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Harry Potter Black Lupin — capítulo 48
Sirius y Tressa se quedaron con la boca abierta, se miraron una fracción de segundo y entonces él tomó su mano y compuso la mejor de sus sonrisas.
—Buenas tardes—saludó Sirius cortésmente a la mujer que tenía una ceja alzada, con aquél gesto, no pudo dejar de compararla con la profesora McGonagall.
— ¿Qué hacen aquí?—preguntó haciéndose a un lado para que pudieran salir.
—Yo…—Tressa miro a todos lados, en busca de una respuesta lógica—. Nosotros…
—Quisimos apartarnos un poco de la gente—explicó Sirius pasando un brazo por la cintura de Tressa, ella de inmediato quiso quitarse pero detecto los ojos castaños de madame Wiglaf muy atentos en sus movimientos y desistió—. ¿No es así, amor?
—Claro—contestó Tressa tratando de sonar convincente—. Disculpe.
—No hay cuidado—dijo madame Wiglaf caminando hacia el salón—. Pero no puedo dejar de decirles que me sorprendí muchísimo con la noticia de su embarazo señorita Moore.
Sirius tragó en seco, asustado.
—En vista de las circunstancias—terció queriendo sonar tranquilo—, creo que ya no encaja el término "señorita"
Tressa le dio un pellizco en el estómago, muy disimuladamente; él agachó la cabeza para esconder la mueca de dolor.
—Tiene razón—concedió Wiglaf, se detuvo ante la puerta del salón y se giró para encararlos—. Quiero que antes de mi veredicto me dé la fecha de su boda.
— ¡¿Qué?!—gritaron ambos en el mismo instante en que ella abrió la puerta y el ruido de la música y la charla se coló entre ellos tres.
Sirius y Tressa se quedaron con la boca abierta y una expresión de pánico.
— ¡Madame Wiglaf!—exclamó entonces Andrómeda acercándose rápidamente a ella, con una enorme sonrisa de bienvenida—.Es un gusto recibirla en nuestra casa.
—Muchas gracias—dijo estrechando la mano de la anfitriona—. Tiene usted un gusto exquisito en lo que a decoración se refiere.
—Que amable—mientras hablaba, Dromeda hacía señas con los ojos a Sirius para que se inmiscuyera en la plática—. ¿Le ofrezco algo? ¿Vino de elfo, whiskey de fuego quizá?
—Algo menos fuerte—pidió Wiglaf, luego recorrió con avidez el salón y sus ojos se posaron sobre todo en Arthur y Molly al igual que en Frank y Alice—. Creía que sería algo más íntimo, más familiar.
—Y así es—informó Dromeda acercándose para tenderle la copa con hidromiel que acababa de servirle—. Los Weasley y los Longbottom se han vuelto nuestra familia también.
—Oh—fue todo lo que dijo madame Wiglaf, era obvio que no esperaba tanta gente así que se dedicó a beber en silencio—. ¿Dónde está Nina? Me gustaría hablar con ella—dijo al cabo de un rato en el que Dromeda no paraba de tratar de entablar conversación visual con su primo que parecía ido.
—Está en el jardín, jugando con sus amiguitas—dijo algo apurada—. ¿Quiere que vaya a buscarla?
—La acompaño—se ofreció dejando la copa vacía sobre la mesita.
Dromeda y madame Wiglaf salieron dejando un silencio tenso entre Sirius y Tressa, que seguían abrazados.
— ¿Qué voy a hacer?—pensó en voz alta Sirius, más que angustiado.
— ¿Te encuentras bien, Sirius?—le preguntó Remus llegando a su lado—. Traes una cara…—luego palideció—. ¿Acaso madame Wiglaf ya decidió…?
— ¿Tress?—dijo entonces Thomas con el entrecejo fruncido al ver que estaban abrazados—. ¿Hermana te sientes bien? ¿Necesitas algo?—pero ella tampoco contestaba—. ¡Tressa!—le zarandeó por los hombros.
—No—dijo entonces despacio, llevándose una mano a la cabeza—. Va a darme jaqueca…
— ¿Qué les ha dicho? ¡Sirius!—exclamó Remus a la desesperada—. ¡Contesta, hombre!
—Remus—Sirius tenía la vista fija en un punto muerto del salón—Remus, ella ha dicho… ha dicho que… tenemos que casarnos.
— ¿Qué?—chillaron Remus y Thomas al mismo tiempo, llamando la atención de los presentes; Fred y George salieron corriendo, Arthur los siguió al igual que Frank mientras que Molly y Alice se acercaron.
— ¿Qué son esos gritos?—preguntó Molly con las manos en la cintura—. ¿Ahora qué cosa hiciste, Sirius?
—Pero… ¿Cómo?—soltó Remus, atónito, saliendo de su desconcierto.
— ¿Qué cosa?—insistió Alice comenzando a preocuparse.
—Ha dicho que antes de dar su decisión, tiene que decirle la fecha de… nuestra boda.
Todos se le quedaron mirando a Tressa que parecía desconcertada por haber confesado como si del estado del clima se tratara.
— ¿Cómo que la fecha de la boda?—Thomas parecía al borde de la histeria—. ¿Cuál boda? ¡Aquí nadie va a casarse con nadie! ¡Y menos tú con Black!
— ¡Shhh!—le hicieron callar Alice al tiempo, todos giraron la cabeza para ver si madame Wiglaf no andaba cerca, la mujer continúo, bajando la voz—. Por lo que más quieras, guarda las apariencias, solo hasta que se vaya. Por favor.
—Lo siento—se disculpó Thomas, respiro hondo para serenarse—. Pero una cosa es actuar un rato y otra muy diferente dejar que mi hermana se casé con un tipo que no la merece.
—No hables de lo que no sabes—siseó Sirius conteniendo la furia.
—No me retes, Black—contestó Thomas mordazmente.
—Cállense los dos—intervino Tressa masajeándose el vientre—. No es momento para ponernos a pelear.
—Estoy de acuerdo contigo—terció Molly—. Hay que pensar con la cabeza fría, nada ganamos peleando unos con otros, Sirius contrólate—le dijo al ver que tenía intenciones de seguir alegando.
— ¿Qué fue exactamente lo que dijo?—preguntó Remus.
—Quiere una fecha—dijo Sirius.
—Pues dásela.
— ¿Cómo dices eso, Remus?—soltó Molly sorprendida—. No van a casarse.
—Claro que no—al ver que nadie comprendía lo que quería decir, Remus añadió—: Wiglaf solo quiere una fecha, ¿no?—Tressa y Sirius asintieron—. Entonces será todo lo que le darán, una fecha cualquiera. Así quedara conforme y no basara su decisión en sí se casan o no, porque según ella lo harán.
—Pero—Alice tenía el ceño fruncido y pensaba rápidamente—, ¿qué va a pasar cuando no se casen?
—Para ese entonces, madame Wiglaf no podrá echarse para atrás en su decisión.
—Eres un genio, Lunático—le dijo Sirius respirando aliviado, sonriéndole de lado—. Gracias.
—Otra mentira, entonces—masculló Thomas—. Solo eso, ¿no? Una mentira.
—Sí, claro—dijo Tressa también sonriendo—. Todo sea por Nina.
—Esperemos que todo salga bien—le dijo Molly a Alice quién también sonrió.
—Así será—dijo ella.
Entonces se encaminaron hacía el jardín, sin darse cuenta que Tressa y Sirius seguían abrazados.
—Adam—decía Anne entre sueños, removiéndose inquieta—. Adam.
— ¿Adam?—repitió James acercándose a ella; luego de acostarla en la cama de Dromeda y Ted, Dromeda le había obligado a quedarse cuidando de, a palabras suyas, la "madre de sus hijos". Así que sin más remedio (y tras rodar los ojos) había cogido un libro que se encontró por ahí, ojeándolo aburrido—. No, soy James—le dijo no muy seguro—. ¿Necesitas algo?
—Adam—repitió, pero esta vez estiro los brazos.
James se quedó más quieto que una estatua, debatiéndose entre sentarse en la cama con ella y cogerle los brazos para acomodárselos o salir huyendo de ahí.
— ¿Qué hago?—se preguntó a sí mismo, mordiéndose el labio inferior.
— ¡Oh, Adam!—chilló Anne retorciéndose de un lado a otro de la cama.
El chico se dio cuenta a tiempo y alcanzó a cogerla por debajo de las axilas antes de que se cayera de la cama.
—Uff, ¿Te encuentras bien?—le dijo acomodándola de nuevo, pero se percató que tenía los ojos cerrados, seguía dormida—. Eres tan extra…
Pero no terminó la frase porque entonces Anne (aún dormida) le echo los brazos al cuello y le plantó un beso en los labios. Se quedó tan sorprendido que no se dio cuenta cuando ni porque le respondió el beso.
— ¿Papá?—llamó Harry a la puerta, en voz baja—. ¿Puedo pasar?
James dio un respingo y más rápido que la velocidad de la luz, se despegó de ella y saltó hacia el pequeño sofá, cogiendo el libro.
—Sí, claro—contestó con voz pastosa, el pequeño apareció sonriendo; se sacudió, tratando de no pensar mucho en lo que acababa de suceder—. ¿Todo bien?—preguntó tratando de sonar normal cuando Harry asomó la cabeza a la habitación.
—Yo…—entonces se dio media vuelta y le mostró su espalda—. ¿Me ayudas?—inquirió tímidamente.
—Por supuesto.
Se paró y ambos salieron juntos de la habitación para que pudiera quitarle la enorme mancha de barro del saco tan pulcro del pequeño y sonriente Harry, apartando de sí los pensamientos que amenazaban con atormentarle.
— ¿Y usted es…?
Madame Wiglaf dejó la frase al aire para que Toby la completara.
—Es Tobías Moore, hermano de Tressa—presentó Andrómeda antes de que el chico abriera la boca—. Es madame Wiglaf, quién lleva el caso de Nina.
—Un gusto—dijo Toby sonriendo de lado—. La linda Nina—comentó mirándola, madame Wiglaf y Andrómeda lo imitaron, la niña al darse cuenta quién la estaba mirando se sonrojó—. Es una niña preciosa, muy parecida a su madre por cierto.
— ¿Conoce a la señora von Ziegesar?—preguntó Wiglaf con interés—. ¿De dónde?
—En el callejón Diagon—se encogió de hombros, Andrómeda se tensó—. Black… quiero decir, Sirius—gruño por lo bajo—, nos presentó. Es extranjera, ¿no es así?
—Rusa—repuso Wiglaf sin darle importancia—. Bueno, iré con la niña. Si me disculpan.
—Mejor la llamó—dijo Dromeda que quería estar cerca para oír lo que decían—. ¡Nina, cariño, ven un momento por favor!
Como estaban un poco alejados, no pudieron saber lo que se decían las niñas pero por lo visto, Nina no quería acercarse así que Ginny y Frankie la arrastraron por los brazos, riendo divertidas.
— ¿Sí?—dijo Nina con voz apenas audible, con la vista en el suelo.
—Venga—exclamó Toby sonriendo, Nina se sonrojó—. ¿Por qué tan tímida? ¿Te han comido la lengua los ratones?
Ginny y Frankie estallaron en sonoras carcajadas.
— ¿Sucede algo malo?—preguntó de inmediato Wiglaf con avidez. Nina negó con la cabeza—. ¿Entonces? ¿Quieres que charlemos a solas?
—No—murmuró, luego carraspeó para hablar más fuerte—. ¿Ya va a decirme que me quedo con mi papi?
—Bueno—por primera vez desde que la conocieran, madame Wiglaf parecía apurada—, quería saber sí tu opinión había cambiado luego del tiempo que pasaste con tu madre, quizá hayas decidido pasar más tiempo con ella.
—Hum—Nina se rascó la mejilla, ese gesto idéntico que hacía Sirius cuando meditaba las cosas. Dromeda se mordía las uñas, ansiosa—. No, sí quiero quedarme con mi papi y mi tío Remus y mi tío James y Harry y mis nuevos hermanitos.
—Ya veo—musitó Wiglaf seriamente—. De acuerdo, cariño, iré a cruzar unas palabras con tu padre.
Se alejó con paso firme.
—Sí que es huraña la mujer—comentó Toby—. Me recuerda a cierta profesora de Hogwarts.
— ¿Fuiste a Hogwarts?—preguntó Dromeda intentando no estresarse por la decisión de la mujer.
—Claro—contestó Toby sonriéndole a Nina que volvió a agachar la cabeza—. Los cuatro fuimos, aunque la verdad pasamos sin pena ni gloria, aunque mi hermano Tom quiera decir otra cosa.
— ¿Estuvieron en la misma casa?
—Toda mi familia ha estado en la misma casa por generaciones.
—Igual la mía—dijo Dromeda con un deje de enfado en la voz—. Solo Sirius se escapó, no sé cómo hizo—miró a Toby y le sonrió—. ¿A qué casa pertenecieron, dijiste?
—No te he dicho, nosotros somos…
—Ella quiere verte—intervino James, serio—. Está en la habitación principal.
—Oh, ahora vuelvo.
Frankie fue detrás de él, brincoteando a su alrededor.
— ¿Cómo sigue?—quiso saber Dromeda cogiendo del brazo a James, caminando de vuelta a la casa.
—Me gritó—informó rodando los ojos—. Eso quiere decir que ya se siente bien.
— ¿En serio no se gustan ni tantito?—preguntó conteniendo una carcajada.
—No preguntes lo obvio.
— ¿Podemos irnos ya?—preguntó Thomas a Tressa en el oído—. No soporto más estar cerca de Black, viendo cómo te usa… de nuevo—los labios de Tressa temblaron, Thomas hizo una mueca y añadió—: no quise decir eso, yo… solo cuido de ti. De ustedes—se corrigió mirándole la barriga.
—En cuanto madame Wiglaf tome una decisión—contestó sin más, yendo donde Harry, Ron yNeville que la recibieron con una enorme sonrisa.
—A veces se pasa de buena.
— ¿Hablando solo de nuevo?—preguntó Anne con cara de pocos amigos, bajaba las escaleras con la ayuda de Toby.
—No puedo evitar enfadarme con ella, por su ingenuidad—dijo Thomas—. Sí papá la viera… ya hubiera hecho.
—Sí pero no están—sentenció Toby—. Vamos, Tom, ya está grande te lo he dicho un millar de veces, sí es hija de la mala vida entonces hay que respetar sus decisiones y ayudarle en lo que podamos.
—Se supone que no debe ser así—contradijo él, luego sonrió a Anne que estaba más pálida que un fantasma—. Te ves peor que la Dama Gris en un buen día, ¿segura que no quieres ir a San Mugo para que te den algo?
—Me alegra saber que mis infortunios diviertan a la gente—ironizó ella.
— ¿Quieres que te lleve a tu casa?—preguntó Toby.
—En un rato más, cuando…
— ¡La boda será en año nuevo!—anunció Sirius alegremente, tomando suavemente la mano de Tressa que se sonrojó al contacto.
— ¿Qué? ¿Cómo…?—pero la boca de Anne fue tapada con una mano de Toby que negaba casi imperceptiblemente con la cabeza.
—Felicidades—dijeron todos vagamente, Harry y Nina se miraron, con la duda en la expresión de sus caras.
—Siendo así—madame Wiglaf se puso su túnica; todos se tensaron en su lugar, incluso dejaron de respirar—: me alegra comunicarle, señor Black, que la custodia de Nina es completamente suya. Venga a mi despacho el lunes a primera hora a firmar.
Todos prorrumpieron en un grito de júbilo. Nina corrió hacia Sirius quién ya la esperaba con los brazos abiertos, la cargo dándole vueltas para finalmente fundirse en un abrazo con Tressa que sonreía radiante. Nina estaba colgada del cuello de ambos, riendo contenta.
— ¿Así que le ha dicho que van a casarse?—preguntó Ivanka conteniendo la furia.
—Exacto—madame Wiglaf se paseaba por toda su oficina, buscando algún papel que no lograba encontrar—. Pero no se preocupe, podrá ver a su hija los fines de semana. Eso seguro.
— ¿Qué pasaría si le dijera que eso es mentira?—aventuró la mujer como quién no quiere la cosa.
— ¿De qué habla?—por fin Wiglaf le miraba a los ojos, con las cejas alzadas.
—Se lo probaré y entonces tendrá que darme a mí la custodia de mi hija.
Y sin más, Ivanka salió de su oficina hecha un huracán.
—Me sorprendió lo bien que salieron las cosas—confesó Remus una vez que hubieran vuelto de la casa de los Tonks. Luego de que madame Wiglaf se hubiera marchado, todo se relajó bastante; Tressa, sus hermanos y Anne se fueron casi en seguida, más por la insistencia de Thomas que por otra cosa mientras que Frankie quiso quedarse otro rato con Toby prometiendo volver por ella más tarde. Remus había tenido que salir corriendo cuando recibió una lechuza del ministerio donde le solicitaban urgentemente, así que, de nuevo, no pudo conocer a la famosa Nymphadora. Ahora Harry y Nina dormían tranquilamente en sus respectivos dormitorios mientras que ellos se tomaban una copa en el salón—. Casi siempre algo falla y todo se va al carajo.
—Tienes razón—corroboró James jugueteando con su copa—. Pero hoy nos hemos portados bien y…—pero se calló de golpe al recordar el beso que se había dado con Anne.
— ¿Qué te ocurre?—preguntó Sirius mirándolo con recelo—. ¿Qué cosa has hecho?
James maldijo a Sirius mentalmente, siempre había tenido el poder de saber cuándo estaba escondiendo algo. Y aquella no era la excepción.
—Nada—contestó sonando natural, Sirius alzó una ceja—. ¿Sabes algo de mí que obviamente yo no sé?
—Hum… quizá—y algo en su mirada, hizo que James se sonrojara—. Algo ocultas, di que cosa te tiene tan mal.
—Cierto, pareces… parece que te sientes culpable por algo—terció Remus con la cabeza ladeada—. No tienes porque no decirnos, nosotros podríamos ayudarte incluso.
—No es nada, en serio—añadió al ver la cara que ponían—. Solo que me siento un poco exhausto por todo lo que ha estado pasando. Los embarazos y eso, creo que aún no lo asimilo del todo y me tiene un poco mal.
— ¿Qué te gustaría que fueran?—preguntó Sirius de pronto con una extraña sonrisa—. Y no salgas con esa bobada de que "con que nazcan sanos, no importa" porque a ti claro que sí te importaría.
—No pienso en eso, Canuto—dijo James alborotándose el cabello.
—Deberías comenzar a aceptar que son serán tushijos—dijo Remus—. No puedes seguir haciendo esto.
— ¿El qué?—preguntó James de mala gana.
—Son tuyos, deberías quererlos—Remus lo miró ceñudo—. Yo sé que no llegan en el mejor momento y mucho menos de la mejor manera pero aun así, vienen en camino y no puedes seguir haciéndote el desentendido. Imagina lo que les espera al nacer con unos padres que en lugar de quererlos, los rechazan a la menor oportunidad…
—Ya sé—la frustración que James venía sintiendo hace meses, amenazaba con salir de la peor forma posible.
— ¿Entonces?—preguntó Remus—. ¡Sé un buen padre!
— ¿Cómo pretendes que lo sea?—soltó James apretando los puños.
Sirius miraba la escena en silencio, sin atreverse a intervenir. Con respecto a ese tema no sabía cómo manejarlo con su mejor amigo.
—Así como lo eres con Harry—dijo Remus sin alterarse a pesar del estado de ánimo de James—. Sé que si te esfuerzas lo puedes lograr…
—No te atreves a compararlos con Harry—siseó James—. No lo hagas, Remus.
— ¿Y por qué no? ¡Harry es tan tuyo como lo serán los otros dos bebés!
—Lunático, no creo que sea la mejor forma…—pero la voz de Sirius cada vez se oía menos así que opto por no decir nada más.
—No es lo mismo, jamás lo será—dijo James de forma tajante—. Harry es punto y aparte, él siempre será aparte.
— ¿Estás escuchándote? ¿Estas escuchando la sarta de tonterías que me estás diciendo?—Remus no pudo evitar subir su tono de voz, comenzaba a molestarse—. ¡Jamás creí oírte hablar así de tus hijos! ¡A ti precisamente! El que planeaba tener nueve hijos para hacer su propio equipo de Quidditch…
— ¡Esos hijos eran con Lily!—gritó entonces James rojo de la furia—. ¡Esos planes eran con Lily! ¡Nunca quise tener hijos con alguien no fuera ella! ¡Yo no quiero tener a esos bebés! ¡Los odio!
Un silencio sólido y pesado se apodero de la habitación, solo se oía a lo lejos el ruido que hacía el reloj. Al darse cuenta lo que había dicho, James se dejó caer de lleno en el sofá. Sirius se pasó la lengua por los labios, bajo la mirada al suelo mientras que en sus oídos resonaban las últimas palabras. Remus asintió con la cabeza lentamente varias veces.
—Ya veo—murmuró poniéndose de pie, James no alzó la cabeza—. Ya veo…
Salió de la habitación sin más.
—Te dejaré solo—dijo Sirius dándole una palmada amistosa en la espalda al pasar por su lado.
—Debería estar muerto—se dijo así mismo arrojando sus gafas para restregarse los ojos bruscamente.