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Harry Potter Black Lupin — capítulo 52

James no pudo soportarlo más y salió de la habitación y camino, no supo a donde lo dirigían sus pies, no sabia a donde iba, solo necesita alejarse, esa era le mejor opción porque si se quedaba contemplando como Sirius y Tressa sufrían, probablemente su mente lo transportaría a los días posteriores a la muerte de Lily y no podría darse el lujo de cambiar de opinión.  —Lo estas dudando—lo acusó una voz a sus espaldas. No había notado que había sido arrastrado inconscientemente hacia la capilla de San Mugo, si bien los magos no solían tener religión habían algunos que eran fieles devotos. Llegados a ese punto, James no sabia que pensar respecto a una divinidad suprema. Al girarse sobre sus talones se topó con Anne; experimentó una extraña sensación de alivio al ver su rostro sin daño alguno, entonces sus ojos fueron a parar al vientre redondeado y un espasmo de culpa lo atravesó como una espada. —Tressa perdió a uno de los bebes—susurro y se dejo caer en una de las bancas, sentía dolor por sus heridas pero no les prestaba mucha atención. —Lo sé—respondió Anne yéndose a sentar junto a él. James se extraño por su movimiento pero se sentía tan cansado que reprimió su sorpresa. —Me alegra ver que estés bien. —Toby estaba conmigo, fue una suerte. Se quedaron sumergidos en un silencio que pesaba, que presionaba sus oídos, era como tener un enjambre de abejas alrededor. —Hemos tenido suerte—dijo James pensando en lo que estaba a punto de decir, se atrevió a mirarla a los ojos e inesperadamente ella le mantuvo la mirada—. Sé que no soy tu persona favorita en el mundo, han pasado demasiadas cosas desde el día en que nos conocimos pero yo... me doy cuenta de que no puedo seguir con el plan que habíamos tramado, no... no podría hacerlo Anne. Listo. Acababa de dar un paso, el último paso que creyó dar. Porque acababa de decir su nombre, era la primera vez que lo hacia y no había marcha atrás. Los ojos de Anne se abrieron de par en par y entonces poco a poco, lentamente, James fue testigo de como se le caía la fría mascara que ella debía ponerse todos los días. Todo en ella cambio, como si de repente le hubieran quitado de encima un gran peso, como si pudiera respirar bien después de un largo tiempo de hacerlo entrecortadamente. Y James también lo sintió. Como si flotara, como si pudiera enfocar el mundo que tenía delante de si. No se dio cuenta de que Anne lo tenía tomado de la mano ni que lo aferraba con fuerza, los ojos de los dos bajaron a sus manos unidas y volvieron al rostro del otro. Los ojos de Anne estaban llenos de lagrimas. —Yo tampoco puedo hacerlo—dijo con la voz rota—. Creí que será capaz, llevo tanto tiempo repitiéndome lo mismo y odiando tanto que yo... ya no puedo mas James, ya no lo soporto. Para él también fue una sorpresa oír su nombre en labios de ella.  —¿Que clase de padres seriamos si los separamos al nacer? ¿Cuantas mentiras tendríamos que decir para mantenerlos alejados de la verdad? ¿Y cuánto tiempo podríamos seguir con esto en pie?—James negó tristemente con la cabeza—. Si dices que no puedes lo acepto, yo puedo... hacerlo por mi cuenta, creo que no soy un mal padre, si los dejas conmigo estarán bien. Nunca les faltara nada. Anne suspiro y se limpio los ojos con la manga de la túnica. —Aun puedo redimirme ¿sabes?—intento sonreír un poco y James noto que le costaba demasiado aquel gesto—. Yo... sé que habrá momentos en los que me arrepentiré pero... no podría abandonarlos—James alzo una ceja—, quiero decir que... podríamos hacerlo... juntos. —¿Estas... completamente segura? Ella pestañeo varias veces y sonrío. Pero esta vez su sonrisa fue pequeña, torpe y sincera. James sintió una oleada de algún sentimiento hacia ella. —Demonios, si. —Hagámoslo.  Entonces James también sonrió y tímidamente, y haciéndose de todo su autocontrol, le paso un brazo por los hombros. Anne no lo aparto ni mucho menos, sino que recargo su cabeza en su hombro y él su mejilla en su cabeza. Y por primera vez desde que la conoció supo que tal vez, solo tal vez había un poco de esperanza para él.

—Sirius. —¿Hum?—contestó él abriendo los ojos. Se topó con los ojos azules de Tressa y le dolió ver como estaban llenos hasta el tope de tristeza y lagrimas que caían sin que él pudiera hacer otra cosa que apresurarse a limpiarlas con su pulgar, la estrecho mas contra si, con mucho cuidado. —Tu no... yo... nosotros no... —No—la corto Sirius silenciando sus palabras y negando con la cabeza—. Ya se que es lo que vas a decirme, ¿y sabes qué? No me importa, Tressa, por primera vez yo... Estoy enamorado—trago duro y en seco, ella abrió la boca, sorprendida—, estoy terriblemente enamorado de ti, no sé en qué momento dejé de jugar, pero he terminado. Sé que me comporte como un estupido y lo he lamentado desde el primer día y sé también que nunca me cansare de perdiste perdón y de compensarte por lo que te hice. Te quiero a mi lado Tressa, quiero que seas lo primero que vea en las mañanas y lo ultimo por las noches, te necesito, contigo a mi alrededor soy una mejor persona, tu me haces... querer mas, me haces creer que todo es posible. Yo... yo... —Ese es tu problema, Sirius—dijo Tressa tristemente, cuando Sirius no pudo continuar y decir lo que probablemente solo le había dicho a Nina en un par de ocasiones—. Tu jamás... tu nunca... dices todo esto porque sientes que me lo debes pero... nada ha cambiado. —Te amo—dijo Sirius y por un momento no cayó en la cuenta de lo que acaban de decir, fue como si esas dos palabras hubieran peleado desde lo mas profundo de su ser por salir, así que soltó una carcajada, en medio de todo el caos, sólo pudo reír—. Te amo, Tressa y quiero que formemos una familia, nuestra familia. De todas las cosas que pudieron haber salido de la boca de Sirius, aquella fue la mas verdadera de todas. Así que Tressa debió darse cuenta de eso porque simplemente acepto a esa irresistible petición con un suave beso. No dijo nada mas y se acurrucó en el pecho de Sirius, ambos suspiraron, habían sufrido una terrible perdida pero juntos, todo iba a ser mejor. Debía ser así. 

Cuando James y Sirius hablaron con Remus, se mostraron sorprendidos por las nuevas de cada uno. Así que ahora solo quedaba darle buena cara a los tiempos que se acercaban.