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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 24

A mitad de Noviembre llegó la primera visita a Hogsmeade. Damien aún no le hablaba a Harry, Ginny había tratado de convencerlo de que lo perdonara, pero Damien no le había prestado atención. Y los Gryffindor ya estaban un poco más animados desde el partido entre Slytherin y Ravenclaw. Las serpientes habían perdido por una terrible puntuación, 230 a 20. El equipo de Ravenclaw había jugado excelentemente bloqueando todos los tiros de los Slytherin, esto significaba que Gryffindor entraba de nuevo en la competencia por la copa. El siguiente partido sería contra Hufflepuff y si Gryffindor lograba anotar los suficientes puntos, entonces podían ir por la copa después de todo.

Angelina le había explicado como estaba la situación, Gryffindor tenía que ganarle a Hufflepuff por 70 puntos o más antes de que Harry atrapara la Snitch, sólo 7 goles. Si lo lograban, Gryffindor terminaría en segundo lugar! Ya que Hufflepuff había logrado solamente 20 puntos contra Ravenclaw. Angelina tenía mucha confianza en que podrían ganar el partido. Gryffindor estaba en tercer lugar y Hufflepuff en cuarto. De ahí seguía Slytherin y luego Ravenclaw, ya que había ganado dos partidos. Si Gryffindor ganaba contra Hufflepuff entonces podían ganarle a Slytherin con la nueva puntuación. Asumiendo que Slytherin no le ganara a Huflepuff por mucho en el siguiente partido, Gryffindor aún tenía oportunidad de ganar la copa de Quidditch. Si todo salía como planeado, Gryffindor tendría que enfrentarse a Ravenclaw en el partido final y si jugaban bien podrían ganar por primera vez en años.

Angelina seguía apoyando a Harry diciendo que era el mejor buscador que había visto y que sabía que no los defraudaría. Harry se contuvo para no gritarle, era tan molesta! Se concentraba en el entrenamiento y agradecía que el Buscador no tenía mucha interacción con los otros jugadores, ya que las únicas que le hablaban eran las chicas del equipo. Después de una practica particularmente mala, Harry se encontró con la profesora McGonagall en uno de los pasillos. Tenía que admitir que era la única mujer a la que Harry no quería hacer enojar. La profesora McGonagall lo miró con desaprobación y silenciosamente le entregó un sobre. El chico lo tomó curioso y lo abrió rápidamente para ver que había en el. Dentro del sobre amarillento estaba un permiso para ir a Hogsmeade ese fin de semana. Harry miró de nuevo a la profesora, no podía contener la rabia que sentía, ¿a que estaba jugando?

—¿Es una broma? — preguntó levantando el pedazo de papel, la profesora McGonagall lo miró seriamente antes de hablar.

—No tengo el hábito de bromear, señor Potter. Lo que tienes ahí es una forma de permiso, llénala y haz que tus padres la firmen si quieres ir a Hogsmeade el fin de semana — dijo y después se giró y se alejó de él, dejándolo muy confundido de pie en medio del pasillo. Harry se encontró con James al final de las escaleras que llevaban a la sala común, se apresuró hacia el Animago y empujó el permiso en su mano. James lo miró sorprendido antes de examinar el pedazo de papel y mirar a Harry.

—¿Qué es esto? — preguntó James un poco confundido.

—Pensé que tú me lo explicarías a mí — le respondió Harry fríamente. James miró la hoja de nuevo y apenas leyó las palabras "Hogsmeade" y "Permiso", supo lo que significaba.

—Es un permiso para ir a la visita a Hogsmeade este fin de semana — respondió James, Harry se contuvo para no rodar los ojos.

—Si, eso lo entendí por mí mismo, lo que quiero saber es, ¿por qué me dieron esta forma? — James lo miró de nuevo.

—Bueno, ¿qué no quieres ir a Hogsmeade? — le preguntó confundido. Ahora fue Harry quien lo miró sorprendido, miró a James detenidamente antes de hablar.

—¿En verdad me dejarían ir? — preguntó Harry.

—Con algunas reglas y condiciones, sí, te dejaría — respondió James con una pequeña sonrisa en el rostro. Harry estaba completamente confundido ante esas palabras, ¿de verdad lo dejarían ir a Hogsmeade? ¿pero por qué? ¿No temía que se escapara? Harry decidió no dejar pasar esa oportunidad, levantó la mirada y miró a James sospechosamente.

—¿Qué clase de reglas y condiciones? — preguntó sabiendo que debía de haber algún tipo de trampa en eso. James parecía algo incomodo pero respondió la pregunta de su hijo.

—Bueno, de hecho sería otro Auror el que pondría las condiciones, pero mientras tú no te metas en problemas, estoy seguro de que todo estará bien — Harry miró curioso a James.

—¿Quién es el Auror?— preguntó temiendo la respuesta.

—Alastor Moody — respondió James sin mirar directamente a Harry.

…...................................

Si Harry no estuviera tan desesperado por escapar de su prisión, la cual era Hogwarts, nunca hubiese dejado que Moody se le acercara de nuevo. Sin embargo, ir a Hogsmeade iba a ser una oportunidad perfecta para escapar. Sabía que muchos Mortifagos estarían en Hogsmeade y si Harry podía llegar hasta ellos entonces podría volver a casa.

James le explicó a Dumbledore que le había dado permiso a Harry para ir a Hogsmeade, pero de algún modo el Ministerio se había enterado y habían insistido en que se mejorara la seguridad, Harry estaría vigilado por un Auror, uno que no fuera un familiar. Era por eso que ni a James, ni a Sirius les había sido permitido acompañarlo. Moody se había ofrecido voluntario y por supuesto que el Ministerio lo aprobó. Las condiciones que se le darían a Harry serian proporcionadas por el mismo Moody y no les iba a dar esa información sino hasta el mismo día de la visita.

Harry se encontró sorprendentemente ansioso porque llegara el fin de semana, no podía creer que después de tanto tiempo capturado, al fin podría volver a casa. Cuando al fin llegó el día, Harry fue llamado a la oficina del Director. Lo acompañó un muy enojado James, la única cosa que no le agradaba de irse a casa tan pronto, era que no tendría oportunidad de hacerle pagar a Potter. Sacudió su cabeza evitando pensar en eso, una vez que volviera con su padre tendría su venganza. Harry entró en la oficina de Dumbledore para encontrarse con Moody y Sirius, esperando la llegada del director. Harry trató de mantener su rostro neutral, pero su ceño se frunció ligeramente. Odiaba inmensamente a todos los hombres en esa habitación.

—Bienvenido Harry, ¿has dormido bien? — preguntó el anciano profesor a modo de saludo. Harry simplemente lo miró con ojos entrecerrados y se paró junto a la chimenea, no quería estar cerca de ninguno de ellos. Moody lo miraba fijamente y rechinaba sus dientes rudamente. Era obvio que para Moody, estar en Hogwarts sin salir durante dos meses también lo había hartado ya. Dumbledore continuó hablando — Ahora, acerca de la visita a Hogsmeade. Creo que entiendes la preocupación de todos acerca de que vayas junto al esto de tus compañeros. Sin embargo, quiero que experimentes tu viaje a Hogsmeade al igual que ellos. El Auror Moody te acompañará todo el tiempo, Harry. No caminará junto a tí para que no llame tanto la atención, pero te estará vigilando, ¿entiendes? — preguntó Dumbledore mientras fijaba sus azules ojos en los esmeralda de Harry.

Harry levantó la mirada hacia Dumblerore, de verdad lo dejarían andar por Hogsmeade, simplemente lo vigilarían. Esta era una oportunidad de oro, así que, por una vez, decidió cooperar.

—Eso creo — respondió Harry tratando de sonar aburrido.

—Excelente, excelente. Ahora, Alastor, te dejaré explicar las condiciones — Harry notó la amargura con las que decía la palabra "condiciones". Miró hacia James y lo vio compartir una molesta mirada con Sirius, sintió como si un balde de agua fría cayera en su estomago. Moody se acercó a Harry y por un momento se quedó mirándolo con sus ojos disparejos, el chico lo miró de regreso, no olvidaría como lo había tratado el Auror, una vez que regresara con Lord Voldemort se iba a asegurar que Moody fuera el primero en encontrar una terrible muerte.

Moody se movió tan rápido que Harry no se dio cuenta de lo que sucedió. El Auror había sacado de su túnica su varita y algo más, antes de que Harry pudiera ver que era, Moody movió su varita y Harry sintió un peso extra caer sobre su muñeca izquierda. Levantó su mano y miró una ligera banda de luz alrededor de su muñeca, parecía un brazalete. Harry levantó su mirada hacia Moody con confusión, el Auror le dedicó una sonrisa retorcida antes de explicarle.

—Es un brazalete Bartra. Bastante ingenioso en verdad, mantiene ciertas barreras de distancia entre las personas. Tuve que restringirlo a sólo Hogwarts y Hogsmeade, esto quiere decir que, mientras estés utilizando esto, no puedes salir de los limites de la escuela y el pueblo. Si tratas de salir...— Moody hizo una pausa y apuntó con su varita hacia la muñeca de Harry.

Harry retrocedió un paso tratando de prepararse para lo que venía, pero nada lo habría preparado para el dolor que sintió. Cuando Moody susurró el hechizo, Harry sintió una punzada de dolor subiendo por su brazo izquierdo directo a su pecho. Harry sintió un dolor increíble en el pecho, justo donde estaba su corazón, jadeó y llevó su mano derecha al pecho, era como si una corriente de electricidad pasara por su cuerpo. El dolor se desvaneció rápidamente pero Harry siguió luchando por recuperar el aliento, miró a Moody con incredulidad. No podía creer lo que le acababa de hacer, miró a James y lo vio mirar a Moody como si quisiera lanzarle una maldición asesina ahí mismo. El Animago miró a Harry y le dedicó una mirada de profunda disculpa. Parecía que no aprobaba lo que hacia Moody pero no tenía voz en esa situación.

—Veras, chico, es mejor que ni siquiera trates de escapar, porque sólo lograras dañarte a tí mismo, si por milagro logras pasar la barrera del Bartra, el dolor probablemente te matara ya que continuará comprimiendo tu corazón. Estás advertido — finalizó Moody luciendo muy contento. Harry no se había sentido tan enojado en su vida, estaba temblando de rabia mientras miraba a Moody, dio un paso hacia el Auror y le siseó.

—Si piensas que en verdad dejaré que me pongas esta asquerosa cosa, estás muy equivocado. Si esta es tu ridícula condición para ir a Hogsmeade entonces ya no quiero ir. ¡Quítamelo! — Harry se sentía humillado. Esta Bartra lo mantenía restringido, como un animal forzado a permanecer dentro de un perímetro. No iba a soportarlo, no tenía sentido ir a Hogsmeade ahora, ya que no podría escapar. Moody le sonrió más ampliamente y se acercó al furioso chico.

—No te lo voy a quitar. El Bartra se queda por todo un día, ya sea que vayas o no a Hogsmeade. No arriesgaré que trates de escapar mientras la mayoría de la escuela está en Hogsmeade. Es tu decisión, vienes con nosotros a Hogsmeade o te quedas en Hogwarts, en todo caso el Bartra se queda donde esta— después, Moody se acercó aún más a Harry y le susurró al oído — Y si me dejaran la decisión a mí, niño, nunca te lo quitaría, mereces tener eso siempre — eso fue demasiado para Harry. Había tratado de contenerse y no lastimar a Moody, pero ese comentario lo hizo perder la poca paciencia que le quedaba.

Harry cerro el puño y lo impactó contra la deforme nariz de Moody, escuchó el satisfactorio crujido del hueso rompiéndose y lo golpeó de nuevo, esta vez en el estomago, Moody cayó de rodillas jadeando por aire. Harry lo tomó por el cuello de la túnica y estaba por darle otro fantástico puñetazo a su fea cara, cuando otro pinchazo de dolor lo atravesó desde su brazo hasta el pecho. Harry se separó del loco Auror y luchó por tomar aire, cuando el dolor se redujo, miró a Moody apuntarlo con su varita, lo había atacado de nuevo. Harry luchó por ponerse de pie y miró las preocupadas miradas de James, Sirius y Dumbledore.

—¡Trata de hacer eso de nuevo y no te quitaré ese Bartra nunca más! — ladró Moody mientras trataba de limpiar la sangre que salía de su rota nariz.

Harry no dijo nada, en lugar de eso, salió de la oficina rápidamente, se sentía enfermo. Corrió hacia el baño de chicos justo a tiempo, vomitó la poca comida que había en su estomago. Se secó el sudor de la frente y se sentó en el piso del baño tratando de acompasar los latidos de su corazón. Le dolía todo por culpa de esa maldita cosa, trató de quitar el brazalete de su muñeca pero sólo consiguió sentir más dolor en su pecho en cuanto la tocó. Parecía que el Bartra sólo podía ser removido por la persona que lo había puesto. Harry maldijo. Estaba atrapado, tenía que usar esa estúpida cosa por el resto del día aunque no fuera a Hogsmeade, así que decidió que si iba a ser forzado a tener el Bartra mejor iba a visitar el pueblo, tal vez lograría mandar un mensaje a su padre.

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James estaba pálido, le habían informado sobre el brazalete Bartra unos minutos antes de que fuera por Harry, él y Sirius e incluso Dumbledore habían estado completamente en contra de que se usara el brazalete, pero Moody tenía toda la autoridad por parte del Ministerio y en verdad no había mucho tiempo como para hacer algo al respecto. James y Sirius habían dicho que era un insulto y que era degradante para cualquier persona usar eso, a menos que hubiera una muy buena razón para que lo hiciera. Habían intentado argumentar en favor de Harry diciendo que no era necesario. Sabía que Harry no aceptaría esa decisión y James no lo culpaba por haber golpeado a Moody. Aparentemente a ninguno de los que estaban presentes les molestaba que Harry lastimara a Moody, ya que ninguno hizo nada para detenerlo.

James no podía evitar sentirse como si estuviera traicionando a Harry. La forma en la que su hijo lo había mirado cuando Moody le explicó lo que hacia el Bartra le destrozó el corazón. Harry no confiaba en James, él lo sabía, pero cualquier pequeño sentimiento que el chico sintiera por James, tal vez si se sentía protegido, todo eso se había perdido. James sintió que sólo unas cuantas horas en Hogsmeade no valían la pena, pero Moody le había dicho lo mismo, que si Harry no iba a Hogsmeade también se quedaría con el Bartra durante todo el día.

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Hogsmeade era un pueblo que a todos les gustaba. Tenía de todo y para todos, tiendas de bromas, de dulces, de Quidditch, librerías, todo lo que imaginaras. Harry caminó por la abarrotada calle y miró a su alrededor. Sólo había estado en Hogsmeade dos veces y en ambas ocasiones no tuvo mucho tiempo de hacer compras. Había volado sobre el pueblo muchas veces y siempre se preguntaba como sería caminar tranquilamente por esas calles, disfrutando de los artículos en los ventanales o tal vez entrando en la Tres Escobas por una bebida.

Como fuera, para Harry, ese día no era para disfrutar de todo lo bueno del pueblo. Estaba consciente de que tenía muchas miradas sobre él y podía ver a Moody por el rabillo del ojo. El brazalete Bartra seguía en su muñeca izquierda, ya sólo se veía una débil luz roja rodear su muñeca. Harry odiaba usarla y no podía esperar a que se la quitaran. James y Lily se habían encontrado en el pueblo para dirigirse a la tienda de bromas junto a Sirius Black. Harry veía a los estudiantes de tercero a séptimo curso paseándose por las diferentes tiendas.

Pronto encontró la rubia cabeza de Draco y se apresuró a ir junto a él, no soportaba mucho mas esa situación, había estado tan convencido de que escaparía ese día y cuando se dio cuenta que no sería posible se le hizo muy difícil no perder la compostura. Draco miró a Harry y se paralizó, el morocho sonrío cuando Draco abrió la boca para hablar.

—Si preguntas "¿qué estas haciendo aquí?" una vez más Draco, te juro que no podrás hablar por semanas — dijo Harry dándole un golpecito en el hombro a su amigo. Draco respondió rápidamente con una mueca.

—Vaya, vaya, no estamos de muy buen humor hoy. Mira a tu alrededor Harry, estás en Hogsmeade. Anímate, después de todo, hay muchos rostros familiares por aquí — Harry sonrió ante el obvio intento de Draco por decirle que había Mortifagos instalados en Hogsmeade. Rápidamente comenzó a caminar junto a Draco mientras Crabbe y Goyle los seguían detrás con sus típicas expresiones estúpidas — Bueno, debo admitirlo, Harry. No pensé que el Director fuera lo suficientemente tonto como para dejarte salir así de fácil. Me refiero a que, ¿acaso ya olvidaron quién eres? ¿O están convencidos de que ya cambiaste de bando? — Harry sonrío tristemente.

—Ojala creyeran eso — murmuró Harry más para sí mismo que para Draco. Se levantó la manga de su sudadera y le mostró al rubio el brazalete Bartra explicándole en voz baja lo que le pasaría si intentaba escapar de Hogsmeade. El poco color en las mejillas de Draco Malfoy se desvaneció al instante y después se puso rojo cual tomate.

—¡Esos... esos bastardos! ¡Cómo pudieron... es tan... oh! Sólo espera Harry... una vez que la tía Bella los atrape... van a desear no haber puesto un dedo sobre tí — Harry sonrió ante las palabras de su amigo. Sí, probablemente Bella se comería a Dumbledore y a toda la Orden entera si alguna vez se enteraba de lo que le habían hecho a Harry. No quería ni pensar en como se pondría su Padre. "¡Por Merlín!" pensó Harry "Probablemente me provocaría mucho más que un simple sangrado nasal si se entera. Le daré un poco de poción para que se mantenga tranquilo cuando le diga".

Harry sintió que su corazón se encogía al pensar en Bella y en su padre. De verdad quería verlos de nuevo, quería ir a casa, por más infantil que sonara, Harry quería que esa pesadilla terminara e irse a casa. Harry y Draco se dirigieron a las Tres Escobas, el lugar estaba lleno de gente, había algunos estudiantes pero la mayoría de los que estaban ahí eran adultos. Harry reconoció a algunos Aurores del Ministerio, rápidamente miró cuatro cabezas pelirrojas, una castaña y la otra negra como la de él. No pudo evitar el sentimiento de dolor que lo atravesó cuando miró a Damien reír junto con los chicos Weasley y la "Sangre Sucia" Granger. No sabía por qué le molestaba tanto el hecho de que Damien no le hablara, no lo necesitaba, era una simple molestia.

Harry se giró y caminó junto a Draco y los dos gorilas a una de las mesas del otro lado del lugar, al sentarse, Crabbe y Goyle se apresuraron a conseguir bebidas. Draco seguía insistiendo en que las Tres escobas cada vez bajaba más en su calidad y que los estándares estaban por los suelos, pero Harry no lo escuchaba, estaba distraído escuchando a Damien reírse con Ron y los gemelos Weasley. Harry nunca había pensado en como Damien había sacrificado su amistad con los Weasley para poder brindarle un poco de su tiempo a él, pero al mirar a Damien divirtiéndose sin Harry lo hacía sentir extrañamente dolido y molesto.

—¿Qué te pasa? — preguntó una voz enseguida de él. Harry giró al cabeza para ver a Draco mirándolo mientras empujaba una botella de Whiskey de Fuego frente a Harry, ofreciéndole un trago. El chico tomo la botella y murmuro un "Nada".

"*¿Qué me esta pasando? ¿Por qué me molesta ver a Damien pasando el rato con los Weasley? ¿Por qué me importaría? No es nadie para mí, al igual que los Potter, no significan nada"*trató de explicarse Harry. Se talló los ojos, comenzaba a tener dolor de cabeza, se levantó y se dirigió al baño cuando comenzó a sentirse enfermo nuevamente. Cuando entró al baño, notó que no había nadie. Era extraño, ya que estaba muy lleno afuera. Le restó importancia y fue a lavarse la cara, necesitaba distraerse de lo que quiera que le estuviera pasando, ya se comenzaba a sentir culpable por no ir y hablar con Damien.

Harry miró su reflejo en el espejo de los lavamanos, había perdido algo de peso desde que lo habían capturado, sus ojos se miraban casados y estaba más pálido de lo usual. Sus brillantes ojos esmeraldas parecían más luminosos debido a la palidez de su piel. Trató de aplacar su revoltoso cabello pero no logró nada, suspiró ante su apariencia antes de girarse para salir, pero casi brinca del susto al ver a una figura de pie frente a la puerta, bloqueando su camino. Harry se apresuró a tomar su inútil varita y miró a la figura encapuchada. Había algo extrañamente familiar en ella pero la mente de Harry estaba muy distraída como para notarlo.

—¡Lo que sea que quieras será mejor que lo olvides! ¡Apartate de mi camino antes de que te quite yo mismo! — exclamó Harry hacia el extraño. La figura se movió más cerca de Harry y antes de que el chico pudiera hacer algo, la persona levantó los brazos y bajó la capucha revelando su rostro. Harry jadeó al ver frente a él a Bellatrix Lestrange. Bella le dedicó una sonrisa a Harry antes de mirar el estado de "su niño" vestido con ropas Muggles, pantalones desgastados y una sudadera negra. Se acercó a Harry con tres grandes zancadas y tuvo que luchar contra su impulso de envolverlo en un abrazo. Harry odiaba los abrazos, ella lo sabía.

—Que bueno es volver a verlo, Príncipe Oscuro — dijo Bella con voz muy controlada, no iba a mostrar sus emociones, al menos no ahora. Harry miro fijamente a su "mamá adoptiva" y respondió.

—Es bueno verte a tí también, Bella — Bella dejó salir un pequeño jadeo, hacia tanto tiempo que no escuchaba su nombre dicho por Harry. El Príncipe Oscuro definitivamente había cambiado, notaba sus ojos cansados y su complexión pálida. No había estado comiendo ni durmiendo muy bien. Bella dejó su inspección del estado del chico para hablarle.

—Vamos Príncipe, debemos irnos ahora, mientras mas rápido regresemos a casa, mucho mejor — Harry nunca se había sentido tan impotente, en verdad sintió que su corazón se encogía ante el pensamiento de volver a casa. Miró a Bella y respiró profundo, esto sería difícil.

—Bella... yo... no puedo — comenzó Harry, la expresión de sorpresa de Bella duró solamente un segundo y fue reemplazada por confusión.

—¿Que quieres decir con que no "puedes"? ¡Tienes que venir conmigo ahora! Tengo un encantamiento puesto en esta habitación para que nadie pueda entrar, cada vez que alguien toca la puerta, se acuerdan que tienen algo muy importante que hacer y se distraen, eras el único que podía entrar, pero el hechizo no durará por mucho tiempo más. Por favor, Harry debes venir conmigo ahora — Bella podía ver el dolor reflejado en los ojos de Harry mientras la miraba desesperado. Nunca había visto a Harry tan vulnerable — ¿Harry? ¿Qué sucede? — preguntó Bella sin poder contener sus emociones ni un segundo más.

Como respuesta, Harry levantó la manga de su brazo derecho y expuso su muñeca, Bella miró el hilo de luz roja alrededor de la muñeca de Harry, estaba confundida. Harry había esperado que la reconociera, de ese modo no tendría que explicarle. Si embargo, cuando Bella exigió saber que era esa cosa, Harry respiró profundamente y le explicó la situación lo mejor que pudo. Bella estaba furiosa, gritó cuando Harry le explicó la dolorosa sensación que le provocaba la maldición Bartra. Inmediatamente, Bella saco su varita y antes de que Harry pudiera detenerla apuntó hacia el brazalete.

—¡Reducto! — siseó la mujer, el hechizo le dio al brazalete y Harry trató de no gritar cuando el angustioso dolor atravesaba su brazo directo a su pecho de nuevo. Harry llevó su mano derecha hacia su pecho y se aferró a el intentando aminorar el dolor, se concentró en controlar su respiración cuando el dolor comenzó a desaparecer. Miró la borrosa figura de Bella, el dolor había sido más intenso esa vez y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Bella se quedó helada al darse cuenta de que había lastimado a Harry, bajó su varita observando al chico acompasar su respiración e intentar dejar de temblar.

Inmediatamente, Bella cayó de rodillas enterrando su rostro en sus manos, ¿qué iba a hacer ahora? Había pensado que una vez que Harry estuviera frente a ella podría llevarlo de regreso con ella. No había manera de remover el brazalete por otro que no fuera Moody ¿y cómo iba a forzarlo a quitar el brazalete Bartra? El Auror tenía demasiada experiencia como para dejarse controlar con un Imperio y no podía atacarlo estando rodeada de Aurores. Miró tristemente a Harry mientras el chico se arrodillaba junto a ella, nunca lo había visto mirarla con tanta emoción. Bella sabía que Harry la quería, aunque nunca lo demostrara, Harry trató de consolarla.

—Esta bien, Bella. Sólo usaré esto por el día de hoy, una vez que me lo quiten estaré bien. Y de todas formas, las defensas no pueden tardar mucho en debilitarse. El día en que lo logren sera el día en que regrese a casa. Lo prometo — Harry no estaba simplemente consolando a Bella, estaba intentando convencerse a él mismo también. Bella miró a Harry con lágrimas de frustración bajando por sus mejillas.

—Pero Harry... ¿cómo voy a poder presentarme ante el Lord Oscuro? ¿Cómo le voy a decir que le fallé a su hijo? ¡El Lord Oscuro va a estar muy decepcionado de mí! ¡Soy su número uno! Y le he fallado al llevarte de vuelta.

—No, no has fallado, como dije, las defensas caerán en unas cuantas semanas, entonces iré a casa. Mi padre no querrá verme lastimado, no importa la razón, tú seras la que me lleve de vuelta a casa, en sólo unas cuantas semanas — aseguró Harry antes de que se pusieran de pie y se sacudieran la ropa — Oh, y Bella, una cosa mas. Yo soy el número uno de mi padre, deberías admitirlo de una vez — Bella se rió recordando como ese tema había causado muchas discusiones entre ella y Harry.

—Harry, ¿qué, en el nombre del Lord Oscuro, estás usando? — preguntó Bella mientras se secaba las lágrimas discretamente, Harry soltó una risa y Bella sintió que su corazón se detenía por un segundo, amaba escuchar a Harry reír.

—Créeme Bella, forzarme a vestirme como Muggle no es lo peor que me han hecho — ante la furia reflejada en el rostro de Bella se apresuró a añadir — No que me puedan hacer daño en verdad, no sabrían que hacer, los idiotas.

Bella estaba por decir algo cuando de pronto se quedó helada, miró su varita, estaba brillando entre verde y amarillo, era la alarma que indicaba que el hechizo en el baño se había terminado. Bella se puso rápidamente la capucha y miró a Harry, quien empezó a lavarse las manos al mismo tiempo que algunos estudiantes entraban al baño, parecían ser de cuarto año. Bella también pretendió estarse lavando las manos, cuando los cuatro chicos entraron en los cubículos, Harry le susurró rápidamente a Bella.

—Dile a mi Padre que volveré a casa pronto, y Bella, dile que tengo una pequeña situación de la que me tengo que encargar — Bella miró a Harry confundida durante un momento antes de mirar la furia reflejada en los ojos de Harry, entonces supo lo que Harry pretendía hacer.

—Harry, ¿no crees que deberías enfocarte en volver a casa? Puedes encargarte de él después. No quiero que te atrapen — la preocupación inundaba la voz de Bella mientras trataba de convencer al chico de reconsiderar su plan. Harry negó con la cabeza y le siseó.

—¡He esperado años para esto, Bella! Al principio estaba listo para esperar hasta regresar a casa, por miedo a que me atraparan, pero ya pensé en todo. Me encargaré de todo antes de regresar a casa, dile a mi padre que lo siento pero que tengo que terminar esto antes de volver a casa — Bella no tuvo oportunidad de discutir, más personas entraban en el baño, tenía que irse ya, se despidió en voz baja y se fue, se giró para mirar a Harry una vez mas antes de cerrar la puerta tras ella.

…....................................

Harry volvió a la mesa ignorando la mirada sospechosa de Draco, se giró para mirar a Damien y su pequeño grupo salir del pub. Harry se sintió un poco más relajado, tomó el Whiskey de fuego y le dio un buen trago, lo necesitaba después de su platica con Bella. A pesar de sentirse deprimido por estar ahí, se había dado cuenta de que la platica con Bella lo había animado, y mucho. Ahora su padre sabría que estaba bien y que no desperdiciaba el tiempo en Hogwarts. Harry iba a solucionar sus problemas antes de volver con él. "Eso definitivamente lo animará".

Sin embargo, los pensamientos de Harry fueron interrumpidos cuando escuchó gritos frenéticos y una enorme conmoción afuera. Giró su cabeza hacia la ventana detrás de él y miró a la gente de Hogsmeade correr frenéticamente, no podía ver que era lo que pasaba. "¿No pueden ser Mortifagos, o si?" pensó Harry, miró a Draco rápidamente, "Tal vez Lucius no quiere regresar sin mí, tendría demasiado miedo de presentarse ante mi padre", pensó antes de volver a mirar por la ventana. Pero Harry sabía que Lucius tenía mucho más cerebro como para hacer eso, si Bella le había dicho del brazalete Bartra, entonces no intentaría algo como eso.

La razón de todo el caos de afuera fue revelada rápidamente. Harry y todas las personas que miraban por la ventana miraron un pequeño ejercito de personas envueltas en capas negras, Harry supo de inmediato quienes eran.

—¡Mierda! — maldijo, Hogsmeade estaba rodeada de Daywalkers.

…....................................

Harry miró con el corazón acelerado como los Daywalkers comenzaban a atacar a todos, escuchó el jadeo general que se produjo cuando uno de ellos tomó a una mujer y hundió sus afilados colmillos e su cuello. Harry apartó la mirada cuando el cuerpo de la mujer comenzó a sacudirse y ella emitió gritos de agonía. Miró a la gente entrar en pánico a su alrededor, todos sabían quienes eran se giró para mirar a Draco y lo miró mover los labios y formar una sola palabra "¿Daywalkers?". Harry asintió con la cabeza y los ojos del rubio se abrieron cuando el terror se apoderó de su rostro. Draco sólo sabía de los Daywalkers porque su padre y Harry los habían mencionado, pero nunca había visto uno, y definitivamente no deseaba conocer a ninguno.

Los Daywalkers eran básicamente una nueva raza de vampiros los cuales podían caminar a los rayos del sol, eran inmunes a la luz del sol y podían caminar a pleno día sin transformarse en un montón de polvo. Eran más poderosos que los vampiros normales, lo que los hacía unos rivales bastante duros de vencer. Harry miró a los Aurores correr hacia los Daywalkers lanzándoles hechizos, deseó que los estúpidos Aurores pudieran usar su cerebro por al menos esa vez, no tenían idea de lo que estaban haciendo y les lanzaban los hechizos que se les ocurrían, no los que necesitaban. De pronto, hubo un gran estallido detrás de Harry y todos en el pub se callaron y comenzaron a buscar la fuente de sonido. Miraron al Auror Kingsley Shacklebolt de pie en la barra con su varita apuntada hacia el techo.

—¡Todos mantengan la calma! ¡Están seguros aquí adentro, son vampiros, no pueden entrar sin tener el permiso del propietario! — dijo la grave voz de Kingsley dirigiéndose a todos. Harry miró que varias personas si se calmaron pero seguían con miradas asustadas, un mago anciano habló desde el otro lado.

—Si son vampiros, ¿cómo es que pueden caminar durante el día?, deben ser algo diferente — todos miraron al anciano asintiendo con la cabeza, Kingsley tuvo que subir el tono de voz.

—Son una nueva raza de vampiros, a pesar de que pueden caminar en la luz del día, aún tienen las mismas debilidades que los demás vampiros, así que por favor, permanezcan dentro y no entren en pánico — Harry sabía que Kingsley tenía razón, pero los Daywalkers no eran estúpidos, si no podían entrar por tí, te sacarían a rastras.

Hubo un sonido bastante fuerte cuando la puerta de las Tres Escobas era arrancada de su lugar y una figura se detuvo en el umbral sin poder entrar. Su capa negra volaba detrás de él, les dedicó una sonrisa retorcida a los aterrorizados clientes del lugar, sus colmillos se asomaban amenazadoramente entre sus labios y Harry tuvo que apartar la mirada.

—¿Qué pasa, Rosmerta? ¿No vas a invitarme a entrar por una... bebida? — todos en el pub temblaron antes de mirar a Madame Rosmerta, quien estaba temblando de miedo. Miró al Daywalker confundida y asustada al ver que la criatura sabía su nombre, Harry estuvo a punto de asegurar que su nombre estaba escrito en el letrero de afuera, pero mejor se quedó callado.

Kingsley Shacklebolt y otros cinco Aurores se pararon frente al Daywalkers, los cinco apuntaron sus varitas hacia el intruso frente a ellos. Harry rodó los ojos, en verdad, ¿qué acaso no sabían nada? El Daywalker le sonrío a Kingsley.

—Baja esa inútil cosa, hombre tonto, tu magia no puede dañarnos — Harry miró al Daywalker sacar un pequeño objeto triangular de su capa y sostenerlo frente a los Aurores para que pudieran mirarlo mejor — Mi magia, por otro lado, sí puede — dijo el Daywalker antes de lanzar el pequeño artefacto hacia el pub, Harry sólo tuvo dos segundos para reaccionar, reconoció el objeto justo antes de que chocara contra la pared.

—¡ABAJO! — gritó Harry y se lanzó al piso llevándose a Draco junto a él y con la mano libre tirando la mesa a un lado para protegerlos a él y a Draco. La figura triangular choco contra la pared y, ante el grito de Harry, todo el mundo se tiró al suelo. En cuanto el objeto tocó la pared, explotó.

Un increíble estallido sacudió el pub y una gran llamarada salió del aparato. Todos cubrieron sus cabezas con sus manos y Harry y Draco miraron las flamas danzar por encima del borde de la mesa que los cubría. Harry escuchó varios alaridos de dolor y supo que no todos se habían podido proteger del fuego. Un denso humo negro comenzó a llenar el pub, Harry apenas si podía ver a Draco a pesar de que el rubio estaba a su lado. Escuchó a varios Aurores tratando de apagar el fuego y ayudar a las víctimas. Sabía que el fuego era mágico, en primer lugar, un fuego Muggle común no hubiese podido hacer el daño que había causado ese fuego. En segundo lugar, el aparato que había chocado contra la pared era uno que Harry ya había utilizado en varias ocasiones, trató de no pensar en el último lugar en el que lo usó y se concentró en salir de ahí con vida. A ciegas tomó el cuerpo que estaba enseguida de él, estaba seguro que era Draco. Tiró de él hasta dejarlo cerca de su cuerpo y le comenzó a gritar instrucciones para poder salir. Ambos se pusieron de pie pero seguían encorvados para alejarse de las flamas que seguían danzando en el techo del pub.

Harry dirigió a Draco hasta la salida del pub, ahora destrozado. Estaba listo para defenderse de los Daywalkers, pero al salir se encontró con que toda la entrada estaba rodeada de Aurores. Casi todos los ocupantes del pub habían salido rápidamente. Harry miró a dos Aurores sacar a un hombre que estaba terriblemente quemado, apartó la mirada, no soportaba mirar piel quemada. Cerró los ojos tratando de tranquilizarse. El ruido de la conmoción y muchos gritos lo obligaron a abrir sus ojos nuevamente, miró a su alrededor y miró a no menos de ocho Daywalkers caminando hacia ellos. Estaba listo para pelear protegiendo a Draco con su cuerpo, después de todo el chico era su mejor amigo. Pero antes de que Harry pudiera hacer algo, un enorme grupo de personas aparecieron frente a él. Miró a James y a Sirius protegiendo a los estudiantes de Hogwarts y a los habitantes de Hogsmeade, miró como los Aurores luchaban contra los Daywalkers.

Harry se distrajo por Draco, se giró para mirarlo apuntar hacia otra dirección, Harry siguió el dedo de Draco y miró lo que señalaba. A la distancia, más Daywalkers luchaban contra un grupo de personas, al principio no supo lo que Draco quería decir, hasta que miró el largo y rubio cabello moverse por entre la multitud, Harry abrió sus verdes ojos con sorpresa. Lucius Malfoy y muchos otros Mortifagos estaban luchando contra los Daywalkers también. Harry no pudo evitar sonreír, por primera vez, el Ministerio, la Orden y los Mortifagos estaban luchando en el mismo bando contra algo más.

—Bueno, eso es algo que no ve todos los días — bromeó Harry, Draco le dedicó una leve sonrisa pero miraba nerviosamente a su alrededor. Harry se dio cuenta que Draco estaba temblado y no lucía nada bien — Draco, ¿estás bien? — preguntó a su amigo. Draco se limitó a asentir con su rubia cabeza y continuó mirando alrededor como si luchara contra un desmayo próximo. Harry entendió, Draco nunca había estado en una situación tan peligrosa antes, siempre hablaba acerca de convertirse en Mortifago y ser muy poderoso, pero Draco nunca había estado en una situación amenazadora en su vida. Estaba entrando en pánico — Vamos Draco, esta es tu gran oportunidad. Siempre dices que quieres acompañarme a una de mis misiones. Sólo piensa que esto es una de ellas. ¡Pelea ahora! — Draco miró a Harry con el terror invadiendo sus ojos grises.

—No... no puedo — tartamudeó.

—Te lo dije, no estás hecho para este tipo de cosas — se burló Harry.

—No... no es eso. Es sólo... no tengo mi varita! — respondió Draco, Harry le dedicó una mirada incrédula.

—¡Qué! ¿A caso estás loco, Malfoy? Estamos en mitad de una guerra ahora ¿Y tú olvidas tu varita en la escuela? ¿A caso perdiste la cabeza? — le gritó Harry.

—¡Oye! Callate. No olvidé nada. Los estudiantes no tienen permitido traer sus varitas, habían muchos duelos ilegales llevándose a cabo en Hogsmeade entre los estudiantes, así que los profesores las prohibieron. ¡Ese patético Squib, Filch, se asegura de que no traigamos las varitas! — le explicó Draco con arrogancia. Harry se quedó mirando al rubio sin poder comprender lo estúpida que era esa regla. "¿Qué? ¿A caso viven debajo de una roca? ¿No se dan cuenta de lo peligroso que es salir sin varita?" pensó. Harry estaba desconcertado por tan absoluta ingenuidad, se dio cuenta de que Filch no lo había revisado, ya que Moody lo vigilaba, así que aún tenía su varita. "Muy útil ha de ser" pensó con amargura.

Harry miró a los profesores Snape y McGonagall correr hacia los estudiantes, antes de saber que estaba pasando, se vio arrastrado hacia la escuela por un mar de estudiantes. La profesora McGonagall los escoltaba lejos de la pelea y dirigía a los aterrorizados estudiantes hacia la escuela. Harry miró a varios estudiantes ya llegando a la reja del colegio. Todos se detuvieron dentro de los terrenos de Hogwarts. Después de preguntar si todos estaban bien con voz temblorosa, la profesora comenzó a mover su varita de aquí para allá buscando heridas en la gran masa de jóvenes. Sólo había cuatro estudiantes que habían sido heridos gravemente y los habían enviado directamente a San Mungo, sus nombre fueron dados a la profesora McGonagall y los añadió a un pedazo de pergamino que sostenía en su mano. Después de asegurarse que todos los demás estuviesen bien, la profesora pasó su varita por el pergamino y levanto la mirada preocupada. Recorrió a la multitud con la vista, sus ojos se detuvieron en los de Harry por un instante y supo que algo andaba mal. Algunos estudiantes faltaban y Harry sabía quiénes eran antes de que McGonagall dijera sus nombres. Hermione Granger, Ronald Weasley, Ginny Weasley y Damien Potter.