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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 33

El día después de la visita de Harry, fue probablemente el peor día en la vida de Damien. Comenzó terriblemente. Sus padres y su tío Sirius seguían conversando sobre la recompensa que daba por Harry. Damien se sentó callado en la mesa, sabía que debía decirles sobre la visita de Harry la noche anterior, pero Damien estaba preocupado por la seguridad de Harry. Sus padres no podrían protegerlo del Ministerio. Al menos en donde Harry estaba ahora estaba protegido de cierta manera de las personas que intentaban dañarlo.

El día empeoró cuando James se dio cuenta de que el Pensadero de Harry no estaba. Damien se sentó en silencio mientras James, Lily y Sirius buscaban por toda la casa, trataron de conjurarlo y todos los métodos que se les ocurrían. Damien odiaba el sentimiento de culpa que sentía al ser él el que había robado el Pensadero, pero era sólo porque él quería regresarlo a su dueño.

Después de la desastrosa mañana, la tarde empeoró. James estaba de pésimo humor y había llamado a Dumbledore por la chimenea, el anciano se había aparecido en el Valle de Godric de inmediato. Después de muchos hechizos, el Pensadero seguía sin aparecer, Damien decidió salir un momento. No era el sentimiento de culpa por lo que había hecho lo que lo molestaba, sino el miedo a lo que le pasaría si Dumbledore lograba descifrar que él lo había tomado. Damien sacó el pendiente de entre sus ropas y paso su dedos por la piedra negra, se sintió mucho mejor inmediatamente.

—Espero que este amuleto me proteja de mamá y papá también.— se hubiera reído de su propio comentario de no haberse dado cuenta que Harry probablemente había puesto muchos encantamientos para protegerlo de sus padres "*abusivos".*El chico suspiró y se sentó en los escalones de piedra que iban hacia la puerta trasera de la casa. Aún no podía creer que Harry lo había visitado la noche anterior. Al principio había creído que todo había sido un sueño, pero el peso del pendiente en su cuello le aseguró que no lo había soñado. Damien deseó haberle podido decir a Harry sobre Wormtail. Probablemente no le hubiese creído, pero todo lo que tenía que hacer era sembrar la pequeña semilla de la duda. Eso sería suficiente para que Harry investigara la verdad.

Damien escuchó que lo llamaban y se dirigió hacia adentro nuevamente. Su tío Remus lo esperaba.

—Hola tío Remy, ¿cuándo llegaste? — preguntó Damien después de abrazarlo.

—Justo ahora, hay un completo caos ahí dentro.— comentó Remus mirando hacia la sala.

Ya le habían dicho a Remus del Pensadero desaparecido. El hombre lobo había notado que Damien no estaba y había pensado que tal vez el chico se sentía ignorado. Se había ofrecido a que, mientras James, Lily, Sirius y Dumbledore discutían sobre el Pensadero, llevaría a Damien a dar u paseo. Después de todo, Damien no volvería a Hogwarts hasta dentro de unos días. Cuando regresara a la escuela estaría en un ambiente más hostil. El ataque al Expreso de Hogwarts sería una excusa para que molestaran a Damien sin compasión en la escuela. Esa había sido la verdadera razón por la que Dumbledore lo había enviado a casa, hasta que el humor de todos bajara un poco. Y ahora con la noticia de la recompensa por Harry, todo se volvería peor para Damien. Las cosas se podrían difíciles para el chico, así que necesitaba una escapada.

Damien y Remus fueron al Caldero Chorreante en el Autobús Noctambulo. Damien amaba ese autobús Se preguntó si Harry había viajado en el alguna vez. "Probablemente no" se contestó a sí mismo. Remus había planeado un día entero en el Callejón Diagon. El lugar tenía todo para mantener la mente de Damien ocupada. Se pasaron tres horas en el Callejón, comprando de todo un poco, comieron una deliciosa comida en uno de los pubs. Justo cuando Damien comenzaba a relajarse, escuchó los gritos aterrados fuera del restaurante.

Sintiendo como su cuerpo se tensaba, Damien se giró para poder mirar por a ventana. Afuera había muchos hombres vestidos con capas negras y máscaras blancas, atacaban a las personas en el Callejón Diagon. Damien sintió que tiraban de su brazo y miró a Remus. Su tío estaba más pálido de lo normal y tenía la vista fija en los hombres afuera.

—¡Damien! Rápido, ven conmigo.— Damien se puso de pie con ayuda de Remus y los dos corrieron hacia la puerta trasera. Justo cuando pusieron un pie fuera, se escuchó una gran explosión. El pub en el que habían estado hacia unos segundos ahora estaba ardiendo en llamas. Remus y Damien cayeron al suelo por la fuerza de la explosión. El Licántropo rápidamente tomó al chico y lo puso de pie.— ¡Tenemos que regresar al punto de aparición! ¡Vamos, por aquí! — gritó Remus por encima del caos.

Damien sólo pudo asentir con la cabeza y correr junto a Remus. Se dio cuenta que el ataque al Callejón Diagon era diferente al del Expreso de Hogwarts. Los Mortífagos parecían no estar organizados y lanzaban hechizos al azar. No había más propósito en el ataque más que causar caos. Damien se dio cuenta de que Harry no estaba ahí, no acompañaba a esos Mortífagos.

De pronto, dos Mortífagos les cerraron el paso a Remus y Damien.

—¡Miren nada más, si es el hombre lobo y su pequeño lobezno! — se burló el hombre enmascarado.

Damien tenía su varita en la mano, pero no podía pensar en que hechizo lanzar. No era muy rápido lanzando hechizos o recordando movimientos de varita, no era nada bueno aún para combatir en un duelo. Remus mantenía su varita apuntada hacia los Mortífagos.

—¡Salgan de mi camino! — exclamó Remus e inmediatamente levantó un escudo para protegerlos a él y a Damien de las dos maldiciones que volaban hacia ellos.

Damien pudo sentir la fuerza del impacto que provocaron los hechizos. Damien sabía que Remus podía con dos Mortífagos, no tenía problemas con eso, pero mantener a Damien a salvo al mismo tiempo iba a ser difícil. En ese momento el chico estaba completamente en blanco a causa del pánico, se había olvidado del Layhoo Jisteen en su cuello.

Remus bloqueó otra maldición y les lanzó un hechizo de desarme a los Mortífagos, el hechizo rebotó y se les regresó. Damien trató de conjurar un hechizo el mismo pero no tuvo efecto. El chico maldijo mientras se agachaba para esquivar el hechizo. "*¿Por qué Harry no pudo enseñarme una cosa o dos sobre duelos?"*pensó Damien.

De pronto, una de las maldiciones rompió el escudo y le dio a Remus de lleno en el pecho. Damien soltó un grito al ver que su tío era lanzado por el aire lejos de él. El adolescente vio a su tío golpear una pared y después colapsar en el suelo con un ruido sordo. Damien tenía su varita lista para protegerse, pero su mente estaba en blanco. No podía recordar nada de lo que le habían enseñado en Defensa Contra las Artes Oscuras y tampoco lo que había aprendido en el Club de Duelo. Pero no se rendiría, levantó su varita y se concentró en conjurar un escudo.

Los dos Mortífagos rieron y le enviaron un Cruciatus a Damien. Sin nada más con que protegerse, Damien se lanzó fuera del camino. En cuanto se movió, otra maldición vino directo hacia él. Damien no era lo suficientemente rápido como para evadir la segunda maldición también, así que cerró los ojos y esperó sentir el peor dolor imaginable. El rayo rojo fue directo hacia él y justo cuando estaba por impactar con Damien, golpeó un tipo de barrera y desapareció.

Damien estaba tendido en el suelo, sorprendido a más no poder por lo que había pasado. La maldición Imperdonable había desaparecido y no le había hecho daño. El otro Mortífago salió de su shock por la sorpresa y corrió hacia Damien. Estaba por tomar al niño insolente y exigir una explicación, pero justo cuando estiró su brazo para tomar al chico, una fuerza invisible lo golpeó y lo mandó lejos. Damien se sorprendió aún más ante eso, no sabía como es que nada le hacia daño. Cuando Damien se puso de pie, sintió el pendiente golpear suavemente su pecho debajo de su ropa, entonces se dio cuenta, "¡Por supuesto, el Layhoo Jisteen me está protegiendo!".

Damien sintió una ola de gratitud hacia Harry invadirlo. A eso se refería al decir "proteger de todo lo que necesites ser protegido". Entonces, Damien sintió una mano en su hombro, se giró rápidamente para ver el rostro sorprendido de Remus. El Licántropo tenía un hilo de sangre bajando por un lado de su cara, pero parecía que estaba bien.

—¿Cómo… cómo hiciste eso? — preguntó Remus.

—Yo… no lo sé.— respondió Damien, no quería decirle a nadie del regalo que le había dado Harry.

—Vamos, tenemos que salir de aquí.— dijo Remus mientras miraba a Damien calculadoramente. Podría preguntarle al chico sobre sus habilidades en duelo una vez en casa.

Damien estaba sentado frente a sus padres y su Director. Sus dos tíos estaban sentados a ambos lados de él. No podía evitar sentir que lo iban a interrogar por lo que había sucedido en el Callejón Diagon. Y por supuesto, en cuanto Remus terminó de explicar lo que había pasado con los Mortífagos atacando a Damien, todo tipo de preguntas comenzaron a escucharse. Damien estaba callado, pero su mente estaba trabajando al cien por ciento. ¿Qué iba a decir? ¡Su tío Remus le había dicho a todos que Damien no había pronunciado ningún hechizo! ¿Cómo es que Damien iba a explicar eso sin mencionar a Harry y el Layhoo Jisteen?

—¡Damy! ¿Nos estás escuchado? — la voz de Lily interrumpió los pensamientos del chico.

—Si… sí, estoy escuchando.— respondió Damien.

—Bueno, ¿entonces nos dirás como le hiciste para derribar a dos Mortífagos? — preguntó James. Al contrario de Lily, James no estaba preocupado por el hecho de que Damien hubiese podido contra dos Mortífagos. ¡Estaba muy orgulloso! Quería saber los detalles de lo que su hijo había hecho.

Damien se removió incómodo ante el entusiasmo en la voz de su padre. Si esos malditos Mortífagos le hubieran lanzado otra maldición, sería más fácil inventar algo para decirles. Sin embargo, las Imperdonables no podían ser boqueadas, ¿entonces qué iba a decir Damien? Además de estar bajo el ojo calculador de Albus Dumbledore. Damien estaba cansado de pensar en una excusa que sonara creíble.

—Um… Yo… Yo no sé que pasó, en realidad. Simplemente me concentré en levantar un escudo, es todo.— Damien estaba diciendo la verdad. El cómo la maldición no le había dado, no lo sabía, sólo se había concentrado en el escudo.

—Es muy difícil levantar un escudo sin varita, de hecho hay sólo unas cuantas personas que lo pueden hacer. Intenta recordar lo que pasó más cuidadosamente.— dijo Dumbledore a Damien con un tono de voz que decía que sabía que estaba mintiendo. Dumbledore había vivido rodeado de niños la mayoría de su vida y no necesitaba usar Legremancia para saber cuando un niño estaba mintiendo o no decía todo lo que sabía. Damien comenzó a entrar en pánico, ¿ahora qué les decía?

—Creo que ha tenido demasiado drama por un día, ¿no creen? — intervino la voz de Sirius, Damien lo miró agradecido.— Tal vez deberíamos hablar de esto después, se ve bastante pálido.— continuó mirando a Damien.

—Damy, si pudieras darnos la memoria y nosotros la vemos para…— comenzó a decir James pero se interrumpió por el grito de pánico de Damien.

—¡No! Qui… quiero decir, sólo… sólo quiero descansar un momento. Tal vez así se me aclare la mente.— James y Lily miraron a su hijo, podían decir que algo no estaba bien. Damien había estado muy extraño toda la mañana. Después de que el chico salió a su habitación, los tres adultos se sentaron e la sala tratando de averiguar que era lo que le pasaba a Damien.

Al fin, Remus tuvo una idea.

—¿Por qué no ven mi recuerdo del ataque?, tal vez haya algo ahí que ustedes puedan ver y que yo haya pasado por alto.

Todos miraron el recuerdo del ataque al callejón Diagon. Vieron a Remus siendo lanzado hacia atrás lejos de Damien y los dos Mortífagos. El Licántropo había podido mirar a Damien justo cuando el Cruciatus viajaba hacia el chico. La maldición venía directo al muchacho, todos lo vieron levantar las manos intentando protegerse. Nadie, excepto Dumbledore, notó el leve brillo que rodeaba a Damien, sólo por un momento. El brillo parecía provenir de Damien y cuando la maldición lo golpeó, el brillo la absorbió. Eso era lo que protegía al chico. Cuando el segundo Mortífago se acercó a Damien y trató de tomarlo por el brazo, fue lanzado por el aire lejos del muchacho. En esa ocasión no hubo brillo y de pronto, Dumbledore supo exactamente lo que había sucedido.

Cuando salieron de la memoria de Remus, Dumbledore les pidió a Lily y James que trajeran a Damien nuevamente. Los confundidos padres fueron por Damien mientras Sirius y Remus le preguntaban a Dumbledore qué sucedía. El anciano permaneció en silencio mientras sacaba lentamente la varita.

En cuanto Damien entró en la habitación, el director le lanzó una maldición. Nadie en la habitación tuvo tiempo de salvarlo. Damien soltó un grito de sorpresa y todos miraron como la maldición de Dumbledore desapareció justo antes de darle a Damien. Todos quedaron en silencio mirando a Dumbledore sorprendidos.

—¡Que jodidos, Dumbledore! ¿Qué crees que estás haciendo? — gritó James hacia el anciano.

—Probando un punto.— respondió Dumbledore sin dejar de mirar a Damien. El adolescente palideció cuando comprendió que el profesor ya había descubierto todo.

—¡Creo que debes explicarnos en que pensabas con atacar a Damien! — dijo Lily muy alterada.

—Querida Lily, creo que es el joven Damien Potter quién nos debe una explicación.— Damien aceptó la derrota, ¿por cuánto más podría ocultar la verdad? Estaba destinado a ocurrir, tal vez era mejor decirlo ya. Damien se sentó y trató de no mirar a sus padres.

—Bien, ¿qué es lo que sucede? — James preguntó de nuevo mirando directamente a Dumbledore.— ¡No puedes simplemente venir y comenzar a atacar a mi hijo, Dumbledore! — continuó, Dumbledore le sonrió y después miró a Damien.

—¿Quieres explicar lo qué pasa, o debo aventurarme a adivinar? — le dijo Dumbledore a su estudiante. Damien miró al director y negó con la cabeza. Sería mejor si él explicaba todo.

—Yo… um… tengo que decirles algo, chicos.— comenzó Damien dirigiéndose a todos en la habitación, despues de todo, sus tíos también tenían derecho de escuchar eso. Los adultos se sentaron y miraron confundidos a Damien.— Debí haberles dicho esto anoche, pero um… anoche, um… H… Harry vino a visitarme.— Damien mantuvo la vista fija en su regazo, de ese modo no tendría que ver los rostros sorprendidos de todos. Incluso Dumbledore no se había esperado una visita de Harry. Damien siguió contando lo que había sucedido.

—Entró por mi ventana, estaba muy sorprendido de verlo y todo. Él… él me dijo que había venido para ver si estaba bien.— Damien se ahogó con las emociones que lo invadieron al decir esas palabras. Por suerte, todos guardaron silencio dejando que el chico hablara.— Dijo que quería que supiera que el ataque al Expreso de Hogwarts era sólo para los Aurores, no para los estudiantes. También dijo que quería que supiera que él nunca atacaría a los estudiantes. Entonces me dio algo.— Damien sacó el pendiente de entre sus ropas con una mano temblorosa. Todos miraron la hermosa piedra negra en la mano de Damien.

—Harry me dijo que era una… una piedra Layhoo Jisteen, y que traía algo así como buena suerte. Le dije del anuncio sobre la recompensa que tenían por él y le dije que debería quedarse con esto ya que él lo necesitaba más que yo, pero él sólo se río y me dijo que el pendiente era un regalo de Navidad.— Damien dejó de hablar para mirar la expresiones de todos. Dumbledore fue el primero en hablar.

—¿Qué más te dijo del pendiente?

—Me dijo que nunca me lo quitara y que me protegería de todo lo que necesite ser protegido.— el entendimiento llegó a las mentes de todos al instante. Entonces era eso lo que había defendido a Damien de los Mortífagos y eso era lo que el profesor Dumbledore intentaba probar. James trataba de calmar el enojo que comenzaba a formarse dentro de él hacia Damien. Harry había entrado a su casa, había estado en el Valle de Godric y Damien no les había dicho. Damien había dejado que Harry saliera de la casa de vuelta con aquel monstruo.

James se puso de pie y caminó hacia Damien. Sintió a Lily tratar de detenerlo tomando su mano, pero James sacudió para zafarse. Se paró delante de Damien tratando de suprimir la rabia que sentía para poder hablar.

—¿Por qué no nos dijiste que Harry había venido a casa? — preguntó con voz tranquila. Damien levantó la mirada hacia James, no podía responder esa pregunta.— Harry volvió a casa, ¿y tú simplemente lo dejaste salir de nuevo? ¿No pensaste que era importante informarle a tus padres? ¿Ese pensamiento no cruzó tu mente? ¡Damien! ¡Respóndeme! — Damien miró el rostro enojado de su padre y se removió alejándose de él. Sirius y Remus se acercaron y trataron de calmar a su amigo.

—Prongs, no, es sólo un niño. Es injusto esperar que sepa que hacer en esas circunstancias.— dijo Remus poniendo una mano en el hombro de James. Sirius trataba de calmar a Damien.

—Tranquilo, peque, no sabías que hacer. Esta bien.— trató de hacer que el tembloroso chico se relajara.

—¡No, NO esta bien! — gritó James. Damien y Sirius pegaron un brinco ante el grito.— ¡No esta bien que Damien haya hecho algo así! ¡Harry estuvo bajo el mismo techo que nosotros anoche por Merlín sabe cuánto tiempo y Damien decidió mantener esa información en secreto!— James continuó gritando. Lily miraba de James a Damien, no sabía si debía gritarle al chico también o tratar de calmar a su pobre hijo.

—¡Pudiste habernos dicho! ¡Pudimos haberle explicado todo a Ya-Sabes-Quien! ¡Pudimos haberle dicho la vedad! ¡Pudimos haber traído a Harry de vuelta, pero no, no pensaste Damien, simplemente fuiste e hiciste lo que tu loca cabeza quiso y dejaste ir a Harry! — Damien finalmente se levantó, su rostro ya no mostraba miedo. De hecho estaba enojado con su padre.

—¿Y cómo es exactamente que planeas hacer que Harry te escuche? ¿Cómo harás que Harry vea la verdad! ¡Atándolo a una silla de nuevo, o tal vez encerrándolo en una habitación, o haciendo que un Auror loco lo lastime hasta que se de por vencido! ¿Por qué Harry te escucharía, papá? ¿Qué has hecho para hacer que Harry quiera confiar en tí?— Damien respiraba fuertemente y tenía lágrimas de enojo en sus ojos. Sabía que no debía de hablarle así a su padre, pero Damien estaba más allá de su propio control ahora.

—Damien, yo hubiese hecho todo lo necesario para proteger a Harry, para asegurarme de que él…— James se interrumpió ante el sonido de la risa de Damien. Miró a su hijo, riendo sarcásticamente ante sus palabras.

—¿Proteger? ¡Quieres proteger a Harry! Dime papá, ¿cómo planeas protegerlo cuando las mismas personas para las que trabajas están tras su sangre? "Cinco mil Galeones por el que ayude a captura a Harry Potter" eso era lo que decía el anuncio, ¿no es así? ¿Cómo dices que lo quieres proteger cuando dejaste que Moody lo lastimara en muchas ocasiones? — James estaba sin habla. Damien nunca había empleado ese tono con el antes. No lo admitiría hasta despues, pero Damien tenía razón. James había permitido que Harry sufriera cuando estaba bajo su cuidado.— Al menos Harry está a salvo en donde esta. Ya-Sabes-Quien no dejará que nadie lo lastime.— Damien dijo eso sin considerar el efecto que sus palabras tendrían en sus padres. Lily se acercó y tomó a Damien por los hombros.

—¿Cómo te atreves a decir algo así? ¿Cómo puede Harry estar a salvo con un monstruo como ese? Él es el que se llevó a Harry lejos de nosotros. No le importa Harry, sólo lo quiere para utilizarlo como soldado. Damy, Harry pertenece con nosotros. ¡Es un miembro de nuestra familia! — Damien miró los ojos esmeralda de su madre y vio el dolor en ellos.

—¿Cómo puede ser Harry un miembro de esta familia, mamá? No le darán oportunidad ni siquiera de intentarlo. ¿Quieres saber por qué no detuve a Harry para que no se fuera? Lo hice por que sabía que si Harry se quedaba aquí, sería arrestado por el Ministerio. Alguien de la Orden, como Moody le diría al Ministro Fudge. Harry no estaría a salvo aquí. No me importa si Harry vive con nosotros o no. No me importa si se llama a sí mismo un Potter o no. Lo único que me importa es si sobrevive. Quiero que Harry viva, mamá, sin importar si no es con nosotros.— Lily tenía lágrimas recorriendo sus mejillas y su corazón se rompía conforme Damien hablaba. James estaba de pie a unos cuantos pasos de ello, también afectado por los sentimientos de su hijo.

De pronto, James se dio cuenta de que Harry había estado en su casa la noche anterior, y el hecho de que el Pensadero no apareciera no debía ser coincidencia. James sintió su enojo resurgir al caminar de nuevo hacia Damien.

—Damien, ¿le diste de vuelta el Pensadero a Harry? — le preguntó. Damien miró a si padre, la respuesta ya estaba en los ojos del chico cuando miró desafiante a James.

—Sí.— respondió Damien. La habitación se sumió en absoluto silencio. Damien estaba esperando la reacción de sus padres. James podía escuchar la sangre rugir en sus oídos. En ese momento no confiaba en él mismo para mantener el control, así que retrocedió un par de pasos para alejarse de su hijo menor. Ni siquiera podía hablar debido a la ira que sentía dentro de él.

—¿Damy?— Lily fue la primera en hablar. Había soltado los hombros de Damien y se había alejado, como si dudara que en verdad fuera su hijo.

—Sé que están muy molestos conmigo y lo siento, pero no era justo para Harry. Debieron ver lo preocupado que estaba cuando supo que sabíamos del Pensadero. Entró completamente en pánico y me rogó que lo ayudara a encontrarlo. Dijo que si Ya-Saben-Quien se enteraba de esas memorias que había ocultado entonces se enojaría muchísimo con él. ¡Harry de verdad se veía asustado! No pude evitarlo. Me sentí muy mal por él, así que entré a tu habitación y le regresé lo que en realidad le pertenece a Harry.— ante las palabras de Damien, Dumbledore intervino. Estaba intentando no entrometerse en el debate de los Potter, pero Damien había aportado datos muy importantes acerca de las memorias de Harry.

—Damien, ¿qué más dijo Harry sobre sus recuerdos? — preguntó Dumbledore inmediatamente.

—Nada más, sólo que estaría en muchos problemas si su padre se enteraba de lo que hay en ellos.— respondió Damien.

Dumbledore se las arregló para calmar a los dos padres y le pidió a Sirius que se llevara a Damien a otra habitación por un momento. Cuando el chico y el Animago se fueron, Dumbledore trató de calmar a los destrozados Lily y James. Después de hablar por un rato con ambos padres, al fin logró que se calmaran y volvieran a pensar racionalmente. Sirius y Damien volvieron a la sala. James y Lily, más calmados gracias a Dumbledore, decidieron que no le hablarían al chico hasta que se calmaran por completo.

—Entiendo que estén enojados, pero no desahoguen su frustración en Damien. Es sólo un niño, su propósito principal era salvar a su hermano. Harry ha mostrado una emoción que yo tenía la esperanza que poseyera. Arriesgó todo por venir a ver a Damien, para darle ese regalo para protegerlo. Harry en verdad se preocupa por su sangre, por su hermano. Eso mismo era lo que intentaba lograr cuando llevé a Harry a Hogwarts.— Dumbledore miró los rostros confundidos y entristecidos a su alrededor.— ¿Alguno de ustedes sabe algo sobre la piedra llamada Layhoo Jisteen? — preguntó Dumbledore. Cuando los cuatro adultos respondieron con un "no", Dumbledore continuó su explicación.

—El Layoo Jisteen es una piedra muy rara. Sólo hay tres especímenes conocidos en el mundo. Dos de ellos están protegidos por el Ministerio. El tercero llevaba perdido por muchos años y bueno, creo que lo encontramos esta noche. La piedra tiene la capacidad de contener una gran cantidad de energía. Puede ser utilizado para varias cosas, pero nunca se ha utilizado para protección. Se pueden conjurar muchos encantamientos en él para que el portador quede protegido de algunos peligros. Hubo un ligero brillo alrededor de Damien por un momento cuando fue atacado por primera vez. Es por eso que reconocí el poder de la piedra. Cuando se usa por primera vez, la piedra reconoce al portador y forma un vinculo con él. Mientras Damien use ese pendiente, nada malo le podrá pasar. Si se lo quita entonces será susceptible al peligro de nuevo. Si intenta dárselo a alguien más, la protección no servirá con esa persona. El pendiente protege a Damien y sólo a Damien.

Damien escuchaba tranquilamente, sus ojos estaban fijos en el suelo y se negaba a mirar a sus padres, por miedo a perder el temperamento de nuevo. Los cuatro adultos continuaron discutiendo sobre la piedra y aparentemente nunca se había utilizado para dar protección antes. Era básicamente una piedra de la que no todos sabían, poseía la habilidad de absorber mucha magia. Era por eso que Damien estaba protegido contra los Mortífagos. El profesor Dumbledore les explico que Harry había hechizado la piedra para que nadie que portara la Marca Tenebrosa pudiese acercarse a Damien, era por eso que el Mortífago había salido volando cuando se acerco al chico. ¿Exactamente cómo Harry había conjurado un hechizo tan poderoso en la piedra?, el profesor no lo sabía.

—Deseo compartir algo con todos ustedes.— continuó el profesor Dumbledore. Damien levantó la cabeza para mirar al director.— Me pesa mucho ya no poder mirar la niñez de Harry, pero no te culpo, Damien. Sólo tratabas de hacer lo que era mejor para tu hermano. Sin embargo, antes de darte el Pensadero, James, pude salvar unas cuantas memorias. Las saqué por que fueron algunas de las que pude quitar las protecciones que tenían. Las saque del Pensadero por qué planeaba verlas más adelante. No lo pude hacer debido a la visita del Ministro a Hogwarts anoche. Traigo esas memorias conmigo y creo que nos beneficiaría ver que contienen. Aún hay muchas memorias protegidas en el Pensadero que me pesa mucho no poder ver.

Damien sintió su rostro arder de vergüenza. En verdad no tenía idea de que las cosas se pondrían tan mal. Había apartado la mirada de sus padres. Se sentía apenado pero repetiría la acción una y otra vez. Siempre ayudaría a Harry sin importar si sus padres o cualquier otra persona estuviera de acuerdo o no.

—Damien, ¿quieres ver estas memorias?— preguntó Dumbledore. El chico giró la cabeza sorprendido ante las palabras del director.

—Dumbledore, no creo que Damien deba ver nada de lo que Harry ha hecho…— comenzó a decir Lily, pero Dumbledore la interrumpió.

—Lily, creo que debemos dejar que Damien vea lo que hemos estado observando en los recuerdos de Harry. Tal vez si hubiese entendido nuestro propósito, no hubiese actuado como lo hizo.

Lily y James no se veían contentos con el hecho de que Damien mirara los recuerdos de Harry. Francamente, el que Harry ocultara esas memorias en particular era desconcertante. ¿Qué era lo que Harry había hecho que necesitaba ocultar los recuerdos? Pero entendían que Dumbledore tenía razón. Si hubieran involucrado a Damien un poco más, tal vez no hubiese pensado que estaban invadiendo la privacidad de Harry. Estaban intentando comprenderlo.

El Director, James, Lily, Sirius y Remus se pusieron de pie junto al Pensadero de Dumbledore. El anciano le indicó a Damien que se les uniera. El chico se movió lentamente hacia el grupo. Se sentía mal por mirar los recuerdos privados de Harry, pero al mismo tiempo no podía soportar la curiosidad que lo invadía. Dumbledore sacó un pequeño frasco que contenía un fino humo plateado. Vertió el contenido en el Pensadero y les indicó a James y Lily que ellos fueran primero. Con una última mirada a Damien, los Potter entraron en el Pensadero. Sirius y Remus lo siguieron y después Dumbledore y Damien. Cuando los pies de Damien tocaron el suelo, se encontró con una horrible escena delante de él. Una casa grande se quemaba delante de él. Las flamas quemaban cada esquina de la preciosa casa blanca y el humo negro llenaba el aire. Damien se giró para ver a Harry de pie con dos pequeños niños aferrados a él. Fue entonces que Damien miró a Madame Pomfrey de pie junto a un hombre rubio, tal vez era su marido. Harry tosía y jadeaba por aire. Sus ropas estaban cubiertas de hollín y los dos niños aferrados a él también estaban cubiertos de una fina capa negra.

Madame Pomfrey y su esposo tomaron a los dos niños y comenzaron a besarlos. Harry se sacudió un poco de hollín mientras retrocedía unos pasos. Miraba la escena delante de él. Los frenéticos padres cubrieron a sus hijos de besos. Madame Pomfrey le agradeció a Harry una y otra vez. El chico pareció salir de sus pensamientos y le sonrió.

—No tiene de qué, ¿qué pasó? — preguntó Harry mientras terminaba de sacudirse la ropa.

—Mortífagos.— dijo Poppy asustada. Los ojos de Harry ardieron de ira al mirar a los dos niños.

—No se preocupe, no volverán a molestarlos.— dijo Harry a la enfermera.

—¡No paraban de decir que me merecía e… esto… sólo porque ayudo a los niños en Hogwarts! — decía Poppy mientras continuaba buscando heridas en sus pequeños.

Harry la miró de nuevo, parecía luchar contra la rabia que se apoderaba de él. Se giró y tomó su escoba. Antes de que pudiera montarla, Poppy lo llamó.

—¡Disculpa! No te agradecí propiamente. Salvaste las vidas de mis hijos, estaré en deuda contigo de por vida.— Harry sacudió su mano y forzó una sonrisa.

—En verdad, no hay de qué.

—¿Cuál es tu nombre? — preguntó Poppy mientras su marido se acercaba lentamente hacia ellos.

—Harry.— respondió el chico mientras montaba su escoba.

—¿Harry? ¿Harry qué? — preguntó el esposo de Poppy, era la primera vez que hablaba. Harry le sonrió.

—Sólo Harry.— respondió dando una patada en el suelo y alzándose rápidamente alejándose de ellos.

Damien sintió como todo comenzaba a girar a su alrededor. Cuando terminó, estaba de pie en una habitación oscura. Parecía ser un sótano, estaba muy oscuro y la única fuente de luz eran las antorchas en las paredes. Damien compartió una mirada con Sirius cuando los seis se dieron cuenta de que estaban probablemente dentro del hogar de Lord Voldemort.

Harry estaba de pie a unos cuantos pasos de Damien. Su ropa ondeaba detrás de él mientras caminaba a toda prisa por el sótano. Había unos cuantos Mortífagos sentados en una esquina. Parecían estar bebiendo y riendo sobre algo en voz alta. Los ojos verdes de Harry brillaron de furia antes de correr hacia ellos. Con un movimiento de su mano, Harry mando volar la mesa en la que estaban los Mortífagos. Las botellas de Whiskey de Fuego se estrellaron contra el suelo. Los Mortífagos parecían sorprendidos, algunos incluso habían sacado sus varitas, pero cuando vieron al causante de la conmoción, se paralizaron.

Harry le gritaba a un Mortífago en particular, al que James y Lily reconocieron como el desafortunado Nott. Los tres Mortífagos obviamente eran parte del círculo interno, ya que Harry no llevaba puesta su máscara plateada. Harry mandó volar a dos de los Mortífagos con otro movimiento de su mano. El único que quedó fue Nott. El chico lo tomó por el cuello de su ropa y lo estrelló contra la pared. Harry debía tener unos quince años, y había logrado estampar a un adulto contra la pared. Nott parecía aterrorizado ante el muchacho.

—¿Cuántas veces vas a joder tu trabajo, Nott? Pensé que había quedado muy en claro. ¡NO DEBES ATACAR NIÑOS! — gritó Harry.

Nott ni siquiera podía asentir con la cabeza, su feo rostro estaba deformado y le costaba respirar. Respondió haciendo un extraño sonido con la nariz. Harry volvió a estrellarlo contra la pared.

—¡Si no puedes dejar de lastimar niños, Nott, entonces yo puedo ayudarte con eso! — Harry sacó su varita y le apunto al hombre.— ¡Tal vez la pérdida de miembros te haga reconsiderar tu conducta con ellos! — Nott jadeó y comenzó a luchar contra el agarre de Harry.

Damien deseó poder salir de esa escena. De verdad no quería ver a alguien perder ningún miembro, incluso si la víctima era un desagradable intento de hombre que disfrutaba haciendo sufrir a niños indefensos. En ese momento, Lucius Malfoy entró y alejó a Harry de Nott, quien estaba poniéndose azul debido a la falta de aire. Todo comenzó a girar de nuevo y Damien cerró los ojos, todo el movimiento lo hacía sentirse mareado.

Cuando Damien abrió los ojos una escena de lo mas bizarra lo sorprendió. El chico estaba de pie en medio de una multitud de personas. Parecían estar gritando su apoyo a alguien. ¡Había muchísimas personas! Damien miró hacia su derecha y vio a sus padres y a su tío Remus con la misma expresión de sorpresa. Parecía que estaban en algún tipo de club o fiesta o algo así. Sin embargo, eso no era lo más bizarro del asunto. Las personas en sí eran extrañas. No llevaban puestas ropas de mago o bruja, vestían como Muggles, Muggles muy desaliñados a decir verdad. La mayoría sostenían jarras con forma graciosas en sus manos y bebían de ellas. Damien nunca había visto algo como eso antes. El olor que inundaba el lugar hacía que Damien se sintiera mareado. Era una mezcla de sangre y sudor. El ruido de los gritos y maldiciones hacía que la cabeza del chico retumbara dolorosamente. ¿En dónde demonios estaban? ¿Y por qué nada de ese lugar era familiar? Parecía que ni siquiera estaban en el mundo mágico. Entonces la verdad cayó en Damien como una tonelada de rocas. No estaban en el mundo mágico. Estaban a mitad de una fiesta Muggle. ¡Esos eran Muggles!

Damien se giró y miró a Dumbledore observarlo. Él también había entendido en donde se encontraban. Le dedicó una sonrisa. Damien comenzó a buscar a Harry. Este era uno de sus recuerdos, así que debía de estar por ahí. ¿Por qué Harry iría a un lugar como ese? Estaba lleno de Muggles. "*¡Oh por favor, díganme que no va a tacarlos!"*suplicó Damien mentalmente.

De pronto la multitud que ya estaba haciendo muchísimo ruido, estalló en aplausos y gritos ensordecedores cuando los nombres de dos personas fueron anunciados. Damien se dio cuenta de que había una plataforma en mitad de todo el alboroto. Estaba rodeada por cuerdas rojas, parecía ser una especie de jaula. Los nombres que habían sido anunciados fueron rápidamente aclamados por la multitud.

—¡Vamos, Jason! ¡Vamos, Jason! — algunos gritaban, pero la mayoría coreaba otro nombre.

—¡Alex! Alex! ¡Vamos, Alex! — Damien miró a su alrededor buscando a Harry, tenía que estar por ahí. ¿Por qué Damien no lo encontraba?

Justo entonces, Damien miró a dos chicos entrar en la plataforma rodeada por cuerdas. Sintió su corazón dar un brinco al ver quién era uno de esos dos muchachos. Ahí, en medio de la plataforma, vestido con ropas Muggles y sonriendo como si estuviera disfrutando al máximo del momento, estaba su hermano.

Harry se veía mucho mayor, su cabello negro y alborotado estaba igual, incluso mas alborotado que nunca, pero se veía más alto y su rostro parecía mucho mayor. Parecía tener alrededor de veinte años. Era obvio que había tomado una poción o se había aplicado una clase de encantamiento glamour para verse mayor. Harry sonrió de lado hacia el otro muchacho, era una cabeza más alto que Harry y mucho más fuerte. El muchacho rubio también miró a Harry con una sonrisa.

—Tu primero Jason, vas a necesitar una ventaja.— dijo Harry.

—¡Como desees, Alex! — respondió el chico de cabello rubio.

Damien miró los rostros de completa sorpresa de sus padres. Harry estaba siendo aclamado por esos Muggles, era una locura. Sólo que ellos lo conocían como Alex. Mientras Damien miraba con el corazón desbocado, Harry dejó que el otro chico, Jason, le lanzara un puñetazo. Harry se movió rápidamente y la multitud enloqueció aún más, gritando todo tipo de cosas a Harry.

Harry parecía no prestar atención a la multitud y comenzó a pelear fieramente con el chico llamado Jason. Damien miró como su hermano golpeaba el rostro del rubio antes de lanzar su pierna y darle a Jason en el estómago. La pelea terminó en menos de tres minutos. Harry había ganado y todos vitoreaban ruidosamente. Harry no parecía darse cuenta de que todos gritaban por él cuando saltó fuera de la plataforma y caminó hacia la salida. Damien estaba sin habla. Había visto a Harry luchar contra los Daywalkers, pero nunca habría imaginado que era de esta forma de la que Harry había aprendido a luchar.

La neblina plateada los rodeó y Damien se sorprendió al mirar que se encontraba en una enorme habitación. No tuvo oportunidad de mirar alrededor cuando el sonido de dos personas discutiendo llamó su atención inmediatamente. Damien miró al rubio Slytherin de pie con una expresión de enojo hacia Harry, discutían en voz alta.

—¿Por qué irías a un lugar como ese? ¿Acaso has perdido la cabeza? — preguntó Draco.

—¿Qué demonios hacías mirando en mis cosas en primer lugar, Malfoy? — gritó Harry.

—¡No sabía que me iba a encontrar con algo como eso ahí! — Draco señaló el Pensadero negro, que ahora descansaba en un enorme escritorio de caoba.— Es ahí a donde vas en las noches que sales, ¿no es así? — preguntó el rubio entrecerrando sus grises ojos hacia Harry, quién se alejó del Slytherin y se dirigió hacia el Pensadero.

—Debes dejar de fisgonear entre mis cosas, Draco. Nunca se sabe, uno de estos días me provocarás demasiado— la voz de Harry estaba llena de veneno.

—¡No respondiste a mi pregunta! ¡Te escapas por las noches para ir a encontrarte con Muggles! ¿Por qué? — preguntó Draco bastante enojado.

—¡Porque quiero y porque puedo, bien! — respondió Harry en voz baja y mortífera.

—Harry, ¿te das cuenta de lo que el Lord Oscuro te hará una vez que se entere de que te has reunido con asquerosos Muggles sin decirle nada? ¿Quieres morir de una manera lenta y horrible? Porque eso es lo que te pasará.— Draco en verdad sonaba preocupado por Harry, lo que era de lo más bizarro para Damien.

—Draco, tengo una buena razón para hacer esto. A diferencia tuya, tengo un propósito para mis acciones.

—¡En serio! ¡Bueno, por qué no me iluminas, Harry! ¿Qué posible propósito tendrías para vestirte como Muggle y luego ir y luchar con ellos? — preguntó Draco soltando una risa burlona. Harry miró detenidamente a Draco por un momento y después pareció decidirse por algo.

—Bien, quieres saber por que voy a los clubes de pelea Muggle. ¿Recuerdas el incidente con Nott? — preguntó Harry sin dejar de mirar al rubio.

—¿Te refieres a cuándo te atacó cuando tenías siete años? — preguntó Draco.

—Sí, bueno, desde ese incidente no he podido dejar de pensar en algo. ¡Estaba completamente indefenso contra Nott! Sin mi varita no soy nada. Mis poderes sólo están ahi cuando tengo mi varita. No puedo protegerme sin ella. Aún después de que estudié magia sin varita, sólo hay unos cuantos hechizos que puedo hacer de ese modo. Así que me puse a pensar. Si pudiera aprender combate físico entonces podría ser poderoso con o sin varita. De ser necesario, podría defenderme si me la quitaran. ¡Además, ya que ningún mago se ha molestado en aprender combate cuerpo a cuerpo, tendría una gran ventaja sobre ellos! — Harry decía todo en voz baja, pero la emoción era clara en su voz.— La única razón por la que no le dicho nada a mi padre es porque él se preocuparía por mi bienestar. ¿Sabes lo que los Muggles le hicieron a el cuando estaba en el orfanato, no? — Draco y Harry se estremecieron al recordar las horribles historias que Voldemort les había dicho sobre los Muggles que lo habían torturado.— Pero una vez que aprenda a luchar propiamente, planeó mostrarle todas mis nuevas habilidades. ¡Le confesaré todo! Sé que estará molesto al principio, pero después, creo que verá lo poderoso que me he vuelto.

—Harry, estás igual de obsesionado con el poder como mi papá.— bromeó Draco, el comentario, sin embargo, hizo que la expresión de Harry se ensombreciera.

—El poder lo es todo, Draco. Sin poder, no era nada. Era tratado peor que un animal sólo porque no daba señal de ser poderoso. Mi padre me dio mi poder y quiero que crezca. ¡No quiero estar indefenso nunca mas!

Damien miró como las palabras de Harry provocaban lágrimas en los ojos de sus padres. Harry se refería obviamente al abuso que había sufrido a manos de sus padres "falsos". Damien nunca había preguntado que tan malo había sido eso, en realidad no quería saber.

—Pero Harry, eso esta bien… pero… no lo sé.. ¡Muggles! — dijo Draco con una mueca de disgusto.

—Lo sé, es realmente horrible, pero en verdad tienen buenas técnicas de pelea. Son criaturas asquerosas, no tan malos como los Sangre Sucia. Personalmente pienso que sólo deberían haber Sangre Pura mágica o de Muggles. ¡Toda esa mezcla de sangre es simplemente repugnante! — dijo Harry con un gesto de asco.

Damien escuchó a su mamá jadear. Sus padres no sabían el prejuicio de Harry hacia los nacidos de Muggles. Damien nunca les había contado del incidente con Hermione y Ron. Había pensado que sólo lastimaría a su mamá, ya que ella venía de familia Muggle.

—Como sea, ahora que te he dicho todo, necesito que me prometas una cosa.— dijo Harry mientras se giraba hacia el escritorio dándole la espalda a Draco.

—Lo sé, lo sé, que no le diga a nadie, ¿cierto? — murmuró Draco.

—De hecho, iba a decir no intentes recordarlo.— con eso dicho, Harry se giró rápidamente y le lanzó un "Obliviate" a Draco. El rubio no tuvo tiempo de reaccionar. El hechizo le dio directo al pecho. Draco pareció confundido un momento antes de parpadear rápidamente.

—Um, Harry, ¿qué… qué te estaba diciendo? — Harry sonrió y caminó hacia su mejor amigo mientras ponía de nuevo en su dedo su anillo negro y plateado.

—Me contabas de ese partido de Quidditch antes de Navidad.— dijo Harry mientras conducía a Draco hacia el sofá.

—¡Ah si! Fue brillante, Harry. Barrimos el piso con esos…— la voz emocionada de Draco comenzó a desvanecerse justo cuando la habitación comenzaba a girar, pronto Damien se encontró en su propia sala, de regreso al Valle de Godric.

La cabeza de Damien seguía perdida entre toda la información que había visto. Dumbledore tenía razón. Había muchísimo de Harry que no sabían, era importante que supieran como había sido su pasado para poder comprenderlo.

Los seis se sentaron y discutieron sobre los recuerdos que acababan de ver. Una cosa era clara. Harry había aprendido a luchar al estilo Muggle. Había estado yendo a esos clubes de pelea Muggles desde que había cumplido aproximadamente catorce años y no le había dicho nada a Lord Voldemort ya que de ser así, su estilo de pelea ya no sería un secreto. Especialmente porque ya llevaba a cabo misiones especiales para lord Voldemort. Entonces, ¿por qué seguía guardando en secreto ese recuerdo? Dumbledore había sugerido que tal vez Harry no quería confesarle todo a Voldemort y que había mantenido su entrenamiento con Muggles a lo mínimo posible. Harry tendría que asistir a esos clubes de pelea sólo unas pocas ocasiones de ser así. Esa era la explicación más factible que tenían.

Damien se sentía terrible por haber devuelto el Pensadero ahora. Estaba seguro de que las memorias que habían espantado a Harry no eran ninguna de las que habían visto. Eso no le causaría tanto miedo de que se enterara Voldemort. Harry había hecho algo más, algo tan terrible que ni el mismísimo Lord Voldemort lo perdonaría.

—Bueno, creo que tenemos un buen lugar para comenzar a buscar a Harry.— dijo Remus con una sonrisa. Damien lo miró confundido.— Creo que debemos de visitar a "Alex" en el club de pelea.