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Harry Potter Black Lupin — capítulo 53
Tres años después. —¡Harry, ven aquí por favor! Harry rodó los ojos y los aparto de la ventana abierta de su habitación, bajo de un salto del marco y arrastro los pies fuera. Tenía las manos en los bolsillos y miraba el pasillo con cierta aprensión. —¡HARRY! —¡Ya voy!—exclamó molesto. Pero sus pasos se volvieron mas lentos. La verdad es que aquel debía de ser el mejor día de su vida pues era su cumpleaños, cumplía once años y si sus cuentas no fallaban, la lechuza que le traería su carta de Hogwarts debía estar en camino. De hecho había tenido la esperanza de tener una fiesta de cumpleaños como dios manda, pero sabia que no sería posible porque su padre, quien seguía llamándolo con voz en cuello, estaba sumamente enfadado con él; no es que no tuviera motivos, viéndolo desde otro punto de vista, no había estado bien tomar la varita del tío Remus para hechizar una babosa y lanzársela al niño que vivía en la casa de enfrente, no creyó que las cosas se salieran de control pero habían acudido los desmemorizantes y se había hecho un reporte con su nombre. La verdad es que ese niño se lo había buscado, sin embargo Sirius tampoco lo había aprobado y el qué su padrino no lo aceptara era señal de que si había estado mal. Había llegado al pie de la escalera, suspiro y pensó que era mejor aceptar de buen grado la regañina y el castigo que le esperaban. Así que cabizbajo comenzó a descender, cuando llego al descanso un grito lo sobresalto: —¡FELIZ CUMPLEAÑOS! De pronto se vio rodeado por un montón de gente que le sonreía y le decía cosas que no podía entender pues le hablaban al mismo tiempo. Sirius lo cargo y le dio vueltas. —¡He dejado todas las ventanas abiertas! ¡Esa lechuza no tardará en encontrarte!—exclamó contento. —¡Serás un gran mago, Harry!—dijo Remus con una enorme sonrisa, muy seguro de lo que decía. —¡Nos vamos en un mes!—exclamaron Ron y Neville al unísono, ambos en distintos niveles de nerviosismo pero muy emocionados. —¡No quiero que te vayas!—chillo Nina llorando a mares. Solo cuando terminaron de abrazarlo pudo llegar a la mesa del comedor, James estaba parado frente a un enorme pastel con un dibujo de un dragón, se acercó sigilosamente. —Wow—murmuro Harry tímidamente. —Si, Wow—dijo James seriamente, se sentó y Harry lo imito—. Sabes que hiciste mal, ¿no? —Si—susurro bajando la cabeza al suelo. —Sabes que no merecías esta fiesta. —Si. —Y también sabes que mientras no vayas al colegio no puedes usar una varita, pudieron haberte expulsado incluso antes de que pusieras un pie en Hogwarts, ¿qué habrías hecho, entonces? Harry alzo la vista y le sostuvo la mirada a su padre. —No volveré a hacerlo. —Me alegra oírlo porque... —¡HADDY! Dos pequeñas de no mas de cuatro años entraron corriendo, abriéndose paso a empujones, se lanzaron sobre Harry, tirándolo de la silla. —¡Julie, April, no! Anne llego corriendo detrás y entre ella y James lograron quitárselas de encima a Harry que se sobaba la cabeza. —Les dije que sin lanzarse sobre su hermano—las regaño Anne con una mueca, luego Mirón Harry y la expresión se le suavizó—. ¿Estas bien, cariño? —Si, es solo que me han tomado desprevenido—dijo Harry sonriendo, cargando a una de las dos pequeñas idénticas—. Hola. —Es tu pumpleaños—dijo ella con sus manos en sus mejillas, James aun sostenía a la otra bebe que peleaba para que Harry también la cargara—. Hemano gane. Harry sonrió anchamente. Siempre que alguna de sus hermanas gemelas lo llamaba así, no podía evitar sentirse orgulloso, mas bien era el hecho de que parecía que lo querían mas a él que a Frankie. —Bueno, la fiesta promete—comentó Anne viendo como Sirius descorchaba un montón de botellas de cerveza de mantequilla con los dientes y a Remus repartir chocolates a diestra y siniestra, James sonrío negando con la cabeza y le rodeo los hombros con un brazo—. ¿No ha llegado Tressa? —No sé si vaya a venir siquiera—respondió rodando los ojos—. Se pelearon anoche, de nuevo. Solo alcance a oír la Red Flu y las protestas de Gemma. —Parece un par de críos—comentó Anne—. Julie, sin jalar el cabello, princesa. Julie retiro de inmediato la mano del cabello de Harry, April hizo lo mismo con James que beso su diminuta mano. —¿Por qué mi padrino y Tressa pelean diario?—preguntó Harry con interés. —Porque son unos tontos—afirmó Anne apretando los labios—. No debes preocuparte—añadió al ver el rostro de Harry—, seguro Tressa vuelve a tiempo de cortar el pastel, siempre vuelve, además a Gemma no le gusta estar sin ustedes... nosotros, quiero decir. Para Anne aquello seguía siendo extraño, inmiscuirse en la gran familia que eran todos ellos, a pesar de llevar viviendo en la mansión desde que nacieran las gemelas, se le hacia difícil aceptarse dentro de esa locura; Nina y Gemma, Sirius y Tressa, Remus (y de vez en cuando la muggle, Romina) Julie y April, Frankie, ella y James. Además de los Longbottom, los Tonks y los Weasley, era como vivir en una fiesta sin fin. Y extrañamente le encantaba. —¡Harry!—llego corriendo Ron—. Hola—saludo sonriente a las gemelas, luego se volvió hacia su amigo—. Ah si, Harry, te llaman en la puerta. Neville dice que es tu amiga del colegio muggle. —¿Qué?—casi grito y salió corriendo con Julie en brazos, que reía a carcajadas, entonces se puso mas pálido que un fantasma cuando se topó de frente con Hermione Granger—. ¿Qué haces aquí? Por la cara que puso Hermione, no era el recibimiento que esperaba, se sonrojo furiosamente, pasando el peso de una pierna a la otra, traía consigo una bolsa de regalo. —Bueno, es tu cumpleaños—contesto mirando a su alrededor al montón de gente. —Si, yo no...—Harry miraba en todas direcciones, miedoso de que algo pareciera fuera de lugar, con horror vio como la tía Alice hacia aparecer luces con su varita para Naomie que corría tras ellas—. Quiero decir... —Es tu hermanita, ¿verdad?—preguntó Hermione sonriendo a Julie que intentaba atrapar un globo—. Es divina, se parece a ti. —Son gemelas—explicó tratando de llevarla a la cocina—. Querrás conocer a April, son iguales... —¡Hola, Hermione!—saludo Neville efusivamente, venia comiendo una empanada de calabaza pero en cuanto los ojos de su amiga se concentraron en su comida, se apresuró a metérsela toda en la boca, no hablo hasta que se la trago—. No sabia que ibas a venir. —En realidad no sabia que era una fiesta—respondió frunciendo el ceño, mirándolo todo a su alrededor—. Solo quise traerle algo a Harry. —Hey, hola—intervino entonces Anne, acababan de abrir la puerta de la cocina, donde James intentaba preparar una mamila a April que correteaba por todo el lugar—. ¿Cómo estás, Hermione? —Muy bien, señora Kyteler, muchas gracias—dijo Hermione educadamente—. Buenas tardes, señor Potter. —Te he dicho muchas veces que puedes decirme James—dijo James amablemente. —Oh, no podría—repuso tímidamente. —Como sea, me alegra que estés aquí—aseguró James ofreciéndole un vaso con jugo—. ¿O prefieres agua? —No, esta bien, gracias. Julie se unió con April en el suelo y comenzaron a jugar y reírse sin sentido, Neville saco de su bolsillo un par de barras de chocolate muggle. Harry miraba a todos lados, no sabia muy bien como actuar, Hermione era su amiga, ya se le había pasado su enamoramiento por ella hacia un tiempo pero tenía miedo de que con tanta magia alrededor se diera cuenta de algo, no quería que su padre tuviera que modificarle la memoria. —¿Como vas en el colegio? —Excelente, fui la primera de la clase. —Si, Harry nos lo comento, felicidades. —Pero no volveré ahí, he conseguido plaza en otro colegio... —¿En serio? ¿Donde? Pero un estallido proveniente del salón los sobresalto, Anne tomo a las gemelas en brazos mientras que James sacaba la varita y se lanzaba seguido de Harry, Neville y Hermione, a pesar de que Anne intentará detenerlos. —¡... TONTO! Naomie estaba en brazos de Frank, Nina se abrazaba a la pierna de Alice, Ron, los gemelos y Ginny estaban detrás de sus padres mientras que Remus cargaba a una pequeña de cabello negro. Sirius y Tressa estaban cubiertos de polvo y se asesinaban con la mirada. —¡Casi destruyes la casa!—gritó Sirius señalando la chimenea que estaba hecha trizas—. ¡Eres una inconsciente! —¡Cierra la boca!—ordenó Tressa, estaba temblando—. ¡Si no la hubieras bloqueado nada de esto habría sucedido! —¡Si no te hubieras largado anoche no tendrías la necesidad de usar la jodida Red Flu! —¡Sirius!—gritaron Remus y James al mismo tiempo, ambos miraron a Hermione y entonces James se dio cuenta de que seguía con la varita en la mano y maldiciendo por lo bajo se la guardo en el bolsillo. —¡Mira, has arruinado la fiesta de Harry!—exclamó Sirius volviendo la vista a Tressa. —¡Deja de gritarme frente a todos! —¡Tu haces lo mismo! ¡Peleamos por una estupidez y huyes, siempre haces lo mismo! ¡Esta vez te ha faltado poco para tomar la escoba y salir volando! —¿Qué...?—los ojos de Hermione se abrieron de par en par. —¡Sirius, ya cállate! —¡Vamos, solo te hace falta apuntarme con la varita y lanzarme un imperius! —¿Varita? Harry tuvo que sujetarse del brazo de Neville para no desmayarse. Todos miraban como Tressa y Sirius se despedazaban. Estaban tan absortos que nadie hacia nada para detenerlos. —¡No me tientes, he pensado mas bien en una acromantula! —¡Debí imaginarlo, en cuanto supe que fuiste Slytherin debí alejarme de ti! ¡Serpiente! —¡Tressa, no! La boca de Hermione estaba abierta hasta el piso y Tressa estaba tan indignada que saco la varita y antes de que pudiera detenerse si quiera a pensarlo, un chorro de luz salió con dirección a Sirius que lo esquivo tranquilamente. Soltó una carcajada perruna. —¿Como te atreves...? Pero para empeorar aun mas la situación, si era posible, una bonita lechuza parda entro zumbando por la habitación y se colocó frente a Harry, extendió una pata para que le quitara la carta. —¡Es de Hogwarts!—exclamó Frankie tapándose la boca con las manos, dando brinquitos. Harry ya ni siquiera se inmutó por nada y con dedos temblorosos tomo la carta, la abrió con una lentitud asombrosa. —No puedo creerlo, no puedo creerlo—repitió Hermione con una mano en el pecho y la otra en la cara—. Oh por dios. —Hermione, tranquilízate—le dijo Remus mirándola con precaución—. Nada de esto... —Tu eres... eres...—señaló a Harry y luego, como si fuera a desmayarse, los señaló a todos—... ustedes son... todos ustedes... ¡Son magos! Todos se miraron unos a otros. —Espera, ¿qué?—soltó Fred con las cejas alzadas—. ¿Cómo lo sabes? ¿Estas quedándote con nosotros? —¡Son magos!—repitió Hermione con una risotada que los descoloco aún más—. ¡Claro! ¡Ahora todo tiene sentido! —No entiendo un carajo—se quejó George contrariado—. Eres muggle, tu no... no sabes. —¡Por eso hacían cosas raras!—dijo mirando a Harry y Neville—. ¡Era magia! —Tranquilicémonos—propuso Arthur, miro a Hermione con amabilidad—. Querida, ¿puedes decirnos por que crees que somos... magos? —¡Por que Harry ha recibido la carta!—explicó cómo si fuera lo más lógico del mundo—. ¡Ira a Hogwarts el 1 de septiembre! ¡Igual que yo! —¿Qué?—gritaron todos. —La profesora McGonagall vino a mi casa hace un mes y les explico a mis padres que todo lo extraño que yo hacia, era magia. Todos se quedaron boquiabiertos al oír aquello. —Pero... ¿cómo...? —Ella cree que tengo un ancestro con magia y que tengo mucho potencial. Todos se miraron, un extraño silencio se extendió por el salón medio destruido. Hasta que Harry grito: —¡Iremos a Hogwarts! Entonces, él, Ron, Neville y Hermione se abrazaban y brincaban canturreando lo acababa de decir, mientras Sirius se acercaba a Tressa y le susurraba algo al oído. En menos de dos segundos estaban besándose y arreglando la chimenea con las varitas; Gemma corría al encuentro de Julie, April y Naomie, Ginny, Nina y Frankie chismorreaban mirando a Hermione con recelo, Anne y James repartían bocadillos, Fred y George jugaban a los naipes explosivos con Remus y Frank, Arthur y Molly charlaban con Alice. Harry miro a su alrededor y no puedo evitar sentir una punzada de nostalgia pues en menos de un mes partiría a Hogwarts. Era extraño.