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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 35
Siendo fiel a su palabra, Hermione había visitado a Damien y había traído a Ron Ginny con ella. A pesar de los intentos de la castaña, no pasaron mucho tiempo estudiando, los cuatro adolescentes platicaban mucho sobre Harry.
—¿Por cuánto tiempo crees que pueda seguir escondiéndose? — preguntó Hermione con mirada resignada.— Todos lo están buscando, tarde o temprano lo van a atrapar.— continuó diciendo.
—No, no podrán atrapar a Harry. Él dijo que si no quiere que lo encuentren entonces no lo harán.— respondió Damien en voz baja. Nadie quisó corregirlo. No harían nada más que molestarlo, pero los otros tres Gryffindor sabían que Harry no se podía ocultar para siempre.
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Harry había pensado mucho en las palabras de Potter. Quería olvidarse de ellas, pero algo seguía molestándolo. ¿Por qué Potter lo había dejado escapar? ¿Por qué no podía recordar a Damien? ¿Qué había querido decir Potter con qué le preguntara a su padre acerca de su fiel Mortífago?
Harry recordaba las palabras claramente.
"Yo que tu investigaría un poco más, Harry. Tal vez encuentres la verdad enterrada muy en el fondo de todas esas mentiras"
Harry trató de aclarar su mente. Su padre no le mentiría. Estaba seguro de eso. Lord Voldemort no tenía razón para mentirle, después de todo, lo había acogido cuando Harry tenía cuatro años. Lo había hecho fuerte marcándolo como el heredero de Slytherin. Lord Voldemort había hecho de Harry todo lo que era ahora. Un guerrero, un mago fuerte y excepcional, Harry no lo dudaba. Sin embargo, Harry no podía dejar de sentir la curiosidad ante las palabras de Potter. ¿A qué verdad se estaba refiriendo?
Harry decidió que iba a investigar todo sobre ese Mortífago llamado Wormtail o Peter Pettigrew. Sólo para sacarse de la cabeza la curiosidad que habían provocado las palabras de Potter.
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Ya había pasado una semana desde que James había visto a Harry en el Callejón Diagon. James continuó yendo al mundo Muggle a intentar encontrar el club del pequeño John. Sabía que si encontraban ese club, tendrían más oportunidad de encontrar a Harry. Lo que James no esperaba, era encontrar mucho más que sólo a Harry.
Era ya entrada la tarde y James, Sirius, Remus y Dumbledore se dirigían a otro club de pelea. Habían tenido algo de éxito ese día. El dueño de un club en particular conocía el club del pequeño John. Les había dicho a los cuatro magos que había hablado con John esa misma mañana y que el lugar en donde abriría el club de pelea esa noche sería sólo unos kilómetros más delante.
James se apresuró a llegar al lugar que le habían dicho y los otros tres lo siguieron. Su plan era mantener un perfil bajo y esperar a que Harry apareciera. Tenían que considerar hablar con ese tal John acerca de "Alex" y cuando iría al club. Sin embargo, Dumbledore no apoyó ese plan, no quería que le informaran a Harry que cuatro hombres habían ido a buscarlo. Podría provocar que el chico ya no se apareciera en el mundo Muggle.
James fue el primero en correr hacia el edificio en el que seria abierto el club esa noche. Parecía a punto de colapsar y James no entendía por qué alguien haría un evento de esa magnitud en un lugar como ese. La puerta se abrió y los cuatro magos escucharon a una persona gritando instrucciones. James se dio cuenta de un extraño vehículo estacionado cerca de ahí. Era más grande que la mayoría de los autos Muggles. Sabía, debido a muchas, muchas lecciones de Lily, varios artefactos Muggles, y eso parecía ser una casa rodante. Era bastante grande y se miraba muy espaciosa.
Los cuatro hombres decidieron inspeccionar el club y preguntar a qué hora comenzarían las peleas. Planeaban actuar como turistas a quienes sus amigos en la ciudad les había informado de ese fantástico club de pelea. Eso explicaría su extraño comportamiento por un lado. Justo cuando Dumbledore entró en el edificio alguien gritó dentro de la casa rodante.
—¡Nigel! Nigel, cariño, no hagas eso. ¡Ven aquí ahora mismo!
Los cuatro magos se detuvieron y miraron al pequeño niño correr fuera de la casa rodante, soltando risitas y saltando de felicidad. James se giró para ver al niño brincotear por el lugar, riendo y jugando. Una sonrisa se formó en su rostro. El niño era hermoso. Parecía tener alrededor de catorce, tal vez quince meses. Aún no caminaba muy bien, se caía bastante pero siempre volvía a levantarse e intentaba huir y esconderse. Era obvio que intentaba jugar a las escondidas. La voz de la mujer se escuchó de nuevo y el pequeño soltó otra risita antes de intentar volver a esconderse.
—¡Nigel! ¡Cariño, Vuelve adentro! — Dumbledore miraba al niño intensamente, sus ojos azules estaban fijos en el pequeño, ni siquiera parpadeaba.
—Dumbledore, ¿qué sucede? — preguntó James al mirar que Dumbledore fruncía el entrecejo.
—Ese niño, me parece muy familiar… no creen que se parece mucho a… Neville Longbottom.— James se giró para mirar al pequeño de nuevo. El niño tenía cabello castaño claro y unos ojos cafés enormes. A parte de eso, James no podía ver otro parecido. Todos los niños lucian parecidos a esa edad.
—No… no veo parecido alguno.— dijo James, pero Remus lo contradijo.
—No, James, Dumbledore tiene razón. Ese niño es idéntico a Neville cuando tenía esa edad.— Sirius estaba de acuerdo con Remus, los cuatro se quedaron de pie mirando al niño correr y tratar de ocultarse en algún lugar.
—Creo que deberíamos mirar más de cerca.— dijo Dumbledore caminando hacia la casa rodante. James estuvo a punto de gritar cuando Sirius se movió y siguió a Dumbledore. El Animago comenzaba a molestarse. ¿Qué si el niño se parecía a Neville? No estaban ahí para eso, tenían que encontrar a Harry. Sin embargo, no dijo nada. Se sorprendió cuando Dumbledore apuntó a Sirius con su varita y murmuró un hechizo, el cuál volvió a su amigo, pues, transparente era la mejor forma de describirlo. No era invisible, pero era transparente. Dumbledore repitió el mismo hechizo en Remus y en James y luego en él mismo.
Ahora nadie podría detectar la presencia de los cuatro hombres. Se movieron más cerca de la casa rodante y se detuvieron cuando estaban a unos cuantos metros del pequeñito, quién seguía correteando.
—Hombre, ese niño es hiperactivo.— susurró Sirius a James, quién se río por lo bajo, de hecho, el niño le recordaba a Harry, era igual a esa edad, siempre corriendo hiperactivo.
De pronto, el niño se detuvo y se quedó muy quieto, miró hacia su derecha, había un par de árboles creciendo cerca y estaba bastante oscuro. El niño se quedó quieto mirando entre los árboles menearse con la fría brisa. Entonces, el pequeño soltó un grito emocionado y corrió hacia los árboles.
James no podía ver lo que el niño había visto, pero claramente lo había emocionado muchísimo.
—¡Lex! ¡Lex! ¡Leexx! — gritó el niño mientras corría más cerca de los árboles.
—¿Qué le pasa a ese niño? ¿Todos los niños Muggles son así? — preguntó Sirius.
—¿Cómo sabríamos eso? — susurró Remus.
—Bien! ¿Por qué estamos aquí de pie acosando a un niño? Deberíamos estar buscando a Harry, deberíamos ir y…— las palabras de James murieron en su boca al ver la figura que apareció por entre los árboles.
La figura caminó fuera de la sombra de los árboles y el pequeño niño lanzó sus brazos alrededor de las piernas de la persona, James escuchó los jadeos de todos y una maldición por parte de Sirius cuando reconocieron a la persona.
Harry se agachó y tomó al pequeño niño en brazos. El niño enredó sus brazos en el cuello de Harry.
—Oye, ¿qué haces aquí afuera, hombrecito? Deberías estar adentro. Mira lo oscuro que está.— dijo Harry mientras llevaba al niño de vuelta a la casa rodante. James miró la escena que ocurría frente a él, estaba congelado de la sorpresa. Entonces ese niño le gritaba "Lex" intentando llamarle "Alex".
—¡Nigel! ¡Nigel, vuelve aquí, ya es tarde… Oh, hola Alex. Que fabulosa sorpresa— una mujer salió de la casa rodante y se puso de pie junto a la puerta, le daba la espalda a los cuatro magos, así que no pudieron ver su rostro.
—Sólo tenía que venir a ver a John de nuevo, ¿cómo estás Fiona? — preguntó Harry entregándole el niño a su madre.
—¿Vas a pelear esta noche? — preguntó la mujer.
—De eso es de lo que necesito hablarle.— dijo Harry con una sonrisa en su rostro.
James se imaginaba que esos eran la esposa e hijo de John, recordaba que les habían dicho que "Alex" era muy amigo de la familia, pero James estaba sorprendido al ver lo abierto que era Harry con ellos. Sin embargo, nada lo hubiese preparado para la sorpresa que vendría después. Estuvo a punto de gritar cuando vio el rostro de la mujer a la que Harry había llamado Fiona. Cuando la mujer se había girado para dejar al niño en el suelo, James, Sirius, Remus y Dumbledore le miraron el rostro.
Lucia exactamente igual a la última vez que la habían visto, seguía teniendo el cabello castaño largo y sus ojos grandes y cafés. Tenía el rostro redondo y sus ojos seguían siendo gentiles y amables. James miraba a Alice Longbottom.
—¡Esto… esto no puede… oh Merlín! No puede ser verdad.— escuchó James el susurro de Sirius. Deseó poder ver las expresiones de los otros tres. Dumbledore seguía en silencio.
—Pasa Alex, esta helando aquí afuera.— dijo Alice señalando la casa rodante.
—No, no puedo, tengo algo de prisa hoy. Tal vez después.— dijo Harry dando un par de pasos hacia atrás.
—Alex, no te vimos por un tiempo y luego vienes muy seguido a visitarnos, pero aún no has pasado mucho tiempo con nosotros. Mira lo emocionado que esta Nigel con tu visita.— dijo Alice señalando al niño, quién tiraba de la mano de su madre para que jugara a atraparlo.
Harry lo miró con cariño.
—No creo que sea sólo yo el que lo emociono.— bromeó Harry. Justo entonces, un ruido les llegó desde detrás del edificio, alguien había salido de la parte trasera y se dirigía hacia ellos.
—¡Alex! Por Dios, dichosos los ojos. ¡Tres visitas en una semana! — James tuvo que llevarse ambas manos a la boca para no gritar ante la sorpresa. Frank Longbottom se dirigía hacia Harry, se veía cansado y un poco más viejo, pero parecía estar en perfecto estado de salud.
—Tenía que compensar los cuatro meses que estuve fuera.— dijo Harry mientras le daba un afectuoso apretón de manos a Frank.
—Nunca nos dijiste a donde fuiste. ¿Qué te traes entre manos? — preguntó Frank levantando al pequeño niño en brazos. Harry miró a Nigel jugar en los brazos de su padre y después sonrió.
—Estaba algo ocupado, no podía arreglar unas cosas pendientes. Pero ya arreglé todo, como siempre.— Harry soltó una risa.
—¡Creo que mejor no pregunto! — río Frank también.
—Escucha John, necesito hablar contigo sobre algo. ¿Tienes tiempo para hablar? — preguntó Harry y Frank inmediatamente dejó al niño con Alice y dirigió a Harry hacia el edificio. Alice llevó a Nigel dentro de la casa rodante y cerró la puerta. Los cuatro magos se quedaron ahí, en el frío, sus mentes aún no reaccionaban ante lo que habían visto.
—Creo que deberíamos sentarnos.— se escuchó la voz de Dumbledore.
El hechizo fue removido para que pudieran verse de nuevo. James miró los pálidos rostros de los otros tres, sus expresiones eran muy parecidas a la que tenía James. Confusión, sorpresa y asombro. Incluso Dumbledore parecía al borde del desmayo. Los cuatro se dirigieron rápidamente hacia los árboles en donde habían visto a Harry y convocaron un hechizo para que nadie los escuchara. Una vez ocultos en las sombras, todos trataron de encontrarle sentido a lo que había sucedido.
—Bien, ¿qué es lo que acaba de pasar? — gritó James.
—¡Bueno, parece que Frank y Alice no están realmente muertos, están vivitos y coleando y se han adaptado a vivir en el mundo Muggle como la pareja John y Fiona! — respondió Sirius.
—¡Sirius! No estoy para bromas.— le advirtió James.
—Tenemos que investigar que es lo que pasa. Si en verdad esos son Frank y Alice tenemos que descubrir por qué se han estado ocultando y no han contactado a nadie de la Orden para que los ayude. Han pasado casi dos años ya desde que supuestamente los asesinaron.— dijo Remus, los tres magos miraron a Dumbledore esperando que él tuviera todas las respuestas.
—Creo que lo primero que debemos hacer es confrontar a Frank o a Alice. Es crucial que descubramos las verdaderas identidades de esas personas. Sólo una vez que estemos convencidos de que esas personas en verdad son los Longbottom podremos hacer algo de útil.— dijo James en voz baja.
—Bien, ¿y cómo hacemos eso? — preguntó Sirius.
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Sirius se encontró de pie frente a la puerta de la casa rodante. Maldijo su enorme bocota antes de tocar con cuidado. Alice abrió la puerta y Sirius sintió que le temblaban las rodillas. Era la misma Alice, habían sido muy buenos amigos. Los Longbottoms siempre habían sido muy amigos con los Potter, y por lo mismo, con Sirius y Remus. Sirius vio los ojos de la mujer brillar por un segundo, como si lo hubiese reconocido.
—¿Si? ¿En qué lo puedo ayudar? — preguntó Alice.
Sirius salió de su sorpresa y le preguntó a Alice en donde había una caseta telefónica por ahí, ya que su auto se había averiado y necesitaba el teléfono para pedir ayuda. Sirius trató de recordar todos los términos Muggles que James y Remus le habían recitado. Alice le dio la dirección del teléfono más cercano.
—¡Muchísimas gracias! Oh, ¿es ese su hijo? — dijo Sirius mirando al pequeño hiperactivo aparecer enseguida de su madre. Alice miró al niño y sonrió.
—Sí, lo es.— respondió Alice, parecía no importarle estar hablando con un completo extraño. Era igual a la vieja Alice, le encantaba hacer nuevos amigos y hablar con todo el mundo.
—¿Sólo tiene un niño? — pregunto Sirius, quería saber esa respuesta, ya que sabía que no era posible que Frank y Alice dejaran a su hijo, Neville, solo en el mundo mágico a mitad de la guerra.
—Sí, sólo uno. Créeme, uno es suficiente.— bromeó y Sirius sintió su corazón hundirse en su pecho. ¿Qué estaba pasando? No podia ser la verdadera Alice longbottom. Nunca negaría la existencia de Neville. ¿Y por qué no había reconocido a Sirius?
Sirius regresó con Dumbledore y sus dos amigos y les dijo todo lo que había pasado. El anciano escuchó con cuidado, habló después de unos minutos de silencio.
—Ella es Alice Longbottom, puedo sentir su aura mágica. Era una estudiante brillante, siento su magia. El por qué está actuando y viviendo como Muggle, eso no lo sé. Pero estoy completamente seguro de que ninguna madre dejaría a su hijo solo en mitad de una guerra. Si Alice no está con Neville, creo que es correcto pensar que ella no lo recuerda. Asumo que Frank y Alice sufrieron una poderosa modificación de memoria. Puede ser que sus mentes sólo hayan sido cambiadas con un "Obliviate". Eso explicaría porque creen que sus nombres son John y Fiona, y que vivan como Muggles y no recuerden a Sirius. Reconocieron a Harry como Alex también, cuando Frank y Alice lo hubiesen reconocido como el hijo de James en un abrir y cerrar de ojos.— explicó Dumbledore. James estuvo de acuerdo. Frank y Alice hubiesen reconocido a Harry inmediatamente como un Potter.
—Entonces, ¿qué demonios pasó esa noche con los Logbottom? ¿Su casa fue quemada? Y esos…— Remus guardó silencio, había estado a punto de preguntar por los cuerpos de Frank y Alice, pero entonces recordó que no habían quedado sus cuerpos en la casa. Todo lo que encontraron habían sido cenizas. Les habían dicho que el Príncipe Oscuro había encendido la casa y había quemado vivos a los Longbottom. Las personas que habían estado cerca de la casa habían dado testimonios de que habían escuchado gritos de angustia desde la casa, los que dieron por hecho que pertenecían a los Longbottom.
James sintió que su cabeza daba vueltas. Así que Harry no había matado a los Longbottom. ¡Los había salvado! ¿Pero por qué? Harry no tenía razón alguna para salvarlos. Además, había borrado sus memorias y les había dado nueva identidad como el pequeño John y Fiona. Nada de eso tenía sentido. Dumbledore pareció leer el pensamiento de James, ya que respondió a sus preguntas mentales.
—Creo que la memoria que Harry estaba tan desesperado por ocultar de todos nosotros era lo que en verdad le había pasado a los Longbottom.— James levantó la cabeza sorprendido. ¡Por supuesto! Eso sí tenía sentido. Damien les había dicho que Harry había dicho que si Lord Voldemort encontraba esas memorias, nunca lo perdonaría. Damien había dicho que su hermano había entrado en pánico al punto de casi suplicarle que le entregara el Pensadero. Todo tenía sentido.
—Debemos traer de vuelta a Frank y Alice al mundo mágico.— comenzó James. Eso haría un mundo de diferencia con la sentencia de Harry, sí, había asesinado y conjurado las Imperdonables, pero la muerte de los Longbottom era lo que tenía a la mayoría de los Aurores determinados a encontrarlo y castigarlo. Esto definitivamente aumentaría las probabilidades de que Harry sobreviviera al Ministerio.
—Me temo que no podemos hacer eso, James.— dijo Dumbledore mirándolo tristemente.
—¿Qué? ¿Por qué no? ¡No podemos dejar a los Longbottom aquí! Deben volver a casa— argumentó James, no entendía por que Dumbledore lo estaba deteniendo.
—James, han vivido aquí por los últimos dos años, aquí están a salvo. No creo que sea seguro llevarlos de vuelta al mundo mágico justo ahora. Harry aún sigue con Voldemort. La noticia de que los Longbottom siguen con viva llegará a él de una manera u otra. Piensa en lo que le haría a Harry por eso, podría incluso llegar a asesinarlo. No podemos tomar ese riesgo. Una vez que tengamos a Harry, entonces podremos regresar a los Longbottom. Hasta entonces, es mejor dejarlos en donde están y no mencionarle esto a nadie, ni siquiera debes decírselo a Lily, James. No podemos arriesgar esta información. Deben tener muchos espías dentro del Ministerio, todos sabemos eso. Si alguien se enterase de los Longbottom, Voldemort también lo sabrá.— finalizó Dumbledore.
James miró a Dumbledore tristemente. En verdad quería que los Longbottom regresaran a su mundo, que regresaran con su hijo, Neville y que tuvieran sus vidas de vuelta. Pero James entendía, Harry estaría en mucho peligro si eso pasaba. Una vez que Harry regresara con ellos, los Longbottom también lo harían y recuperarían sus memorias.
Cualquiera que hubiese sido la razón por la que Harry había salvado a Frank y Alice, lo había mantenido muy bien en secreto. Si Lord Voldemort llegara a enterarse, lo castigaría severamente.
—Vamos, debemos entrar en el edificio antes de que Harry se vaya.— dijo Remus rápidamente. Los cuatro magos salieron de su escondite y se dirigieron al edificio. Antes de que entraran, Dumbledore apuntó con su varita a James y cambió su apariencia. Le dio cabello rubio y rizado y había cambiado la forma de su nariz.
—De este modo, Frank no relacionara tu apariencia con la de "Alex" y no sospechará.— explicó. James suspiró y asintió. En cuanto entraron al club, vieron a Frank darle instrucciones a unos hombres que llevaban sillas y de más para preparar el lugar. James sintió la emoción invadirlo, Frank era muy buen amigo suyo. Nunca había pensado que volvería a verlo, mucho menos a hablar con él. Frank miró a los cuatro hombres en la puerta y se apresuró a ir hasta ellos.
—Lo siento amigos, el club no abre hasta dentro de dos horas. Son bienvenidos a venir entonces.— dijo Frank deteniéndose frente a los otros cuatro. James sintió que se ahogaba con sus propias emociones, su garganta se cerró inmediatamente. Dumbledore fue el que habló.
—Lo lamentamos, no sabíamos cuales eran las horas de apertura. Sólo nos preguntábamos si Alex estaría peleando esta noche— el rostro de Frank cambió inmediatamente, su sonrisa desapareció y su mirada se torno preocupada.
—¿Cómo conocen a Alex? — les preguntó.
—No lo conocemos personalmente, un amigo de nosotros nos dijo que lucha espléndidamente, y también que viene seguido a este lugar. Sólo nos preguntábamos si podríamos verlo esta noche.— explicó Dumbledore. La expresión de Frank se relajó de nuevo.
—Oh… bueno, no, Alex no vendrá esta noche. Está muy ocupado con otras cosas, no vendrá por aquí en algún tiempo.— James se dio cuenta de que Harry no estaba por ningún lado.
—¿Sabe en dónde podemos encontrarlo? — preguntó James.
—No, él viene aquí por su cuenta, yo no lo llamo. Acaba de irse de hecho. Se fue hace como diez minutos.— respondió Frank. James maldijo en voz baja. Con todo lo que habían discutido sobre Frank y Alice estando vivos, no se habían dado cuenta de que Harry se había ido.
—¿Puedo preguntarle algo, señor? ¿Va a renovar este lugar para convertirlo en su propio club?— preguntó Remus. Frank rió antes de responder.
—¿Este lugar? No, sólo conseguí un buen precio de renta por un tiempo. Pero me gusta moverme por todos lados. Ir a diferentes lugares. Londres es muy grande, así puedo ver todo lo que quiero.
—Oh… ¿siempre ha manejado su negocio de esa manera? — preguntó Remus.
—Sí, bueno, así es como el dueño anterior lo manejaba, así me acostumbre a hacerlo yo también.
—¿El dueño anterior? ¿Se refiere a qué lo ha heredado de alguien? — continuó Remus. Frank rió otra vez.
—Sí, todo esto pertenecía a John Allen. Era un hombre muy amable. Me trataba como a su propio hijo. Se estaba volviendo viejo y ya no podía ir de aquí para allá moviendo todo lo del club, así que me dejó ese trabajo a mí. Me dejó todo cuando murió. No tenía familia, es por eso que todos me llaman pequeño John, todos asumieron que era su hijo. Dejo que las personas piensen lo que quieran, no me molesta.
Dumbledore agradeció a Frank y se fue llevándose a los otros tres. Tenían mucho que discutir cuando llegaran a casa. James sabía que Dumbledore tenía razón. Nadie, a parte de ellos cuatro, debía enterarse de los Longbottom. No hasta que Harry estuviera lejos y a salvo de Voldemort. James no entendía por qué Harry desobedecería a Voldemort y salvara a Frank y Alice. "Creo que sólo Harry puede responder eso" pensó James mientras caminaban de regreso al Valle de Godric.
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Harry se sentó en su habitación, le alegraba haber podido hablar con Frank, eso significaba que no tendría que preocuparse de él por un tiempo. Harry amaba ir a visitar a los Longbottom, pero cada que los veía recordaba esa horrible noche. Se quitó su anillo y lo transformó en Pensadero, había revisado que no faltara ninguna memoria importante, todo parecía normal. Ninguno de sus encantamientos había sido roto. Ya había revisado sus memorias unas diez veces, estaba muy feliz de que su memoria secreta no hubiese podido ser descifrada.
Estaba muy feliz de no haber asesinado a Frank y Alice, y si tuviera que hacerlo de nuevo lo haría con gusto. Pero gran parte de él estaba avergonzado por no haber cumplido con las órdenes de su padre. Harry miró la niebla plateada arremolinarse dentro del Pensadero negro. Por alguna razón, Harry quería ver la memoria de nuevo, se sumergió en sus recuerdos rápidamente.
Harry aterrizó sobre sus pies y miró el recuerdo frente a él. Estaba de pie en la sala de estar de los Longbottom había cinco Mortífagos alrededor de Fran y Alice, les lanzaban Cruciatus a ambos, Harry recordaba quienes eran esos cinco. Malfoy, Hunt, Riley, Bella y Bergeron. Harry se miro a sí mismo aparecer por la puerta, le habían indicado que permaneciera fuera por un momento, se estremeció ante los gritos de Frank y Alice, se miró a sí mismo caminar hacia el círculo de Mortífagos, su rostro cubierto por la máscara plateada.
—¡Suficiente! — dijo. Los Mortífagos bajaron sus varitas y miraron a su Príncipe Oscuro.— Ya perdimos demasiado tiempo.— continuó el chico.
Los Mortífagos se apartaron y se pusieron detrás del chico enmascarado. Harry levantó su varita y apunto al rostro ensangrentado de Frank.
—Tienes una última oportunidad Longbottom, únete a nosotros y perdonaremos tu vida y la de tu familia.— le dijo.
Frank levantó la mirada hacia el chico frente a él, giró la cabeza para ver a su esposa haciendo un gesto de dolor, Alice simplemente asintió con la cabeza levemente y Frank volvió a mirar a Harry.
—¡Nunca! — respondió con voz áspera.
—Muy bien.— dijo el Príncipe Oscuro.— Salgan.— les instruyó a los otros Mortífagos, de inmediato, los cinco salieron para dejar a los Longbottom solos con el Príncipe.
Esa era la instrucción que Lord Voldemort les había dado. Harry recordaba las instrucciones claramente. Su padre le había dicho que los Mortífagos lo acompañarían a la casa de los Longbottom. El Auror y si esposa tendrían su oportunidad de unirse al lado de Voldemort. Si se negaban, entonces su muerte sería a manos de Harry. Lord Voldemort había hablado con él en privado.
—Harry, antes de que los mates, quiero que te quites la máscara y dejes que la pareja vea tu rostro.
Harry había estado muy sorprendido por esa orden. En primer lugar, no sabía por qué lo enviaban a él a matar a los Longbottom. Harry tenía catorce en ese entonces y apenas había comenzado con sus misiones. Hasta ese momento, sólo había tenido que lidiar con Mortífagos que le daban problemas a su padre. Pero no se había quejado, él era un soldado de su padre. Lo que sea que su padre le dijera que hiciera, él lo obedecería sin cuestionarlo.
Harry asintió con la cabeza afirmando que se quitaría la máscara y dejaría que los Longbottom vieran su rostro antes de morir.
—Pero, padre, ¿qué hay de los Mortífagos? Me dijiste que mantuviera mi máscara puesta frente a ellos— dijo Harry algo preocupado.
Solo unos cuantos miembros del círculo interno sabían de la existencia de Harry, nadie más. Lord Voldemort le había prometido a Harry que lo anunciaría al mundo muy pronto. El hecho de que la mayoría de los Mortífagos no sabían del Príncipe Oscuro, sólo aumentaba el miedo de estos ante el misterioso guerrero que acababa con cualquier Mortífago que intentara desafiar a Lord Voldemort.
—No te preocupes, se les instruirá que salgan, incluso Malfoy. Nadie se quedará contigo.— respondió Lord Voldemort.
Harry estaba de pie frente a Frank y Alice, sin decir otra palabra, Harry levantó su mano y removió su máscara. Al principio, Frank y Alice no reaccionaron. Luego, lentamente la pareja enfocó sus ojos en el chico frente a ellos.
—¡Oh! ¡Por Dios, Alice! ¡Alice… es… es Harry! ¡Alice, mira es Harry! — comenzó a decir Frank en voz baja. Alice también levantó la mirada y se fijó en los ojos del muchacho. Miró a Harry sin poder decir nada. Lentamente, Frank se puso de pie y ayudó a su esposa a seguirlo.— ¡Harry! ¡Qué estás… no lo entiendo, cómo es posible! — dijo Frank tratando de mantener el equilibro ayudando a su esposa herida.
Harry permaneció en silencio y estudio sus reacciones. "*¡Conocen a los Potter! Es por eso que mi padre quería que vieran mi rostro. Así**sabrían exactamente quién los asesinaría"*pensó Harry.
—¡He hecho lo que mi padre me pidió. Ahora, tienes una última oportunidad! Únete a nosotros o enfrenta tu muerte.— dijo Harry con voz clara.
Frank y Alice se miraron confundidos. De pronto, el entendimiento los golpeó fuertemente al comprender que Lord Voldemort no había asesinado a Harry, lo había criado como a un hijo, así asesinaba por sus ordenes.
—Nunca nos uniríamos a un monstruo que secuestrara al hijo de alguien y lo corrompieracomo lo ha hecho contigo.— dijo Frank claramente a pesar de que sus heridas le dolían hasta el alma.
Harry envió un hechizo cortante al brazo de Frank, el Auror jadeó de dolor, Alice abrazó a su esposo e intentó cubrirlo para que no sufriera más maldiciones. Harry miró a la valiente mujer y pensó en lo tonta que era, levantó su varita directo hacia la cabeza de Frank y la maldición asesina estaba en la punta de su lengua ya.
—¡NO! ¡Si vas a matar a alguien, matame a mí primero! ¡No soportaré ver como muere mi esposo! — gritó Alice histéricamente.
—¡No! ¡Alice…muévete, apartate del camino! — gritó Frank intentando hacerla a un lado. Pero la terca mujer siguió entre Harry y Frank.
—¿Qué diferencia habrá? Ambos van a morir hoy de todos modos.— dijo Harry.
—¡Mátame a mí primero! — dijo Alice con lágrimas inundando sus mejillas. Frank trató de empujarla hacia un lado, pero ella volvía a ponerse como escudo. Harry soltó una risa, le divertían los patéticos intentos de la pareja intentando salvarse mutuamente. Apuntó su varita hacia Alice.
—¡NO! — gritó Frank tratando de apartarla. Harry le lanzó una maldición para apartarlo del lugar. El Auror cayó al suelo, no podía moverse o hacer nada para ayudar a su esposa. Harry movió su varita de nuevo hacia Alice.
—AVADA KEDAV…— Harry se detuvo a mitad de la maldición.
Los ojos verdes de Harry se abrieron ante la sorpresa, volvió a apuntar a Alice con su varita, pero parecía que había perdido el habla. La mano con la que sostenía la varita comenzó a temblar, siguió tratando de decir la maldición asesina, era como si hubiese perdido la habilidad para habla.
De pronto dejo salir un gruñido de enojo y mandó un proyectil blanco hacia una de las ventanas haciendo que el cristal volara en pedazos. Dio un paso hacia adelante y empujó a Alice fuera del camino para poder apuntar a Frank con la varita, pero justo cuando estaba por lanzarle el rayo verde, Alice se puso de nuevo frente a su esposo. Harry se detuvo y la miró con ira.
—Apártate del camino, mujer.— gritó Harry, pero ella, con su rostro lleno de lágrimas, sujeto a su esposo con mas fuerza.
—¡Príncipe! Príncipe, ¿está todo bien? — la voz de Malfoy se escuchó por la ventana rota. Harry comenzaba a entrar en pánico, levantó la varita de vuelta hacia la terca mujer pero de nuevo, la maldición asesina no pudo salir.— ¡Voy a entrar! — gritó Malfoy.
—¡NO! — gritó Harry.— ¡Yo me encargaré de ellos! — a pesar de haberle gritado una orden, Harry pudo escuchar a Malfoy intentando entrar a la casa, Harry actuó por instinto. Envió un hechizo para cerrar la puerta, después, rápidamente, tomó a la mujer por el brazo. Apuntó con su varita la pared frente a él.— TRANSFERO PORTALINE.
Un enorme portal apareció y todos los objetos que estaban cerca volaron hacia él. Harry levitó a Frank y lo lanzó dentro, después trató de empujar a Alice también, pero ella se aferró a la ropa del chico.
—¿Qué estás haciendo? ¿A dónde nos enviarás? — gritó sin dejar de llorar.
—¡Si no quieres morir hoy, te sugiero que te calles y hagas lo que yo diga! — dijo Harry tratando de soltarse del agarre de la mujer.
—¿Por qué debería confiar en tí? Hace sólo un minuto estabas dispuesto a matarme, ¿y ahora me salvas la vida? — preguntó Alice. Harry la miró diecto a los ojos.
—Tienes una forma de vida dentro de tí que nunca podré destruir.— dicho eso, Harry la empujó por el portal. En cuanto éste se cerró, Malfoy entró rápidamente.
—¿Qué sucede? ¡En dónde están los Longbottom! — preguntó revisando frenéticamente el lugar con sus ojos grises buscando los cuerpos de los que se suponía debían estar muertos. Harry miró fríamente a Malfoy.— Príncipe, ¿en dónde están los Longbottom? ¿Qué fue lo que hizo? ¿Completó la misión?— preguntó el rubio con voz temerosa.
—La misión no puede ser completada. Mi padre no querría que tres vidas se perdieran cuando sólo me ha enviado a terminar con dos.— respondió Harry.
—¡Príncipe! El Lord Oscuro dio una orden. ¡Debemos completar la misión o habrá consecuencias!— gritó Malfoy. Harry sabía que tenía razón, debió de haber matado tan siquiera a Frank Longbottom en lugar de a los dos. Sabía que había metido la pata. Le había fallado a su padre, pero Harry sabía que, sin importar qué, no habría sido capaz de lastimar a la mujer. No cuando estaba en esa condición.
—Sé que fallé. Pero mi padre me entenderá, la mujer, Alice Longbottom, mi padre no querrá que la lastimemos cuando está en esa condición— dijo Harry mientras caminaba hacia la puerta.
—¿Te refieres a qué está embarazada? — preguntó Malfoy rápidamente, Harry detuvo sus pasos y miró al rubio con una fría furia inundándolo.
—¿Lo sabías? — preguntó molesto.
—Sí, lo sabía, y el Lord Oscuro también lo sabía. Te envió a completar esta misión a pesar de todo.— respondió Malfoy igual de molesto.
Harry sintió que el suelo a sus pies daba vueltas. ¡Su padre lo sabía! ¡Sabía que la mujer llevaba un niño en el vientre y aún así dio la orden de torturarla y asesinarla. Harry no podía creerlo.
—¡Estás mintiendo! ¡Mi padre nunca hubiese dado esa orden, no destruiría una vida inocente!— dijo Harry. Para sorpresa de Harry, Malfoy comenzó a reírse de su ingenuidad.
—¿Inocente? Príncipe, nadie es inocente ahora. ¡Esto es una Guerra, Harry. Debes de darte cuenta de eso si vas a servirle al Lord Oscuro! — le dijo Malfoy. Harry había tenido suficiente, levantó su varita y apuntó a Malfoy.
—¡OBLIVATE! — el hechizo le dio al rubio y rápidamente su mirada se desenfocó, Harry le indicó que saliera y esperara afuera, aún con la mirada perdida, Malfoy lo obedeció.
Harry se puso a trabajar después de eso, hechizó varios objetos para que soltaran alaridos y gritos desgarradores, después transfiguró un par de mesas para que parecieran cuerpos desfigurados. Harry camino hacia la puerta y sacó su máscara plateada. Mientras se ponía la máscara, sacó un objeto triangular de sus ropas, lo sostuvo en su mano unos momentos antes de lanzarlo fuertemente contra la pared. Ante el contacto, el aparato explotó en una bola de fuego y toda la casa fue invadida por las llamas. Harry salió de la casa y les indicó a los Mortífagos que lo siguieran para regresar a casa.
Harry sintió sus pies tocar el suelo y se dio cuenta que había salido del Pensadero y estaba de vuelta a su habitación. Estaba temblando. Se sentó y trató de recobrarse de la memoria. Recodaba como ese día había cambiado su vida. No sólo había desobedecido las órdenes de su padre por primera vez, sino que había aprendido una fuerte verdad sobre Lord Voldemort. A su padre no le importaban las vidas inocentes tanto como a Harry. Después de ese día, Harry había decidido que nunca discutiría tácticas de guerra con su padre, ya no más. Nunca se atrevería a desafiar las órdenes de su padre, si su padre no se preocupaba por las vidas inocentes que se cruzaban en su camino, entonces no había nada que Harry pudiera hacer.
Harry ni siquiera soñaba con hablarle a su padre sobre lo que había sucedido. Lord Voldemort lo había criado, le había dado sus poderes y lo había hecho más poderoso que a cualquier otro mago. Harry siempre estaría de su lado, pero Harry no podía lastimar a un niño o a un inocente. Era algo que simplemente no podía hacer.
Harry abrió el portal por el que había mandado a Frank y Alice esa misma noche, les había realizado a ambos un poderoso encantamiento de memoria y les había dado nuevas, les había dado una vida como Muggles y les había buscado trabajo. Harry conocía a John Allen por sus constantes visitas a los clubes de pelea, así que le presento a Frank y Alice diciéndole que habían sufrido un accidente y habían perdido la memoria. El hecho de que Alice estuviera embarazada le había ayudada Frank a conseguir empleo como ayudante de John.
Harry nunca había imaginado mantenerse en contacto con los Longbottom, pero la llegada de Nigel lo había hecho quedarse cerca de ellos. Nigel era la razón por la que Harry había desafiado las órdenes de su padre en primer lugar. Había sentido la vida de Nigel dentro de Alice cuando la había apuntado con su varita. Era por eso que no había podido matarla. Harry no sabía como había descubierto que Alice estaba embarazada. Apenas si tenía una o dos semanas de embarazo y dudaba que alguien más, aparte de la pareja, supiera que estaba embarazada. Harry estaba seguro de eso, ya que no hubo reporte alguno del embarazo de Alice cuando la dieron por muerta.
Harry había aprendido a pasar por alto ciertas órdenes de su padre, y debido a eso había salvado unas cuantas vidas. Los hijos de Poppy, Ginny Weasley, y otros fueron salvados porque Harry había pasado por alto las palabras de su padre. Sabía que estaba jugando con fuego. Su padre nunca le perdonaría de enterarse que había salvado a los Longbottom. A como Harry lo veía, sí había cumplido el propósito de su misión. Lord Voldemort quería a Frank y Alice muertos y fuera de su camino. Bueno, Frank y Alice estaban muertos, o más bien, fuera del mundo mágico, por lo que estaban fuera del camino de su padre. Los padres de Nigel eran John y Fiona. Vivian felizmente como Muggles, mientras nadie supiera de la memoria secreta de Harry, todo seguiría normal. O eso era lo que Harry pensaba.