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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 38
La búsqueda de Alex estaba de vuelta. James, Remus y Sirius buscaban por todo el mundo Muggle alguna señal de Harry. Remus decidió hablar con los Longbottom. Estaba seguro de que ellos habrían escuchado algo de Harry. Mientras Remus se acercaba a la casa rodante sentía su corazón latir ferozmente en su pecho. Tocó levemente la puerta y esperó pacientemente por una respuesta. Frank abrió la puerta y miró a Remus con ojos somnolientos.
—¿Si?, ¿qué puedo hacer por usted? — preguntó Frank tallándose los ojos perezosamente.
—Si, hola. Lamento molestarlo esta mañana, pero me preguntaba su usted podría ayudarme. Estoy buscando a un joven llamado Alex.— Frank dejó sus ojos y miró directamente a Remus. Un extraño fuego se apoderó de los ojos del hombre.
—¿Alex? ¿Por qué lo busca? — preguntó algo agresivo.
—He escuchado mucho sobre su talento en el club de pelea. Me preguntaba si podría hablar con él acerca de un posible trabajo que tengo para él,— Remus había repasado eso muchas veces,— ya que este es el único club al que atiende, me preguntaba si usted podría contactarme con él.— finalizó Remus cortésmente.
—¡Lo siento, pero no! Alex no está interesado en dedicarse a esto como forma de vida. Sólo viene aquí algunas veces para sacar su estrés. No puedo darte ninguna información de él. Ahora, si me disculpa.— Frank le indicó a Remus que se fuera antes de estrellar la puerta en su cara.
Remus caminó de vuelta a donde lo esperaban Sirius y James.
—¿Y bien, tuviste suerte? — preguntó James en cuanto Remus se les unió.
—Frank sabe en donde esta Harry. Sólo no nos lo quiere decir.— respondió el licántropo.
—¿Crees que Harry esté ahí con los Longbottom? — preguntó Sirius mientras miraba la enorme casa rodante.
—No, no lo creo. Pero definitivamente saben en donde está Harry. Lo sé por la forma en la que se preocupó cuando le pregunté acerca de Harry.— respondió Remus.
Los tres Merodeadores se fueron, pero aseguraron mantener vigilados a los Longbottom. Si "Alex" seguía en contacto con ellos, entonces debían estar ahí para atraparlo.
…..................................
John regresó a la cama. Había tenido una noche bastante larga. Las luchas de la noche anterior habían sido todo un éxito, y debido a eso se había extendido bastante tarde. Alex se había quedado a ayudarle a limpiar todo después de las peleas. John se recostó de nuevo junto a una bastante dormida Fiona. Pensó en como hace algunos días, Alex había aparecido en su puerta.
Flashback
Un fuerte golpeteo en la puerta se escuchó y Fiona abrió rápidamente.
—¿Alex? Hola, ¿qué sucede? — preguntó Fiona mientras ayudaba al chico a entrar en la casa rodante. John estaba sentado arrullando a Nigel, levantó la mirada y vio al exhausto joven de pie junto a la puerta.
—¿Alex? ¿Estás bien? — preguntó John mientras ponía a Nigel en su cuna y caminaba hacia Alex. El chico estaba temblando y estaba completamente empapado de pies a cabeza. Parecía que una fuerte lluvia lo había atrapado en la calle.
—Sí, estoy bien. Sólo quería hablar contigo un momento. Perdón por venir sin avisar.— dijo Alex mirando con culpa el charco de agua que había dejado en el piso.
—No seas tonto, sabes muy bien que eres bienvenido cuando quieras.— dijo Fiona sacando una toalla y dándosela al muchacho. Alex la tomó con manos temblorosas y comenzó a secarse el cabello.
John siempre había estado muy impresionado por lo tranquilo y sereno que siempre se mantenía. Aún cuando el chico estaba en una pelea, nunca perdía la compostura ni se miraba inseguro. Alex era la persona más segura que John conocía. Estaba sorprendido de que el chico sólo tuviera diecinueve años. Parecía bastante seguro para su edad.
Pero hoy, John había notado inmediatamente que Alex se veía diferente. Parecía como si hubiese perdido toda esa confianza en sí mismo de algún modo. Sus ojos esmeralda estaban cubiertos por el dolor y preocupación. Y las manos temblorosas del chico indicaban que estaba estresado debido a algo. Incluso la voz de Alex se escuchaba diferente.
—Um… me atrapó la lluvia.— respondió Alex en voz baja antes de continuar secando su cabello.
—Debes sacarte esa ropa. ¡Atraparás un tremendo resfriado vistiendo eso! — dijo Fiona y se apresuró a buscar algo de ropa seca para Alex. John no se perdió de la sonrisa triste que cruzo el rostro del muchacho. Algo estaba realmente mal con Alex.
—¿Alex? ¿Qué sucedio? ¿Está todo bien? — preguntó John de nuevo. Alex no respondió al instante, simplemente asintió con la cabeza.
—Todo está bien. Sólo quería venir a decirte que iré al club mañana.— John estaba aún más sorprendido ante eso.
—Pero, pensé que habías dicho que estarías muy ocupado por un rato y que no vendrías a las peleas.— respondió John.
—Sí, pero hubo un cambio de planes, ¿esta bien? — John miro a Alex. "*¿Acaso es el mismo chico?"*pensó preocupado.
—Sí, claro que si.— respondió.
—Um… hay otra cosa…— Alex apartó la mirada de la de John y pareció luchar para pronunciar las siguientes palabras.— Las…las ganancias. Quisiera saber si… si pudiera… quedármelas esta vez. Necesito el dinero para algo…— Alex bajó la voz y parecía avergonzado ante sus propias palabras.
—Alex, te lo he dicho antes. Las ganancias son tuyas. Las ganas tu así que te las quedas tu. Espera aquí— dijo John antes de dirigirse hacia uno de los estantes y sacar un pequeño cuaderno negro. Regresó junto a Alex y le entregó el cuaderno.— Aquí tienes, esto es tuyo.
Alex tomó el cuaderno y lo abrió con cuidado. Tenía escritos muchísimos números dentro. Levantó la mirada confundido.
—Es tuyo. Llevo una cuenta de todas las ganancias para tí. Sé que siempre dices que no necesitas el dinero y que podía quedarme con todo, pero sabía que algún día necesitarías el dinero. Así que abrí una cuenta para tí. Este dinero es tuyo. Puedes hacer lo que quieras con él. También puedes quedarte con tu parte de las ganancias en las peleas futuras. Siempre he dicho que debes ahorrar para cuando venga la lluvia. Y creo que la lluvia ya te alcanzó.— dijo John señalando las ropas mojadas de Alex.
Alex sonrió ante el chiste malo de John. Estudió el pequeño cuaderno y miro los números en él. Era suficiente dinero como para durarle un buen rato. Miró a John sumamente agradecido.
—Yo… no sé que decir— respondió Alex.
—Entonces no digas nada.— bromeó John. Fiona llegó en ese momento y le dio a Alex ropas secas. Era un par de jeans y una camisa sencilla.
—Toma, cambiate de ropa. Aquí tienes un cinturón. Nunca podrías caminar con los pantalones de John si no te lo pones.— sonrió la mujer antes de dirigir a Alex hacia una habitación para que se cambiara. El chico se fue poco después. Comió a duras penas un poco de comida preparada por Fiona y se fue justo cuando la lluvia aminoró.
Fin Flashback
John se recostó en su cama pensando en la pelea que había tenido Alex la noche siguiente a su visita. Había sido una noche excelente. Había sacado más dinero esa noche de lo que usualmente sacaba en toda una semana. Ese era el milagro de Alex. El chico era simplemente fenomenal. Aún cuando Alex pretendía estar bien cuando hablaba con John, el hombre podía sentir que algo no andaba bien. Era como si Alex hubiese pasado por algún tipo de trauma. No era el Alex de siempre. Pero no importaba lo mucho que Fiona y él lo presionaran para hablar, Alex siempre se cerraba y les decía que todo estaba bien.
La llegada de ese hombre preguntando por el paradero de Alex hizo que John se preocupara más. El muchacho se había involucrado con la gente equivocada. Tal vez era por eso por lo que Alex estaba tan estresado todo el tiempo. Tal vez era por eso que le había pedido tomar su parte de las ganancias por las peleas. Necesitaba el dinero. Alex había asistido al club la noche anterior también. Se miraba más y más exhausto cada día. John lo había notado sobarse la frente muy seguido, le había preguntado si tenía dolor de cabeza, pero Alex simplemente ignoró la pregunta. Algo estaba muy, muy mal con Alex. Necesitaba ayuda. Pero John no sabía qué hacer con él.
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Damien no estaba de buen humor. Había estado ahí sentado con Hermione, Ron y Ginny por las últimas cuatro horas tratando de hacer más tareas que Hermione les había dado. Ese día estaban en casa de Hermione. Damien tuvo que convencer a sus padres de que era seguro ir, ya que vivía en el mundo Muggle y todo eso. Pero aún así habían enviado a Charlie Weasley con ellos tres. Charlie se hizo amigo del señor Granger rápidamente y en ese momento estaban escaleras abajo discutiendo de política, Muggle y mágica.
—Hermione, esto no tiene sentido. ¡Por qué nos molestamos e aprender los 150 usos de los Kuylines! ¿Qué posible beneficio obtendríamos de eso? — preguntó Damien lanzando su pluma sobre el pergamino.
—Damy, por favor, no otra vez.— dijo Hermione sin levantar la vista de su trabajo de Runas Antiguas junto con Ron.
—Pero es la verdad. Si debemos aprender algo eso es Defensa. Es lo único que nos ayudará. Eso y tal vez como sanar heridas, eso también sería de mucha ayuda.— continuó Damien. Los otros tres adolescentes miraron al chico con miradas resignadas.
—Damy, sabemos lo mucho que quieres ayudar a la Orden. ¡Todos queremos! Pero debes aceptarlo. Dumbledore y nuestros padres nunca nos dejarán ayudarlos en una batalla. ¡Ni siquiera nos dejan a Hermione y a mí y ya cumpliremos la mayoría de edad muy pronto! No hay manera de que nos permitan pelear contra Ya-Sabes-Quien.— respondió Ron.
—Es sólo que no sé por qué nos molestamos en hacer esto.— dijo Damien de mal humor.
Los cuatro adolescentes les habían rogado a sus padres que los dejaran ayudarles a buscar a Harry o que los dejaran hacer cualquier pequeña tarea para la Orden. Lo único que obtuvieron fue un casi regaño diciéndoles que se mantuvieran al margen del asunto y que continuaran estudiando arduamente.
—¿Saben qué? Creo que necesitamos un descanso. Vamos a caminar.— dijo Ginny dejando su pluma y poniéndose de pie.
Todos estuvieron de acuerdo, así que los cuatro salieron a caminar un rato. Charlie los acompañó por supuesto. Iba hablando con Hermione y Ron mientras que Ginny y Damien caminaban delante de ellos.
—Quería preguntarle algo. Um… ¿no has sabido nada de él? — preguntó Ginny en voz baja.
—No, lo siento Gin. Después de la vez que habló con papá por teléfono, nada, Harry no se ha contactado.— respondió tristemente.
Damien pasó sus dedos por el pendiente negro en su pecho. Había cumplido su palabra y nunca se había quitado el Layoo Jisteen. Siempre se sentía mejor al sentir la textura de la piedra negra.
—Papá y los demás han estado buscándolo. Van a buscarlo prácticamente cada noche. Pero no han tenido éxito.— continuó Damien.
Ginny apartó la mirada tristemente. Era muy difícil ocultar sus emociones de Damien. Sabía que Damien ya estaba enterado de sus sentimientos hacia Harry, pero aún así sería muy insensible de su parte comenzar a quejarse por todo lo que la hacía sentir el hecho de que Harry hubiese desaparecido, era injusto ya que Damien era el que era hermano de sangre del chico.
—Esta bien Damy, lo encontraremos pronto. El profesor Dumbledore no dejará que nada le pase. Tus padres lo mantendrán a salvo. Estoy segura de eso.— dijo Ginny tratando de confortarlo.
Damien simplemente asintió ante las palabras de Ginny. Sabía que Harry no regresaría a casa. Lo concía lo suficiente como para saber que no regresaría por miedo a que los demás se metieran en problemas ya fuera con el Ministerio o con los Mortífagos. Damien caminó junto a Ginny, ni siquiera escuchaba las palabras de su amiga. Estaba perdido en sus deprimidos pensamientos. Todo lo que Damien quería era hablar con Harry, ver si se encontraba bien. Quería ayudar a su hermano de cualquier manera. Pero si ni la Orden, ni el Ministerio, ni los Mortífagos tenían suerte encontrándolo, ¿qué oportunidad tendría él?
—¡Damy! ¡Gin! Entraremos aquí.— les gritó Hermione. Damien y Ginny se giraron para ver a Hermione señalando una tienda de víveres bastante grande. Los dos chicos regresaron lentamente para entrar a la tienda.— Compraremos algunas cosas para comer mientras terminamos de estudiar.— explicó Hermione entrando a la tienda.
—Yo apoyo eso.— dijo Ron felizmente y se apresuró a seguir a Hermione.
Charlie se río ante la expresión de su hermano. Ron amaba los dulces, pero más amaba los dulces Muggles por la simplicidad de ellos. No había cambios de colores, no ranas de chocolate saltarinas y nada de sabores cambiantes. Sólo tenían sabores simples y texturas fijas y eso le encantaba al pelirrojo.
Damien entró a la tienda también pero fue en otra direcciona la de sus amigos. Estaba de un humor horrible y no quería molestar a nadie, en especial a Ron mientras disfrutaba de sus dulces Muggles. Escuchó levemente a Ginny detener a Charlie para que no lo siguiera y pidiéndole que le diera un poco de espacio. Hizo una nota mental para agradecercelo más tarde. Ginny era muy buena. Siempre se preocupaba por él. Damien sabía lo mucho que le dolía la pérdida de Harry a Ginny. Ella se había enamorado perdidamente del chico que le había salvado la vida. Era difícil creer que ese chico había resultado ser al que temían la mayoría de los adultos. Había crecido ante la atención del más temido mago de todos los tiempos. Pero ahora Harry ya no era parte de eso, pero Ginny seguía sin tener oportunidad de llegar a conocerlo. A pesar de eso a Ginny aún le gustaba Harry, y mucho, pero ella hacía muy buen trabajo ocultándolo. Damien sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos.
Llegó a una pequeña sección en la que tenían comida preparada para llevar. El estómago de Damien protestó de hambre. Sólo había comido el desayuno en su casa y se había saltado el almuerzo en casa de Hermione. No tenía mucha hambre a esas horas. Era cerca de la 1 cuando llegó a la casa de Hermione, y ahora eran casi las 5. Pronto sería hora de cenar. Entonces, Damien se iría a casa. Comenzó a estudiar toda la comida que había. Se veía realmente buena. Se estuvo paseando por la sección un rato sin mirar nada en especial. Y justo cuando decidió que era tiempo de regresar con los demás, algo llamó su atención y lo hizo detenerse.
Damien captó por el rabillo del ojo a alguien caminando fuera de la sección de comida para llevar. La persona le daba la espalda pero Damien lo reconoció al instante. Ese cabello negro y alborotado era inigualable.
Damien corrió rápidamente hacia su hermano justo antes de que saliera de la tienda, lo tomó del brazo. Harry se giró rápidamente y se encontró con Damien mirándolo fijamente. Harry estaba listo para lanzar lejos a la persona que lo había agarrado, pero al ver la expresión en el rostro de su hermano menor ocasionó que se paralizara. Ambos chicos se miraron por un momento.
Damien fue el primero en recuperarse.
—¿Harry? ¿Qué estás…— justo entonces escuchó la voz de Charlie llamándolo.
Se giró para ver si alguien se acercaba a él, vio a Charlie del otro lado de la tienda buscándolo. Sin siquiera pensarlo, Damien empujó a Harry hacia afuera de la tienda. Ambos chicos corrieron hasta la otra esquina para que no pudieran verlos.
—Damien, ¿qué estás haciendo aquí?— preguntó Harry inmediatamente.
—Olvídate de mí, ¿qué estás haciendo tú aquí? ¡No deberías estar caminando por ahí como si nada! Cualquiera podría verte y reportarte al Ministerio.— dijo Damien molesto.
—¡Estamos en el mundo Muggle, Damy! Muy pocas personas me reconocerían.— respondió Harry.
—¡Aún así, Harry! Es peligroso. ¡Hay muchos magos nacidos de Muggles que podrian reconocerte!— Damien no creía el riesgo en el que se estaba poniendo su hermano.
Harry estaba por responder cuando escucharon a alguien llamar a Damien. El chico comenzó a entrar en pánico. Se dio cuenta de que Charlie y Ron lo buscaban.
—Harry, tienes que irte antes de que alguien te vea.— dijo Damien en tono urgente. Harry se giró para irse, pero Damien lo tomó del brazo antes de que diera un paso.— Harry dime, ¿cómo puedo contactarte?
—¡No puedes contactarme! — respondió Harry.
—Harry, no tenemos tiempo para esto, o me dices como puedo comunicarme contigo o le digo a papá que te vi por aquí. ¡No tendrá ningún problema en encontrarte y traerte a casa! — Damien no quería amenazar a Harry, pero era la única forma en la que su hermano no desaparecería de nuevo.
Harry miró a Damien con ojos entrecerrados antes de mirar detrás de él, las voces se acercaban.
—Bien! Encuéntrame aquí, en este mismo lugar, mañana a medio día. No llegues tarde y ven solo, ¿de acuerdo? — dijo Harry rápidamente.
—Si.— respondió Damien.
Harry se fue rápidamente y Damien lo miró desaparecer en medio de la gente. Tomó un profundo respiro y se giró. Apenas había llegado a la esquina cuando se topó con un frenético Charlie.
—¡Damien! ¿En dónde estabas? ¿Por qué saliste de la rienda sin decirle a nadie? — le preguntó el pelirrojo.
—Me sentía un poco mareado. Sólo salí para tomar algo de aire fresco. No quise asustarte, lo siento.— respondió Damien con voz clara. Apenas si podía escuchar el sonido de su voz con lo fuerte que latía su corazón.
—Bien, sólo avísale a alguien a donde vas la próxima vez.— dio Charlie en tono mas suave.
Los cinco regresaron a la casa de Hermione. La cena que tanto esperaba Damien se le arruinó al perder el apetito. No podía esperar a que terminara la noche y que la siguiente mañana llegara. Podría ver a Harry nuevamente. Se mantuvo callado hasta que regresó a casa. Charlie le había dado un traslador para regresar al Valle de Godric. En cuanto llegó a su casa, Damien corrió a su habitación y se metió a la cama. Sabía que no podría soportar ver a sus padres a la cara y esconder el hecho de que había visto a Harry esa tarde. Lo único que lo mantenía en silencio y sin decirle nada a sus padres, era la emoción de poder hablar con Harry nuevamente. Damien sabía que si su padre se enteraba, insistiría en seguirlo al día siguiente. Forzaría a Harry a regresar a casa. Damien también quería que Harry regresara, pero no quería forzarlo. A Harry lo habían manipulado para hacer cosas que él no quería durante su vida entera. Era tiempo de detener eso.
Damien cayó en un sueño inquieto, esperando que Harry fuera al día siguiente.
….......................................
Damien se paró en el punto exacto que Harry le había instruido. Revisó su reloj de nuevo. Faltaban unos cuantos minutos para medio día. Damien les había dicho a sus padres que visitaría a Hermione de nuevo. Su mamá pareció sospechar algo, pero le dijo que no había finalizado sus deberes y que su amiga lo ayudaría ese día. Damien se las arregló para convencerla de que Ron, Ginny y Charlie irían también. Gracias a Merlín, Lily recibió un mensaje de Remus, así que dejó de cuestionar a Damien y corrió a encontrarse con el licántropo. Damien usó el mismo Traslador de la noche anterior apara ir a la casa de Hermione.
Damien nunca entró en la casa de los Granger. Se dirigió rápidamente hacia la tienda de comestibles de inmediato. Damien planeaba ir a la casa de Hermione después de eso. Había estado ahí de pie en la esquina por casi diez minutos.
De pronto, sintió a alguien acercarse por detrás. Se giró y vio a Harry parado frente a él. Antes de que Damien pudiese decir algo, Harry le indicó que se mantuviera en silencio y lo siguiera. Se miraba molesto y Damien hizo una nota mental de nunca amenazar o chantajear a Harry de nuevo. Caminaron un buen tramo, Harry siempre unos pasos por delante de Damien. Ni siquiera miraba hacia atrás para asegurarse que el chico lo siguiera.
Harry se detuvo frente a un pequeño edificio. Damien captó el letrero sobre las puertas. Decía "Barnsley Travel Inn".
Damien decidió mantenerse en silencio hasta que estuvieran dentro. Harry entró y subió por unas escaleras. Sacó una llave y abrió la puerta a la derecha. Damien lo siguió rápidamente y escuchó a Harry cerrar la puerta con llave. Después de todo el rato, al fin Harry miró a Damien a los ojos.
—Muy bien, primero que nada, si vuelves a hacer un teatrito como ese, te juro Damien, que te patearé tan fuerte que te seguirá doliendo durante la siguiente década.— dijo Harry. Damien se mantuvo en silencio mientras seguía amenazándolo.— No sé que te hizo pensar que podías amenazarme de ese modo, pero te aseguro, no dejaré que lo hagas de nuevo. Espero que estés enterado de que para cuando papá llegue aquí yo ya me habré ido. Así que el único motivo por el que acepté que vinieras fue para explicarte algunas cosas.— Harry se detuvo cuando vio a Damien brindarle una de sus enormes sonrisas.— ¿Qué? — le preguntó un poco molesto.
—Nada, es sólo… es la primera vez que te escucho llamarlo "papá" es todo.
Harry se quedó sorprendido al darse cuenta de que Damien tenía razón. Harry había llamado a James "papá" sin siquiera pensarlo. Suspiró y caminó hacia Damien, ambos chicos se sentaron en la cama y se miraron entre ellos algo incómodos.
—Damy, lo lamento. No quería gritarte, pero no debiste haberme forzado a hacer esto. Quiero que estés a salvo y eso significa que te debes mantener alejado de mí.— dijo Harry en voz baja.
—Eso es lo que crees. Dime Harry, si vienes a casa, ¿cómo es que la vida sería más difícil para nosotros? ¡Aún seguiríamos siendo amenazados por Mortífagos! Estamos a mitad de una guerra. Si vienes con nosotros nos haríamos más fuertes.— trató de hacer entrar en razón a su hermano mayor para que volviera a casa.
—¿Y qué hay del Ministerio? ¿Qué hay del resto del mundo mágico? Todos quieren justicia. Quieren que el Príncipe Oscuro pague por todo lo que hizo bajo las ordenes de Voldemort.— dijo Harry en voz baja.
Damien estaba en silencio. Entendía a lo que se refería Harry. Además del Ministerio, había mucha gente, como Neville, que querían que Harry fuera castigado por sus crímenes. Aún si por milagro el profesor Dumbledore se las arreglaba para salvar a Harry del Ministerio, ¿cómo convencerían al resto del mundo mágico de que perdonaran a Harry?
—Tal vez podríamos explicarles que eres una persona diferente ahora.— dijo Damien pero Harry lo interrumpió.
—¿Cuántas personas crees que lograrías convencer? No es posible, Damien.
Damien dejó de intentar convencer a Harry de que regresara a casa después de eso. Los hermanos hablaron de muchas cosas, del cierre de Hogwarts, de la Orden y sus intentos para capturar a Harry, los artículos recientes del Diario el Profeta y el Ministerio haciendo declaraciones sobre la captura de Voldemort.
—¡El Ministerio no tiene oportunidad! — dijo Harry burlonamente cuando Damien terminó de contarle el último discurso del Ministro. Damien miró a su hermano fijamente.
—Harry, ¿y si tú los ayudaras?, al Ministerio, quiero decir. Sabes todo acerca de Ya-Sabes-Quien. Tal vez si les dijeras en donde encontrarlo…— Harry lo interrumpió de nuevo, pero esta vez sólo con la expresión con la que lo miró, bastó para que se callara.
Harry parecía estar luchando por no lanzar a Damien lejos de él con un hechizo. Sus puños se cerraron fuertemente, tanto que sus nudillos quedaron blancos y su rostro se había enrojecido de furia. Harry cerró los ojos e intentó calmarse.
—De nuevo…— se las arregló para sisear entre dientes. Damien sintió miedo por un momento ante la furia de Harry—.... Nunca me uniré o ayudaré al Ministerio.**— continuó su siseo a Damien.
—Pero Harry, sólo me refiero a que tu y el Ministerio quieren acabar con Ya-Sabes-Quien, ¿por qué no unir fuerzas? — trató de explicar el menor. Harry se puso de pie y se alejó un par de pasos de su hermano. Era obvio que intentaba calmarse.
—Damien. ¡No quiero acabar con Voldemort! Es sólo… no puedo explicarlo…— Harry se sentó en el sofá del otro lado de la habitación y recargó la cabeza en sus manos.
Damien no sabía que decir o que hacer. Se levantó lentamente y fue hacia Harry.
—Harry, no lo entiendo. ¿Si no estás en contra de Voldemort, entonces por qué lo dejaste? — Harry levantó la mirada hacia Damien lentamente. Sus ojos esmeralda estaban fijos en Damien, después de un momento, habló.
—Lo dejé porque me mintió. No lo entendería.— dijo Harry y apartó la mirada.
—Hazme entender.— dijo Damien suavemente y se sentó junto a Harry. Su hermano lo miró por un momento y después dio un gran respiro.
—Cuando me enteré de lo que Voldemort había hecho, todas las mentiras que me dijo, todo el tiempo que mostró preocupación, sólo eran mentiras. Yo… simplemente perdí el control. Actué antes de pensar las cosas bien. Me fui porque no quería que me borraran la memoria de nuevo. No quería ser usado y manipulado. ¡No me fui por que quisiera unirme a Dumbledore o al Ministerioo nada de eso! Me fui porque no quería que me utilizaran. ¿No lo ves, Damien¿, si vuelvo a casa seré capturado por el Ministerio y me echarán a Azkaban, o me forzaran a luchar contra Voldemort. Seré usado por Dumbledore como un arma contra Voldemort. ¡No puedo hacer eso! ¡No puedo matar a Voldemort! ¡Sin importar lo que haya hecho, no seré capaz de asesinarlo!
—Entonces, ¿qué es lo que planeas hacer? ¿Simplemente vas a huir y esperar que Ya-Sabes-Quién nunca te encuentre? Vamos Harry, después de todo lo que te hizo. ¿Simplemente lo dejarás salirse con la suya? — preguntó Damien.
—Nunca dije eso. Dije que nunca podría matarlo. ¡No dije nada sobre dejarlo salir bien parado después de arruinar mi vida! Haré que pague, Damien. No cabe duda de eso. Voldemort deseará haberme matado cuando era un bebé.— dijo Harry fríamente.
—¿Qué es lo que harás? — preguntó Damien curioso ante las palabras de su hermano.
—Eso es mi problema. No debes meterte en esto. Mira, la razón por la que accedí a que vinieras es que quería explicarte ciertas cosas. No le puedes decir ni a un alma que me viste o que hablaste conmigo. Y nunca podrás volver aquí. De todas formas no creo quedarme en un sólo lugar por mucho tiempo. Estaré moviéndome de lugar bastante. Sólo quería explicarte que estoy en verdad arrepentido por el modo en el que te traté, a tí y a todos los demás. Por favor, Damien, regresa a vivir tu vida. No intentes buscarme de nuevo. Sólo mantente alejado de este desastre, ¿de acuerdo? — Damien se puso de pie y miró a Harry incrédulo.
—Eres realmente increíble, ¿sabías eso? — gritó Damien.
—¿Qué?— preguntó el chico confundido.
—¿En verdad esperas qué simplemente me aleje y nunca te vea de nuevo? ¿En verdad piensas qué podré alejarme de tí sin intentar ayudarte? ¿Cuándo vas a entender que somos hermanos? ¡Se supone qué nos debemos ayudar ente nosotros! ¡Si te dejo solo en un momento como este seré el peor hermano del mundo! — finalizó Damien. Harry miraba a Damien con expresión confundida, Damien siguió con su discurso.— ¡No me importa lo que digas! Trataré de ayudarte.
—¿Ayudarme? ¿Cómo? ¿Cómo pretendes ayudarme? ¿Qué puedes hacer para lograrlo? — preguntó Harry.
—¡No lo sé! Lo que sea. Lo que necesites puedo hacerlo. Acéptalo, Harry. Lo que sea que hayas decidido hacer contra Voldemort, no puedes hacerlo solo ¡Te voy a ayudar! — continuaron el debate y discutieron un buen rato hasta que Harry finalmente se rindió.
—¡Bien! De acuerdo. ¡Puedes ayudar! Puedes ser mi enlace con el mundo mágico. Pero entiende esto Damien, si dices una sóla palabra de esto a alguien…
—Oh, vamos, Harry, ¿en verdad piensas qué podría delatarte con alguien? Dame algo de crédito.— exclamó Damien.
Harry consideró las palabras de Damien antes de asentir.
—Sera mejor que te vayas, creo que es suficiente por un día.— dijo Harry en voz baja.
—Sí, tengo que volver a la casa de Hermione antes de que alguien se de cuenta de que no estoy. Harry, ¿cómo se supone que voy a contactarte?— preguntó Damien antes de ponerse de pie. Harry pensó por un minuto antes de sacar un teléfono celular de su pantalón.
—Aquí, ten esto. Compraré otro.— dijo tranquilamente.
—¿Qué es esto? — preguntó Damien mientras tomaba el pequeño aparato que le tendía Harry.
—Considéralo magia Muggle.— dijo Harry sonriendo ante la admiración de Damien.
—¿A qué te refieres?
—Mira, cada vez que necesite hablar contigo, te enviaré un mensaje de texto.
—¿Un qué? — preguntó Damien.
—Un mensaje de texto. Ves esta pequeña ventana, apareceran palabras en ella. Te enviaré un mensaje instruyéndote la dirección en la que me encontrarás y la hora también. Ahora, escúchame, Damien. Bajo ninguna circunstancia me llames o vengas a verme sin mi permiso, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.— respondió Damien aún admirando el teléfono.
—Y no estés picándole a la configuración. Lo puse en modo silencio. Cuando te envíe un mensaje comenzará a vibrar. No escucharás nada, pero si tienes el teléfono contigo, sentirás las vibraciones. Sólo lee el mensaje y luego lo borras, ¿entendido?
Damien asintió con la cabeza de nuevo y después de que Harry le mostrara como usar el teléfono con las funciones más básicas. Se sentía muy feliz con su nuevo "juguete mágico Muggle".
—¿Cómo sabes tanto sobre los Muggles, Harry? — preguntó Damien metiendo el teléfono en su bolsillo.
—Son cosas que aprendí cuando estaba… ya sabes, encubierto.— sonrió y le guiñó un ojo a Damien.
Damien sabía que con "encubierto", Harry se refería a cuando salía como Alex en el mundo Muggle. No dijo nada con respecto a "Alex", no quería que Harry se enojara de nuevo. El chico se fue poco después de eso, Harry lo acompañó hasta la esquina de la tienda en donde lo había encontrado y le prometió que le enviaría un mensaje pronto.
Damien regresó a la casa de Hermione con mejor humor que antes. A pesar de que Hermione estaba sorprendida de ver a Damien, no le preguntó nada al verlo llegar sin avisar. El chico pasó unas cuantas horas con ella y después uso el Traslador para volver a casa.
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Las cosas ibas mucho mejor de lo que Damien esperaba. Ahora que tenía comunicación con Harry y que también podía ayudarlo en su lucha contra la persona que había desgarrado a su familia.
Damien estaba estudiando en la Madriguera cuando recibió su primer mensaje de texto por parte de Harry. No le había hecho caso a su hermano mayor y había estado jugando con el teléfono. Era demasiado curioso y el teléfono pudo más, se había metido a todas las aplicaciones y menús del aparato. En que momento había cambiado a la función de "Sonido", no lo sabía. Simplemente se dio cuenta cuando un extraño ruido salió del bolsillo de sus pantalones.
Damien, Ron, Ginny y Hermione estaban sentados e la mesa y muy entretenidos discutiendo una pregunta de Herbología, cuando de pronto un sonido gracioso se escuchó a su alrededor. Al principio, Damien no se dio cuenta de lo que había sucedido, pero rápidamente se dio cuenta de que el sonido venía de su bolsillo. Lo mñas discreto y rápidamente que pudo calló el sonido, pero los otros tres a su alrededor ya lo habían notado.
—¿Qué es eso? — preguntó Ron tratando de tomar el teléfono de Damien.
—Nada, no es nada.— Damien intentó esconder el aparato que seguía haciendo ruiditos para llamar su atención y avisarle que tenía un mensaje nuevo.
—¿Qué es? Está haciendo mucho ruido, ¿de dónde lo sacaste? — se unió Ginny.
Hermione era la única que estaba en silencio. Claro que sabía lo que era, siendo hija de Muggles estaba acostumbrada a ver todo tipo de cosas Muggles, todo el tiempo. ¡Damien tenía un teléfono celular! ¿Pero por qué? ¿Y de dónde lo había sacado? Estaba segura de que su madre no se lo había dado. No tenía caso que un mago lo tuviera. ¿A quién llamaría?
Hermione se mantuvo en silencio y dejó que Damien escondiera su teléfono diciendo que no era nada y que no quería decir qué era el extraño objeto. Hermione esperó hasta que Damien se levantara para ir al baño para explicar entre susurros lo que era eso que hacia ruidos a Ginny y Ron. Los tres aceptaron mantener vigilado a Damien para ver lo que tramaba.
Damien regresó del baño unos minutos después. Había leído el mensaje de Harry. Le decía que lo encontrara en el mismo lugar, esa tarde a las 5. Damien les dijo a sus amigos que no se sentía bien y que se iría a casa. Los otros tres no lo detuvieron, pero Hermione le puso rápidamente un hechizo de rastreo. Les diría en donde estaba Damien todo el tiempo por las siguientes 12 horas.
No les tomó mucho tiempo darse cuenta de que, cuando Damien salió de la Madriguera no se dirigió al Valle de Godric, a donde lo había llevado el traslador, había tomado el Autobús Noctambulo y se había dirigido hacia el mundo Muggle.
Hermione, Ron y Ginny tomaron sus varitas y se prepararon para seguir a Damien. El Autobús Noctambulo se detuvo en el centro de un pequeño pueblo Muggle. Hermione se sorprendió al ver que estaba cerca de donde ella vivía. Los tres adolescente usaron un Traslador para ir a la casa de Hermione, el mismo que la chica había utilizado para ir a la Madriguera esa mañana. Siguieron a Damien con un mapa especial que les mostraba donde estaba el chico. Pronto no necesitaron el mapa, ya que vieron al chico caminando hacia un pequeño edificio.
Los otros tres chicos ni siquiera se detuvieron para leer el nombre del edificio. Simplemente siguieron al chico de cerca, temían apartar sus ojos un momento y perderlo de vista. Miraron a Damien detenerse frente a una puerta y tocar cuatro veces. Ron, Ginny y Hermione se escandieron detrás de una esquina. No tenían ni idea de lo que hacía Damien ahí. ¿Por qué les mentiría para ir al mundo Muggle? No tuvieron que esperar mucho por la respuesta.
La puerta se abrió y los tres chicos vieron a Harry, de pie en la puerta, dejó entrar a su hermano y después cerró la puerta. Los otros tres se quedaron paralizados por la sorpresa. Habían visto a Harry. Vivía en el mundo Muggle. Damien lo sabía y estaba con él en ese preciso momento.
—¿Qué hacemos ahora? — preguntó Ron a las otras dos.