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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 31
James no supo como pudo sobrevivir, había pasado mucho tiempo dentro del Pensadero de Harry mirando todas sus memorias. Había muchas memorías de Harry con Voldemort, en cada una de ellas, podían ver como la relación entre ambos se hacía cada vez más fuerte. Esto provocaba que James se sintiera enfermo. ¿Cómo se suponía que convencerían a Harry que él era el único que podría destruir a Voldemort? ¡Nunca se atrevería a atacarlo!
A James no le importaba la profecía, pero sí le importaba que Harry sufriera. El dolor en su cicatriz se hacía obviamente peor conforme el chico crecía. Si Harry no destruía a Voldemort, entonces la cicatriz destruiría a Harry. James y Lily pasaron muchas noches hablando sobre las memorias que habían observado. Miraban como Harry crecía, entrenando y aprendiendo todos los diferentes aspectos de la magia. Miraron como Harry aprendía como luchar con no otro que Voldemort mismo. Bella le enseñaba encantamientos, casi todos eran de magia oscura, y Malfoy también le había enseñado alguno que otro. Se sorprendieron muchísimo al ver que Harry era muy amigo del joven Malfoy.
Había algunas memorias de lo más lindas con esos dos haciendo travesuras. Harry parecía vivir en ese castillo y muy raramente lo veían fuera de el. Era posible que todas las memorias del Pensadero tuvieran lugar en el castillo, James estaba seguro de que Voldemort no dejaría a su hijo salir de ese lugar, ya fuera por su seguridad o porque Harry no quería que saliera y mirara el verdadero mundo mágico. Había una memoria en particular que James encontraba de lo más divertida. Era de Harry a la edad de catorce años.
James y Lily miraron como un Harry adolescente trepaba en silencio por la ventana. Era muy tarde y el joven se aseguraba de no hacer ningún ruido. Justo cuando había terminado de subir y había caído en el piso de madera, una luz se encendió y Harry fue tomado por sorpresa. Lucius Malfoy estaba en la puerta apuntando a Harry con la varita.
Harry suspiró aliviado y continuó alisando su ropa. No parecía preocupado ante el hecho de que Lucius obviamente lo había atrapado entrando a hurtadillas. "*¿Por qué Harry usó la ventana del castillo en lugar de entrar por la puerta principal?"*pensó James. Lucius se acercó a Harry, se veía molesto y, demasiado bizarro para que James pudiera aceptarlo, preocupado.
—¿Tienes idea de qué hora es?— preguntó Lucius en un susurro. Harry miró el reloj en su muñeca y le dedicó a Lucius una sonrisa inocente.
—¿Me creerías si digo que son las 10 de la noche?— James podía asegurar, con sólo ver la oscuridad del exterior, que eran tempranas horas de la madrugada. Lucius miró a Harry sorprendido, la broma de Harry claramente lo había tomado fuera de lugar.
—¿Cómo pudiste, Harry?— preguntó Lucius.
—¿Qué? ¿Qué hice ahora?— preguntó Harry suspirando.
—¿Que, qué hiciste? ¡Estuviste fuera de la mansión toda la noche! Son las cuatro dela mañana, Bella y yo te estuvimos buscando por todos lados. ¿A dónde fuiste?— preguntó Lucius. Era claro que había estado muy preocupado. Harry le dedicó a Lucius una mirada graciosa.
—Sólo fui afuera.— respondió tranquilamente antes de alejarse de Lucius.
—¡Oh, claro, afuera! ¡Me pregunto cómo no se nos ocurrió revisar ahí!— dijo Bella entrando en la habitación en donde estaban Harry y Lucius. James y Lily miraron divertidos como Harry rodaba los ojos.
—¿Qué les pasa a ustedes dos?— preguntó Harry un poco molesto.
—Harry, sólo por que el Lord Oscuro esté fuera de la mansión ¡No significa que te puedas quedar fuera toda la noche!— dijo Bella acercándose a Harry. El chico le dedicó una mirada asesina antes de alejarse de ella.
—Puedo hacer lo que yo quiera.— respondió Harry mientras caminaba sacándole la vuelta a Bellatrix, intentando salir de la habitación.
—Príncipe, tienes que entender. El Lord Oscuro nos dejó a cargo y si algo llega a pasarte…— Lucius no pudo terminar la frase al imaginarse la horrible muerte que sufriría a manos de Lord Voldemort. Harry detuvo su avance y se giró para mirar a Lucius.
—Están a cargo de los Mortífagos, no de mí. Yo sólo respondo ante mi padre. Así que si él me pregunta en dónde estaba, se lo diré, pero no tengo por qué decirles nada a ustedes. ¡A dónde voy y lo que hago no les incumbe!
James y Lily no esperaban que Harry les hablara así a los mortífagos miembros del círculo interno. Pero a lo largo de las memorias, se dieron cuenta de que en verdad, Harry no respondía ante nadie, más que al mismísimo Voldemort.
El lugar al que había ido Harry esa noche no fue revelado. Muchas de las otras memorias siguientes eran de Harry regresando a casa tarde en la noche y nadie le preguntaba nada, ni siquiera Lord Voldemort. Parecía que Harry había crecido más independiente de lo que James había pensado.
Damien había pasado mucho tiempo con Sirius y Remus, quien había regresado de una misión que Dumbledore le había dado. La Orden estaba tratando de traer a los hombres lobo al lado de la Luz, pero sólo unos cuantos se habían unido, el resto habían sido persuadidos por Voldemort.
Remus se había sorprendido a sobre manera cuando le contaron lo que había pasado en su ausencia. Había permanecido en silencio mientras Sirius le contaba todo el incidente. Cuando el animago finalizó, Remus levantó la mirada hacia él.
—Así que, llevaron a Harry a Hogwarts, lo forzaron a estar en Gryffindor, lo obligaron a compartir habitación con Neville Longbottom, le hicieron atender a clases con una varita controlada, dejaron que Moody usara ese horrible brazalete en él, sin olvidar que dejaron que lastimara físicamente a Harry y después de todo eso ¡Lo amenazaron con mandarlo a Azkaban! ¿Y en verdad se sorprenden de que haya huido?— Remus sabía que todos estaban sensibles con el tema de Harry, pero se sentía horrorizado ante el trato que todos le habían dado a Harry, de hecho, estaba sorprendido que el chico se hubiese quedado ahí por 4 meses.
Remus se sintió extremadamente mal cuando Lily y James le contaron sobre las "falsas" memorias. Era algo realmente terrible de escuchar y el licántropo estaba aliviado al no haber tenido que verlas.
—Estoy sorprendido, Harry no te atacó antes, tuvo muchísimas oportunidades para hacerlo. Pudo haberlos matado a ambos mientras dormían.— pensó Remus en voz alta.
James recordó que Harry dijo algo similar, justo antes de lanzarlo por el acantilado. James le explicó a Remus que Harry quería su venganza, quería matar a James y culpar a Sirius por ello, y sólo perdonaría a Lily por Damien.
James odiaba lo que todo eso le hacía a su Damien. El chico había estado muy deprimido, y sin importar lo que le dijeran, no dejaba que nadie lo animara. James y Lily no habían dicho nada sobre Damien dejando ir a Harry, lo dejarían como secreto familiar. Si alguien más se llegaba a enterar y le informara al Ministerio, Damien estaría en un grave problema. El Ministerio ya perseguía a uno de sus hijos, James y Lily no podrían soportar que el ministerio quisiera a Damien por ayudar en el escape de Harry.
Pronto llegó el día para que Damien regresara a Hogwarts. James había dejado a Damien y Lily en la estación. James había tenido que ir a trabajar, así que fueron Sirius y Moody y otro grupo de Aurores los que escoltaron a los estudiantes de vuelta al colegio. Eso era lo normal ya que el terror que causaba lord Voldemort era tal que mantenía a los Aurores cuidando a todo el mundo mágico en cualquier momento.
Damien subió al tren e inmediatamente se vio atrapado en los brazos de Hermione. Damien se liberó y miró a la prefecta Gryffindor.
—Oh Damy, he estado tan preocupada. No respondiste ninguna de mis cartas. ¿Estás bien?— le preguntó Hermione.
—Estoy bien, Mione.— respondió Damien sin emoción mientras caminaba hacia el compartimento. Ron y Ginny ya estaban dentro y parecían estar en medio de una profunda conversación.
Lily se había unido a los demás maestros en el tren tratando de prepararse para el duro viaje que le esperaba. No le preocupaba el tiempo en el tren, eso se terminaría en unas cuantas horas. Era el viaje que tendría al enfrentar a tantos estudiantes y maestros y responder todo lo que les preguntarían acerca de Harry, eso hacía que Lily se sintiera mal. Si tan sólo se hubiese preparado mejor, su peor experiencia pasaría en unos minutos, justo en el Expreso de Hogwarts.
Harry sentía todo su cuerpo vibrar emocionado. Lord Voldemort había llamado a todos sus Mortífagos. Harry estaba de pie a la derecha de su padre, vigilando silenciosamente a los hombres enmascarados que estaban de rodillas frente al Lord Oscuro y su hijo.
Harry estaba de pie frente a todos los Mortífagos, sin su máscara plateada. Esa era la primera vez que tantos de los seguidores de su padre lo veían propiamente. Lord Voldemort le había explicado a Harry que ya no había necesidad de que usara la máscara, ya que la Orden y el Ministerio sabían como lucía. Había sido por la protección de Harry que Lord Voldemort había hecho la máscara para él, para que no lo reconocieran. Sin embargo Dumbledore se había asegurado de que el rostro de Harry fuera conocido por todos los Aurores, ya fueran del Ministerio o miembros de la Orden. Ahora no había diferencia si Harry usaba o no la máscara.
Harry miró a los hombres ponerse de pie ante la indicación e su padre. Sólo unos cuantos Mortífagos ya habían conocido a Harry antes. Eran a los que su padre les tenía confianza. Los otros miraban a Harry con miedo, asombro y envidia.
Harry había hablado con su padre esa mañana. Harry le había pedido que no llevara a Moody al castillo. Moody era un Auror muy bien entrenado y les hubiese tomado mucho tiempo y esfuerzo capturarlo. Harry preguntó si él mismo podía ir tras Moody personalmente.
Lord Voldemort miró a su hijo con una leve sonrisa en sus labios antes de volverse hacia sus seguidores y darles una sóla orden.
—Ataquen el Expreso de Hogwarts— Harry sonrió y miró a Bella que le sonreía de vuelta. ¡Su venganza sería de lo más dulce!
El Expreso de Hogwarts nunca antes había sido atacado. La idea de atacarlo nunca se les había ocurrido, ya que el reinado de terror de Voldemort estaba enfocado hacia los adultos. Además, había muchísimos magos y brujas de sangre limpia a bordo del tren que Voldemort ya consideraba como la siguiente generación de Mortífagos. Así que la presencia de un pequeño grupo de Aurores en el tren era sólo para calmar la histeria de lo padres porque sus hijos llegaran a salvo a Hogwarts.
El viaje del tren iba tranquilo y los ocupantes no tenían ni idea de lo que se avecinaba, en especial los cuatro adolescentes que estaban en el último compartimento. Ron, Hermione, Ginny y Damien discutían como sería Hogwarts ahora que la verdad de Harry se sabía y que Neville ya no estaba. Damien se sentía más miserable que nunca, pero de alguna manera no podía evitar el tema.
De pronto, el tren se sacudió y se detuvo, causando que varios de los ocupantes del tren fueran lanzados violentamente al piso. Parecía que el tren había sido obligado a detenerse. Ron ayudó a Hermione a ponerse de pie mientras Damien ayudaba a Ginny. Damien se dirigió a la puerta y la abrió de un empujón. Había una conmoción afuera. Muchos estudiantes corrían por el corredor gritándoles a los Aurores para ver que pasaba. Los Aurores parecían demasiados sorprendidos y sólo atinaron a mandar a los alumnos de vuelta a sus compartimentos. Damien vio el rostro de su madre entre la multitud que le gritó que regresara a compartimento y que se quedara ahí. Damien regresó dentro y los cuatro adolescentes se sentaron ahí, en medio de la conmoción.
Al parecer un árbol había caído en las vías y era por eso que el tren se había detenido de pronto.
—Bueno, será muy fácil de solucionar. Todo lo que deben hacer es levitar el árbol fuera del camino.— dijo Ron.
—¡Ronald, apenas si puedes levitar tu escoba y quieres tratar con un árbol gigante!— dijo Ginny dándole una patada juguetona en la pierna. Ron la miró mal cuando ella se río del sonrojo de su hermano.
—¡Cállate! No me refería a que pudiera levitarla yo. Quiero decir que los Aurores sólo tendrían que levitar el árbol fuera de las vías— dijo Ron lanzándole miradas avergonzadas Hermione.
—Bueno, eso es lo que probablemente hagan.— dijo Hermione sin apartar la mirada del diario el Profeta.
—Probablemente no quieran dejar el tren, ya que los Aurores van a tener que rodear el árbol para poder levitarlo. Es la única forma de que el hechizo sea lo suficientemente fuerte para levantar el enorme árbol.— dijo Ginny pensativamente mientras se asomaba por la ventana.
—¿Por qué los Aurores no querrían dejar el tren?— preguntó Ron confundido.
—Porque, Ronald, no quieren dejar el tren por si hay… ya sabes, un ataque o algo.— las palabras de Ginny murieron cuando se dio cuenta de lo que estaba sugiriendo. Damien apartó la mirada, no quería pensar en eso ahora.
—¿Quién atacaría el Expreso de Hogwarts?— preguntó Ron incrédulo.
De pronto un grito cortó la conversación, los cuatro se giraron hacia la ventana para ver que había sucedido.
—¡Demonios! Eso responde tu pregunta, Ron.— dijo Hermione cuando vieron que un mundo de hombres, todos vestidos con capas negras y usando máscaras, comenzaban a rodear el tren.
Había al menos cuarenta o cincuenta de ellos. Y sólo había diez, tal vez doce Aurores en el tren en ese momento. Los Aurores no serían nada contra ellos. El corazón de Damien se aceleró al ver a los hombres acercarse al tren. Sabía que estaban en serios problemas. Los Aurores no podrían con tantos Mortífagos.
Damien sintió que su corazón se detenía cuando miró quien dirigía a los Mortífagos hacia el tren. Harry caminaba a paso firme hacia ellos, encabezando el ejército de Mortífagos directo hacia el Expreso de Hogwarts lleno de estudiantes histéricos.
Sirius sabía que algo no andaba bien. Cuando el tren se había sacudido y detenido tan abruptamente, sabía que no era coincidencia el hecho de que un árbol cayera en las vías. Sirius había indicado que ningún Auror saliera del tren en ese momento. Moody lo apoyó mientras que los demás discutían para poder ir y mover el árbol. Fue sólo cuando escucharon los terribles gritos de histeria que se dieron cuenta que estaban rodeados de Mortífagos.
Sirius no perdió tiempo y rápidamente les ordenó a los alumnos que se alejaran de las ventanas, los demás Aurores cerraban las puertas y ventanas con hechizos. Lily ayudaba lo más que podía. No podía creer quien era el que lideraba a esos crueles hombres hacia el tren. Harry caminaba a la cabeza de los Mortífagos, era el único que no traía máscara.
Lily y Sirius se miraron, ambos completamente pálidos. ¿Qué harían ahora? Sirius no podría proteger a los estudiantes de Hogwarts y a Harry al mismo tiempo. Los otros Aurores irían por Harry primero. Lily le dedicó a Sirius una mirada suplicante ya que su garganta se había cerrado debido a la ola de emociones que sentía. Sirius asintió levemente a la pelirroja para asegurarle que protegería a Harry sin importar qué.
Harry se detuvo frente al tren. Sus hombres rodeaban la locomotora escarlata con sus varitas listas para atacar. Todos tenían miradas hambrientas cuando Harry se giró hacia ellos. Les habló clara y firmemente a todos los Mortífagos tras él.
—Recuerden mis ordenes, nadie entra en el tren. Si un estudiante sale solamente lo aturden, entendido. Si alguno de ustedes mata a un estudiante, yo mismo los mataré también. Estamos aquí por los Aurores, Moody en particular. El mensaje que enviamos al mundo mágico es que los Aurores no los pueden proteger, la verdadera protección está con mi padre. ¡Entendieron!
Los Mortífagos a su alrededor corearon un "¡Entendido!" y Harry volvió a girarse para mirar el tren escarlata. Harry ya les había explicado las reglas para el ataque de ese día en la mansión. Sin embargo, Harry quería reiterar el punto, ya que muchos de los Mortífagos se volvían un poco irracionales con esos ataques. Harry esperaba que los estudiantes se quedaran dentro del tren. De ese modo ninguno de ellos saldría herido.
Harry sacó su nueva varita y la sostuvo en su mano. Su varita anterior aún seguía en las manos de James Potter. Hasta que Harry pudiera recuperarla, tendría que usar la nueva varita que su padre había conseguido para él. Apuntó su garganta y murmuró un "Sonorus".
—¡Aurores! No tiene sentido que se oculten de nosotros. ¡Salgan del tren ahora o nosotros entraremos!— Harry no tenía intención alguna de entrar en el tren. Como le había explicado a los Mortífagos, los niños no eran el objetivo. Los Aurores eran los que serían atacados. De ese modo el mundo mágico vería que los Aurores que daba el Ministerio no podían protegerse a ellos mismos, mucho menos proteger a sus seres queridos. Muchas personas se volverían del lado de su padre una vez que supieran que Lord Voldemort era diez veces mejor que el Ministerio. Pero Harry tenía que amenazar a los Aurores o los cobardes no saldrían del tren.
La puerta del tren se abrió y doce Aurores salieron de el. Los ojos esmeralda de Harry se iluminaron al ver a Moody y Sirius salir en primera fila. Sabía de antemano que Moody estaría en el tren, pero el hecho de que Sirius también estaba presente hizo que su corazón diera un brinco. Podría acabar con los dos al mismo tiempo.
Harry siseó sus últimas ordenes a sus hombres.
—¡Moody y Black son míos!— Bella, quien era la que estaba más cerca de Harry, les repitió la orden a los demás. Los Aurores no tenían esperanza de sobrevivir a ese ataque. Los superaban en numero de 4 a 1. Lily estaba dentro del tren tratando desesperadamente de comunicarse con James. Siempre traía el espejo de doble cara con ella. Solía pertenecer a Sirius y James. Cuando se metían en problemas en Hogwarts, lo usaban para comunicarse entre ellos cuando les daban castigos en diferente lugar. Una vez que James se volvió Auror, dejaba a Lily sola durante mucho tiempo cuando iba a sus misiones. Sirius le había dado su espejo a Lily para que así pudiera comunicarse con James. Lily revolvía todo su equipaje, tenía que estar ahí, nunca sacaba ese espejo de su bolso.
Los estudiantes entraron en pánico y los estudiantes de séptimo año trataban en vano de calmarlos. A pesar de las advertencias que habían dado los Aurores, muchos de los estudiantes estaban pegados en las ventanas tratando de ver lo que sucedía.
Damien se sentía enfermo. ¡Cómo podía Harry hacer algo así! Harry era el Príncipe Oscuro, sí, pero él había dicho que nunca hería niños. Damien recordaba la primea vez que había conocido a Harry, su hermano mayor había dicho esas palabras exactas "No lastimo niños". ¿Por qué estaba ahí ahora?
Damien estaba sorprendido ante las acciones de Harry, pero aun así no quería que lastimaran a su hermano. La situación actual era una tortura para el chico. Si Harry ganaba la lucha, el tren sería atacado y Merlín sabe cuantos estudiantes morirían. Era posible que incluso Damien resultara realmente herido en el ataque. Por otro lado, si por milagro, los Aurores ganaban, entonces Harry sería definitivamente asesinado y no capturado. Aunque su captura sería peor, ya que el Ministerio ya había sentenciado al muchacho al beso del Dementor. Damien escuchó la puerta de su compartimento abrirse y se sorprendió más de lo que estaba al ver que era Draco Malfoy de pie en la puerta. Draco miraba fijamente a Damien, Ron fue el primero en hablar.
—¿Qué haces aquí, Malfoy?— le gritó a Draco. El rubio lo ignoró y le habló a Damien.
—Necesito hablar contigo.— dijo simplemente. Damien se dio cuenta de que, mientras los demás estudiantes estaban en pánico y al borde del colapso, Draco Malfoy no parecía preocupado por el ataque. De hecho estaba bastante cómodo con su pálido rostro completamente tranquilo, sin pizca de preocupación.
Ron estuvo a punto de gritarle a Draco que se largara cuando Damien se levantó y caminó hacia el Slytherin. Ron y las dos chicas pensaron que Damien se había vuelo loco.
—Ya vuelvo.— les dijo Damien.
Los dos chicos caminaron hacia los baños. Damien le dedicó a Draco una mirada graciosa y Draco sólo hizo un movimiento con la mano indicándole que guardara silencio. Draco abrió la puerta y vio a dos alumnos de primer año hechos bolita en el suelo, temblando descontroladamente aterrados. Draco sonrió de lado y les dijo:
—Saben, cuando atacan un tren el primer lugar que revisan son los baños.— los dos alumnos de primero gritaron y corrieron fuera del baño aterrados. Damien miró a Draco con incredulidad. Draco sólo se encogió de hombros y señaló su túnica con el escudo de Slytherin como si quisiera decir "¿Qué te esperabas de mi?". Damien negó con la cabeza y después entró en el baño siguiendo a Draco y cerró la puerta con llave.
—¡Entonces, Draco! ¿Por qué querías hablar conmigo, y más que nada, por qué en el baño?— Damien sabía la severidad de la situación, pero aún así no se imaginaba a que se debía eso. Draco rodó los ojos y miró mal a Damien.
—Tengo un mensaje para tí.— respondió simplemente. Los ojos de Damien se abrieron a más no poder. Sabía de quien era el mensaje, pero aún así preguntó.
—¿De quién?— Draco le dedicó al chico una mirada molesta.
—De tu hada madrina, ¿de quién crees?— escupió. Cuando Damien no respondió, el rubio continuó,—,de parte de Harry, dijo que te quedaras dentro del tren. No importa lo que pase, no salgas.
Damien miró a Draco con ojos entrecerrados.
—¡Quedarme en el tren! ¿Eso es lo que Harry dijo, quedarme en el tren? ¿Qué crees que soy idiota, Malfoy?— Draco apenas si había abierto la boca para responderle cuando Damien lo interrumpió,—¿Por qué diría eso Harry? El tren será atacado en cualquier momento. ¿Viste a los Aurores? ¡No duraran mucho! Harry habría dicho que huyamos lo más lejos posible de la pelea.
Damien estaba completamente enfurecido. Draco le estaba mintiendo. Trataba de poner a Damien y a todos los demás en peligro diciéndoles que se quedaran en el tren. Draco sonrió de lado a Damien y le respondió en su tranquila voz que arrastraba la palabras.
—Harry nunca le diría a alguien que huyera. Es más el tipo de quedarse y pelear, no muy Slytherin, pero así es,— Damien estaba a punto de volver a discutir cuando Draco lo interrumpió,— ¡Escúchame Potter! No tengo todo el día para hablar contigo. Ya te di el mensaje de Harry y es tu problema si lo escuchas o no ¡Pero si Harry te dice que te quedes abordo, entonces eso es lo que deberías hacer!
Draco estaba por abrir la puerta y salir cuando Damien habló. En un susurro le preguntó al rubio.
—¿Por qué? ¿Por qué quedarnos en el tren cuando Harry y los Mortífagos no tardaran en entrar?— Draco se giró y le dedicó a Damien una mirada altanera.
—Créeme Potter, si Harry quisiera entrar en el tren, ya lo habría hecho desde hace mucho— con eso dicho, el Slytherin abrió la puerta y dejó a Damien solo en el baño de los chicos.
Harry miraba a los Aurores con mirada hambrienta. Había pasado tanto tiempo desde que había estado en un duelo contra ellos. Sus ojos esmeraldas se fijaron en los grises de Sirius Black y pensó haber visto un relámpago de miedo ensombrecerlos. Harry sonrió para sí mismo. Black debería de tener miedo. Después de toda la tortura por la que lo hizo pasar cuando era niño, Sirius Black debía de tener su buena dotación de miedo también. Harry tomó su varita firmemente y esperó a que los Aurores atacaran primero. Rápidamente, Moody avanzó un paso y dio la señal, al instante muchos rayos de colores salieron volando en dirección a los Mortífagos, éstos se separaron y comenzaron a luchar.
Harry estaba listo para esquivar los dos rayos rojos que se acercaban rápidamente hacia él. Levantó su escudo de cuerpo completo. La burbuja azul se mantuvo y absorbió los dos "Stupefy". Bajo su escudo y les sonrió a los dos Aurores que lo habían atacado.
—Mi turno.— siseó Harry y le mandó un rayo anaranjado al Auror. El hombre de cabello castaño fue lanzado por el aire cuando el rayo le impactó en el pecho. El cuerpo del Auror golpeó contra el tren y después el suelo duramente.
Los estudiantes que veían el duelo gritaron aterrados cuando vieron al Auror impactarse contra el costado del tren, por milagro el hombre seguía respirando.
Los Aurores trataban lo mejor que podían bloquear la lluvia de maldiciones que venían hacia ellos de todas direcciones. Había muchísimos Mortífagos. Sirius estaba luchando contra tres Mortífagos al mismo tiempo.
Lily seguía buscando el condenado espejo. Al fin pudo sentirlo en el fondo de su baúl y lo sacó rápidamente.
—¡James! James!— gritó hacia el espejo. De inmediato, el rostro de James apareció entre la neblina blanca.
—¿Lily? ¿Qué sucede?— preguntó James alarmado ante el rostro bañado en lagrimas de su esposa.
—¡Nos están atacando, el Expreso de Hogwarts está bajo ataque!— gritó Lily sin poder hacer que su corazón se tranquilizara. El color del rostro de James desapareció de inmediato.
—Estaremos ahí en un segundo, Lils, mantén a los estudiantes abordo. Cierra las puertas y ventanas y no dejen que los Aurores salgan del tren. Deben proteger a los niños.
—¡James, los Aurores ya están afuera, están luchando contra los Mortífagos, son cerca de cuarenta!— gritó Lily. James maldijo y miró directamente a los ojos esmeralda de Lily.
—Lily, dime exactamente en donde estás.
Damien acababa de entrar en el compartimento de nuevo cuando escuchó el primer hechizo ser conjurado. Todos en el tren se tiraron al suelo cuando los hechizos volaron e impactaron con el costado del tren. Se las arregló para llegar a Ron.
—¡Todos deben de quedarse dentro del tren! ¡Los Mortífagos sólo están aquí por los Aurores!— gritó Damien por encima del caos de gritos en el tren.
Ron asintió con la cabeza y tomó la mano de Hermione, ambos prefectos se movieron rápidamente hacia los otros compartimentos para informarles a los demás. Damien y Ginny se asomaron por la ventana para ver la batalla que se llevaba a cabo frente a ellos.
Los Aurores encontraban muy difícil controlar la situación. No había modo de que sobrevivieran a esa batalla. Los Mortífagos no mostraban misericordia. Moody apenas había logrado dejar a tres Mortífagos aturdidos e iba a ayuda a uno de sus compañeros Aurores que estaba herido cuando Harry se puso de pie frente a él, bloqueándole el paso. Moody miró al chico de cabello negro de pie frente a él.
—¡Tenía razón con respecto a tí! Albus nunca debió tratar de salvarte. Tu perteneces a Azkaban.— le dijo Moody. Harry sonrió de lado al Auror y levantó su varita apuntando directo al corazón de Moody.
—Hay muchas cosas que Albus nunca debió hacer. Una de ellas fue dejar que te acercaras a mí.— antes de que Moody pudiera reaccionar, Harry le había lanzado una maldición. El Auror fue lanzado unos cuantos metros hacia atrás cuando el hechizo le dio en el pecho. Moody levantó su varita pero Harry le lanzó un "Expelliarmus" y la varita de Moody voló hacia Harry. El chico atrapó la varita en el aire y miró a Moody con diversión en sus ojos.
—¿Qué sucede Auror Moody? ¿No puedes contra mi cuando tengo mi varita? ¿Sólo eres capaz de combatir contra un chico de dieciséis años cuando está indefenso? Mira, te facilitaré las cosas.— Harry lanzó ambas varitas hacia un lado. Moody miró a Harry con la confusión nublando sus ojos disparejos. Harry tomó a Moody por el cuello de su túnica y lo hizo enderezarse. El viejo Auror se veía bastante inseguro ante el hecho de tener una pelea física con el adolescente, pero no se iba a dar por vencido.
Moody se apresuró y trató de lanzarle un puñetazo a Harry, el chico se apartó rápidamente y se río cuando Moody trató de voltear y atacarlo. Debido a su pierna falsa, era muy difícil para el Auror moverse tan rápido como lo hacía Harry.
El adolescente ignoró la desventaja de Moody y le lanzó tremenda patada al estómago. Moody cayó al suelo ante el impacto jadeando por aire. Harry tomó al Auror del collar de sus ropas y lo levantó otra vez. Harry lanzó su cabeza contra el rostro de Moody rompiéndole la desfigurada nariz.
Moody aulló de dolor y trató de parar la sangre que brotaba de su nariz con una mano y con la otra trató de lanzarle un puñetazo a Harry, el muchacho tomó la mano con la que Moody había tentado golpeado y, con un fluido movimiento, le rompió la muñeca, justo como había roto la de Ron. Moody tomó su mano rota mordiéndose los labios para no gritar de dolor. Harry le lanzó otra patada lanzando al Auror herido al suelo.
De pronto, Moody conjuró su varita y le apuntó a Harry mientras se sentaba desparpajado en el suelo. Harry sacó su otra varita de su escondite y volvió a lanzar la varita de Moody lejos. El Auror soltó alaridos cuando su mano, con la que hace unos segundos sostenía su varita, se cubría completamente de ampollas. Harry apuntó a Moody con su varita y conjuró un hechizo desconocido para el Auror que lo hizo gritar de agonía. Al principio pensó que era un Cruciatus, pero no lo era. Largas y pesadas cadenas al rojo vivo aparecieron alrededor del torso, piernas y brazos de Moody. El Auror gritaba en agonía hasta que Harry levantó su varita y todo desapareció dejando al hombre jadeando por aire.
Harry apuntó su varita hacia la cabeza de Moody.
—Desearía poder tener más tiempo para disfrutarlo, pero ya que llevo algo de prisa, me tendré que conformar.— Moody ni siquiera miraba a Harry, parecía estar al borde de la inconsciencia.— AVADA KEDAV…
Harry se interrumpió cuando algo lo tacleó por detrás mandándolo al suelo. Rápidamente se giró y vió a Sirius en el piso junto a él. La furia se apoderó de Harry mientas miraba a uno de los hombres que odiaba con cada fibra de su ser.
—¡Debes dejar de salvar a las personas que intento matar, Black!— exclamó Harry mientras se ponía de pie de un salto. Sirius también se levantó con su varita apuntándole a Harry.
—Aunque así lo quisiera, no creo poder hacerlo.— Sirius deseaba poder agarrar a Harry y desparecerse. Tenía a Harry tan cerca de nuevo y sólo quería capturarlo de nuevo, antes de que cualquier Auror lo atacara. Harry tenía que ser sacado de ahí.
—¡Creo que cometí un error, debí deshacerme de tí primero!— dijo Harry y al siguiente instante, estaba lanzando a Sirius lejos de él.
Damien miró como Harry atacaba a su tío Siri. Damien esperaba que la ayuda estuviese en camino antes de que la batalla entre su hermano y su tío resultara con la muerte de alguno de los dos. Cualquiera de las dos muertes sería devastadora para Damien.
Sirius se puso de pie como pudo, sólo para encontrarse con Harry golpeándolo de nuevo. A la tercera vez, Sirius pudo levantar su escudo, el hechizo de Harry era tan fuerte que casi quiebra la protección de Sirius.
El Animago no quería herir a Harry, pero no tenía oportunidad de salir vivo de esa situación sin atacar al adolescente. Trató de aturdirlo pero el muchacho esquivaba los hechizos fácilmente.
—Harry, por favor, escúchame, sé lo que crees que pasó cuando eras un niño. Por favor, déjame explicarte lo que…— Sirius no tuvo oportunidad de seguir hablando ya que Harry había lanzado su puño y le había dado a Sirius directo a la cara. Los ojos esmeralda de Harry hervían de furia.
—Justo cuando pensé que no podías llegar más bajo, Black. ¡Como si tu pequeño acto pretendiendo ser Bella no hubiese sido lo suficientemente malo, de verdad tienes los nervios para intentar explicar porqué ayudaste a torturarme cuando era niño! — antes de que Sirius pudiera decir algo más, sintió un terrible dolor en su pierna. Sirius gritó de dolor cayendo al piso. Se dio cuenta de que Harry había usado un hechizo rompe huesos en él. El Animago sintió que el hechizo lo golpeaba de nuevo, esta vez en la mano con la que sostenía la varita. Sirius gritó de nuevo cuando su brazo se rompió en al menos dos lugares diferentes.
Aún con sus ojos llenos de lágrimas, Sirius miró a Harry y como el rostro del chico estaba lleno de furia.
—¡Harry! Por favor no… sólo escúchame.— trató Sirius de nuevo pero lo interrumpió la maldición Cruciatus que Harry le había lanzado.
Un increíble dolor invadió el cuerpo de Sirius y no pudo evitar el grito que salió de su boca. Si cuerpo entero sufría un dolor indescriptible. Sirius sintió la maldición desvanecerse y estaba demasiado ocupado intentando recobrar el aliento como para darse cuenta del por qué Harry había dejado de torturarlo tan rápidamente. Abrió los ojos lentamente y sintió un dolor terrible en el pecho que nada tenía que ver con la maldición anterior, Damien estaba de pie frente a Harry, usando su cuerpo como escudo para proteger a Sirius. Harry seguía sosteniendo su varita pero ahora apuntaba hacia el suelo. Sirius trató de levantarse, pero el dolor de sus huesos rotos lo forzaron a permanecer en el suelo.
—Damy, vuelve al tren.— siseó Harry, había tenido que detener la maldición Cruciatus porque Damien se había puesto en frente protegiendo a Sirius.
Damien avanzó un paso desafiante mientras sacaba su propia varita. No había modo de que pudiera contra Harry, lo sabía. Había visto a Harry lanzar la maldición Cruciatus a Sirius y perdió el control. Salió del tren antes de que Ron o alguien más pudiese detenerlo.
—¡Damien! ¡Apártate del camino!— dijo Harry un poco más alto.
—¡Harry, por favor no lo hagas! El tío Siri no hizo nada. Por favor, detenente.— rogó Damien. Sabía que Harry apenas podía contener su enojo. Damien podía ver los nudillos de Harry completamente blancos ante la fuerza que usaba al tomar la varita.
—Damien, muévete.— dijo Sirius con voz débil, no estaba seguro de cuanto toleraría Harry la intromisión de Damien. No podía arriesgarse a que Damien resultara herido.
De pronto, un proyectil azul le dio a Damien y el chico salió volando violentamente hacia atrás. A pesar del terrible dolor que lo invadía, Sirius se las arregló para sentarse. No podía creer que Harry hubiese atacado a Damien. Sirius se dio cuenta un segundo después del por qué Harry había lanzado a Damien lejos. Un rayo de luz verde había pasado junto por el lugar en el que Damien había estado de pie hacia un segundo. Sirius miró a Harry y vio la rabia en sus ojos esmeraldas, el adolescente apuntó hacia el Mortífago que había lanzado la maldición asesina a Damien. Un rayo color morado salió de la varita de Harry y le dio al Mortífago en el pecho.
—¡Dije sólo aturdirlos!— rugió mientras el Mortífago volaba por el aire. Harry se apresuró a ir por su hermano.— ¡Damien!
Harry tomó al chico y tiró de él para ponerlo de pie. Damien parecía un poco confundido pero estaba bien. Harry no podía creer que Damien se hubiese puesto en semejante riesgo.
—¡Te dije que te quedaras en el tren! Maldición, ¡Damien, que nunca me haces caso!— gritaba Harry, si no hubiese visto el rayo verde venir hacia ellos, la maldición asesina definitivamente le hubiese dado a Damien.
Damien seguía confundido cuando Harry comenzó a arrastrarlo hacia el tren. Abrió la puerta con un movimiento de su mano causando que los estudiantes cerca de ésta gritaran aterrados. Harry empujó a Damien dentro del tren ignorando las súplicas del chico. Cerró la puerta y la bloqueó mágicamente. Damien se vió atrapado inmediatamente por sus amigos en un abrazo, luchó para separarse de ellos y se pegó a la ventana. Miró como Harry caminaba firmemente hacia el Mortífago que había intentado matar a Damien. Sin darle oportunidad para que se explicara, Harry levantó su varita y Damien jadeó al ver un proyectil de luz verde salir de la varita de Harry y darle al Mortífago en el pecho. El cuerpo sin vida del enmascarado cayó al suelo y no se movió más.
De pronto, una serie de "pops" se escucharon y cerca de cuarenta Aurores aparecieron en el campo de batalla. Harry miró a su alrededor para ver a los recién llegados y maldijo por lo bajo. Le dio una señal a Bella y todos los Mortífagos comenzaron a desparecer. Habían tenido éxito en su misión. El suelo estaba cubierto por Aurores caídos, sólo quedaban unos cuatro o cinco Aurores vivos. Harry miró de reojo a James Potter corriendo hacia el cuerpo de Sirius Black. Los ojos esmeraldas de Harry se fijaron en los avellana de James. El chico le dedicó una mirads fiera a James antes de desaparecer del campo de batalla junto con los Mortífagos.