero Sirius sonrió, porque con ese beso descubrió que Tressa no lo odiaba. Solo lo fingía. A ver cuánto tiempo podía seguir fingiendo, pensó sonriendo triunfante.
Debo decir que la piel se me enchinó al describir el beso de Sirius y Tressa, caray hasta se me antojo xD ¿Y a quién no? Bueno, dejando de lado mis perversiones espero que les guste el capítulo, la verdad últimamente me gusta mucho lo que escribo**J seguimos viendo los nombres de los gemelos, si son niños que se llamen Castor y Pollux xD (casi no se nota que soy géminis xD) y si son niñas que se llamen Annie y Annick jajajajajajajaja
Por ahí me gusto uno que me dijeron, Othoniel**J es de niño…
Bueno, me largo, comenten mucho para que su escritora sea feliz y actualice cada dos por tres n___n
Ya saben, @AnnieShowbiz en twistter y LeviosaQuest2003 en Pottermore,
Besos con sabor a merodeador enbebesado xD (por los bebés jojo)
P.D. ¿Qué la nueva portada? ¿Qué tal los hermanos de Tressa? Yo me quedo con Toby xD
Por cierto, si tienen tiempo, busquen en youtube la canción que les deje hasta arriba, es preociosa en la voz de mi novio Pedro :)