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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 32
El Expreso de Hogwarts pudo llegar a la estación de Hogsmeade, cinco horas después. La mayoría de los estudiantes estaban felices de llegar a la seguridad del colegio mientras que otros querían enviar cartas a sus padres para que fueran y se los llevaran de ahí. Damien fue el único estudiante que fue llevado a casa. No estaba herido físicamente, pero se encontraba emocionalmente exhausto ya que había estado a punto de morir en el incidente del tren. Al principio, cuando Harry lo había atacado de esa manera, Damien había estado sorprendido a sobremanera. Fue sólo cuando miró al Mortífago ser castigado y que sus amigos se lo confirmaran que se dio cuenta de que Harry le había salvado la vida, de nuevo.
De los doce Aurores que iban en el Expreso de Hogwarts, sólo cinco habían sobrevivido. De esos cinco, dos estaban realmente heridos. Moody estaba en un estado de coma y Sirius se recuperaba de sus huesos rotos y otras heridas, sólo tres Aurores pudieron salir caminando del ataque.
James no podía creer que los Mortífagos hubiesen atacado el Expreso de Hogwarts. Era claro que el ataque iba dirigido directo a los Aurores, pero el mundo mágico había entrado en pánico ante la noticia. Todo el mundo culpaba al Ministerio por poner la vida de tantos niños en peligro. El Ministro Fudge parecía hundirse cada vez más en depresión y no dio ningún comentario sobre el incidente. El Ministerio había perdido siete Aurores y era todo culpa de Dumbledore. Él era el que había insistido en darle una oportunidad al Príncipe Oscuro, ¿y que había hecho el maldito niño cómo respuesta? Dirigir a un ejército de Mortífagos hacia un tren lleno de estudiantes. Fudge se encargaría luego de Dumbledore, ¡Tenía que arreglar su estatus como Ministro de Magia!
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El ataque al Expreso de Hogwarts no había sido exitoso. Lord Voldemort no estaba muy feliz que digamos. Había esperado a que Harry terminara con todos los Aurores. El Ministerio había perdido a siete hombres mientras que Voldemort sólo había perdido dos. El hecho de que uno de esos dos había sido asesinado por Harry era bastante perturbador.
Lord Voldemort había esperado hasta el día siguiente para cuestionar a Harry. Cuando el chico se acomodó frente al escritorio del Lord Oscuro, éste lo interrogó por la muerte de su Mortífago.
—Desobedeció una orden directa.— respondió Harry fríamente.
—¿Y cuál era la orden, Harry?— pregunto Voldemort nuevamente. Todo el incidente se lo había reportado Malfoy, pero Lord Voldemort quería escucharlo directo de los labios de Harry.
Harry no pareció preocuparse por las preguntas, pero Lord Voldemort notó el cambio de humor en Harry. Estaba realmente relajado al inicio de la conversación y ahora, Harry se comenzaba a incomodar.
—Ataco a un estudiante con la maldición asesina.— respondió Harry. Lord Voldemort observó a su hijo con sus ojos rojos.
—¿Es esa la verdadera razón de tu ataque?— Lord Voldemort notó la obvia inconformidad de su hijo ante la pregunta. Harry trataba de lucir relajado pero era obvio que no le gustaba la dirección que estaba tomando su padre.
—¿Eso importa? Harrison desobedeció mi orden directa. Les advertí a todos los Mortífagos que si mataban a un estudiante, yo los mataría a ellos. Harrison no me escuchó, así que pagó las consecuencias.— Lord Voldemort mantuvo su vista fija en Harry al preguntarle de nuevo.
—¿El estudiante que Harrison ataco, murió?— Harry miró a su padre, sorprendido ante la bizarra pregunta. ¿Por qué Voldemort preguntaría si el chico había muerto o no?
—No, no murió.— respondió Harry en voz baja, trataba de calmar su corazón que latía furiosamente en su pecho.
—Entonces, ¿por qué mataste a Harrison? Si ningún estudiante murió, ¿por qué sentiste la necesidad de matar a un Mortífago? Al menos, claro, que quisieras castigar al Mortífago por tratar de matar a un estudiante.
—Y si así fue, ¿por qué estarías molesto conmigo por mi reacción?— preguntó Harry. Lord Voldemort lo miró atentamente. No le gustaba la mirada acusadora que Harry le estaba dedicando en ese momento.
—Harry, tu dirigirás a estos hombres en el futuro. Si estás molesto con ellos o sientes la necesidad de castigarlos entonces lo puedes hacer. No me importa Harrison, si él te faltó al respeto tenías todo el derecho de castigarlo. Sin embargo, lo que quiero dejar en claro es que no toleraré que protejas a nadie del lado de la Luz, aunque sea un niño.— Lord Voldemort dejó que sus palabras hicieran efecto. Harry parecía a punto de discutir, pero lo pensó mejor.
—Padre, me disculpo si piensas que estaba protegiendo a alguien del lado de la Luz. Nunca protegeré a nadie si eso te causa algún daño. La única razón por la que ayude a Da… al chico, fue porque él me ayudó a escapar de Hogwarts. Sólo pagaba la deuda que tenía con él.— Harry esperaba que su padre le creyera esa vez. Lord Voldemort lo observaba fijamente. Después de lo que parecieron horas, por fin habló.
—Ahora la deuda esta pagada, quiero que te mantengas alejado de él. ¡La identidad de ese chico no me es desconocida! ¡Sé que es un Potter y sólo te voy a conceder el beneficio de la duda esta ocasión, voy a creer que lo salvaste porque es un inocente y no porque es un Potter!— Harry miró el rostro enojado de su padre. Su cicatriz comenzó a picarle pero Harry la ignoró.
—Padre, yo nunca…— comenzó a decir Harry, pero Voldemort lo interrumpió.
—Siempre respeté tu decisión de no herir niños, Harry. Yo mismo no deseo herir niños si no es necesario, pero esto es una guerra. No podemos escoger a los que matamos. Si un niño se interpone en nuestro camino, entonces no tenemos otra opción que pasar por encima de él.— Harry se removió incómodo ante eso y miró a su padre.
—Sabes que no puedo…— comenzó nuevamente Harry, pero Lord Voldemort lo interrumpió otra vez.
—Yo sé y entiendo tu punto, Harry, pero debes de olvidarte de tu niñez. Ya no eres ese mismo niño. Te hice más fuerte. Debes tratar de pensar como un guerrero, no como ese niño lastimado.— Harry asintió levemente y unos momentos después salió de la oficina de su padre diciendo que estaba cansado y necesitaba dormir un poco. Lord Voldemort se puso de pie y fue hacía la ventana pensando sobre Harry y su "cosa de salvar niños".
Si Lord Voldemort hubiese sabido que su plan de crear una niñez llena de abusos para Harry le iba a traer tantos problemas, lo hubiese pensado dos veces antes de cometer tales atrocidades con el niño. Sólo había hecho esos viles actos de crueldad para asegurar que Harry nunca quisiera regresar con los Potter, también para que el chico sintiera una gran deuda hacia Voldemort. Si Harry creía que nunca hubiese sobrevivido sin Voldemort, entonces nunca lo dejaría. Harry permanecería fiel a Voldemort sin importar qué.
Sin embargo, Lord Voldemort no había contado con que Harry desarrollaría tal sentimiento de protección hacia los niños. Harry había quedado tan traumatizado por sus "abusadores" que se había jurado a sí mismo que nunca se volvería como ellos y causaría ningún tipo de dolor a un niño. Harry lo había dejado muy en claro desde el principio de su entrenamiento y Lord Voldemort no tuvo otra opción más que aceptarlo.
Voldemort se había proyectado ante Harry como alguien diferente a los "abusivos" Potter. Le había dicho a Harry que él no lastimaba niños y que mantendría a los niños lo más alejados posible de la guerra. Ahora que Harry estaba a sólo un año de cumplir la mayoría de edad, se estaba volviendo más difícil mantener su palabra ante la debilidad de Harry. Su hijo tenía que cambiar, era la única forma de que sobreviviera para ser el siguiente Lord Oscuro.
Harry se sentó en su habitación perdido en sus pensamientos. Eso no era bueno. Lord Voldemort nunca había estado tan decepcionado de él. Harry sabía que proteger a Damien frente a todo el mundo no era un movimiento inteligente, pero no tenía otra opción. Ahora que su padre le había dado una orden directa para mantenerse alejado de Damien, Harry no podía hacer nada más que obedecerlo, aún si Damien se encontraba en problemas.
Harry frotó su cicatriz distraídamente. No le dolía, pero le picaba un poco, indicándole que su padre seguía molesto con él. Harry suspiró y se puso de pie. Iría a entrenar un rato, era la única cosa que podía distraerlo del desastre que era su vida en ese momento. Harry se dirigió a su guardaropa y sacó su traje para entrenar. Se quitó la ropa que llevaba y la lanzó al suelo, justo antes de ponerse su otro atuendo, algo llamó su atención. Estaba de pie frente al espejo y la luz de su habitación le había dado al Horrocrux en su pecho. Harry miró el pendiente por un minuto, sus ojos lo estudiaron cuidadosamente. Un plan se formó en la mente de Harry y el adolescente sonrió para sí mismo. Era perfecto, y si su plan funcionaba, entonces Harry sería capaz de proteger a Damien sin ser visto por nadie.
Harry se puso de nuevo su ropa y dejó el traje para entrenar en su habitación. Tenía que poner su plan en acción de inmediato.
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Damien regresó a casa. Todos estaban realmente descolocados con el ataque al Expreso de Hogwarts. Sus amigos le habían enviado muchas lechuzas preguntando si estaba bien y cuando regresaría a Hogwarts. Damien les había contestado que volvería pronto. James y Lily no habían dejado de revisarlo a pesar de que Damien no tenía ningún rasguño.
En ese momento, Sirius estaba abajo con James y Lily. El Animago había salido de San Mungo ese mismo día e iba a pasar unos cuantos días con los Potter para asegurarse de recuperar su salud por completo. Damien se sentía muy avergonzado ante el comportamiento de Harry. Trató de disculparse con Sirius pero el Auror sólo lo había abrazado fuertemente y le hizo prometer que nunca arriesgaría su propia vida de ese modo otra vez.
Había sido una reunión tranquila y agradable para Damien, con sus padres, su tío Sirius y su tío Remus, pero su cena se arruinó completamente por una lechuza que les llevó un pequeño avance del Profeta. Saldría la mañana siguiente. El Profesor Dumbledore la había mandado diciendo que el Ministro Fudge le había avisado esa tarde.
Lily había abierto el sobre color escarlata y soltó un grito sorprendida. Las lágrimas salieron de sus ojos inmediatamente. Al instante, James, Sirius y Remus corrieron hacia ella dejando a Damien solo en la mesa.
—¿Qué pasó? — preguntó Remus pasando un brazo por los hombros de la pelirroja.
Lily les mostró el pergamino a los tres hombres y miraron el extracto del Profeta que les habían enviado. Damien se acercó miró el pergamino también. Sus ojos avellana se abrieron a más no poder ante la sorpresa. El pergamino era una fotografía grande de Harry y debajo de ésta había un anuncio de recompensa para todo el que diera información de donde estaba Harry o cualquier pista que los llevara hacia él entonces el Ministerio los recompensaría con cinco mil Galeones.
Damien no podía creerlo. Todo el mundo mágico iba a estar cazando a Harry ahora. Los cuatro adultos se apresuraron a entrar en la sala para discutir eso.
—¡No pueden hacer esto, sólo tiene dieciséis años, no pueden hacer esto!— decía Lily histéricamente.
James hacía lo mejor que podía intentando calmarla. La verdad era que sí podían hacer eso. Harry era una amenaza para el Ministerio. Tenían que remover al chico del mundo mágico de una forma u otra. James comenzó a llamar a todos los miembros de la Orden mientras Sirius trataba de contactar a varios de los trabajadores del Ministerio para averiguar exactamente que sucedía. Remus se quedó con Lily para tratar de calmarla, la pelirroja seguía llorando descontrolada. Damien se quedó solo, perdido en sus pensamientos. Eso estaba destinado a pasar algún día, Harry estaba viviendo en tiempo prestado. Uno de esos días el Profeta anunciaría la captura de Harry y su sentencia al beso del Dementor. Damien sólo salió de sus pensamientos cuando su mamá lo apretó en un abrazo. El adolecente trató de no romper en llanto frente a todos, pero sus emociones estaban al borde. Damien se disculpó y corrió a su habitación.
Se sentó en su cama pensando en lo que acababa de suceder. Cinco mil Galeones era mucho dinero. Muchos magos y brujas estarían felices de perseguir a Harry por esa suma de dinero. Damien aún tenía el artículo en su mano. Lo había tomado sin darse cuenta. Lo lanzó en la cama y recargó su cabeza en sus manos.
Afuera en el Valle de Godric, una figura oscura trataba de encontrar el valor para poder entrar en la casa que había dejado hacía tantos años. Harry respiró profundamente mientras entraba en los cuidados jardines del Valle de Godric. Harry sabía que la casa tenía protecciones, pero como la mayoría de los escudos que se ponían, no impedían el paso de las personas que compartían la misma sangre que los ocupantes. Harry era un Potter de sangre, así que las alarmas no sonarían si entraba en la casa del Valle de Godric. Harry nunca pensó que entraría en esa casa de nuevo. "¿Qué demonios me has hecho, Damien?" pensó Harry mientras caminaba por un lado de la casa. El lugar estaba exactamente igual a como Harry lo recordaba. El color de las paredes del exterior, la forma en la que mantenían el pasto siempre bien corto e incluso el camino de rocas que llevaba hasta la puerta seguía ahí. Los Potter no habían cambiado nada en su casa.
A Harry lo recorrió un escalofrío involuntario al recordar la última noche en esa casa del infierno. Rápidamente montó su escoba y se elevó con cuidado en el aire. Por como recordaba, todas las habitaciones estaban en la planta superior. Encontrar la habitación de Damien iba a ser el problema. Lentamente y lo más discreto que pudo, Harry voló por las ventanas de las dos primeras habitaciones. Reconoció la habitación principal y la de invitados. La tercera debía ser la de Damien. Harry voló lentamente hacia la ventana abierta. En cuento dio un vistazo dentro, Harry vio la figura de Damien sentado en la cama con la cabeza en sus manos.
Harry voló enseguida de la ventana y con un fluido movimiento, Harry se sostuvo del marco de la ventana y se impulsó dentro de la habitación de Damien. Harry se quedó en la ventana mirando a su hermano frotarse los ojos. "¡Por Merlín, ni siquiera se da cuenta que hay alguien en su habitación!"
Harry consideró seriamente atacar al estúpido niño, no se daba cuenta del peligro en el que se ponía al tener la puerta abierta. Pero en lugar de eso, Harry caminó hacia el adolescente y se detuvo frente a él.
—Deberías cerrar tu ventana con seguro de ahora en adelante.— dijo Harry, el chico giró la cabeza a toda velocidad ante el sonido de su voz. Harry sonrió ante la expresión de sorpresa del chico, Damien se puso de pie y se lanzó hacia Harry rodeándolo con los brazos. Harry empujó al chico para que dejara de abrazarlo.— ¿Qué hay con los abrazos? — preguntó burlonamente.
—¡Harry! ¿Qué… qué estás haciendo aquí? — Damien esperaba que Harry hubiese decidido regresar a casa, pero sabía que ese no era el caso, ya que de ser así hubiese usado la puerta principal.
—Quería asegurarme de que estabas bien.— dijo Harry y Damien se sorprendió mucho al escuchar lo sincera que se escuchaba su voz. Damien sabía que Harry se preocupaba por él, lo había sabido desde el día del incidente con los Daywalkers, pero Harry nunca había dicho que se preocupaba por él con las palabras tan directas.
—¡Estoy bien, pero tú estás en muchos problemas Harry! — dijo Damien mientras se estiraba para tomar el pergamino con la recompensa por Harry.
Damien le entregó el pergamino a Harry. El adolescente tomó el pergamino y lo leyó rápidamente. Damien miraba a su hermano esperando su reacción. Para sorpresa de Damien, Harry sonrió ante la noticia y lanzó el pergamino de vuelta a la cama sin darle importancia.
—¿Es todo? Cinco mil Galeones. ¡Pensé que valía más que eso! — dijo Harry soltando una risa.
—¿Cómo puedes bromear con algo así? — exclamó Damien.
—¿Quién bromea? — respondió Harry con una sonrisa en su rostro.
—¡Harry! Parece que no entiendes lo malo de la situacion. Todo mago o bruja va a estar buscándote ahora, tarde o temprano darán contigo y te capturaran y después…— Damien no pudo seguir al pensar en el castigo que esperaría a Harry si eso pasara.
Harry puso una mano sobre el hombro de su hermano.
—Ya te lo dije Damy. No te preocupes por mí. Soy muy bueno en ocultarme. Nadie me encontrara si yo no quiero ser encontrado.— Damien abrió la boca para preguntarle que significaba eso, pero el chico de ojos esmeralda alzó una mano para detenerlo.— Damy, no tengo mucho tiempo. Sólo vine a ver si estabas bien. Quería decirte que el ataque al Expreso de Hogwarts no era dirigido hacia los estudiantes. Sólo estábamos ahí por los Aurores. Necesito que sepas eso.— Damien asintió con la cabeza. Ya sabía eso. Malfoy le había comentado que Harry no subiría al tren ese día.— También quería darte algo.— Harry pareció un poco incómodo cuando comenzó a sacar una pequeña caja del bolsillo interior de su ropa. Damien miró la caja con curiosidad. Harry le extendió la cajita al chico.
—¿Qué es? — preguntó Damien mientras tomaba el paquete de la mano de su hermano mayor. Harry le dedicó una mirada graciosa.
—¿Siempre tienes que preguntar cosas sin sentido? Si te fuera a decir qué es no lo habría puesto en una caja.— Damien sonrió ante el comentario de Harry. Rápidamente abrió la caja y miró el objeto dentro. Se quedó sin habla al verlo. Damien tomó el collar de plata. Era un pendiente en forma de ovalo con una piedra negra en medio. Estaba rodeado por una serie de pequeñas piedras. Damien podía sentir el poder emanar de la piedra negra cuando pasó un dedo por ella.
—¡Harry! ¿Qué es esto? — preguntó Damien.
—Se llama Lahyoo Jisteen. Es una piedra muy rara y el portador de ésta se beneficia en muchas formas— explicó Harry disfrutando de la mirada de asombro que tenía Damien.
—¿Qué es lo que hace? — preguntó Damien mientras tocaba suavemente la piedra negra con un dedo, estaba hipnotizado por la belleza de la piedra.
—Te protege de todo lo que necesites ser protegido.— respondió Harry.
—Pero, ¿por qué me das esto?, si alguien lo necesita más que nunca, eres tu.— dijo Damien. Por el tono del chico, parecía que pensaba que era un amuleto de buena suerte. Harry soltó una risa y le quitó el pendiente a Damien.
—Sólo considéralo un regalo de Navidad.— dijo Harry mientras le ponía el collar a Damien. El chico miró la piedra negra tornase roja y después de nuevo volverse negra.— Sólo prométeme que nunca te la quitaras. Puse un par de encantamientos en el pendiente para que no se rompa la cadena o no te lo quiten a la fuerza. La única persona que te lo puede quitar, eres tu. Necesitas jurarme que nunca te lo quitaras, ¿bien? — preguntó Harry con voz seria.
—Lo juro, nunca me lo quitaré.— le aseguró Damien. Miró el pendiente con afecto, era el primer regalo que le daba su hermano. De pronto se le ocurrió algo a Damien y miró a Harry un poco avergonzado.— No te di nada de Navidad,— dijo Damien en voz baja,— ¡Pero si te lo quería dar! Planeaba darte un equipo de mantenimiento para tu escoba. Planeaba comprarlo cuando fuéramos a Hogsmeade, pero cuando fuimos no te hablaba porque estaba enojado, así que se me olvidó. No tuve otra oportunidad de comprarlo en otra ocasión, ya sabes, con lo de tu huida y todo eso.— finalizó el chico mirando a Harry.
—No necesito un equipo de mantenimiento para mi escoba, no tienes que comprarme nada. Pero si hay algo que puedes hacer por mí, puedes considerarlo mi regalo de Navidad.— dijo Harry. Damien asintió con la cabeza.— Mi anillo. Lo deje en el dormitorio de Gryffindor. Probablemente siga ahí en algún lado. Cuando vuelvas a Hogwarts necesito que lo encuentres por mí. Dáselo a Malfoy, él me lo traerá a mí. Es muy importante que me lo devuelvas.— Damien podía escuchar lo preocupado que se escuchaba Harry.
—¿Te refieres al anillo negro y plateado que te dije que dejaras cuando pretendías ser el tío Siri?— preguntó Damien alzando una ceja. Harry tuvo la decencia de sonrojarse ante la memoria.
—Sí, ese mismo— Damien sonrió ante el rostro sonrojado de su hermano y decidió decirle la verdad.
—No está en el dormitorio de Gryffindor. Sabemos que el anillo es en verdad tu Pensadero.— el color de las mejillas de Harry desapareció rápidamente y pareció estar a punto del colapso ante la preocupación.
—¡Que! ¡En… encontraron el Pensadero! ¿Quién sabe de eso? ¿Qué es lo que han visto? ¿Por qué les diste el anillo?— preguntó Harry hirviendo de ira, Damien retrocedió un par de pasos.
—Harry, yo no he visto tus memorias privadas. Y no le di el anillo a nadie. El tío Siri fue el que encontró el anillo y se dio cuenta de que era un Pensadero. Sólo mamá, papá el tío Siri y Dumbledore saben de eso.— Harry miró a Damien con la mortificación cubriendo cada centímetro de su lindo rostro. "Dumbledore, Black y los dos Potter saben de mis memorias secretas" pensó Harry.
—¿Alguien más? — preguntó sarcasticamente.
—Um… sí, de hecho, el tío Remus también sabe de eso, pero no ha visto ninguna memoria.— añadió rápidamente cuando la mirada de Harry comenzó a asustarlo.
Harry se alejó de Damien y comenzó a pasearse en círculos. Damien se contuvo de mencionar lo mucho que se parecía a su papá en ese momento. Harry sentía que su corazón se quemaría ante el temor. Todos habían visto sus memorias. Sus secretos más oscuros y profundos estaban en ese Pensadero. Cosas que ni siquiera Lord Voldemort sabía y nunca se debía de enterar. Harry no podía soportar el sólo pensar en las consecuencias. Para suerte de Harry, había cerrado las principales memorias con encantamientos complicados que les tomaría un rato en romper. Harry se giró hacia Damien.
—¡Damien, debes ayudarme a recuperar el anillo! Bajo ninguna circunstancia Dumbledore debe de descubrir lo que hay oculto ahí. Dime todo lo que sabes sobre las memorias y en donde tienen el Pensadero.— Damien miraba el miedo en los ojos de Harry.
—Harry, ¿qué es lo que hay en esas memorias que te hace entrar en pánico de esta manera? — Harry comenzó a caminar en círculos de nuevo.
—¡No lo entiendes! Nadie sabe de las memorias que oculto, ni siquiera mi padre, y si se llega a enterar… ¡Damy estaría en muchísimos problemas! Mi padre nunca me perdonaría. Lo arruinaría todo.— Damien estaba muy sorprendido ante el ataque de pánico de Harry. ¿Qué era lo que había hecho para mantenerlo en secreto de Voldemort? Damien decidió que preguntaría después, primero tenía que calmar a su hermano histérico.
—Harry. Calmate. Puedo darte el anillo, o Pensadero, lo que sea. Está abajo. El profesor Dumbledore se lo dejó a papá ayer, algo sobre el Ministerio revisando su oficina o algo así. Tu espera aquí y yo iré por el.— Harry parecía a punto de desmayarse del alivio. Se sentó en la cama de Damien mientras el chico salía de la habitación cerrando la puerta con cuidado detrás de él. Damien sabía que no debería de regresarle el anillo a Harry. Después de todo, las memorias estaban ayudando a Dumbledore y a sus padres a entender mejor a Harry, pero después de ver la preocupación y pánico en el que entró Harry, Damien había decidido que debía regresarle el anillo. Después de todo no era justo que alguien invadiera su privacidad de ese modo.
Damien sabía que su papá había llevado el Pensadero a su habitación. Lentamente entró en la habitación de sus padres y encontró el Pensadero en una de las mesitas de noche de la habitación. Damien sabía que su papá nunca pondría una alarma o alguna trampa dentro de su propia casa, así que tomo el Pensadero y volvió rápidamente a su habitación.
Harry trató de calmarse tomando profundos respiros. No había contado con que alguien se diera cuenta de que el anillo era en verdad un Pensadero.
Había pensado que simplemente lo olvidarían pensando que era un olvido de alguno de los chicos. Se maldijo mentalmente por no haberse llevarlo el anillo con él. Había planeado regresar al dormitorio y tomarlo d nuevo, pero con James Potter sobreviviendo al accidente, Harry apenas si había tenido tiempo de escapar. Harry se puso de pie y se paseó por la habitación de Damien. Era grande, pero comparado con la habitación de Harry en la mansión Riddle ese cuarto parecía una celda. Inclusive el baño de Harry era más grade que eso. Pero para una casa normal, la habitación de Damien era bastante cómoda. Harry miró los posters de Quidditch en las paredes y en ese momento el chico entró en la habitación con el Pensadero en sus manos. Harry soltó un suspiro de alivio y corrió hacia Damien.
—Gracias, Damien.— dijo Harry tomando el Pensadero en sus manos. Pasó una mano por encima del Pensadero y volvió a ser el anillo negro y plateado que era en un principio. Harry se puso el anillo y levantó la mirada hacia Damien, se miraba mucho más tranquilo.
—Harry. ¿Qué memoria tienes ahí que causa que te asustes de esa manera? — preguntó Damien. Harry sacudió su cabeza y apartó su mirada del chico.
—No puedo explicarlo Damy, es muy complicado.— Harry se giró para salir de la casa,— Damy, ¿sa…sabes que memorias vieron Dumbledore y los demás? — preguntó Harry con una expresión asustada.
—Miraron algunas de tu niñez y unas cuantas más. Escuché al profesor Dumbledore decir que está tratando de romper unos encantamientos para poder ver otras memorias, pero hasta lo que yo sé, no lo había logrado.— Damien vio el alivio invadir el rostro de Harry.
—Muy bien, esta bien. Mira Damien, me tengo que ir. Quiero que sepas que no puedo venir a visitarte así, es muy peligroso. Sólo recuerda que prometiste nunca quitarte el pendiente. Aunque sea para mostrárselo a alguien, ¿de acuerdo? — Damien asintió con la cabeza. De ponto, al recordar las memorias de la niñez de Harry, Damien recordó algo importante.
—¡Harry! Espera, olvidé decirte algo…— antes de que Damien pudiese seguir, la voz de su padre lo llamó desde el piso de abajo.
—¡Damy! Damy, ven abajo.— Damien corrió hacia la puerta y la abrió de golpe.
—¡En un minuto, papá!— gritó Damien.
Damien se giró para mirar a Harry pero se encontró con que éste ya se había ido. Corrió hacia la ventana y vio a Harry volando por el aire en su escoba. El chico maldijo por lo bajo, había querido decirle a Harry sobre la modificación de sus memorias cuando niño y decirle de el traidor Wormtail. Harry podría descubrir la verdad si encontraba a Wormtail. Después de todo, él había sido el que había llevado a Harry con Voldemort, tal vez Harry le creería a él.
Harry estaba muy agradecido porque Damien hubiese aceptado el pendiente. El Horrocrux en su pecho le había dado la idea. Justo como el Horrocrux no podía ser removido de su cuello por nadie más que él mismo o Lord Voldemort, el Layhoo Jisteen sólo se podía quitar por Damien o Harry. Mientras Damien mantuviera el pendiente en su lugar, nada lo dañaría. Más importante aún, ningún Mortífago podría tocar a Damien. De ese todo, el chico estaría a salvo y si por azares del destino sus caminos se cruzaban de nuevo, Harry no tendría que ir a ayudarlo tan evidentemente.