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Harry Potter Black Lupin — capítulo 47
But you didn't have to cut me off
Make out like it never happened and
That we were nothing
And I don't even need your love
But you treat me like a stranger and
That feels so rough
No, you didn't have to stoop so low
Have your friends collect your records
And then change your number
I guess that I don't need, that though
Now you're just somebody that I use to know
Somebody That I Used To Know, Gotye ft Kimbra
Hacía un espléndido día, pensó James en cuanto abrió los ojos y atisbó un pedacito de cielo azul resplandeciente que se colaba por la ventana de su dormitorio. Se talló la cara con las manos para terminar de desperezarse, se estiró, rodó por la cama unas cuantas veces hasta que no tuvo más excusa y se sentó mirando tranquilamente a su alrededor.
Nada había cambiado ahí.
Sin embargo, sí Lily estuviera viva, él no reconocería nada de ahí que era más que su lugar de descanso.
Seguía teniendo el mismo tono de azul que cuando era niño, solo que un poco descolorido al igual que unos cuantos estandartes de Gryffindor que todavía eran parte de la decoración. El armario era grande y espacioso, pero no cabía un artículo más ya que ahí habían ido a parar las cosas de Lily, todas sus cosas. Desde el anuario del colegio hasta el calcetín más viejo y remendado. Abrir la puerta de ese lado para aspirar su aroma que había perdurado a pesar de los ocho años que iban a cumplirse de su muerte.
Apartó la mirada de ahí en cuanto empezó a sentir como la ansiedad de no tenerla a su lado lo hacía su presa.
Iba a ser un día muy pesado sin agregarle el estado de ánimo que se apoderaba de él cada que echaba de menos a Lily de esa forma. Así que camino despacio hacia la otra puerta del armario en donde estaba su ropa, sacó un pantalón café oscuro y una camisa beige, cogió la tolla y se metió a duchar.
Si no llegaban temprano, seguramente Andrómeda los ensartaba en un palo, de cabo a rabo. Eso era seguro.
—Papá, no quiero ponerme esto—se quejó Nina desde la cama, frunciendo el ceño; tenía ante sí un sencillo vestido rosa pastel—. Es horrible.
—Ya lo sé—dijo Sirius con complicidad, con las manos en la cintura, sentándose a su lado—. Pero tenemos que vernos decentes, el tío Remus lo ha dicho—terminó con un tono severo, nada apropiado en él—. ¿Ya me viste?—le preguntó cogiendo las solapas de su saco negro, y es que llevaba puesto un traje negro bastante elegante combinado con una camisa negra y finas rayas blancas—, sé que me veo muy guapo—Nina se tapó la boca con las manos, riendo—, pero no es mi estilo.
—Tampoco el mío—dijo la niña dejando de reír abruptamente, mirando la ropa con tanta repulsión que pareciera que fuera a contagiarla de alguna extraña y horrible enfermedad.
—Será solo un día—prometió Sirius con una enorme sonrisa que pretendía hacerla confiar.
—Pero…
— ¡Eh!—exclamó Harry abriendo la puerta con un gran golpe, haciendo como que lo había hecho gracias a una varita, aunque en realidad…
— ¡Caray!—exclamó Sirius muy impresionado al ver que Harry (con una expresión de satisfacción) sostenía en alto la varita de James—. ¿Lo has hecho tú?
— ¡Harry!—gritó entonces James, aparentemente enfadado, se oía que iba subiendo las escaleras—. ¡Donde hayas tomado de nuevo mi varita…!
— ¡Pues claro!—exclamó Harry como si fuera lo más normal que un niño de nuevo años controlara tan bien su magia; Nina lo miraba con envidia mientras que Sirius no podía verse más orgulloso—. Es que yo soy y seré un gran mago.
—Eso es más que obvio—dijo Sirius abrazándolo fugazmente, Nina carraspeó la garganta para llamar la atención de su padre—. Bueno, vístete ya.
— ¿Vas a ponerte un vestido?—se sorprendió Harry abriendo los ojos de par en par, acercándose a la niña que se cruzó de brazos, indignada—. ¿Sabes si quiera como se usan?
— ¿Qué insinúas?—replicó ella furiosa—. ¿Qué soy poco femenina?—y le arrebató el vestido de mala gana.
—Claro que no—dijo Harry amablemente, sonriéndole incluso, Nina amainó un poco—, solo digo que esa ropa es de niñas y tú no eres una niña.
— ¿Qué?—gritó Nina poniéndose de pie, al parecer toda la sangre de su cuerpo se le subió a la cara que estaba contorsionada por una mueca—. ¡Eres un tonto!
— ¡Solo dije la verdad!—exclamó Harry a la defensiva, alejándose instintivamente.
— ¡No sé qué rayos ve Ginny en ti! ¡Debe estar ciega, quizá necesite gafas!
—Bien, fue suficiente—dijo Sirius tranquilamente—. Harry, ve a tu cuarto a bañarte.
— ¡Ya me he bañado muchas veces!
—El tío Remus te ha sacado la ropa que vas a usar hoy—continúo Sirius sin inmutarse de que Nina sacaba chispas, fulminando con la mirada a Harry que no parecía de acuerdo con lo que le mandaban a hacer—.Ve, porque se nos va a hacer tarde.
Lo cogió por los hombros y lo empujó fuera de la habitación de Nina, encaminándolo a la suya, no sin dejar de rezongar.
—Este niño—decía Sirius para sí mismo, luego al notar el estado de ánimo de su hija, dijo—: bueno, yo mejor te dejo arreglarte, te espero abajo.
Y salió corriendo antes de que Nina pudiera desquitarse con él. Esa niña era de armas tomar.
—Más les valía llegar—murmuró Andrómeda al depositar un beso en la mejilla de James que negó con la cabeza—. Temí tener ir por ustedes.
— ¡Hola, tía!—saludó Harry con una enorme sonrisa, dejando de jalarse la camisa.
—Cariño, te ves tan guapo—comentó Dromeda abrazándolo—. Deberías vestirte así más seguido.
Y es que el pequeño llevaba puesto un pantalón negro y una camisa morada, con el pelo medio aplastado, sin duda tratando inútilmente de peinarlo. Harry frunció el ceño y echo a correr hacia Neville y Ron.
— ¿Ya han llegado?—quiso saber Remus repentinamente ansioso, deshaciéndose del saco para dejarlo en el armario más cercano.
—No—contestó Dromeda sonriéndole a Nina que también salió detrás de Ginny que le hacía señas—. Escúchenme bien, trío de tontos—dijo entonces en voz muy baja, pero ácidamente. Los tres palidecieron—. Este día es muy importante como para que hagan una de sus idioteces y lo estropeen todo, ¿Comprenden?
—Pero…
— ¡Demonios, Sirius, cierra la boca!—espetó la mujer con rudeza, el aludido bajo la cabeza—. No tengo que recordarles que Nina y Harry serán los más afectados si todo sale mal—James se estremeció—. Así que aunque sea por la salud mental de los niños, dejen de lado su estúpido orgullo de machos.
—Es que…
—James—le dijo Dromeda martilleándolo con la mirada—. Quiero que trates a Anne como si estuvieras completamente enamorado de ella.
—No creo que funcione—murmuró con voz apenas audible, con el miedo visible en su forma de moverse y hablar.
—Ah pero claro que va a funcionar—siseó la mujer con mucha convicción—. Tú te encargaras de convencerla, no eres feo—James se horrorizó al oír aquello—. Has lo que tengas hacer, no importa cuánto te humilles.
— ¿Qué?
—Tú—señaló Dromeda a Sirius con el dedo índice—. Tienes que hacer exactamente lo mismo con Tressa, yo ya le he comentado algo por carta. Solo compórtate como gente decente y todo irá bien.
—Yo siempre le digo eso—intervino Remus seriamente.
—Tu ni hables—espetó, el licántropo palideció—. Si fueras tan diferente de ellos como tanto alardeas, no dejarías que hicieran todo lo que hacen.
—Yo…
—Manos a la obra, entonces—lo cortó Dromeda componiendo una enorme sonrisa amable—. ¡Vamos! Pareciera que acabó de echarles un montón de bowtruckles en la cabeza. Sonrían.
—Sentimos el retraso—decía alguien saliendo de la chimenea.
—No se preocupen—dijo Dromeda empujando a los tres chicos para saludar a los recién llegados—. Un gusto, Andrómeda Tonks—se presentó ofreciendo su mano.
—Thomas Moore—contestó el hermano mayor de Tressa que estrechaba la mano de la mujer mientras que con la otra ayudaba a Tressa a salir de la chimenea.
— ¡Querida!—exclamó Dromeda abrazando a Tressa que se sonrojó—. Tanto tiempo sin verte, te ves preciosa.
—Gracias—masculló ella evitando toparse con Sirius que la miraba con una mano en el bolsillo—. Este es mi hermano, Toby.
—Un placer—dijo Toby recién llegado, sonreía de lado.
Andrómeda se sonrojó.
—Bueno, bueno—terció Sirius enojado, apartando la mano de su prima de la de Toby—, será mejor que vayamos con los demás, ¿no?
—Claro—Andrómeda fulminó a Sirius con la mirada al pasar por su lado, luego se giró hacía Tressa—. Quiero que conozcas a mi hija, Nymphadora.
— ¿Nymphadora?—preguntaron Thomas y Toby al tiempo, evitando reír.
— ¿Está aquí?—quiso saber Sirius, contento—. Creía que iría a York con la familia de Ted.
—Se aburre—respondió encogiéndose de hombros—, además que quería verlos a todos, conocer a Tressa.
—Estupendo, Remus tampoco la conoce—dijo James tratando por todos los medios de hacer lo que Dromeda le había mandado—. Ya verás, Lunático, es una chica genial.
—De hecho—dijo Dromeda cuando llegaban al salón—. Remus, ¿Podrías ir a comprar un poco de vino de elfo? Por favor, se me ha olvidado por completo.
—Puedo ir yo, si quieres—se ofreció James rápidamente.
—No, madame Wiglaf llegará en cualquier momento y tienes que estar aquí, con Anne.
James apretó los labios, pero no dijo nada más y se fue a saludar a Alice y Frank quienes charlaban animadamente con Ted y Arthur. Sirius se escabulló a la cocina donde probablemente estaría Molly ultimando detalles.
—Bien, ahora vuelvo—dijo Remus, sonrió y salió por la puerta de enfrente.
— ¡Merlín!—exclamó Alice asustando a todos, fue rápidamente hacia donde Tressa y sus hermanos, la chica parecía cohibida a pesar de hallarse rodeada de gente conocida—. ¡Te ves tan bonita!—comentó abrazándola con cuidado.
—Te echaba tanto de menos—le dijo Tressa al oído.
—Ya tendremos tiempo de hablar, a solas—repuso Alice moviendo poco los labios, se separó de ella y miro a sus hermanos—. Alice Longbottom.
—Thomas y Toby—presentó rápidamente Tressa, ambos inclinaron la cabeza.
—Creía que Anne venía con ustedes—dijo Alice conduciéndolos con naturalidad hacia uno de los sillones—. Se ha demorado bastante, ¿estará bien?
—No te preocupes por ella—intervino Toby sentándose—. Lo que pasa que lo lleva muy mal, el embarazo—aclaró al ver que Alice no le entendía—. Siempre que espera bebé le sienta fatal.
—Hablas de ella con mucha familiaridad—comentó Alice con interés.
—La conozco hace tiempo—dijo Toby como si nada.
— ¿Puedo saber de dónde?
—Es una larga historia.
Alice sonrió. Sabía de antemano que cuando una persona contestaba "es una larga historia" era una forma educada de desviar el tema.
—Bueno—dijo sacudiendo la cabeza—. ¿Quieren algo de picar? Seguro Molly ya ha terminado los bocadillos, iré a ver.
—Gracias—Tressa se giró para toparse con la mueca de disgusto de Thomas—. Deja ya de verme así, como si me reprocharas, si no querías venir no hubieras venido.
—Por supuesto—ironizó Thomas—. ¿Para dejarte sola con Black? Ni lo pienses.
—Viene Toby—zanjó Tressa masajeándose a la altura de los riñones—. Además, no soy la idiota que tú crees, no tropiezo dos veces con la misma piedra.
—Yo no… no me refería a eso—dijo Thomas apurado—. ¡No pienso eso de ti! Es de él de quién lo pienso, no deberías hacer esto por él.
—No lo hago por él—Tressa miro discretamente a Nina que venía bajando las escaleras con Ginny, ambas riendo cada dos por tres—. Es por Nina, ella no se merece que la alejen de las personas que la quieren. Él es un buen padre.
—No sé qué va a ser de ti y eso me da miedo—confesó Thomas cruzando las piernas.
—Relájate ya—le sugirió Toby volviendo la cabeza, siempre sonriendo de lado, Thomas rodo los ojos—. Nuestra hermana ya tiene suficiente como para que su hermano mayor le eche una perorata. Es adulta, sabe lo que hace.
—Gracias—le dijo Tressa a su hermano sin articular sonido—. Iré a ver si puedo ayudarlas en algo—y con mucha dificultad se puso de pie.
Remus iba caminando viendo sin ver. Estaba concentrado pensando en todo lo que sucedería aquel día tan importante, porque ese día madame Wiglaf iba a ir a la casa de Andrómeda a decirles con quién se quedaría Nina. Algo que los tenía con los pelos de punta; desde que se hubieran topado a Ivanka en el callejón Diagon, estaban demasiado susceptibles ya que la mujer había ido varias veces al ministerio y en todas y cada una de sus visitas, había conseguido lanzarles miradas de superioridad.
Sí madame Wiglaf decidía dejar a Nina con Ivanka…
Sacudió la cabeza, no debía ser pesimista. Se fijó mejor a donde lo llevaban sus pies y cuál fue su sorpresa al ver que no había caminado ni dos calles desde la casa de Andrómeda, se dirigió hacia un callejón cercano para poder aparecerse en Hogsmeade pues no tenía ganas del abarrotado callejón Diagon. No había dado ni dos pasos cuando se tropezó y cayó al suelo.
— ¡Pero qué demonios…!—dijo enfadado al aterrizar, con una mueca de dolor.
— ¡Lo siento tanto!—se disculpó una chica, con torpes intentos por ayudarlo a incorporarse—. ¡No te he visto!
— ¿Qué hacías ahí tirada?—preguntó Remus sentándose con dificultad, viendo con dolor el raspón en su rodilla ya que su pantalón se le había roto.
—Pensando—contestó la chica cantarinamente.
Remus la miro mejor. Era una chica mucho más joven que él, eso era obvio; traía el pelo corto, de un rosa chicle muy llamativo, sus ojos eran azules mientras que su cara parecía un corazón. Tenía puestas unas enormes botas que se parecían bastante a las que Tressa usaba, sonreía de una forma…
— ¿Pensando?—repitió Remus incrédulo, deshaciéndose del pensamiento fugaz que había tenido—. ¿En medio de la calle? ¿En serio?
—Se me hizo un buen lugar—respondió ella encogida de hombros—. Soy Dora, por cierto.
—Hola, Dora—saludó Remus un poco antipático, debió notarlo porque compuso una sonrisa, le ofreció su mano que ella estrecho enérgicamente—. Yo soy Rem… John—dijo al final sin saber porque.
—John—dijo Dora soltando su mano—. Dime, ¿Te duele mucho?
Señalaba con su delicada mano la rodilla del chico, que sangraba un poco.
—No, solo hará falta lavarla para que no se infecte. No te preocupes.
—Siento que por mi culpa se haya roto tu pantalón, luces muy elegante—comentó como si nada pero a Remus aquél comentario le provocó un espasmo que le recorrió todo el cuerpo—. Si pudiera hacer algo por ti, lo que sea.
—No creo que puedas hacer aparecer un pantalón nuevo, por arte de magia—bromeó Remus.
—Supongo que no—repuso Dora—. Aún no tengo edad para hacer eso.
— ¿Qué dijiste?
—Nada, nada—se apresuró a decir Dora—. Bueno, parecías preocupado.
— ¿Se me nota tanto?—dijo acomodándose junto a la chica.
—No lo sé, mi madre dice que tengo un don para saber cuándo a la gente le preocupa algo—de nuevo, se encogió de hombros—. Dice que soy intuitiva.
—Probablemente tu madre tenga razón.
— ¿Qué te preocupa tanto que tropiezas con una chica acostada a la mitad de la calle?—rió ella.
—Son tantas cosas—suspiró Remus, Dora le prestaba su máxima atención—, que ni siquiera sé por dónde empezar. Supongo que lo que me tiene así es el miedo a perder a alguien que quiero mucho.
— ¿Tu novia?—inquirió Dora mordiéndose el labio inferior.
—No, ella está bien—dijo Remus frunciendo el ceño—. El único problema que tengo con ella es que tengo que mentirle aunque yo no quiera.
— ¿Cómo puedes ser novio de alguien a quién mientes?—preguntó Dora con una ceja alzada—. Eso no es correcto.
—Lo sé—musitó Remus bajando la cabeza—. Pero créeme que miento porque no me queda de otra, si le dijera la verdad probablemente se iría.
—Creo que ella es quién tiene derecho a decidir si se queda o se va, no estas siendo justo.
Remus se le quedo mirando: Dora no parecía mayor de veinte años y sin embargo ahí estaba, diciéndole lo que él pensaba pero que no quería admitir.
—Tienes razón—dijo finalmente—. ¿Cuántos años…?
— ¡Oh!—exclamó Dora entonces, poniéndose de pie de un brinco—. ¡Se me ha hecho tan tarde! Mi madre me matará si no estoy cuando…—miró a Remus y sonrió—. Tengo que irme, John, me ha gustado mucho conocerte.
— ¡Espera!—le gritó Remus cuando ella ya corría—. ¿Cuándo volveremos a vernos?
— ¡Cuándo sea tiempo!—soltó Dora, riendo.
—Vaya—murmuró Remus, contento.
Se puso de pie y siguió su camino hacia el callejón donde se curó la pierna y se arregló el pantalón con un toque de su varita. No pudo dejar de pensar en aquella chica, Dora.
— ¿Annie?—decía Sirius tocando a la puerta del baño—. ¿Te encuentras bien?
Como respuesta, oyó una cascada de vómito, que le hizo hacer una mueca.
—Será mejor que James venga a verla—dijo Molly, preocupada—. Ya lleva ahí más de una hora, no es normal.
—Dudo mucho que ella quiera que James venga—terció Sirius—. ¿Annie?—volvió a golpear la puerta—. ¿Quieres que te traiga algo?
De nuevo, ella no contesto.
—Esto es ridículo, ahora vuelvo—Molly bajó corriendo la escalera, se abstuvo de gritarle a Fred y a George cuando los vio en un rincón, tramando algo sospechoso sin duda. En cuanto Anne y Frankie habían llegado, la mujer se había encerrado en el baño mientras que James se escabulló al patio a jugar con los niños—. ¿Dónde está James?—preguntó a Remus que platicaba con Alice.
—Está arriba, cambiando a Naomie—contestó Alice—. ¿Qué pasa? ¿Cómo sigue Anne?
—Sigue igual, será mejor que James vaya a verla.
— ¿Dónde está?—preguntó Toby de pronto.
—En el baño de arriba—respondió Molly no muy segura, al ver la intención del chico, se puso frente a él—. Todo irá bien, James hará algo. No tienes por qué preocuparte.
—No creo que ella quiera estar con él—dijo Toby hábilmente.
—Deja que él se haga cargo—masculló Tressa.
—Pero…
Molly ya corría de nuevo hacia arriba.
—James, tienes que ir con Anne—le dijo en cuanto abrió la puerta de una de las habitaciones; el chico estaba sentado en la cama, cargando a Naomie que dormía profundamente por lo que Molly bajo la voz—. Me quedaré con la niña, ve.
— ¿Qué le paso?—preguntó James entregándosela.
—No sale del baño—explicó empujándolo—. Entra a averiguar que sucede.
—Ahí está Sirius—dijo James incomodo—. Él puede…
— ¡Entra!—le dijo Molly amenazándolo con la mirada.
—Es que…
— ¡Ahora!
Sirius se hizo a un lado, mientras que apuntaba con la varita la cerradura de la puerta. James le suplicó con la mirada que no lo hiciera pero su amigo se encogió de hombros y señaló con los ojos a Molly y lo comprendió todo. Tenía miedo, igual que él.
—Alohomora—susurró y el pestillo de la puerta hizo click.
—Voy a entrar—aviso James, cuidadosamente, entonces Molly lo metió de un empujón—. ¡Hey!—exclamó, pero entonces cerraron la puerta. Temeroso, se giró hacia el retrete—. ¿Te sientes bien?—preguntó torpemente a Anne que estaba tirada en el suelo.
— ¿Tú que crees?—contestó ella pasándose una mano por la boca.
— ¿Quieres que haga algo?—preguntó agachándose—. ¿Te traigo algo? ¿Esto es normal siquiera?
—Agua—pidió con la voz ronca, estaba más pálida que Remus en una mala luna llena.
James no espero a que se lo repitiera dos veces, apuntó con su varita a un vaso vacío que estaba sobre el lavabo, el acto, el vaso se llenó de agua fresca y cristalina. Se lo tendió pero ella no lo cogió, estaba demasiado débil.
—A ver—dijo entonces tragando en seco—. Voy a ayudarte, ¿vale? No me golpees.
Entonces, como no queriendo la cosa, se abrió paso para acomodarse junto a ella. Paso un brazo por sus hombros y la ayudo a incorporarse, parecía una muñeca de trapo.
—Puedo sola—balbuceó tratando de zafarse del agarre del chico.
— ¡Vamos, necesitas mi ayuda esta vez!—exclamó él a la desesperada, ella le miro pero no dijo nada y se bebió despacio el agua—. No soy tan malo como tú crees.
—Eres peor.
James pudo jurar que ella sonrió.
— ¿Mejor?
— ¿Dónde está Frankie?—preguntó Anne recargando la cabeza en el pecho de James que se sorprendió pero no dijo nada—. Quiero ir con ella.
—No te preocupes, está bien—James tenía vista fija en el espejo, veía su reflejo que le devolvía la mirada burlonamente—. Tressa se hace cargo de ella.
—Está un poco celosa—decía Anne con los ojos cerrados—. Compite con Harry y con… con…—era como si fuera incapaz de decir la palabra "bebés"
—Harry lo ha tomado bastante bien—confesó James—. Bueno, me ha dicho que no quiere que sean niños, quiere seguir siendo el único varón.
—Es un bue niño—dijo en voz baja—. Pero aún te odio.
Y se quedó dormida.
—Yo también te odio—le dijo cargándola para dejarla en la habitación de Dromeda.
— ¿Podemos hablar?—le dijo Sirius a Tressa al pasar por su lado.
—No—respondió ella tajantemente, fingiendo que sonreía a Nina que jugaba frente a ellos con Frankie y Ginny—. Si alguien nos ve…
— ¿Son tus hermanos o tus carceleros?—preguntó de mala gana.
—Solo quieren protegerme.
— ¿Protegerte? ¿De quién? ¿De mí?—Sirius soltó una carcajada perruna.
—Sigues siendo un idiota—espetó enfadada—. Pero yo soy más idiota por creer que tú… soy una idiota.
— ¿Yo soy el idiota?—Sirius la cogió por el brazo y la obligo a entrar en un viejo armario, ella forcejeaba por soltarse de su agarre—. ¿Yo soy el idiota cuando eres tú la que me besa en medio de la calle?
—Pero ¿qué dices?—espetó Tressa ya gritando—. ¡Fuiste tú!
—Ya, y vas a decir que te bese a la fuerza, ¿no?
— ¡Imbécil!
— ¡Fingidora!
—Aquí están—dijo entonces madame Wiglaf abriendo la puerta del armario.
Sirius y Tressa se quedaron con la boca abierta, se miraron una fracción de segundo y entonces él tomó su mano y compuso la mejor de sus sonrisas.
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