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Harry Potter Black Lupin — capítulo 50
James iba caminando con paso veloz, en dirección a la oficina del jefe del departamento de Cooperación Mágica Internacional. Un memorando le había llegado mientras estaba en el cuartel general de Desmemorizadores, discutiendo con el jefe de aquel departamento las nuevas medidas que se iban a tomar para que el trabajo realizado por aurores y desmemorizadores fuera más rápido y efectivo. Aquél memorando lo había dejado bastante nervioso ya que decía algo sobre una inspección de sorpresa, pero lo que más le llamaba la atención era que lo citaban en otro lugar que no era su propia oficina.
—Ah, James que bueno que llegas—dijo Claudio Grays, jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, sonriendo anchamente.
—Buenas tardes—saludo él estrechando la mano que Claudio le ofrecía—. ¿Qué tenemos aquí? ¿Por qué la urgencia?
—Tu impaciencia es algo que me gusta—dijo Claudio moviendo la varita para que el vuela pluma siguiera escribiendo sobre un arrugado trozo de pergamino que parecía muy viejo y gastado—. Esta mañana el señor ministro me ha informado que tu departamento tenía cierta visita, algo importante.
—No estaba enterado—dijo James en tono profesional, relajándose—. Nadie me ha dicho nada pero pueden estar tranquilos, se trabaja perfectamente.
—De eso no nos cabe duda, muchacho—soltó Claudio poniéndose de pie y caminando hacía la chimenea que estaba a mitad de su enorme oficina, consultando su reloj de pulsera—. Si mis cálculos no fallan ella debería estar aquí en un minuto.
— ¿Ella?—se extrañó yendo junto a él—. ¿Quién es "ella"?
Pero la respuesta de Claudio quedo ahogada por el ruido proveniente de la chimenea; de entre las llamas de color verde esmeralda, apareció una chica envuelta en una capa color turquesa. La desconocida tenía el pelo negro como la noche, ondulado y largo por arriba de la cintura, los ojos de un azul pálido impresionante y su piel era más blanca que la nieve. Sonrió ampliamente a Claudio que la ayudo a salir y a limpiarse el hollín.
—James, permíteme presentarte a…
— ¿Gigi?—soltó James con el ceño fruncido y aproximándose a ella—. ¿Eres tú?
— ¡James Potter!—gritó ella colgándose de su cuello con un acento muy francés, plantándole sonoros besos en cada mejilla, dejándolo sonrojado—. ¿Qué haces tú aquí? ¡No me digas que eres el jefe de los auror!
—Por supuesto—repuso él entusiasmado—. ¿Y tú qué? ¿Eres la visita sorpresa?
—Disculpen—intervino Claudio amablemente—. ¿De qué estoy perdiéndome?
—Oh señor Grays—dijo Gigi cogiendo la mano de James y apretándola—. Resulta que el señor Potter y yo somos viejos conocidos, algo así como parientes lejanos. Solo que hace muchos años no sabíamos él uno del otro.
— ¿Qué te parece si te invito a comer y aprovechamos para ponernos al día?—propuso James sin dejar de sonreír.
—Me parece un plan estupendo—afirmo Gigi, los dos caminando hacia la puerta—. Señor Grays, volveré con usted en un par de horas y podremos hacer la inspección al cuartel.
—Pero señorita Greik…
—Señorita Georgette Greik Von- Toessi—lo corrigió ella antes de salir de la oficina con James.
—Hola—saludó Toby Moore entrando a la oficina de Anne, sin tocar la puerta, a lo que ella frunció el ceño—. Quita esa cara, ¿quieres?
—No tengo otra, lo siento—contestó ella evitando sucumbir a la sonrisa que él le regalaba, haciéndole una seña para que se sentara—. ¿Qué haces aquí? Creí que estarías demasiado ocupado con lo de la Copa de Quidditch.
—Mi trabajo es lo más sencillo del mundo—contestó arrogantemente, con los brazos detrás de la cabeza—. Así que todo estará listo sin presiones, vine por ti para ir a comer.
—No puedo, yo en cambio estoy detrás de montañas de trabajo. Con este cambio de Scrimegour me ha dado deberes como si todavía estuviera en el colegio, a veces pienso que se olvida que soy una mujer embarazada y que tengo necesidades.
—No me imaginé que fueras ese tipo de mujeres que utiliza el embarazo para deslindarse del trabajo—dijo conteniendo una carcajada—. Siempre estás alegando sobre esos temas y ahora, mírate…
—Está matándome—confesó Anne arrojándole una carpeta en la cara, que él no pudo esquivar—. Y pensar que todavía me faltan cuatro meses, moriré antes. Ya no lo soporto, con Frankie todo era más fácil por…
Pero se quedó a media frase; Toby mirándola tranquilamente, mientras que la actitud de ella cambio radicalmente. Se enderezó en su lugar, se acomodó las gafas al igual que el saco, tomo varios pedazos de pergaminos y comenzó a leerlos.
—Si te dijera que por azares del destino sé dónde está, ¿qué me dirías?
Anne alzo la cabeza de inmediato ante aquella inquietante pregunta. El labio inferior le tembló hasta que lo atrapó con sus dientes y recobró su postura digna.
—Te diría que me tiene sin cuidado, que me importa un carajo y que si te consideras mi amigo no vuelvas a mencionarlo.
—Supuse mal entonces, discúlpame.
—No te preocupes.
— ¿Y bien? ¿Vamos a comer?
—Te dije que…
—Vengo por ti para ir a comer—interrumpió Sirius con voz escandalosa, abriendo la puerta de par en par, su sonrisa se esfumo al toparse en Toby que se pasó una mano por la barbilla, exasperado.
— ¡Santo cielo!—exclamó Anne enfadada, interrumpiendo las miradas encolerizadas que se lanzaban ambos—. ¿Es que ninguno de los dos sabe toca una puerta? No les llevará más de cinco segundos.
—Sabes que nunca toco—dijeron ambos al mismo tiempo, para la diversión de Anne.
—Bien, pues no tengo más que decir, solo que estoy muy ocupada.
—Pero tienes que comer—insistió Sirius recargándose en la puerta—. Anda vamos, no tardaremos más de una hora.
— ¿Quién te crees?—soltó Toby molesto, poniéndose de pie—. Yo llegue primero, si ella sale a comer será conmigo, ve y busca algo mejor que hacer, aquí sobras.
—No voy a permitirte que me hables así—siseó Sirius acercándose a él, los dos irguiéndose, los dos con la misma altura y con la misma mirada desafiante—. Estoy harto de ti, si te soporto es solo por ella pero en el momento en que llegue a mi limite tendrás que cuidarte, niño.
Toby echo la cabeza para atrás, soltando una carcajada burlona.
—Basta ya—intervino Anne colocándose en medio, con una mano en el pecho de cada uno—. Los dos son un par de niños, vayan a una guardería a "jugar"—e hizo unas enormes comillas en el aire.
—El único niño aquí es él—sentenció Toby—. Tan solo mira como trata a mi hermana…
—Tú hermana es adulto, sabe lo que hace…
—… un inmaduro que no mide las consecuencias de sus actos…
—…ella es perfectamente consciente de lo que hacemos…
—Suficiente, me largo—dijo Anne saliendo de su oficina, dando un gran portazo enfadándose porque ninguno de los dos había notado su partida.
— ¿Puedo pasar?—preguntó Remus tocando débilmente a la puerta.
—Adelante—contestó Tressa, en cuanto el chico abrió, los dos se sonrieron—. Remus, ¿Cómo va todo en la Academia? ¿Vienes por los documentos de aceptación? Es que todavía no termino, me faltan diez, pero si me esperas veinte minutos…
—Tranquilízate, mujer—dijo tomando asiento, jugueteando con su varita—. Solo estoy visitándote, se está un poco solo allá abajo, ¿sabes? Los nuevos han ido comer y vine por ti para que fuéramos, si no estás muy ocupada.
—Oh—murmuró sonriendo distraídamente, haciendo una mueca de dolor al ponerse de pie.
— ¿Qué pasa?—saltó Remus rodeando el escritorio, mirándola con preocupación—. ¿Te sientes mal? ¿Quieres que vayamos a San Mugo?
—No, no es nada—dijo sentándose de nuevo—. El sanador me dijo que tendría estos… ¿dolores, espasmos? No recuerdo como los llamó, son perfectamente normales.
— ¿Segura?
—Sí, solo que…
—Me parece que iré a llamar a Sirius para que te lleve a…
— ¡No!—grito Tressa, sobresaltando a Remus—. Quiero decir que eres muy amable pero tengo todo bajo control, confía en mí, puedo manejarlo.
— ¿Pelearon de nuevo?—pregunto en voz baja el chico.
— ¿Eso que tendría de nuevo? Nosotros siempre peleamos.
—Tressa.
Remus la miraba severamente, a la espera que le confesara la nueva osadía de Sirius; necesitaba un solo motivo para ponerle las manos encima, después de todo, por más que había intentado, no había logrado sonsacarle nada acerca de James y Anne, algo que lo hacía sentirse excluido.
—Nada que debas saber, Remus—dijo amablemente—. Sabes mejor que nadie como lo llevamos él y yo, aun así, puedo decir que podría ir peor—y sonrió tristemente.
—Venga, no quise ponerte de este humor, mejor dime si ya has pensado en algún nombre.
—Bueno—dijo acariciándose el vientre—. La familia de mi padre era muy tradicionalista y me gustaría perseverar eso.
— ¿Qué quieres decir?—inquirió con interés, pensando que tal vez eso de elegir nombres iba a ser toda una pelea campal dado que Sirius también tenía tradiciones, lo que lo llevaba a pensar acerca de si su amigo tenía en mente seguir con aquello.
—Sí, se supone que los niños de nuestra familia deben tener un nombre que corresponda a…
— ¿Tressa?—preguntó alguien tocando a la puerta—. Soy yo, ¿puedo pasar?
—Demonios—murmuró Remus al reconocer aquella voz.
—Claro, pasa Thomas.
Un segundo después, Thomas, el hermano mayor de Tressa entraba a su pequeño cubículo, dejando de sonreír al ver a Remus que dio una seca cabezada a modo de saludo. La relación tan tensa que llevaban con los hermanos Moore no había aligerado nada desde que se conocieran, si más bien había ido de mal en peor ya que chocaban entre sí, lo que dificultaba aún más la relación entre James con Anne y Sirius con Tressa.
—He venido por ti para ir a comer—anunció Thomas seriamente.
—Es que yo…
—De hecho, Tressa iba a ir conmigo, lo siento—dijo Remus con desdén.
— ¿Disculpa? No estoy hablando contigo, Lupin, por favor, no te metas.
—Thomas—le riño Tressa con una ceja arqueada.
—Andando, tengo que hablar contigo.
— ¿No me has oído?—dijo Remus poniéndose de pie, encarando a Thomas que hizo una mueca desagradable—. Tressa va a ir conmigo a comer.
—Mira Lupin—siseó Thomas apretando los puños—. Durante estos meses he tenido suficiente de ti y tus amigos por no decir que ya he llegado al límite de mi paciencia, que si no he hecho nada todavía es por respeto a los deseos de mi hermana. Pero a la menor oportunidad créeme que la aprovecharé.
—Te puedo decir lo mismo—contestó Remus con voz de acero—. A diferencia de lo que piensas, no te tengo miedo y si vienes a buscarme te estaré esperando, no te quepa duda.
—Te sientes muy seguro, ¿no?
—Thomas, por favor, ha sido suficiente…
Pero los dos se giraron hacia Tressa para hacerla callar.
— ¿Eso sugiere un problema para lo que tienes en mente?
—Remus, vamos, no hagas esto…
—Oh, realmente lo hará más divertido.
—Esto es una tontería—murmuró Tressa poniéndose de pie con dificultad, tomando su pequeño bolso y saliendo de su cubículo, dejando a ambos hombres con su ridícula discusión.
—Eh, Remus—llamó Sirius saliendo del ascensor, su amigo se detuvo para esperarlo, sin alzar la vista del libro que iba leyendo—. ¿Ya has ido a comer?—preguntó intentando leer el título del libro.
—No, de hecho estaba buscándote—contesto cerrándolo el libro de golpe—. Ya sabes que siempre vamos a comer juntos.
—Sí, sí por supuesto—se apresuró a decir intentando sonar convincente, caminando hacia el comedor—. Por cierto, ¿has visto a James? ¿Sabes sí comerá con nosotros?
—No y no.
—Por favor, no pueden seguir con esta tontería.
—No fui yo quien comenzó, Canuto, de eso puedes estar seguro—dijo Remus seriamente—. Pero ya sabes, si me dijeras lo que sabes…
—James me cosería la boca con hechizo—completó la frase rodando los ojos—. No gracias, por cierto quería preguntarte si la pasas muy aburrido en la Academia.
—No, ¿por qué?
—Porque a mí me están saliendo raíces en mi oficina—se quejó Sirius con una mueca que hizo reír a Remus—. Te lo digo en serio; ya no estás tú, Frank y Alice se la pasan con Scrimegour y Tressa… bueno, ella me odia. Sin agregar que James me tiene leyendo todo tipo de informes antiguos de misiones que salieron mal, no entiendo muy bien porque solo recuerdo que menciono algo de no recaer en los errores del pasado y no…
—Sirius, cállate—ordeno Remus deteniéndose en seco en la puerta del comedor donde la mayoría de los empleados iban a almorzar.
— ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué miras?
Entonces dirigió sus ojos a donde Remus tenía puestos los suyos y lo comprendió todo. Sin decirse una palabra ambos se encaminaron a la esquina del lugar, como atraídos por una extraña fuerza magnética, con una sola meta en mente: comprobar que aquello era real.
—… y mamá casi muere de un infarto, así que… creo que terminara muriéndose cuando le diga que te he visto…
— ¿Gigi?—dijeron Remus y Sirius al mismo tiempo, con idénticos tonos de voz, perlados de duda y nerviosismo.
Gigi les regalo la sonrisa más esplendorosa y radiante que hubieran visto jamás y saltando hacia ellos, grito:
— ¡No me puedo creer que sean ustedes!
Sirius y Remus quedaron sepultados por la avalancha de abrazos y besos que la chica les regalaba; cada uno perdiéndose en la deliciosa fragancia que despedía, olvidándose que estaban rodeados de gente a quienes llamaba la atención la escena tan peculiar de la que eran participe, mientras que James los miraba sonriendo, con los brazos cruzados.
— ¿Qué demonios haces aquí?—chilló Sirius sonrojado, cuando por fin se apartaron de ella y se sentaron en la mesa que ella compartía con un James bastante alegre—. Creímos que ya te habían comido los gatos.
—Eres tan bobito—dijo ella riendo, apretándole una mejilla—. Le decía a Jamsie que he estado como loca alejándome lo más posible de mi madre.
—Bienvenida a mi club—dijo Sirius guiñándole un ojo, luego se giró hacía James y le lanzó un trozo de pan—. ¿Cómo es que no nos avisaste que ella estaba aquí? Eres malo, siempre quisiste quedártela para ti solo.
—Mentira, ella llego de sorpresa—explico el chico de gafas, apretándole una mano con afecto—. Podría decirse que es nuestra jefa.
— ¿De qué hablas?
—Soy vicepresidenta de la Comisión Internacional Mágica—contestó Gigi humildemente.
— ¿Vicepresidenta de qué?—preguntó Sirius.
—De reciente creación—dijo Remus sin apartar los ojos de Gigi que parecía satisfecha de sí misma—. Una idea de Dumbledore si cabe aclarar, tiene el propósito de mantener la paz entre todos los magos y brujas del mundo así como también entablar lazos que sirvan como puentes para una mayor canalización de la magia.
—Wow—murmuró Sirius realmente impresionado—. ¿Cómo es posible que una chica de veintitrés años tenga este puesto? ¿Cómo has hecho?
—Simplemente he desobedecido todas las órdenes de mi madre.
—Esa es mi chica—dijo Sirius rodeándola en un abrazo que ella acepto gustosa—. ¿Y qué? ¿Ya te casaste y ya no me quieres más?
—Ni una ni la otra—respondió alegre—. ¿No me ves la cara de felicidad? Si estuviera casada o con hijos tendría la cara triste.
—James y Sirius tienen hijos, ¿no lo sabías?—soltó Remus como quien no quiere la cosa.
Por debajo de la mesa, Sirius y James intentaron golpear las piernas de Remus con tan mala suerte que se dieron entre ellos. Pero para su sorpresa, Gigi no cambio su expresión, se mantuvo relajada y sonriente.
—Harry y Nina, ¿no es así?—los dos asintieron, lentamente—. Oí sobre ello, lo siento mucho James, hubiera querido venir pero no sabía cómo te lo tomarías.
—No te preocupes, gracias de todas formas—murmuró James un tanto incomodo pues aún era difícil manejar el tema de Lily—. ¿Y bien? ¿Tienes donde quedarte?
—Estaba pensando en el buscar algo en el Caldero Chorreante…
—De ninguna manera—saltaron los tres, con ímpetu llamando de nuevo la atención de los comensales, Remus carraspeó y James continúo—. Hay demasiadas habitaciones en mi casa, lo sabes de sobra, así que si no te molesta la compañía de dos niños traviesos y tres adultos inquietos, eres más que bienvenida.
— ¿Lo dices en serio?—pregunto Gigi emocionada.
—Por supuesto, hasta si quieres podemos invitar a Andrómeda a comer el fin de semana—propuso Sirius—. Se pondrá muy contenta al verte.
— ¡Oh sí, por favor!—exclamó juntando las manos, consultando su reloj—. Merlín, se me ha hecho tan tarde ya, tengo que irme, tengo una junta con Claudio Grays en cinco minutos—los tres se pusieron de pie cuando ella lo hizo; Remus tendiéndole su bolsa y Sirius ayudándola a entrar en su túnica—. Los veré en el cuartel en un momento, ¿de acuerdo?
Los tres asintieron, devolviéndole el beso en la mejilla, acompañándola hasta el ascensor hasta que James se puso más pálido que un fantasma.
— ¿Qué te pasa? ¿Sirius?—susurro James en su oído, mientras esperaban el ascensor—. ¿Sirius? ¿Qué miras? ¡Por Merlín!—grito cuando al final del pasillo diviso a Tressa, Anne, Thomas y Toby yendo en su dirección—. ¿Qué hacemos? ¡Sirius!
—No sé, ¿huir?
— ¿Qué les sucede a ustedes dos?—preguntó Remus en voz baja, aprovechando que los tres estaban detrás de una Gigi bastante distraída observando todo con interés, Sirius señaló con la cabeza, con creciente disimulación—. ¡Merlín! ¡Mejor que corramos!
— ¿Nervioso?—dijo Gigi pasando una delicada mano por la mejilla de Sirius.
— ¡No!—gritaron James y Remus al mismo tiempo, temblando de pies a cabeza.
— ¿Qué carajos pasa aquí?—siseó Anne hecha una furia, empujando a Gigi al llegar a su lado, dejándola con la duda tatuada en el rostro.
—Anne, por favor, no es lo que crees—dijo Remus apaciguador, sonriéndole a Tressa que estaba petrificada—. Sí, me dejas puedo presentarte a…
— ¿Georgette?—dijo Toby con los ojos como platos, adelantándose hasta ella; todos confusos por el reconocimiento—. ¿Eres tú?
— ¿La conoces?—preguntó Thomas con el ceño fruncido.
—Oh por Merlín, eres tú—dijo Gigi sonrojándose, con una mano en la boca—. ¿Cómo es que estas aquí?
—Casualidad, destino, como quieras llamarlo—dijo Toby con galantería, guiñándole un ojo, acercándose lo suficiente para tomar su mano y besarla suavemente.
— ¡Un momento!—intervino James jalando hacía sí a Gigi que no sabía dónde esconder su asombro, sonriéndole tímidamente a Tressa y Anne que no le devolvieron el gesto—. Pueden explicarme porque tantas confiancitas, ella es nuestra.
— ¿Perdón?—dijeron las tres chicas, dos enfurecidas y una confundida.
—Quiero decir que nosotros la vimos primero.
— ¿Qué?
— ¡James!
— ¡Quiere decir que ella es nuestra invitada!—soltó Remus a la desesperada.
—Sí y eso a mí me importa un carajo—dijo Toby sin dejar de sonreír a Gigi—. Porque resulta que conocí a esta encantadora dama en uno de mis muchos viajes a París.
— ¿Qué?—gritaron todos mirándolos a ambos, Thomas continúo—. ¿Es ella la chica de la que me hablaste? ¿La chica del corsé?
—Ella misma—respondió Toby con picardía.
Tressa y Anne miraron a Gigi con nuevos ojos, penetrándola con la mirada, intentando buscar en su mente de lo que hablaban Thomas y Toby, mientras que Remus, Sirius y James no entendían ni media palabra, aun así, interponiéndose entre Toby y Gigi.
—Cómo sea—dijo James recuperando un tono autoritario—. No te quiero cerca de ella ¿entiendes?
—Solo si ella es quien me lo pide—replico Toby siendo jalado del brazo por Tressa y Anne—. Jusque-là, mon amour!—grito antes de desaparecer en el comedor.
— ¡Ese idiota!—grito Sirius apretando los puños—. ¿Cómo se atreve a hablarte así? ¡Voy a partirle la cara, con las ganas que tengo!
—No, Sirius, no es nada—Gigi coloco una mano en su pecho, para tranquilizarlo—. A todo esto, ¿Quiénes son esas chicas y por qué me comían con la mirada?
—Nadie, ellas no son…
—Las madres de los bebés de Sirius y James—atajó Remus con habilidad a Sirius que se puso más rojo que un tomate—. Sí, la de gafas es Tressa y es de Sirius y la otra es Anne y es de James.
—Ella no es mía—dijeron al unísono para que Sirius continuara afligido—. Porque ella no quiere, no me quiere, Gigi.
—Oh, mi pobrecito—dijo abrazándolo, dándole palmaditas en la espalda—. Ya la pondré yo en su lugar, ¿qué dices?
— ¡Por favor!
—Sirius, eres tan patético—masculló James con las manos en los bolsillos—. Si me disculpas, Gigi, tengo que ir a alistar unas cuantas cosas en el cuartel antes de que pongas los pies allí, así que en un momento nos vemos.
—De acuerdo, Jimmy.
James dio media vuelta sobre sus talones y comenzó a caminar en dirección a sus "dominios" como lo llamaba teatralmente Sirius. Sonrió negando con la cabeza pues ni en un millón de años se habría imaginado que la pequeña y traviesa Gigi fuera a tener un puesto tan importante, aun para su corta edad, rebasaba por mucho sus expectativas; se preguntaba cómo era posible que por más de ocho años no hubiera sabido nada de ella. Había sido bastante lógico que la tía Clemency se hubiera llevado a Gigi lejos de Gran Bretaña y las garras de Voldemort, también había sido lógico que la madre de la chica le hubiera prohibido todo contacto con ella por el hecho de ser de la Orden de Fénix. La tía Clemency siempre se había caracterizado por tener un carácter de hierro, igual o peor que el de la difunta Walburga Black con quien siempre había mantenido una estrecha relación. Se alegraba que al menos, por una feliz coincidencia, la hubiera encontrado de nuevo, la única prima viva que le quedaba.
—James, ¿ya has oído sobre la visita sorpresa?—pregunto Alice nada más estar cerca de ella que cargaba una pesada carpeta, con cara de pocos amigos—. No entiendo que viene a hacer aquí esa mujer, pero…
—Tomate un descanso, por favor—pidió amablemente, masajeándole los hombros—. Tengo ese lado cubierto.
— ¿Cubierto?
—Así es.
— ¿Por qué?
—Resulta que la mujer de la que hablas de esta manera es mi prima, Georgette Greik y si no mal recuerdo prima tuya también será, ¿no es así?
— ¿Greik? Espera, me suena—dijo Alice cavilando, sin dejar de caminar—. ¡Ah ya! ¿Te refieres a la hija de Clemency Black y August Greik Von- Toessi?
—Sí, ella y créeme cuando te digo que será pan comido.
—Bien, si así lo consideras iré a buscar a mi marido porque muero de hambre.
—De acuerdo—siguió caminando hacia su oficina cuando unas intensas ganas de fumar se apoderaron de él; hacía más de diez años que no fumaba pero dada la presión de la que era esclavo, no pudo contenerse y se dirigió a la salida de visitantes, la más cercana a él.
Se imaginó que tendría que esconder la evidencia antes de llegar junto a Harry y su desarrollado instinto de saber cuándo iba mal, algo así como un sexto sentido. Se encamino a comprar una cajetilla en una tienda muggle, una vez que estuvo fuera, cuando alguien llamó su atención. Una mujer regordeta estaba recargada en la pared de un sucio callejón.
La reconoció en cuanto se volvió en su dirección.
— ¿Estás bien?—preguntó preocupado porque no se le hacía lógico que Anne estuviera en el Londres muggle, y mucho menos sola.
—Nada que deba preocuparte—contesto enderezándose—. ¿Tressa te envió detrás de mí?
—No, he venido porque… quería tomar un poco de aire, se siente encerrado allá abajo.
—Sí, supongo que yo…
Pero Anne se quedó de piedra, dejando la frase a medias, con las pupilas dilatadas y la cara ceniza. Recargándose en James que la sostuvo con el ceño fruncido, preguntándose el porqué de aquel cambio de humor tan repentino, repasando en su cabeza las pocas palabras que habían intercambiado que pudieron haberla puesto así.
— ¿Anne?—dijo entonces un hombre alto y rubio, acercándose a ellos—. ¿Eres tú?
—Disculpa, ¿quién eres tú?—pregunto con interés, apretando la mano de Anne que seguía en shock.
—Wow, tú estás… estás—comentó el desconocido mirando el vientre de la chica, sonriendo casi con burla—. Vaya, no me lo habría imaginado, después de todo lo que dijiste y de repente ¡boom! Te veo de esta forma y me doy cuenta que solo eran mentiras y es bueno saber que estuve atormentándome sin motivo alguno.
— ¿Qué?—soltó James enfadado repentinamente—. ¿Quién demonios eres tú?
—Tú debes ser el padre del fenómeno, ¿no?
— ¿Fenómeno?—repitió James como si no entendiera aquella palabra en esa conversación, fue hasta que se fijó en que El tal Adam le lanzaba una mirada despectiva al vientre de Ann que tenía los ojos anegados en lágrimas—. ¡Ya sé quién eres tú! Eres Adam, eres…
—Soy su esposo, así es—dijo él malévolamente.
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